FRANTZ  FANON    .
EDITORIAL ABRAXAS BUENOS  AIRES
 


I N T R O D U C C I O  N

Yo hablo d e millones de hombres a quienes sa­ biamente se les ha inculcad o el mied o, el com­ ple jo de inferior idad, el temblar, la genufle­ xi6n,  la  desesperaci6n,  el  servilitnno.   (A. Ce-­
saire,  Discours  sur  le  colonialisme.f


 

 

 

 

 

 


Titulo original : Peau noire, masques blancs ... Traducoi6n:  ANGEL AB AD
Disefio  grafico:   SERGIO  CAMPOREALE
© by Editorial Abraxas, 1973, Asamblea 1130, Buenos Aires,  Argentina. Hecho  el   dep6sito  que  marca   la  ley   11723.  Impreso   en   la  A•gentina.
 
La explosion  no  tendra  lugar  hoy.  Es  demasiado  pron-  , to . . . o  demasiado  tarde.
No  vengo  en absoluto armado  de  verdades  decisivas.
Mi conciencia no esta transida de resplandores esenciales. Sin   embargo,   con   toda   natura!idad,    pienso   que   seria bueno  decir   unas   cuantas   cosas  que  vale  la  pena   que  sean
dichas.
Estas cosas voy a decirlas, no a gritarlas. Porque  hace tiempo,  bastante  tiempo,  que  el grito sali6 de mi  vida.
Realmente, queda muy lejos . . .
iPor que escribir esta obra ? Nad ie me lo habia pedido. Sohre todo, no me la pidieron aque!Ios a los que va  dirigida. i Entonces?  Entonces,  con  calma,  respondo  que  en  la tie-
rra  hay  demasiados imbeciles.    Claro  que  una  afirmaci6n  co­ mo  esta  hay  que  probarla.
Hacia un nuevo humanismo . . .
 
Printed  in   Argentina.   Libro   de   Edici6n  Ar,gentina.    7
 
La comprensi6n entre los hombres ... Nuestros h·ermanos de color . . .
Yo creo en ti, Hombre . . . EI prejuicio de raza . . . Comprender y MD.ar . . .
De por doquier  me  asaltan  e  intentan  imponerseme  dece­ nas y centenas de paginas. Sin embargo,  una  sola  Iinea bas­ taria.  Una  sola  respuesta   y  el  problema   negro  se  despoja  de su  aspecto  serio.
l Que quiere  el ·hombre?
l Que  quiere el hombre  negro ?
Si yo quisiese ganarme a pulso ei' resentimiento de mis hermanos  de  color,  yo  diria  que  el  Negro  no  es  un hombre.
·    Hay UI\a zona de no-ser, una regi6n extraordinariamente esteril y arida, una cuesta esenci.almente  calva, a cuyo  teruni­ no puede' nacer un autentico  surgimiento. En  la  mayoria  de Ios casos, el negro no goza el beneficio de realizar este des­ cendimiento a Ios verdaderos Inf iernos.
EI hombre no es solamente posibilidad de reemprendi­ miento, no es s61o negaci6n. La conciencia es actividad de trascendencia; s1 esto es verdad, hemos de saber tambien que esta  trascendencia esta   transida   por   el  problema   de! amor Y Ia comprensi6n. EI hombre es un SI que vibra con las ar­ monias c6smicas.    Arrancado  de  cuajo, dispersado,  conf undi­ do, condenado a contemplar Ia disoluci6n, una tras otra, de las verdades por el elaboradas, el hombre dejara algun dia de proyectar sobre el mundo  una  antinomia que Je·es  coexistente.
EI negro es un hombre negro;  es  decir,  que al  calor  de una serie de aberraciones afectivas, se ha instalado en  el inte­ rior  de  un  universo  de!que  bueno· sera  hacerle salir.
El  problema  tiene  su  importancia.  No  buscamos   ot:r'a cosa, nada menos, que liberar al hombre de color de si mismo Caminaremos muy Ientamente,  porque  hay  dos  campos:  ei blanco  y  el  negro.
Interrogaremos una y otra vez a las dos metaffsicas ; ya veremos  que m uchas  veces  son m uy disolventes.
No  tendremos  ninguna   pied.ad  para  con !os  viejos  gober­ nadores  ni. para   los  antiguos  misioneros.    Para   nosotros,   el

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que . adora a Joa negros esta tan "enf ermo" como el que  los execra.    ·    ·
y al  reves  el negro que quiere blanquear  su raza  es  tan
desgraciado  coo el que  predica el odio  al blanco.
En el absoluto, el negro no es mas digno de amor que el checo, y en  verdad  de lo que se trata es de desamarrar  y  soltar
al  hombre.    _
Este libro deberia haberlo eacrito hace tres anos .. . Pe­
ro  entonces  las  verdades  nos  quem.aban.  Hoy,   -podemos d;cirlas  sin  fiebre. No  hay . necesidad  de  arrojar   estas ver­ dades  a  la  cara  de  Ios  hombres.   Su  intenci6n  no  es   entusias­
mar. Desconf iamos' de! entusiasmo.
.Siempre   que  lo  hemos  visto   despuntar     n  alguna  pa, anunciaba   fuego,  hambre,  miseria ...   Tamb1en,   el  desprec10
al  hombre.    ·
El  entusiasmo  es  por  excelencia  el  arma  _de !os. imptetf­ tes   de  Jos  que   calientan   el  hierro   para   forJ arlo  mmed1ata, mete.   Nos  gustaria  calentar  el  caparaz6n  de!  hombre  Y    ar­ tir.   Quiza  ilegasemos  a  este  resultado : el  Hombre  mantemen-
do este fuego por auto-combustion.    .    .
El  Hombre   liberado  de!trampolin  que  es  la   res1stec1a·
de!otro y cavando en su carne para encona_rse _un  sent1?· S6lo unos  pocos  de los que nos Jean ad1vmaran las   d1f1-
cultades  que hemos tenido  para  redactar  esta obra.    _ En  un  periodo  en  que  la  duda  esceptic  se  ha  instalufo
en el ,mundo, y en  que; al  decir  d una pad1lla :le  marranos, ya no es posible discernir el sentJdo de! smsentido, arduo es bajar a un nivel en el que todavia no se han empleado las cate- gorias  de! sentido  y  el sinsentido.    .
El  negro  quiere   ser   blanco. ·  El   blanco   bu·sca   apasiona-
damente   realizar   una   condici6n   de  hombre.
En  esta  obra  iremoa  viendo  c6mo   se  elabora   un ensryo de   comprensi6n   de  la   relaci6n  negro-blanco;
El  blanco esta    ncerrado  en  su blancura. El  negro  en  su  negrura.
Intentaremos    determinar    las   tendencias    d1;  este  doble
narcisismo y las motivaciones  a las _que nos  remit.
Al  comienzo  de  nuestras   reflex1ones,  nos   habia  parecido
 

 

 

 
 

 


 

inoportuno explicitar la conclusiones que van a   leene.
El deseo de terminar con un circulo  vicioso  fue  el unico guia   de  nuestros  esfuerzos.
Es un hecho : hay blancos  que  se  consideran  superiores a  las negros.
Otro hecho : hay negros que quieren demostrar a las blancos, cueste lo que  cueste,  la  riquea  de su  pensamiento, la  igual  potencia  de su espiritu.
l Como  salir  de este circulo ?
Hace  un  instante   empleados   la  palabra   narc1s1smo.   En efecto,   pensamos   que  solo  una   interpretacion   psicoanalitica de! problema  negro  puede  revelar  las  anorrnalidades  afectivas responsables   de! edificio   de  los  coinplejos.   Trabajamos   par una  curacion  total  de  este  universo  morbido.   Estimamos  que un  individuo   ha   de  tender   a  asumir   el   universalismo   inhe­ rente  a  la  condicion  humana.   Al  decir  esto  pensamos,  indife­ rentemente,   en  hombres   coma  Gobineau   o  en  mujeres   coma Mayotte   Capecia.    Mas,  ·para  conseguirlo,  es  urgente   desem­ barazarse   de  toda   una   serie  de  taras  y   secuelas  de! periodo infantil.
La desgracia de! hombre, decia Nietzsche, es  haber  sido mno.  Sin  embargo,  dificilniente  podriamos   olvidar,  coma lo da a entender Carlos Odier, que el destino de!neurotico sigue estando  en   sus  propias  manos.
Por penosa que pueda sernos esta constatacion, estamos obligados a hacerla : para el negro, solo hay un destino. Y este destino es blanco.
Antes de abrir el proceso, tenemos que decir algunas co­ sas.  El aniilisis que acometemos es psicologico.    No obstante, es evidente que para nosotros la verdadera desaliena.cion de! negro implica una toma de conciencia abrupta de ]as  realida­ des economicas  y sociales.    El  complejo  de  inf erioridad se deriva de un doble  proceso :
-    Economico, en primer Jugar.
-    Por interiorizacion o, mejor, epidermizacion de esta interioridad, despues.
R eaccionando contra la tendencia constitucionalista de finales   de! sig!o  xix;  Freud,  111ediante  el  psicoaniilisis,   pidi6
 
que se tuviese en cuenta  el factor  individual.  Freud substi­ tuia la tesis f ilogenetica por la perspectiva ontogenetica. Ya veremos miis adelante que la alienacion de! negro no es una cuestion individual. Junto  a  la filogenia  y  la ontogenia estii la sociogenia.  En  un  cierto sentido,  y  va!ga  coma respuesta a Leconte y Damey 1, digamos que se trata de un sociodiag­ nostico.
l Cuiil es el pronostico ?
Pero la Sociedad, al contrario de lo que ocurre en  los procesos bioquimicos, no escapa a a influencia humana.  El hombre es aquello por media de lo cual la 'Sociedad es. El pro­ nostico estii en manos de los que quieran sacudir sin  mira­ mientos   las   carcomidas  raices  de! edificio.
El negro ha de luchar en dos pianos : habida  cuenta de que, historicamente, ambos se condicionan, toda liberacion unilateral es imperfecta ; el pear de los errores  seria creer  en su  dependencia meciinica.    Ademiis, los heoho.s contradicen una semejante inclinacion sistemiitica. Ya lo demostraremos. Por, unJl vez,  la realidad reclama  una comprension  total.
Tanto en el piano objetivo coma en el subjetivo hay que en­ contrar  una  solucion.
No vale la pena venir aqui a  proclamar  que  se  trata de salvar  el  a1ma   con  aires  de  compungido  mea culpa.
Solo  habrii  una  desalienacion   autentica   en   la   medida en que las cosas recuperen su lugar, en el sentido mas ma­ terialista.
En una obra de psicologia es de buen  gusto  avanzar  un punto de vista metodo!ogico. Renunciamos a la costumbre. Dejamos los metodos a  los  botiinicos  y  a  los  matemiiticos. Hay  un  momenta  en  que  los  metodos  se reabsorben.
Nos   gu_staria   colocarnoa   en   el.    Intentaremos   descubrir las  diferentes   posiciones   que   adopta  el  negro  ante   la  civili­ zacion  b!anca.
No nos ref eriremos aqui al "salvataje de  la  selva".  Y e·s que, para el, algunos elementos todavia no tienen significado propio.    .
I M. Leconte y A. Damey. Essa,i critique des nosog,aphies pshychia­ triques   actuelle,.
 
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Estimamos que, a causa de  la  presencia  de  las  razas blanca y negra, hay un complejo masivo psico-existencial. Al analizarlo  apuntamos  a  su destrucci6n.
Muchos negros no se descubririm a si rnismos en las pagi­ nas  que siguen.
·Algo semejante  !es ocurrira a muchos  blancos.
Pero el que yo me sienta extrafio al mundo de la esquizo­ frenia o al de! impotente sexual no afecta  para  nada  la reali­ dad de  ambos.
Las  actitudes  que  me  propongo  describir  son verdaderas.
Las he comprobado un  numero  incalculable de  veces.
Identifique un mismo componente de agresividad y pa­ sividad1 en los estudiantes, obreros y chulos de Pigalle o de Marsella.
Esta obra es  un  estudio  clinico.  Los  que  se  reconozcan en ella creo habran avanzado  un  paso.  Quiero  verdadera­ mente que mi hermano, negro o blanco, sacuda con la mayor energia el lamentable caparaz6n de servidumbre construido durante  siglos  de incomprensi6n.
La arquitectura de! presente trabajo se situa en la tem­ poralidad. Todo pr-0blema humano reclarna ser  considerado a partir del tiempo. Pues el ideal supone simpre que el pre­ sente sirve  para construir  lo porvenir.
Este porvenir, este f uturo no es el  del  cosmos, sino el  de mi siglo, mi pais, mi existencia. De ninguna manera me pro­ pondre la preparaci6n de! mundo que me sobrevivira. Perle­ nezco  irreductiblemente  a  mi epoca.
Yo vivire para ella. El futuro sera una construcci6n sos­ tenida por el  hombre  existente.  Esta  edif icaci6n  se  vincula con el presente en la medida en que pongo  este  ultimo como algo  a  rebasar.
Los tres ,primeros capitulos se  refieren  al· negro moder­ no. Torno al negro  actual  e  intento  determina,r  sus&ctitudes en el mundo blanco. Los dos ultimos estan consagrados a un intento de explicaci6n psicopa tol6gica y filos6fica  del exwtir del negro.
El  analisis  es,  sobre  todo, regresivo.
Los capitulos cuarto y quinto se situan en un piano esen­ cialmente  diferente.
 
En el capitulo  cuarto  critico  un  trabajo 2  que,  a  mi  jui­ cio, es peligroso. El autor, Mannoni, es por  lo  demas cons­ ciente de su  ambigiiedad.  Quiza  sea  este  uno  de  los meritos de su testimonio. Mannoni ha intentado dar cuenta de una situaci6n. Tenemos derecho a declararnos insatisfechos. Te­ nemos  el  deber   de  mostrar   al  autor  en  que  nos   apartamos
de el.
El capitulo quinto, que  he  titulado  "La  experiencia  vi­ vida del negro" es  importante  por  mas  de  un concepto. Muestra al negr ante su propia raza.  El lector  se apercibira de  que  no  tierien  nada  que  ver  negro  de  este  capitul?   on ese otro  que  aspira  a  acostarse  con  la blanca.  E este ultimo se descubria el deseo de  ser  blanco.  En  cualqmer  caso,  una sed de venganza. Por el contrario, en  esta  obra  contempla­ remos los esfuerzos de un negro que busca encarnizadamente descubrir el sentido de la identidad negra.  La  dvilizacin blanca y la cultura europea han impu_esto al negro una des­ viaci6n existencial. Ya mostraremos como lo que se llama el alma  negra  es  una   construcci6n  del blanco.
El negro evolucionado, esclavo de! mito  negro, volunta­ rio, c6smico, siente en un momento dado que su raza ya no le comprende.
O  que  el  ya  no la comprende.
Entonces, se felicita y, desarrollando esta diferencia, esta incomprensi6n, esta desarmonia, halla el sentido de su verda­ dera humanidad  0,  cosa  muy  rara,  quiere  anclar  en ·el seno de su pueblo.  Entonces,  es la  rabia  en  los  labios,  el veritigo en el corazon ; se clava en el gran agujero negro. Ya veremos c6mo  esta  actitud,  tan  absolutamente  bella,  rechaza  la actua­
.\idad y  lo porvenir  en nombre  de  un ·pasado mistico.
Antillano de  origen,  mis  observaciones  y conclusiones solo valen para las Antillas,  por  lo menos  en  lo que concierne al negro en sii  tierra.  Habria  que hacer  un  estud io consagra­ do a explicar las .divergencias existentes entre antillanos y africanos. Quiza lo haga  algun dia.  Quiza, ya  para  entonces, sea  inutil ;  entonces  nos felicitaremos.

2 Pychologie  de  la  colonisation,  0. Ma-nnoni  (Ed. du Seuil,   1950).
 
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I.    . EL NEGRO Y EL LENGUAJE

Concedemos   una   importancia   fundamental   al  fen6meno de!lenguaje.  Por  esto  estimo  necesario  este  estudio,  que  ha­ brii  de  procurarnos  uno  de  los  elementos  de  com»rensi6n   de la  dimension  para:otro   de!hombre  de  color.   Damos  por  su­ puesto - que  hablar  es  existir  absolutamente  para  el  otro.
El  negro  tiene  dos   dimensiones.  Una· con  su   congenere, otra  con   el  blanco.   Un  mismo  negro  se  comporta  de  modo dif erente con  un blanco  y  con  otro negro.  Que esta gran  dispa­ ridad  sea  una  consecuencia  de  la  aventura  colo. nialista , nadie lo  pone  en  duda.. .  Que  alimente  su  vena  principal   de!cora­ z6n  de  las  dif erentes  teorias  que han  querido  hacer  de!negro el  lento  caminar   de!mono  al  hombre,   nadie  se  atreve  ya  a ponerlo  en  duda.   Son  evidencias   objetivas  que  expresan   la realidad.
Pero,  una  vez  dado cuenta  de  esta situaci6n   una  vez  com­ prendida,  nos  encontramos  con  que  la  tarea  no' esta  termina­ da . . .  iComo  no  escuchar  de  nuevo,  desandaruio  los  peldaiios de  la  Historia,   aquena· voz:   "Ya  no  se  trata  de  conocer   el mundo,  sino  de  transf ormarlo !"
En  nuestra  vida,  se  trata  abllolutamente  de  esto.
Hablar. Esto significa em.plear  una  cierta  sintaxis,  po­ seer  la morfologia  de  esta  o aquella  lengua,  pero, fundamen,.
talmente,  es  asumir  una  ,cultura,  sopor:tar  el  ;peso  de  una   ci­ vilizaci6n.    ·    · ,  ·, ·· 1     ···": 'c;
 
Pero como la situaci6n no presenta un sentido (mico, la exposici6n lo habra de tener en cuta. Quiera el lector con­ sentirnos algunos puntos que, por maceptables que le paez­ can al principio, encontraran miis tarde en los hechos el cr1te­ rio  de su exactitud.    .
El  problema   que   abordamos  en  este, capitulo  es  el    1-
guiente :  el  negro  antillano  . sel'ii  tanto  mas  blanco,    s  decir, se parecera  tanto  miis  al  verdadero  hom?re,  cuanto  mas, y  me­ jor  haga  suya  la  lengua  francesa.   No  1gnoramos  que  esta  es una  de  las  actitudes  de! hombre   ante  el  Ser.  Un  hombre  que posee  la  Jengua  posee,  de  rechazo,  el  m?ndo  implicado  Y  ex­ presado  por  esta  lengua.   Ya  se  ve  a · donde  quermos. llegr : en  la posesi6n  de!lenguaje  hay  un  poder  extrao:dmar10.  Bien Jo  sabia  Paul  Valery,  quien  llamaba   al  lenguaJe
"el dios en la carne extraviado" 1
. Nos proponemos  estudiar  este fen6meno en una obra  ac­
tualmente en  preparaci6n •. ·
.  Por  el  momento,  quisieramos  simp]ement_e  mostrar  por que el negro antillano, sea ,cual ,fuere, ti_ene siempre qe en­ cararse con  el  lenguaje.  Mas  aun,  ampharemos,  el  honzon e de nuestra  descripci6n  de  manera  que,  a  traves,  pero  mas allii de el  contemplamos  a todo hombre  colonizado.
Tod  pueblo  colonizado  .-es    ecir,. tdo  pueblo   en  CU)'.O seno  haya  nacido  un  compleJo  de- mfer1ondad  a  consecuecia de!enterramiento  de  la  originalidad  cultural  local-   ;s1u_a siempre,  se encara,  en relaci6n  con la leng?a  de la  nac10n.c1vi­ lizadora,  es  decir,  de  la  cultura  metropohtana.   El, coloo escapara  tanto  miis  y  mejor  de  su  selva  cuto _mas  Y, meior haga  suyos  los valores  culturales  de  la metropoh.   Sera tanto mas  blaneo  cuanto  miis  rechae  su  negrura,  su  selv.    n  el ejercito   colonial,   y   miis   corn:rtame:nte,  en   los   regmuentos de  fusileros  senegaleses,  los  oficrnles  md1genas  s_on,  ante  to?o, interpretes.   Sirven  para  transmitir  a  sus  congeneres  las  or­ denes  de! senor,  gracias  a  lo  cual  tambien  ellos  gozan  de  una
cierta honorabilidad.
I  Gharmes, La  Pythie.
z Le  lo.ngage  et  l'agreasiviti.
 
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a! Ia ciudad ; hay el campo. Hay Ia capital ; hay la provmcm. Aparimtemente, el problema es el mismo. Tome­ mos un lyones en Paris ; alabara la calma de su ciudad la be­ lleza embriagadora de  los  muelles  de]  R6dano  el eslendor de los pltanos y tantas otras cosas que  canta las  ·personas que no tienen  nada que hacer.  Si le  encuentran  a su vuelta de Paris, y sobre todo si ustedes no conocen la capital enton­ ces no parara de elogiarla : Paris-ciudad-luz, el Sena .'Jos me- renderos, conocer  Paris y morir ...    '
El  proceso  se repite  en  el  caso  de]  martiniquense.  Prime­ ro _en su  isla : Basse-Point,  Marigot,  Gros-Morne  y,  enfrente, la 1mponente Fort-de-France. Despues, y este es el momento crucial,   fuera   de  su  isla.   El  negro  que  conoce   la   metr6poli es  un  semidins.  Recuerdo  a  este  respecto  un  hecho  que  ha a ectado considerablemente a mis compatriotas. Muchos an­ t11lanos, al cabo de una estancia mas o menos larga en la me­ tr6poli. vuelven para consagrarse. Con ellos, el indigena, el­ que-no-ha-salido-nunca-de]-agu jero, el "bitaco", adopta  la  for­ ma  mas  elocuente  de  la  ambivalencia.    Elnegro  que  ha  vivido
alJUIJ. __!, e I!J.Pp    JL!.I:anG. ia ,v?elve_r !)iente"Jransionniillo.
Diga ,_en  termm9s _geneticos,   que  su   feno-tipo   sufre  una f!JJJ.QiJ.RZa. definitiyaL iJ.!:>Qjjfta-s:-yii-aiitescle" la   par1i cta_se_ sien­ te, en su  modo  de andar  c_asTaereo,  la  quemaz6n  de  unas  fuer­
zas nuPv:as. Cuando encuentra a un  amigo  o  compafiero, hay un  ampho gesto humeral  que  lo anuncia : discretamente  nues­
 

Uismos.   Algunas   familias  prohiben   el  uso   de! criollo  y  las mamas  Haman  a  sus  hijos  "tibandes"  cuando  lo  emplean.

"Mi madre al querer un hijo memorandum si no te saoes la lecci6n de historia
no iras a Misa el domingo cori, tus cositas de domingo
este nino sera la vergiienza de nuestro nombre este niii.o  sera nuestra blastemia
callate te he  dicho  que  tenias  que  hablar trances el trances de Francia
el trances del trances el  trances trances."•

Si, es  conveniente  que vigile mi  elocuci6n,  porque  se me j uzgara un poco por ella . . .  Diran  de mi,  con  gran despre­ cio : ni  siquiera  sabe  hablar frances.
En im grupo de j6venes antillanos, el que se expresa bien, quien posee y domina el lenguaje, resulta excesivamente lla­ mativo y chill6n ; hay que tener cuidado con el, es casi un blanco. En Francia, se dice : hablar com.a un libro. En Mar­ tinica : hablar  como  un blanco.
El. negro  que  entra  ·en  Francia  reaccionara  contra  el  mi­ to   de!  martiniques  que-se-come-las-erres.    La  emprendera   con y en  verdad  que  entrara  en  conflicto  abirto   con  el  mito.
 
tr  _"futuro"   se . iclina.. La   voz,   ronca   de  costumbre'.   deja
ad1vmar  un  mov1m1ento   mterno   hecho  de  un  sordo  zumbido. oraue  el   negro   sabe  que  alla  abajo,  en   Francia,  hay  una idea  de  el que  le  echara  la  garra  en Le Havre  o  en  Marsella : "Sov  martinio_ues,   es  la  l)rimera  vez  oue  vengo  a  Francia"; sa?e   que   eso  que  los   poetas   Haman   "arrullo  divino"   (lease c:10110)  es  solo  un  termino  medio  entre el  "negrito"  y  el  fran­ ces.   La  burguesia  de  las  Antillas  no  emplea  el  criollo,   salvo en  sns  relaciones  con  los  domesticos.   En  )a  escuela   el   joven martiniques  aprende  a  despreciar  el  pa,tois.  Se  hable  de  crio-
3 Queremos deci,. con esto que los ne,gros qu.e vuelven con  los suyo dan  Ia  impresi6n de haber realizado  un ciclo,  de haberse afiadido algo que
 
ellas,
No solamente se aplicara a rular las erres, smo  que las ador­ nara  ostentosamente.  Espiando  las menores  reacciones  de los
) demas   escuchandose  a  si mismo,  desconf iando  de  la lengua, j organ   desgraciadamente   perezoso,  se  encerrara .en  su cuarto j y  Jeera  durante  horas  enteras ..., -para  consegmr  una  buena
l!icci6n.
·    Hace  poco  me  contaba  un  compaiiero  la  siguiente  histo- ria.   Un  martiniques   recien  llegado  a  Le  Havre  entra  en  un cafe.   Con  una  seguridad  perfecta,  lanza :   "Garrr9on!   Un ve de   bie."   Esto  es  una   verdadera   intoxicaci6n.    Atento   a     o responder   a   la   imagen  de! negro-que-se-come-las-erres,    habia
 
le.s faltaba. Vuelven literalmente llenos de sf mi SmoS.    4  Le6n-G.  Damas,  Hoquet  (Pigments).
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hecho una ,buena provision de las mismas, pero sin saberlas repartir  convenientemente.    ,
Hay  un  fen6meno psicol6gico consistente  en  creer en una
.abertura  de!mundo  en  la  medida   que  las  fronteras  se  quie­ bran.   El  negro,  pri,sionero  en  su  isla,  perdido  en  una  atm6s­ fera  sin la  menor  salida,  mira  est.a  Hamada  de  Europa  coma un  respiradero.   Porque,  todo  hay  que  decirlo,  Cesaire  fue aun magniinimo   con  su  Cahier  d'un   retCYUr  au  pays   natal.   Esta ciudad,  Fort-de-France,  es  verdaderamente   vulgar,  malogra­ da.  Alla  abajo,  en  las  pliegues  de  su  sol,  "esta  ciudad  trivial, repantigada,  dudosa  de  su  buen  sentido,  inerte,  sofoeada  bajo el  peso  geometrico   de  cruces  que   retornan   una   y  otra  vez, eternamente,  ind6ci!  a  su  suerte,  muda,   contrariada  en  todas formas,  perpleja,  escatimada,   reducida,   rota   en   su  fauna  y flora" 5•
La descripci6n de Cesaire no es en niodo  alguno  poetica. Se comprende  entonces que  el  negro,  al  anuncio  de  su viaje a Francia (como  se  dice de quien  "viene  al mundo"),  muestre su jubilo y decida cambiar. Por lo demiis, no hay en ello tematizaci6n alguna ; el ·cambia de estructura independiente­ mente de todo paso ref lexivo. En  Estados  Unidos  hay un centro dirigido par Pearce Williamson, el centro de Packman. Los realizadores han, probado que en las personas casadas s producia un cambio bioquimico ; segun parece, estos investi­ gadores han detectado I.a presencia de ciertas hormonas en el esposo de una muj er embarazada. Seria  igualmente intere­ sante, ya habrii quien  lo  haga,  investigar  las  transformacio­ nes humorales de las negros a su llegada a Francia. 0, sim­ plemente, estudiar mediante tests, las modificaciones de su psiquismo antes de su partida y un mes despues de su insta­ laci6n  en  Francia.
Hay un drama en eso que se ha convenido en ll!IJ!ll.ar cien­ cias  de]  hombre.  i Se debe  postular  una rea!idad  humana tipo y describir sus modalidades psiquicas, teniendo en cuenta s6lo imperf ecciones, 0 bien se debe  intentar,  sin  perdida  de tiem­ po, una comprensi6n concreta y siempre nueva de] hombre? Cuando  se  nos  dice  que  a  partir  de las veintinueve aiios
 
el hombre no : puede  amar,  y  que  es  necesario  esperar hasta las cuarenta y nueve para que reaparezca su afectividad, sen­ timos que el suelo vacila  b.ajo  nuestros  pies.  S6lo saldremos de] atm,co a condici6n de plantear correctamente  las  proble­ mas, porque todos estos descubrbmientos e investigaciones tienden a un  solo fin : obligar  al  hombre  a  admitir  que  el nq es nada, absolutamente nada, que tiene que terminar con este narcisismo segun el cual se imagina diferente a las demas "animales".
En ello hay, ni miis ni menos,  una capitulaci6n  d el hombre.
Para decirlo todo, yo afirmo mi narcisismo  a manos llen.as y abomino de la abyecci6n de quienes quieren hacer  del hom­ bre una  mecanka.  Es posible  que el debate no se  pueda  abrir en el piano filos6fico, es decir, en el de la exigencia funda­ mental de la realidad humana ; en este  caso,  consiento  lle­ varlo al piano del psicoaniilisis, es decir, de "lo fallido", en el sentido  en  que  decimos  "el  motor falla".
El  negro  que  entra  en  Francia  cambia  porque,  para  el, la metr6poli representa el  Tabernaculo ;  cambia,  no  sola­ mente, porque es de este pais de donde le llegaron Montesquieu, Rousseau y Voltaire, sino porque tambien de el Uegan las me­ dicos, las jefes de servkio, los innumerables pequeiios poten­ tados, desde el sargento mayor con "quince aiios de servicio" hasta el  gendarme  originario  de  Panissieres.  Hay  una  espe­ cie de embrujamiento  a  distancia,  y  quien  va  a  partir dentro de una semana con destino a la Metr6poli,  crea  a su  alrededor un halo miigico en el que las palabras Paris, Marsella, La Sorbona, Pigalle, representan las  llaves  de  la  b6veda.  El ne­ gro parte, y la amputaci6n  de  su ser  desaparece  a medida que se precilla el  perfil  de] paquebote.  El negro  que parte  lee  en las ojos de quienes le acompaiian su poder, su mutaci6n . . . "Adieu madras,  adieu  fouW,rd  . . .''    ·
Ahora que ya lo hemos llevado al puerto,  <leiemosle  va­ gar ; ya lo  encontraremos  de  nuevo.  Por  el  momenta, vamos al encuentro de uno de los que vuelven.  El "desembarcado", desde su pr£mer contacto, se reafirma;  solo responde  en fran­ ces y muchas veces ya no comprende el criollo. A este res-, pecto,' el folklore nos' proporciona  una  buena  ilustrw:i6n.  Tras
 

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unos meses en Francia, un campesino vuelve con los suyos. Reparando en un instrumento  para  arar,  pregunta  a  su  pa­ dre, viejo  campesino,  a-quien-no-se-la-pega-nadie : "lComo .se
]lama esta maquina ?" Por toda respue:ita, su padre, se. la t1ra a los pies y la amnesia desaparece.  Smgular terapeutica.     .
Tenemos, pues un desembarcado. Ya no_ entiende _el patois,
habla de la Opera, que por cierto solo ha vJSto de leJos; pero, sobre todo, adopta una actitud critica para con sus C?1!1Pa,. triotas   Ante  el menor  acontecimiento,  se  comporta  or1gmal­
mente.'  Es  "el que  sabe".   Se  le  conoce  por   su  lenguaje.   En la  Savana,  donde  se  reunen  los  jovenes  de  Fort-de-France,   el espectaculo   es   revelador :  inmediatamente;   tiene   la  palabra el  desembarcado.    A  la  salida  de! liceo  y  de  las  escuelas,  .se reunen  en  Ja  Savana.   Parece  como   si   hubiese   a!go  poebco en  esa  Savana.   Imaginense  un  espacio  de  doscientos  metros de largo  por  cuarenta  de  ancho,  limitado  _en  los  !ados  por  ta­ marindos   carcomidos,  en  lo  alto  por  el  mmenso  monumento a  los muertos -la  patria  reconocida  a  sus hijos--,  en la  parte baja   por   el  Central-Hotel ; ·un   espacio  torturado,   adoquines desiguales,   cantos  que   ruedan   bajo   los   pies,   y,   encerrados dentro  de todo  ello,  paseando  arriba  y abajo,  trescientos  o cua­ trocientos   mozos  y  mozas  que  forman  corrillos  para   ihablar, que  se ponen  a  hablar,  pero  que  no,  no  hablan  jamas,  y  luego
se separan.
-    l Que ta!?
-    Bien. l Y tu ?
-    Bien.
Y asi durante cincuenta afios. Si. Esta ciudad esta la­ mentablemente  malograda.   Esta  vida tambien.
Bien. Se vuelven a encontrar y. hablan. Si  el desembar­ cado obtiene rapidamente la palabra es que le estaban espe­ rando. Primero, la forma : se recoge al vuelo la menor falta, la analizan, y en menos de cuarenta y ocho horas tod? J:ort-de­ France lo conoce. A quien se la conf iere  una supenor1dad  no se le  perdona  faltar  a  su deber.   Si dice,  por  ejemplo :  '?l ne
m'a pas  ete donn6 d e  voir  en  France  d es gend ar_mes a  che­
vaux",  esta  perdido.   Solo  le  queda  una  alternat1va : desh cerse  de! parisinismo   o  morirse  de  vergii.enza.   Porque  nadie
 
olvidara en absoluto ; si esta casado, su mujer sabra que tiene por marido una historia ; sus hijos tendran  que  afrontar y veneer  a una anecdota.
' Di:e  donde  proviene  esta  alteracion  de la personalidad? l De donde proviene  este  nuevo  modo  de  ser ?  Todo idiom; es una manera de pensar, decian Damourette y  Pichon.  El hecho de que el negro recien desembarcado adopte  un lengua­ je diferente de! de la colectividad que le ha visto  nacer, ex­ presa un desajuste, una brecha.  El  profesor  Westermann escribe, en The African to-day, que los negros sufren un sen­ timiento de inferioridad, sobre todo  los  evolucionados  y los que intentan tenazmente domil).ar. Por lo general, afiade, la manera que tienen de hacerlo es inocente: "Llevar vestidos europeos o trapos a  la  ultima  moda,  adoptar  las  cosas  que usa el europeo,  sus  formas  exteriores  de  urbanidad,  adornar el lenguaje indigena con expresiones europeas, usar frases ampulosas hablando o escribiendo en  una  lengua europea, to­ do lo intentan para  conseguir  sentirse  en  igualdad  respecto de! europeo y  su modo  de existencia  "
Quisieramos, -haciendo ref erenda a otros trabajos y a nuestras observaciones  personales,  intentar  mostrar  por  quii el negro se situa de manera peculiar. ante  el  lenguaje  eu'ro­ peo. Recordamos una vez mas que las conclusiones a las que lleguemos solo seran validas para los antillanos ; no  ignora­ mos, sin embargo, que estos mismos comportamientos se dan tambien en todas las razas  colonizadas.
Remos  conocido,   y · desgraciadamente   seguimos  conocien­ do,  compafieros  originarios  de  Dahomey  o   Congo  que  se  lla­ man  antillanos;  hemos  conocido  y  todavia  conocemos  antilla­ nos  que  se  sienten  ofendidos  si  se  lea  supone  senegaleses.   Y es  que  el   antillano  es  mas  "evolucionado"   que  el   negro   de Africa   (entiendase  bien,  que  esta  mas  cerca  de!blanco) ; esta diferencia  existe,  no  solamente  en  la  calle  y  los  paseos,  sino tambien  en  la  administraci6n   y  en  el  ejercito.  Toda  antilla­ no  que  haya   hecho  su  servicio  militar  en   un  regimiento  de fusileros  conoce  esta  desazonadora  situaci6n : de  un !ado,  los europeos  de las viejas colonias  u  originarios,  de! otro, las  fusi­ leros.  Aun  me  acuerdo   a  veces   de  un  dia  en  que,  en  pleno
 

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combate, se impuso la necesidad de ani.quilar un nido de ame­ tra!ladoras. Se lanz6. tres veces a los senegaleses, Y res veces fueron rechazados.  Entonces,  uno  d  e!los prel!"unto  por que no iban los to1tbabs.  En  circunstancias  ya nad1e  sabe lo  que es uno si toubab o indigena. Sin embargo, son muchos los antillaos que no se desazonan ante  esta situaci6n,  si?o  que, por el contrario, la consideran totalmente normal. i o)o  f:iJ­ tarfa eso, que nos asimilaran a l_os negr s ! Los ong2naros desprecian a Jos fusileros ; el anti!lno rema como senor m­ discutible entre  toda  esta  despreciable  negrada.,  xtrem opuesto recuerdo un hecho que no tiene _nada de com1co a 1 juicio :'hace poco, un martiniques me _h1zo saber !leno de co­ lera que algunos guadalupenses se h8:cran pasar por nu;stros. Pero,  aiiadia, la  mafia  se ve en segmda, porqu  son _mas sal­
vajes   que  nosotros ;  lease  otra   vez:  estan   mas   aleJ ados  de! blanco.    Se  dice   que  el  negro   amaba   las  .alara ;  cuando yo pronuncio  "palabras", veo  un  grUpo  de  mnos    b!losos, lan­ zando al  mundo  !lamadas  inexpresivas,. roncas '.  mnos  en  pleno juego   en  Ia  medida  que  pueda  conceb1rse  el  J uego  como  una iniciaion  a  la vida.  El  negro  ama  las  palab:   Y  no  es  largo el  camino  que  conduce  a'est  nuev  propos1s10n:  el _negro  es solo  un  niiio.   Los  paicoanahstas  tieen  aqu1  matena   sobra- da ;. el  termino  oraiiaad  brota  inmediatamente.        .
Pero habremos  de  ir  mas !ejos. El  problema  de!lenguaJe es   demasiado   importante   para   que   J?retendaos   exponerlo
aquf integramente    Los notables est1;1d10s de Piaget. _os. han enseiiado a distinguir diversos  estad1os  en su all1!;1c10n ,  los
de Gelb y Goldstein nos han mostrado que la func10n de: len­ guaje se distribuye en estantes, como en grados. Aqm nos interesa el .hombre negro ante la lengua fran.cesa. Queremos comprender   por   que  le  gusta   tanto  al   antillano  hablar  el
f rances.    .
Jean-Paul Sartre, en su  Introducci6n  a  la  An±hologie de la poesie negre et malgciche, nos dice que el poeta negr_o se vuelve contra la ]engua francesa, pero que no ocurre I? m1smo con  Jos  poetas   antillanos.  A  este  respecto   c01npa;t;mos la
·opinion   de  Michel  Leiris,  quien,  hace  poco,  escr1bra sobre
el criollo J o siguiente : 22
 
"El criollo; lengua popular  todavia  que  todos  conocen mis o menos, pero que solo los iletrados hablan exclusiva­ mente,  parece  condenado  a  ingresar  antes  o  despues  en  las
. filas  de  !os  meros  supervivientes,   cuando  la  instrucci6n   (por lentos  que  sean   sus   progresos,   dificultades   por   el  numero demasiado  restringido  de  estab]ecimientos  eseolares,   la  penu­
ria en materia de lecturas publicas y  el  excesivamente bajo nivel de vida  material)  se dif unda  entre las  capas mas des­
heredadas de la poblaci6n." El autor aiiade : "Los poetas a que me refiero no pretenden en absoluto hacerse   'antillanos'
-en  el  piano  de! pintoresquismo   felibres--,  usando  un  len­ guaje   de  prestado ·y   sin   irradiaci6n   exterior,   eualesquiera que  puedan  ser  sus  cualidades  intrinsecas,  sino  afirmar  fren- te  a  algunos  b]ancos  imbuidos  de  los  peores  prejui.cios
les y con un orgullo cada vez menos j ustif icado, la  integri- dad de  su persona." s      ·    .
Existe   ciertamente   un  Gilbert   Gratiant   que  escribe   en patois,  pero  habremos  de  confesar  que  la  cosa  es  mas   bien rara.   Digamos   ademas  que  el  valor  poetico  de  estas  creacio­ nes  es   muy  dudoso.   En  cambio,  tenemos   autenticas   obras traducidas  de! uolofo,   de!pe1thl ;  tambien  seguimos  con  inte­ res  los  estudios  de lingiiistica  de  Cheik  Anta  Diop.
En las Antillas, nada parecido. La lengua que se habla oficialmente es el frances ; los maestros vigilan estrechamen­ te que .los niiios no hablen el criollo. Silenciaremos las razones. El problema, aparentemente, podria ser el siguiente : en las Antillas, como en Bretana, hay un dialecto y, ademas, ]a len­ gua franc.esa. Pero esto es fa]so, pus los bretones no se consi­ deran inferiores a los franceses. Los bretones no fueron ci­ vilizados por el blanco.
Negandonos   a multiplicar    los  elementos,   corremos  el riesgo de no delimitar  adecuadamente  el hogar ;  ahora  bien, . es importante  decir al  negro  que la actitud  de  ruptura jamas ha salvado a nadie. Es verdad que yo debo liberarme de  quien me ahoga, pues es evidente que no me deja respirar ; pero, atenci6n,  sobre  una  base  fisiol6gica.   Si la  dificultad  de res-
6 Temps  M odern.es, febrero  1950, «Martinique-Guadaloupe..Haitillo,

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pirac10n es mecamca serla malsano introducir un elemento psicol6gico,  es .decir,  la  imposibilida.d  de  expansion.
l Que quiere decir esto ?  Sencillamente :  cuando  un anti­ llano licenciado en filosofia  decide  no  presentarse  a  oposi­ ciones alegando su color, yo  digo  que  la  filosofia  no  ha  sal­ vado jamas a  nadie.  Cuando  cualquier  otro  pretende  a toda costa probarme que los negros son tan inteligentes como los blancos, yo  digo  que  tampoco  la  inteligencia  ha  salvado  ja­ mas  a  nadie ;  y  esto  es  verdad,  porque   si  bien   se   proclama la  igualdad  entre  los  hombres  en  nombre  de  la  filosofia  y  de la inteligencia, tambien en su nombre se decide su exterminio. Antes de  continuar  nos  parece  necesario  decir algunas cosas. Hablo, por una parte, de los negros  alienados  (mixti­ ficados) y, por otra, de blancos n() menos alienados (mixtifi­ cadores  y  mixtificados) . Un  Sartre  o  un  Verdi er,  el   carde­ nal,  ya  han  dicho  que  el   escandalo  del  problema  negro  dura ya demasfado; ,concluyamos diciendo que su actitud es perf ec­ tamente normal.  Tllllilbien  podriamos  multiplicar  las referen­ cias  y  las  citas  y  mostrar   que,   efectivamente,   el   "prejuicio de  color"  es  una  idiotez,   una  iniquidad   que  hay  que  destruir.
. Sartre comienza asi su  Orfeo  N egro : "l Pues  que espe­ rabais cuando quitasteis la mordaza que tapaba estas bocas negras ? l Que entonasen vuestra alabanza ? l Pensabais leer adoraci6n cuando se levantasen  estas  cabezas doblegadas has­ ta el suelo por la fuerza?" 7 No se, pero  digo  que  quien  bus­ que en mis ojos otra cosa que una intei-rogaci6n perpetua per­ dera la vista ; ni reconocimiento ni odio. Si yo ]anzo un gran grito, no sera. en absoluto negro. No, en  la perspectiva adop­ tada aqui,  no  hay  problema  negro. Y  si  lo  hay,  los blancos se han interesado por  el  por  pura casualidad. Este es un asunto que se tramita en la  oscuridad ; bueno  sera  que  el sol que  yo trashumo  ilumine  hasta  el ultimo  rinc6n.
El  Dr.  H.-L.  Gordon,  medico  del  hospital   de psicopatia
·    de Mathari, en Nairobi,  escribe  en un  articulo  de la Presse M edicala de! Este Africano : "La observaci6n exhaustiva de nna serie de cien cerebros de indigenas normales establece d_escarnadamente una ausencia de cerebros nuevos, caracteri-
? J.-P.  Sartre, Prefac.io  a la  Anthologie  de  la poisie   ntgre  et malgache.
 
zados, como se sabe, por celulas llegadas  al ultimo  estadio de su desarrollo.   Esta   inf erioridad   presenta  cuantitativamente el  14'8  por  100''  (citado  por  sir Alan Burs)&.
Se dice que el negro es el eslab6n que une  al hombre  con el mono ; el hombre blanco, se entiende ; sir Alan Burns con. cluye, alla por. la pagina ciento veinte : "No podemos, por con­ siguiente, considerar cientfficamente establecida la  teoria se­ grln la  cual  el  hombre  negro  seria inferior  al  hombre blanco o ··provendrla de un tronco distinto.'' Facil  nos  seria, aiiadi­ mos por. nuestra cuenta; mostrar lo absurdo de proposiciones tales como : "Segun la Escritura, la separaci6n de las razas blancas y ngras perdurara en  el cielo  al  igual  que  en  la tie­ rra ; los indlgenas que sean acogidos en el Reino de los Cielos seran apartados a algunas de  esas  casas de! Padre  de  las cuales  ya  habla  el  Nuevo  Testamento." Y  tambien : "Sonws el pueblo ele¥ido, mira el tinte de nuestra piel,  otros  son ne­ gros  o  amarillos,  es por  causa  de  sus pecados."
Si,  como  se  ve,  echando  mano  de  la  humanidad,  de!sen­ timiento  .de  la  dignidad,  de!  amor  y  la caridad,  facil  nos  serfa probar  o  de  hacer   admitir  que  el  negro   es  igual  al  blanco. Pero  n uestra  finalidad  es muy  otra : lo  que nosotros  queremos es  ayudar  al  negro   a  liberarse  de! arsenal  de  complejos  ,que lo  han  dominado  y  que  germinaron  en  una  situaci6n  colonial.
M.    Achille,  profesor  del  liceo  de!  Pare  de  Lyon,  citaba   en una    conferencia    cierta    aventura    personal.    Esta    aventura es  conocida  universa1mente.  Pocos  son  los   negros   residentes en Francia que no la  han  vivido.  Cat6lico,  Achille  parti­ cipaba en . una peregrinaci6n de estudiantes. Un sacerdote, avistando al  bronceado  Achille  en  su  rebaiio,  le  dijo:  "lDe­ jaste la gran  Savana  para  venir  con  nosotros ?"  El  interpe­ lado respondi6 cortesmente; el que sali6 trasquilado en esta historia no fue  el  joven  desertor  de las Savanas.  Los  presen­ tes rieron de este quid pro quo y  la  peregrinac¥5n  sigui6 ade­ lante. Pero, si nos detenemos  un  lllOmento,  veremos  algunos datos  interesantes  en la  manera  c6mo  el  sacerdote  se  dirigi6 al   negrito :    .
1.    "Yo conozco a los negros ; hay que dlrigirse a ellos

8  Le  pri jugi   de  race  et  de couleur,  pig.  112. _
 

24
 
con  gentileza'.   hablarles   de  su   pais;  Io  importante  es  saber h  larles.    Mire   usted."   No   exageraremos.    Un   blanco  que d1rige  la        Iabra    ,un  negro  se comporta  igual  que  un  adulto con   un  ?mo,   hac1endo!e  carantofias   y  melindres   1msurran­ dole,  hac1endose  el  simpatico,  zalamero        No  es  u  blanco  so­ lamente  al qe hemos  visto _actuar  asi,  sino  a  cientos    Nues­ t:as  observac10nes no se  refieren  a  una  deteraninada  categoria, sm_o  .que,   l)rocurando    adoptar  .  una    actitud        esencialmente obJetiva,   nos  dedicarnos   a   estudiar   este  hecho   en   medicos ag.entes de·policia,  empresarios.   Se nos  dira,  olvidando  al  ha: cerlo   nuestra   intenci6n,   que   podriamos   habernos  fijado  en otros,  que  hay  blancos  que  no  cuadran  con  esta  descripci6n.
A ,estos  objetores  Jes  responderemos  que  estamos  hacien­ do  aqm  un  l)roceso  de  los  mixtificados  y  de  Ios  mixtificado­ res,  de  los   alienados ;  si  existen  blancos   que  se   comportan sanamente  ante  un  n;igro,  bien, .pero  no  son  ellos  Jos  que  nos ocupan.   P?rque  el  higado  de  m1  enfermo  funcione  bien  no  Je voy  a   dec1 que  .tiene   Ios   rifiones   sanos.    Reconoci.damente normal  el  h1gado,  le  abandono  en  su  normalidad,  que  es  nor­ mal,  Y  m;_ pongo  a reconocer  sus  rifiones ;  ihombre!  tiene  us­ ted  los  rinones  enfermos.   Esto  quiere  decir  que  iunto  a  per­ so?as  n?rmales  que  se  comportan  saludablemente  segun  una ps1colof\'m  huma?a,  la  hay  que  se  comportan  patol6gicamen­ te  segn  una  ps1cologm  humana.  Ocurre  que  Ia  existencia  de este  tipo   de  hombres   ha  determinado  unas   cuantas  realida­ des  Y  que  deseariamos  contribuir  a  liquidarlas.
Hab}ar a los negros de esa im.anera es ir hacia ellos, po­ ne:l?s comodos, es querer ser comprendidos por ellos, tran­ qmhzarlos . . .
Los  medicos  de  las   salas  de  consulta  Jo   saben.    Veinte  · enfermos  europeos,  uno  tras  otro :   "Sientese   sefior        ·Que'
e  I   f  .    ?. l Que'  le  aqueja  . . .?  Entra  un  ne'gro  o  un...ar1a,   be:
S1entate, muchacho ...    l Que tienes?    z D6nde te duele?"
Cuando no : "A ver, hombre, z que tienes ahi . . . ?"
. 2. Hablr "n.eg;,ito". a un negro  es vejarlo,  porque  el  es qme habla- negr1to . Sm embargo, .se nos dira, no hay in­ tenc1on en ello, no hay voluntad de insultar. De acuerdo,    pero

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Jo vejatorio es precisamente esta ausencia de vuluntad, est.a desenvoltura, esta facilidad con la que se le fija, se  le  apri- siona,  se  le  primitiviza  y se le anticiviliza.    ·
Si el que se  dirige  en "negrito" a  un hombre  de  color o a un arabe no reconoce en este comportamiento  una tara, un vicio, es que jamas ha reflexionado. Personalmente, me doy cuenta a veces, a interrogar a ciertos enf ermos, en que momentos resbalamos . . .
Ante  aquella  vieja  carnpesina  de setenta y  tres  afios,  sub­ normal,  en  pleno  proceso   demencial,   siento  que  se  me  quie­ bran  las  antenas  con   las  cuales  toco  y  mediante   las  cuales soy tocado.   Cuando  yo  adopto  un  lenguaje  apropiado  a  Ia  de­ mencia,   a   la   debilidad  mental,  cuando   me   "inclino",  desde arriba,  sobre  la  pobre   viej a  de  setenta  y  tres   afios,  cuando voy  hacia  ·ella, a  Ia  busqueda  de un  diagn6stico,  entonces,  des­ cubro  el  estigma  de  una  recaida  en  mis  re!aciones  humanas. Usted   es  un   idea!ista,  dira  alguien.    No,   que  va.   Los puercos  son  los  otros.   Por  mi  parte,  me  dirij o  siempre  a  los "bfoots"  en  frances  correcto  y  siempre  he  sido  comprendido.
Me responden como pueden, pero yo me rebelo contra toda comprensi6n  paternalis'ta :
-Bonjour   mon  z'ami!   Ou  y   a  mal ?   H e?   Dis  voir  un peu?,  le  ventre?,  le  coeur?
Todo eso con aquel suave acento que los "infra"  de las salas de consulta conocen  bien.
Cuando el "infra" recibe la respuesta de la misma  rria­ neI'a,' se siente con buena conciencia. "Vea usted, no es un chiste  lo  que  le cuento.  Son efectivamente  asi."
En caso contxario, el "inf ra" habra de echar  mano  de sus pseud6podos y comportarse como un adulto. Todo el edi­ ficio se derrumba. Un negro que le dice: "Sefior, yo no  soy en absoluto su muchacho ni su amigo . . .", le obliga a reac­ cionar y le crea de nuevo su rnala conciencia.
Pero  aun  hay   que  buscar   mas  prof undo.  Me  siento  en un  caf e,   en   Rouen   o  en   Strasburgo ;  desgraciadamente,  me ve  un  viejo  borracho.   Se  sienta   en  mi  mesa :   "J, Africano? Dakar,   Rufisque,   burdeles,   mujeres,    caf e,    mangas,   bana­ nas . . ."  Me  levanto  y  me  voy,  saludado  con  una  sarta de  ju-

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ramento  :   "Sucio   negro.   iNo   te   dabas   tanta    importancia en  tu  selva !"
Mannoni  ha  descrito  lo  que  el  llama  el  complejo  de  Pros­ per?:    1'."a   volveremos   sabre   estos.  .descubrimientos   que   nos f a,c1htaran  la   comprension   de! oolonialismo.    Pero   ya   des·de ahora  podemos  decir :
Hablar "negrito" supone expresar esta idea · "Tu qued t donde es.tas".    ·      ,        a  e
1!e encuentro  con  un  aleman  o  un  ruso  que hablan  ma! el f  ances.   Inteto  d_arles,  gesticulando,   la   informa.cion  que  me pden,, pero  sm ol:,,1?ar que uno  u  otro tienen  su  propia  Jengua, u    pa1s  Y  que,  qmza,  sean  abogados  o  ingenieros  en  su  cultura En  todo cso, son extrafios  a  mi grupo,  y  sus normas  son  segu: ramente  d1f erentes.
.  . _Na    semejante  ocurre  con   el  negro.   No  tiene  cultura· ni c1V1hzac10n.  Carece  de ese  "largo pasado historico"    '
Se comprende, quiza, de d6nde vienen esos esfuerws que hacen tautos negros contemporaneos: cueste Jo que eueste hay que probar al mundo blanco la existencia de una  civilici6n negra.
Lo  quiera  o  no, el ngro tiene  que  ponerse  la  librea  que  le ha  puest?   el  blanco.   Miren  las  ilustraciones  para   nifios:  los n_egros  t1enen  todos  en  la  boca  el  oui  niissie  de  rigor.  En  el cme, la coa  llegar  a ser extraordinaria. La mayoria  de Jos films n_ort:aer1ca.nos     oblad?;l  en  Francia   reproducen   negros   del t1po .    1 Al  rico  platano ! ,  con  su  correspondiente  modulacion.
. En uno de estos films, reciente par cierto, Requins d'acier (T1burnes de acero) '. un negyo, miembro de la tripulacion del ubmarmo, habla  la Jerga_ mas castiza  que  pueda  tmaginarse. s un n?gro negro, que tiembla  al menor  :rnovimiento de    c6-
.lera de!Jefe de a bordo, que finalmente muere en  la aventura. No obstante, esty convencido de que la version original no of:ece esta modahdad de expresi6n. Y, de .todas formas,- aunque as1 fues, no veo po: que en la democratica Francia,  con  se­ senta m11lones .de c1udadanos de color, se tienen  que doblar (_en las dos sentldos) las imbecibilidades del otro ]ado de! Atlan­ tico. Pero, claro, hay que presentar al negro de una cierta ma nera. Esta esterotipia se descubre ya en el negro de Sin   Piedad

2S
 
-"Mi buen  obrei·o, no mientas  nunca,  no robes nunca"-, ha!ta la  do.mestica   de  Duelo  al  Sol . . .
Si, al negro  se le  pide que sea  un buen negro ;  establecido
esto, todo lo demas viene solo. Hacerle hablar "negrito" supone adherirlo  a la imagen  que de el se tiene,  untarlo de  negro  cha­
rol,  aprisionarlo,  hacer  de  el la  victima   eterna  de  una esencia,
de  un  .aprtrecer  de!  cual  el  no  es  responsable.   Naturalmente de la misma manera que es sospechoso un judfo que gasta di­ nero sin tasa, asi tambien hay que vigilar al negro que cita a Montesquieu. Entendamonos:  vigilarlo  en  la medida  en  que  con el comienza alguna  cosa. Y, ciertamente,  no  estoy  diciendo g_ue el estudiante negro sea sospechoso a los ojos  de sus compafie­ ros y profesores. Pero fuera de  las medias  universitarios  sub­ siste un ejercito de imbeciles : lo importante no es  educarlos, sino  que el  negro  ccnsiga  no  ser  esclavo  de  sus arquetipos.
Que  estos  imbeciles   son  producto  de  una   estructura   eco­
µ6mico-psicologica, de acuerdc, pero hay que  ir wdavia  mucho mas  lejos,  pues  hace  tiempo  que  nos  hemos  estancado  en   esa
estructura.
Cuando  un  negro  habla  de  ll'[arx,  Ia  primera  reacci6n    es
la siguiente :"Se os ha educado y ahora os volveis contra nues­ tros bienhechores. iIngratos ! Decididamente, nada puede es­ perarse de vosotros". Ademas, hay tambien este argumento del plantador en Af rica : nuestro enemigo es el maestro.
.Lo  que  venimos  diciendo  si:rnplemente  es  que  el  europeo
tiene una idea definida de!negro ; no hay nada  mas exasperante que oir  decir : "lCuanto  tiempo  lleva  usted  en  Francia.?  Habla usted  muy  bien  el  trances".
Podria  responderseme  que esto  se  debe  al  hecho  de que
muchos negros se expresan en "negrito". Pero esto seria dema­ sisdo facil. Uno va en el tren ; pregunta :
-Perd6n,  senor.  l Querria  usted   indicarme  el  cache  res-
taurante,  por  favor ?    , ·
-Oui, mon  z'ami, toi  y   en a  prendre   couloir  tout  drot  iin
deux,  trois,  c' est  la.
No,  hablar  "negrito"  quiere  decir  encerrar  al  negro, per-
petuar una situacion conflictual en la que el blanco infecta al negro de cuerpos extrafios extraordinariamente  t6xicos. No hay
Z9
 
nada  tan  sensacional  como  un  negro  que  se  expresa . correcta­ mente,  porque,  en verdad,  asume el  mundo  bianco.  A  veces  he­ mos  cha  lado  con estudiantes de origen extranjero.  Hablan  ma! el frances; el_peq efio Crusoe, alias Prospero, esta entonces a sus achas.  Exphca,  mforma,  !es  acompafia.  Con  el  negro,  Ia  estu­ p1dez, colma  toda  metla ;  el,. el  negro,  se  ha  puesto  en  regla.
Con el, Y n? es pos1b]e el J uego, es pura replica de! blanco. Hay  que  mclmarse  (9) •
. Thlspues    '; todo lo que  hemos  dicho  se comprende  que Ia
P.riera  reacc1on  de! negro  sea  decir  no  a  Jos  que  intentan  de­ f1mrl7: Se comprende que la primera reacci6n de] negro sea una reaccion,: Y:  PE;sto  que  el  negro  es  apreciado  segun  Ia  calidad de su  as11rulac1on,  se  comprende  tambien  que  el  desembarcado
s.e exprese solo en frances. El desembarcado tiende a subrayar la rutura qu se ha producido. Realiza un nuevo tipo de hom­ bfe: tipo que 1mpone a sus compafieros y a sus parientes. A su
v.eJ a madre que ya no comprenda, le habla qe sus camisas, de Ia
barraca en desorden . . . Todo ello bien acondicionado con el acento correspondiente.
E todos  los pafses de!mundo  hay  arribistas:  "los  que  ya no   '; s1enten  (] qu\sea) "; frente a ellos,  "los que  guardan  Ia noc1on de  su  origen  .  El  antillano  que  vuelve  de  Ia  metr6poli s7 exresa. en patois  si  quiere  dar  a  entender  que  no  ha  cam­ bmdo. •Se s1ente  en  el desembarcadero,  donde  padres  y  amigos
le esperan.. Le esperan no solo porque viene, sino en el ·sentido en qu dec1mos: "4 ver c6mo viene este". !fecesitan  solamente u mmuto para d_eterrninar el diagn6tico: Si  el desembarcado dice sus companeros: "Je S'ltis tres hereux de me retrouver parmi  vous. Mon Dieu, qu'il fait  chl1Ull, da.ns ce pays, fe  ne

9    «He. conocido n-eg:oo en la Facu]tad de Mediclna , .. en una palabra, 7ran decepionantes; -el tin:t,D -e su pi.el te.n:ia que habernos dado ·a nosotros a opor n1dad de ser car1tativos, magn3.nimos  o  cientificamente  amigos. odse aJusta'ban ,a se deber, a aquella exig:encia de nuestra 1buena voluntad.
o  a  3uera  lar1mosa  ternura,  toda  nuestra  deforme  solicitud  quedaba na  a.    o ten1a:mos  negros  que  mm1ar;  tampoco  teniamoa  raotivos nara
a .orrec-erlosr no nos los daban; venian a significar poco mas  O  menOs  lo 11;1smo t,qu_e nosotros en _Ia ba]anza  de los· pequefios - trabajos y canijas astu­
cAiaf s .co .1dtans.».   -    1chel Salomon, «D'u-n Juif a des NegressM . PrBsence nca1ne, num.  5, pag.  776.

30
 
BllillrllAS v demeurer iongtemps '\ se pondran en guardia : ha llegado un europeo.
En otro orden de cosas mas particular, cuando se encuen­ tran en Paris estudiantes antillanos, pueden ejercer dos posi­ bilidades.
-0  sostener  el  mundo  blanco,  es decir,  el  mundo  verda­ dero,  en  cuyo   caso   emplearan  el  frances ;   entonces  podran abordar  algunos  problemas   y  orientarse  en  5U8    conclusiones hada  un  cierto  grado  de  universalismo.
-O  rechazar   Europa,  "Yo"   (1°) ,  y  entenderse  y  comu­ nicarse  mediante  el patois,  instalandose  muy  confortablemente en  lo  que  vamos  a  llamar  la  Umwelt  martiniquense ;  con  esto queremos  decir-y va dirigido  sobre todo  a nuestros hermanos antillanos-  que  cuando  uno  de  nuestros  compafieros  en  Paris o  en  eualquier  otra  ciudad  con  Universidad,  intenta   conside­ rar  seriamente  un  problema,  se  le  acusa  de darse  impor.tancia, entonces  el  mejor  medio  para  desarmarlo  es  echar  mano   de! mundo antillano blandiendo  el criollo. En ello hay {Jue ver  una de las razones de la  quiebra  de  tantas  amistades  al cabo de  algun tiemoo  de  vida   europea.
Siendo nuestra intenci6n la desalienaci6n de los negros quisieramos que sintiesen que, cada vez que hay incompresi6n entre ellos a prop6sito de! blanco, hay una falta de discerni­ miento.
Un se11egales aprende el criollo para hacerse pasar por antillano:  yo digo que en es-to  hay   alienaci6n.
Los antillanos que lo saben multiplican  su  pitorreo ; yo digo  que  en esto ·hay falta  de discernimiento.
Como se ve, no nos equivocabamos  cuando suponiamos que un estudio de! lenguaje entre los antillanos  podia revelar­ nos a]gunos aspectos de su mundo. Ya lo dijimos al principio ; hay una reiaci6n de apoyo entre la lengua y la colectividad. Hahlar una lengua es asumir un mundo, una cultura. El antillano que quiere ser blanco lo  sera,  efectivamente,  tanto mas cuanto mejor haya hecho  suyo  ese  instrumento cultural que  es  el  lenguaje.  Recuerdo  que  en Lyon, hace  poco mas de
10    M,anera de d.esignar a los otros, considerados genericamente; mas
concretamente, Zos europeos.
 
81
 
un    no,   despues   de  terminar   una  conferencia   en  la que   yo habia trazado  un paralelo  entre la poesia  negra y la europea   un compafiero  metropolitano  me  decia  calurosamente:  "En  el fon­ do,  t(i  eres  un  blanco".  Por  lo  visto,  el haber  estudiado  con  la lengua  de!blanco  un  problema  tan  interesante  me  daba  dere­ cho  de  ciudadania.
_    . Historicnte,  se  ha  de  comprender  que  el  negro  quiera hablar  fra1;ces,. porque  es  Ia  llave  eapaz  de  abrir  las  puertas q_e hace  solo  cmcuenta  afios. le  estaban  prohibidas: En  Jos  an­ ti,Ianos  a  lo  que  nos  referimos  en  nuestra  descripci6n  pode­ mos  descubrir  una  tendencia  a  buscar  las  sutilezas  e intimida­ des de!lenguaje,  que  son  maneras  de probarse  a  si mismos  su mayor   o   meno   adecua.cion  a   la  cultura   ('H).   Se  ha   dicho : los_ o  adores  antillanos  tienen  una  fuerza  expresiva  que  dejaria aton_1tos a los  europeos.  Un  hecho  significativo  viene  a  mi  me­ rnoria : en  1945,  euando  Ia  campafia   electoral    Aime  Cesaire candidato  a  la  diputacion,  hablaba   en  la  escela   de  Fort-de: France  3:11te   un  numeroso  auditorio.  En  plena   conf erencia  se desvanec1?    na   mujer.   Al  dia  siguiente,   un  emnpafiero,   con­ tado  el  mc.1dente,  lo  eomentaba  de  esta  suerte : "Franais  a
ete tellement  caiid  qire  la femme  lit taombe maloodi  (ll2)   ·Pod er de!!enguaj e !    · 1
.    Aun  hay  otros hechos  que merecen  nuestra  atep.cion. Por J empio,  Charles-An?re Julien, presentado   a  Aime Cesaire: Un poeta negro adJunto de la Universidad": o bien sencilla­ mente,  la  expresion  de  "gran  poeta negro".
Hy  en  e   s   rases  hechas,  que  parecen  responder  a  una ur.gencia  de distmc1?n -porque,  en  fin, Aime  Cesaire  es negro Y  poeta  -, una  sutileza  oculta,  un  meollo  persistente.  De  Jean Pauihan  solo  se  que  escribe  obras  muy  interesantes.  Ignoro  Ia
e?ad que pueda tener Caillois, y  solo  retengo  las  manifesta- . c10nes  de  su  exis.teneia,  que de vez  en  cuando  arafian  el cielo.
 
Que no se nos· acuse de  anafilaxia  afectiva ; querenws  decir que no hay ninguna razon para que Breton diga de Cesaire : "Es un negro que maneja la lengua francesa como  ningi'.m blanco  contemporaneo"   ('3) .    ·
Aunque  Breton,  al  decir  esto,  expresare  pura  y   simple­
mente la verdad, no veo donde esta tan asombrosa paradoja, no veo donde pueda estar  lo  que  merece  subrayarse,  porque,  a fin de  cuentas,  Aime   Cesaire  es  martiniques  y  adjunto   de   Unid­
versidad.
Volvemos a encontrar a Michel Leiris :. "En los escritores
antillanos  hay  una  voluntad   de  ruptura  con   las  formas  lite­ rarias  !igHclas a  la  ensefianza  oficial ; pero  esta  voiuntad,  ten­ dida hacia  un futuro mas ventilado,  dificilmente  podria  revestir un   aspecto   folkl6rico.  Deseosos   ante  todo,  literariamente,  de for-.nular  el  :mensaje  que  Jes  es  propio,  de ser, por  lo menos  al­ guno,  los  portavoces  de  una  verdadera  raza  con posibilidades desconocidas.  desdefian   el  artificio   que . supondria   el  recurso a un hablar  de!que solo podrian  hacer  uso  como  cosa aprendida, sin  olvidar  que  su  formaci6n  intelectual · se  ha  efectuado  me­ diante  el  frances  de  manera  casi  exclusiva". (14   .
Pero,  me  replicaran  Jos  negros,  es un  honor  para  nosotros
que un blanco  como Breton escriba cosas   semejantes.
Continuemos . . .
 

 
. .      11  V€ase,  1P? .ejempl,  el  nero  casi  increi:ble   de  anecdotas  a  que d?   ugar  la  elecc1on  a  la  d1putac1on  de este  cand.idato.  Una basura  de, pe n?d10 llama.do Canard  dichaini,  no se  dio  tregua en envolver  a B , , , con cnolhsmos  v1sce,rales.  Y  es  que,  en  efecto  el  arma  definitiva  en las  Anti­ llas es es.ta:  no  sabe  exprcsarse  en francis.
. 12 E·! frances  (la  elegancia  de  la  for,ma)  era  tan  caliente  que la muJ er cayo en trance.
 

 


13    IntroducciOn al Cahier d'un retour au. pays natal, p&g. 14.
14    Michel Leiris, art. cit.
 
32    33
 

 

 

 

 

 

II.    LA MUJER DE COLOR Y EL BLANCO

El  hombre  es  movimiento  hacia  el  mundo  y  hacia  sus se- . mejantes.  Movimiento  de  agresividad  que  engendra  servidum­ bre  o  conquista ; movimiento  de  amor,  donacion  de si, termino final de  lo  que  ha  dado  en  llamarse  la  orientacion  etica.  Toda conciencia  parece  poder  manif estar,  simult{mea  o  alternativa­ mente,  estos· dos  componentes.  Energeticamente,   el  ser  amado me  respaldara  en la asuncion de  mi  virilidad ; el  anhelo  de  me­ recer  la  admiracion  o  el  amor  de  otro  tejera  sobre  mi  vision de!mundo  toda  una  superestructura  de  valores.
En  la  comprensi6n  de  los  fenomenos  de  este  tipo  el  tra­ bajo de] analista y de!fenomenologo se revela  por demas  arduo. Ciertamente, ha habido un Sartre para  realizar  una descripcion de!amor-fracaso   ( El  Ser  y  la  Nada  no  es  mas  que  el analisis de  la  mala  fe  y  de  Io  inautentico) ;  pero  no  es menos  verdad que  el  amor-  verdad,  real  -querer  para  los  otros  lo  que  uno pide  para  si,  cuando  esta  repeticion  integra  los  valores  per­ manentes, de  la  realidad  humana-,  reclama  la  movilizacion  de instancias  psiquicas   elementalmente   liberadas  de  los  conflic­ tos  inconscientes.
Race  ya  tiempo,  mucho  tiempo,  que  se  desvanecieron  las ultimas  secuelas  de  una  lucha  gigantesca  contra  el  otro.  Hoy, creemos  en  la  posibilidad  de! amor,   precisamente  porq ue  ha­ cemos lo posible por  detectar sus imperf ecciones y perversiones. Este  capitulo  lo  consagramos  a las  rlaciones  de  la mujer
34.
 
de  color  con  el  europeo ; nuestra  intencion  consiste  en deter­
:m.inar hasta que punto sera imposible el amor autentico mien­ tras no se expulsen ese sentimiento de inferioridad o esa exal­ taci6n adleriana, y hasta esa sobrecompensaci6n, que parecen constituir  el  indicativo  de  la  Weltanschauung negra.
Porque,  en  fin,  cuando  leemos  en  J e  suis  M artiniquaise (Soy  martiniquesa)  : "Me  hubiera  gustado  casarme,  pero  con un  blanco.  Pero  una  mujer  de  color  no es  nunca  de!todo  res­ petable  a  los ojos  de  un blanco.  Incluso  aunque yo le  ame.  Yo Jo  sabia"  (1)    tenemos  derecho  a  inquietarnos.  Este  parrafo, que  puede  se;vir  en  cierto  modo  de  conclusion  de  una  enorme rnbdificacion,  nos incita a Ia reflexion.  Cierto dia, una mujer,  de nombre  Mayotte  Capecia,  obedeciendo  a  un  motivo  cuyos  ele­ mentos   no   acabamos   de  ver   claros,   escribio  doscientas   dos paginas -su vida- por las que discurrian  a: sus anchas las pro­
posiciones mas absurdas. La ru:ogida entusiasta que obtuvo esta .. obra  en  algunos  medios  merece  analizarse.  Para  nosotros, no
es posible ningun equivoco : Yo soy martiniquesa es una obra por entregas que predica un comportamiento malsano.
Mayotte  ama  a un  blanco  de! que acepta  todo.  Els  el senor. Ella no reclama  nada,  no exige  nada ; solo  un-poco  de  blancura en  su  pie!. Y  cuando,  al  hacerse  la  pregunta   de  si  el  es  her­ moso  o  feo,  Ia  amante  dice : "Lo  unico  que  se es que  tenia  !os ojos azules, los cabellos rubios, la pie!palida, y que yo le ama?a", es facil obtener  colocando las palabras  en su lugar, poco mas  o menos  esto : "Yo  le amaba porq ue  tenf a !os ojos  azules,  los  ca­ bellos  rubios  y  Ia  pie! pa.Iida". Y  nosotros,  nosotros  que  somos antillanos,  lo  sabemos   demasiado  bien :  el  negro   teme  a  Ios ojos azules, se dice alla  abajo.
Cuando deciamos, en Ia introduccion, que la inferioridad habia sido historicamente sentida como economica, no erraba­ mos gran cosa.
"Algunas noches tenia que dejarme, para cumplir con sus obligaciones mundanas. Iba a  Didier,  el  barrio  chic  de  Fort­ de France, donde viven Jos belces M artinique, que qu_iza no sean de raza muy pura pero que muchas veces son muy ncos  (se    ad-

I  Mayotte  Capecia   ( Correa  ed.,  pag.  202) .

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mite que se es blanco a partir de un cierto numero de  millones), y los bekes  France,  la mayorfa funcionarios  y   oficiales."
"Aigunos compafieros de Andre, bloqueados como el en las Antillas a causa de la guerra, habian conseguido traer a sus mujeres. Yo comprendia que Andres no padia estar mucho tiem­ po apartado. Aceptaba tambien no ser admitida, en este circulo, pues yo era una muj er de color ; pero no  podia  evitar tener celos. El gustaba explicarme que su vida  intima  era una  cosa que le pertenecia y su vida social y militar otra  diferente  de la que  no  era  duefio ; pero  yo  insisti  tanto  que un  dia me  llev6 a Didier. Pasamos la veladas en una de las pequefias villas  que me causaban admiracion en la infancia, con dos oficiales y sus esposas. E6tas me contemplaban con una indulgencia que se me hizo insoportable. Yo sentia que me habia arreglado demasiado, que no era digna de Andre, quizii. solamente por el color de la pie! ; en fin, pase una velada tan desagradable que decidi no volver  a pedir  a  Andre  acompafiarle" (2) .
Los deseos de la bella  apuntan a Didier, bulevar  de los mar-. tiniquenses  riquisimos.  Ella  misma  es la que  dice :. se es  blanco a partir  de un  cierto  numero  de millones.  Las  villas  de! barrio fascinaban  hacia  mucho  tiempo  a  la  autora. Por  lo  demii.s,  te­ nemos  la  impresion  de  que  Mayotte   Capecia  consigue  hacer­ noslo  creer : nos  dke  que  conoci6  Fort-de-France  muy   fa.rde, hacia  los  dieciocho  afios ; sin  embargo,  las villas  de  Didier  ha­ bian  encandilado  su  infancia.  Hay  en  este  hecho  una  inconse­ cuencia fii.cilmente  comprensible  si situamos la acci6n.  En  Mar­ tinica,  en efecto,  es habitual  sonar  en  una  foi,ma  de salvaci6n que  consiste en blanquearse  mii.gicamente.  Una  villa  en  Didier, su   introducci6n  en  la  sociedad   de  allii.  arriba    (la  colina  de Didier  domina  la  ciudad) ,  y  ya  tenemos  realizada  la  certeza subjetiva  de  Hegel,  Tambien  se  ve  claramente,  por  lo  demii.s, el lugar  que ocuparia  en la descripci6n  de  este  comportamiento la di{l,lectica de!ser y de!tener  (3) •   No  obstante,  no  es  este  to­ davia  el  caso  de  Mayotte.  Se  "le  va  la  cabeza".  Las  cosas  co­
I    mienzan  a  darle vueltas . . . No  se tolera  en estos circulos por­ que  es  una  mujer  de  color.  El  resentimiento  se  elaborarii.  a
2  J e  suis  Martiniquaise,  :pag.  150.
3 Etre et Avoir, Gabriel Marcel  ( Aubier).
 

partir de su factibilidad.  Ya  veremos  por  que  estii. prohibido el amor a todas  las  Mayotte  Capecia  de todos las paises.
En la inf ancia de Mayotte Capecia descubrimos un cierto numero de rasgos que ilustran Ia Iinea de orientaci6n de ]a autora. Cada vez que se produzca un movimiento, una conmo­ ci6n o un estremecimiento, se revelarii. claramente que estii. en relaci6n directa con ese fin. Parece, en efecto, que para esta mujer el blanco y el negro representan ]os dos polos de un mundo, polos en lucha perpetua : verdadera concepci6n mani­ queista de! mundo. Ya hemos Ianzado Ia palabra ; convendrii. no olvidarla : blanco o negra, esta es la  cuesti6n.
Yo soy blanco, es decir, me pertenecen la bellza y Ia virtud, que nunca fueron negras. Soy de! color de! dia . . .
Yo  soy  negro : yo  realizo  una  fusion  total  con  el  mundo, una  comprensi6n  simpii.tica  de  Ia  tierra,  una  perdida  de :mi yo en  el  coraz6n  de!cosmos;  el  blanco,  por  inteligente  que  sea;' difici!mente comprenderia  a Armstrong y las ciinticos  de Congo. Si yo  soy  negro  no  es por  obra  de  una  maldici6n,  sino  porq e, habiendo  tensado  mi  pie!,  ·he podido  captar  todos  las  efluv10s c6smicos. Yo soy verdaderamente  una  gota de sol en la tierra . . .
Y asi van, en un cuer.po a cuerpo con su negrura o su blancura en pleno drama narcfaista, encerrado cada uno en su particul idad, de vez en cuando, tambien es verdad,  con al­ gunos destellos de luddez, amenazados a pesar de todo en su mis:ma fuente.
En primerisimo termino, asi es como se le plantea a Ma­ yotte su problema . . ., a la edad de cinco afios y en la tercera piigina de su libro : "Ella sacaba su tintero de!pupitre y le suministraba una ducha  par  la  cabeza". Esta  era  su  manera de transformar al blanco en negro. Pero pronto se dio cuenta  de la vanidad de·sus esfuerzos; ademii.s, estii. Loulouze y su madre, que le dicen Io dificil que es la vida para una mujer de color. Entonces, no pudiendo ennegrecer mii.s, no pudiendo ennegrecer el mundo, intentara b!anquearlo en su cuerpo y en su pen­ samiento. Como primera providencia, se hace Iavandera : "Yo cobraba  caro,  mii.s  caro  que  otras,  pero  trabajaba   mejor,  y
como  a la  gente  de  Fort-de-France  le  gusta   mucho  la  ropa
 

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blanca, venian a mi casa. Finalmente, estaban orgullosos de que Mayotte  Jes Iavase  Ia  ropa" (4 ) (•).
Sentimos que Mayotte Capecia no nos haya hecho parti­ cipes en absoluto de sus suefios. El contacto con su subcons­ ciente nos habria facilitado mucho las cosas. En lugar de des­ cubrirse totalmente  negra,  considerara  este  hecho  accidental. Se entera entonces de que su abuela era blanca : "Yo estaba orgullosa. Ciertamente, no era la unica con sangre blanca, pero una abuela blanca era mas· importante que un abuelo blanco (5) . i'.Entonces mi madre era mesti3a ? Ya deberia habsrlo supuesto al ver su tinte palido. Me parecia mas bonita  que nunca,  mas fina y mas distinguida. l Habria  sido yo  totalmente  blanca si ella se hubiese casado con  un blanco . . . ? l Habria  sido menos

4    Je suis Martiniqu We, plLg. 131.
:::i EI texto frances dice cc . . . se faire hlanchir chez Mayottes». El autor juega .con el significado  de blanchir, lavar la ropa y blanquear.  ( bl. del  T.) .
5    El  blanco  era el se!lor,  o mas.  sim·plemente  el  macho : podia  pagarse el lujo de  dormir  con muchas mujeres.  Esto  es una verdad sencilla  en  todos los  paises  y,  particularm-ente,  en las  colonias.  Pero  una  blanca  que- acepta un  negro  es  aLgo  que  se perf ila  autom.!lticamente  como  una  aventura  ro­ m.intica.  Hay  donaci6n  y no violaci6n.  En  la-s colonias,  en efecto,  hay  gran cantidad  de  mestizos,  y  eso  que  no  hay  matrin1onio  o  cohabitaci6n  entre blancos  y  .negros.  Pero  claro,  los  blancos  duenn-en  con  las  criadas  negras. De  todas :formas estO no autoriz,a este ;pasaje de 1\-!annoni:  «Asi,  una parte de  nuestras  tendencias  noa  en1pujaria  de  manera  bastante  natural  Mcia los tipos mas ex6ticos». No se trata solamente de un milagro literario.  Cuan­ do los  soildados ·-de  Gallieni  escogian :por compaf..eras  mi:'i.s  o  menos  durade­ ras a las  j6venes  raniat oa  no ha·bfa  en  absolute liter.atura  y,  de haberla,  el milagro  era  biien  canijo.  En  realidud>  estos  primeros  co1rt:aetos  no  ofrecian la menor  dificultad.  Se debian,  en -parte,  a·l singular  eomportamiento  sexual de  los  malgache_s,  sano  y  pr8.cticamoote  sin 1nani.festaciones  de  con1plejos. Mas  todo esto tarnhi€n  prueha  que  los  conf lictos  racialcs  se elaboran  poco a  ;poco  y .que  no  nacen  es-pont8.n-e2,;mente   ( Psychologic   de   let.  colo,iisation, pi:'i.g,  110.)  No exageramos  nada.  Cuando  un  soldadc  de  las  tropas  conquis­ tadoras  dormla  con  una mujer malgache  no  habia,  oiu dudn, ,por  su  parte; el  menor  respeto por  la  alteridad.  Los  conflictos  racial-es  no  vinieron  des.­ pu€s.   Los   conf lictos    racial.es    coexistieron.    El   que _  los    colonos   argeh nos se acuesten  con su cr.iadilla  d·e  oo.torce  afios  no -pru2-ba  de nh1guna  ma­ nera  la  ausencia  de  conflictoS  racia1es  en la  Ar,gelia..- No,  el  problema  es mis  complicado.  Mayote  Cap€cia  tiene  raz6n:  rs  un  honor    .r  la  hi.ja  de una  mujer  blanca,  ;pu,es  eso  demuestra  que  no  es  hija  de  un  pasatiempo ( «en .bas :feuil1e» ).  (Se reserva  esta  expresi6n para  todos  las  retofios  d-e   os b€k€s  de la  Martinica;  se sabe  que son  muy  numerosos.  De  Aubery  s-e  d1c-e que  tuvo  cerca  de  cincuenta.)
 
dificil la vida para mi. . . ? Soiiaba con aquella abuela a la que nunca habia conocido y que muri6 por haber amado a un hombre de color martiniques . . . l Se podia tolerar que una canadiense amase a un m.artiniques? Yo, que siempre pensaba en el senor cura, decidi que jamas podria amar a un blanco, un rubio  con ojos   azules,  un  frances" (6 ) .
Ya  estamos  advertidos:  Mayotte  tiende  a  Ia  lactificaci6n. Porque,  vaya  de  una  vez,  hay  que  blanquear  Ia  raza ;  esto  Io saben  iodas  las  martiniquesas,  lo  saben,  Io  dicen  y  lo  repiten. B!anquear  !a  raza,  salvar   Ia  raza,  pero  no  en  el  sentido  que podria  su]Jonerse:  no  se trata  de preservar  "la  originalidad  de la  norci6n  de! mundo  en  cuyo  seno  (ellas)  han  crecido",  sino de 'coneguir  y  asegurar  su  blancura.  Siempre que  hemos  pre­ tendid o analir.ar  ciertos  comportamientos  no heinos  podido  evi­ tar  la  apa:rici6n  de  fen6menos  nauseabundos.   Es  extraordina­ ria  la  cantida d  de  frases,  proverbios  y  pequefias  Iineas  ·de con­ ducta  que rigen  las e]ecciones  amorosas  en las  Antillas.  Lo  im­ portante  es  no  sumergirse  de  nuevo  en  Ia  negrada ; toda  anti­ llana,  en  Bus  am.orfos  o  en  sus relaciones,  procura   escogr  "lo menos  negro".  Algunas   veces,   para  excusar   una  mala   mver­ si(,n,  se  ve  obligada  a  echar  mano   de  argumentos   como  este: "X es negro,  pero  Ia miseria  es mas  neg:ra  que  el". Conocemo8 niuchas   compatriotas,   estudiantes  en  Francia,  que  nos  decla­ ran  con  candor,  un candor  totalmente  blanco,  que  Jes  costaria rnucho  casarse  con  un  negro.  i Haberse  escapado  para   volver ahora  voluntariamente?  iAh,  no,  por  favor!  Ademas, aiiaden, no  es porque  neguemos a  Ios negros  todo valor, pero  usted  sabe que  vale  mas  ser  blanco.  Hace  poco  hable  con  una   de  ellas. Casi  sin respirar,  me  solt6  a  Ia  cara : "Ademas,  si  Cesaire  rei­ vindka  tanto  su color negro  es porque  Io  siente  como  una  mal­ dici6n.  l &1 que  Ios  blancos  reivindican  el  suyo ?  En  cada  uno de  noootros  hay  una  potsncialidad  blanca,  alguno., quieren  ig­ norarlo  o,  mas  sancillo,  Ia  invierten.  For  mi  parte,  por  nada del  rnundo  aceptaria  casarme  con  un    negro". Estas  actitudes no  son  raras,  y  declaro  mi  inquietud,  porque  esta  joven   mar­ tiniquesa  sera  Iicenciada  dentro  de  pocos  aiios  y  partira   para

6    J e suis Martiniqua-ise, pi:1.g. &9.
 

38    39
 
laa Antillas a ensefiar en algt!n centN escolar, Adivinamos facilmente  lo  que ocurrira.
Al antillano que haya  pasado  previamente  por  la criba de la objetividad los prejuicios que le maduran, le espera  un tra­ bajo colosal. Cuando iniciamos esta obra, una  vez  terminados Jos estudios de medicina, nos proponiamos sostenerla en tant_o que tesis. Despues, la dialfotica exigi6 que adoptasemos pos1- ciones mas vigorosas. De cualquier manera que hubiesemos abordado la alienaci6n psiquica de! negro, no podiamos silen­ ciar algunos elementos que, por muy psicol6gicos que fuesen, engendraban  ef ectos que nos  remitian a otras  ciencias.
Toda  experiencia,  sobre  todo  si  se  muestra  infecunda,  ha de  entrar  en  la  composici6n  de  lo real  y,  por  ello,  ocupar  un lugar  en  la  restructuraci6n  de  esto  real.  Con  sus taras,  fallos y  vicios   la  familia   europea,  patriarcal,   en  estrecha  relaci6n con  la  sciedad  que  conocemos,  produc,e  alrededor  de  tres  de­ cimas  partes  de  neur6ticos.   Asi,  pues,   apoyandonos  en  datos psicoanaliticos,  sociol6gicos   y  politicos,  hemos   de  edificar  un nuevo  medio  parental   susceptible  de  disminuir,  si  no  anular, el  porcentaje  de  desperdicios   (en  el  sentido  asocial  de!termi­ no)  que aiin  produce.
O dicho  de otra  manera,  se trata  de saber si  la  basic per­
wnaz.it y es un dato o una variable.
Todas estas mujeres de color buscando safiudamente un blanco esperan. Y, con seguridad, uno d.e estos dias se sorpre:n­ deran a si mismas negandose a volver sobre sus pasos, y pen­ saran "en una  noche  maravillosa,  en  un  amante  maravilloso, un blanco". Quiza, tambien, algun dia  se  den  cuenta  de que "los blancos no se casan con una mujer negra". Pero ellas han aceptado correr el riesgo, porque lo que Jes hace falta es la blancura a cualquier precio. iPor que raz6n ? Nada mas facil. Vamos  a   leer  un   cuento  que  satisface  el  espiritu :
"Un dia, San Pedro ve llegar a la puerta de! paraiso a tres hombres:  un  blanco,  un  mulato  y un negro.
-"Tu, l que quieres ? -le pregunta  al blanco.
-"Dinero.
-"lY tu ?  -al  mulato.
-"La  gloria.

40
 
"Dirigiendose al negro, este le acoge con una amplia son­ risa  y  le  anuncia 1:
-"Yo  solo   he  venido  a  traer  las  maletas  a  estos  seiio­
res."
Race  poco,   Etiemble,  hablando   de   uno   de  sus  fracasos, decia : ". . .  mi  estupor,  adolescente,  cuando  una  amiga,  y  que me conocia  bien,  se levant6  ultr.a jada al oir  que  yo  le decia,  en una  circunstancia  en  que  era  la  palabra  propia,  la  unica  ade­ cuada : "Tu, que  eres  una  negra.  i Yo?  l Yo,  una  negra ? i No ves que  soy casi blanca ? Detesto a los negros.  Los  negros  apes­ tan.  Son  sucios  y  perezosos.  No  me  vuelvas   a  hablar  de  los negros". 8•    .
Conocimos otra que tenia una lista de salas de baile pari­ sinas  en  las que  no  hay  miedo  de  encontrarse  con  un negro.
Lo importante es saber  si  le  es  posible  al  negro superar su sentimiento de dis.minuci6n, de expulsar de su vida el ca­ racter compulsivo que le asemeja tanto a! compor tamiento de! f6bico. En el negro hay  una  exacerbaci6n  afoctiva,  una rabia de sentirse pequefio, una incapacidad para toda comuni6n hu­ mana  que  le confinan en  una  insularidad intolerable.

7 La sonrise. d-el negro, el grin. parece haber 11.amado la. atenci-On a 1nuchos -escritor.es.. Bernard Wolfe decfa: "Nos gusta rep1·esentar al negro riendo  y  ensefiando  todos  sus  dientes.   Y  su  sonrisa,  tal  como  la  vemos
-tal  y  cruno  nosotros  la  creamos,  sinifica  sien1pre un  don . . . ".
U11 donativo interminable,  en todos  los carteles,  en todas las p,antallas de  cine,  en  todas  las .etiquetas  de  productos  aliinenticios  . . .  El  negro  da a la  sefiora  los  nuevos  41tintes  criollo  oscuros''  ipara  sus  prend.as  de  nylon puro,  cortesia  d-e  la  casa  de  VignY:-  sus  frascos  "extravagantes'',  "tortu­ rados",  de agua  de colonia de  Goilivrog.g  y  perfumes.  Calzado  luztroso,  ropa blanca  como  la  ni-ev-e,  literas  bajas  confortabl-es,  _transporte   rapido  de  los hultos;  jazz   jit terbug,  jive,   comedias,  y  los  maravillosi:i-s   cu,entos  de  Brer Rabbit t    ( Hermano   Con-ejo)   11ara  regocijo   de  los  ;pequef.os..    El   servicio con  su  sonrisa  .siem-pre .  . . "Se  conserva  a  los  n-a-gros,   escribe  un  antro­ p6logo   (a) ,  en su  actitud  obsequiosa  mediant-a  las  sanciones  extremas  del temor   y   la  fu-erza,   cosa  bien   conocida  ,por  blancos   y  negros  al   mismo tiempo.   !No  obstante,  los  blancos  exig.en  qu,e  los  negros  se  muestren  son­ rientes y amigables  en todas  sus  relaciones  con  ellos :_;--· '' LJoncle  RBmus  et l!'on   lapin  Bernard  Wolfe,  Les   Temp  fl.,fodernes,   nllm.  43.  pcl.g.   &88.
a)    Geofrey Gor.er, Tke American Spi1'it: A S tudy in national  cha­ raeter.
B  "Sur le Martinique   d-e  Michel  Cournot",  Les  Temps  Modernes,  fe­
brero  1950.

41.
 
Describiendo   el  fen6meno   de  la  retraccion  de!  yo,  Anna Freud  escribe : "Consiste en  una  defensa  de  este  yo eontra  las excitaciones  exteriores ;  esta  retraecion,  en  tanto  que  metodo de  prevencion  de!disgusto,  no  es  caracteristico  de  las  neuro­ ticos ; es  solo  un  estadio  normal  en  la  evolucion  de!yo.  Toda descontento   sufrido  par   un  joven   yo  maleabl.!  en  un   campo determinado   queda  compensado  a  veces   par   exitos  perfectas en  otros. Pero  cuando  el  yo  se  ha  he.cha  rigido  o  ya  no  tolera el  disgusto y  se entrega  compulsivamente  a la reaeci6n  de  hui­ da,  la  formacf6n  de!yo  sufre  las  correspondientes  y  enojosas consecuencias ;  el  yo,  habiernlo  abandonado  demasiadas  de  sus posiciones,   deviene    unilaternl,   pierde   demasiados    intereses propios  y  contempla   una  perdida   de   valor  de   sus  activida­ des"  (9).
ComprendPmos  ahora  el  porque  no  puede  el  negro  com­ placerse  en  su  insularidad.  Para  el  solo  hay  un  tipo  de salida, que  da  al  mundo  blanco.  De  ahi  esa  permanente  preocupaci6n por  Hamar  la  atenci6n  de! blanco,  esa  voluntad  tenaz  de  ad­ quirir  fas  propiedades  de!revestimiento,  es decir,  la  parte  de ser y de  tener  que entra  en la  constitucion  de un yo.  Como  de­ ciamos  hace  un  momenta,  el negro  intenta  ingresar  en  el  san­ tuario  blanco  par  el  interior. La  actitud  remite  a la  intencion. La  retraccion  de!yo  en  tanto  que  expediente  de  defensa conseguido  le   es  imposible   al  negro.   Necesita  una    sanci6n
blanca.
En plena euforia mistica, salmodiando un fascinador can­ tic<i. Mayotte se cree un arn:,el y que vuela "toda sonrosada  y bla na". Sin embargo, ahi esta esa pelicula,  Verts  Piiturages, con amrnles de Dios negros, que chocan terriblemente a la au­ tora : " Como imaginarme a Dias con las rasgos de un  negro? No es asi como yo me imagino el paraiso. Pero, menos ma! que_ era solo una pelicula america,na" (•1-0).
No, verdaderamente, el Dios bueno y misericordioso no puede ser negro ; el Dias bueno y misericordioso tiene las me­ jillas bien  sonrosadas. Del negro  al blanco, esta  es la  linea   de

9  A. Frelid, Le moi et les micaniS?nes cle defense, tr-aduc-1.do nor   Anne
Berman,   p3.gs.  9192.    ,.
10 J e .suis Martin?'.qucdse 1  p{lg. 66.

42
 

utacion.  Se es  blanco  igual  que  se e rico,  o hermoso,  o  inte­ l!gente.    ,    i': q
Sin embargo, Andre  parte  hacia  otros  cielos  llevando su M ensaje blanco a otras Mayottes: deliciosos geniecitos de ojos azules· pedaleando por las pasi!los cromosomaticos. Pero, coma corresponde a un blanco que se precie, le deja instrucciones. Andre ha  hablado  de  su  hijo : "Tu  lo  educaras,  le 'hablaras de mi, le diras: era un hombre  superior.  Tienes  que  trabajar para  ser  digno  de  el" (11).
. ?Y la di tlad? Ya no habia razon para adquirirla ; la d1gmdad se teJ ia entonces en el laberinto de sus arterias hun­ didas en sus pequeiias uiias rosas, bien calzada, bien blana.
i,Y  el  padre?   Oigamos  lo  que  dice  Etiemble :  "Un  her­ moso  especimen  en  su  genera ; hablaba  de  la  familia   de! tra­ bajo,  de  la  patria,  de! buen  Pet.ain  y  de! buen  Dios  'con  todo lo  cual  la  dej6 embarazada  coma  mandan  los canon  con  bue­
na condencia. Dias se ha servido de nosotros, decia ei'gran cer­
do, el hermoso blanco, el bravo oficial. Despues de  lo cual, ahi te quedas plantada segun las mismas reglas petenistas y buendioseras" .
Antes  -de. terminar  con  esa  tuyo   Seiior  blanco  es  "coma un  muerto"  y  que  se  hace  escoltar  par  muertos  en  un  libro  en el  que  se  hace  ostentaci6n  de  cosas  lamentablemente  requete­ muertas,  quisiframos  pedir  a  Africa  que  nos  envie  un  men­ saje  (12).
No   se  hace   esperar ; Abdoulaye    Sadji   nos   ofrece  en

lU  Je  suis Martiniqua.ise,  ip3.g. 185.
il 2.  Despues  de ,J e  suis  lt1artiniquaise,  Mayotte  Capecia  h-a  escrito
otra obra: La  negresse  blanc.he.  Segura,mente  se  dio  cuenta  de  los erro res  cometido.s  en  la  primer.a  porq_ue  en  esta percibimos  un intento de
revalorizaci6n del negro. Pero Mayotte  Ca:pecia  no  h-a  tenido  en cuenta su inco1;8ci.ente. En cuanto la nov,elista deja un poco ,en . li'bertad a sus personaJes el negro res.ulta anonatlado. Todos los  negros que describe son de alguna manera  criipulas  o "al rico plS.tano''.
Ademl3.s, y nos atrevemos a augurar e] porv,enir afirmamos -que Mayotte Capecia ha roto def initivamente co-n su pals. La  heroina  de sus dos obras ISOlo tiene una actitud: ·marchar. Este p.ais de negros est:i d-eci­ didamente m.aldito. Efectivamente, en torno a Capfcia f lota una mal<lici6n. Ma1dici6n  centrif.uga  l)Or  cierto.   A:ayotte  Capecia  ha sido probibida,

43
 

 

 

Nini  (")   una   descripci6n  de  Jo   que  puede  lle1'   el  comporta. miento de los negros  ante los europeos.•. Ya  dijimos  que exis­ ten  negr6fobos.  Lo  que  Jes  anima  no  es  el  odio  al  negro ;  no tienen  este  coraje o, por  lo  menos,  ya  no. El  odio  no  es  dado, el  odio hay  que  conquistarlo  a  cada  momento,  izarlo  al  ser,  en conflicto  con  complejos  de  culpabi!idad  mas  o  menos  declara­ dos.  El  odio no es, sino  que  pide  existencia,  y  el  que odia  debe manifestarlo  con  actos,  con  un  comportamiento  apropiado;  en cierto  sentido, el odio  tiene que hacerse  odio.  Por  eso Jos  ame­ ricanos  han  sustituido  el  linchamiento  por  la  discriminaci6n. Cada   uno  en  su  lugar.  Tampoco  nos  ha  sorprendido  que  hu­ biese  en las  ciudades  de!Africa  negra  ( l francesa ?)  el  corres­ pondiente barrio  europeo. La  obra  de Mounier  L'eveil de l'Af ri­ que noire, ya  nos habia  llamado  la  atenci6n,  pero  esperabamos con  impaciencia   una   voz   africana.  Gracias  a  la  revista   de Aliun   Diop  hemos  podido  coordinar   las   motivaciones   psico­
)6gicas  que mue'ven  a  los hombres  de color.
Hay un pasmo,  en  el  ssntido  mas  religioso  del  termino, en este pasaje: "El senor Campian es el unico blanco de Saint. Louis que frecuenta  el  Saint-Louisien  Club  (14) ,  hombre  de una cierta posici6n  social,  puesto  que es ingeniero  de caminos y subdirector de Obras Publicas en Senegal. Se le supone muy negr6filo, mas que el senor Roddin, profesor del liceo Faidher­ be, que dio una conferencia sobre la igualdad de razas  en  el Club. La bondad de uno y otro es un tema perpetuo de infla­ madas discusiones. De todas maneras, al  sefior  Campian  se le ve mas a menudo en el circulo, donde ha tenido ocasi6n de co­ nocer indigenas muy atentos y deferentes para con el, que le aprecian  y se honran  con su  presencia"  ( 15) .
El  autor,  que  es  maestro   en  Africa  negra,  se  considera

 
Bueno  seria para  ella  no  seguir tirando  .piedras  a su  tejado inflando
isu  zurr6n  de irnbecilidades.
Marche  usted   en  paz,  oh  enlodante   chapucera.   .   Pero,  se1)a  usted que,  mas  all:i _ de  sus  anemicas ·q_uinientas  :p3.ginas  se  :IJodra  siernpre  des cubrir  el  camino  honesto  que · lleva  al  coraz6n.
Y esto  muy  a pesar  suyo.
tt'3  Presence   Africa.ine,  1-2-3.
14 Circulo donde se r-eUne  la  juventud  indig--ena.  Frente  :por  frente esta   el  circulo  civ.il,  s6lo  para euro·peos.

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deudor del senor , Roddin por su conferencia sobre la igualdad de las razas. Yo llamo a esta situaci6n un escandalo. Se com­ prenden las dolencias que presentaban a Mounier los ndige­ nas con Jos que tenia ocasi6n de hablar : "Lo que neces1tamos aqui son europeos como usted". Se palpa en tod momento que el descubrimiento de un toubab (16) comprens1vo representa para el negro una nueva esperanza de  entendimiento.
Analizando  algunos pasajes de la obra de Abdoulaye   Sad­
ji, intentaremos recoger en vivo las reaccion7s ?e l mujer de color frente al europeo. Primero hay que d1stmgmr negra y mulata. La primera  tiene  una  sola posibilidad  y  aspiraci6n:
blanquear. La segunda igual, pero, ademas, quiere evitar a toda costa  "regresar", venir  a menos.  l Puede  haber,  en  efecto, algo
mas absurdo que  una  mulata  casada  con un  negro ? Porque,
comprendase  de  una  vez,  hay  que  salvar  la  raza.
Se comprenden las angustias de Nini : un n7gro se ha atrevido a pedirla en matrimonio.  Un negro ha  temdo  la osa- ·'
dia de escribirle : "El  amor  que le ofrezco  es  puro  Y robusto, no es en  absoluto  una  ternura  intempestiva  para  arrullarla  en .
mentiras e ilusiones . .. Quisiera verla  dichosa, completamente
feliz en un medio que cuadre · bien con  sus  encantos,  qu yo creo saber apreciar .. . Considero un insigne honor y la d1cha mas grande  tenerla  en mi casa  y  dedicarme  a usted  en ,cu:rpo y alma. Sus gracias iluminaran  mi  hogar  hasta_ en  los  rmo­ nes de sombra ... Ademas, creo  a  usted  emasiado evolc10- nada y Jo bastante delicada como  para  declmar con brutalldad Jos ofrecimienfos de un amor lea] unicamente atento a hacerla feliz"  (17).    I      i
Esta ultima frase no tiene por que asombrar1_1os. Normal­ mente la mulata rechazara implacablemente al negro preten­ cioso. 'Pero como es evolucionada, no habra de pr_es_tar atenci6n al color de su amante sino a su lealtad. Al descr1b1r a Mactar, Abdoulaye  dice :"Idealista y partidario  convencido de una  evo­
]uci6n a ultranza, aun cree en la sinceridad de los hombres Y   en

15  "Nini'', Presence  Africa.ine,  2, pig. 280.
18 Europeo.
117   "Nini'',  Priseft.Cd   Africaiu,   pig. 288.
 

 

 

su  lealtad ;  tambien  supone  que  s6!o  el  merito  triunfa  en to­
do" is.
6 Quien  es  Mactar ?  Es  un  bachiller,  contable  en  las  em­ presas  fluviales.  Su  carta  va  dirigida  a  una  mecan6graf a  co­ rriente,  tonta  de  remate,  pero  que  posee  el  valor  mas  aprecia­ do :  es  casi  blanca.  Mactar  considera  un  deber  excusarse  por haberse  tornado la  libertad de escribirle  una  carta : "La  inmen­ sa  audaeia,  la  primera   quiza  que  un  negro  haya  osado  come­ ter" ·19•
Tengase  a bien  excusar  si  un  amor  negro  se oropone  a un alma  blanca.  Esto  lo volveremos  ·a  encontrar  en Rene  Maran : "este  temor,   esta  timidez,  aquella  humildad   de!negro  en  sus relaciones  con  la  blanca  o,  si  llega el caso,  con  una  mas  blanca que  el.  De  la  rnisma  manera  que  Mayotte  Capecia  acepta  todo de! sefior  Andre,  Mactar  se  hace   esclavo  de  Nini,  la  mulata. Presto  esta a  vender  su  alma. Pero  el  fin  que  le espera  a  este irnprudente. , .  es no-recibir.  La  rnulata  se siente  insultada  con una  carta  sernejante,  ultrajada  en  su  honor  de  "chica  blanca". Este  neP-:ro  es  un  imbecil,  un  bandido,  un .grosero  a  quien  le vendria  bien  una  lecci6n.  Ella  le  dara  esta  lecci6n   le  ensefiara a  ser  mas decente  y menos  osado,  le  hara  comprnder  que  las "pieles  blancas"  no  son  bocado  para  sernejantes  "buiiuelos"  o.
Has+a  es  posible  que  la  mulata  hag-a  coro  de  su  indignl­ ci6n.  Se habla de  poner  el  caso  en  conocirniento  de los  tribuna­ les, de  llevar  al  negro  ante la sala  de  lo criminal.  "Habria  que escribir  al  jef e  de!servicio  de  obras  publicas  y  al  gobernador de  la  colonia  para  poner  en  conocirniento  de  ambos  el  cornpor­ tarniento   de!  negro  y  conseguir  un · despido  como   renaraci6n por  los  perjuicios  morales  que ha  reportado" 21.    •
Un a,tentado sernejante contra los principios deberia ser caITTiP-:ado con la castraci6n. En ultima instancia se recurre a Ia onlicfa para que proceda oportunamente ·Y amoneste a Mactar. Porque si  "el  vuelve  a  las andadas de sus  insensateces morbo-

18 Ibid., pags. 281'-282.
19  Ibid., pag. 281.
20 Ibid., pag. 287. 2,  Ibid ., pag. 288.
 

sas es cosa de que se encargue de el vwnsieur Dru, inspector de policia,  a quien  sus iguales  llaman  blanco-muy-malo " 22•
Acabamos de ve:r' c6mo reacciona una chica de color ante una  declaraci6n  de  amor  proveniente  de uno  de  sus congene­
.res. Observemos ahora lo que ocurre  con  el blanco.  Volvemos a recurrir a Sadji. El largo estudio que consagra  a  las reac­ ciones que provoca el matrimonio de un blanco con una mulata nos  servira de excipiente.
"Race algun tiempo que  corre  un rumor  por toda la ciudad de  Saint-Louis...  Al  principio  no  pasa  de  un  !eve  cuchicheo que  va  de  boca   en  boca,   dilata  los  rostros  arrugados  de  las viejas   signaras   reanimando   su  mirada   extinguida ;  despttfa los j6venes,  ·abriendo  grandes  ojos  blancos  y  redondeando  una gruesa  boca,  se  transmiten  ruidosamente   la  noticia  que  sus­ cita esos: i Oh!  No  es posible . . . i C6mo lo  sabes ? iE s  posible? Es  fascinante . . .  Es,  para  trastornar  a  cualquiera . . ..  La  no-., ticia  que  circula  hace  un  mes por  todo  Saint-Louis  es  agrada­ ble,  mas  agradable  que  todas  las  promesas  de!mundo.  Es  la coronaci6n  de  un  cierto  suefio  de  grandeza,  distinci6n,  un  sue­ fio que hace  que  todas  las  rnulatas,  las  Ninis,  las  Nanas  y  las Nenettes  vivan  fuera  de  las  condiciones  naturales   de  su  pais. El gran  suefio que las  obsesiona  es el  de casarse  con  mi  blanco de Europa.  Podria  decirse  que  todo  lo que  hacen  tiende  a  este fin, casi nunca  alcanzado.  Su  necesidad  de gesticular,  su  arnor
·    por la ridicula exhibici6n, sus actitudes calculadas, teatrales, repulsivas, son otros tantos efectos de una misma mania de
grandeza : necesitan  un  hombre  blanco,  b!anco  del todo, y  nin­ guna  otra  cosa mas. Casi  todas  esperan  durante  toda  su  vida
esa  buena  suerte  qne  a  lo  sumo  no  pasa  de  probable.  En  esta espera !es  sorprende  la  vejez,  que  las  arrincona  al  fondo  de sombrios  retiros  donde  el  suefio  se  torna  finalmente  en  alta­ nera  resignaci6n . . .
"Una  noticia  muy  agradable . . :  El  sefior  Darrivey,  euro­ peo  blanco  de!todo  y  ayudante  de los  Servicios  civiles,  pide  la mano  de  Dedee,  mulata  de media  tinta.  No  es  posible" 23•

22    Ibid., pag. 289.
23    I bid., pag. 489.
 

46    .47
 

 

 
El  dia  que  el  bla:r,..;o  se  declar6 a la mulata  tuvo  que pasar algo  extraordinario.  Hubo  reconocimiento,   integraci6n  en  una colectividad   que  parecia  hermetica.  La  minus-valia   psicol6gi­ ca,  ese  sentimiento  de  disminuci6n  y  su  corolario,  la  imposi­ bilidad  de  ascender  a  la  limpidez,  parece  que  desaparecen  por completo.  De la noche  a la mafiana,  la mulata  pasaba de!rango de  esclava  al  de  senora . . .
Se la  reconocia  en  su  comportamiento sobrecompensador.
! r    Ya no  era  la  que habia  querido  ser blanca ; era  blanca. Entra­ ba  en el mundo blanco.
En M agie N oire, Paul Morand nos describia un fen6meno semejante; pero luego hubimos de  aprender  a  no  fiarnos de Paul Morand. Desde el punto de vista psicol6gico podria ser interesante plantear el problema siguiente. La mulata instrui­ da, la estudiante en particular, tiene un comportamieno doble­ mente equivoco. Asi, dice : "No amor al negro  porque  es  sal­ vaj e. No un  salvaj e en  el sentido canibal,  sino porque  carece de finura". Punto de vista abstracto. Cuando se le objeta que puede haber negros  superiores  a  este  respecto  alega entonces su fealdad. Punto  de  vista  de  la f acticidad.  Ante  las pruebas de una real estetica negra, dice no comprenderla ; se intenta entonces poner ante sus ojos el canon : palpitaci6n de las aletas de la nariz, parada  en  apnea  de  la  respiraci6n,  subjetividad. Si, como dice Anna Freud, se arrincona al yo amputandolo de todo proceso de defensa, "si se hacen conscientes  las activida­ des inconscientes, salen a la superficie y, por ello, se hacen ino­ perantes sus procesos de defensa, debilitandolos mas aun y favoreciendo  el  proceso  morboso" 24.
Pero en nuestro caso el yo no tiene por que defenderse, puesto que sus reivindi,caciones son homologadas ; Dedee se casa con un blanco. Sin embargo, toda medalla tiene su reverso ; familias enteras han sido burladas. A excepci6n  de tres  o cua­ tro mulatas, a las que se a:djunt6 el caballero mulato corres­ pondiente, todas sus compafieras tenian blancos. "Esto fue considerado muy especialmente como una of ensa hecha· a toda su  familia" "5.  Porque  estas  familias  resultaban  humilladas  en
2A  Anna  Freud,  op, cit.J  pcig. 58,
25   "Nini",  p:ig. 496.
 

sus aspiraciones mas legitimas, la mutilaci6n que sufrian afec­ taba al movimiento mismo de su vida ... a la tension de su existencia . . .
Elias querian, respondiendo a un deseo prof undo, cam­ biarse, "evolucionar". Se Jes negaba este derecho.  0 bien,  en todo  caso,  se  lo discutian.
i,Que  podriamos  decir,  de  todas estas descripciones?
En  Mayotte  Capecia,  la  martiniquesa,  y  en  Nini,  la  bella de  Saint-Louis,  se  descubre  el  mismo  proceso.  Proceso  bilate­ ral,  intento  de  recubrirse  -por   interiorizaci6n-  de  valores originalmente  prohibidos.  La  negra  aspira  a  ser  adm.itida  en el mundo blanco  porque  se siente inferior.  En  su intento  ira  en busca,  para  ayudarse,  de  un  fen6meno  que  llamaremos  eretis­ mo  afectivo.
Este trabajo cierra siete afios de experiencias  y observa­ ciones; en todos los campos que han atraido  nuestra  atenci6n  ., nos  sorprendi6 una  cosa : el  negro esclavo  de  su inf erioridad,
el  blanco  esclavo  de  su  superioridad,  se  comportan  ambos,  to­ dos,  segun  una  llnea  de  orientaci6n  neur6tica.  De  es.ta  mane­ ra,  una  y  otra  vez,  hemos tenido  que  abordar  su alienaci6n  sin perder  nunca  de  vista  las  descripciones  psicoanaliticas.  En  su compcirtamiento  el  negro  se  asemeja  a  un  tipo  neur6tico  ob­ sesivo  o,  si  se  prefiere,  se  instala  en  plena  neurosis  situacio­ nal.  En  el  hombre  de  color  se  produce  un  intento  de  huir  de su individualidad,  de aniquilar  su ser-ahi. Siempre que  un hom­ bre  de  color  maldice,  hay  alienaci6n.  Siempre  que  un  hombre de  color  protesta,   hay  alienaci6n.  Ya  veremos   en  el   capitulo VI  que  el  negro  inferiorizado  va de  la  inseguridad  humillante a  la  autoacusaci6n  sentida  hasta  la  desesperaci6n.  A  menudo, la actitud  de!negro  ante  el blanco,' o  ante  su congenere,  repro­ duce  casi  integramente   una   constelaci6n  delirante  que   inte­ resa  ya  al  campo  patol6gico.
Se nos objetara que no hay nada psicopatico en los negros que nos ocupan aqui. Sin embargo, nos gustaria  citar  dos ras­ gos altamente significativos. Hace unos afios conocimos un ne­ gro,  estudiante  de  medicina.  Tenia  la  impresi6n  infernal  de no ser apreciado por su valor, no en el  piano  universitario, decia,  sino  en  el  humano.  Tenia  la infernal   impresi6n  de que
 
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jamas   llegarfa   a  ser  reconocido   como  colega  por   los  blancos y  como  doctor  por  los  enfermos  europeos.  En  estos  momentos de  delirante   intuici6n 26,   las  momentos  fecundos z,  de  la  psi­ cosis,  este  estudiante  se  embriaga.  Despues,  un  dfa,  se  enrol6 en  el  ejercito  como medico  auxiliar,  y  afiadia,  finalmente,  que por  nada  de!mundo  aceptaria  ir  a las colonias  o ser destinado a  una  unidad  colonial.  Querfa  tener  bajo  sus  6rdenes  a  blan­ cos.  Era  un  jef e ;  coma ta!,  debia  ser  temido  o  respetado.  En realidad,  esto  es  lo  que  querla,  lo  que  buscaba : obligar  a  Ios blancos  a  tener  para  con  el  una  actitud  de negros.  Asi  se  ven­ gaba  de  la  imago  que  le  habia  obsesionado  siempre : el  negro espantado,  tembloroso,   humillado  ante  el  senor  blanco.
Conocimos otro compafiero, inspector de aduanas en un puerto de la metr6poli, extraordinariamente duro para con los turistas y los viajeros transeuntes. ". . .porque si tu no eres vache (agente de policia en argot ) te  toman  por  un memo. Como yo soy negro, se piensan que los dos terminos se identi­ fican .  . .".
En  Conocimiento  de!  hombre  Adler  escribe:  "Para  hacer el  inventario  de  la  concepci6n   de!mundo  de  un  hombre  hay que  proceder  a  una  serie  de  investigaciones,  como  si  existiese una  linea   trazada  desde  una   impresi6n ·de  infancia  hasta  el estado  de cosas  actual.  En  muchos  casos,  se  llegara  afortuna­ damente  a  trazar  el  camino  por  donde  camin6 ·hasta  ese  mo­
·mento  un  sujeto.  Es  una  curv11,  la  linea  de  orientaci6n,  sobre la  cual se dibuja  esquematicamente la vida  de!individuo  desde su  infancia . . .  Lo  que  verdaderamente  actua  siempre es  la  li­ nea  de  orientaci6n  de! individuo;  linea  cuya  configuraci6n  su­
I   i    fre  naturalmente  ciertas  modificaciones,  pero  cuyo  contenido principal, la energia y el sentido  subsisten  en  todo momento, sin  cambio, desde  la inf ancia,  no  sin  conexi6n,  claro, con  el
medio  ambiente  infantil, que mas  tattle  se  destacara  de!media mas  vasto  inherente  a  la  sociedad humana" 2B.
Nos anticipamos ; pero ya podemos darnos cuenta de que psicologia  caracterial  de  Adler  nos  ayudara  a  comprender  la
 
concepci6n  de!' mundo  de! hombre  de  color.  Y  como  el  negro es un  antiguo  esclavo, habremos  de  recurrir  tambien  a  Hegel y,  para  terminar,  a  Freud.
Nini, Mayotte Capecia: dos comportamientos que nos in­ vitan  a  ref]exionar.
L No hay  otras posibilidades?
1Son pseudoproblemas que nosotros no abordaremos. Di­ gamos de paso que toda critica de! existente implica una so­ luci6n, si es verdad que se puede proponer una soluci6n a un semejante,  es decir,  a  una  libertad.
Lo que afirmamos es que se debe expulsar  la tara  de una vez  por todas.
 

Q.6   Dublineau  L'intuition delirant e.
'Xl Lacan.
28  A.  Adle1·,  Connawsance  de  l'homme, pags.  57-58 (Payot}.

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III.    EL HOMBRE DE  COLOR  Y  LA  MUJER  BLANCA De la entrafia mas negra de mi alma, a traves de una zona
de  sombras, me  sube  el  deseo  de ser  ahora  mismo  blanco.
No quiero que se me reconozca negro, quiero que e me reconozea blanco.
Ahora  bien  -he  aqui  un  hecho  que  Hegel  no  ha  descri­ to-,  l quien   puede  hacerlo   sino   la  blanca 7  Al  amarme,   me prueba  que soy digno  de un amor blanco.  Se me  ama  como a un blanco.
Soy un blanco.
Su amor me abre el ilustre corredor que lleva a la plenitud total.
Acaricio estos  senos blancos  con  mis  manos  ubieuitarias y  hago  mias  la  civilizaci6n  y  la  dignidad blancas.
Race unos treinta afios un  negro  de b'ellisima  pie!  negra, en pleno coito con una rubia "incendiaria", en el momenta del orgasmo,  exclam6:  "i Viva  Schoeleher!".  Cuando  se  enteren de que Schoelcher  fue  el  que hizo  adoptar  a la  III  Republica el decreto de abolici6n de la esclavitud, comprenderan que sea conveniente ponerse un poco pesado a proposito de las posibles relaciones  entre  el  negro  y  la blanca.
Se  nos  objetara  que  esta  anecdota  no   es  autentica; pero
 
ves  de  ?eneracio_nes   es  W1   sintoma  inequivoco.  En   realidad, esta  anecdo _ag1ta  un  conflicto  explicito  o  latente,  pero  real. Su  conse'Vac10n  subraya  la  adhesion  del mundo negro  al  mis­ mo.  0  d1cho  de  otra  manera,  cuando  una  historia  se conserva en  el  seno del  folklore  no  hay  duda  de que  expresa  de  alguna manera   una  region  de!"alma  local".
Con el analisis de Je suis Martiniqiiaise  y  de  Nini Jlega­ mos  a  ver  c6mo  se  comportaba  la  negra  ante  el  blanco. Con
?na novela de Rene Maran -autobiograf ia, parece, del autor­ mtentaremos comprender lo que hay en el interior y en el caso de los negros.
El problema esta magnificamente planteado, porque Jean Veneuse nos ayudara a profundizar mas en la  actitud  de! ne­ gro. t De que se trata? Jean Veneuse es un negro. De origen antillano,  vive  en  Burdeos  hace  algun tiempo ; por consiguien­
te, es un europeo. Pero es negro ; par consiguiente, es un negro. .. Este es el drama. No comprende a su raza, y los blancos no le comprenden a el. Veneuse dice : "El europeo en general el fran­ ces en particular, no contentos con ignorar al negro d sus co­ lonias, conocen pesimamente al que han formado a su  imagen
y  semejanza" 'I.
La  personalidad  de!autor  no se entrega  tan facilmente  co­ o  seria  de  desear.  Huerfano,  becario  en  un  lieeo  de  provin­ 1as,  condenado  durante   sus   vacaciones   a  permanecer   en. el mternado.  Sus amigos y  compa:iieros,  al menor  pretexto,  se dis­ persan  por  toda  Francia,  mientras  el  negrito  va  tomando  ]as costumb;e  de  los    umiantes.   Sus  mejores  amigos,  los  libros. En  el  hm1te,  yo  diria  que  hay   una  cierta  recriminaci6n    un c)erto  resentimiento,     na   agresividad   dificilmente   apreben­
1?}e en la larga, demasiado larga, lista de "compaiieros de via­
Je que nos presenta el autor : yo digo en el limite · pero pre- cisamente ahi es donde tenemos que ir.    '
Incapaz   de  integrarse,  incapaz   de   pasar   desapercibido Jean  _ge  ira  a  conversar  con  los  muertos  o,  al  menos,  con  lo asentes.  Su  conversaci6n,  a la  inversa  de  lo  que  ocurre  en su v1da  real,  sobrevolara  los  siglos  y  los  oceanos.  Marco  Aurelio,
 
el hecho de que haya podido tomar cuerpo y conservarse a tra-    1 Un homme pareil aux autres, pag. 11 ( Ed. Arc-en-ciel) .
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Joinville, Pascal, Perez Gald6s, Rabindranath Tagore . . . Si tuviesemos que poner obligatoriamente a Jean Veneuse _ un adjetivo,  hariamos  de  el  un   introver:tido,   otros  le llamanan un sensible., un af ectivo, pero un afectivo que s reserva la po­ sibilidad de ganar la partida en el piano de la idea Y de! ono­ cimiento.  Evklentemente,   esto  es  un  hecho, . sus  cmpaeros y amigos lo estiman mucho : "i Que incorreg1ble sonador . Es todo un tipo, lSabe usted ?, mi  viejo  amigo  Veneuse .. No sale de sus Jibracos mas que para llenar de garabatos su hbreta de viaje" 2•    •
Pero  un  afectivo  que  canta  en  <:astellano  y   ;aduce. al  1.n­ gles -ni  mas  ni menos--.  Un  timido,  pero  t'.'mb1en  un  mqme­ to : "Mientras me  alejo,  oigo  a  Divrande  ?ecirle : un  buen  mu­ chacho este Veneuse,  un  poco  triste  y  tac1turno, pero m:I'. ser­ vicial.  Puede  usted  fiarse  de  el.  Ya  vera  usted.  Ya  qms1eran muchos  blancos  ser  como  el" 3•
Si,  ciertamente,  un  inquieto.  Un  inqui:to  bien  calzdo  en su  cuerpo. Sabemos,  por  lo  demas,  que Rene  Maran  cult1va  u amor  a And re Gide.  Creiamos  encontrar  en  Un  h?mrr:e  pareil aux  autres   un  final  semejante   al  de  La:  Porte    troit\.fJ t arranque    ese  tono   de  sufrimiento  afectivo,  de  1mpo1,  1 1  a moral,   precian   ser  una  replica  de  la  aventura   de  Jerome  Y Alissa.
Pero se da el hecho  de  que Veneuse  es negro.  s  un .oso que ama la soledad. Un pensador. Y cuando una muJ er qmere emprender un amorio con el : "iUsted ha venido  a buscar  el or, que yo soy! Tenga cuida do, mi pequefia sefi?ra.  Bueno  es .a tener valor, pero se va uste<l a comprometer s1 se pone en ev1- dencia  de  esta  manera.  Un  negro.  iVenga,  hombre!   o   vale la pena. Tratarse con un individuo de esta raza es vemr  a me­ nos" 4•
Ante  todo,  quiere  probar  a  los  deiis  que  es  un  hombre, que el es su semejante.  Pero  no nos  eqmvoquemos! Jea Veneu­ se  es  el  hombre   que   necesita   convencerse.  La  mcertidumbre

G R. Maran 1  op.  cit., pa,g. 87,
s I bid., pagg. 18-19.
., Ibid.,  pags.  45-46.
 

esta. en  el  coraz6n  de  su  alma,  tan  complicada  como  Ia  de  los europeos.  Que se nos  perdone  la expresi6n : Jean  Veneuse  es  el hombre  que  necesita  ser  apeado  de!burro.  Vamos  con  elh
Despues de haber citado a Stendhal y el fen6meno de la "cristalizaci6n" , Jean constata  que  ama  "a Andree,  moralmen­ te en Madame Coulanges y fisicamente en Clarisse Esto es insensato, pero asi es. Amo a Clarisse, amo a  Madam  Coulan­ ges, a pesar de que  no pienso  verdaderamente  ni  en  la  una ni en. la otra. Para mi son simplemente una coartada que me per­ m1te darme  a  mi  mismo  el cambio.  Estudio  a Andree  en ellas Y prendo a conocerla de rnemoria . . . No se, ya no se. Ya no qmero saber nada,  o mejor,  solo se una  cosa, y es que  el  negro es  un  hombre parecido  a los otros, Ul1 hombre  como Ios demas
y que su  coraz6n,  que solo parece simple  a Ios ignorantes  e; tan complicado como el mas complicado de los europeos" "· ' .    ·'
Porque la simplicidad negra es un mito forjado por ob. servadores superficiales. "Amo  a  Clarisse,  amo a  Madame Cou.
langes y es a Andree Marielle a quien amo. A ella sola, a nin. guna  otra" 6•
."Quie es Andree Marielle?  iHombre,  la  hija  de!  poeta Loms Marielle! Pero resulta que e&te negro, "que por su inte­ ligencia y su ·asiduo trabajo se ha elevado a la reflexion y a la cnltura  europea" 7    es  incapaz  de  evadirse  de  su raza.
Andres Marielle es  b!anca,  toda  soluci6n  parece  imposi­ ble. Sin embargo, sus frecu:entes merodeos por Payot, Gide Moreas y Voltaire  parecian  haber  eliminado totlo  eso. De bue: na fe, Jean Veneuse "crey6  en  esta  cultura  y  se  puso  a amar este nuevo mundo descubierto y conquistado para  si".  iQue error  e\  suyo !    ast6 que  )legara  a  la  mayorfa  de  edad  y que su patna adoptiva  le  enviara  a  cumplir  el  servicio  militar  a la patria de sus antepasados para que se preguntase  si to<lo  Jo que le rodeaba no le habfa traicionado, el pueblo blanco no aceptandole  entre  Ios  suyos,  el  negro  casi  renegando  de  el" s.
5  I bul.,  pag. 83.
6  Ibid .•
7  Pig. 36.
• Fag. 36.
 

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Jean Veneuse sintiendose incapaz de existir' sin amor, lo soiiara.  Lo  soiiara  en poemas:
Cuando uno ama no hay qiw decir nada Hasta es mejor  esconderse
Andree Marielle le ha escrito su amor, pero Jean Veneuse necesita una  autorizacion. Precisa  que  un blanco  le diga : toma a mi hermana. Veneuse hace unas  cuantas  preguntas  a su ami­ go  Coulanges.  Leamos,  casi in extenso, la respuesta  de Coulan­
ges:
"Old Boy,
"Me  vuelves  aconsultar  sobre  tu  caso.   Te  voy  a  dar  mi
opinion  una  vez  mas  y  de  una  vez  por  todas.   Vayamos  P?r partes.   Tu  situacion,  ta!como  me  la  expone?,  es _de  13:s mas claras.    Permiteme,   sin   embargo,  que   despeJe_  m1  hor1zonte.
Te  sera  muy provechoso.
"lQue edad  tenias  cuando  sa!iste  de  tu  pais  para Fran­
cia ? Tres o  cuatro  aiios, creo.  Desde ento_nces 1;10 has vuelto a ver  a tu  isla natal y  no  tienes  la menor  mtenc16n  de  volver·
]a a ver. Siempre has vivido en Burdeos. Dese _que e_res fun­ cionario colonial pasas tus vacaciones adm1mstrativas  en Burdeos. Verdaderamente, eres  de  casa.  Quiza  no  t das cuenta bien de esto. Para tu gobierno, eres un  frances _  de Burdeos.  Mtete  esto  en  la  cabezota.  Hasta   me  asombraria que  llegaras  a  entenderte  con  ellos.   Los  que  yo  conozco  no
se  te  parecen  en nada.    .
"De  hecho  tu  eres  como  nosotros,  tu   eres  nosotros.  Tus
ref lexiones  son  nuestras.   l Tu  te  crees  -Y   se  te.  cre-  ne­ gro?   iUn   error !  De  negro  solo  tienes  las  apar1enc1s.   Por Jo  demas,  tu  piensas  en  europeo.   Como  el  europe_o  solo  ama a  Ia  europea,  tu  solo  te  puedes  caar  con  una  muJ1;r  de!pais en  que  siempre  has  vivido,  una  chica  de la  buena  t1erra  fran­ cesa,  tu  verdadero,  tu   unico  pais.  Resuelto   esto,  pasemos  al objeto  principal  de· tu  ultima  carta.   Por  un !ado,  hay  un  ta! Jean  Veneuse  que  se  parece  a  ti  como    n  hermano,  por  otro, Ja senorita  Andree  Marielle,  que  es de  pie!blanca,  ama     Jean Veneuse,  que  es excesivamente  moreno  y  adora  a  Andree  Ma-
 

rielle.    iY   aun  me   preguntas   que  has  de  hacer !  iDelicioso cretino . . . !·
"Cuando vuelvas a Francia lanzate  sobre  el  padre  de  la que ya te pertenece en espiritu y gritale  golpeandote  el pecho con   un   estrepito  salvaje:    La  amo.   Ella  me  ama.  Nosotros nos amamos. 0 se casa conmigo o me mato ahora mismo." 9 Solicitado,   el  blanco  acepta  darle  su  hermana,  pero
con una condicion : tu no tienes nada en comun con los verda­ deros negros. Tu no eres negro, tu solo eres "excesivamente moreno"
Los estudiantes de. color en Francia conocen  perfecta­ mente este desarrollo.  No  se Jes  considera  verdaderos negros. El negro es el salvaje, el  estudiante  negro  es  un  evolucio­ nado. Tu  eres  "nosotros",  le  dice  Coulanges,  y  si  se  creen que  eres  negro  es  por  error,  solo  son  apariencias.   Pero  Jean
Veneuse no quiere.  No  puede, porque sabe.    ·'
Sabe  que,  rabioso  por  este  humillante   ostracismo,  mula­ tos  de!pueblo  bajo  y  negros  solo piensan  en una  cosa  en cuan- to. pisan  Europa : "saciar  su  apetito  de  mujer   blanca".
"La mayoria de ellos, sobre todo los  que,  de tez  mas  cla­ ra, reniegan de su  pais  y  hasta  de su  madre  se  casan menos por inclinacion que por la satisfaccion de dominar  a  la  eu­ ropea, satisf accion pigmentada de un cierto regusto  de orgu­ llosa   revancha."
"Entonces   me   pregunto  sino  me   ocurre   a  mi  lo mismo
Y.    si,  casandome   con  usted,  que  es  una  europea,  no  me   dare a1res  de  proclamar   que,  no  solo  desdeiio  a  las  mujeres  de  mi raza,   sino  que,  atraido  por  el  deseo  de  la  carne  blanca,   que nos  esta  prohibida   a  nosotros  los  negros  desde  que  los  hom­ bres  blancos  reinan  sobre  el mundo,  me  vengo  oscuramente  en una  europea  de  todo  lo  que  sus  antepasados  han  hecho  a  los mfos  a  lo  largo  de  !os  siglos." 10
Cuantos esfuerzos para desembarazarse de una urgencia sub}etiva. Soy un bla_nco, he nacido en Europa, todos  mis a,m1gos son blancos. Pienso en  frances,  mi  religion  es Fran­ cia.  l Me oyen ustedes ?  Soy europeo,  no  soy un  negro,  y para
9 Pags. 152-153-154.
ILV pag. 186.
 

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demostrarlo, voy a mostrar a Ios verdaderos negros, como funcionario  civil   que  soy,  la  diferencia   que  hay  entre  ellos y yo. Y, en efecto, relean atentamente  Ia  obra,  se  conven­ ceriin:
"lQuien  llama  a  Ia  puerta ?   iAh!   Es  verdad. "-iEres  tu,  Sua ?
"-Si,   comandante.
"-l Que quieres ?
"-La  novedad.   Cinco   centinelas   al  exterior.   Diecisiete presos.   No  falta  nadie.
"-i Nada  nuevo,  aparte  de  eso?   t No  hay   alguna  carta en  el  correo?
"-No,  mi   comandante."  ,
M onsieur Veneuse tiene ordenanzas. Y una negra joven en su casa. A las negros que parecen sentir su marcha, Jean supone que solo Jes podria decir : "iMarchaos, marchaos ! Ya veis . . . siento mucho dejaros. j Marchaos ! No olvidare. Me alejo de vosotros porque este  pais  no  es  el  mio  y porqtie me siento demasiado solo, demasiado vacio, demasiado priva­ do de todo ese confort que me es necesario y que a vosotros todavia no o reclama, por suerte para vosotros." 12·
Cuando   Ieemos   frases   semejantes   tenemos    que   pensar necesariamente   en   Felix  Eboue,  negro  y  bien  negro,  que  en sus mismas  condiciones  comprendi6  cual  era  su  deber  de  ma­ nera   muy   distinta.   Jean  Veneuse  no  es  un  negro.  .Sin  em­ bargo,  a  sus  espaldas   se  ha  producido   un   hiato.   Hay  algo indefinible,   irreversible,    verdaderamente    el   that   within  de Harold   Rosenberg '"·
Louis-T. Achille, en su comunicaci6n a Ios Eni:uentros Inter-Raciales  de  1959,  decia :
"Por Io que se refiere al matrimonio estrictamente inter­ racial, cabe Ia pregunta de hasta que punto  no es, algunas  ve­ ces, para el  c6nyuge  de color  una  especie  de consagrad6n sub­ j etiva  de! exterminio,  en  su  interior  y  a  sus  propios  ojos, de!

1 Pag. 162.
[O    Pag.  213.
a..13    "Du   Jeau   au  Je,   Escruisse   d'une   gie6:graphie   de   l'actlons,   Le.8
Temps  M odernes, 1948.
 
prejuicio de color tanto tiempo sufrido. Seria interesimte estudiar esto en un pufiado  de  casos  y  hasta  buscar  en  este conf uso m6vil la raz6n de algunos matrimonios inter-raciales realiz_ados fuera de las condiciones normales de las parejas estudiar  esto  en  un  pufiado  de  casos  y  hasta  buscar  en   este
!Y.  c?n   personas  de  otra   raza,  pero   de  condici6n   o  cultura
mferiores  a Ia  suya y  a  las  que  no  habrian  deseado  como  c6n­ yuges   de  haber  sido   de  su  propia   raza ;   el  valor  principal ue  _se  buscaria  en  este  sentido  seria  una  garantfa   de  extra­ nam1e!1to  respecto  de! pais  de  origen  y  de  "des-racializaci6n" (hornble  palabra).  En  algunas   personas  de  color,  el  casarse con  una  persona  de  raza  blanca  parece  haber  tenido  una  irrn,. portancia   primordial,   pues  encontrarian   en  ese  ·hecho   el  as­ censo  a  una   igualdad   total  con  esta  raza  ilustre        senora  de! mundo,  dominadora  de  Ios  pueblos  de  color" lll.    '
Historicamente,  sabemos  que el negro culpable  de  haberse    ., acostado  con una blanca era  castrado.  EI negro  que ha poseido
blanca quda tabu para sus congeneres femeninas. EI es­ p1ritu condesc1ende faci mente a perfilar este drama con una reocupaci6n  sexual.  A  esto  tiende  efectivan1ente,  el arque­ tipo de! oncle Remus : Hermano Conejo, que rep;resenta al ne­ gro. t Se acostara con las dos hijas de Madam Meadow ? Hay momentos en que parece que si, y otros que no, todo ello contado
por :in negro que rie, bonach6n, jovial ; un negro que ofrece sonriendo.    ·    .    .
., Cuando empece a despertar, muy Ientamente,  a la conmo­ c10n de Ia pubertad, tuve ocasi6n de admirar a uno de nuestros com12afieros que volvia de Ia metr6poli y que habia  tenido  a una joven parisina en sus brazos. En un capitulo especial in­ tentaremos  analizar  este  problema.
Hablando hace poco con 1mos anti!la.nos, supimos que el anhelo mas corriente entre las que Ilegaban a Francia es el de acostarse con una blanca. Apenas  han  pisado  tierra  en  Le Havre y ya se encaminan hacia las casas publicas. Una vez realizado este rito de iniciaci6n a  "la autentica''  virilidad  to- man  el tren  de Paris.    '

\114   P8.g.  113,  Rytmes   du. Monde,  1949.
 

58    59
 
Pero lo importante en nuestro caso es interrogar a Jean Veneuse. Recurriremos ampliamente a la obra de  Germaine Guex, La  nevrose  d' aband on 15•
Contraponiendo la neurosis Hamada de abandono, de ca­ racter pre-edipica, a los verdaderos conf lictos post-edipticos descritos por la ortodoxia  freudiana,  el autor  analiza  dos tipos, el primero de los cuales parece ilustrar la situacion de Jean Veneuse :,
"Toda  la  sintomatologia  de  esta  neurosis  se  edifica  sobre el  tripode  de  la  angustia  que  despierta  el  abandono,   la  a,gre­ sivid ad   que  este  origina  y  la  no-valoraci6n   de  si  correspon­ diente" 16•
De Jean Veneuse habiamos hecho un introvertido.  Sabe­ mos que, caracteriologicamente, o mejor, feno:meno]ogicamente, puede hacerse depend er el pensamiento artistico de una intro­ version  primaria W?.
"En  el  sujeto  de! tipo  negativo   agresivo,  la  obsesion  de! pasado,  con  sus  frustraciones,  vacios  y  fracasos,   paraliza   el movimiento  hacia  la  vida.  Por  lo  general  mas  introvertido  que el positivo inclinado a amar, tiende a examinar  minuci083mente sus decepciones pasadas y presentes, desarrollando  en su interior una  zona  mas  o menos  s'ecreta  de pensamientos  y  resentimien­ tos  amargos  (desengaiios) , que  constituyen  much as  veces  una especie  de  autismo.  Pero,  al  contrario que  el  autista  autentico, el abandonista  tiene  conciencia  de esta  zona  secreta que  cultiva y  defiende  contra  toda  intrusion.  Mas  egocentrico  que  el  neu­ r6tico de!segundo  tipo  (el  positivo  amante) , todo  lo relaciona consigo  mismo.  Tiene  escasa  capacidad   oblativa,  su  agresivi­ dad  y  una  constante  necesidad  de  venganza  acaparan  sus im­ pulsos.  Su  repliegue  sobre  si  mismo  no  le  permite  hacer  nin­ guna  experiencia  positiva  que  compensase  su  pasado.  Tambien carece  casi  por  completo  de  valoracion  y,  por  tanto,  de  segu­ ridad  afectiva ;  de  ahi  un  fortfoimo  sentimiento  de  impotencia ante  Ia  vida  y  los  seres  y  la  anulacion  total   de! sentimiento

ll5  Presses  Universitaires  de  France,    1950.
16  G.  Guex,  La  nB11rose   d'abandon,  pllg. 13.
17  Mi,nkowski,  La  Schizoph fnie, 1927.

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de respon8;:l'bilidad. Los demas le ban traicionado y frustrado ; por eso, solo de los demas espera una mejora de su suerte" 18• Maravillosa  descripcion  a  la  que  se  ajusta  perf ectamente
el personaie Jean Veneuse. Porque, nos dice, "basst6 que  llegara a la mayoria de edad y que mi patria adoptiva me enviara a cumplir el servicio militar a la patria de  mis antepasados  para que me preguntase si todo lo que me ro,d ooba no me habia trai­ cionado 29 , el  pueblo  blanco  no  aceptandome  entre  los suyos el negro  casi  renegando  de mi.  Esta  es  mi situacion exacta" 00'.
Actitud de  recriminacion  hacia  el  pasado  no  valoracion de si, imposibilidad de ser comprendido como 'el quisiera. Oi­ gamos  a  Jean  Veneuse:
"Como expresar la desesperaci6n de los pequeiios pa ys­ chaud s internados por sus padres en las, escuelas francesas demasiado pronto, para  hacer  de  ellos  verdaderos  franceses. En un abrir y cerrar de ojos trasladamos a un  lieeo  el!os tan libres  y  vivarachos,  par   su  bien,  dicen  llorando.       '     '
"Yo he sido uno de esos huerf anos intermitentes y sufrire toda mi vida por haberlo sido. A los siete aiios confiaron mi infancia escolar a ,un gran liceo, muy triste, situado en pleno campo . . . Pero los mil juegos de la'adolescencia no consiguie­ ron hacerme olvidar cuan dolorosa fue la mfa.  Mi  caracter le debe esta melancolia intima y este temor a la vida en  sociedad que  reprime  hoy  hasta  mis   menores   impulsos . . ."""·
Sin embargo, le hubiera  gustado,  estar  ceiiido  envuelto. No hubiera querido ser aband onad o.  En  las  vacaclones  todos se iban y solo, retengase el  termino,  solo  en  el  gran liceo blanco . . .
, "Ah ! Esas lagrimas de niiio sin nadie para  consolarle . . . J m olvidara que se le puso muy temprano a hacer el apren­ d1zaJe de la soledad . . . Existencia enclaustrada, existencia re­ plegada y recluida en la que aprendi demasiado pronto  a  me-
rn  Pags. 27-28.
19  Subrayado  por mi.
20  G.  Gurex,  op.  cit .,  ip:ig. 36.
* Se  :refi-ere  a  loo originarios  de  pa,  ises  c3Jidos.  (N. del  T.).
21  Pag. 227.
 
61
 

 
ditar y a reflexionar. Vida. solitaria que a la  larga  se  con­ mueve por una nada.. A causa de un ser  sensible interior, incapaz de exteriorizar mi alegria o mi dolor,  rechazo todo lo que yo amo y me aparto, a  pesar  mfo, de  todo  lo que me atrae"  (22 ) .
l De que se trata ? Dos desarrollos: yo no quiero que me amen. iPor que? Porque un dia, hace de esto algun tiempo, bosqueje una  relaci6n  de objeto  y  fui  aband onad o.  Jamas he perdonado a mi madre. Porque he sido abandonado,  hare sufrir a otro, y abandonarlo sera la expresi6n directa de mi necesidad de revancha. Me voy a Africa. No  quiero ser  ama<lo y rehuyo el objeto. Esto se llama, dice Germaine  Guex,  '_'poner a prueba para hacer la prueba".  No  quiero  ser amado, adopto una posici6n de defensa. Y si el objeto insiste, declarare : no quiero  que  me amen.
i No  valoraci6n?  Sf,  por  supuesto.  "Esta  no  valoraci6n   de sf en tanto que objeto digno de amor es  de graves  consecuen­ cias. Por una parte, mantiene al individuo en un  prof undo  es­ tado de inseguridad interior, y por este hecho,  inhibe  o falsea toda relaci6n con otro. El individuo ducla. de s1 mismo en tanto que es objeto capaz de suscitar la simpatfa o el amor. La no­ valoraci6n afectiva se observa unicamente en seres  que _ han sufrido una carencia de amor y de comprensi6n durante su pri­ mera  infancia" 23•
Jean ·Veneuse quisiera ser un hombre parecido a  los de­ mas, pero sabe que esa situaci6n es- falsa. Jean Veneuse  sabe que es un cuestor. Busca la  tranquilidad  y  el  permiso  en los ojos de! blanco. Porque el es 'el  otro" 'La  no -valoraci6n afectiva conduce siempre al abandonista a un sentimiento ex­ traor dinariamente penoso y obsesivo de  exclusion, de no  tener su lugar en ninguna parte, de estar <lemasiado en todas partes, afectivamente hablando . . . Ser el  Otro  es  una  expresi6n que he descubierto en varias ocasiones en el lenguaj e de los aban­ donistas. Ser el Otro es sentirse siempre en posici6n inestable, permanecer  en  el  quien-vive,  presto  a ser repudiado  y . . . ha-

a:a   Pag. 22S.
23  Pags.  31-32.

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ciendo inconscientemente todo  lo  necesario  para  que  Ia  catas- trof e   prevista    se   prod uzca  irremediablemente."    ·
"Es muy <lificil hacerse cargo de ]a intensidad de! sufri­ miento  que se remite  a las  primeras  experiencias  de  exclusion
de la infancia, cuya agudeza hace  revivir en toda  su pleni­ tud  . .."24•
El abandonista reclama pruebas. No se contenta con afir­ maciones aisladas. No tiene confianza. Antes de anudar una relaci6n objetiva exige de]  otro  pruebas  reiteradas.  El sentido de su actitud es "no amar para no ser abandonado". El aban­ donista es un exigente, o sea, que tiene derecho a toda clase de reparaciones. Quiere ser amado totalmente, absolutamente  y para   siempre.   Escuchad :

"Mi  muy  amado Jean.
Hoy  he  recibido  su  cara  de  julio   ultimo.   No  es  en  abso­ luto  razonable.  L Por  que  atormentarse  asi?  Es  usted  -l se  da cuenta  bien  de  lo  que  le  digo?- de  una  crueldad  sin  Iiinites. Usted  me  <la  una  dicha  mezclada  de  inquietud.   Consigue   ha­ cerme  la  mas  dichosa  y,  al  mismo  tlempo,  la  mas  desgracia<la
·de las criaturas. l Cuantas veces habre de repetirle que le amo, que soy suya,  que le espero ? Venga  pronto" as.
Por fin, el  abandonista  ha abandonado.  Se  le  reclama. Se le necesita. Es amado. iSin embargo, cuantos fantasmas ! l Me ama  verdaderamente?  l Me  ve  objetivamente ?
"Un  dia  vino  un  sefior,  un  gran  amigo  de  papa  Ned,  que nunca  me  habia   visto  Pontaponte.  Venfa   de  Burdeos.  iPero Dias!  iQue  sucio  era! iQue  feo era  ague! sefior gran  amigo  d; de  papa  Ned ! Tenfa   un  rostro  negro  de  villano,  todo  negro, prueba  de  que  no  se  lavaba  muy  a  menudo" 26.    _
Jean Veneuse,  anhelante  de  encontrar  en  el  exterior ra­ zones  de  su  complejo  de  criada  sucia  y  cenicienta,  proyecta  en
el rapaz de  tres  o  cuatro  afios  el  arsenal  estereotipa<lo  racista. A  Andree  le dice:

at Pags. 35-36.
"" Pags.  203-204.
26   Pags.  84-85.

133
 


 

"Digame, Andree querida .... , l consentira  usted  en ser mi mujer si yo se lo pido ?" 77
Duda  terriblemente.  G.  Guex dice:
"La  primera  caracteristica   parece   ser  el  mi_edo  de  mo­ trarse  ta! cual  es. Hay  en  ello  un  vasto  campo  de  temores  d1- versos : miedo  a decepcionar,  a disgustar, a aburrir, a cansar . . . y   por  consiguiente,  miedo  a  fallar  la posibilidad  de  crear  con otro un  lazo  de  simpatia o,  si existe  este, de  quebrar  este lazo. El  abandonista  duda  de  que  le  pueda  amar  ta!  cual  es,  por­ que ha  hecho  la  cruel  experiencia  de!abandono cuando .prop<:"' nia  su ternura  a  ]os otros,  de muy  pequeiio,  por  tanto  sin arh­
ficio" 28•
No  obstante   Jean  Veneuse  no  lleva  una  vida  carente  de
 
por largos meses, se refugia en el silencio . . . el silencio tan elocuente de  los  que  "conocen  la  artificiosidad  de  la  palabra o  el gesto".
Jean Veneuse es un neurotico y su color es solo un  intento de explicaci6n de una estructura psiquica. Si no  hubiese exis­ tido esta diferencia objetiva, la habrfa creado pieza por pieza. Jean VeneUS€  es uno de esos  intelectuales que quieren  co-
·1ocarse unicamente en el piano de la idea. Incapaz de realizar el contacto concreto con su semejante. l Que las gentes son bon­ dadosas con el, gentiles, humanas ? iAh! Lo son porque ha sorprendido secretos de conserje. "Los conoce", y se mantiene en guardia. "Mi vigilancia, valga la expresi6n, es como el se­ guro de un arma. Recibo con cortesia e ingenuidad las insinua­ ciones que me hacen. Acepto y agradezco los aperitivos que me
 
compensaciones.
 
Siempre  esta hurgano  en  la musa_  literaria.
 
ofrecen,  participo  en  los pequeiios  juegos  de  sociedad  que  se
 
Sus  ]ecturas  son  imponentes,  su  estud10  sobre  S:1r€S es  mu inte!igente.   Tambien  G.  Guex  analiza   esto :  'Pns.10nero de_ s1 mismo,   confinado  en  su   respecto-de-si,   el  negahvo   agre;s1vo engorda  su  sentimiento  de  irreparabi!idad  de todo  lo  que  s1-e perdiendo  o  que  su  pasividad  le  hace  carece . . . _A  excepc10n de  algunas  zonas   privilegiadas,   como   su  vida  inelctua;l   o su  pro f esi6n ",  conserva   todavia  un  profundo  S€ntnmento  de
no-valor" '3{).
·Ad6nde  va  a  parar  este  analisis?  Nada  menos que    de­
mostar a  Jean Veneuse  que, efectivamente,  el no  es  seeJ ate a  Jos  otros. Racer  que  la gente se avergiience  de  S?     rntenc1a, decia  Jean-Paul  Sartre. Si: llevarlos  a toma; _conc1en.cia ?e las
posibilidades   que  !os  hombres  se  han  proh1b1do  a  s1  nnsmo, de  la  pasividad   que  exhiben  en  situaciones  en las    ue  habna que  clavarse  en  el  coraz6n  de!mundo, como  una  astilla,  forzar si  asi  conviniese  el   ritmo  de! corazon  de!muno,  desplazar si fuera preciso  el  sistema de mando,  y  en  cualqmer  caso, pero con  absoluta  certeza,  plantar  cara  al  mmulo.
Jean  Veneuse   es  el  cruzado  de  la  vida  interi?r.  Cuando
vuelve a ver a Andree, cuando  se encara  con la muJ er   deseada

'lII  Pags. 247-2•8.
28  Pag.  39.
12B  Subrayado por mi.
•o  Pag.  44.
 
organizan en el puente, pero no me  dejo  atrapar  en  la bene­ volencia  que se me testimonia,  porque  desconfio de esta   socia-    .. bilidad excesiva  mia  que  ha  reemplazado  demasiado  rapida­ mente la hostilidad  en  la  cual  se  nos  intent6  aislar  no  hace mucho 31
Acepta  los  aperitivos,  pero !os restituye.  No  quiere  deber
nada a nadie. Si no los devuelve, es un  negro,  ingrato como todos  los otros.
l Y si es malo ? Precisamente porque es negro. No se puede dejar de detestarlos. Ahora bien, lo advertimos, Jean Veneuse, alias Rene Maran, no es ni mas ni menos que un abandonista negro. Devolvamoslo a su Jug-ar, a su justo lugar. Es un neu­ r6tico que precisa ser liberado de sus  fantasmas  iniantiles. Digo que Jean Veneuse no representa una experiencia de las relaciones negro-blanco, sino una cierta  manera  de  compor­ tarse un neur6tico, accidentalmente negro. El objeto de nuestro estudio se perfila : permitir  al  hombre  de  color, comprender, con ayuda de ejemplos concretos, los factores, los ingredientes psicol6gicos  que pueden  alienar  a sus congeneres.  Volveremos a insistir sobre el particular en el capitulo reservado a la des­ cripci6n fenomenol6gica,  pero,  lo  recordamos  de nuevo,  nues-

"' l'a-g.  10.

65
 
64
 
tra finali<lad consiste en hacer posible un sano·encuentro  entre el negro  y  el blanco.
 

prec1
 
estructura   neur6tica   de   un  individuo  sera   entonces
)
 
samente,  l_a elaboraci6n,
 
a    formaci6n, el brotar en el y
 
Jean  Veneuse  es f eo. Es negro. l Que mas  hace  falta ? Re­
!eanse las observaciones  de  Guex  y  se  convenceran  de  esta evi­ dencia.   Un   homme   pareil   aux  autres  es  una  impostura,  un intento  de haC€r    depender  el  contacto  estre  dos  razas  de  una morbidez   constitucional.   Convengamos   en  que,  en  los   pianos de!psicoanalisis  y  de  la  filosofia,  la  constituci6n  s6lo  es mito para  quien la  rebasa.  Si  desde  el punto  de vista  euristico  debe negarse  a  ·la  constituci6n  toda   existencia,   tambien   es  cierto que  sigue  habiendo  individuos   que  haC€n  todo  lo  que  puegen y mas para  entrar  y  acomodarse  en  esquemas  pre-establecidos. Es  imposible  impedirlo.  No ;  algo  podemos  haC€r.
Hace un momento  hablabamos  de  Jacques  Lacan,  y  no era por casualidad. En 1932 hizo, en su tesis, una critica  vio­ Ienta de la noci6n de constituci6n. Aparentemente, nos apar­ tamos de  sus conclusiones,  pero  esta  disidencia .se comprende si no olvidamos que nosotros substituimos la noci6n de cons­ tituci6n en el sentido en que lo entendia la escuela  franC€sa  por la de estructura . . ., "englobando la  vida  psiquica inconsciente ta! como nos es posible, parcialmente, conocerla, en particular bajo la forma de refluido y refluyente, en tanto que estos ele­ mentos participan activamente en la  organizaci6n  caracteris- tica  de  cada  individ ualidad   psiquica" 52•    ·
Ya  lo  vimos : el  examen  de  Jean  Veneuse  revela  una  es­ tructura  de  abandonista  de! tipo  negativo-agresivo.  Puede  in­ tentarse   una   explicaci6n   racional   de! caso,  es  decir,  par   la interacci6n  medio-individuo,   y  recetar,  por  ejemplo,   un  cam­ bio  de medio,  "un cambio  de aires". Claro que, en este caso, nos damos  cuenta  inmediatamente  de  que  la  estructura  permane­ ceria.  El  cambio  de  aires que  se impone Jean  Veneuse  no  tiene por  finalidad  situarse · en  tanto  que  hombre,  no  tiene  por  fi­ nalidad   una  sana  conformaci6n   de!mundo ;  Jean  Veneuse  no busca  con  su  cambio  de  aires  esa  plenitud   caracteristica   de! equilibrio   psico-social,   sino  una  conf irmaci6n   de  su  neurosis externizante.
 
d,nudos  conf11ctuales provementes  en parte  de] medio  y, tam­
?ien, de.su manera personalisima de reaccionar frente a esas mfluenc1as.
De la misma  manera  que  la pretension  de  inf erir  de! com­ portamient?  de  Nini  y de  Mayotte  Capecia  una  Jey  general  de! comportam1ento  _de_  I_a    gra  con .  especto   al  blanco  suponia un  enao. de  rmxtif1cac1on,  tamb1en  habria,  afirmamos,  falta de  obJehv1dad  en  la  extension   de  la  actitud   de  Veneuse   al homb:e  de  color . como  ta!.  Desearfamos   con  todo  esto  ha;ber desammado  todo  mtento  encaminado  a  reducir  Jos  fracasos  de
u  Jean  Venese  a _Ia  mayor  o  mejor  concentraci6n  de  mela­ nma  en  su  ep1derm1s.
Es  convenien  que  este  mito  sexual  -la  busqueda  de  Ia ar?  blai:ica-  deJe  d  estorbar  una  comprension  activa  entre md1v1dualidades  trans1tadas por  conciencias  alienadas:
.       De_  ninguna   manera  debo  mirar  mi  color  como  una  tara. A  partir  de!momento  en  que  el  negro  acepta  Ia  escisi6n  im­ puesta  por  el.europeo ya  no tiene  un  momento  de reposo.  "lNo
.es comprens1ble, entonces, que intente ascender  hasa  el  blan­ co ? l No es comprenible que intente ascender en la gama de olores a los que conf1ere una especie de jerarqufa ?" ""·
. a veremos que es posible otra soluci6n. Una soluci6n que 1mplica una reestructuraci6n del mundo.

 

 

 

 


33
 
"'-  Paz.  54.
 
.ed. 1
 
Claridie   Nordey,   L'hom:me    de   eoul,,ur.   Coll.   Presences.    Pion,
 
939.

66
67
 

 

 

 

 

 


IV.    SOBRE EL PRETENDIDO COMPLEJO DE DEPENDENCIA DEL COLONIZADO

No hay en el mundo un solo pobre diablo linchacfo ni un pobre hombre torturad o en los que yo no sea ase· sinado y humiluulo. (Aime  Cesaire, Et  !es  chiens  se taisaint.)

Al  comenzar  este trabajo  solo  disponiam?s  de  unos  pocos estudios   de   Mannoni,   aparecidos   en  !a  revista  PS)J   he.     os propusimos · escribir  al autor  para  ped1r!e ,nos  c?IDurucase   as conclusiones   a   que  habia   llegado.   Despues   sup1mos  que  sus reflexiones  estaban  a  punto  de  aparecer   en    na   obra  de  c_on­ j unto.  Ya  ha  aparecido  esta  obra : Psycho!o gie  de  la  coloniza-
tion. Vamos  a  estudiarla.       _    .
Antes  de entrar en faena  digamos  que el  pens·arrue_nto an- litico es honesto. Habiendo vivido  en la extremada  am?1v!enct
inherente  a  la  situacion  colonial,  Mannoni  muetra  f ma men ,e una  captaci6n  por  desgracia  dema,siado  ehaust:va, de  los 1en?­ menos  psicol6gicos   que   rigen   las  relac1ones  md1gena-co  om-
zador.    ,        ·   "'       · ol '
La  caracteristica  f undamental  de  la  mvestiac1-0n  ps1c    -
gica actual parece ser la realizacion de una  c1erta  exhausti­ vidad.  Mas  no  se debe  perder  de vista  lo real.

68
 
.Por nuest:a 'Parte, pondremos de manifiesto que O. Man­ nom, au_n hab1en_do c??sagrad? doscientas veinticinco paginas al estud1-0 de la s1tuac10n colomal, no ha sabido captar sus ver- daderas  coordenadas.    ·
Cuando  se  aborda  un   problems   tan  imporwnte  como  el iventaio  de las  posibi!idades  de  comprension  de  dos  pueblos d1feremes,  forzoso  es  redoblar  la  atenci6n.
. Debemos a Mannoni el haber introducido en el procedi­ m1ento dos elementos euya importancia dificilmente  podria pasar   desapercibida  a nadie.    .
Un  analisis  rapido   parecia  haber  eliminado  de  este   am­ bto la subjetividad. EI estudio de Mannoni es una investigaci6n smcera, P?rque se propone mostrar que es dificil explicar  al hombre   sm  tener   en   cuenta  esa  posibilidad   suya  de asumir    .. o negar una situacion dada. EI problema de la colonizaci6n com­ ports, pues, no  solamente  la  intersecci6n  de  condiciones obje­ tivas e historicas, sino tambien la actitud de! hombre para con esas condiciones.    •
Paralelamente, tem,mos forzosamente que adherirnos a la parte de! trabajo de _Mannoni que tiende a patologizar el con­ flicto, es decir, a demostrar que al blanco colonizador solo le mueve su deseo de poner  fin  a  una  insatisfacci6n  en  el piano de la  sobre-compensaci6n adleriana.
No obstante, no podemos estar de acuerdo con el cuando Ieemos: "El hecho de que un malgache adulto aislado en otro media puede devenir sensible a la inferioridad de tipo clasico prueba de manera poco menos que irrefutable que, desde su infancia,  existfa  ya  en  el un  germen  de  inferioridad" (').
Al   leer   este  pasaje   sentimos  que  algo   vacila  dentro  de nosotros ; por  si  fuera  poco,  la  "objetividad"  de! autor  puede inducirnos  a  error.
Con  fervor  hemos  intentado  descubrir  la  linea  de  orien­ tacion,  el tema, el  tema fundam,mtal  de! libro : "La  idea central e que  la  presencializaci6n  de  Ios  'civilizados'  y  de  los  'primi­ tivos'   crea  una  particular  situaci6n  -la  situacion   colonial­ que  da  lugar,  que  hace  aparecer   un  conjunto   de   ilusiones  y

_I   0. Mannoni, Psyeholog·ie de  la colonisation, l.)iig.'32  (Ed. du &uii) .

69
 
1 n I

 

 


 
malentendidos que solo el analisis psicol6gico puede situar y definir"  (2) .
Ahora bien, puesto que este es el punto de partida de Mannoni, l por que quiere hacer de! complejo de inferioridad algo pre-existente a la colonizaci6n ? En ello reconocemos el mecanismo de explicaci6n que, en psiquiatria, daria : hay formas latentes de la psicosis que se hacen manifiestas despues de un traumatismo.  Y en cirujia : la  aparicion  de varices  en un  in­
 
judio  entre  el antisemitfamo  de M
cree Mannoni que para un jud'  aurra Y el de Goebbe18. l No bles ?    10 esas d1ferendas  son  impalpa-
AI  final  de una represent    ·,
en  Africa  del  Norte   un  ge   1:_C\O d La  Putain  respectueuse
pena  que su obra se' represe   a   ecia  a  Sa_rtre : "Valdria la se apracia claramente  hast     e  en el  Africa  negra. En  ella en pais  frances que su cong que  punto. es mas  feliz el  negro
 
dividuo no  se debe  a  que se haya  visto  obligado  a permanecer
 
.    Sin  eamente,  creo en  la nere  americano".    ·
 
diez  horas  diarias  de  pie,  sino  a  una  fragilidad constitucional
 
c1a .
 
- .    posibilidact  d
;etrva   sea  eomprendid
 
que  una experien­
 
sub    e
 
da le pared venosa ; el modo de trabajo es solo una condi,;!ion que actua en sentido positivo favoreciendo su aparicion; el su­ perespecialista consultado decreta que la responsa bilidad de! patrono  es m uy li.mitada.
Antes  de  abordar  en  detalles  las  conclusiones  de Mannoni · nos  gustaria  precisar  nuestra  posid6n.  De  una  vez  por  todas expresamos  este  principio:  una  sociedad  es  racista  o  no  lo  es. Mientras  no  se  acepte  esta  evidencia  se  dejaran  inadvertidos, de !ado,  una  gran  cantidad  de  problemas.  Decir,  por  ejemplo, que el  Norte  de  Francia  es  ma,s  racista  que  el Sur, que  el  ra­ cismo  es  obra  de  !os  subaiternos  -expendiente  que  absuelve absolutamente  a  Ia  elite-  o que  Francia  es  el  pals  menos  ra­ cista  de!  mundo,  d.ecir  todo  esto  o  cosas  semejantes  es  propio de  hombres   incapaces  de  reflexionar  correctamente.
 
ven1r  aqui  diciendo·  el  prob!a  por  otro.  No  me   gusta  nada solo,  despues  de  poerme  a   :'.1eyo  es  mi  problema,   mio Mannon;  no  ha  intentad    iar o.  Pero  me   parece   que
raei6n  de! hombre  de    lebl sus .adentros  la  desespe­ este estudio  a tocar  la mis    ·  d   e      anco.  Me  he  aferrado en tivamente.  No  he  querido        Tacticamente  y  afec­ falso; no me  ha  sido  posi,bie    e  Jbe _1vt?· Por   lo  demas,  eso  es
·Hay        d    o Je 1vo. "    ,  en  ver  ad   alguna  dif    .
otro ? l No  se descubre'ahf  la mis    erec1a   entr:  un   racismo Y
de! hombre ?    ma  caida, la mrnma  bancarrota
Mannoni   estima  que  el blan
detesta  al  negro  indepe  di    t       co  pobre   de   Africa   de! Sur
co. Pero, aparte de quen e:fa e te de todo proceso econ6mi­ evocando  la  mentalidad  a t"     .1 ud  no  puede comprenderse
 
Para demostrarnos que el racismo no reproduce  la  situaci6n
 
an,'1.sem1"t1.smo  esnobismo  dnelISelibllta  -con   "gusto
 
Ilamarfa  al
 
economic11 el autor nos recuerda que "en Africa de! Sur ]os obreros blancos se muestran tanto o mas racistas que los diri­ gentes  y  patronos" 3•
Pedimos excusas, pero deseariamos que quienes cargan con la responsabilidad de describir la colonizaci6n recuerden esto :es ut6pico  intentar   averiguar  en  que  se  diferencia  un comporta­
miento inhumano de otro comportamieno inhumano. De nin­ guna  manera  queremos  inflar  el  mundo  con  nuestros  proble­
 
mayoria  de  los  ricos  utilizan f oes   · Pa: ce,  en  efecto,   que  la donen  a  ella,  Jes  aprovecha  m ,   I        as10n  Y  no  que  se  aiban­ propaii:a    ntre  las  clases  medi:prn:iero.  Ordinariamente  se een. Ill ti_erra  ni  Castillo  ni  casa', I   rec1samente  :porue  no  po­
,,er  1_nf er10r  Y  pernicioso   afir    . 81/0 .trato   I  J Ud10  como  un nenc1a a una  elite" s_, pdria mo,  a   m1 mo  tiempo,  mi  perte­ desplazamiento  de  la  agresi   "dmos  ademas  argumentar  que este el  proletariado  negro  es   f  v1d ad  .del proletariado  blanco  sobre
 
mas,  pero  si  nos  gustaria  preguntar  a  O.  Mannoni  si  no   ha
 
de Ja estructura  eron6m•icaund
 
amAfen.talmente ,
 
una consecuencia
 
pensado  alguna  vez  en  las  diferencias  que  pueda  apreciar un
 
l Que  es Af rica de! Sur? e    r1ca  de! Sur.
blancos   aporrean   Y  somete    nal   caldera  en la  que 2."530.300
3.ooo.000  de  negros.  Si  Jos
 
z  Cf. ,pag.  11 de  la   cuhierta.   (Subrayado  por  mf.)
a  T.  lf annoni,  op.  cit .,  p3.g. _16.

70
 
!Subrayado  por  mi.
J.-P.    Sartre,   Reflexions
 


sur   la  question  iuive,  piig.   32.

71
 
blancos pobres odian a los negros ello no se debe, como deja entender Mannoni, a que "el racismo es obra de pequefios comerciantes  y pequeiios colonos afanados como mulos y al   ca­
 
ci6n  la estructura de ta! o cual    . I    "
problema  capital   fundamental        exp ota1011  se  enmascara  el su  lugar. .    '    -    ' eso  es, re1nstalar  al hombre  en
 
bo sin mucha ganancia" 6
 
No,  los odian porque la estructura  de
 
El :racismo colonial no dif;er de los o'-r    .
 
Africa  de! Sur es  una  estructura  racista : "Negrofilia  y filan­
 
E    ,    . .    •    0
 


- ·    ,
 
os rac1smos.
 
tropia son injurias en Africa de! Sur . . . se propane separar los indigenas de los europeos, territorialmente, econ6mica· mente y en el campo politico, p2r.mitirles edificar su propia
civilizaci6n  bajo  la  direcci6n  de  la  autoridad  de  los  blancos,
 
I anbsem1trnmo me  muorde e    I .
mudo,  una  resistencia   es  anto;       n  p _ena    ar_ne,  yo  me  de­
la  pc;sibilidad   de  ser •honibre   Jo me  deJa  anuc?,  me  niegan suerte reservada  a mi hermao   C pduedo  desohanzarme  de  la al  horubr,e.  Cada  una  d-e n -.      ·et· a  a _uno  de mrn actos empefia
 
pero  con  un  contacto  m[nimo  entre  las  dos  razas. Se propone
 
b    d' ias
 
y bajezas
 
1is re 1cenc1as manifiesta  al h    b
 
ca,da   una  de
 
.
mis
 
co-
 
reservar a los indigenas algunos territorios y obligar a  la ma­ yoria a vivir en ellos . . . La competici6n econ6mica quedaria suprimida,  preparando  as[  un   camino   para  la  rehabilitaci6n de los blancos pobres, que constituyen el 50 por c-iento d e la poblaci6n  europea . . .    ·
"No es ningµna exageraci6n decir que la mayorfa de los sudafricanos experimentan una  repugnancia  casi  f isica ante todo lo que situ.a a un indigena o a una persona de color a BU nivel" 7•
Para terminar con el argumento de  Mannoni  recordamos que "la barrera econ6mica proviene, entre  otras  causas,  de! temor a la competencia y de! deseo  de  proteger  las  clases de los blancos pobres que forman la mitad de la pobl'.lci6n eu:ro­ pea  a  fin  de  impedir  que  estos caigan  aun  mas abajo".
Mannoni continua: "La explotaci6n colonial no se confun­ de con las otras formas de explotaci6n, el racismo colonial di­ "'iere de los otros racismos . . ."8• El autor habla de fenov nnlogia, psicoanalisis, de unidad humana, pero  nos gustarir oue diese a estos terminos un caracter mas concreto. Todas  J3r
.'ormas de explotaci6n se parecw. Todas van a buscar su n8 cesidad en algun  decreto biblico.  '):'odas  las formas de explota,
 
oyendo a Cesaire: "Cuand    0   ·  re  ·.Aun .nos  parece estar
rica  hay  linchamiento  de    gorngo  da. radio Y o1go que en Ame­
os,    Igo  que  nos han mentido :
9 Al  escribir  ie!.sto estan1os    d    .
te   Jaopers:   -  "Exis-te   entre   ios  h    n  o  en _ la  culp.<l'bilidad n1eWisi-ca
.    res,   una   solidaricbd   en   viriud   de    s,  1Pr.ec1sam0nte  porque  son hom­
rl"OSpnsa.bles  dre  toda  injusticia  Y le cfo  o todos  Y   caa  uno   se-  sienten P<:l'_t1cular   los  -crini:ene.s  co-met-id        mal  co_n1etidos  en  el  mundo, per1n1!do   ignorar.    Si   ent    ....    os en  su  }Jresenc1a  o  los  que  no  le  es para·   mpedirlos   soy    mplf  es.Siyoono   hgo   lo _qu,e  esta   en   mi  n1ano
mped1r  el  asesinato  <le  -otros  h    b Y    n?    iie     arr1iesgado    mi   vida   para
brazos   me  siento   culpable  e       en   me  quE?do  tranquilo   Y  cruzado dido  de   n111nera  a_decuada   desd,e   u       i     ido  qua  .no  pede  ser   compren­ m?ral . . .  Si  vivo   desp-ue3   de  SPc - d    p..u. nto   de   vista   J:,iri<lico,   politico   o m1  un     culpabilid-ad   inexplicable:e  -ua.,  estas   cosa   s1.ento   ])Zsar  .sobre
.)!;n  alguna.  parte   a.I.la   en las    .
m:as,  s  _impone   una'  exig.encia   a'b'.;o\  ;r:dades  de  1as  relaciones  hu­ o       c?nd1c10-nes  de vida  amenazadoras  d     .    n  ,co  d?   ataque.  criminal to.dos  J;Untos  O   ninguno  €D   ,a;b.-.0J'1t0-''       el rr  f1s1co,  solo  Eie  a.cepta  vivir mande,  tredu-c do   al  frances.;o-; Jean   rH J:spe:rs,, L3.  culpabiliti   alle-
Jaspers  declara  -que  Ia  in...-1-    •    er:icch,  pags.   60-..61).
ver que    anc1a co.m:petnte es    p
•    ,los   no   t1en;e   uada   quie  hac.e   -     -    10.s. ero es fB.cil
xphca;  est;a-  o111igai6n  :Por  la  1·.e,.;JidaJ  hai{l!I.    A   rneno   que  se   quiera su  te-rueJant-e:    R.sponsahle  en  -este  S"    n  d.,  sont1re  res-ponsable
m_1.s  ac  tJS    comphca   a   toda   Ia   humanid cilll,c O .   qne  .el    las  pe::;i_uefio   de o  una   re:sipuesta.    0  l'«s  dos        -          1 --  .      ad  acto  es   una  pregunta presa   una   cie.rta.   n1an"r•   d•corseabsl a    a  vez,  .qu1zii.   Cuando  ·mi   ll;"'""r    x
 
ci6n  son  identicas,  porque  se  aplican,  todas  por  igual, al mis-
 
ara
 
+
o.,r_o
 
a  la
 
. .... ._..    "'    e arse  yo    f"
1n1rersa,   la  ?asividad    Ma 1.rmo
 
el   _ alor
 
·    ...-':    "' -
de  n11  acto
 
1'.IO  "objeto":  el hombre.  Al  considerar  en un plano  de  abstrac.
5 M·annoni, op. cit., pB.g. 16.
7 R. P. Oswin, Magrath d2.l convento do-n1i.nicano de San Nicol.6.s, Stallcn•bosch, Af rica Austral lnglesa, L'hornme de toileur, pig. 140. (EJ subrayado  es  mio.)
s Mannoni,  op.  cit., pag.   19.
 
e  Ia   H1'i'..or1.a  .se  interpret.a   com    .  b  o    en adn.  en  momientos   ctiticoa Aspects   du  drame   conte        .   o .J-qu1-e  m  de  esa   obHgaciOn.    Jung   e pond    L    11\1.JOra1n,  -u1ce   que  todo   e    t·    •    n
.    · e7  an un  asiatico,  0  un  -hinrt , d    .    uropeo    1ene  que res-
come-Jdos  ;;or ' Ia   ,barba.rie   nazi.   ofro eaf:::,-1     an-era,   de  Jos.  crimnes en   L Annea.u  de   Polycra'e    O    •t··  1         -. ,  11... adame   Marvc:e    Choiey· n-eutros'   durante  la  ocupaic)n   los  cu  I        -pa· 1 1,a    particular   de   los
ponsables   de  todos  estos  muerk!,..  Y  d   at   eds     sel   sent. a-n  conf usam-ente res-
;::;    e   o  os   os  Buchenwald.
 

72    73
 
Hitler  no  ha  muerto ;  cuando pngo  la_ ra?io  Y. me  et! £
·    !ta  desprecia y pogrom1za a los Judws, d1go qu    .    a·
se msu    '  .        h    muerto . v  si   otra vez,  pongo  m1  ra ,o metido        e ictde! Sur's h instituido  Y  legalizad?  e!
fr:b joqforzado, digo que, verdaderamente, nos han mentido .
Hitler  no ha m uerto" ,o.    ,    ali
 


"Ya sabemos que un martinique3 es diferente de un arabe". Protestaba con vehemencia, pero me decian, "no Ios conoce usted". En verdad, Mannoni, se ha equivocado usted. l Que. significa  esta  expresi6n:  "La civilizaci6n   europea  y  sus repre­
sentantes  mas  calificados  no  son  responsables  de!racismo  co­
 
Si,  la civilizaci6n  europea  y _sus represnt;
 
tes!!u
 
lonial"?  Pues  no  significa  sino que  el colonialismo  es  obra de
 
f"cados  son  responsables  de!  rac1smo  colomal ,1 ,  Y d        ., esaire .  "Entonces,  un  buen   dia,   la   burgues 1a se    esper,o
 
aventureros y politicos, mientras "los representantes mas ca­ lificados"   se   mantienen,   en  efecto,  al  margen  de!  embrol!o.
 
sobresaitada por un formidable  ?"lpazo  de os  actuan  a  sus  anchas,  las  prrnwnes se
 
e ; a;;:
11v    '        0    0
 
Pero,  dice  Francis  Jeanson,  todo  ciudadano  de  una  naci6n  es
responsable  de  las  actos  perpetrados  en   nombre  de   esta  na­
 
aores inventan, refinan, discuten en torno a los potras; . .    .
-   "·Asombro    indignaci6n ! Se  dice :  "iQue  cosa  mas  cuf10- sa I  iB1 ah ! Es  e,l  naz1• smo.  iya  pasara·I"  y  esp, erain'  Y  conviearn-
 
ci6n : "D.ia tras dia este sistema desarrolla  a vuestro alrede­ dor sus consecuencias perniciosas, dia tras dia sus promotores os traicionan, prosiguiendo en nombre de Francia una  politica
 
(et on attend , et onr e f; e ) ;e o 8
1
 
c    ar / 1
8
 
::,   fa que
 
inimaginab-lemente ajena, no solo a vuestros verdaderos in- .. tereses,  sino tambien  a  vuestras  exigencias  mas  prof undas . . .
 
dad, qu    es  una  ba  b la  doiidianeidad  de  las barbaries;  es  el
:o    1q    /0es    =s  de  ser  victimas  han  sido  c6mplices ; a
este na;iso le  han  soportado  antes  de sufrirloh letanu  bf1 : to   cerrando  el  ojo,  le  han  legitimado,  porque    as a
auello  solo  se  habia  aplicado  a  puebl I nodeu:f    'n:zi! nazis.m.o  lo  han  cultivado,  son  responsa    es    ; e  '
que brota,  revienta  y  rezuma,  antes] de .   1- ull    c    n    ra; rojas,   de  todas   las   costuras   de    a  CJVI  IZac O
 
Os glorificais por manteneros  a  distancia  de  un  cierto  orden de realidades: asi dejais las manos libres a aquellos que me­ rodearian con holgura en atm6sferas malsanas,  que ellos  mis­ mos se.crean con su propio comportamiento. Y si, solo aparen­ temente conseguis lavaros las  manos, - ello  quiere  decir  que otros se  las  ensucian  a  cuenta  vuestra.  Teneis  hombres  que lo hacen, pero las cosas  claras, vosotros sois los verdaderos    cul­
pables : porq ue sin vosotros, sin  vuestra  negligente  ceguera,
 
cristiana" 12
 
.    .         
 
· -    'J.'
 
-··cada-vez-que- vemcis- arabes,  el  andar  medroso  y  fug1_,1vo, desconfiados,  envueltos  en  esas  Jargas  vestientas  trapaJosas que  parecen  fabricadas  adrede  para  ellos, dec1mos : --  ran­ ni  se ha equivocado.  Cantidad  de veces  me hi;in  detem  o   os !no­
pectores  de  po!icia  en  plena  cal!e  confundiendome bcon  u:a   be,  y  cuando  comprobaban  mi  origen  se apresura  an  a    edr .
w Cito   de   m,emori.a    ( Discoiirs     politiques,    campafi.a  ele.ctoral  d-e
1M5 Fort-de-FranC€).    ,    !""  d •
'•• "La  civilizaci6n  europea  y _sus  repres_e1   antes    :"    ·:it;n0s
son  responsahles   del  ;·acisn1odcolo-lnial;  :pe:o m  choerb:ja·i'n  si  amasar
y  dei  pequeiios  comerc:ants,    e  co onos qu
gran  cosa."   (Mannon1,  pa-g.   16.)    .   .    ·o:::     14    15.·
12  Aime  Cesa.ire,  Discours    ur  fe  col.on1alisme, ·'Pag....    Y

74
 
tales hombres no podrian  proseguir  una  acci6n  que  os conde- na  a vosotros  tanto  como  a  ellos los  deshonra" "'·
Deciamos  hace  poco  que  Africa  de]  Sur tenia  una  estruc­ tura  racista.  Vamos  a  dar  un  paso mas  y  a  decir  que  Europa tiene  una  estructura  racista.  Es evidente  que  Mannoni  no  se ha  interesado  por  este problema,  puesto  que  dice : "Francia  .es el  pais menos  racista  de!mundo" 14•   Buenos  negros,  regocijaos dtser franceses,  un  poco  duro  ya  es, sf, pero  mirad  a  vuestros cong-eneres   de   America,   mucho   mas  desgraciados  que  vo.110- tros . . .  Francia  es  un  pals  racista  porque  el  mito  de! negro-

Francis  Jeanson,  Cette  Algirie   conquise   et   pacifie . . .  (Euprit,
1950, pag. 624) .
14  Mannoni,  op.   cit.,  pag.  31.
 
75
 
malo forma parte de! inconsciente de la colectividad. Ya lo veremos mas adelante  (cap. VI).    ·  .    .    r
Sigamos   con  Mannoni :  "Un  cop]ejo   de  inf er10nda? gado  al  color de  la  pie!solo se ap:ec1a? en  efecto,  e1'. los  md1 viduos  que viven  en minoria  en el mter10r  d_e un  med10 de  otro .
color ;  en  una   colectividad  bastai:it  homogenea,, como   I\ ma!­
gache,  donde  las  estr_uctuas. social)S  son  todav1a_   astan°e.   o: lidas   el complejo  de  mf eriondad  solo  se da  en  p,c;ronas  a1s.a das y' casos  excepc1.ona1es'' IS.    .    .,
Una  vez  miis pedimos  al autor  un  poc?  de_ c1rc?nspecc1?n. Un  blanco  en las  colonias  jamas  se ha  sentido  mf  r10r  en  nn­ guna  parte   (de  las  colonias) ;  como  tan  soberb13:mente   dice Mannoni : "0  se hace  dios o es devorado".  El colomza_dr,  aun­ que "en  minoria",  no  se siente inf  riorizado.  En l\fartmrca  hay 200  blancos  que  se  estiman  super10res  ·a 300.000  elementos  de color.  En  Africa  austral hay  2:00.00    e blancos  por  cerca .de 13.000.000  de indigenas,  y  a nmgun . mdgena  se le ha  ocurndo nunca  sentirse  superior  a  un  minoritar10  blanco.
Los descubrimientos de Adler y los no menos. interesanh;s de Kuenkel explican sin duda algunos comportarr:1entos neuro­ ticos, pero no hay que- inferir de ello ley<;s Pll; bles a pro­ blemas infinitamente complejos. La mfer1orizac10n es el co­ rrelativo indigena de la superiorizaci6n euopa: 1:engamos el valor de decirlo : es el racista e! que crea al inferwnzado.
Con  esta  concl usion   damos  la  man  a  Sartre =. "Ijudio es  un  hombre  al que ]os  otros  hombres  trenm  por  Jud10.  E_sta es la  verdad  simple  de la  que hemos  de  partir . . .  Es  el  antise-
 
el Ilamado  europeo  se enfada y  rechaza  al  imprudente  el cua] en esta ocasion y en este caso excepcional,  paga  con  n com-· plejo  de  inferioridad  su  negaci6n  de  la dependencia.
Nos pareci6 observar anteriormente, en algunas alegacio­ nes de Mannoni, un quid pro quo cuando menos peligroso. En efoeto, Mannoni deja al lnalgache la opci6n entre la inf eriori­ dad y la dependencia. Fuera de estas dos soluciones no hay sal­ vaci6n posihle. "Gu3ndo (el malgache) consigue etahlecer  ta­
)·es  rla?iones   ( de  dependencia )  en  la  vida  con  superiores,  su mfer10r1aad  ya  no  le  molesta,  todo  va  bien.  Cuando  no  Jo  con­ sigue,  cuando  su  posici6n  de  inseguridad   no  se  regulariza  de
esta  manera,  sufre  un  fracaso" 11.
La  primera  intenci6n  de  Mannoni  habia  sido  hacer  la  crf­ tica  de  los metodos  empleados  hasta  hoy  par  los diforentes  et­ n6grafos   que  se · han   dedicado  a  considerar   las   pob!aciones primitivas. Esta  claro  el reproche  que merece su  obra.
Despues  de  hab'er  encerrado  al  m.algache  en  sus  usanzas, ·'
despue.., de  haber  realizad o  un  a.ntiHsis  1milateral  de  su  vision d  l  mundo,  tras describir  al  malgache  en  circulo  cerrad    y  de­ cir que  el  malgache  conserva  re/,aciones  de depend encia  con  los antepasad os,   caracteristica.   altamente   tribales,  el  autor,   con desprecio  de  toda   objet· ividad,  apliea   sus   conclusiones  a   una
comprensi6n bilateral, ignorando que despues de Galileo ya no existe  el  malgache.
Lo que h.abiarn.os _pedido a Manrioni era qne nos explicase la situaci6n colonial.  Se olvida singu]armente de hacerlo. Nada se pierde,  nada  se crea, estamos  de  acuerdo.  Parodiando  a He­
 
m1.ta  el que
 
hace  al  J"Udio" 16.    .
 
.f:el,   Georges  Balndier  dice  sobre  la  dinamica  de  la  persona­
 
·Que son esos casos excepcionales de que habla Mannon11· Sencillamente, aquellos que, hahi_en?o evolucionado, descubren de repente que  la civi!izaci6n  as1m1lada po ellos  lo rechaza. De manera que la conclusion seria la s1gu1ente : mientras el verdadero malgache-tipo <lei autor asua sus "c_ond uctas de: pendientes", todo va bien ; mas, si se olvrda de cual es el  luga1 que  Je  toca,  si  se  encabezona  en  igualar  al europeo, entonces

"' I bid., pag.  1-0ll'.
'16   Sartre-;  op.  cit.,  piig.  88-89.
 
hdad  en un  estud10 18  dedicado  a  Kardiner  y  a  Linton : "El  ul­ timo de sus estadios  es el resultado  de todos  los estadlos  antece­ dentes   y   dehe  contener  todos  los  principios   de  los  mismos". na  salida  de  tono,  pero  que  sigue  siendo  regla  para  muchos mvestigadores.   Las   reacciones   y  comportamiento    nacidos   a reng!6n  seguido  de  la  llegada  de  los   europeos   a  Madagascar no  vinieron  a  sumarse a  los pre-existentes.  No  se  produjo  un
1117 Mannoni, op, cit ., pii.g, 61.    /
"' Ou l'ethnologie  retrouve  l'unite de  l'homme  (Esprit,  abril 1950),
 

76    77
 
aumento  de!paquete  psiquico  anterior.  Si,  por   ejemplo,   unos cuantos  marcianos  se  pusiesen  a  colonizar  a  los  terrestres, ·no digo  iniciarlos  a  la  cultura  marciana,  sino  literalmente  a  colo­ nizarlos,  acabariamos  dudando  de  la  perennidad  de  mra   per­ sonalidad   (cualquiera) . Kardiner  corrige  muchos  juicios  al es­ cribir : "Ensefiar  el  cristianismo  a  las  gentes  de  Alor  es  una empresa  a  lo  Don  Quijote . . .   (Esto)  no  tiene  ningun  sentido en  tanto  en  cuanto  la  personalidad   sigue  estando   construida con   e!ementos  tota]mente  desarm6nicos  con  la  doctrina  cris­ tiana . . . : con  toda  seguridad,   es  comenzar  por  el  final  ma­ lo" 19•   Y  si  Ios  negros  son  impermeables   a  las  ensefianzas  de Cristo  no  es  en  modo  alguno  porque  sean  incapa.ces  de  asimi­
]arlas.   Comprender  tilgo  nuevo  nos   exige  disponernos   para, prepararnos  para,  exige una  nueva  conformaci6n.  Es  pura  uto­ pia  esperar  de!negro  o  de!arabe  la realizaci6n  de! menor  es­ fuerzo  para  integrar   determinados  valores   abstractos  en   su Weltan. chauung  cuando  todavia  apenas   si  pueden   colmar  su hambre.  Pedir al negro  de!alto Niger  que  se  calce,  reprochar­ le  su  incapacidad  de llegar  a ser  un  Schubert,  es por  lo menos igual  de  absurdo  que  asombrarse  porque  un  obrero de  la  Ber­ liet no  consagre  sus ratos libres  aL estudio  de] lirismo  en la  li­ teratura hindu  o  que  declararle  suspendido  per  in secula  secu- lorum. para  ser  un  Einstein.    ·
En efecto, en el absoluto, nada se opone a semejantes  co­ sas. Nada, salvo que los interesados no tienen ninguna 1Josi­ bilidad  en  este sentido.
iPero ellos no se quejan ! La  prueba : "Al amanecer,  un poco distante de mi padre, de mi madre, el bohio goteando por ve!\"ijas, como un pecador atormentado por sus ampollas y un tejado venido a menos. remendado con trozos de bidones de petr6leo . . . Eso hace charcos de herrumbre en el amasijo gris s6rdido corrompido de la paja, y cuando el viento silba, esta ouincalla hace un ruido estramb6tico, como un crepitar de fri­ tanga primero, despues como un tiz6n que se hunde en el  agua con el humo de las chascas tomando aire. Y la cama de tablas donde ha nacido mi casta, toda mi  casta  en esta  cama  de ta­ blas,  con  sus  patas  de  cajas  de  kerosene,  como  si  esta cama

19   Citado  por  Geoages  Balandier,  ibid, pag.  160.
 
tuviese  la  elefantiasis,  y  su  pie!de  cabrito,  y  sus hojas  de  ba­ nana  secas,  y  sus  andrajos,  un  recuerdo  de  colch6n  la  cama de  m1 abuela  (mas  alto que la cama, en un  pote Ueno  de aceite un  cabo  de  vela  cuya  llama  baila  como  un  gran  nabo . . .  en  ei pote,  .en  letras  de  oro : GACIAS) """· Desgraciadamente,  "es­ ta actitud,  este compo:.tam1ento,  esta vida  accidentada  atrapada en  el  lazo  de  Ia  verguenza  y  el  desastre,  se  insurrecciona   se opone, opone,  vocea,  y  como  mi  candidez  le  pregunte :       '
-    "i.Y que podemos hacer ? "Entonces :
-    "i Comenzar !
-    "i.Comenzar, que?
-    "La unica cosa en el mundo  que· vale la pena comen- zar : el fin de! mundo, pardiez" 21.
. Lo  que    annoni  ha  olvidado  es  que  el  malgache  ya  no e.x1ste; ha olv1dado que el malgache existe con el europeo. El blanco llegado a Madagascar  ha  conmovido  los  horizontes  y ·· los mecanismos        sicol6gicos, Todo  el mundo lo ,ha dicho : para
el negro la altendad no es el  negro,  sino  el  blanco.  Una isla coo Madagascar, invadida de la noche a la mafiana por Jos "p1oneros  de _Ia  civilizaci6n", aun en  el caso de que  estos pio­
n.eros  se  hub1esen   portado  lo  mejor  que  podian,  experiment6 s1.n    u, a  un3:  d:s ructuraci6n.     s      propio  Mannoni  quien  lo dice .   Al .P  mc1p10 de  la  clomzac1on cada  tribu  queria  tener s  ·blanco •  :  B1e1;_  s  exphque  esto   por  determinados  meca­ msm.os  mag)co-totem1cos,   por  una   necesidad   de  contacto   con
e) Di?s ter_rible o echando mano de un sistema de  dependen­ c1a, s1gue siendo evidente que en esta isla se produjo  algo nue­ vo con lo que habia que contar so pena de  hacer  un analisis falso,  absurdo  y  caduco.  i.Habia   intervenido   una  aportaci6n
nueva ? Pues.entonces era necesario intentar comprender las nuevas relac10nes.
.EI blanco desembarcado en Madagascar provocaba una henda absoluta. Las  consecuencias  de  esta  irrupci6n  europea en Madagascar  no son solamente psicol6gicas,  puesto que, tam-
00  Aime  cesaire,  Cahier  d'un  retour   <p'ag       56
21 Ibid.    '    ·    ·
Z1 Mamioni,  op. cit., pig.  81'.
 
78    79
 
bien Jo ha dicho todo el mundo, existen relaciones internas en· tre la  conciencia  y  el contexto social.
l Las consecuencias  econiimicas?  iPero si  lo que habria
que hacer  es el proceso  de la  colonizaci6n !
Prosigarnos  nuestro estudio.
"En  terminos  abstractos  el  malgache  puede  soportar  no ser  hombre  blanco.  Lo  cruel  es  haber  descubierto  primero  que uno  es  hombre  (por  la identificaci6n )  y  despues  que  esta  uni. dad  se  rompe  en blancos  y  negros.  Si el  malgache  "abandona· do"  o  "traicionado"  mantiene  su  identificaci6n,  esta   se  hace entonces  reivindicativa ;  el  malgache  exigira  igualdades  abso· lutamente  innecesarias  para  el  antes.  Estas   igualdades  le  ha· brian   sido  vrntajosas  antes  de  reclamarlas,  pero  despues   son rem,,d io  inBuficiente  nara  sus  males:  porque  todo  progreso  en . Jag  igualdades  posibles  hara  todavia   mas  insoportables  la  di· ferncias  o,ue, de  repente,  aparecen  siendo  dolorosamente  1nde· lebles.   (El  rnalgache)   pasa  de  esta  manera · de  Ia  dependencia
a  Ia  inferioridad  psico16gica" "'·
Volvemos a encontrar el mismo malentendido.  Es eviden· te.  en  efecto.  que  el  malache  puedc soportar perfectamente n ser  un b!anco.  Un  mal,rache  es un malgache;  o, mejor, no,
 

·noni viene y nos dice : usted n? puede, porque en Jo mas pro. fundo  de  usted  hay  un  compleJ o  de dependencia.
"Todos  los  pueblos  no  son  aptos  para  ser  colonizados   s6lo so!1 aquel!os  que. tienen   esta  necesidad".   y  mas  adelnte : Cas.1 en  todas  panes  donde   los   europeos  Jundaron   co!onias de! tipo  que  esta  hoy  "en cuesti6n"  puede  decirse  que  Jos  esue­ raban  Y  hasta  los  deseaban,  en  el  inconsciente  de  sus habitan.
- En  todas  partes  corrian  leyendas  que  ls  pref iguraban  ba. JO la  forma d _un,    extranjeros  venidos  de! mar y  destinados a traer  be:n,ef1c1os   . Como  puede  verse,  el blanco  obedece   a un  compl;Jo  de  autoridad,   un  complejo  de  jefe,  mientras    que
el malgacne obedece a un complejo de dependencia. Satisf echos todos.
uando   e . rata  de  comprender  por  que  el  europeo, el  ex. tranJero,   rec1b10  el  nombre   de  vazalia   es  decir      "honorable extranj_ero";  cuando  se  trat  de  cornprnder  por    ue  los  euro-    -· peos  naufr:igos  fueron  acog1dos  con  los  brazos  abiertos   y  no como   nern1gos,  enton.ces,  en lugar  de intentar  esa comprensi6n
a partir de la humamdad, de la benevolencia y de la cortesia, r_asg?s  fundamentales  de lo que  Cesaire llama  las "viejas civi.
 
un  mal<zache  no  es  un  maIv ache:  en  e'l exi.ste  un
 
"maIgachez''
 
hzac1ones  corteses", se nos  dice que en  los  "hieroglifos fatidi·
 
dP  una -·rnanera  absoluta.  Si el  es  inalgache  ello  se  debe  a  que h; lle."'3.do  el blanco,  y  si  en  un  momenta  dado  de  su  historia se  ha ·visto  conducido  a  preguntarse  si era  o  no  era  un  horn· hn. pl\n  se dhP a aue "e le ha discutido  esta realidad  de hombre. O   ilicho  de  otra   manera,  yo  cornienzo  a  sufrir   el  no  ser  un hls.ncn  en  la  medida  en  aue  el  hombre  blanco  me  impone  una di•crimina.ci6n.  hsce  de  mi  un  colonizado,  me  usurpa  todo  va·
]or.  toda  ori,dnalidad, me  dice que parasito  el mundo,  que  ten­ A    r,ne nr,ne,r,ne  lo mas  rf.pida.mente  posible  al uaso  ·de] mundo hlanco.  "nue  s<w  una  hestfa  bruta,  que  mi  pueblo  y  yo  somos MTl'l"  ,m  estercolero  ambulaJite  horriblemente  uromisor  de  ca. ih  hls.n   ,: v  a ]rrod6n  sedeiio,  oue  no  tengo  nada  que  hacer  en el  mun<ln" ""-.  Entonces,  sin mas.  intentare  hacerme  blanco.  es dedr, obli,r,are  al blanco  a reconocer  mi humanidad.  Pero Man·

23 M.annoni, pl:l.g. 85.
:M Aim{, Cesa.ire,  Cahier d'un   ,·etour.
 
cos" --:n   particular  en  el  inconsciente-.  estaba  escrito  algo que haem  de!blanco  el  seiior  esperado.  El  inconsciente   si   ya hemos  llegdo  a  el. Pero  no  hay  que extrapolar.  Un  neo' me cueta el  s1guiente _sueiio :.,"Camino  desde  hace·rato,  estoy  muy canoado,  tengo  la  1mpres1on  .de  que  me  esper a  al.go,  fra,nqueo brreras  Y _muros,  llego a una  sala  vacia,  detras  de  uni!.  puerta 01go  un  ru1do,  dudo  antes  de  entrar,  me  decido  al  fin   entro e, esta  segund, camara  hy  blancos,  compruebo  que;o  tam b1e1: soy  b!anco  .  Cuando  mtcnto  comprender  y  analizar  este sueno: sab1endo  que  este  amigo  tiene  dificultades   de  aprove· c?am1ento,  concluyo  que  este  sueiio  realiza  un   deseo  incons­ c1ente.  Mas,  cuando  tenga  que  integrar  mis  conclusiones  en  el
conte.xi;o  de!mundo,  f uera  ya  de mi  Jaboratorio  de  psicoanaJis. ta,  dire :
1.    Mi paciente sufre un complejo de inferioridad. Su es.
2'l   Mannoni,   pags.  87-ll£.
 
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tru.otura psiquiCll. oorre el rie»go de diuolverae. Hay que pre­ servarle de dicho riesgo y, poco a poco, liberarle de este deseo inconsciente.
2.    Si este amigo esta sumergido hasta  ta!  punto  en  el deseo de ser blanco es porque vive en una sociedad que hace posible su  complejo  de  inferioridad,  una  sociedad  ue  extrae su consistencia de! mantenimiento de este compleJo, un.a o­ ciedad que afirrna la superioridad de  una  raza ; nuestro amigo esta afincado en una situaci6n neur6tka exactamente en la misma medida en que esta sociedad le crea dificultades.
Entonces, lo que aparece, lo que sale a relucir, es la J?.ece­ sidad  de  una  acci6n  emparejada,  sobre  el  individuo  y  sobre el grupo. En  tanto  que  psicoanalista  debo  ayudar  a  mi cliente a que haga consciente su inconsciente, a no intentar mas una lactificaci6n que es alucinaci6n, pero tambien debo actuar en el sentido  de  un  cambio  de  las  estructuras sociales.
En  otras  palabras,  el  negro  tiene  que  evitar  el  encararse con  este  dilema : blanquearse  o  desaparecer.  Tiene  que  tomar conciencia  de  una  posibilidad  de existir ; en  otras palabras  otra vez   si  la  sociedad   le  crea   dificultades   a   causa  de  su  color, si;o  descubro  en  sus  sueiios  la  expresi6n  de  u.n  deseo  inons­ ciente  de cambiar  de  color,  lo  que  yo  he  de hacer  no  es d1sua­ dirle  de   eilo  aconsej {mdole  "mantener   distancia";   lo  que   yo he  de hacer,  por  el  contrario,  es,  primero, -poner  en  claro  .l?s m6viles,   despues   ponerle  en  condiciones  de  escoger  la  accwn (o  la  pasividad )  con  respecto  a  la  verdadera   f  ente  de!con­ flicto,  es decir,  con respecto  a  las  estructuras  sociales.
Mannoni, ansioso de abordar el problema desde todos los puntos de vista, ha interrogado tambien el inconsciente de! malgache.    .
Analiza siete sueiios: siete relatos que descubren el mcons­ ciente, de los cuales seis manifiestan una dominante de terror. Seis niiios .y un adulto nos comuniean sus sueiios; los vemos temblorosos, huyendo,  desgraciados . . .
Suefio d el cocinero :
 

me imbo a un'irbol ;n1e quedo hasta que pasa el peligro. Luego me  bajo  temblando. . .    ·

Suefio   de  Rahevi,  muchacho  de  trece  afios :
Me  paseo   por  el  bosque,   encuentro   a  dos   hombres   ne­ gros v.   "i Oh !,  digo,  j estoy  perdido!"  Voy   (quiero) . echar   a correr,  pero  me  es imposible.  Me  rodean  y  farfullan  a  su  ma- 1'.era. Yo  creo_  que  dicen : "Vas  a  ver  lo que es la  muerte".  Yo tiemblo  de  m1edo  y  Jes  digo : "i Dejenme   seiiores   tengo  mucho miedo !". U:no  de}os hombres  sabe el frnces,  p;ro  a  pesar  de todo  me  d1cen:    Te  llevaremos  ante  nuestro  jefe". Se  ponen a andar, a  mi  me  obligan  tambien,  me  enseiian  sus fusiles. Mi miedo   (se)  hace  cada  vez  miis  grande,  pero  antes  de  llegar  a
su campamento hay que atravesar un arroyo. Me tiro al   agua,    ·· hasta  el fondo.  Gracias  a mi sangre fria consigo Uegar hast.a
una gruta de piedra y me escondo dentro. Cuando los dos hom­ bres se van,  huyo y vuelvo  a casa de mis padres . . .
Suefio  de Jo&ette:

.    La persona   (una  chica)  se  ha  perdido  y  se  sienta  sobre un tronco de iirbo] tumbado. Una mujer vestida con un hiibito blanco le dice que estii en medio de unos bandoleros. El relato continua  asi : "Voy a la eseuela, responde  temblando · y cuando'
volvia de _ la escuela me he perdido aqui". Ella me dlce : "Sigue este  cammo  y  llegariis  a  casa . ..".

Suefio  de Razafi, muchacho  de trece a  catorce aiio.q  ;

" Le persi_guen unos tiradores (s.enegaleses) que  al  correr hacen un rmdo de caballo al galope", "enseiian sus fusiles de­ lante de ellos".  El  sujeto  escapa  hRciendose  invisible.  Sube por  una escalera y  encuentra ·1a  puerta  de la  casa . . .
S1tefio de Elphin e, muchaclu!, d e trece a catorce afios :
 
Un   toro  furioso  negro 26   me  persigue.  Lleno  de  espanto,
 
"Sueiio  con un buey  nel}ro
 
03· que  me  persigue  con fuerza.
 

05  El aubrayado  es mio.
82
 
; .• . i:1 ,. ,    27   El  subrayado  es  mio.
:m El aubrayado  es mio.
83
 


 

El buey  es vjgoroso.  Su  cabeza,  casi manchada  de  blanco  ( sic ) , lleva  dos  largos  cuernos  bien af ilados.  iAh ! l Que mala  suerte ! me  digo  yo.  El  sendero  se  estrecha,   l Que  puedo   hacer ?  Me cuelgo  de  un  mango.  iOh ! Me  caigo  en  unas  zarzas.  Entonces el toro  (se)  apoya los cuernos  contra mi.  Mi  intestino  se sale y el se  lo  come . . .".
Sueiio de Raza :
En su suefio, el sujeto  oye decir  en  la escuela  que  vienn Jos senegaleses. "Salgo de! patio a mirar". Los senegaleses vie­ mm, efectivamente. Huye, toma el camino de su casa. "Pero nuestra   casa  tambien   la   desparraman . ..".
Sueno  de Si, muchacho  de catorce arias:
"Me paseaba por el j ardin, sentia que algo formaba una sombra detras de mi. Las hojas chocaban a mi  alrededor, ca­ yendo como (si ) un bandido quisiese agarrarme. Cuando iba por todos Jos paseos, la sombra me seguia siempre. Entonces me agarr6 miedo y me ponia a correr, pero la sombra daba grandes zancadas (tan grandes que) me echaba su enorme mano para agarrarme con (por) mis ropas. Sentia mi camisa desgarrada y gritaba. Al oir este grito, mi padre saltaba de la cama y me miraba,. pero la gran sombra desaparecia y yo ya no sentia mi gran  miedo" 29•
Race de esto unos diez  afios,  me  lleve una  buena sorpresa al comprobar que  los  norteafricanos  detestaban  a  los hombres de color. Nos era  verdaderainente  imposible  entrar  en co;1- tacto con los indigenas.  Salf  de Africa  con  destino  a  Francia sin haber comprendido la raz6n de esta animosidad. Sin em­ bargo, algunos hechos .me Jlevaron a ciertas reflexiones. E1 frances no qiliere  al  judio,  el  cual  no  quiere  al  arabe, el cual no quiere al negro . . . Al arabe le dicen: "Sois  pobres  porque el judio os ha engafiado y os lo ha Jlevado  todo" ; al  judio le dicen : "no estais en las mismas circunstancias que los arabes porque, en realidad, sois blanco.s y ademas teneis a Bergson y   a

al  Mti.nnoni,   op.  cit.,  cap.  I  (Les  rives,  pa.gs.  55  a   5'9).

84
 
Einstein";  al  negro   le  dicen :  "sois  los  mejores  soldados  de! Imperio   ranee;  los arabes  se creen superiores  a  vosotros;  pe­ ro    eqmvocan  . Por  lo demas, esto no  es verdad,  al  negro  no le  dien  nada, no hay  nada  que decirle,  el  tirador  senegales  es
un  tirador,    buen  tirador  de  su  capitan,  el  valiente  que s6lo sabe  la cons1gna.
-Tu  no  pasas.
-iPor  que?
-No  lo se. Pero  tu  no  pasas.
. EI blanco, incapaz de hacer frente a todas las reivindica­ c10nes, se descarga de algunas responsabilidades. A este pro­ ceso le Jlamo yo : reparto racial de la culpabilidad.  .  ,
Dijimos que nos habfan  sorprendido  algunos  hechos. Ca­ da vez que se producia un movimiento insurreccional las au­ toridades militares recurrfan exclusivamente a  soldads  de  co­ lor. Son  "pueblos  de color" los que  reducen  a nada  los intentos
de  liberaci6n  de  otros  "pueblos  de  color",  prueba  evidente  de    .,
que no  habfa  lugar  a universalizar  el  proceso : si  a  los  arabes: esos farsa11tes,  se  les  metfa  en  la  cabeza  rebelarse,  no  era  en nobre  de principios  conf esables,  sino pura  y  simplemente  con el fin  de  descomprimir  su inconsciente  de  "bicots".
Desde el punto de vista africano, decia un  estudiante  de color en el 25Q Congreso de estudiantes  cat61icos, y a  prop6sito e un debate sobre Madagascar, "me alzo contra el envio de tiradores  senegaleses  y el abuso que de el!os  se hace". Sabemos,
. a?emas,  que  uno  de  los  torturadores  de  la  policia   de  Tanana­ rive  era  un  senegales.  Tambien,  sabiendo  todo  esto,  sabiendo cu!;s para  un  malgache  el  arquetipo  de  senegales,  las  descu­ br1mientos  d;  Fred  no  nos  son  de  ninguna  utilida<l.  Lo  im­ portante  aqui es remstalar  este sueiio en su Uempo, y este tiem­ po  es ague) que  conmpl6  el  asesinato  de ochenta  mil  indfge­ nas,  es decir, un hab1tante de cada  cincuenta ; y  tambien  en  su lugar, Y este lugar es  una  isla de  cuatro  millones  de habitantes en  la  que  no  se  puede  instaurar  ninguna   verdadera  relaci6n e la  que  estallan .disensiones  por  doquier,  en  la  que  domina,; sin  duda  la  mentira  y  la  demagogia 00•   Hay  que  decirlo : en
00  Transcribimos  esta-s  d·eclaracior.es  recogidas   durante  el
de  Tananarive.    proceso

8-5
 
.    ,   ·   ortante  que  el hombre, algunos mementos el socw£ es mass nos de la sociedad cofuo Pienso en P.    aviUe.,"_H?1    de   e  la  voluntad  de  las fuerzas
si  f ue_ran   suenos    e,  m  iv1  u  stinto  sexual  personal,  supone colechvas  ;oT?o  s1 .fueran        u  tural  de  las  cosas, puesto  que una  vez  mas  mvertir  el or  en . a       d  t   rnina  las  condiciones muy  a.I  contrario,  lo  que  exphca  Y    e t1ad  individual  son las reales  en  las cuales .se  expres la  se  u I  luchas  de  clases;  el condiciones  econ6m1cas   Y  sociales he   ao  depende  tambien,  a contenido  de  los  sueiios  de  un  ser    uma
.    .    I 9 d    to  Rakotovao declara:
Aud1enc1a   de    e  agos_ . ·    ,        has  querido  aceptar  lo  que "El  senor   Baron   n1e   dlJO:   ' Como    0        1   de las  reflexiones' 1   (•••).
acabo  de  deci, te. yoy  a    acer  pasaral    des eflexiones  en  cuesti6n  e  :
P:ase  a una  hab1tac1on    ont1gua.  La .s    tra cosa. El sefior Baron  me d:Jo.
ba  ya  llena  de agua  suc1a, pr    o  dec1r      he  dieho  que  declares". El  senor uun bu-en  medio .que  te ensea hlo qu{e    )   'Pasar  como  Ios.  otros". ,El  se: Bar6n  ordsen6  a  un  senegales .    acer  me   fiecas  extendidas,   despues  :,?mo negale5  me  hizo  poner   de  rod1l    iels's1a:1udos  n,anos.  des:pues!  de  roa.1ll
una   tenaza   de  madera   Y   me    ...    1      ·   ..,n  la  nuca y  me surnerf',"1.0
 
fin de cuentas,. de las condiciones generales de :la. civili..zaci6n en la que aquel vive"  "·
El toro negro furioso no es el malo. Los  dos hombres ne­ gros no son los  dos  padres,  uno  representando  al  real,  el otro al antepasado. A estas conclusiones se habria podido Ilegar llevando el analisis hasta sus ultimas consecuendas, sobre  la base misrna de las conclusiones de Manoni en el parrafo pre-. cedente,  "El  culto  de  los  muertos  y  la  familia".
El fusil del tirador senegales no es un pene, sino un fusil de verdad, un Lebel 1916. El buey negro y  el Jadr6n  no  son los lolos, "almas sustanciales", sino ciertamente la irrupci6n durante el suefio, de fantasmas reales. Esta estereotipia, este tema central de los suefios, representa sencillamente una remi­ si6n al verdadero camino. Tiradores negros, toros negros man­ chados de blanco en la cabeza; luego, claramente, una blanca muy gentil . . . ,  en todos  estos  sueiios descubrimos  una idea

 
Lue:r.tas,  -era  una  posici6n   insostenible.  Dije   a   los  senegaleses:   "Di1ganle
 
y  con  las  dos  manos  atada.s, me  cPUSO     os.bJJ>,oa  des-va.neeer,  levanto'  eJ
 
pt·e
 
a  su  j.efe  que  acepto  lo  que  me  quiere  hacer  decir/'
 
la cabeza  en  el  bid6n.. V1e:-,do  qt1e ri:eit6ahasta   que  me  dej6  complet
para   dejarroe  tomar  a1re.  E    -  1.    e-eselo  y  dele  unos  cuantos  golyes  •
mente extenuado. Entonces  dt)O.   LI  . 1    o  entr6  en  la sala  de tortura
El  senegales  utiUz6      n.do,n-es  de.    1ey   s:!1' mente  en  la  flagelaci?n.  Creo  el seiior  Bar6n  y  'Part1rpo  t.a,     1e   :pe 1 cabo  de  los  cuales  declare  que  ya que  esto  dur6  unos  quince  m1dnutos!aJ'uventud   -aquello  era     ins-oportable.
 
Audiencia   de!11 de  agosto.  El   acusado   Robert  relata:
El gendarme ·mle agarr6  :r;-or  el  cu-ello  de  la  -chaqueta y  me  dio unas cuantas pat1.1.das ipr  detr:is  y  'Pl!Tietazos  en  el  rostro.  Luego  me hizo 11oner  de rodillas y el seftor  Bar6n  e!llpez6 a· golpearme  de nuevo.
"Sin s-aber c6mo, pas6  ,por  detras  m'.io  y  senti  unas  11untas  de-  fuego ell  la  nl!oa.  Al  ql!erer  ;prob!gern.1e  con  las  manos  tambiE!n  n1e- produjeron
 
no  ipo d1a  ma's,  pues,  a  11e"'ar
 
.e    nll  dmitir  lo 'que acau"'o  u.le  decirte-''•
 
quemaduras ...
 
Entonces,  dijo    ''Bien,  ·te conv1ene-eadad"    - --
u N:o   sefior  director,  no  es  -v r    "1    I    de  tortmra   llam.6  a  otro
•    J  " ' a meter en  a sa a    •
"Entonces me vo vto    ! te  v dio 6rdenes  de eolgar
senegales, pue to que nno solo no era su 1cen   '  .    ,    .    eces.
 
"Perdi r,or terc-era Wz el conocimiento y  no .me  acuerdo de  lo  que pas6 despues. El sefior  Bar&n  ·me dijo  que  firmase ·un papel  :l)repa,rado de antemano:  yo  dije  con  la  eabeza  que  no;  entonces  el  dir-ector volviO a llama..r al -senegale'3,  que m'e llev6 ien andas a  otr.a  saln de tor,tur.a.:  iisi
 
s    Iibid&n  hasta  el  ipecho.  As1 -var;,as  v   ..
 
me  de los pies  -y die metenne en  e    . d  '  DE!jenme  haiblar  con  el    seor
}Ll  final,  yo   dije:   oi Et  es   demas1a  o .  trato  digno  de  Frania, 'senor
Bar6n'', Y  dije  a -este: ' Pi?-,o    m-en:5' u  n trato  digno  de Francia!" director", y el me respond10 : ..1       O!f;  ce  to  entoncoo la prim.era  prte  dE
No   resistiendo   m3.s  le d1J?·    A   P    d" '· ,1No   yo   no  .qu1-ero la
 
no -aceptas  -morira.8",  dijo  ,el  senega.1€:s.  -"P.eor  para  €1",  decia  el  direc­
tor.  M<3  a:;taron   los  dos  ·brazos  a.  la  espalda,   me  ,pusieron   de  rodillas  y mie  hundieron  la  cabez.a  en  un  bid6n  Ueno  de  agua.  Justo  cua'!ldo  m,e  iba a   asfixiar  me  levantaiban  la   cabez.a.   Y  asi' varias  .veces   hasta  mi  tota.1 a-gotami-entci .. :"
 
su  decl.araci6n". El  sen-or
 
Baron  me    poon.n ti1r0 .enton'ces?-
 
Menti'ra {I
 
Recordemos,  para  que  n.die lo  ignore:  que el  d-eclarant-e Rakotovao,
 
primera  11arte,
 
.    toda· .Tengo (!ue  m ,,
 
fue condenado a muer,be.    .
 
s1no
 
"    ...    dig
 
verdad, tienes que, ace11ta l? que    o. . . .
La   deelaracion    continua     asi .    -    B    ,    dijo·    "H3:ganle   sufri1 urnm.ediatam'Elll.te  des-pues  ,el senolr        al        ron ntigu   en   la  que   habi::
 
Cuando se leen cooas iSeme}antes da la impre-si6n de que Mannoni se ha dejado -esca;par una din1ensi6n de los fen6menos que analiza : el toro negro,  loo  hombres  negros   no  son  ni  mas  ni  menos  que  los  senegaleses
 
,,  Me  llevaron  a   a sa a co    '
C    loo  dos brazos atados
 
I    Id
a espa .
 
de la-s cf iciin:as die la SU rete.
 
una  pequefia  oscalera  de ceroe,nto. o  ies  y  rne hicieron  subir y baJ.a• los dos senegaleses  me eolgaron  :por . s rtable y  aunque  hubiese ten1d• asi  la  escalerilla.  Comenzaba  a  ser  inso o    '

B6
 
131  P'ierre   Naville,   Psyckologie,    M arzisme,    M atsrialisme,   2'  ed.,
Marcel Riviere et Cie. ed., ·P"'!5· 151.

87
 
central : "Apartarse ·de la rutina es pasearse por el bosque, donde te sale al encuentro el taro que te devuelve precipitada- mente a casa" 32•    -
Malgaches, tranquilos, permaneced en  vuestro lugar. Despm\s  de  haber  descrito  la  psicologfa   malgache, Man­
noni  se prcipone  explicar  la  razon  de  ser  de! colonialismo. Al
hacerlo  afiade  un  nuevo  complejo  a  la  lista  pre-existente:   el
·    "complejo de Prospero", definido como el conjunto de disposi­ ciones ileuroticas inconscientes que designan, a un mismo tiem­ po, "la figura de!paternalismo colonial" y "el retrato de! racista en el cual la muchacha ha sido objeto de  un  intento  de vio­ Jacion · (imaginario) por parte de un ser inferior" 33.
,        Como  sabemos,  Prospero  es  el  personaje  principal  de la
\obra  de  Shakespeare  La   Tempestad.  Frente  a  el,  Miranda, su
hija,  y  Caliban.   Ante  Caliban,  Prospero  adopta   una   actltud
muy conocida por Jos americanos de! Sur. z No dicen que los negros  estan  al  acecho  de  la  ocasion   para   lanzarse  sobre  la
mujer  blanca ?  En  cualquier  caso,  lo  interesante  de  esta  parte de  la  obra  es la  intensidad  con  la  cual  Mannoni  nos  permite captar   los  conf!ictos  ma!  !iquidados  que  parecen   estar   en  la base   de  la· vocacion  colonial.  En  efecto,  nos  dice,  "lo  qu·e  le falta tanto  al  colonia l  como  a Prospero,  aquello  de lo que  esfan privados,  es el  mundo  de  las  otros,  un  mundo  en  que los  otros se hacen  respetar.   El  colonial-tipo  ha  abandonado  ese mundo, expulsado  por  su  propia  dificultad  en  admitir  a  !os  homhres ta!como  son.  Esta  huida  estan  vinculada  a  una  necesidad  de dominacion  de  origen  infantil  que  la  adaptaci6n  a  lo  social  no ha  conseguido   discip!inar.   Poco  importa  que  el  colonial  res­ ponda  al "solo  anhefo  de  viajar",  al  deseo  de  huir  de! "horror de su cuna" o de los  "viejos pretiles",  o que  desee, todavfa  miis groseramente,   una ·"vida  mas   ancha . . . ".   Siempre  se   trata de   un  compromiso   con  la  tentacion   de  un  mundo  sin   hom­ bres" M.
Si a todo  esto  afiadimos  que  muchos  europeos  van  a  las

32  Mannoni,  op.  cit.,  71.
33  Ibid., pag. 108.
34  Mannoni,  op.  cit.,  pag.  106.

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'
 

colouias    orque , en ellas  tienen  la posibilidacl  de enriquecerse poco  hempo,  "!(   que,  salvo raras  excepciones,  el colonialis­
a  es  un  comerciante  o,  miis  bien,  un   traficante    te  d
enti;e las    ,anos  la . picologia   de! hombre  que  p;ovo;a   e  : aut_octono        el   sentimiento  de  inferioridad"  · Po    1
ref  er_e  al  "complejo de  dependencia" malgahe,    ba
ia  uia  frrna  en  que  nos  es  accesible  y  analizable   proviee am   e?,    e  la  llegada  a  la  isla  de ·1os  colonizadors blancos'. A    a1tir  de  esa, otra  forma  de  complejo,  el  original,  -en  estado pm o,. que  habria   eventualmente   caracterizado   la  mentaJ"d  d rnalache  durante  t?do  el  periodo  anterior,  creernos  que  l\a  - nom  n?, esta  autonzado  en  absoluto  a  deducir    .
susa1otn, rtelativa  a  la   sftuacion,  problernas   o u    si6i\    d: '    u  oc onos  en  el  periodo  actual.     .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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/

 

 

 

 

 

 

V.    LA EXPERIENCIA VIVIDA DEL NEGRO

"i Cochino  negro l"  o,  s.1mplemen te,  ."j M"1ra. , -un  negr.o1·"
Yo llegaba al mundo ansioso de encontrar un se.ntJdo a las cosas mi alma henchida de! deseo de estar en el onge de! mundo, ; hete aqui que yo me descubria objeto en med10 de otros objetos.
Encerrado en esta objetividad  aplastante,  implore otro.   Su
mirada Jiberadora, resbalando sobre mi cuerpo repetinamete sin asperezas, me devolvi6 una !igereza que yo crem perd1da y, ausentandome de! mundo, me restituy6 al mundo. Pero all.a abaio, en la otra pendiente, tropece y el otro, por .!!"estos, acti­ tudes, .miradas, me fij6, en el sentido en ue s f1Ja una pre­ paraci6n mediante un colorante. Me exalte, ex1g1endo una ex­ plicaci6n . . . Nada. Explote. Les presento los menudos trozos recogidos por un otro yo.    . ,
·    Mientras el negro permanece en su casa, no sufr1ra, salvo
en  ocasi6n  de pequeiias  Juchas  inte3tinas,  su ser  para  otro, Hay sin duda  el momento  de! "ser  para  otro",  de!que  habla  Hegel, pero  en  uria ,sociedad  colonizada  y  civilizada  toda  ontologia .es irrealizable.   Da  la  impresi6n  de  que  esto  no  hya  merec1do suficientemente   la   atenci6n  de  los  que  han  escr1to  sobre   la cuesti6n.  En  la  Weltanschauung   de  un  pueblo  colonizado  hy una  tara  que  prohibe  toda  explicaci6n  onto!6gi_c.  Se nos  obJe­ tara  quiza,  que lo mismo  ocurre  en  todo  md1v1duo,  pero  eto es   disfrazar  un  problema  fundamental.   Una  vez   establec1do

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para  siempre  que  la  ontologia  deja  de !ado  la  .ixiatancia,  el!ta c!a1:o  que  aquella  no nos  permite  comprender  el  ser  de! negro. Pqrque  el  negro  ya  no  plantea  el  problema  de  ser  negro,  sino el de _serlo para  el blanco.   Algunos  se empeiiaran  en recordar nos  que  la  situaci6n  es  de  doble  sentido.  Replicamos  que  esto es  falso.   El  negro  no  tiene  resistencia  ontoJ6gica   a  Jos  ojos de! blanco.   De  pronto,  los  negros  han  tenido  ante  si  dos  sis­ temas  de  referenda  en  relaci6n  con  los cuales  tenian  y  tienen que  situarse.   metafisica   o   menos   pretenciosamente   sus   c<>&­ tumbres y  las instancias  a  las  que se remitian,  quedaron aboli­ das  por  estar  en  contradicci6n  con  una  civi!izaci6n  que  igno­ raban  y  que  se!es  imponia.
El negro en su casa, en el siglo XX incluso, ignora ese mo­ mento, experimentado por otros, en  que  su  inf erioridad pasa por el otro. . . Tuvimos ocasi6n de discutir de] problerna negro con algunos amigos, pocas veces con negros americanos. Todos de acuerdo en afirmar la igualdad de los  hombres  ante el mundo. Tambien habia en las Antillas ese pequeiio hiato que r.xiste entre la bekada, la mulatada y Ia negrada. Pero nos satisfacia entonces una comprensi6n intelectual de estas diver­ gencias. De hecho, eso no. era dramatico. Pero, despues . . .
Despues hubimcs de afrontar la mirada blanca. Una  tor­ peza desacostumbrada nos oprimi6. El verdadero mundo nos disputaba nuestra parte. En el mundo  blanco  el  hombre  de color tiene dif icultades para elaborar su esquema corporal. El conocimiento de! cuerpo es una actividad estrictamente nega. dora. Es un conocimiento en tercera persona.  En  torno  al cuerpo  reina  una  atm6sfera  de  incertidumbre · cierta.  Se que si quiero fumar tendre que extender el brazo derecho y coger el paquete  de  cigarrillos que  esta  en el  otro  extremo  de la
Las cerillas estan en el ca.ion de la izquierda, tendre que echar­ me hacia atras Jigeramente. Todos estos gestos los hago, no por habito, sino por un conocimiento implicito. El esquema parece ser este : una lenta construcci6n de mi yo en tanto que cuerpo en el interior <le un mundo espacial y temporal. No se me impone, mas bien es una estructuraci6n definitiva de! yo y de! mundo, digo definitiva, porque entre mi cuerpo y el mundo se instala una dial€ctica  efectiva.

91
 
Hace  algunos   afios  que  algunos  laboratorios  entrev{m  la posibilidad  de  descubrir  un  suero  de  desnegrizaci6n ; laborato­ rios  que  se  cuentan  entre  los  mas  serios  de!mundo   han  en­ juagado  sus  probetas,   regulado  sus  balanzas  y  acometido  in­ vestigaciones   que  permitiran   a  los  desdichados  negros   blan­ quearse;  asi  ya  no   tendra  que  soportar  mas  esta  maldici6n corporal. Yo  habfa  creado  por  debajo  de!esquema  corporal  un esqnema  hist6rico-racial.   Los  elementos  que  yo  habia  utilizado no me los  proporcionaban  unos  "residuos  de  sensaciones  y  per­ cepciones  de  orden  principalmente  tactil,  vestibular,  cinestesi­ co o visual" 1, sino el otro, el b!anco, oue me habia rejido con  mil detalles,  anecdotas  y  relatos.   Yo  crei  que  tenfa  que  construir un  yo  fisiol6gico,  equilibrar  el  espacio,  localizar  sensaciones,  Y resultaba  que me  reclamaban  un  suplemento.
"i Mira,  un negro !".  Era  un estimulo  exterior, un capon
que me  suministraban  al pasar.  Yo  esbozaba  una sonrisa.
"iMira,  un  negro !"  Era  cierto.  Yo me divertia.
"i Mira,  un  negro !"   El  circulo  se  apretaba   poco  a  poco.
Me  divertia  abiertamente.
"Mama, mira el negro,  tengo  rmiedo !"  i Miedo ! j Miedo ! O sea, que. se echaban a temblar al  verme.  Quise divertirmE hasta  ahogarme, pero  me  fue imposible.
Ya  no  podia  mas,  porque  entonces  ya  sabia  _que  existian leyendas,  historias,   Ia  historia   y,  sobre  todo,  la  historicidad , que  me  habia  ensefiado   Jaspers.   Entonces,  el  esquema  corpo­ ral,  atacado  por  varios puntos,  se derrumb6,  cediendo  el  sitio  a un  esquPma  epidermico  racial.   En  el tren  ya  no. se trataba  solo de  un  conocimiento  de  mi  cuerpo  en  tercera  persona,  sino  en triple  persona.   En  el  tren,  en  lugar  de  uno,  me  deja.ban  dos, tres  sitios. Ya  no  me  divertia.  No  descubria  en  absoluto  coor­ denadas  febriles  de!mundo.   Yo  existia   al  triple : yo  ocupaba sitio.  Yo  iba al otro, y el otro, evanescente,  hostil pero no opaco, transparente,  desaparecia.   La  nausea . . .
Yo era responsable por  igual  de  mi  cuerpo,  responsable de  mi  raza,  de  mis   antepasados.   Yo   paseaba   sobre  mi una
J:  J.ean  Lhermitte,   L'lmage  de  notre  corps,  Ed.  de  la  Nouvelle   Re­ vue   Ctltique1     p8.g.   17.

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niirada  objetiva, ,descubriendo  mi  negrura,  mis  caracteres  etni­ cos,  y  me  romp1eron   el   timpano,  la   antropofagia,  el  atraso mental,  el  fetichismo,  las  taras  raciales,  los  negreros  y,  sobre todo,  sobre  todo :  "iAl  rico  platano !"
Ese  dia  desorientado,  incapaz  de  estar  af uera  con  el otro, €1 blanco, que me aprisionaba implacablemente, me  fui lejos de mi ser-ahi, muy Iejos, constituyendome  objeto.  i Que otra cosa podia ser esto para mi sino una rotura, un desga­ rramiento; un despegamiento, una hemorragia que coagulaba sangre negra  por  todo  mi  cuerpo?   Sin embargo,  yo  no queria
·    esta   reconsideraci6n,    esta  tematizacion.    Yo  queria  sencilla­ mente  ser  un  hombre  entre  otros hombres.   Yo  hubiese  queri­ do  Ilegar  1.iso  y  joven   a  un  mundo  nuestro  y,  juntos,  edificar. Pero yo  rechazaba  .toda  tetanizaci6n   af ectiva.   Queria  ser hombre,  nada  mas  que  hombre.  Algunos  me  re!igaban  a  mis antepasados,   esclavizados,   linchados:   yo   decidi   asumir.    Yo comprendia  este  parentesco  interno  a  traves  de!piano  univer­ sal  de! intelecto . ..,  yo   era  nieto   de  esclavos,   de  la  misma manera  que  el .presidente  Lebrun  lo  era  de  campesinos  some­ tidos  a  servidumbre  y a  la  pernada.   En  el fondo   Ia  alerta  se
disipaba riipidamente.    ·    '
En  America,  los  negros  aparte.  En  America  de!  Sur  los dan  de  cachetes  por. la  calle,  ametrallan  a  los  huelguistas  ne­ gros.   En  Af rica  occidental el negro  es una bestia.   Y  ahi, muy C<'rca  de  mi,  al!ado  mismo,  un  camarada   de  Facultad,  origi­ nr.rio  de Argelia,  que me  dice:   "Mientras  hagan  de! arabe  un hombre  como  nosotros  no  sera  viable  ninguna  solucion."
-    Mira, hombre, yo no conozco eso del nrejuicio de color . . . Pues no faltaria mas, entre usted, senor,·en nuestra casa no existe el prejuicio de color . . . Por supuesto, el negro es un hombre como nosotros . . . Por muy negro que sea no es me- nos inteligente que nosotros . . . .Tuve un compafiero senegales en el regimiento, era muy fino . ..
i D6nde situarme? i D6nde, si ustedes prefieren, me meto?
-    Martiniques, originario de 'nuestras" antiguas colonias.
i D6nde podria esconderme?
-    j Mira  el   negro . . . !  j Mama, un    negro! i Chist!    Que

93
 

 
se va a enf adar . . . No le haga  easo, seiior, no  sabe  que usted es tan civilizado como nosotros . . .
Mi cuerpo se volvia exp6sito, i°'completo, reBtaiiado,   todo
de  Juto   en  aquel   dia  blanco   de  invierno.    El  negro  es   una  · bestia, el negro  es malo, el negro  es un  bellaco,  el  negro   s feo; mira,  un  negro,  hace  frio,  el  negro  tiembla,  el.negro _tiembla porque  tiene  frio,  el  pequefio  tiembla  porque  tiene  m1edo  de! negro,  el  negro  tiembla  de  frio,  ese frio  que  le  retuerce  a  uno Jos  huesos   el  simpatico  chico  tiembla  porque  cree  que  el  ne­ gro  tiembia  de  rabia,  el  chico  blanco  se  arroja  en  los  brazos de  su  madre · mama,  el negro  me  va  a  comer.  ·
Alrededr de!blanco, arriba el cielo se arranca el  ombli­ go, Ia tierra rechina bajo mis pi_es, un canto blanco, blanco . . .
Toda esta blancura que me calcma . . .
Me siento rodeado por  el  fuego  y descubro  mi librea. No la  habia  visto.   Efectivamente   es  f ea.   Pero,  .un    momento, l quien me dira lo que es la belleza ?    .        .
l Donde me meto  ahora?   De las innumerables   d1spers10-
nes  de mi ser sentia sublr un flujo  facilmente  reconocible.  Iba a montar en colera. Hacia tiempo que el fuego habia muerto,  y de  nuevo  el negro temblaba.    •
-Mira,  que  negro  mas  guapo . . .    .    _
-iUna  mierda  para   usted  de! guapo  negro,  senora !
La verguenza le  adorn6  el  rostro.  Finalmente,  habia dejado de rumiar. Al mismo tiempo, yo consumaba dos cosas: identificaba a mis enemigos y creaba esc{mdalo. Colmo de sa­ tisfacciones.   La  cosa  iba  a  ser divertida.
Delimitado  el  cambio  de  batalla,  entre  en liza.
l Como ? Cuando yo olvidaba, perdonaba y solo de&eaba amar me remitian  mi  mensaje  a  la  cara  como una  bofetada. El mndo blanco, unico honesto, me negaba  toda participacion. De un hombre se exigia una conducta de hombre. De mi, una conducta de hombre negro, o por lo menos una conducta de negro. Yo llamaba a voces al mundo y el mundo me amputaba mi entusiasmo. Me decian que me confinase, que me apretase, que  me estrechase.
i lban a ver ! Ya  Jes habia  puesto  en guardia.  iLa    escla­
vitud ?   Vamos  a  dejarlo,  un   ma! recuerdo.    l Mi pretendida

94
 
inferioridad ? Una tomadura de peio que mas valla tomar a broma. Yo estaba dispuesto a olvidarlo  todo, pero a  condici6n de que el mundo no me hurtara mas  sus  entrafias.  Iba  a  pro­ bar  mis incisivos.   Los  sentia robustos.   Y  despues . ..
z Como?  z De manera  que teniendo  todas  las  razones de!
mundo para odiar y detestar se me  rechazaba ?  iAsi  que  a pesar de ser yo quien debia ser suplicado y solicitado se me negaba todo reconocimiento ?  Como  me  era  imposible partir de un comple jo innato, decidi afirmarme en tanto  que  NE­ GRO. En vista  de  que  el  otro  dudaba  en  reconocerme  solo me quedaba una soluci6n : hacerme  conocer.
Jean-Paul  Sartre  en  Reflexions   sur  la  question  juive  es­ cribe :  "(Los  judios)   se han  dejado  envenenar  por  una  d  ter­ minada  representacion  que !os  otros  tienen  de ellos y  viven  en el temor  de que  sus  actos no coincidan  con  ella ; asi podriamos decir   que   sus  conductas  estan  perpetuamente   sobre-determi­ nadas  desde  el  interior"  (pagina  123).
No  obstante,  el judio  puede  ser  ignorado  en  su  judez.   No es  fntegramente   lo  que  es.   Se  espera,  se  confia.    En  ultima instancia,  deciden  sus actos  y  su  comportamiento.  Es  un  blan­ co  Y,   fuera  aparte  de  algunos   rasgos   mas   que·  discutibles, puede  perfectamente  pasar  desapercibido.   Pertenece  a  la  raza de  los  que  jamas  conocieron  la  antropofagia.   iVaya  una  idea tambien,  devorar   al  padre!   Esto  esta  claro,  tod o  consiste  en no sr negro.  Por  supuesto,  los judios  las  pasan  moradas,  jque te  d1go  yo,  hombre!,  los  persiguen,   ]os  exterminan,  los  meten en  hornos,  pero  no  pasan  de  ser  asuntos  de  familia.  Al  j udio no   le  quieren   en   cuanto   se   dan   cuenta   de   que   ef ectiva­ mente  es  un  j udio.  Pero  conmigo  todo  tiene  un  rostro  distin­ to,  nuevo.   No  tengo  ninguna  posibiljdad.        Estoy  sobre-deter­ minado  desde  el  exterior.   No  soy  el  esclavo  de  la  "idea"  que los  otros  tienen  de  mi,  sino  de  mi  parecer.                · Llego  lentamente  al  mundo,  habituado  a  no  aspirar  ya  al alumbramiento.    Ando   reptando.    Las   miradas   blancas        las unicas  verdaderas,   me  disecan.   Soy  miratlo  cle  hito  en 'hito, estoy  amarrado,  clavado.   Bien   acomodado,  microtomo    reali­ zan  objetivamente   cortes  de  mi  realidad    He  sido traidionado. Siento,  veo  en  estas  miradas  blancas·  que  no  es  un  nuevo  vi-

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sitante  quien  entra,  sino  un  nuevo  tipo  de  hombre,  un  gene­
ro nuevo.  iUn negro,  vamos !
Me  deslizo-  par   las   rincones,   detectando   con  mis  Jargas antenas  Jos  axiomas  dispersos   sabre  la  superficie  de  las  co­ sas  -la   ropa   interior   de! negro  huele  a  negro,  las  pies  del mgro  son  grandes,  las  dientes  de!negro  son  blancos,   el  gran t6rax  <lei  negro--,  me  deslizo  por  los  rincones,  me  quedo  si­ lencioso,  aspiro   al   anonimato,   al  olvido.  Basta,   pues,   ya  lo acepto  todo,  pPro  dejenme  pasar  desapercibido.
-    Oye, ven que te presente a mi- compaiiero negro . .. Aime Cesaire, hombre ncgro, agregado de la Universidad . . . Marian Anderson, la mas grande cantante negra . . . El Dr. Cobb, inventor de la sangre blanca, es un negro . . . Mira, di buenos dias a mi amigo martiniques (con deiicadeza, es muy susceptible . . .).
Vergiienza.   Vergiienza   y  desprecio  de  mi   mismo.    Nau­ sea.   Cuando  me  aman  me  dicen  que  es  a  pesar  de  mi  color. Cuando me  detestan me aiiaden que no  es por  mi color . .· Aqui y  alla  soy prisionero  de!circulo  infernal.
Vuelvo las  espaldas a estos escr utadores  antediluvianos y me aferro a mis hermanos, negros como yo. Horror, me rechazan. Son casi b!ancos. Y ademas se van a casar con una blanca. Tendran niiios ligeramente morenos . . . Quien sabe, poco a poco, quizas . . .
-    Mire usted, seiior, soy uno de los mas negrofilos de Lyon. Ahi estaba la evidencia, implacable. Ahi esta-ba mi ne­
grura, densa e indispensable.  Me  atormentaba,  me perseguia, me  inquietaba,  me  exasperaba.
Los  negros  son  unos  salvajes,  abrutados,  analf abetos.   Pe­ ro yo, yo  sabia  que  en mi caso estas  proposiciones  eran  falsas. Existia  un  mito de!negro que  habia  que  demoler  costase  lo  que costase.  Habian  pasado  los  tiempos  en que uno  se  maravillaba ante  un  cura  negro.   Teniamos  medicos,  profesores,   hombres de  Estado .  .  Si,  pero  en  estos  casos  persistia  una  cosa  ins6- lita.  '"Tenemos  un  prof esor  de  historia  senegales.   Es  muy  in­ teligente . . .  Nuestro  medico  es  un  negro.   Es  muy  cariiioso." Se  trataba  de  un   prof esor  negro,   un  medico  negro ;  yo,
que  comenza'ba  a  fragi!izarme,  me  agitaba  a la menor alarma.

96
 
Yo sabia,  par  ejemp!o, que si el medico  cometia  un  error  todo
se habria acabado para· el y para todos los que  viniese  des­ pues. z Que podia  esperarse, en efecto  de  un medico neo-ro ?
0
llfientras todo iba bien le subian a las n'ubes, pero, cuidado, oj
con   cometer  burradas,   ia  ningun   precio ! . El  medico   neo-ro nunca  sabra hasta  que  punto  su  posici6n  linda  con  el  descrldi­ to.  Se  lo  <ligo  -a  ustedes,  yo  estaba  emparedado : ni  mis  acti­ tudes  civilizadas,  ni  mis  conocimientos  literarios  rJ  mi   com­ prensi6n  de  la  teoria  de  los  quanta  hallaban  merced.
Reclamaba, exigfa explicaciones. Dulcemente,  coma se habla a un niiio, se me revel6 la existencia  de  una  cierta opi­ nion  que  adoptaban  algunas  personas,   y  aiiadian  que   "habia
que  esperar   su   rapida   desaparici6n".   z De   que  se  trataba ?
El  prejuicio  de color.    ·    ·    ·
"El  prejuicio  de  color  no  es  otra  cosa  que  un  odio  irra­ zonado  de una  raza  hacia  otra,  el  desprecio  de los pueblos  fuer­ tes  Y  ricos  ha_ci  los  que  consideran  inferiores,  y  tambien  el amargo  resenhm1ento  de  las  fo.rzados a la  sujeci6n  y  a  los  que n:iuchas  veces  se  hace  objeto  de  injuria.   Como  tu  color  es  el
_ s1gno exterior mas visi·ble de la raza, se.ha convertido en el cri­ teria a partir de! cual se juzga  a  los  hombres,  sin  tener  en cuenta  sus  contenidos  educativos y sociales.  Las  razas  de  pie!
?Iara han .acabado despreciando a las razas de pie!  oscura, y estas se megan a consentir par mas tiempo Ia condici6n eclip­ sada  que   se  pretende  hnponerles."2
Asi que yo hbia leido bien. Era, el odio ; yo era odiado, detestado, ?esprecwdo, no por el vecino de enfrente o el p1·imo materno. smo or tod una raza. Me las habia  con  alga irra­ zonado. Los ps1coana!Jstas dicen one no hay nacla mas trau­ mati.zante nara una pequeiia criatura oue I contacto con Jo raciona!.  PersonaJmente, <liria que para  un hombre  cuya   6.ni­
ca arma es la ra6n no hay nada mas neur6tico que el con­ tacto con lo irracronal.
Senti nacer  en  mi  las hojas  de!cuchil!o. ·Decidi  defonder­ me.  Como  buen  tactico,  q_uise  racionalizar  el  mundo,  mostrar al  blanco   que  estaba  en  el  error.    -
2  -Sir  Alan  Burnst  Le  pri jug6   de  race  et    e  couleu1·,  Payot,  pilg. 14.

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En el judfo, dice Jean-Paul Sartre, hay "una especie de Jmperialismo apasionado de la raz6n : porque no solamente quiere convencer de que esta en lo cierto, su objetivo es con­ vencer a sus interlocutores de que en el racionalismo hay un valor absoluto e incondicionado. El judio se considera un  mi­ sionero de lo universal ; frente a la universalidad de la religion cat6lica, que le  excluye, . quiere  establecer  la  "catolicidad"  de lo   racional,   instrumento   id6neo   para   alcanzar    lo   verdadero y  el  vinculo   espiritual  entre  los  hombres"  3.
Cuando se ha dado el caso,  prosigue  el  autor,  de judios que hacen de la intuici6n la categoria fundamental de su filo­ sofia, su intuici6n "no se parece en nada al espiritu de finura pascaliano ; es precisamente este espiritu de finura, inapre­ hensible y movedizo, basado en mil percepciones impercepti­ bles,  lo  que  parece  al  judfo  su  peor  enemigo.   Por  lo que se
:refiere a Bergson, su filosofla presenta  el curioso  aspecto de una   doctrina   anti-inte!ectualista   totalmente   construida    por la inteligencia mas razonadora y mas  critica. Bergson  esta­ blece la existencia de una duraci6n pura argumentando, y tambien argumentando es como determina la existencia de una intuici6n filos6fica ; y esta intuici6n es precisamente lo qu<i descubre la duraci6n o la vida,  intuicion  universal  porque to­ dos y  cada uno pueden  practicarla  y  que se refiere  a lo univer­
,sal, puesto que sus obj etos pueden ser  nombrados  y  conce­ bidos" 4•
Me  lance  entonces  ardorosamente  a  hacer el inventario, a sondear lo que me rodeaba. Segun las epocas, la religi6n cat6lica habia justificado y luego condenado la esclavitud y las discriminaciones. Pero, al reducir el todo a la noci6n de digni., dad humana se destripaba el  prejuicio. Tras  muchas reticen­ cias, los cientificos habian admitido que el negro era un ser humano ; in vivo e in vitro el negro se habia revelado  analogo al blanco ; la misma morfologia, igual histologia. La raz6n obtenia una victoria en todos los pianos. Me reintegre a las asambleas.   Pero  tuve  que  bajar  mis humos.
La  victoria   jugaba   a!  gato  y  al . rat6n ;  se  me   burlaba en,
t5 Ref lexions sur kt queBtion jui1Je , -p3.gs. J.46-147.
4   Sartre,  Rif lexions   sur   la  question  ;ui1Je,    gs. 149·-l&O.
 

las. narices.   Coo  decia  el  otro,  cuando  yo  estoy  en  ella   ella no  esta, Y  cuando  estii  ella  no  estoy  yo.  En  el  piano  de  I; idea auerdo  general : el  negro  es  un  ser  humano.    Es  decir,  afia­ dan  los     enos  convencidos,  que  tiene  como  nosotros  el  cora­ zon  a  la  1zquerda.   Pero  el  blanco  seguia  siendo  intratable  en algunas  cuestiones.   A  ningun  precio   queria   intimidad   entre las  razas,  porque,  como  se  sabe,  "los  cruces  entre  razas   dife­ rentes  degradan  el  nivel  fisico  y  m<intal . . .  Mientras  no  ten­ gamos  un  mejor  conocirniento  de  los  efectos  de los  cruces  de razas mejor   harfamos   en  evitarlos  entre  las  muy  alejadas" 5.
. Por lo que a mi se referia, ya sabia de sobras  c6mo reac. cwnar. n cierto sentido, si tuviese que definirme, diria que esper?; mterro!l"o. lo  que  me rodea, interpreto  todo  a partir de mis descubr1m1entos,  soy ahora sensitivo.    .
Al comienzo de la historia que los otros me ban hecho se destacaba de manera ostentosa el z6calo de la antropofagia. para .q?e  yo  la  tuviese  bien presente.    En  mis  cromosoma descr1bian    lgnos  genes  mas  o  menos  gruesos, representan te de] camahsmo. .Al _!ado de los sex linked se descubria, m1ra por don<le, racial. linked.  ; Que asco de ciencia !
Comprendo   este  "mecanismo   psicol6gico".   Poroue.   e;to I   abe todo  el  mudo,  este mecanismo  es  estrictamente  psico­ log1co.   Hace  d?s  s1glos  yo  estaba  perdido  para  Ia  humanidad. esclavo   para  s1empre.   Despues  vinieron  hombres   decla:randci que ya  estaba  bien.  Mi  tenacidad  ha  hecho  el  resto · me  habia salvado  de!.dil uvio  c.ivUizador.  Me  he  precipitado . . '.
Demasiado tarde. Todo estii previsto hallado probado explotado.   _Mis  manos  nerviosas   no  alumbran   nad ;  el yaci
m1nto   esta  agotado.    iDemasiado  tarde !  Pero  tambien   esto qmero   comprenderlo ..
,Siempre que alguien se queja  de  haber  llegado demasia­ do rde Y de que todo estaba ya dicho, parece existir una nos­ talgia 1de] pasado. i, Sera verdad que este paraiso estii perdido desde sus origenes, como dice Otto Rank ? iCuantos a.si, cla­ vados, parece,  en el  utero  de! mundo  ban  consagrado  su  vida
.,  J.-A.  Moein,   II  Con-greso   Internacional   de  Eu,-n-s,·a,    •t  d
 
Alan Burns.
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0.::c-c·    'C,'    CI  ·a  o  por


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a  Ia  intelecci6n  de  las  oraculos  de  Delf os   o   se.   an      fanado en  encontrar  el  periplo   de  Ulises!    Los  panesp1ntuahs as,  al retender  demostrar  Ia  existencia  de un  alma  en los  ammales, mpJean  el   siguiente  argumento :  un  perro   se  echa   sobre  la tumba   de  su  duefio  y  ahi  muere  de  hmbre.   Corresponde. a Janot  el   haber   mostrado   que  el  susod1cho   perro,.  contrana­ mente  al  hombre,  no  era  capaz  de  li<J_uidar  ;I  pasado  asi  ,:omo asL   Se  habla  de  grandeza  griega,  dice  Anaud ;  pero,  a_nade, si  el  pueblo   de  hoy  no  comprnde _las  Coeforas   de     sqm!o  la culpa  es  de  Esquilo.    Los  antisem1tas  valoran   su    puno. ,d vista"  en  nombre  de  la  tradici6n.   En  nombre  de  la  trad1c on, de  ese  largo  pasado  de  historia,   de  ese  parentesco  s_ang11;1e_o con  Pascal   y  Descartes,  se  dice  a  l?s  judios :  os  seria   d1fic1! hallar   sitio   en  la  comunidad.    Rec1entemente,   uno   de   estos buenos  franceses  declaraba  en  el  departamento  de  un  tren  en el  que  yo  viajaba :                    .
"i Si las virtudes verdaderament.e franc.esas .subs1sten,. }a raza esta salvada ! Hoy dia lo importante es reahzar la Umon nacional. Basta ya de Iuchas intestinas.  Hay  que plantar cara a !os extranjeros (y mirando hacia mi rinc6n ) , sean cua- les fueren."    .
Digamos en descargo suyo que apestab'.1 a f ilet de cerdo ; si hubi.ese podido me habria dicho que m_1 sangre e esclavo Jiberado era incapaz de reaccionar al conJ uro de Villon o da Taine.
iQue vergiienza !
EI  judfo  y  yo : no  contento  con  racializarme. _Po:un  go]pe de  suerte,  me   humanizaba.   De  bra?ete   con  el   J ud10,  herma­ nos  de  desgracias,  rigor  de  las  desdichas.
i Que vergilenza !    .
A  primera  vista,  puede  parecer  aso;11broso  q_ue  Ia  actitud de!antisemita  se  aseme.ie  a  Ia  de!negrofobo.   M1    rof;,sor  de 'fi!osof ia,  de  odgen  antillano,  me  lo  recordaba  un  d1'.1:    Cuan­ do  oigan  hablar  ma! de   los  jud!os,  af}nen  )a  ore1a,   hablan de  ustedes."   Yo  pensaba  que  tema  razon  umvesalmente, tendiendo  por  esto  que  yo  era  responsable,  en  m. cuerpo  Y
mi  alma,  de  Ia  suerte  reserva  a  mi  hermano.   Desde  enton-

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ces, comprendi • que solo queria decir : un antisemita es forzo­ samente negr6fobo.
Llega   usted   demasiado  tarde,  tardfsimo.   Entre   ustedes y  nosotros  habra  siempre  un  mundo  -blanco- . . .  Imposibili­ dad  para  el otro  de liquidar de  una vez  para  siempre el  pasado. Es   comprensible   entonces  que,  ante   esta   anquilosis   afectiva de! blanco,  yo  decidiese  lanzar  mi  grito  negro.   Poco  a  poco, lanzando  pseud6podos  aqui  y  alla,  yo  segregaba   una  raza.   Y esta  raza   vaci!6  bajo   el  peso   de   un   e!emento  fundamental. z Cual?  i EI  ritmo !   Escuchen   a  Senghor,   nuestro  juglar :
"Es la cosa mas  sensible y menos  material.  Es  el e!emen­ to vital  por  excelencia.  Es  la  condici6n  primera  y  el  signo de! Arte, como la respiraci6n de Ia vida ; la respiraci6n que se precipita o se frena se hace regular o espasm6dica segun la tension de!ser, el grado y la calidad de la emoci6n.  Asi es el   rit-
mo  primitivamente,   en  su  pureza,  asi  es  en  las  obras  maes-    ·' tras  de!Arte  negro,  particularmente  la  escultura.   Lo  a!imen-
ta  un  tema   -forma  escultural-   que  se  opone  a   un  tema hermano  y  como  la  inspiraci6n  a  Ia  expiraci6n,  y  asi  una   y otra  vez.   La   simetria  no   es  lo  que  engendra  la  monotonia ; el  ritmo  es  vivo,   libre . . .   Asi  actua  el  ritmo  sabre  aquel!o que en nosotros  •hay  de menos  intelectual,  desp6ticamente,  para hacernos  penetrar  en  la  espiritualidad   de!obj eto ; esta  actitud de  abandono  que  es  la  nuestra  es,  a  su  vez,  ritmica." 6
l Habia leido bien ? Volvi  a  leer, una  y  otra vez.  Del  otro
!ado  de! mundo  blanco  una  cultura  negra  magica  me  saluda­
ba. i Escultura negra! Enrojeci de orgullo. z Era esto  Ia  sal- vaci6n ?    ·
Habia racionalizado el mundo y el mundo me habia re­ chazado  en  nombre  de!  prejuicio  de  color.  En  vista   de que en el plano de la raz6n no  habia  acuerdo  posible,  me  lance hacia la irracionalidad. Alla el blanco se  las arreglare  por  ser mas irraciona! que yo. Por necesidades de Ia causa, yo habia adoptado el proceso regresivo, aunque  no  dejaba  de  ser un arma  extranjera  a  pesar  de  todo ;  ahora  me  encontraba  a mis

310.    6  "Ce  que  l'homme  noir  apporte".  L'Honime  de  couler,  p3gs.  309

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anchas estaba en mi casa ; estoy construido con materia!es irracioales ; yacer en Io  irracional  era  lo  mio.  Irracional hasta  el  cuellc.  Y,  ahora, vibra  mi  voz.
"Los que no han inventad o  la  p6lv ora  ni  la  brujula Los  que nunca  han sabid o d omar  el  vapor  ni la  elec­
[tricid ad
Los  que  no  han  expwroAio  los  mares  ni  el  cielo
pero   conocen  el  pais  d el  sufrimiento   hasta   sus ulti-
[mos  rincones
Los que no han conocid o mas viajes que el desarraigo los  que  se  han plegad o  a arrodillarse
Lo. que fueron inocul.ad os d e bastardamiento . . ."
Si,  todos  ellos  son  mis  hermanos  -una  "fraternidad   as­ pera"   nos  abraza   de  modo   semejante.-  Despues   de  haber afirmado  la  tesis  menor,  echo  por  la  borda  otra  cosa.
". . . Pero aqueU os  sin  los ctW,les  la tierra  no  seria la
[ tierra
gibosidad tanto mas benefica que
la tierra d esierta m6,i; aun  la tierra
silo  d onde  se  conserva  y  madura  lo  que la
tierra  tiene  de  mas tierra
M i negrura no es mia piedra su sordera abalanzada  contra  el  clamor  del  dia
Mi  ·negrura  no   es  una  torre   ni  una  catedral
Se sume,·ge en la  CXIrne roja  del  suelo
Se  sumer{J e en la  carne ardiente  d el cielo
Agujerea    el-  agobio  opaco   de   su  recta  paciencia." 7
iEiaa . . . t el ta:in- tam  chapurrea  el  mensaje  c6smico. Solo el negro  es  capaz  de  transmitirlo  y  descifrar  su sentido y alcance. A  cabalJo  sobre  el  muno.o, vigorosos  lo talones so­
. bre los  ijares  de!mundo,  yo lustro  el  pescuezo  de] mundo.  como
el sacrificador el ceii.o  de la  victima.
7  A.  Cesa.ire.  CahieT  d'un  retour  au pa.'JlS natal,  :piginas 71-78.

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''Pero  se    bandonan,  poseidos, a  la  esencia de toda  cosa,
·    ignorantes de las superficies pero poseidos por el movimiento
de  toda eosa
;d espreocupad o de  domar  pero  fu{J andii al juego  d el
[mund o
verd aderamente los hijos mayores del mund o porosos  a  todos  los soplos  d el mundo
lecho sin  drena,je  de  todaE  las  aguas  d el mundo
·chispa ilel fue j;o sa{J rad o de! Mund o
came  d e la carne del  mund o palpitand o con  el   movi­
miento  mismo del  mund o!" •

iSangre !  iSangre . . . !   iNacimiento !  iVertigo  de!  deve­ nir !  En  la  hara  tercia,  abismado  en  el  estupor   de]  dia,  me siento  enrojecer  de  sangre.   Las  arterias  de!mundo,   desqui­
. ciadas, arrancadas, desenraizadas, se han vuelto hacia mi y me han fecundado.

";Sangre!  ;Sangre!  Toda  niiestra  sangre conmovida por  el  coraz6n macho d el sol.'' •

El sacrificio habia- servido de terrnino medio entre la crea­ ci6n y yo . . . ya no hallaba los origenes, sino el Origen. Sin embargo, ·bueno seria desconfiar de! ritmo, de Ia amistad Tie­ rra-Madre, ese matrimonio mistico, carnal, de! grupo y de! cosmos.
En La vie sexuelle en Afrique noire, trabajo rico en ob­ servaciones, De Pedrals da a entender que, sea cual fuere el ambito considerado, siempre hay  en  Africa  una  cierta estrue­ tura magico-social.    Y  aiiade :  "todos estos  elementos  son  las · que se descubren, a una escala mas bien vasta aun, en las so­ ciedades secretas.  En  la  medida  en  que se prohibe, bajo· pena de muerte, a los circuncisos, extirpados y operados en la ado­ lescencia  divulgar  a  los  no  iniciados  lo que han  sufrido, y en
•    lbl,d, pag. 78.
•    Ibid, :pag. 79.

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la  medida  en  que  la  iniciaci6n  a  una  sociedad  screta   Ile ;e· mite   siempre  a   actos  de  amor  sacro,  en  esa   mrnma  me1da cabe  decir  respecto  de  la   circuncisi6n,  la  excision  Y  los  ritos que   ilustran   que   son   elementos   constitutivos   de   sociedades
 

venceros ; vuestra civilizaci6n blanca descuida las riquezas fi­ nas,   la sensibilidad.    Escuchad.
"Sensibilidad    emotiva.    La   emoci6n  es  negra,  la  raz6n
 
secretas  menores" 1{).
 
helena
 
12•     i, Agua  que  surcan  todos  los  soplos?   i, Alma  de aire
 
Camino  sobre  abrojos   blancos.   Laminas   de   agua  amena­
 
libre
 
batida  por   los  vientos  y   de  la  que  cae  el  fruto  antes  de
 
.zan mi alma de fueo-o. Ante estos ritos afino  mi  atenci6n. iMagia negra ! Orgi;s, aquelarres, ceremonias  paganas,  gr!s­ gris. El coito es ocasi6n  para  invocar  los  dioses  de  la fratr;a. Es un acto sagrado, puro, absoluto, propici dor d: fuerz.as. n­ visibles. i, Que pensar de todas estas mamfestac10nes, mca­ ciones y operaciones ? La obscenidad de danzas y propos1c10- nes me  asalta  desde  todas  partes. Muy  cerca  de  mi  se  oye un  cantico :
Antes nuestros corazones estaban muy caliente. Ahora  estan m.u,;1  frios
Ya no pensamos  mas q1w  en el   Amor
De vuelta  a la ald ea,
Cu,and o encontremos un gran falo
iAh!    Que  bien  haremos   el  amor
Pues  mtestro &exo estara  seco  y  litnpio." 11
El suelo,  hasta  hace  poco  corcel  domado,  se pone  a reir. i, Son virgenes estas ninf iimanas? Maria Negra, me?-talid:i:d p1'imitiva, animismo, erotismo animal, todo esto ref luJe hac1a mi. Todo esto es lo que caracteriza a los pueblos que no han seguido la evoluci6n de la humanidad. 0 bien, si alguien lo prefiere, es el saldo de una humanidad. Llegado a este  punto dude largo tiempo antes de comprometerme. Las estrellas e volvieron agresivas. Tenia que escoger. iQue digo ! No tema opci6n . . . Si, somos (los negros) atrasados, simples, libres en nuestras  manifestaciones. Y  es  que  para  nosotros el  cuerpo no  se  opone a lo que  vosotros  llamais espiritu.  Estamos  en  el
mundo, ·dentro de!  mundo. iViva la  pareja Hombre-Tierra ! Por  Jo demas, nuestros  hombres  de letras  me ayudaban  a con-

il.tlJ   De  Fedrals.  La  v ie  se,;uelle   en  Afrique   noire ,  Payot ,  pag. 83.
ll:IJ   Ve:rsiat.   I,es  rites  secrets  de  l'Ouba7_tgu-i,  :pa,g,  113.

104
 
mad urar ?  Si,  en  un  derto  sentido,  el  negro  es  hoy  mas  rico en dones  qu,e  en  obras 12•  Pero  el  arbol  hunde  sus  raices  en la tierra. El rio discurre  profundo  acarreando  pepitas  precio­ sas.    Canta   el  poeta   afroamericano   Langston   Hugues :
"Yo he conocido rios, antiguos, sombrios rios; mi alma se ha ahondado como los hondos rios.''
"La  naturaleza  misma  de  la  emoci6n  y  de  la  sensibilidad ·' de! negro,   por  otra  parte,  explica  la   actitud   de  este  ante  el objetivo   percibido   con   una   violencia   esencial   semejante.  Es un  abandono  que  se  hace  necesidad,  actitud   activa  de   comu­ nion-;-de··identificaci6n,  incluso,  por  poco  intensa  y  fuerte  que sea esa actitud, iba  a  decir  la  personalidad  de! objeto.   Actitud ritmica,  no  se  olvide  esta  palabra." 1e
Ya  tenemos   al  negro  rehabilitado,   "de  pie  en  el  tim6n", gobernando   el  mundo   con  su  intuici6n,  ya  tenemos   al   negro redescubierto,   recuperado,   recogido,   reivindicado,   asumido,  y realmente  es  un  negro,   no,  un   momento,  nada   de  un  negro, sino .el  negro,  a!ertando  las  antenas  fecundas  de! mundo,  plan­ tado  en  el  proscenio  de!mundo,  conmoviendo  al  mundo  con  su poder   poetico,   "poroso   a   todos  los  soplos  de! mundo".    iIvie caso con el mundo !  iSoy  el  mundo !  El  blanco  no  ha  compren­ dido   jamas  .esta   substituci6n   magica.  El   blanco    quiere   el mundo ;  lo  quiere  integro  para  el  solo.   Se  descubre  a  si  mis­ mo  senor  predestinado  de  este  mundo.   El  blanco  hace  siervo suyo  al  mundo.   El  blanco  estab!ece  entre  el  y  el  mundo  una relaci6n   de   apropiaci6n.    Pero   ha:i::  valores  que   solo  cuajan

1m  El  subrayado  es nu,e,stro.
1!=  Senghor,  Ce  qu.e  l'homme  noir  a.ppo,-te,  p.ig. 29"5.

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en mi  salsa.  Soy  un mago,  y  le  robo  al blanco  "un  cierto mun­ do",  perdido  para  el  y  los  suyos.   Ese  dia  el  blanco  debi6  do­ lerse  de  un rebote  que  no  pudo  identificar,  tan poco  habituado estaba  a  estas  reacciones.   La  verdad  era  que yo habia  instau­ rado  delicadamente  el  verdadero  mundo  por  encima  de! mun­ do  objetivo  de las tierras,  los  bananos  y  las  haveas. La esencia de!mundo  era  mi  bien.   Entre el  mundo  y yo  se habia  estable­ cido  una  relaci6n   de  coexistencia.   Habia   descubierto   el  Uno primordial.   Mis  "manos  sonoras"  devoraban  la  garganta  his­ terica  de!mundo.  El  blanco  tuvo  la  impresion  de  que  yo  me le  esca1J aba,  y  que  me  llevaba  algo  algo  conmigo.   Me  cacheo los  bolsillos.   Paso la  sonda  por  la  menos  dibujad a  de mis  cir­ cunvoluciones.    Todo  era  conocido,   pero  era  evidente   que  yo poeia  un  secreto.  Me  interrog6 ;  volviendome  con  un  aire  mis­ terioso,  murmure :

"Tokowaly, tio mio, te acuerdas de las noches de antes cuand o mi  cabeza  te peroba   en  tu  espalda  de pacien­
[cia O
dandome  la  mano  tu  mano  me  guiaba   por    tinieblas
[y signos los campos  son  flares  de gusanos  brillantes,  estrellas se  posan   en  las  hierbas,  en  lo  arboles
Hay silencio  alreiled or
Solo  zumban   los  per fumes   de  matorral ,  colmenas de
[abejas rojizas Que dominan la vibraci6n endeble  de  los   grillos,
y, velad o  tam-tam, la respiraci6n  a  lo lejos  de la noche
Tu, Tokowaly,  h escuchas  lo inaudible, y me expli-
[cas lo que dicen los  antepasados   en  la  serenidad  marina  _de  las cons­
[telaciones : el  toro, el  escorpi6n,  el  leopardo,  el  elefante  y  los pe·
[ces familiares,
y  la  pompa  lactea de  los  Espiritus  por  la  casca  celes·
[te que no  termina.
Pero -aqui esta  la inteligencia  de la diosa Luna  11  caen
[las velos  d e  las tinieblas.
 
N oche   de "Africa,   mi  noche  negra,  mistica  y clara,
[ negra  y   brillante."m<
!ff-e hice  poeta  de!mundo.  El blanco habia  descubierto  una poesia  q_ue  1:10  tenia  nada  de poetica.   El  alma  de!blanco  esta­ ba  corromp da  Y, ,;omo  me  decia  un  amigo  que  daba  clases  en Estados  !)"mdos :   Los  negros  delante  de  los  blancos  constitu­ yen  en  c1erto modo  un  seguro para  la humanidad.   Cuarido  Jos blancos  se  sienten  demasiado  mecanizados  se vuelven  hacia  los hombres  de  color  y  Jes  piden  un  poco  de  alimento  humano."
Por  fin, yo  era reconocido,  ya  no era  una  nada.  ·
·    Pronto hube de arriar velas. Tras un momenta de des­
.eoncierto,  el  blanco  me   expuso  que,  geneticamente   hablando, yo  repreentaba  un   estadio.    "Nosotros  hemos  agotado  vues­ tras  cuahdades.   Hemos  tenido  misticos  de  la  tierra   como  no los  habeis  conocido  nunca  vosotros.   Echad  un  vistazo  a  nues­ tra  historia,  y  comprendereis  hasta  d6nde  ha  llegado  esa  fu­ sion."   Tuve  entonces  la  sensacion  de  estar  repitiendo   un  ci­ clo.   Me  habian  extorsionado  mi  originalid ad.   Estuve  lloran­ do  largo  rato,  despues  volvia  a  la vida.  Pero una  serie de  for­ mulas  disolventes   me  :frecuentaban :  el  olor   sui   generis   de! negto . . . ,  la  llaneza  sui  generis   de!negro . . . ,  Ia  ingenuidad
Habia  intetado  salirme  por  la  banda,  pero  Jos  blancos me cayeron enc1ma y me habia eortado el calcafiar izquierdo Recorri concienzudamente los limites  de mi esencia ;  realmen: te, era •bastante enclenque. Mi descubrimiento mas extraor­ dinario se situa precisamente a este nivel. Para hablar con popiedad, este descubrimiento fue en realidad un redesCL1bri­ m1ento.
?iee  veiginosamente  la  antiguedai! negra.   Lo  que   des­
cubn  me  deJo  anhelante.    En   su   libro  sobre  L'abolition  de l'esclavage,    Schoelcher    nos   traia    argumentos    perentorios. L_uego,  Frobenuis,  Westermann,  Delafosse,   tod os  blancos,  ha­ cienda  coro :  Segou,  Djenne,  ciudades  de  mas  de  cien  mil  ha­ bitates.    Se  habl6   de  dctores   negros   ( doctores  en  teologia que  1ban  a  La  Meca  a  d1scutir  de! Coran) .   Todo  esto,  exhu-

Ehf..  Senghor,  Cha:nts  d'ombre,  E,ditions  du  Seuil, 194·5.
 

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mado,  dispuesto,  visceras  al  aire,  me  perrniti6  recuperar   una categoria  hist?ri_c  va!ida.   El  blanco  se  habia  equivocado,  yo no  era  un  pr1m1tivo,  no  m§.s  un   semi-hombre,   yo  pertenecf a a  una  raza  que,  hace   de  esto  dos  mil  afios,  ya   trabajaba   el oro  y  la  plata.   Ademas,  habf a  otra  cosa  que  no  pod fa  com­ prender  el  blanco.   Escuchad :
",: Cmo  eran  estos  hombres  arrancados  asf   de  su pafs, de sus d10ses y de sus familias por una horda, salvaje jamas superada  a  lo  largo  de  Jos siglos?
"Hombres dulces, educados, corteses, superiores sin duda a\guna sus vedugos, esta  chusma  de  aventureros  que  rom­ pran,   v10laban,  msultaban   a   Africa   para   mejor   saquearla.
. "Sablan onstruir casas, administrar imperios, construir cmdades, cultrvar los ,campos, fundir ]os minerales tejer el a!god6n,  forjar  el  hierro.    '
.    "Nignll: eoeci6n,  sino  la  cooperaci6n,  la  alegrfa  de  vi­ vrr,  la  d,scrplma  lrbremente  consentida.
"Su religion era  bella,  nutrida  de  misteriosos  contactos con el fundador de la ciudad. Sus costumbres agradables ba­ sadas  en  la  solidaridad,  la  benevolencia,  el  respeto  a  la  dad.
"Orden,  Intensidad,  Poesia  y Libertad.
"Desde  el  individuo  sin  angustia  hasta  el  jefe  casi  fabu­
]oso,  una  cadena  continua  de  comprensi6n  y  confianza.   i,Que no  tefan  ciencia ?   Ciertamente,  pero  tenfan,  para  protegerse dl  mredo,   grandes  mitos  que  equilibraban  y  fundian  la  mas fma  observaci6n   con  la  audaz  imaginacion.   i,Tampoco  arte? Tenfan   su   magnifico  arte  estatuario,   en  el   cual   la  emoci6n hu°!ana  no  estlla   nunca   tan  braviamente   que   no   organice segun  las    bses1onan.tes !eyes  de! ritmo  los  grandes  pianos  de una   materia   apremrada   a   captar,   para   redistribuirlas    las fuerzas  mas  intimas  de! universo" 115,    '
". . . (Monumentos   en  pleno  coraz6n  de  Africa ?  . i, Escue­ las?  i.Iospitales?  Ni  un  burgues  de! siglo  XX  ni  un Durand, un .Smith  o  un  Brown  que  sospechen  su  existencia  en  Africa antes  de  la Jlegada  de  los europeos.
 
en  Caille,  Moilien,  los  hermanos   Cander.   No  dice   en   d6nde exactamente ; solo  habla  de  cuando  Jos  porlugueses  desembar­ caron  en   las  orillas  de! Congo  en  1498,   donde   descubrieron un  estado  rico  y  floreciente,  y  que en  la  Corte  de  Ambasa  los grandes   iban  vestidos  de   seda  y  brocado,   pero   sabe  por   lo menos  que  Africa  se  forj6  por  sf  misma  una  concepci6n  juri­ dica  de!Estado   y  sospech6,  en  pleno   siglo  de  imperialismo, que  a  fin  de  cuentas  la  civilizaci6n  europea  no  era  mas  que una  civilizaei6n  entre  otras,  y  no  la  mas  carifiosa."16
Volvi  a poner  al blanco  en  su lugar ; envalentonado,  le za­
randee  y  le  espete  a  la  cara:   "Vaya   acostumbrandose   usted
a mi,  que yo  no  me inclino  ante  nadie."  Me  refa  cinica  y  pro· vocativamente.    El   blanco,  bien   se  veia,  grufiia   sordamente. Su  tiempo  de  reacci6n  se  alargaba  indefinidamente  . . .  Habia ganado. Yo estaba arrebatado  de alegria.
"Ikjen ya sus historias, sus investigaciones  sobre  el  pa­ sado y prueben de ponerse a nuestro ritmo. En una sociedad ·' como  la nuestra, industrializada  hasta el  extremo, no  hay lu­
ga:r para su sensibilidad.  Hay que ser duro para tener  derecho
a  vivir.   Ya  no  se  trata   de  acomodarse  al  juego   de!mundo sino  de  dominarlo   a  golpe  de  integral  y  de  atomos.   Por  su­ puesto --se me  decia a  veces--, cuando  estemos  cansados  de  la vida   de   nuestros   buildings   nos  llegaremos   a  vosotros  como vamos  a  nuestros  nifios . . .  virgenes . . . asombrados . . . espon­ tiineos.   Iremos  hasta  vosotros  como  en  la  infancia  de! mun­ do    Sois tan  verdaderos   en  vuestra  vida,  es  decir,  tan  infor­ males . . .  Abandonemos   por  unos  instantes   nuestra   civiliza· ci6n  ceremoniosa  y  cortes  y  colguemonos   sobre  estas  cabezas y  estos  rostr-0s  tan  adorablemente  expresivos.   En  ciert-0  mo· do,  vosotros  nos  reconciliais  con  Iiosotros  mismos."
Asi,   a  mi  irracional,  se  oponia  el  racional.   A  mi  racio­ nal,  el  "verdadero  racional".  Siempre  salia  perdiendo.   Expe· rimente  mi  herencia.   Hice  un  balance  completo  de  mi  enfer· medad.    Queria   ser   tipicamente   negro,   no   me   fue   posible.
 
". . .Pero  Schoelcher sf  sefiala esa existencia•
 
basii.ndose
 
Quise !uego  ser  blanco,  mas  valia   refrse.   Y  cuando  intente,
en el piano de la idea y  de la actividad intelectual,  reivindicar
 
15 Victor Schoelcher    Esclavage et colonisation.    Introducci6n de
Aime C6Saire, ri:ig. 7.    '    16 !Md, pag. 8.
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mi negritud, me la arrancaron. Me demostraron que mi an­ d2.duda  p?cu!iar  era  solo un  termino  de  la dia!ectica.
"Pero  aUn  l1ay  algo  111as  grave ;  el  negro,  .como  ya  diji­ mos,   se  crea  un  racismo  antirracista.    No   desea   de  ninguna manera  dominar  el  mundo : quiere  la  abolici6n  de  los  privile­ gios  etnicos,  vengan  de  donde  vengan ; afirma  su  solidaridad con  los  oprimidos  de todo.  color.  De  go!pe,  la  noci6n  subjetiva, existencial,  etnica  de  negritiul  "pasa",  coma   dice  Hegel  a  Ia de  -objetiva,   positiva,   exacta-   de  proletariad o.  Para   Ce­ saire  -dice   Senghor- el  bl,a,nco  simboliza  el  capital,   el  ne­ gro  el trabajo . ..  Cesaire  canta  la  lucha  de!proletariado  mun. dial  a  traves  de  los  hombres  de  pie!negra  de  su  raza."
"Esto es facil  de  decir,  pero  no  de  pensar.  Sin  duda  no es una casualidad que los juglares  mas  ardientes  de  la neg·ri­ tud  sean  al  mismo  tiempo  militantes  marxistas.
"Pero  esto  no  impide  que la  noci6n  de  raza  se acuiie  con la.  clase.   Aquella   es   concreta  y  particular,  esta   universal   y abstracta ;  la iprimera  remite  a  lo  que  Jaspers  Ila.ma  compre­ hension  y  la  otra  a   una  intelecci6n,   la  primera  es  producto de  un   sincretismo   psico-biol6gico   y  la  otra  una  construcci6n met6dica   a  partir   de  la   experiencfa.    De  hecho,  la  negritud es  coma  el  tiempo  debil  de  una  progresi6n  dialectica.   La  afir­ maci6n  te6rica  y  practica   de  la  supremacia  de!blanco  es  la tesis ; la  posici6n   de  la )•egritud   como  valor  antitetico  es  el momenta   de   la   negativioad ;   pero    este   momenta   negativo no  es  suficiente  por   sf   mismo,  y  los  negros  que  lo  usan   Jo saben  perfectamente.     aben  que  apunta  a  la  preparaci6n   de la  sintesis  o   realizaci6n   de   lo  humano  en  una   sociedad   sin razas.   La  Negritud  ei.,para  destruirse,  es  paso  y  no  termino media  y  no fin  1i.ltimo.:' +7  ,    '
Cuando  lei  esta  pigina  senti  que  me' robaban  mi  ultima posibilidad.   Di.ie· a  mis'·;i.migos:   "La  generaci6n  de  los  j6ve, nes  poetas  negros   acaba,, de, recibir  un  golpe  que  no  perdona
nada."    Se  habia  hecho ·:,un  llamamiento  a  un  amigo  de los
pueblos  de  color  y  es1<e  a'.migo  no  habia  encontrado  nada  me­ jor  que  mostrar  la  refativi,.1,. ).ad de  su  acci6n.  Por  una  vez,  este
 
heo-e!iano nato ·habia olvidado que la conciencia necesita per­ de;se en  la  noche  de  lo  absoluto,  unica  condici6n  para llegar a  ]a  conciencia   de  si.   Contra  el  racionalismo,   recordaba   el
]ado ngativo, pero olvidando que esa negativida? otiene  su valor de una absolutez casi substancial. La conc1enca empe­ fiada en la experiencia ignora, debe ignorar las esenc1as y las ' determinaciones  de su ser.    ,
Orfeo  N egro es  una fecha en la  intelectualizaci6n  de!e::cis­
tir negro. El error de Sartre estuvo no solamen en preten­ der ir a la fuente de la  fuente,  sino  en  una  cierta manera de agotar  esta fuente :    ,    . •
"lSe  agotara  la fuente_ de  la Poes1a ?  l 0,  qmzas,  el  gran
rio  negro  co!oreara  a  pesar  de  todo   el  mar   en  que  desembo­ que?  NO   importa : a     da. epoa  su  poesia i .en  cada  epoca  las circunstancias  de la  h1stona  el1gen  una nac1_on,  i:na raza  o u?a clase  para  recoger  la  antorcha,  cre:i,ndo  s1tuac10es  qu.e  s?lo pueden   expresarse   o  rebasarse  me.diant; la  Poe 1;  as1  com­ ciden  a  veces  ]os  impulsos  revoluc10nar10s  y  poeticos  y  otra.s divergen.   Saludemos  hoy  la  posibilidad  historic  que  perm1-
tira  a  Jos negros  lanzar  "con  ta! violencia  su  gnto.nel!ro  . :1ie, se   conmoveriin  hasta  los  cimientos   de! mundo   ( Cesa1re)    .  .
Resulta  entonces  que  no  soy  yo  quie me creo un    entido,• sino que el sentido  ya  estaba  ahi,  preex1stente,  esperandome. NO soy yo quien modelo una antorcha  pra  pegar  fuego  al mundo con mi miseria de negro malo,  mis  dientes  de  negro ma]o  y  mi  hambre   de  negro  malo,   sino  que  la  antorcha ya
estaha  ahi,  esperando  esta  posibilidad   hist6rica.
En terminos  de conciencia, la  conciencia  negra  se da   omo densiaad  absoluta,  conw  llena  de  si  misma,  etapa  pre-ex1sten­ te a t0da  grieta,  a  toda  abolici6n  de. si  por  el  dE;5eo.  En  este estudfo   Jean-Paul   Sartre  -ha  destrmdo  el   entusasmo  !1 g:?· Contra el  devenir  hist6rico  habia  que  oponer  la  nprev1s1b1h­ dad.   Yo  tenia  necesidad   de  perderme  en  la  negn!u?  absolu­ tamente.  O.uizas  un  dia,  en  el  seno  de  este  romantic1smo  des­
dichado ...
En cual(tuier    caso,  yo   necesitaba  ignorar.    Esta  lucha
 
17  Jean-Paul  .Sartre,  Orp   e  Noir. Prefaeio
porisie   nigre  et  ,nalgache,  pf.gs.  ·x,,L  y  siguientes.
;.... .
110    • <\'' .
 
a   la   Anthologie  de le,    18 I bid .,ii>g. XLIV.
 

y esta vuelta a las fuentes debian revestir un aspecto acabado. No hay nada mas desagradable que esta frase: "Ya cambia­ riis, muchacho; cuando yo era joven, yo tambien . . . , ya ve­ riis, todo pasa."
La dialectica que introd uce la necesidad j usto en el punto de apoyo de mi !ibertad me expulsa de mi mismo. Es una dialectica que  rompe  mi  posici6n  irref lexionada.  Siguiendo en terminos  de  conciencia,  la  conciencia  negra  es inmanente a si misma. Yo no soy una potencialidad de nada, .soy plena­ mente lo que soy.  Yo  no  tengo  que  buscar  lo  universal.  En el seno de mi  no  ocupa  lugar  a!guno  ninguna  probabilidad. Mi conciencia negra no se da como carencia. Mi conciencia negra  es.  Es  adherente  a  si misma.
Pero, se nos dira, en sus afirmaciones hay un desconoci­ miento de! proceso historico.  Escuchen, pues :

"Africa he .Quardad o tu rewerdo Africa estas  en mi
Como  la astilla  en  la herida
como un fetiche tutelar en medio de la ald ea haz  de  mi  la piedra  d e tu  honda
de mi boca los labios de ti,  llaga
 
que refuerzan, las Cordill.eras
y  la  llanura  sera  la  explanada  de auror
dond e reunir nu.estras fuerzas    d escuartizad as por  la astucia d e nuestros  amos
Como la contradicci6n d e los rasgos se  resuelve  en la armonia del  rostro
proclama.mos la unidad d e! sufrim iento
y  d e la rebeli6n
de todos los pueblos en toda la superficie de la tirra
y mezclamos el cemento  de  los  tiempos fraternales en el polvo de los idolos." 19    .
Precisamente, responderemos nosotros,. la  experien;ia negra es ambigua, porque no hay un negro, smo negros.  Vea­ se la diferencia  en  este otro poema
"El Blanco ha matad o a mi padre Porque  mi padre  era  arrogante
El Blanco ha violado a mi mad re Porque  mi madre  era hermosa
El  Blanco  ha encorvado a mi hermano  bajo  el sol de
[ los caminos
Porque  mi  hermano  era fuerte
Luego el Blanco se ha vuelto hacia mi Con las manos rojas  de sangre
 
de mis rodillas  las columnas  rotas  de tu humillaciJn
SIN EMBARGO
no  quiero  ser  mas  que  vuestra raza obreros  campesinos  de todos los  paises . . .
 
M e ha escupido N egro su desprecio a la
y con su voz de amo:
Eh  boy, una  butaca, una toalla, agu,a." 20
Y este  otro :
 
cara
 
. . . obrero blanco de Detroit pe6n negro de Alabama pueblo  innumerable  de las galeras capitalistaJs
 
"Mi  hermano  el  de los
 
dientes  que  brillan  bajo el
[cumplimiento hip6 crita
 
el destino nos yergue hombro con hombro
y renegando d el antiguo mal eficio de los tabues de"la
[ sangre
pisamos los escombros de nuestras soledad es
.'Si el torrente es frontera arrancaremos al d eclive su cabellera irrestanable
Si  la  Sierra  es frontera
romperemos la mandibula a los volcanes

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Mi hermano  el  d e las gafas  de oro
';Jobre tus  oios aaulados por  la palabra  del Amo
Mi pobre hermano el del smoking con forro de sed a Piand o y  susurrand o  y  pavoneandose  en los  salons
[d e la Condescend encia
N os das lastima
1B  Jaques  Roumain,  BoUJ  d'eben. preludio.
David  Diop.  T1·oi;  poeme,,  Le  temps  du  1nartyr .
 

 

 

 


113
 

 

 
El sol de tu pais ya no es mas que  1,na sombra En tu frente  serena de civilizado
Y  la  cabana  de tu abuela
Hace enrojecer  un rostro blanquead o por  aiios de hu-
[millaci6n y de Mea Culpa Pero .cuand o saciad o de paJ,abras sonoras y vacias Como la caja  que  !levas en tus  hombros
Pises  lq, tierra  amarga  y  roja  de  Africa
Esas  palabras   angustiarias  daran  ritmo  entonces
[a  tu mareha inquieta
iM e  siento  tan  solo,  wn  solo  aqui!" 21
A  veces  fame  uno  ganas  de  detenerse.  Expresar  lo real es cosa ardua. Pero cuando a uno se le mete en  la  cabeza expresar !a existencia, se corre el riesgo de encontrar solo lo inexistente. Lo cierto es  que  en  el  momento  en  que  intento una recogida de mi ser, Sartre, que sigue siendo el Otro,  me quita,  al  nombrarme,  toda  ilusi6n.   Mientras  que  yo  le  digo :
"Mi negrura no  es  U?UI  torte, ni  una  catedral, se  sumerge  en la came  ardiente  d el cielo,
se  surnerge  en la  carne  ardiente  d e! cielo.
agujerea  el  agobiq  opaco  d e su  recta  paciencia . . ."
mientras   que  yo,   en  el  paroxismo   de  lo  vivido  y  de!furor, proclamo  eso,  el me  recuerda  que  mi  negritud  es  solo  un  tiem­ po  debil.   En  verdad,  en  verdad  os  Jo  digo,  mis espaldas  se  es­ currieron  de  la  estructura  de!  mundo,  mis  pies  ya  no  sintiec ron  la  caricia  de!sol.  Sin  pasado  negro,  sin  futuro  negro,  me era  imposible  existir  mi  negrez.  No  b!anco  aun,  no  de! todo negro  ya,  yo  era  un  condenado.  Jean-Paul  Sartre  olvid6  que el  negro  sufre  en  su  cuerpo  de  manera  distinta  que  el  blan­ co 20•     Entre  el  blanco  y  yo  hay,  ciertamente,  una  relaci6n  de trascendencia 23•
21  David   Diop,  Le  Renigat.
:22   Si  los   estndios  de  Sartre  sobre  la  e)..i.stencia  del  otro  son  exactos (en  la  medida,   insistj.m_os,   en  que  el  Ser  y    la  N ada  describen  una  con­ ciencia  alienada ) , su aplicaci6n  a  una  conciencia  negra  es  fa1sa.  El  blanco no  es  solamente  Otro1  sino  el  sefior,  real  o imaginario   por  otra  J]arte.
1:3 En el sentido en oue la entiende Jean Wahl, Existence huma,ine et transcenda,nce,   Etre  et Penser.
 
Pero se ha olvidado Ia constancia de mi amor. Yo me de­ fino como tension absoluta de  abertura.  Yo  tomo  esta  negri­ tud y, con lagrimas en  los  ojos,  reconstituyo  su mecanismo. Mis manos, lianas intuitivas, reconstruyen,  edifican,  lo  que habia  sido despedazado.
Pero mi clamor resuena mas  violento: · soy  un  negro, soy un  negro,  soy  un  negro ...
Mi pobre hermano que vive su neurosis en el limite es quien se descubre paralizado :
"El  Negro : -No  puedo,  seiiora. Lizzie:  -l Que?
El  Negro:  -No  puedo  disparar  eontra  los  blancos. Lizzie : -j Es  verdad ! iSe  van  a  molestar !
EI  Negro : -Son blancos,  seiiora
Lizzie : -i.Pero,  entonces?   l Es que  tienen  derecho  a  san­ grarte  como  a  un  cerdo  porque  son  blancos?
El Negro:  --Son blancos."

·    ;, Sentimiento de inf erioridad ? No, sentim.iento de exis­ tencia. El pecado es negro, la virtud blanca. Es imposible que
todos estos blancos juntos, revolver en  mano,  se equivoquen. Soy  culpable.  No  se de que,  pero  si  se que soy  un miserable.
"El  Negro : -Es  asi  seiiora,  siempre  pasa  lo  mismo  con los  blancos.
Lizzie : -l Tambien  tu  te  sientes  culpable ? El  Negro : --Si,  senora."21

Este  es Bigger  Thomas, que  tiene  miedo,  un  miedo  espan­ toso.   Tiene  miedo.   l Pero,  de  que  tiene miedo?   De  si  mismo. No  sabe  aun  quien  es,  pero sabe que. el mundo  gera  la morada de!miedo  cuando .el mundo  sepa . . .  Y  cuando  el mundo  sabe, el mundo  espera  algo  de]  negro.   Tiene  mied  de  que  el  mn­ do sepa, tiene  miedo  de ese rmiedo  que asaltana  al "?1undo  s1   l mundo  supiese.   Como  la  vieja  mujer  que  nos  suphca  de rod1-
llas la aternos a la cama :    ·
24  J.-P.  Sartre, La,  Putain  respectueuse .  V&lse tambi6n, Je  suis  u11,
1tigre,  "lforne of  the braws", film de Marx  Robson.
 
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"-Doctor,  siento  en  cada·  instante  esto  que  me  domina. "-·El  que ?
"-Las  ganas   de  suicidarme.   Ateme,  tengo  miedo."
Al cabo, Bigger Thomas actua. Para poner  fin  a  la ten­ sion,  responde  a  la  esfera  de! mundo 25•
Este  es  el personaje  de I f   he  hollers,  let  him  go"",  que
hace precisamente  lo  que  no  queria  hacer.  Esa  gran  r3:bia que le sale siempre en su camino, tenaz,  sensua\,  ofre1da, abierta, temiendo (deseando) la violaci6n, se convierte fmal­ mente  en  su amante.
El  negro  es  un  juguete   en  manos  de!blanco ; . ento;11ces,
para romper  este  circulo  infernal,  explota.  Impos1ble  Ir  al cine sin encontrarme conmigo mismo. Yo me espero. En el entreacto, o  antes  de! film,  me  espero.  Los  que  estiin  ante mi me miran, .me espian, m esperan. Un botones negro va a aparecer.  El  coraz6n  me  vuelve  la cabeza.
El inviilido de la guerra de! Pacifico dice a mi hermano: "Hazte a tu color como yo me hago a mi mufi6n; somos dos accidentados." 71
·    Sin embargo, rechazo esta amputaci6n con todo mi ser
Me siento un alma tan vasta como  el mundo,  en  verdad  un alma profunda como el miis profundo de los rio, mi  pe.c_ho tiene un poder de expansion inf inito. :Soy grac1a, donac10n, presente, y me  aconsejan  la  humildad  de! enf  rmo . . . Ayer, al abrir mis ojos al mundo, vi demudarse  el c1elo  de! uno  al otro conf in. Quise Jevantarme, pero el  silencio visceral  reflu­ y6 hacia mi,  con  las  alas  para!izadas.  Irresponsable,  a caba­ llo  entre la  Nada  y  el  Infinito,  me  puse  a llorar.

 

 

23  Richard  Wright, Native Son.
26  Chester  Rimes.
 

 

 

 

 

 

VI.    EL NEGRO Y LA PSICOPATOLOGIA

Las  escuelas   psicoanaliticas   han  estudiado  las reacciones neur6ticas  que  nacen  en  algunos  medios  y  en  ciertos  sectores de  civilizaci6n.    En  obediencia  a  una  determinada   exigencia dialectica,  deberiamos  preguntarnos  hasta   que  punto  pueden utilizarse  las  conclusiones  de  Freud  o  Adler  en  un  intento  de explicaci6n  de  la  visi6n  de!mundo  de!hombre  de  color
El psicoaniilisis, nunca se repetirii esto bastante, se pro­ pane comprender unos  determinados  comportamientos  dados en   el  seno   de!  grupo   especifico  que representa    la  familia. Cuando se trata de una  neurosis  vivida  por  un  adulto,  la ta­ rea de] analista consiste en descubrir, en la nueva estructura psiquica, una reproducci6n de Jos conflictos surgidos en el in­ terior de la constelaci6n familiar. En todos los casos se con­ sidera a la familia "como objeto  y  circunstancia  psiquicos" 1• No obstante, . en nuestro empefio los fen6menos van a complicarse de manera singular. Eri Europa, la familia repre­ senta, en ef ecto, una cierta rnanera que el rnundo tiene de ofrecerse al nifio. Las estructuras familiar y  nacional man­ tienen   entre  si  relaciones   estrechas.    La  militarizaci6n  y  la centra!izaci6n  de  la  autoridad  paterna.  En  Europa  y  todos los  paises llamados civi!izados  o  civilizadores,  la familia es un
 
rn J9 .su.is un n8gre .        1 "Le complexe, facteur concret  d:e la psychologie familial€", J.   La­ can,  Enciclop6die  franca,ise,  8-40-5.
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trozo  de naci6n.   EI  niiio  qu,, sale  de!medio  parental  descubre a  continuaci6n  las  rnbmas   !eyes,  iguales  princip'os,  identicos valores.   Un  niiio   Il':lrma!   que  se  haya   desarro]]ado   en   una familia  normal,  sera f]nalmente  un  hombre  normal 2•    No  exis­ te  desproporci6n  entre  la  vida  familiar  y' la  nacional.   Y  a  la inverrn,  si  tenemos  en  cuenta  una  sociedad  cerrada,  es  decir, protegida  de! flujo  civilizador,  descubrirnos  en  ellas  las  mismas estructuras  descritas  lineas  arriba.   L'iime du  Pygmee  d'Afri­ que,  de!  R.  P.  Trilles,  por  ejemplo,   nos  convence  plenamente de  ello ; bien  se percibe  en  todo  mornento  la  necesidad  de cafo licizar   el  alma  negrilla,  pero  la   descripci6n   que  aqui  leemos de  la  cultura  -esquemas  cultnrales,  persistencia  de  ritos,  su­ pervivencia   de   mitos.-  no  cla   la  impresi6n  ·artificial   de  La phiioso pM e  bantoue.
Tanto  en  un   caso  como  en  otro,  hay  proyecci6n   sobre  el medio  social  de  los  caracteres  de]  medio  familiar.   Es  verdad que  los  hij os  de  unos   ]adrones  o  bandidos,  habituados  a  una cierta  legislaci6n  de  clan,  se sorprenderii.n  al  constatar  que  el resto  de! mundo  se comporta  de modo  diferente,  pero  una  nue­ va  educaci6n  -salvo perversion  o  atraso   (Heuyer )0- habria de  bastar  para  moralizar   su  vision,  para  socializarla,  en  una palabra.
En todos estos casos nos apercibimos  de  que  la morbidez se situ.a  en  el medio  familiar.
"La autoridad de! Estado es para el individuo la repro­ ducci6n de la autoridad familiar que lo model6 en su infancia.

12 Preferhnos creer que  no se  nos  ecusari  por  esta  U:ltinia  frase. A los  escepticos  les  gusta  preguntar :  "lA  que  llama   usted   normal?''   Por el ;mom.en.to no tenernos la intenci&n de responder a est-a pr8:::(,)"\]Tita. Para apaciguar un tanto a 1os m::'is necesitados citaremos la obra,  muy instruc­ tiva1 aunque referida U.nicamente al problema biol6gico,  de  G.  Ganguil­ hem, Le Normal  et  le  pathologiqttc .  Diga.mos  si:nrplem.ente  que,  en  el eampo  mental,  es  anormal  el  que ·pregunta,  llama,     imp,lora.
De todas formas esta reserva es -tambien discuti-ble. V.i!as·e por ejemplo la comunicaci6n de Juliette  Boutonnier:  "La perversi6n  es, quiza, un prof undo atra.50 afectivo ·mantenido o engendrado ipor las condiciones en las <iue ha vivido el nifio o por lo m·enos ta,nto ca.mo por determinada.s disposiciones   constitucionales   que  son  evidentementie   discutibl,   si  biern
·no  son  proba:blernente  Las,  Unioas  responsahles.   ( Revue   Francaise  de Psy­
.chanalyse, m\rm. 3.,  1 49, pag. 403-404).
 
El _individuo asimi!a a la autoridad paterna aquellas <itras au­ tor1dades ue .va encontrando ulteriormente : percibe  el  pre­ sent_e en termmos de pasado. Como todos Ios demas compor­ tam1entos humanos, el comportamiento ante  Ia  autoridad  es algo emeiia_d? y aprendido  Enseiiado  y apr,mdido  en  el  seno d: una ami_h, a la cuaT podremos distinguir desde el puiito de vista ps1colog1co por  su  particular  organizaci6n,  es  decir por Ia  manera  como  se  reparte  y  ejerce  Ia  autoridad."•         '
Ahora  bien  -y  este  es  un  punto  muy  importante---   nos­ otros . onstatamos  el  fen6meno  inverso  en  el  hombre  de ·olor. Un  nmo  negro normal,  educado  en el seno  de  una  familia  nor­ mal,  se  anrmalizara  al  menor  contacto  con  el  mundo  blanco. · No   es  pos1ble  comprender   inmediatamente   esta  proposici6n.
Iremos ava1_1zando  a reculones.  Ha:ciendo  justicia  al Dr. Breuer reud  escr1be :   "En  casi  todos  los  casos  probatorios  que  Io s1.ntomas  eran  algo  asi  como  residuos,   experiencias   emotivas d1 aos;  por  esta ,raz6n  los  denominamos  mas  tarde  traumas ps1qm?o .   Su  caracter  particular   se  entroncaba  en  Ia  escena traumatica  que  los  ?abfa  provocado.  Segun  una  expresi6n  con­ sagrada, !as determmantes  de  los  sintomas  eran,  precisamente, aquellas   escenas'  de  las  cuales  eran  residuos  amnesicos   Asi no  _era  ?a  necerio ,"vr  en  ellos   (los  sintomas)  unos  efecto; arb1 rar1os  y  emgmaticos  de  Ia  neurosis.    Sin  embargo,   con­ trar1amente  a lo que se esperaba, el  sintoma  no resultaba  siem­ pr_e  _de  un   solo  acontecimiento,  sino,  y  esto  casi  siempre,  de mult)pls  traumas  muchas  veces   analogos   y  repetidos.    Por cons1gmente,  habia  que  reprod ucir  cronol6gicamente  toda  esta caden_a   de  recuerdos   pat6genos,   pero  en  un   orden   inverso, en  primer  lugar  el ultimo,  y  el primero  al  final ; si uno  se  sal­ taba  los  traumas  interniedios  era  imposible  penetrar  hasta  el
primero, que a menudo  es el mas  eficaz."
Es difici! ser mas afirmativo ; en el origen  de  las neuro­ sis hay siempre unas vivencias  ( Erlebnis )  determinadas. Un poco despues, Freud afiade : "Es verdad que los enfermos han expulsado   este  trauma  de   su  conciencia  y   de  su   memoria,

,    r.achin  Marcus  '. Structure  fa?Tiiliale  et  comporbements  politiques", L autorite  dam,  la  fam, Ue  et  clans  l Etat   ( Revue  Francaise   de   Psych­ nal,•sse,  abril-junio  1949) •
 

118    11!)
 

ahorrandose aparentemente una  gran  cantidad  de  sufrimien­ tos, pero el deseo refluido subsiste  en  el  inconsciente ; y ace­ cha la menor ocasi6n para manifestarse  y  reaparecer,  si bien bajo un disfraz  que  le  hace  irreconocible ;  en  otras palabras, el pensamiento refluido es substituido en la conciencia por un pensamiento de substituci6n o sucedaneo ( Ersatz ) , al que acaban ligandose todas· las impresiones de malestar que se su­ pone eliminadas por aquella remisi6n al inconsciente." Asf , pues, estas Erlebnis quedan refluidas, remitidas al  incons­ ciente.
l Que  vemos  en  el  caso  de! negro?    A  menos  de  utilizar este  dato  vertiginoso  -hasta  ta!punto  es  capaz  de  desequili­ brarnos-  de! inconsciente  colectivo  de  Jung,  no   comprende­ mos  absolutamente  nada.    En  los  paises  colonizados  se  repre­ senia  todos  los  dias  un  drama . . . l Como  explicar,  por   ejem­ plo,  que  un  bachiller  negro  ingresado  en  la  Sorbona  para  pre­ parar  su  licenciatura   en  filosofia  se  ponga  automaticamente en  guardia  antes  incluso  de  organizarse  a  su  alrededor  el  me­ nor  conflicto?   Rene  Menil  daba  cuenta   de  esta  reaccion   en terminos  hegelianos     Para   el  se  trataba  de  "la  consecuencia de  la  instauracion   en  la  coniencia   de  los  esclavos,  substitu­ yendo  el espiritu  'africano'   (remitido  al  inconsciente) , de  una instancia  representativa   de!Senor,  instancia   instituida   en  lo mas  rec6ndito  de  la  colectividad,  que  la  vigila  como  una  guar­ nici6n  de  su  ciudad  conquistada" 5.
En nuestro capitulo sabre Hegel  veremos que Rene  Menil no se ha equivocado. No  obstante,  tenemos  derecho  a hacer­ nos  esta  pregunta : l Como  explicar  su  persistencia   en  el  si­
glo xx, cuando existe,  por  otra  parte,  identificaci6n  inte11:7al con   el   blanco?    Con   frecuencia,   el   negro   que  se anormahza
no  ha  tenido  jamas  relaciones  con  el  blanco.   l Ha  habido   ex­ periencia   antigua   y  remisi6n   al  inconsciente?    l Ha  vista   el pequefio    egro  c6mo el    Janco  go]eaba y  linchaba  a  su  padrE;J l Ha  temdo  un  traumatismo  efectivo?   A  todo  lo  cual  resrffl- deremos:   No.   l Entonces?    "

5  Cita  tomada  de  MiC'hel  Leiris,  "Martinique,  Guadeloupe,   Haiti'\
( Temps  Modernes,  febrero 1950).

120
 
Si queremos responder correctamente  tenemos  que hechar  mano de la nocion de Catarsis colectiva. En toda sociedad y en toda colectividad  existe,  debe  existir,  un  canal,  una  puerta  de  Sa­ lida por  donde  puedan  liberarse  las  energias  acumuladas  en forma de agresividad. A esto tienden los juegos en las Insti­ tuciones de nifios, los  psicodramas  en  las  curas  colectivas  y, de una manera mas general, los semanarios ilustrados para los jovenes, pues cada tipo de sociedad exige naturalmente, una determinada forma de catarsis. Las historias de Tarzan, de exploradores de doce afios, de Mickey, y todos esos peri6dicos ilustrados, tienden a una verdadera descomprension de la a.gre­ sividad colectiva. Son publicaciones escritas por blancos y des­ tinadas a nifios blancos. Aqui en las Antillas, y nos creemos con toda razon para pensar que la situaci6n es analoga en las otras colonias, estas revistas i!ustradas  son  devoradas,  no  por  los nifios  blancos,  sino por  los nifios  indigenas.  El  Lobo,  El Diablo,
el Genia Maligno, el Mal, el Salvaje se representan siempre me-·· diante un negro o un indio ; y como siempre se produc,e una identificacion con el vencedor, resulta que  el nifio  negro  "se hara"  explorador,  aventurero  o  misionero  "que  se  arriega  a ser comido por los por los negros malos" tan facilrnente como el nifio blanco. "Salvo raras excepciones, todos  los nifios america­ nos que en el afio 1938 tenian seis afios absorbieron rigurosa­ mente, como minima,  dieciocho  mil escenas de feroces torturas
y sanguinarias v1olencias . . . A excepcion de los boers, los ame­
ricanos son el unico pueblo moderno que barrio totalmente de! suelo en el que se instal6 a la poblacion autoctona. No se re­ cuerda un caso semejante en la historia (6 ) . Sc5ilo America (USA) podia, por tanto, tener  una  mala  conciencia nacional
que  apaciguar,  cosa  que  hizo  forjando  el  mito  hist6rico   de]
. Bad   lnjun  (7) ,  para  poder,  a  renglon  seguido,  reintroducir   la figura  historica  de!honorable  Piel-Roja  defendiendo  sin  exito su  suelo  contra   los   invasores  armadas   de  biblias   y  fusiles. Solo  nos  es  posible  apartar  de  nosotros  el  castigo que  merece­ mos  negando  la   responsabilidad   de!  ma]  y   endosando   el  re-

6  Sefialemos  de  paso  que  los  Caribes  sufrieron  la  n1isma  euerte con  lc.s  aven.tureros   espaiioles  y franceses.
7  Defornuaci6n  peyorativa  de  "Bad  Indian'',

121
 
proche a la victima ; en una palabra, demostrand onos  a noso­ tros mismos, por lo menos, que al asestar  el  primer  y unico golpe actuabamos simplemente en legitima def ensa." Al es­ tudiar las repercusiones de estas revistas ilu1itradas sobre la cultura  americana,  el  autor  escribe :  "Queda  por  esclarecer  la
cuesti6n de i esta fijaci6n  maniatica  a la vfolencia  y la  muerte es  el sucedaneo de una  sexualidad  censurada,  o si,  mas biep.
no  seria  su funci6n  la de  canalizar,  por  la via  dejada  Jibre  po; la  censura  sexual,  el  deseo  de  agresi6n  de  los  nifios  y  de  los a1ultos  contra  la  estructura  econ6mica   y  social,  que  los  per­ vierte  a   unos   y   a  otros,  con  su  propio  consentimiento    todo hay  que   decirlo.  En  ambos  casos,  la  causa  de   la  perv;rsi6n, se  de  orden  sexual  o  econ6mico,  es  esencial ; por  esa  raz6n, m1entras  no  seamos  capaces  de  acometer  la  busaueda  y  anali­ sis  de  remisiones  fundamentales  al  inconsciente: todo  ataque dirigido   contra   simple   procedimientos   de  evasion   como  los comic  books sera inutil" (8)    '
En las Antillas, el joven negro que en la  escuela  no  se cansa de repetir "nuestros padres los galos" (9) , se identifica con el explorador,  el  civilizador,  el blanco,  que  es  quien trae la verd ad completamente blanca. Hay en esto autentica iden tificaci6n, o  sea,  que  el  joven  negro  adopta  subjetivamente una actit  de blanco. Carga sobre  el heroe,  que es blanco,  tod2 su  agres1v1dad,  que  a  esta  edad  esta   estrictamente vinculada a la oblatividad : una oblatividad  cargada de sadismo.  Un nifio de ocho afios que ofrece algo, incluso a  una  persona mayor, toler con dificultad  una negativa  Poco  a poco,  va  formandose y cristalizando en  el  joven  antillano  una  actitud  y  un habito· de pensar y ver que so;u esencialmente blancos. Cuando en la escuela tiene que leer historia de salvaj es --en libros blancos­ piensa  siempre  en  senegaleses.  En  mis  tiempos  de estudiante

,    8 G.  Legman, "Psyehopathologie  dos  Comics" (Temps  Modernes
num. 43, yAgs. 916 y siguientes) .    '
9   Cu_ando   se  refiere   este  rasg-o  d.e   12   ensefianza  en   M.artinica   se povoca  ns,   cosa   que  ocurre  en   n1uCha:s   otr.as   circuns·tanci.as.    No   se p1erde  de vista  el  car.ioter  cOlll'Uco  d,e  la  cosa,  todo  el  mundo lo  -constata, I?ero  no    e  habla  de  sus  consecuencias  a  largo  iplazo.   Y  resulta  -que  son estas  lo  1,mportante..  puesto  que  la  rvisi6n  del  mundo  en  un  joven  antillano
ehiibora  a  partir  de tres  o  cuatro  f rases  como esta.

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discutfamo durante horas enteras sobre las pretendidas eos­ tumbres de los salvajes senegaleses. En nuestras frases e in­ tenciones habia una inconsciencia como  minimo  parad6jica. Pero ocurre que en la Antillas no se piensa en  negro ; se  piensa en blanco. El negro vive en Af rica. Subjetiva e  intelectual­ rnente el antillano se  comporta  como  un  blanco.  Ahora bien, es un negro. De esto se dara cuenta en Europa, y cuando oiga hablar de negros sabra que se refieren tanto a  los senegaleses como a el. i.Que podriamos decir como conclusion a este res­ pecto?
Jmpo_ner los mismos "Genios Malignos" al blanco y al ne­ gro constituye un grave error de education !Si se hace un es­ fuerzo por entender el "Genio Malo" como un intento de hu­ manizaci6n de! "el!o", se captara nuestro punto de vista.  En rigor diremos que los cuentos se exponen a la  misma  critica. Esta claro, pues, que nosotros  queremos,  ni  mas  ni  menos, crear revistas ilustradas destinadas especialmente a los negros, canc.iones para los nifios negros y, en el limite, obras de his­ toria, al menos hasta la obtenci6n del certif icado de estudios. Porque, mientras. no se demuestre  lo  contrario,  estimamos que si efectivamente hay traumatismo, este  se situa  en  dicha edad. El joven antillano es un frances !lamado en  todo  momento a vivir con compatriotas blancos. Se olvida esto con dem.asiada frecuencia.
La  familia  blanca  es  el  depositario  de  una  cierta  estruc­ tura.  La sociedad  es, verdatleramente,  el conjunto  de familias. La  familia  es  una  instituci6n  que  anuncia  una  instituci6n  mas vasta : el  grupo  social  o  nacional.  Los  ejes  de  ref erenda   son siepre  los  mismos   La  familia  blanca   es  el  lugar  de  prepa­ rac16n  y  formaci6n  para   una   vida  social.  "La  estructura  fa­ miliar  queda  interiorizada  en  el  super  yo  y  proyectada  en  el comportamiento  politico  (social, diriamos nosotros)"  (Marcus).
En la medida en qmJ permanece en su medio natural, el negro realiza -el destino del nifio blanco con pocas diferencias. Pero, si va a Europa, tendra que repensar su suerte. Porque el negro en Francia, en su pais, se sentira diferente a los demas Se ha dicho demasiado aprisa : el negro se inferioriza. La ver­ dad  es que se le inferioriza.  El joven  antillano  es  un frances
 

llamado  a  v1v1r  en   todo  momento   con   compatriotas   blancos. Ahora  bien,  la  familia  antillana  no mantiene  con  la  estructura nacional  (francesa, europea)  ninguna  relaci6n  en la priictica.  El antillano,   entonces,   tiene   que  escoger   entre  su  familia  y   la sociedad  europea ; o dicho de otra manera,  el individuo  que sube hacia  la  sociedad  -la  blanca,  la  civilizada-,  tiende  a  recha­ zar  la  familia  -la  negra,  la  salvaje-  en  el  piano  de  lo  ima­ ginario,  en relaci6n  con  las Erlebnis infantiles  que  describimos anteriormente.
El  esquema  de Marcus  seria  en este caso :
Familia    +    Individuo    ,--+    Sociedad
puesto que  la  estructura familiar es  rechazada   en  el "ello". El negro se apercibe entonces de la irrealidad de muchas proposicicnes que habia hecho suyas, con referencia a  la ac­ titud subjetiva de! blanco. Inicia asi  su verdadero aprendizaje. La realidad se muestra entonces extraordinariamente  resis­ tente . . . Pero, se nos dirii, usted no hace otra cosa  que descri­ bir un fen&meno universal y, por otra parte, el criterio de la virilidad es precisamente  la adaptaci6n a lo social. Replicaremos
a eso que es una critica falsa puesto que, como ya rlemostramos, el negro tiene que afrontar un verdadero mito. Un mito s6- lidamente anclado. El  negro  lo  ignora  mientras  su. existencia se desarrolla entre los suyos ; mas, a la primera mirada blanca, experimenta  el  peso  de su  melanina 1•.
Ademiis, estii  lo  inconsciente.  El  drama  racial  se desarrolla a  la  vista  de  todos ;  el  negro  no  tiene  tiempo  de  "remitirlo   al

tO   R·ecordemos    a  este   respecto   lo   qu,e   escribia   Sartre :   "Algunos nifios  se pega'ban  ya  a  sus  siete  afios con   os  c-ompaii,eros  que  les  Ham.a.ban "yupin',.  A  otros  los  .tu:vieron  mucho  tiempo  en  la  ignorancia  de  su 1·aza.
{Jna   muchac-ha  isra-eli.ta   de  una  familia   conocida   mia   ignor6   hasta  los quince  2.fios  iel  sentido  misrno  de  la.  ,palabra   judio.  Durante  la  ocu-paci6n, un  doctor  judio  de   Fontainebleau   aue  vivia   enaerrndo  en  su   c:asa,  edu­ caba  a  sus  ni.etos  sin  decirles  unia  Palabra  d-e  su  origen.   Mas,  de  una  u otra  manera,  antes  o  d,espues  aoabarB.n  s.a.bndo  la  verdad :  a  veces  por las  sonrisas  de  quienes   los  rodean,   otras  ;por   un  ruroiJ.r   o  :por  ins-u-ltos. Cuanto  miis  tardio  es  el  descubrimiento   m3.-s  viol1enta  es  la  sacudida ;  de re-pent-e,  se dan  cuenta  de  que  los  dem3.s  sa:ben  sob-re  ellos  alga  que  igno­ raban,  que  se  1es  a,plica  -ese  calificativo  turbio  e  inquietante  qtte  nunca hahian  oido  en   sus   familias."   ( Ref lexions    su,·   la   question  juive,   p.igs. 96-97) .

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inconsciente". E.J  blanco  si  lo  consigue,  en  una  cierta  medida ; y es que entonces aparece  un nuevo  elemento : la  culpabilida'.' El complejo de inferioridad o su sentimiento igualitario son conscientes. Estos sentimientos y complejos le transitan cons­ tantemente, viven su drama. En ellos no se da esa amnesia af ec­ tiva   que   caracteriza   la neurosis-tipo.
Siempre que he leido una  obra  de  psicoaniilisis,  discutido con prof esores o conversado con enfermos europeos, me ha impresionado la inadecuaci6n entre los esquemas  correspon­ dientes y  la  realidad  que  nos  ofrece  el negro.  Asi,  he  ido  poco a poco llegando a la conclusion de que hay sustituci6n de dia­ lectica cuando se pasa de la psicologia de! blanco  a la de! negro. Los valores primeros de que habla Charles Odier (11) son diferentes en el blanco y en el negro.  El  esfuerzo  de  sociali­ zaci6n   no   remite   a   las   mismas   intenciones.   En   verdad,  pa­
samos de un mundo a otro. Un estudio riguroso de la cuesti6n .. podria presentarse de la manera siguiente :
-    Interpretaci6n    psicoanalitica    de la experiencia vivida
por el negro ;    .
-    Interpretaci6n psicoanalitica de! m1to negro.
Pero Jo real, que es nuestro unico recurso, nos prohibe semejantes operaciones. Los hechos son mucho mas compli­ cados.  i Cuiiles son estos ?
El  negro  es  un  objeto  fobigeno,   angusti6geno.  Desde la
enferma de Serieux y Capgras (12) hasta la muchacha  que  nos declara que dormir con un negro representa para ella algo terrorifico,  puede  establecerse   toda   uua   escala   de  grados   de Jo que  llamaremos  la  negro-fobigenesis.  En  relaci6n  con  el negro mucho se ha hablado de recurrir al  psicoaniilisis.  Des­ conf iando de la utilizaci6n que podria hacerse de semejante expediente  (13) ,  hemos preferido  titular  este capitulo  "El negro y la psicopatologia",  habida  cuenta  de que  ni  Freud  ni Aler, ni  siquiera  el  c6smico  Jung  pensaron   en  los  negros  al  reahzar

.'.l;1  Les  deu,;  sources  consciente  et  inconsciente   de   la  vie  111.orale.
ma  Les   folies   raisonnantes,   cita.do  :por  Hesnard,  L'-un-ivers morbide
de le> fau.te, pag. 97.
1!'-'   Nos  referimos   especialni.ente  en  America;  vease,   por  ,ej-emplo,
·Je  suis  un  nigre.

125
 

 


 
sus investigaciones. En lo cuai tenian raz6n. Se olvida con demasiada  frecuencia  que  Ia  neurosis  no  es  constitutiva  de Ia
 
asombr.arfa Si supiese qtie, hasta 1940, ningun an tillano  era capa  o.e  pensar  en  negro.  Solo cuando  apareci6  Aime Cesaire
 
reaHdad humana. Quiernsc o no, el c::;mplejo de Edipo  esta  por
 
se  v10  nacer  Uila  reivindicaci6n ,   una  asunci-611a[._.I.
 
l_ a  no-r<:,>rl'tud .
 
aparecer  entre  lcs  ricgro.s.  Se  rlos  poria  objetar,   siguiendo  a Malinowski,  que  el  regimen  matrlarcal  es el  6.nico  responsable de  esta  ausencia.  Pero,  aparte  de  que  podriamos  preguntarnos Bi Ios etn6logos -imbuidos  de los complejos  de  su civilizaci6n­ han  intentado  o no  descubrir  una  copia de  ese  complejo· en  los pueblos  estudiados  por  ellos,  nos seria relativamente  facil mos­ trar  que  en las  Antillas  francesas  el  97 %   de  las  familias  son incapaces  de  engendrar   una  neurosis  edipiana.  Incapacidad  de Ia  que  nos  felicitamos  en  sumo  grado.  (!4) .
Independientemente    de    algunos   "fallidos"   salidos   de   un
media cerrado, podemos decir que toda neurosis, todo corpor­ tamiento anormal y todo erotismo afectivo en un antillano es resultado de la situaci6n cultural. En otras palabras, hay una constelaci6n de  datos  y  una  serie  de  proposiciones  que, lenta y socarronamente, a favor de escritos, peri6dicos, educaci6n, libros escolares, carteles, cine, radio . . ., penetran en un indi­ viduo  y constituyen  su vision  de! mundo  ( de  la  colectividad )
I    a Ia que pertenece ("'). En las Antillas  esta vision  de!  mundo
1 1    es blam,a  porque  no  existe  uinguna   expresi6n  negra·.   El   fol­
klore  martiniq ues  es  pobre  y,   en  Fort-de-France,  numerosos
 
La  prueba -inns co11creta, po.r  lo  d::1118.s, es  e:.sa  im-pres .6n que
experiraen 1:an  las    6venes  ?·enerac:0nts  de.  est!l Jia.ntes  que  lle­ gan  a Pans : neces1tan varias  semanas  para  comprender  que  el contacto  de  Europi,.  !es  obliga  a  p!antearse  un  cierto  numero dn  problemas   que  hasta  entonces  no  habian  af lorado.  Y,  sin
embargo  estos  problemas  son perfectamaute  visibles <1")
·    Siempre que hemos discl!tido con profesores nuestros O conversado con enfermos europeos n(}S hemos dado cuenta de las diferencias que podian llegar a existir entre estos dos mundos Recientemente, en  una  charla  con  un  medico  que  ha  ejercid su profesion  siempi:e  en  Fort-de-France,  le  hicimos  participe de nustras conclus10nes ; fue todavia mas lejos que nosotros
a)    de1rnos que tod? .era verd a<l, no  solamente  en  patologia, smo mcluso en med1cma genetal. Nunca eucontrara usted, nos decia, un tifoideo puro, tal como lo estudian los tratados de medicina; siempre se revela en este tipo de casos, como  injer­ tado un paludismo mas o menos manifiesto. Seria interesante por ejemplo, realizar una descripci6n de  la  esquizofrenia  vi'. vida par  una conciencia  negra, siempre que  este  tipo de  crisi9 se padezcii a!la abajo.
 
son  los  j6venes  que  ignoran  las  historias  de  "Compe  Lapin",         
 
replicas del Tio Remus de Luisiana. Un europeo, par ejemplo, al corriente  de  las  manifestaciones  poeticas   negras  actuales,   se

1114  Los  .psicoanalistas  dud2.rin  en  com.pa:rtir   uuestra.  opini6n  a  este re::,pe.cto-.   E1  Dr.  I,acw,  por  ejeinplo;  habla   de  la  "f-e::undi-dad',  die.I  com­ plejo  de  Edipo.   M:as  si.  el  niiio   diJb.e.  matar  a  su  padre,  sigue   ;ie,ndo  ne­ cesario  ·que  este  UltID,o  acepte  morir.   P·ensa1nos  .en  Hegel   euando  dioe; "La  cuna. ,dcl nifio es  l,a  tumba  de  los  •pa<lres'".   "En  Ni.colas   Cal.a:.-   ( Foyer d'incendie )  ;  en  Jean  Lacroix  ( FoT ce  et  faiblesses   de  la  f a1nilie.)
El hecho de qu:c  se.  haya  ,producido  en:  F1·an1ia  un  hundiml.ento  de loo valores morales d:espues  .c}.,e  la  gu,e,rra,  quiza  se  deba  a.  la  derrota  de esa  :persona  moral   que  r,epreoontaria  .a  la   naci6n.    Son  <:onocidos perfec­
 
f acto _con  Tanan  y  contra  los  negros.  En  una  sala  cinematogrif i.ca  curo­ p_ea.  esto es :mas  dificil1  ·Orque  la   .sisten-cia,  Clanca,  le  relacio-na   .n.utom3.­
. t1camente    on  los  salvaJes   de  -la  ;pantaU.a.   Esta  exp,6.riencia   es  decisiva. El  neg1:o  s1oente qu.e  no  se  es  niegro  i.ropunermenbe.    Un  documen.tal  sobre Africa  ;proy.ectad-o  en  una   c.iud:ad  f raneesa   y  en   Fort-d2-Fr::tne  prc.-vo.-:-a· reacciones   a'Ilalogas.    1,'  ejor   alln:  af.irrnan1os   que  los  bo·:1quin1:1no-5  y  los zullles  1>rovocan  facHmcnte  1-r.. 1hilaridad  de  los  ;;6v.enes  anti.llanos.   Se1·ia interesa..n'be   .mostrar   que,   en   t'.ste  -os.so. ·1:a   exage1:aci6n  reacc.ional   deja adivinar  un  rastro  de  reconocim!"ento.    En  Francia  el  uegro  qu-e  ve  c;t:;. documental  se   queda   Htera1mente  ipetri.ficado.    No  hay   esc.a.p.  e  para   el: es  a  la  vez.  antillano, bosquimano  y  zulll.
16 Y, miis concr.etamenre, oo aperciben de  que  la  linc--a  de  autova lo­ raci6n  que   considera.:ban   propia   diebe   &er ,i.nvertid.a.    Hen1os  visto,   en
 
ta.m.ente  1-os   traucrnatisntos   que   un   hecho   semiejante   :pnede  determinar en
 
efecto
 
que ,el  antillano qu.e va  a Francia  concib-c, .este viaje  como  bi   Ultima
 
la f a,milia.
15  A  los  -que  no  queden  convencidos  les  aconse.jamos·  la  eriencia
&iguiente; 10.Sistir a la proy-ecci6n de una rpelicula de T·arz3.n en la.,s An till.as  y  ·en  Europa.  En  las  Antillas  el  .muchacho  neg-ro  se  identifica de
 
1
elapa de su ·persona.lid.ad. Literalm-ente, ,podemos decir sin te nor a equ1- vocarnos que el .antil]an-o que va a Franc.ia :na1:a conve,n.c.eI'S€J de su blan­ cura  descubre  en <Iicho  :pa.is su autentic.o roStro.
 
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l Cua! es nuestra intenci6n ? Sencillamente, esta : cundo
]os  negros  abordan  el  mundo   blanco  ti;ne. lugar  ua. c1er_ta acci6n  sensibilizante.  Si  la  estructura  ps1qmca  es  f:ag1!,  asis­ tiremos  a  un  derrumbamiento   de! Yo.  El  negro   deJ a de  com­ portarse  como  individuo  capaz  de  acciftn.  La  finalidad   de ,su acci6n,  entonces,  sera  Otro   (en  forma  de  blco) , porq'; solo Otro  puede  valorizarlo .  .Esto  en  el  piano  et1co :  valorac10n  de si. Pero  aun  hay  mas.    ,    ,    .
Hemos dicho que el negro era fobigeno. l Que es la fob1a 1.
Responderemos  a esta  pregunta ·apoyanonos  en la_ ultima  obra de  Hesnard :  "La  fobia   es  una  neurosis  caracter1zada   por  el temor  angustioso  a  un  objeto   (en  el  sentido  mas  amplio,  cos.a
exterior al individuo )  o, por extensi•on,  a .una s1"tuae.1·0'n" (17) .
Nat uralmente   este  objeto  habra  de  inc!u1r  algunos aspectos.
·    Hernard dice que ha de despertar temor y disg to. Pero aq?,i vemos una dificultad.  Al  aplicar  a la  comprens1on de I fobia el metodo genetico, Charles Odier escribe: "Toda angustia pro­ viene de una cierta inseguridad subjetiva vincu!ada a la  au­ sencia de Ia madre" (18) . Esto ocurre, dice el autor, hacia el segundo afio.
En su  busqueda  de  la  estructura  psiquica  de! f6bico,  llega a  esta . conclusion :  "Antes  de  abordar  directamente  las . creen­ cias de los adultos   es importante  analizar  en  todos  sus elemen- tos la estructura  in, fanti·l de la que emanan  y que suponen". (19,' . La  elecci6n  de!  objeto  fobigeno   esta,  pues,  sobredeterm:nad a Este objeto  no sale de la noche de la  Nada ; en una determnada circunstancia,  dicho objeto  ha  provocado  un  afecto en el suJeto. La  fobia  es  la  presencia  Jatente  de  este  afecto  en  el fondo  de! mundo   del  sujeto ;  hay  organizaci6n,   conformaci6n.      orque., naturalmente,  el  objeto  no  tiene  necesidad  de  estar  ah1, _basta con  .que  sea.:  es  un  posible.  Este  objeto  esta  dotado  de  mten­ ciones  malevolas  y  de  todos  los  atribntos  de  una  fuerza  m­ Jef ica  (20).  En el  f6bico  hay  prioridad  de!afecto, con _desprec10 de  todo   pensamiento   racional.  Como  vemos,   un  f6b1co  es  un

17   L'univer.s  niorbide  de   la  faute,   P.  U.  F.,  1949,  pig. 37.
1B'  L'angoisse  et  la  pe "tisie  mag,iqu.e,  .pag. 38,
"' Ibid., p:ig. 65.
 

individ uo ·que  obedece  las  !eyes  de  la  prel6gica   racional  y  de la  pre!6gica  af ectiva :  proceso   de  pensar   y  sentir  que  remite finalmente  al  momento  en  que  se  produjo   el  accidente   dese­ quilibrador.  La  dificultad  a  que  nos  referiamos  antes  es  la  si­ guiente:  l bubo  traumatismo  desequilibrados  en  aquella  mujer de  la  que hablabamos  lineas  arriba ? l Ha  habido  en la  may?ria de los negr6fobos  mas.cu!inos  un  intento  de rapto,  de fellation? En rigor,  si ap!icamos  las  conc!usiones  analiticas  obtendriamos Io  siguiente : si un  objeto  muy  horrible,  un  agresor  mas o me­ nos  imaginario,   despierta  el terror,  este  tambie?,  entre  otras cosas  -pues  se  trata  por  lo  general  de  una  muJer-, y  sobre todo,  un miedo  mezclado  da horror  sexual. El  "tengo miedo  de los  hombres"   quiere  decir,  cuando  se  pone  en  claro  el  m6vil de!horror,  esto : -porque  podrian  hacerme  toda  clase de cosas, pero  no  sevicias  vulgares,  sino  sevicias  sexua!es,  es  decir,  in­ mora]es,  deshonrosas  (21).
"El  simple  contacto  basta  para   provocar   la  angustia. Y es que el contacto es al mismo tiempo el tipo esquematico propio de  la   acci6n  sexual  inicia!  (con-tacto,  tocamiento . . . , sexua­
!idad)." ('2) Estamos habituados a todos los artif icios. que em­ plea el yo para defenderse, y por eso sabemos que es conveniente no tomar al pie de la !etra sus denegacioms. l No estamos en presencia, con esto,  de  una  transitivismo  integral ?  ;No  sera, en el fondo, este mied-0 a la violaci6n precisamente una llamada a  la  violaci6n ?  De un  tipo  de  caras  se dice  que estan  hechas
para darlas de bofetadas, caras que piden el cachete. ;No  se , podria  describir  un  tipo  de  mujer  que  pide  la  violacion?  En S' il braile, liJchele, Chester Himes describe esk mecanismo de modo notable. La  opulenta  rubia desfallece  en  cuanto  el negro se aproxima. Pero no tiene  miedo,  porque  la  fabrica  estii llena de  blancos . . .  Asf,  pues,  se acuestan juntas.
En mis tiempos de militar pude apreciar  el  comporta­ miento de algunas mujeres blancas en tres o cuatro paises de Europa ante los negros, durante unas vela<las de baile. Casi siempre, las mujeres amagaban un movimiento de huida, de retirada,  el  rostro  sinceramente  horrorizado.  Sin  embargo, los
 
""  Ibid.,  pags.  58  y  18.    21  Hestiard ,  op.  cit., pllg. 38.
zi    pag. .
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negros que las invitaban . habrian sido incapaces, aunque lo hubiesen queri<lo, de hacerlas objeto de! mas insignificante trastorno. El comportamiento de las mujeres en cuesti6n se comprende claramente si lo situamos en el piano de lo ima ginario. En reali<lad, la negr6foba no es mas que una  socia sexual putativa, de la misma manera que el negr6fobo es un homosexual  reprimido.
En  relaci6n  con el negro,  ef ectivamente,  todo  tiene lugar
 
rosis. La inquietud sexual es predominante en  este caso. Todas las mujeres negr6fobas que hemos coriocido tenian una vida sexual  anormal.  Sus maridos  las frustraban ; o bien  eran viudas
que no se atrevian a sustituir .al difunto '·tambien abandonadas por sus esposos o divorciadas : todas dudaban ante ·una nueva
inversion espermatica. Todas proveian al negro de poderes que otros (maridos, a.mantes epis6dicos ) no poseian. Ademas, in­ terviene  un  elemento  de  perversidad,   reminiscencia  de  la es­
 
en  el  piano  genital.  Hace  unos  aiios  dabamos  a  entender  a unos   amigos  con  los  que   discutiamos   que,  en  terminos   gene-
 
tructura   inf anti!:  iDios  sabe algo  terrorifico  (23) .    .
 
c6mo hacen el amor ! Debe ser
1
 
. rales,   el  blanco  se  comporta   con  e]  negro   como _ el  hermano mayor  con  el hermano  recien  nacido.  Luego nos hemos  enter.ado que el americano Richad  Sterba  comparte  tambien  este criterio. Desde  el  punto   de  vista   fenomeno]6gico   habria   que  estudiar una  doble  realidad.  Se  tiene  miedo  de!judio  por  su  potencial capacidad  de  apropiaci6n   ("Los  judios")   estan  en  todas  par­ tes. Bancos,  bolsa,  gobierno,  todo  esta infestado  de  judfos.  Rei­ nan  por  doquier.  Pronto  seran  due:fios  de  todo  el  pais.  En  las oposiciones  y  certamenes  pasan  por  delante  de los  "verdaderos" franceses.  Dentro  de   poco   har§.n  la  ley  para  todos  nosotros. Hace  poco,   un   compaiiero   que  prepara   oposiciones   para   la Administraci6n  nos  decia : "Bien  dices,   se  apoyan.  Por   ejem­ plo,  cuando  Moch  estaba  en  el ·poder  nombr6  a  una  cantidad aterradora  de  yoiipins   para  cargos  publicos".  En  el campo  de la  medicina  la  situaci6n  es  semejante.   Todo   estudiante  judio recibido  en  una  oposici6n  es  un  "enchufado".  Los  negros,  por su  parte,  tienen  la  potencia  sexual.  j Imaginese  usted ! iCon  la libertad de que disponen, en plena  selva ! Da la impresi6n  de que
 
Existe una expresi6n gue finalmente ha terminado ero­ tizandose : un atleta negro Hay en ella, nos conf esaba una mu­ ier joven, algo que conmueve el coraz6n.  Una  prostituta nos dijo en  cierta ocasi6n que, al principio,  la  idea  de  acostarse
con. un  neFo  le  producia   orgasmo.  Los  buscaba,  sin  siquiera  . ped1rles   dmero.  Pero,   afiadia,  "dormir  con  ellos  no  resultaba · mucho  mejor  que con  los  b!ancos.  Yo  llegaba  al  orgasmo  antes
de!acJo.  Pensaba   (imaginaba)   todo  lo  que  podrian   hacerme, esto  s1  que  era  formidable".
i,No  obedece  el blanco  que  detesta  al negro  -seguimos  mo­ viendonos   en   un   piano   estrictamente   genital-  a, un    senti­ miento. de  impot_e  ia  o  de  inferioridad  sexual ? En  el  supuesto de un  ideal  de  v1rihdad  absoluta,  ino  deberfamos  hablar  de  un eomeno   de   ?isminuci6n   respecto  de! negro,   percibido   este ultimo  como  SJmbolo  falico ?  i No  seria  el  linchamiento  de  un negro  una  venganza  sexual ?  Sabemos  la  carga  sexual  que com-

En  :eI  trajo  de  J:  Marcus  kiemos  ]a  opini6n  seglln  Ia  cual la
 
estan  hacienda  el  amor  en  todas  partes  y  a  todas  horas. Son
 
neuross  soc1al  o,  s1  se :pr€fiere1
 
el com:po:r:tamiento .a.normal ante el Otro,
 
seres  genitales.  Tienen  tantos  hijos  que  ni   los   cuentan.   No hay  <J.Ue   fiarse   de  ellos   porque  nos   inundarian  de  mestizos.
Decididamente, todo va ma!. . .
El gobierno y la Administraci6n copados por ]os judios. Nuestras  mujeres  por  los  negros.
Porque el negro tiene un vigor sexual alucinante. Es el termino que conviene ; es conveniente que este vigor sea alu• cinante. Los psicoanalistas que reflexionan sobre la cuesti6n des­ cubren  sin  demasiad:,s  dificultades  el caiiamazo  de_ toda neu-
 
cualqu]tra  qu;.   ea,   revela   relacion2S   est:r.echa:s·  con   la  r;ituc.ci6n   indivi­ d?al:    El, an_al1s1s   de  los  cueionario3  pUso   de  n1anif iesto  que  los  jndi­ v1"?-0S  mas, 1ntensmnte·  ant1sen1tas  pertenecian   a  lti,s  e3tructuras   fa­ rnhres  mas  confhct1vas.   Su  antiscmitismo   era  "una  reacei6n   a   deter­ m1nad3:s .fn1strac1ones   sufridas :n  ;I  reno   del   medl.o   fantlliar.    Lo   qtl'e rev:la     1n  clararn-e-nte   que  los   J nd1os  son   objeto   de   sul:_.stituci6n   en   ,el ant1sem1t10010,   es  el   hecho   de  que   unas   situacion,es   fan1iliar:c-a5   il?uales·, sobre  la  base  de  una  circunstB.nci.as   locales   erlP'endran  el  od.io   a  k>s  ne­ gros,  el  anti:atoHcismo  o  el  antisemitismo.  Fused  decirs-e  :per  consig-niente que,   .contz,ar1.am.ente   a   lo,  que,    pina  Ia   ms,yoria,    es   la   actitu.d   la   que halla  un  conten1do   y  no  este  ult!n10  el  qu€   crea   una  acttiud",   ( Op.  cit .,
pagina  2112) •
 

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portan las serv1cias, las torturas y los  golpes.  Para  eonven­ cerse ba2.ta  reker  unas  cuantas  paginas  de! marques  de  Sade. l Es real la superioridad  de! negro ?  Todo  el mundo  sabe que no. Pero lo importante no esta  aqui. El  pensamiento prel6gico de! f6b:co ha decidido que si fuese (24 ) . Conoci a otra mujer con fobia al negro tras la !edura de J'irai cracker sur vous tornbes. Intentamos mostrarle la irracionalidad de su posici6n haciehdole ver que las victimas blancas eran tan m6rbidas como el negro. Ademas, le dijimos, no se trata de  reivindicaciones  negras, como podia suponerse por el titulo, puesto que  su  autor  era Boris Vian. Nuestros esfuerzos fueron vanos. Aquella mujer no queria oir nada. Quienquiera que haya leido el libro compren­ dera facilmente la ambivalencia que expresa esta fobia. Cono­ cimos un estudiante negro de medicina que no se atrevia a rea­ lizar ningun reconocimiento vaginal  a las enf ermas que iban  a la consulta de] servicio de ginecologia. Un dia  nos  dijo haber oido estas pa!abras de una consultante : "Hay un negro ahi den­ tro. Si me toca le doy una bofetada Con esta gente nunca  se puede estar segura. Debe tener manos· grandes y, ademas, se­ guro  que  es  un bruto".
Si queremos comprender psicoanaliticamente la situaci6n racial, concebida no ya g!obalmente, sino a· traves de concien­ cias  particulares,  habremos  de  conceder  una  gran importancia a los £en6menos irraciona!es. Cuando se trata de!judio, se piensa en el dinero  y  sus derivados.  En  el  caso  de! negro,  se piensa en el  sexo.  El  antisemitismo  es susceptible  de racionalizaci6n en el piano de  los principios.  Los judios  son peligrosos porque se anexionan un pais tras otro.  Recientemente,  un compaiiero nos decia que, sin ser antisemita, se veia obligado a  constatar. que la mayoria de los judios que habia  conocido  durante la guerra se habian comportado como unos cerdos. Intentamos inutilmente llevar!e a admitir que esa conclusion era conse­ cuencia d. una voluntad predeterminada de detectar la esencia de!judio  en cualquier  parte  que  pudiese hal!arse

24 Desde la 6:ptica de Ch. Odier seria ,mas exacto decir "paral6gico": "Podrla proponerse e,l termino de 'paral6gico' cusndo se trata de regre· si6n_, es decir, de procesos  y desarrollos  :propioS  de! adulto''.  ( L'angoisse et  la  pens6e   magique,  pig.  95) .

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En el piano clinico recordamos  la  historia  de  una mujer joven   que   presentaba   sintomas  de   delirio  al  tacto,   lavandose
una  y otra vez las manos y los brazos  desde que le  presentaron
a  un israelita.
Ci:Jmo   Jean-Paul  Sartre   ya  ha  estudiado   magistralmente el : problerna   de!  antisemitism 0,   intentaremos  nosotros  aproxi­ rnarnos al  problema_ de  la  negrofobia.  Esta  fobia  se situ.a  en  el piano  de!  instinto,  en  el biol6gico.  En  el limite,  diremos  que  el negro -su  cuerpo-- molesta  ]a llenaz6n  definitiva  de! esquema pcJstural   de!  blanco,   en  el  momento,  naturalmente,   en  que  el negro  hace   si.J   aparici6n   en  el  mundo  fenomenal   de!  blanco. No  es este  el  lugar  de  pasar  revista  a las  co:ilclusiones  a las que hemos  Uegado  en  nueBtras   investigaciones   sobn  la  influencia que  tiene  para   un   cuerpo   la  irrupci6n   de  otro  cuerpo.   (Su­ pongamos,   por   ejemplo,   un   grupo   de  cuatro -muchachos   de quince  aiios,  deportistas  mas  o  menos  declarados.   En  el  salt{) en  alto,  uno  de  los  muchachos  salta  1 metro  48  centimetros.  Si surge   un   quinto   que  salta  1,52  los  cuatro  anterioreS'   sufren desestructuraei6n.)   Lo  que  nos  importa  es  mostrar  que,  con la  aparici6n   de!  negro,   comienza  el  ciclo  de  lo  biol6 gico  (25) .

.:::;s:  Seria   interesante   preguntarsc,   en   base   a   la    noci6n lacaniana ded.  estadio  del  espejo,   hasta  que punto  la  iniago   del  semeJante  edif icada
en la joven :blanca a  la  edad  apropiada  no  sufr-e  un.a  ag,-rcsi6n intaginaria en eJ .m.omento en que apa:riece el negro. Cuando se ha conrprendido este proooso, descr-ii? ·por La.can, ya no puede caber duda  de  que  el v-erdadero Otro de! Blanco es percihido al ni-viel de la  in1agon  corporal,  absoluta­ mente como .el no-yo., es <leek, lo no-ic1entifica,bl, lo no-asi-milable. Por nuestra. parle, mostramos que las r-e-alidades econ6rnicas ei hist6ricas son para el negro lineas de c6n1.:puto.  "El reconocimiento .qu-e el  sujeto h::: ce
d.e su propia imagen en ,el espejo, dice Lacarn, es un fen&meno doblemente significativ-0 para el an3.lisis de este estadio; el f1;n&.ne110  aparece des­ pueis de los seis n1eses, y su e::;tudio en· ese preciso n10:11ento revela de manera conclu.yente y dmootrativa las ten-dncias qu.e constituyen la rca­ lidad del sujeto en ese momento; la in1agen especular, de-bido  preci..sa­ mente a esta.s afinidades, ofrece un  excel,entc  slmbolc  de  dicha  realidad; de 5:u valor afec,tivo, ilusorio co1nO la in1ag-0n, y de su estructura ; y tambien es un ref lejo de , la f orma hum-ana.." ( EncJj:J lopedie frari.,ca,ise , 8-40,  9  y   10).
Este  deseubrimiento  es  fundamental,  con10  veremos:   siempre  quc el sujeto :percibe su in.1.eige11 y la saluda, ach1ma a.I n"iismo tien1po, de alguna manera, <Ila unidad m-ental que le es inher.e.nte. En patologia mental, :por cjem:plo, en lo:; ca-sos de d€.lirios alucinatorios o de in-terpr,e..
 

 

I
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A ningun antisemita se le ocurr,irii la idea de  castrar  al judio. S€ le mata o se le esteriliza. Al  negro  se  le  castra. El pene, simbolo de virilidad, es aniquilado, es decir, negado. Fii­ cilmente se percibe la dif erencia estre estas dos  actitudes. El judio se ve afectado en su personalidad confesional, en  su historia, en su raza, en las relaciones que mantiene con sus antepasados  y  sus  descendientes ; en  el  judio  que  se esteriliza

 
taci6n,  se  comprueba  siem'Pte  un   r-espeto   haoia   esita   ima,gen  de  si.   En otras ,pa.:Jahras,  hay  una  cierta  arn1onia  estructural,  una  totalidad  del  in­ dividuo  y  de las construcciones  que  el transita,  y esto en  todos  los  estadios del  COill'POIta.miento   delirante.   Apart.e  de  que  podria  atri1buirse  osta.  fide­ lidad  a  10s  contenidos  af.ectivos,  ta.mbien   ·c-0nviene  sefi.alar   una   evidencia que   seria  acientif_ico   desconocer.   Siempre  que  hay   convieci6n   deirante hay   ta1nbiE!n   reproducoi6n   de   si.  El   otro   interviene,   sobre   todo.1    en  el
:p;er1odo <l.e inquietu-d y desconfianza descrito por Dide y Giraud. Por consiguit!nte,  no  es  asombroso  £,ncontrar  el  negro  representando  u?  pa-p-el de  :si:lltiro  o  asesino.  Ahora  bien,   ya  no  hay  lugar  para   el  extranJero     (el
€Xtrafi.-0, el otro) en .el .periodo de 6istematizaci6n cuando s:e elabora la certidumbre... En Ultima  .i.nstancia, por lo demiis,  no dudaremos  en decir  -que  el tema  del negro  en algunos  delirios  ( y  cuando  no €S central)
:figura al lado de otros fen6mienos! tales coono las zoopsias. Lhermitte ha descrito la -enrancipaci6n  de  la imagen  coPporal.  En  clinica  es,to  se deslgna con el nombr,e de heotoscopia. Lhermitte  dice  tambien  _que-  la  insta.nta­ neidad  de  Ja  a'Parici6u  de  este fen6meno  no  deja  de  ser  alta.mente  curiosa. Se produce incluso entre las persona-s normales (G.oethe, Taine, etc.) . Af ir­ mamos que ,en el antillano la alucinaci6n especular es siempre neutra.  A quie,n,es  nos  hnr.  dicho  haberlo   observado   personahnente   1es  pregunta­ mos: "z De que oolor? Yo no tenia ningU.n color". Este :prooeso se- repite igualm,er.te en las visiones hi1Pnag6gica,s y, sobre todo, en lo que  desde Dnham.el,  se  llama  la  .isalavinizaci6n".  No  soy  yo  en   tanto   que  negro quien  actUa, iPiensa  o ,es-  aclamado  1bajo Jas -06v.edas .. .
A   quie-nes   les   interese  estas  conclusiones    C?nsejaimos _la  lectura de
&].{J'unas composiciones f ra,nc€'Sas de nifios fl.n,t11lanos de d1ez  a catorce afios. Al tema propu;ezto "In1presiones antes de marchar de vaaci_ones" responden como autE!ntiCOij nifios p:::·,,:isinos;  obs€rvense  los s1,gu1entes temas:    .
"I\1e  gustan  las  vacaciones   porque  podria   cor1'er  ipor   el  caan,po, res­
pirar   aire  'PUro  y  ,po-nerme  las  meji11as  sonrosada.s.''   Como  puede  .verse, no   nos   ,equivoc2bamos   demasiado   al   dar   a   ent-endcr   que   los  antillanos desconocen  su  c·alidad  de  ne·gros.   Yo  tenla  l)osi1blernente  trece  aiios  cuan­ clo  vi  por   primera   vez  unos  senegaleses.    Sohre   ellos  s.ab-iia   lo   que  co­ taban  los viejos  de  1914:  "A,taoan  a  la  bayoneta  y,  -cuando  esto  n.o  fun­ rio-D n,  ca.r1-, &n.  ·uor  -entre  las  r3.fagas  de  ·an1etrell.adora   con  -el  cuch11lo  en la  .mano . .-.   Co'°rttn  las  cabezas  y  hacen  provisi6n   de  orejas''.  Estaban   de
 
se mata la cepa ; cada vez que un judio es perseguido  se per­ sigue en el a toda la raza. Al negro se le toca en su  corporeidad. Se le lincha en tanto que persona concreta. El negro es peligroso en tanto que ser actual. El miedo  a la potencia  sexual  de!  ne­ gTo sustituye al "peligro judio" . 0: Mannoni, en Psychologie de la colonisation, escribe : "For 6U cariicter revelador merece mencionarse un argumento utilizado por todos los racistas de! mundo contra. los  que  no  comparten  sus  convicciones.  Vamos a 1,er, dicen los racistas. i,Si usted tuviei-a una hija la daria en matrimonio  a  un  negro?  He  conocido  personas  aparentemente

 
f ormes con -avidez, unos unif orrnes de. los  que  habiamos  oido  hablar ; che­ chia y cintur6n rojos. Mi 'Padre reclut6  inoluso  a  dos- y  los  llev6  a  casaJ donde  bicieron  lais  delici·as  de  la  familia.    En  la  escue!a  se  alimentaba  esa
·misma  ·Situaci6n ;  nuestro  profesor  de  matem3.ticas,  teniente   de  la   reset­ va, que habia mandado en 19.14 una  u.nidad  de  tira.dores.  s-enegaleses,  nos hacia  tern:hlar  recordB.ndonos  "Cuando  rez,a.n  no  hay  que  molestarlos, porque ootonoos ya no hay teniente ni ·nada.  En  la  :pendencia  so,n  como leones, pero hay que re&J)etar &us costumhres.'' No hay !"'a.z6n; pues, para extrafiarse de que 1\1:ayotte Capecia  se  vea  blanca  y  s;onrosiada  en  sus suefios.;   digamos  que  la   eosa   es  perfectamen.te normal.
, Quiz:i  se  no-s   objete  que,  si  bien   en   el  blanco   se  produce  elaibora­ ciGn  de  la  imago  del  sen1ejante,  un  fen&neno  no  n1enos  aniilogo  deberia tener _ lugar  en  el  ,a,nti,llano,  'PUes  la  peroopci6n  visual  es  el  caiiamaz.o  de esta  .e.laboraci6n.   Pero  esto  vendri-a.  a  suponer <le  hecho  un  -olvido  de  que en  las  Antillas  la  recepci6n  se situ.a sien1pre  en  el  ,piano  de  lo  in1aginario. Insisto:  en  las  Antillas  se  percibe  el  sen1ejante   en  terminos  de  blancos. Se  dirA,  por  ejemplo,   de  una  persona  que  es  "n1uy  negro ';  es  perfecta­ mente  normal   oir  decir  a  la  m-adre  de  f amilia :  "X ...  ,es  el  m·is  negro die  mis  hijos".  Es  decir,  el  .menos ibJanco·. . .  N'o     o<lemos  ,por  monos  qu.e rapietir  la  ref lexi6n  de un  compafiero  eurapeo .a  quien  hahl!lbamos   de  este fen6-meno;   en   el  piano  hu1nano  esto  es  una   verdadera   mixtif icaci6n.  Lo repito  una  yez  m:is:,   todo  antilla.no  esta   llaimado  -a  se·r  ¢rcibido   por   su con-g€nere  con  referer:.ci,a   a  la  esen-cia  del  ,blanco.   En  las  Antill.as  circula ex;actamente  el  miBmo  mito  que  .en  l"i'ra.ncia;  en  Par:is  se <lice:  es  negro, p,ero   muy   inteli-gen.te;   en  t1arli-nica  este  .pensamient-o  se  expresa   de  la siguiente  manera.  Durante  a  guerra  iban  a  Martinica  profesores  de  Gua­ dalu;p.e 1yara  dirigir  los  exiimenes  de  bachillerato;  Hevados.  por   la  curio­ sidad  ibamo,s   ,lu::.sta  el  hotel   donde   so  hospedaba   M:..  B.,  catedri3:tico  de f ilosofia,  que  tenia   fama  <le  ser  .excesivam.ente  negro;   como   se  dice  en l\.1artinica, -no  sin  una  cierta  ironia,  aquel  n.egro  era  1'bleu''. 0, por  ejem­ p1o,  de  una  dctcrminada  :f ainili-a.  rnuy  bien  considerada:  11Son  tod-os  muy negros,     ero   est3.n   bi-en''.  Esta   f amilia   cuenta,  . ef ecti:vamente,   con   un profesor   de   piano.,   anti.go   &lumr.o   del   Conse-rv.ator.io,   un   .profesor   d.e
 
pasr,  }:-OT   j\f :::.r t11,ca,  proccde-ntes   de  La   Guayana.   Dusc6.barnos   sus   uni-
 
ciencies  na.turales  en  el  instituto f-en1enino
 
,etc.  Del  pad.re,  que todo·s los
 

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Jiada ra.cistas  perder  todo  11u  1entido  eritico  al ear  intsrrogadas en  este  sentido.  Y   es  que  este  argumento  revulsiona   en  ellos sentimientos  muy  turbios   {exactamente  incestiwsos ),  que  em­ pujan  al  racismo  •por  una  reacci6n  de  def ensa"  {26 ) .  Antes  de continuar,  creemos  importante  hacer  la  siguiente  ob8ervaci6n : en  el  supuesto  de  que  !ui.ya realmente  tendencias  inconscientes al  incesto,  l por  que  raz6n  habrian  de  manifestarse  estas  mas especialmente cuando se trata de! negro·? l En que se dif erencia, en  terminos  absolutos,  un  yerno  negro  de uno  blanco?  l N O  hay en  ambos  casos  un  afloramiento  de  tendencias   inconscientes?
l Por que no pensar, por ejemplo, que el padre  se rebela  por­ que, segun el, el negro introducira a su hija en un  universo sexual de! que el no posee la llave, las armas y los atributos? Toda adquisici6n intelectual reclama una perdida de! po­ tencial sexual. El blanco civilizado conserva la nostalgia de epocas orgiasticas, de  violaciones  no  sancionadas  o  incestos no reprimidos. Proyectando sus intenciones sobre el negro, el blanco se comporta "c01;io si" el negro las tuviese realmente. Cuando se trata de! judio el problema esta claro : hay descon­ fianza  porque  quiere   poseer   las   riquezas  o  instalarse  en los
puestos de dominio y mando. For su  parte, . el  negro  esta fl. jado a lo genital. Dos ambitos : el intelectual y el sexual. El pensador de Rodin en erecci6n, una imagen chocante  sin duda. No se puede decentemente "hacer el  duro"  por  d.oquier.  El negro representa el peligro biol6gico. El judio el peligro in­ telectual.
Tener fobia al negro es tener miedo  de  lo biol6gico. Per­ que el negro no es mas que pura ·biologia. Los negros son unas bestias. Viven desnudos. Solo Dios sabe . . . 0. Mannoni escribe : "Esta necesidad de. descubrir en los monos antropoides, en Caliban  o en los  negros,  y  hasta  en los  judios,  la figura mito-

 
dia.s pa:sea,ba ipol' el balc6n ail ·ca-eT la tarde, re d,eic·l.a que llega1)a tln mo­ rr..-ento  en  qure  ya  no  se  le  veiia . . .  Se  contaba  de  otra  iamilia residente en el ca,mpo qu,e, a.I llegar la noche y cuando  haia  col"UES  dz. fluido  e1ec trico, los nifios tenian que relr para  sefializar  u  1)1"'"-'&encia..  Los  lunes algunos funcionarios. maDtiniqueses, muy l:imrpic;.s con sus traji.s d,e tela bla.n·ca, iparecen isegUn -el simbolismo lot'.:i.l "una ciruela en un Ul.z:6.n de t-eche''.
'26  0. Mannoni, op.  cit:, plig.  109.
 
l6gica  de los  satiros,  remite  al alma  humana  a  unas  pro/1.1:niLi­ dad es  ('')   en  las  cuales  el  pensamiento  se  mueve  muy  confu­ samente  y  donde  la  excitaci6n  sexual  aparece  asombrosamente vinculada  a  la  agresividad  y  a  la  violencia,  resortes  ambos  de una  gran  potencia"   {28 ).  El  autor  integra  al  judio  en  la  gama. No  vemos  inconveniente  en  e!lo   Pero  esta  claro  que  el  negro es senor en  dicha  gama.  EI  negro  es el  especialista  de la  cues­ ti6n :  quien  dice  violaci6n   dice  negro.
Durante   tres  o   cuatro  afios   hemos  venido   interrogando a   unos  qurnientos  individuos  de  raza  blanca :  franceses,   ale­ manes,  ing!eses  e italianos.  Nos  aprovechabamos   de  un  cierto tono  de  confidencia,  de  un  dejarse  ir,  en  cualquier  caso  nues­ tra  intenci6n   era   la  de  que   los  interlocutores   no   temiesen abrirse   a  nosotros,   es  decir,  se  persuadiesen   de   que  no   nos ofendian.  0  bien,  en  intercambios  libres,  insertamos  la  palabra negro  entre  veinte  diferentes.  Casi  seis decimos  de  las  res_pues­ tas  eran  coma  sigue :
Negro = biol6gico, sexo, fuerte, potente, boxeador, Joe Louis, Jess Owen, tiradores senegaleses, salvaje, animal, diablo, pecado.
La expresi6n tiradores senegaJese:, evoca las palabras te­ rrible,   sanguinario,   fuertote.
Es  interesante  constatar   que  a  Ia  palabra  negro  mas  de! cincuenta   por  ciento  contestaron :  nazi,  S.  S.;  habida  cuenta de!  bien  conocido  valor  afe.ctivo  de  la  imagen  de! S  S.,  se ve que  la  diferencia  con  las  re.spuestas  anteriores  es  minima.  Di­ gamos  tambien  que  algunos  europeos  nos ayudaron  planteando ellos mismos  ciertas  preguntas  a sus compafieros:  la  proporci6n aument6   sensiblemente.   Hay  que   ver  en  este  fen6meno  una conse:uencia  de  "mi" calidad  de negro  cuando  preguntaba ; in­ consc1entemente,  Jos  entrevistados   en  este  senido  se  retenian.
·    El negro simbo!iza lo biol6gico. En primer  lugar,  la  pu­ bertad de los negros que sigue viviendo en su propio medio

77   Cuando  exa-n1inem.os  la:s respuestas  obtenidas gracia.s al soiiar   des­
-pierto  v.eremos  que  estas  f i:guras  mitol6gicas,  "arquetipos",  son  realmen­ W muy profund.a..s  en  el  alma  humarm.  Siem.pre  que  el i.ndi-viduo "baja", se  topa  con  el  Mgro,  concreta   o   simbOiicam,ente.
28  0. Mannoni,  op.  cit.,  iP:ig.  10,9.
 

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ambiente  comienza  a las  seis aiios ; tienen  hijos a  las diez. Son calientes,  tienen  la  sangre  fuerte ; son  robustos.  Como  nos  de­ cfa  un  blanco  hace  poco,  con  un  dejo de  amargura  en  la  voz: "Ustedes  son  temperamentos  f uertes". "Es  una  raza  esplendi­ da,  mire  usted  las  senegaleses . . .  l N o  se  ks  llam6  durante  la guerra  "diablos  negros"?   Pero  deben  ser  brutales. . .  No  me las  imagino  tocando  mis  horn.bros  con  sus  grandes  manos.  Me echo  a  temblar  de  horror.  A  sabiendas  de  que  en  algunos  ca­ sos  conviene  Jeer  al  reves  de  lo  que  dicen  las  palabras,  com­ prendemos  a  esta  mujer  tan  cfelicada :  en  el  fondo,  le  parece muy   bien  que  el   neg-ro   le  martirice  sus  delica dos  hombres. Cuando  se  pronuncia   la  expresi6n   (citamos  a  Sartre)   "joven judia", se  percibe  un  tuf illo  imaginario  de  violaci6n,  pillaje . . . Y  al  reves,  podriamos  decir  que  en  Ia  expresi6n  "esnlendido negro"  hay  una  "posible"   alusi6n   a  f en6menos  semejantes  a las  que  se  rcfiere  Sartre. Siempre  me  ha  dejado  un  tanto  per" p!ejo  Ia  rapidez  con  que  se  pasa  de!"hermoso  muchacho  ne­
gro" a "potrillo", "semental". En el film Le  d euil  sied  a Electre
una buena parte de la intriga se basa. en  la  rivalidad sexual. Orin reprocha a su herrnana Vinnia el haber admirado a Jos esplendido3 indigenas desnudos de la isla Amor. No se Io per­ dona "'·
El analisis de Jo real es un empefio delicado. Un investiga­ dor puede adoptar dos actitudes en relaci6n con su  objeto.  0 bien se contenta con describirlo, a la manera de Jos anatomis­ tas que  se quedan  mudos  de  asombro  cuando  se Jes pregunta,

29 Sefialemos, no obstante, que  Ii:..  situ.clOn  es  ·ambigua.  Orin  tiena celos tambien dael prometido de su hermana. D-esde el ipunto de -vista psicoanalitico  la  acci6n  se  presenta   as}:   Trin  es  un  abf,ndonista   fijado a la madre e incapaz de  realizar  una  -verdadera  invers;On  objetal  de su libido. vease, por ejemiplo, su coJ!l po_rtaimiento -para ccn su ,nr.etendida prometida. Vinnia,  fijada  -por  su '.parte  al padre,  .der.-Iuest.1 a  a-  Orin  quo su  madre  le  traiciona.  F'ero cuidado  con  equivocarse.  Vtnnia   acttla   en tan.to que instancia  aCU5atoria  (-proeeso  introyecci<i·nal).  Ante  la  evi­ dencia de l,a traici6n. Orin mata a.l riv.al. La ·ma..dre, Al' accionari(t!J n-ente, se suicida. La libido de Orin, que precisa ::er inverrtida  de  la  1nisma  ma­ nera, se desvia hacia Vinnia. En su  com-portami-e11to  y  ha.sta  en  su apa­ recer. Vinnia, en efecto,  substituye  a  l,a  -madre.  De  suerte qu'e  -y en es.to reside una· de las m.ejores  realiz.acione-s  del  film-  Orin  vive  un Edipo  incestuoso.   Se  comprende   tan1J:iien  .que   Orin  conmueva  al   viento
 
en plena descripci6n de una tibia, por el numero  de depresio­ nes anteperonales que poseen. Y es que en su investigaci6n, nunca se trata de ellos, sino de las otros ; al principio de nues­ tros estudios de medicina, al cabo de algunas sesiones nausea­ bundas de disecci6n, pedimos  a  un  veterano  que  nos indicase el medio de evitar dichos trastornos. Nos resnondi6 sencilla­ mente : "Hombre, haz coma si disecases un gato y  todo  irii sabre ruedas . . .". 0 bien,  despues  de  haber  descrito  Jo real, se propane  entonces  cambiarlo.  En  principio  por  otra  parte, la intenc)6n de describir parece implicar  un 'anhelo  critico y, par lo m1&mo, una exigencia de superaci6n hacia alguna solu­ ci6n. La literatura oficial o anecd6tica ha creado demasiadas h!storia d_e negros para  que .podarnos pasarlas  par  alto. Pero s1 nos hm1tamos a reunirlas  no  avanzarernos  en  nuestra ta­ rea, que es la de mostrar su mecanismo. A nuest:ro juicio, Io esencial no    s acumular  hechos  o  comportamientos,  sino · ex­ traer su senbdo. A este respecto podriamos  remitirnos  a Jas­ pers cuando escribe : "La comprensi6n profunda  de  un  solo caso nos permite muchas veces, fenomenol6o-icamente una apli­ caci6n general a innumerables casos. Ocu;e a mendo que Jo captado una vez se ·descubre de nuevo en seguid a. Lo que importa en fenomenologia no es tanto el estudio de multit ud de casos coma la comprensi6n intuitiva y profunda de algunos casos particulares" 30 La  pregunta  que  se  plantea  entonces  es la siguiente: l Puede comportarse el b!anco sanamente con el negro ? l Puede el negTo comportarse sanamente con el blanco ? Esto es una pseudo pregunta y un pseudo problema, diran algunos. P1;ro cuando nosotros decimos que la cultura europea posee una imago de! negro responsable de todos las conflictos que nacer puedan,  no rebasamos  Jo  real.  En  el  capitulo sabre el lenguaje indicamos que en la pantalla los negros  reprod u­ cian fielmente esta  imago.  Incluso  hay  escritores  serios  que se  hacen  eco  de  esta  imago.  Michel   Cournot  escribe : "La es-

 
con sus la:mentaciones y reproches al anunciar:oo el matrimonio ,d:e su hermana. .Ptero. en la lucha con el .prometido Orin ex.perimenta sirnul-ta­ n?ame!1te senti.minto y af-e.ctividaii; en e,l oaso d.el negro.,  de  los, esiplen­ d1dos  1ndigenas, .el conflieto ..BS  sitU.a  en ,el 'Plano gen.ital, biolOgico.
-o  Karl  Jas,pers,  Psychopathol-O gie   ginBrale,  pag.  40.
 

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pada de! negro es una espada. Cuando ha  pa3ado  a  tu mujer por  su filo ella ha sentido  algo. Es nna  revelaci6n.
"Para ponerse a sus anchas sin complicaciones Jes queda el aire libre. Pero una dnra afre1ita Jes aceclm: la de la palme­ ra, la de! iirbol de pan y de tantos fieros temperamentos que no se achicarian por un imperio, erectos como estiin por toda la eternidad y a unas altnras a pesar de todo dificilmente accesi­ bles" 31
Cando se leen estos parrafos diez  veces  y  uno  se  deja ir, es decir, cuando nno se abandona al movimiento de las imiige­ nes, ya no se percibe el negro, sino un miembro : el negro queda eclipsado. 1Se ha hecho miembro. Es pene. Podemos imaginar facilente lo que semejantes descripciones pneden provocar  en una Joven lyonesa. i, Horror ? i, Deseo ? En todo ca.so no indife­ rencia. Ahora bien : i, cual es la verdad ? La longitnd media de! pene entre los negros de Africa, dice el Dr. Pales, rebasa muy contadas veces los  ciento  veinte  milimetros.  Testut,  en  Trai­ te d' anatomie humaine, indica ·las mismas  proporciones entre los europeos. Pero se trata de hechos que no convencen· a na­ die.. El blanco estii co_nvencido de que el negro  es una  bestia  ; y s1 no es por la Jong1tud de su pene, sera por el vigor sexmal que le d sazona. Ante este "diferente  de  el"  necesita defender­ se. Es decir, caracterizar al Otro. El Otro sera entonces el so­ porte .de sus preocu paciones y deseos '"·La prostituta  a que nos
= Martinique,  Collection Metam-0I?hoses, GaUi111ard, :inigs.  13-14.
 
ref eriamos ' antes, nos decia que w biisqueda de Joa negroz da­ taba de!dia en qne le  contaron  la  signiente  historia : nna mu­ jer perdi6 la raz6n la noche en  que  se acost6  con  un  negro ; loca durante dos aiios, pero, nna vez curada, se neg6 a  dormir con otro hombre. La· prostitnta no sabia que fue lo que volvi6 loca a esa mnjer, pero intentaba rabiosamente reproducir la situacion, descubrir aquel secreto qne participaba  de  Jo inefa­ b]e. Hemos de comprender que dicha mujer  queria  una  ruptu­ ra, una disolnci6n de sn ser en el piano sexual. Todas las ex­ P=riencias con negros consolidaban sus limites. El delirio or­ gasmico se le escapaba. No podia vivirlo, de modo que se ven­ gaba  lanziindose  a la especulaci6n.
A este respecto merece la pena mencionar un hecho : una blanca que se ha. acostado con un negro acepta dif ici!mente un amante blanco.  Por  lo menos,  esta es una  creencia  que  hemos
podido  constatar  sobre todo  en los  hombres:  "z Quien  sabe lo
qne ellos Jes dan ?". En efecto, z quien lo sabe? Evidentemente, ellos no. No podemos silenciar esta observaci6n de Etiemble : "Los celos raciales incitan a los crimenes de! racismo ; para muchos hombres blancos el negro es precisamente esa mara­ villosa espada que, de atravesar a sns mujeres, las transfigu­ raria para siempre. Mis Servicios de estadistica no me han proporcionado documentos a este respecto. No obstante, he co­ nocido algunos negros. He recibido las suficientes conf idencias para considerar lamentable qne Cournot vigorice  con  su  ta­ lento  una  fii.bula  que el blanco  utilizarii  sin  duda como argu-
 
.  . .      Algun_os   a_utores_  -ha    ntentado  -y   al  haoerlo  aceytan  los   pre.. Jwc1os  (en  el  sentido_  et1molog-1co) -  demostrar  el  porqu0  el .blanco  com­ prende  tan  !ln-:U  la  V'l.da  sexual   d!el  negro.    A.si,  [P-odemos  leer  en  De  Pe­
drals un J)asaJe qua, aun expresando ciie:ritam-ente la verdad, deja sin em­ bargo   de  lad  las  causas  profundas   de  Ia   "opini6n"  blanca :  "El  nifio  ne­
o. no ex.penmienta soripresa ni vergiienza 1ante las ma.nifestacioiles ge· noo1ca.s, pues v,e en ellas io que }"'"a sabe de antemano.  Es -bastante  evi­ d:nte, si_n n:-OCesid de _recurrir a las su:til'ezas del i)Si006.nalisis qu:e esta diierencra t1en1e 1ncuest1ona.:bles repercur.nonies e.".'l la '1!.':'2.nera cl-e pens-2.r y por tanto, de actua.r.  Como  el aeto ,sexuail.  se lo ,pr.esentan  cc-mo  la  cosa mas natural, la. mis  nec0t-n.endable  incluso,  habida  cuenta  del  fin  qu-e  con 01 se persigue (I,a f,ecundaci6n) , el af r'licano tendr8.  present.e  toda  su vida esta noci6-n, mientras que -el eurQ?€o conservarii, tarnrb-ien dura:utle. toda eJ@eri"encia hariin desap:ar;ecer i)Or C.Ci!In:plclo. Aisi, el africailo es.ta p·ie­ dispu-esto ,a C'ons.id.erar su  'Vida  sexual  como  un  simple  aspecto  dee  su vida  psicol6ic-a,   c.0010            comer,   el   1beber,   el   dormir.  . .   Una conoopci6n
 

 
de esOO  tio excluye  por  comipeto,  es f3.eil  verlo,  las  tortuosidades  en  que se  han  enfra.ngado  los  espjrjtus  europeos  .para  con-ciliar  Las  tend,encias  de su  vida,  un  inconsciente  COmplejo  de  cuptahilidia.d   qu,e  ni  l,a  raz6n   ni  la un,a.  ccmciiencia  ,to,rlura<la,  una  raz6n  vacilante  y  un  instinto        rimido  y entorpecido.    De  donde  se  dreri:via  una  dife:rencia   fundar.nenta,1,   n-0   de  na­ tura=leza  o  de  con.s.tituci6n,   sino  de  conceyciOn;  -die  ahi  ta-mbien   cl  hecho de  qu:e  el  :instinto  genesico-,     riv-ado  de  la  a.u1oeol,a.  con  que  lo  rod,ean  los monume:ntos  de  nuestre.  literatura,   no   seai  en  l1a   vida.   dal  africano.,   en a:bsoluto,  -el  elem-ento  do.mir:.ante,   y  si  en   la  nuestra,   lo  cun1  es  :precisa­ m·ente  lo   contrario   de  las  afirmacion-es  de  muchos,   dema,siados   observa­ dores  dispuestos   a.  ezplicar   lo   que  ha.n   visto  recu..rriendo   ezclusivamente al  antilisis de  si  mismos   (a)".  (La.  vie  aexuelle  en Afrique,  noire,  piginas.
28-29).
11.) El •ubrayado .. nuestro.
 

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mento  especioso :  inconfesable,  turbio,  o  sea,  dos  veces. efi­
caz" 00•
Tarea  colosal  acometer  el  inventario   de  lo  real.   Amasa­ mos  hechos, _I    comentmos,  pero  par  cada  linea  escrita,  par cada  ·propos 1c10n  enunciada,   experimentamos   una   impresion de falta  de  p!enitud.  Denunciando  a  Jean-Paul  Sartre   Gabriel d'Arbousier  escribe:  "Esta  antologfa  que  equipara   atillanos, senegaleses,  guayaneses  y malgaches  crea  una  lamentable con­
.fusion.  Plantea  e]  problema   cultural  de  las   pafses   de  ultra­ mar  hasiendo  abstraccion  de  la  realidad  historica  y  social  de cada  pa1 ,  de  las  caracterfsticas  nacionales  y  condiciones   di­ ferens   mpue.sts a  cada  uno  de  ellos  par  la explotacion  y  Ia opres10n 1mperiahstas.  Cuando  Sartre  escribe : "El negro  afir­ ma,  par  el ·simple  ahondamiento  en  su  memoria  de  antiguo  es­ clavo, que  el  dolor  es  una  heredad .particular   de  las  hombres de    dos  las  hombres,  y  que este  dolor no es  menos  inmerecid e n!  un  caso  particular",  ;, se  da cuenta  de lo  que  esto puede
s1gmficar para un hova, un moro, un peulh o un bantu de  Con­ go o de  Costa  de  Marfil?" 34.
. Es3: objeci6n es viilida.  Tambien  nos  afecta.  Al  princi­ p10,  qms1mos acantonarnos  en  las Antillas. Pero  la dialectica a toda costa, recupera sus derechos ·tuvimos que reconocer ver' que el antilano es, ante todo, un egro. Sin embargo, n po dria_mos olv1dar que hay negros de nacionalidad belga, france­ sa, mglesa ; hay tambien republicas negras. ;, Como pretender captar una esencia cuando hechos  semejantes  se nos ofrecen tan exigens? La verdad  es que la raza  negra  esta  dispersa, no posee umdad. Cuando se prod ujo la invasion de Etiopia par las fuerzas de! Duce las hombres de color amagaron un movi­ miento de  solidaridad.  Ahora  ·bien, el hecho  de  que America
envfase uno ·o dos aviaries a los agredidos no debe ocultar este · oro : ningun negro dijo esta boca es mia priicticamente y efec­ tivamente. El negro posee una patria, forma parte de la Union Francesa  o de la Commonwealth,  o de cualquiera  otra  Union.

1
ru  ' Sur  •le  Martinique   de  .Michel   Cournot",   Ternps   11-fodernes,    fe­
brero 1950.
64    ariel d'AI'lbouis.iler, uun-e dangeureus-e mystification: la theorie de  la negritude'',  La  N ou.ve lle  Critique,  junio 1949.
 
Toda descripcion  ha  de  situarse  en el  piano  de!f en6meno,  pero en nuestro  caso  somos  remitidos  a perspectivas  infinitas.  Hay una  ambigiiedad  en la  situaci6n  universal  de] negro,  ambigiie­ dad  que, no obstante,  se resuelve  en su existencia  concreta.  Par esta  via  se vincula  en cierto  modo  con el  judio.  Contra . las  obs­ tiiculos  alegados  lfneas  arriba  nosotros  nos  remitiremos  a  una evidencia:  vaya  dond e  vaya,  un negro  es  un negro.
En  algunos paises los.negros  han asimilado  su cultura.  Co­ mo  dejiibamos  supciner  hace  un  momenta,  nunca  se  concederii demasiada  importancia  a  la  manera  coma  entran  en  contacto las nifios  blancos  con  la  realidad  del negro.  En  America,  par ejem plo,  el joven  blanco,  aunqu no viva  en el Sur -donde tiene ocasiones  de  ver  negros  en  concreto-,  tambien   las  conoce  a traves  de!  mito  de!tio  Remus.  En  Francia  podriamos  evocar La Case  de l' Oncle  T om. El chiquillo  de Miss Sally y Mars John escucha  con  una mezc!a de temor  y  admiraci6n  las historias- de Brer  Rabitt. Bernard Wolfe  considera esta ambivalencia percep­ tible  en  el blanco  la  dominante  de  la  psicologia  blanca  ameri­ cana.  Apoyiindose   en  la  biograf ia  de  Joel  Chandler,   Harris Uega  incluso  a  sefialar  que  la  admiraci6n  corresponde  a  una cierta  identificacion  del  blanco  con  el  negro.  Ya   sabemos  de que  se  trata  en  estas  historias.  Hermano  Lapin  entra  en  liza con  casi  todos  ]os otros  animales  de la  creaci6n y,  naturalmen­ te   siempre  resulta  vencedor.  Estas  historias  pertenecen   a  la trdici6n  de  las  negros  de las  plantaciones.  No  es  dificil  iden­ tificar  al  negro  bajo  ese  disfraz  extraordinariamente  ir6nico y  receloso  de!conejo  (lapin ). Para  defenderse  de  su propio ma­ soquismo inconsciente  --que les  pide  se  extasfen  ante las proe­ zas  de!conejo  (negro)-,  los  blancos  han  intentado  quitar  a estas  historias  su  potencial  agresivo.  De  esta  manera  han  po­
dido declrse  a  si mismos Que  "el negro  hace actnar a los  ani­
males en un ord en infei· ior de inteligencia, el que es capaz de comprend er el pro pio  negro.  El  negro  se siente naturalmente en contacto mas  direoto  con  los  "anima!es inferiores"  que con el hornbre blanco, el cual es superior a el en todos los sentidos, Otros han dicho, ni mas ni menos, que estas historias no eran reacciones  contra la condicion  que sufrian  las negros  en Ame-
 
142    143
 
ica,  sino 1>ura  y  simplemente  reminisceneias  africanGll  . Wolfe nos  da  la clave  de  estas  interpretaciones:  "Es  totalmente  evi­ dente,  dice,  que  Hermano  Lapin  es  un  animal l)orque  el negro tiene qu2  ser  un  animal ; el conejo  es  un  extrafio  porque  el ne­ gro tiene que  ser considerado  extrafio  hasta  en  los  cromosomas. Desde  los primeros  tiempos  de  la  esclavitud  su  cull)abilidad  de­ mocratica   y  cristiana,   en  tanto   que  propietario   de  esclavos lliwaba  al  Sudista  a  definir  al negro  como  una  bestia,  un  afri cano  inalterable   cuyo  caracter   estaba  inscrito,   f ijado,   en  su protoplasm.a  por  genes  "africanos".  Si al negro  se  le  asignaba, como lug.ar propio,  el limbo, no  era porque  asi lo quisiese  Ame­ rica,  sin9  PW<1ue   habia  heredado   la  fof erioridad  constitutiva de  sus  antenasad()s  de  la  jung]a" .  Asi,  el  Sudista  se  negaba a  ver   en  estas  hitorias  la agresividad  que  en  ellas  ponia  el n°."ro. Pero, dice Wolfe,  Harris  el compilador  era un psic6pata : "Era   parHcuiarmente   apto  p_ara  este  trabaj o,  porque   estaba carvado  hasta  reventar   de  obsesiones. raciales  patol6gicas   de­ rivadas  de las que roian  el Sur y, en menor  grado, toda la Ame­ rica  blanca . . .  En  verdad,  tanto  para.  Harris  como  para  mu­ cho  otros  a:mericanos  blancos,  el  negro  parecia  en  todos  los sen:,idos  un  ne.wtivo  de su  propio  yo  ansioso : despreocupado, sociable,  elocuente,   muscularmente   templado,   jamiis   victima del  aburri!Y'iento,  ni  pasivo,  exhibicionista,  sin  vergiienza   sin cnnmfseraci6n para ccns:iv,o rnismo en su situaci6n de sufrirn.fento intenso,  exuberante . . .".  Pero  Harris  tuvo  siempre  la  impre­ siiln  de ser  a1Ruien  disminuido.  Wolfe ve  igualmente  en el  a  un frustrado.  3unque  no  segun  el  esquema  clasico.  La  imposibili­ dad  de  existir  segun  el  modo  "natural"  de] negro  reside  en  su misma   esenda.  No  se  t.rata   de   una  prohibici6n,   sino  de  un imuosible.  No  se le  prohibe  esa forma  natural ; es  simplemente
irrealiza)Jle  pam  el. Y, precisamente  porque  el blanco se siente
frustrad0  por  e! negro,  intentarii   en  revancha  frustrarlo,  en­ c0rrsnd0!es  rn prohibiciones  de  todas  clases.  Una  vez  mas,  el bl.anco  es  victima   de  su   inconsciente.   Sigamos  escuchando   a Wolfe:  "Las  historias  de Remus  son  un  monumento  a  la  ambi­ valencia  del  Sur . . .  Harris,  arquetipo  del  sudista,  buscaba  el amor  de!negro  y  pretendia  haberlo  obtenido   (el  grin  de  Re-
..,,.,-
 
mus) 05• Pero; al mismo tiempo, buscaba el odio al negro (Her­ mano Lapin), convirtiendolo en un  puro  entretenimiento, en una orgfa inconsciente de masoquismo . . ., castigandose, qui­ za, por no ser el negro, la esterotipia de] negro. el "donador" pr6digo. L No podria ocurrir que el Sur blanco, y quizii la ma­ yor parte de la America blanca, actue muchas veces de esta manera en  sus relaciones  con  el  negro ?".
Hay  una  busqueda  de]  negro,  se  reclama   al  negro,  no  se puede(n)  pasar  sin  el  negro,  se le  exig:i,  pero  se  le  quiere  sa­ zonado  de  una  cierta manera.  Desgraciadamente,  el negro  des­ monta  el  sistema  y  viola  los  tratados.  l Se  rebe!a  el blanco  en­ tonces ?  No,  se  acomoda.  Este   hecho,  dice   Wolfe,   explica   el porque  son  best  sellers  tantas  obras  que  tratan  de  cuestiones raciales 35.    "Evidentemente,   nadie   esta   obligad o   a  consumir historias  de negros que  hacen  el amor  a  las b!ancas  ( Deep  are the  roots,  Strange  fru.it, Onele  Remus),  de blancos  que  descu­ bren  ser  negros   ( King sblood  royal,  Lost  bound ary,  Oncle  Re­ mus) , de blancos  estrangulados  por  negros   ( Native  son;  If   the hollers,  let  hi1n  go ;  Oncle  Remus ) ...  Podemos  empaquetar  y exponer  en  gran  escala  el  grin  de]  negro  en  nuestra   cultura popular  como  un  manto  encubridor  de  ese  masoq uismo : la  ca­ ricia  azucara  el ataque.  Y,  como  lo  indica  el  one!e  Remus,  el juego  de  razas es en  este  caso,  en  gran  parte,  inconsciente.  El blanco   deja  de  ser  consciente  .de  su   masoquismo   cuando  se regocija   con  el  sutil  contenido  del  grin  estereotipado;  lo  mis­ mo  le  ocurre  .al  negro  con  su  sadismo  cuando  convierte  la  es­ tereotipia  en  garrote  cultural.  0 quizii  menos" '17.
En·America, bien lo vemos,  el  negro  crea  historias  donde le es posible ejercer su agresividad ; el inconsciente de] blanco justifica   y  valoriza  esta  agre3ividad  desviiindola   hacia  el, re-

1;:5 El personaje Tio Remus. oo una c1·.e:aci6n do H,arris. La pt"esen­ taci6n de este  vi,ejo  esclavo  dulzC-n y  melanc61ico,  con  su  eterno grin, es  una  de  las  im.igenes  del  negro  americano  mas tipicas.
rn Veanse tambi€-n los nurnerosos films negroo d0 la llltn1a decad.a.
No obs-tan"ba  los ipro<luctor.es  son t-odos Olancos,
ar Bernard Wolf,e, 'L'oncle Remus et son lapin". Te1nps M odern.es,
mun.  43,  mayo 1949.
 
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produciendo de esta rnanera el esquema clasico de! rnasoquis­ mo LSll.
Ya estamos en condiciones de poner un jal6n. Para la ma­ yoria de los blancos el negro representa el iustinto sexual (no educado). El negro encarna la potencia genital por encima de toda moral y prohibici6n. Por una autentica inducci6n, las blancas sittian normalmente al negro en la puerta impalpable que va a dar al reino de !os ,,sabbats, de las Bacanales, de. las sensaciones sexuales alucinantes. . . Remos puesto  de reheve que lo real encierra todas estas creencias. Pero todo esto se instala sabre el piano de lo imaginario,  o bien,  si se  prefiere, en el de lo paral6gico. El blanco que atribuye al negro una influencia rnalefica regresa desde el punto de vista intelectual, puesto que ya dijimos que correspondia a una edad mental de ocho aiios (ilustrados . . .) . i No se produce simultanearnente regresi6n o fijaci6n  en  unas  determinadas  fases pregenitales de la evoluci6n sexual ? l Auto-castraci6n ? (El negro es capta­ do con un miembro espantoso). iAcaso una pasividad que se explicaria por el reconocimiento  de la  superioridad  de] negro en terminos de  virilidad  sexual ?  Ya  se  ve  la  gran cantidad de preguntas que seria interesante hacer. Hay hombres, por ejemplo, que van a ciertas "casas" para hacerse azotar por ne­ gros; homoxuales pasivos que necesitan  socios negros.
Otra  soluci6n  podria  ser  la  siguierite : en   primer   Jugar, hay  una agresividad  sadica hacia el  negro,  a continuaci6n  com­ p!E,jo  de  culpabilidad  a  causa  de la  sanci6n  que hace  recaer  so­ ore este comportamiento  Ia cultura  democratica  de! pais  consi­ derado.  El  negro  soportaria  entonces  esta  agresividad,  de  ahi el rnasoq uismo.  Pero,  se  nos  dira, su  esquema  es  falso,  no  hay en todo  esto ninguno  de  los  elernentos  de! masoquisrno  c!asico.

00 Es corriente oir  en  America 1 cuando  se  roclama  la  em-ancipa­ c1on de los n-e!?'Tos : ,es.tan .esperando ,esa ocasi6n l)ara 1anzarse sobre nuestras .mujer. Como el hlanco oo  co.mporta  die  un,a  manera  insu1tante con el . negro, se da cuoenta do que Cl, de estar en el Lugar .del ,negro, no tendria ninguna piedad par.a con sus opresores. Tarnpoco es nada sor­ prendiente ver a blancos identific3.ndose  con el  negro:  orquestas  hot  blan­ cos cantantes de b lues, espiritu..ales  escritore:s  blancos  produciendo nove­ las.1 en las que el heroe negTO formula sus dolencias, blaneos ernbadur­ n:indose de '11Jegro.
 
Puede ser, en ef ecto, que e ta situaci6n no sea clasica. De to­ das formas es la unica manera de ex.plicar el comportamiento masoquista del blanco.
Desde  un punto  de  vista  heuristico,  s.in  presunci6n  alguna respecto   de  la  realidad,   nos  gustaria   proponer   una   explica­ ci6n  de!  fantasma : un  negro  me  viola.  Desde  los  estudios  de Helene  Deutsch "9   y  Marie  Bonaparte 4°,    que  remprendieron  y en 'cierto  modo  llevaron   hasta  sus  ultimas   consecuencias   las ideas  de  Freud  sabre  la  sexualidad  femenina,  sabemos  que  la mujer,   a!ternativamente   clitoridiana,  clitorido-vaginal,   luego vaginal  pura  --conservando  de  una  manera  complicada  su  li­ bido   (concebida  como  pasiva),  y  habiendo  superado  su  doble comp!ejo  de  Edipo  y  su  agresividad-,  llega,  al  term.ino   de su  progresi6n  biol6gica  y  psicol6gica,  a  la  asunci6n  de  su  pa­ pe!,  que  realiza  la  integraci6n  neur6tica.  No  obstante,  no  po­ driamos  silenciar  algunos  casos  fallidos  o  determinadas  fija­ ciones.
A la fase clitoridiana cortesponde un comp!ejo de Edipo activo, aunqtie segun Marie Bonaparte no haya sucesi6n sino coexistencia de! activo y el pasivo. La desexualizaci6n de la agresividad en la nifia es menos total que en el muchacho 41• El clitoris es concebido comb pene en n1iniatura ; no obstante, re­ basando lo concreto, la muchacha s6lo retiene la cualidad. Efectivamente, la muchacha aprehende lo real en terminos cualitativos. Y al igual que en el muchacho existiri\n en e!la compulsiones dirigidas hacia la madre ; tambien ella querra destripar  a  su  madre.
Ahora  bien,  nosotros  pregpntamos  si,  junta   a  la  realiza­ d6n  definitiva  de  Ia  feminidad,  no  habria  tambien  persisten­ cia  de  este  fantasma   infantil.  "En  una  mujer,   una  aversion excesivamente   intensa   de  los  brutales  juegos   de! hombre  le­ vanta  la  sospecha  de  una  bisexualidad  excesiva  y  de  una  pro­ testa  "macho".  Una  mujer  de.  este tipo  tiene  posibilidades  de

Psycholog y   of  women.
-40  De  la Be xv.alit6  de  la femme.
41 Marie Bona,,arte, 'De  la  sexualite  de la  fen1me",  Revue, franca-ise de  Paycha.naiyse,   abri-l-junio  1949.
 

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ser una clitoridiana" 42• Veamos  ahora  lo  que  pensamos  noso­ tros sabre el particular. En primer lugar, la niiia ve al padre golpear a un niiio  rival  (el  padre  es  libidinoso  agresivo).  En este estadio (cinco a nueve afios) , el padre, convertido en polo Jibidinoso,  se  niega  en  ci€rto  modo  a  asumir  la  agresividad que · el inconsciente de la nifia  exige  de  el.  En  este momenta, esa agresividad ' liberada, sin soporte, reclama  una  inversi6n. Como es precisamente a e:Sta etlad cuando el nifio penetra en el folklore y la cultura  bajo  la  forma  que  todos  sabemos,  el ne­ gro pasa  a  ser  el  depositario  predestinado  de  esta agresividad. Si nos adentram.os  mas  en  el  laberinto,  constataremos:  cuando Ia mtijer vive el fantasma de la violaci6n por un negro, ta! vi­ gencia es, de alguna manera,  la realizaci6n  de un  suefio perso­ nal, de un deseo intimo. Realizando el fen6meno de  la vuelta contra si misma, la mujer se viola a si misma de la misma  ma­ nera. Encontramos la prueba cierta de esto en el hecho, nada extrafio, de que la mujer diga a su  pareja  durante  el coito: "Hazme dafio". En rea!idad, expresan esta idea : hazme  daiio, coma yo me (lo)  haria  si estuviese  en tu  lugar.  El  fantasma de la vio!aci6n por el negro es una variante de esta representa­ ci6n : "Deseo que el negro me destripe coma yo haria con una mujer". Admitiendo nuestras conclusiones sabre la psicose­ xualidad de la mujer blanca, se nos podria preguntar cuales pro­ ponemos para la  mujer  de  color.  No  tenemos  la  menor  idea. Lo unico que podemos adelantar  es  que,  para  muchas antilla­ nas, a las que llamaremos yuxta-blancas, el agresor. viene re­ presentado por  el senegales-tipo, o en todo  'caso por  un  inferior (o considerado  coma  ta!).
El negro es el genital. l Se acaba aqui la historia ? Des­ graciadamente, no. El negro es otra cosa. Una vez mas, volve­ mos al judio. El sexo nos separa, pero tenemos a!go en comun. El y yo  representamos  el  ma!. El negro,  mas,  por  la sencilla y poderosa raz6n de que es negro.  l No se dice, en el  campo de! simbolismo, la Justicia Blanca, la Verdad · Blanca, la Vir­ gen Blanca ? Conoci un antillano que, hablando de otra per­ sona decia : "Su cuerpo es negro, su  Iengua  es negra, su  alma

42  Ibid.,  pag.  180.

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tambien debe sel' negTa". Esta 16gica la realiza todos los dia . . . el blanco. El negro es el simbolo de] Mal y lo Feo.
Henri Baruk, en su nuevo estudio de psiquiatria "', des­ cribe lo que llama  las psicosis  antisemitas.
"En uno de  nuestros  enfermos, la  groseria  y  obscenidad de! delirio superaban todo lo que la  lengua  francesa  es  capaz de contener, y presentaba, ademas, alusiones evitlentemente pederastas « cuya  vergiienza  intima  rechazaba  transfiriendola a la cabeza de turco de! jud io, contra los cuales reclamaba una masacre. Otro enfermo, alcanzado de una crisis delirante favo­ recida por los acontecimientos de 1940, presentaba un brusco delirio de interpretaci6n antisemita tan  violento  que,  halliin­ dose en·cierta ocasi6n en un hotel, y sospechando que el  viajero de la habitaci6n pr6xima era un judio, se precipit6 sabre el por la noche mientras dormia con la  intenci6n  de  matarlo  a gol­ pes . . .
"En otro caso,  un  enfermo  de  constituci6n  fisica misera­ ble,  con  colitis  cr6nica,  se  sentia  humillado  par  su mala salud,
·    que atribufa a un envenenamiento producido por un "caldo bacteriano" que le habrian dado segun el los enfermeros de! establecimiento en el que estuvo anteriormente, enfermeros. anticlericales y comunistas, decia, que le castigaron asi por sus opiniones y convicciones cat6licas. Cuando lleg6 a nuestro ser­ vicio, creyendo haber escapado de un "personal sindicalista'' debi6 pensar que habia caido de Caribdis  en  Escila,  pues  se enter6 de que estaba en manos de un judio. Este judio, por de-

.., Masson,  1950,  pag. 371.
44   Mencionemos   ra:p.idamente  que  no  nos  ha  sido  dado comp1'0ba.r  Ia presencia  manifiesta   de  ;pe.de:::-astia  en   J\.1artinica.   En  ello  hey  que  ver una.  consecuencia   de   1a  ausencia  de   Edipo  en  las   Antillas.   Ya  conooe­ m-<?8  tod_os  el  esquema   del  hon1osexualismo.   Recorden1os,   sin  ernbargo,   Ia eX.1stenc1a   de  lo   que  en  nuestr.  tierra  S'C   llarrnan  uhombres   vestidos   de se.fioras".  o  umi   con1.adr.e".  Por  lo   p;eneral  U.eva!l   una  chaf'U3tilla   v   una falda.   Pero  estamos  convencidos   d,e  que  llevan   una  vi<la   Se>...  al  nrmal. Behen  el  ponche  como  el  mej<)r  bu.en  mozo  y  no  son  in-sensibles  a los  en­ eantos   de   las  mujeres   (son   comerciantes   de   pescado,  legumbres,   etc.). En  camhio,  he  eonooido  en  Eure.pa   algunos   co-mpafieros-  que   sia  hicieron ipederastas,  aunque  pasivos.  No. oe  trataba  en  a-bsoluto  de  tm  homosex:ua­ lismo  neur6tico,   sino  de  un  simple  expedi0nte,   como  lo  es  para  otros  el convertirse   en  rufiaD..

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finici6n, no podfa ser otra cosa que un bandido, un monstruo, un hombre capaz de todos los crlmenes".
Ante  semejante   marea   de  agresividad,  ese  judio  habra
de tomar posici6n. Aqul esta toda la ambigiiedad que describe Sartre. Algunas paginas de Refle xiones sobre la cuesti6n jud f.a son de las mas hermosas que hayamos leldo nunca. Las mas hermosas porque el problema que manifiestan nos afecta en las entraiias 45•
El   judlo,   autentico  o  inautentico,   cae  bajo  . el  golpe  de! "'cerdo". La  situaci6n  es ta! que todo lo que  hace  esta  llamado
a volverse contra  el. Porque, naturalmente, el judio  se escoge, y hasta llega a veces  a olvidar su calidad  de judio,  a ocu)tarla o a ocultarse de ella. En este caso admite como valido el siste­ ma de! ario. Hay el Bien y el Mal. El  Mal es  judio.  Todo lo que es judfo es feo. No seamos, no, dejemos de ser judios. Ya no soy judfo. Abajo Jos judfos. Llegado el caso, son los mas agresivos. Como ese enfermo de de Baruk con mania persecuto­ ria, quien, viend<ile un  dia con la estrella amarilla,  le mir6  de
arriba  abajo  exclamando  con desprecio : "iPues yo,  seiior,  yo .

4l5 Nos refer:in1os ,princi.paJm,en-te  a  estos parrafos:  'A,sJ. es, pues,
,e.s.te  homb11e,  a-corralado,  cond-einado  a ele,girs'e  sabre  la  base  de- falsos
·problemas y en una situaci6n  falsa,  privado  del  sentido  m:etafisico por 1a amenazadora bostilidad de la Socieda.d que le rodea, reducido a un ra-cionalism-o  alimentado  '.POr   la  desesperaci6n.   Su  vida  es  simplemente
·unia  larga  huida  ante  l·os· otros  y  .ante  si  mismo,  se  le  ha. alienado hasta.
·su propio  cu-erpo. sie  h:a  cortado  ien  ,d-os  su vi,da afectiva,  Ndueiendolo  a
·un  sim.·ple  prosegufr   en  un  mundo  que  le  rechaza  el  suefi.o  inposible   d<e una  fraternidad  universal.  i .De  quien  es  Ia  culpa?· Son  nuestros  ·ojos  los que   le  devu-elve-n   la  im.agen   inaceprtahle   que  pr.e'bende   d!simularse   a  si rnis,mo.   Son  nuestros  .palabras  y  nuestros  gestos  -toda.s   nuestras  pa.la.­ bras  y  todos  nuestros  gestos,  nuestro   a.ntis0mitismo,   y  -tambien   nuestro liber-alismo  condesoondiente -  lo  qu.e  le  iha   envenenado  ha  la  medula: somos   nosotros   quienes   l,e  oblig-amos   a  escogerse  judio,   bien  se  huua,  o bien  ge  reivindique,  somoo  nosotros  loo·  qne  le  hiem-os  reducido   al  di1ema. de  la  inautenticidad   o  de  la   autenti-c1dad . . .   Esta   esipecie   de   hombres, testimonio  del  hombre    m:is  que  ninguno  otro.  llor  haber  nacido  de  reac­
ciones  secundarias  e.n  el  interior  de la  huirrranidad,  e.sta  quintaesencia de
homlbre desgraeiado, diesenraizado, origin-almen;f:ie abocado a la inauten­ ticidad o al martirio. :t,..Jo hav un.o Bolo de entre  nosotros  que  no \Sea  en estas  cir.cunstancias,  totaimente  culpable  y  hasta  criminal;  la  sangre judia  que  los  nazis  derramaron  r-ecae  sobre   todas   nuestas  cabezas'' (pags.    177-178) .

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soy frances !". 0 ·esta paciente: "En  tratamiento  en  el servicio de nuestro colega el Dr. Daday, hallandose en  un pabel16n  en el que una de sus correligionarias  habfa  sido  objeto  de burlas y reflexiones derngradables por parte de otras enf ermas, una enferma no j udf a sali6 en su defensa. La  primera enferma trat6 entonces a la que sali6 en def ensa de los judfos con des­ precio prof iriendo contra ella toda clase de columnias antise­ mitas  y pidiendo  que  la  separaran de la  citada judia" •s.
Un excelente ejemplo de fen6meno reaccional. El judio, para reaecionar contra el antisemitismo, se hace  antisemita. Esto es lo que seiiala Sartre en Le Sursis, donde Birnenschatz llega a vivir su reniego con ta! intensidad  oue acaba bordean­ do el de!irio. Ya veremos por que esta palabra no es demasiado fuerte. Los americanos que van a Paris se asombran de ver a tantas blancas con negros. En Nueva York una vieja <lama llam6 al orden a Simone de Beauvoir, que paseaba con Richard Wright. Sartre decf a : aqul es el judlo, allf el negro ; lo que necesitan es una cabeza de turco. Baruk dice lo mismo: "La li­ beraci6n de los complejos de odio no se conseguira si la huma­ nidad no se decide a renunciar al complejo de cabeza de turco''. La Falta, la  Culpabilidad,  el rechazo  de esta culpabi!idad,
la  paranoia,  nos  encont'ramos  en  terrenos  de!homosexual.  En resumen,  lo que  otros  han  descrito _ con relaci6n  a los judlos  se aplica  perf ectamente  al  negro 47•
Bien,Mal,  Bello-Feo,  Blanco-Negro :  estas  son  las  parejas caracterlsticas   de! fen6meno  que,  remedando   a  Dide  y  Gui­ raud,  llamaremos  "maniqueismo  delirante" 48•
Ver solo un tipo de negro, asimilar el antisernitismo a l a negrofobia, tales  parecen  ser los errores  de analisis cometidos

46  Baruk,  op.   cit .,  p3.gs. 372-373.
47 A este respecto Marie Bonaparte escribe :  "Los  antisemitas  pro­ yiectan sohre  el  judfo, - atribuye-n  cl  judio,  totlos  sus  malos  .instintos mas o m,enos inconscientes.. .. De esta manera los ca.rigan sobre sus esipaldas, lavA.ndose lim,p.iamente las n1anos y a.pareci.-endo finalmente a sus propios ojos y  consideraci6n  radia:c.-tes  d-e :purnza.  El  judio  se presta  a maravilla a ser una proyecciO!Il del Di-ablo . .. Los negros en America asumen igual­ mente  esta  misma  funci6n   de  fijaoi6n . . ." (Mythes  de  guerre,  pag.   145,
num. 1).
48  Psychiatrie   du,  m€decin  pratic·ien,  Masson,  19°22,  p3.,g. 104.

151.
 

 


 
en los anteriores desarrollos. Cierta persona con la que habl:!i­ bamos de nuestro trabajo nos pregunt6 que  esperabamos  del mismo. Desde el decisivo  estudio de Sartre, g Que es  literatura? ( Si.tuaciories II) , la literatura se empefia cada vez mas  en su tarea fmica y verdaderamente  actual,  que  consiste  en  conse­ guir que la colectividad pase a la reflexion y  a  la meditaci-0n  : este trabajo quisiera ser un espejo  de  infraestructura  progre­ siva en el que podria descubrirse el negro ·en vias de desalie­ naci6n.
Cuando  ya  no  hay  ni  siquiera  el  "minimo  humano"   tam­
.poco hay  ya  cultura.  Poco  me  importa  saber que  el  "Muntu  es
·    Fuerza''  entre  los  bantus 49,   aunque esto  podria  haberme  inte­ resado  de  no  ser  por  determinados  detalles  que  me  fastidian. Las  meditaciones  sobre  la  ontologia  bantu  significan . . .  cuan­ do  se  leen  cosas  como:  "Durante  la  huelga  de  setenta  y  cinco mil  mineros  negros  en  1946 la  policia  de!Estado  oblig6  a  los huelguistas  a  culatazos y  bayonetazos  a  remprender  el trabajo. Hubo  veinticinco  muertos  y  varios  miles  de  heridos.
"Smuts  era  por   entonces  jefe  de! gobierno  y  delegado   en
I    la  Conferencia   de  la  Paz.  En  las  granjas   blancas  los  trabaja­
dores viven casi como siervos. Pueden llevar sus familias, pero ningun  hombre  puede  salir de  la  granja  sin  autorizaci6n  de!
i        sefior.  Si  lo  hace,  se  advierte  a  la  policia,  y  es  reducido  a  la fuerza  y  azotado . .·.
"En virtud de! Acta sobre Administraei6n indigena, el gobernador general, en su calidad de jefe  supremo, tine pode­
!   .    res  autocraticos  sobre los africanos.  Puede,  por un  simple de­ creto suyo, detener a cualquier africano considerado  pelig_ros,o
para la tranquilidad publica, prohibir en cualquier sector  md1- gena reuniones de mas de diez personas. No hay habeas corpus para los africanos. En cualquier momento pueden produc1rse detenciones  en  masa  y  sin  orden judicial.
"Las  poblaciones  no  bla ncas  de  Africa  de! Sur  estan  en un  callej6n  sin  salida.  Todas  las formas  modernas  de la  escla­ vitud  Jes  impiden  escapar  a esta  calamidad.  La  sociedad  blan­ ca  ha roto  el antiguo  mundo  de!africano  sin darle  ninguno  de

R. P.  Too,pels,  La  phiwso phie  bantou.e.
 
recambio, ha destruido las bases tribales tradicionales de su existencia e impide ahora el camino de!porvenir tras haber cerrado la ruta de! pasado . . .
"El apartheid pretende prohibirles  (al negro)  participar en la historia moderna en tanta que fuerza  independiente y libre" 50•
Nos   excusamos   por   traer  a  colacion  este  largo .extracto, pero  es  qtte. nos  permite  poner   en  evidencia  a!gunos   posibles errores  negros.  Aliun  Delop,  por  ejemp!o,  en  su  introduccion a  La  philoso phie  bwitoue,  sefiala  que la  ontologia  bantu  no  co­ noce  la  miseria  metafisica  de  Europa.  La  inferencia  que  saca de  este  hecho  es,  sin  embargo,  peligrosa : "La  doble  cuestion que se plantea  consiste  en saber  si  el genio  negro  debe cultivar lo  que  nutre su  originalidad,  esa  juventud   de!  alma,  el respeto innato  de! hombre  y  lo  creado,  la  alegria  de vivir,  esa paz  que no  es  en  absoluto  desfiguracion  de! hombre  impuesta  y  sufrida por   la  higi-sne  moral,   sino  armonia   natural  con  la  majestad dichosa  de  la  vida . . .  Tambien  cabe  preguntarse   por   lo  que el negro  puede  aporiar  al mundo  moderno . . .  Lo  que  podemos decir  a  este respecto  es  que  la  nociiin  misma  de cultura,  con­ bida  como  voluntad  revo!ucionaria,  es  tan  coittraria  a  nuestro genio  como  la   nocion   de  progreso.  El  progreso   solo   hubiese obsesionado   nuestra   conciencia   si· hubieramos   tenido   a!gun agravio  contra la  vida,  data natural". iCuidado ! No  se trata  de descubrir  el  ser  en  el pensamiento  bantu,  por  cuanto  la  exis­ tencia  de los  bantues  se  situ.a  en  el  piano  de! no-ser,  de lo  im­ ponderable "'· Por  supuesto,  la  filosofia  bantu  no  se  deja  com­ prender  a  partir  de  una  voluntad  revolucionaria,  pero  esto  es asi  en  la  medida   en  que  -teniendo  presente  que  la  sociedad bantu  es  cerrada-  no  hay  en  ella  esa  sustitucion  de!explota­ dor  en  las  reladones  ontologicas  de  las  Fuerzas.  Ahora  bien, sabemos   de  sabra  que  la   sociedad  bantu  ya  no   existe.  Y  la segregacion  no  tiene  nada  de  ontologico.  Ya  basta  de  este  es­ ciindalo.

50  I. R.  Skine.  Apartheid en Afriq  du  Sud'',  Te1npa Moderne:,
julio,  1900.    ,     -l  •·,_;;)., -i:._  i ll
61  vease,   por  ejemplo:   Pleure,  ·6  pays  bien-aim6,  d,a  Alan  Paton.
 
 

 

 
f
Desde hace algun tiempo se habla mucho de! negro. Un poco demasiado. Al negro  le gustaria  que  le olvidasen, ·a fin de  reagrupar  sus  fuerzas,  sus  autenticas fuerzas.
Un dia dijo:  "mi  negrura  no  es ni una torre . . .".
Y  se han  puesto  a  helenizarlo,  orfeizarlo. . .  a  este  negro que  busca  lo universal.  iQue  busca  lo universal!  Pero  en  junio de  1950 !os hoteles  de Paris  se  negaban  a  alojar  a  los peregri­ nos  negros.  l Por  que ?  Pues  sencillamente  porque  los  client es anglosajones   (ricos  y  negr6fobos,  como  todo  el  mundo  saw) podian  marcharse.    .
El negro mira hacia lo universal, pero en la pantalla se mantiene  intacta  su  esencia  negra,  su  "naturaleza" negra:

"siempre servid or
siempre  obsequioso y sonriente
yo, sin robar nunca, nunca mentir, ete.rnament_e ietl rico platano! . . .".

El negro se universaliza, pero en el ·liceo Saint-Louis de Paris se despidi6 a uno  de ellos  porque  tuvo  la  imprudencia de leer  a Engels.
Hay en todo esto un drama, y los intelectuales negros co­ rren  el riesgo  de  dejarse cazar  en  sus redes.
l C6nio? l Apenas acabo de abrir los ojos que me habian tapado y ya me quieren ahogar en el universal? l Y los otros ? Los que no tienen "boca en absoluto", los  que  no  tienen "voz en absoluto . . .". Necesito perderme en mi negritud, ver los despojos, las segregaciones, .las represiones,  las violaciones, las discriminaciones, los boicots. Necesitamos tocar con el de­ do toda  las llagas  que  rayan la librea negra.
Ahi tenemos a Aliun Diop preguntandose ·cual sera la po­ sici6n de! genio negro en el coro universal. Ahora bien, deci­ mos que una verdadera cuitura no puede nacer en las condi­ ciones actuales. Se hablara de genio negro  cuando el hombre do toda las  llagas  que rayan  la  librea uegra.
Una vez mas recurriremos a Cesaire ; quisieramos que se inspirasen en el muchos  intelectuales negros. Tambien  convie-

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ne que yo mismo 'me repita: "Y, sobre todo, mi cu.erpo, lo 1;1-is­ mo que mi alma, guardaos de cruaros de brazos en astitud esteril de espectador, porque la v1da no es un espectaculo, porque un mar de dolores no es un proscenium, porque un horn: bre que grita  no  es un  oso bailando . . .".
Continuando  con  el  inventario  de  lo  real  y  esforzandome por  determinar   el  momenta  de  la  cristalizaci6n  simb6lica, _me encontre  un  dia,  de m.cdo  natural,  en  las  puertas  d la  ps1co­ logia  jungiana.  La  civilizaci6n   europea  se  caractenz  por  la presencia,  en  el  seno de lo que  Jung  llama  el  Inco.nsc(ente  co­ lectivo,  de  un  arquetipo : expresi6n  de  Jos. malos  _111:mtos,  de lo  oscuro  inherente  a  todo  Yo,  del  salvaJe  no   c1v1hzad o,  de] negro  que  dormita  en todo blanco.  Jung  afir:na haber    ompro­ bado en Jos pueblos  no  civilizados la presenc1a  de la nusma  es­
.tructura  psiq uica  que  reproduce  su  diagrama.  Personalmente,    ·' pienso que Jung se ha  excedido.  Por  otra. parte,  todos  los  pue­ blos  au-a  conoci6 -indios,  pueblos  de  Arizona  o negros. de  Ke­
nia en  Africa  Occidental  britanica-  tuvieron  contactos  mas o menos traumaticos con los blancos. Dijimos mas arriba que, en sus hondas fantasias, el joven antillano jamas  es negro ; lo que nosotros hemos int1;ntado_ es mo.strar a qu corresponde este fen6meno. Jung situa el mconsc1ente colectivo en la sus­ tancia: cerebral heredada. Mas, sin necesidad de recurrir a las genes, el. inconsciente colectivo es sencillamente el con.iunto de prejuicios, mitos, actitudes colectivas de n ,grupo deter­ minado.' Se ha dicho, por ejemplo, que  los J ud10s  mstalados en Israel crearfo en menos de cien afios un inconsciente colec­ tivo diferente de] que tenian en 1945 en los paises de los que fueron  expulsados.      .
En el plano de la  discusi6n filos6fica  se suscita  con esto el viejo problema de! instinto J' el habito ; el instinto e es innato (ya sabemos a que aterrernos respecto de esta mna­ teidad") invariable, especif ico ; el habito que es adquirido. A este respecto habria que demostrar sin mas que  Jung  con­ funde instinto y habito. Segu.n el, en efecto, el inconsciente colectivo es solidario de la estrucura cerebral, y los mitos y arquetipos engramas permanentes de la especie. Esperamos haber demostrado que esto no es asi en absoluto y que, en   rea-

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!idad,  e5te  inconsciente  colectivo  es  culturnJ,   es  decir,  adqui­ rido.   Un   joven    campesino   de  las  Carpatos   viviendo   en   las condiciones  fisicas   de   la   region  se  encontrara   un  dia  pade­ ciendo  un  mixedema ;  de  la  misma   manera,   un   negro   coma Rene  Maran,  habiendo  vivido   en   Francia,  respirado   e   ina-e­ rido   los  mitos   y   prejuicios   de  la  Europa  racista,  asimil;tlo el  inconsciente   colectivo  de  esta  Europa,  tendra   que  consta­ tar,   si  se  desdobla,   su   odio   al   negro.  Veamos   one  fortuna consigue  esta  idea :  en  Eu1·opa   el   11f, al  estci.  1·epreieni:ado   por el  negro.  l Se  comprende?  Hay  que  ir  suavemente,  ya  lo  sabe­
 
caverna, caramba, esfo surna familiar, concuencia quiza de "nuestros padres los galas . . .". Creo aue nos 11emo-s de  volver un  tanto  nifios  para  comprender  algu;as  realidades piquicas. En esto Jung es un  innovador : quiere  bucear  en  la  J uventud de! mundo., pero se equivoca de modo singular : no pasa de la juventud    de Europa.
En Io mas profundo de! inconsciente europeo se h elabo­ rado un "sedir11ento" exc-esivamente negro, donde dorn11tan los impulsos mas inmorales y los deseos menos co:r.fesables,. Y como todo  hombre  asciende  hacia  la  blancura  y  la  luz,  el euro]JeO
 
I'    mos,   pero   no   deja  de  ser  dificil.   El  verd ugo   es  el   hombre
 
ha  tenido  a  bien  rechazar  ese  no  civilizado  que  intentaba pre­
 
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negro,  bien  se  aplique  esto  a  la  suciedad  fisica  o  a  la  morat Habria   grandes   sorpresas   si  nos   tomaramos   la  molestia   de reunir   la  gran  cantidad  de  expresiones  que  hacen  de! negro el  pecado.   En  Europa,   concreta   o   simb6licamente,   el  negro representa   el  !ado  malo   de  la   personalidad.   Mientras   no  se haya  comprendido  esta  proposicion  nos  condenamos   a  hab!ar en  vano  sobre  el  "problema  negro".  El   negro,   lo   oscuro,  la sombra,  las  tinieblas,  la  noche,  los  laberintos  de  la  tierra,  las prof undidades  abisa!es,  manchar   (de  negro)   la  reputacion  de algui€n ; y  en el  otro !ado : la  mirada  c!ara  de  la  inocencia,  la blanca  paloma   de  la  paz,  la  luz  maravillosa,   paradisiaca._  Un magnffico  nino  rubio :  icuanta  paz  en   su  expresion,   cuiinta alegrfa  y,  sabre  todo,  cuanta  esperanza !  Nada  en  comun  con un  magnifico   nifio   negro:  literalmente  es   una  cosa  ins6!ita. De  todas  maneras,  me  absuelvo  de  remitirme  ahora  a  las  his­ torias  de  angeles   negros.   En  Europa,   es  decir,  en   todos  !os paises   civi!izad os  y  eivilizadores,   el  negro  simboliza  el  peca­ do.   El  arquetipo  de   los   valores   inferiores  esta   representado par  el  negro.   Esta   antinomia   es  precisamente   la  que  se  en­ cuentra   en   el  sonar   d espierto   de  Desoille.   l Como   explicar, por  ejemplo,  que  el inconsciente  represente  las  cualidades  bajas o  inf eriores  con  un  color  negro?  En  el  caso· de  Desoille  --en el que,  sin  juego  de  palabras,  la  situacion  es  mas  c!ara - se trata  evidentemente  de  bajar  'o  subir. Cuando  bajo  veo  caver­ nas,  g-rutas  en  donde  danzan  salvajes.  Es  importante  no  eaui­ vocarse  a este  respecto.  Es  una  de  las  sesiones  de! .soiiar  des­ pierto  que  nos  comunica  Desoille,  vemos  a  unos  g-alos  en  una

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servarse.  Cuando  la  civilizaci6n  europea  entro  en contacto. co el  mundo  negro,  con  estos  pueblos  de  salvajes  eran  el  prmc1- pio,  la  genesis  de!ma!.
Jung  asimi!a  regularmente  exotica    (extranjero)   a  oscu­ ridad   a  mala  inclinaci6n   y  tiene  toda  la  raz6n.   Este  meca­ nism  de  proyeccion  o,  s{se  prefie:re,  de  transiivismo,  ya  lo ha  descrito  el  psiccanalisis   clasico.   En  la  med1da  en  que  yo descul>ro  en  mi  algo  insolito,  reprendible,  solo  me  queda  una soluci6n :  dcsembarazarme   de  ello,  atribuir  su  pate:nidad   a otro.   De  esta  manera  pongo  fin  a  un  circuito  tensional   que podria  comprometer _mi  equilibrio.     n  el  sofia'.  despierto,  hay que poner  mucho  cmdado  en  las  primeras  se10nes, P?rque  no es bueno  que  Ia  bajada  se  acometa  con  demasiada  rap1dez .. Es necesario  que  el  sujeto   conozca   los  m:canisII;OS  de  sl:>hma­ cion  antes ·de! menor   contacto   con   lo  mconsc1ente.    S1  en  la primera   escena   apa:rece   un  negro   hay  que  desha.cerse   de  el inmediatamente ;  para  elio,  propogase  al  sujeto   una     calera,
una   cu,3rda,   o   invitesele   a  dejarse  llevar   en   una   hence.  El negro,  con  toda  seguridad,  se queda en  su  aguje o.. En  E_uro­ pa  el n:egro tiene  su funci6n: representar  los  sentnruentos  mfe­ riores   las  malas  inclinaciones,  el  !ado  oscuro  de!alma.  E_n  el
incon;ciente  colectivo  de! horno  occid entalis  el negro,  o .s1 :ie
prefiere, el color negro,  simboliza  el ma!, el pecado,  la m1seria, Ja muerte, la gu&rra, el hambre. Todas las aves de prsa son negras. En Martinica, que es un pals europea por  su mcons­ ciente colectivo, se dice (cuando un negro "bleu'' te hace una visita ) : "A  ver  que  <fasgracia  nos trae".
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Sin embargo, el inconsciente colectivo no es herencia cere­ bral. Es Ia consecuencia de Io que yo ilamaria Ia imposki6n cultural irreflexionada. For tanto, nada asombroso hay en el hecho de que un antillano, sometido al metodo de! sonar des­ pierto, reviva los  mismos fantasmas que  un europeo.  Es   que el antillano tiene el mismo inconsciente colectivo que el europeo.
. i se_ ha_ entendido· lo anterior ya podemos enunciar Ia con­ clusion s1guiente : es normal que el antil!ano sea nezr6fobo Mediante el incnsciente colectivo, el antillano ha hecho suyo todos los arquetipos de! europeo.  El anima  de! negro antillano es casi siempre una blanca. Igualmente, el animus de Ios anti­ llanos es siempre un blanco. Porque  ni  Anatole  France  ni Balac ni ninguno otro de "nuestros" novelistas mencionan esa muJ er negra    aporosa y,  sin embargo,  presente,  ni  el sombrio Apollon de OJOS centellantes . . .! Pobre, he sido t:raicionad o, h hab.Iado de. Apollon ! Nada, nada, yo soy un blanco. Ahora b1en,  mconsc1entemente,  desconfio  de  lo  que hay  en mi    de
.negro, es decir, de la totalidad de mi   ser.
Yo soy un negr_o, pero, naturslmente, no lo se, puesto que Io soy. En casa, m1 madre me  canta  en  frances romances  en los que nunca se habla de negros. Cuando desobedezco cnando hago demasiado  ruido, me  dicen  que "no haga  el  neg;o".
Un  poco  despues  leemos  libros  blancos  y asimilamos   poco a  poco,  los  prejuicios,   mitos   y  folklore   que   nos   vfonn   de uropa.  Pero  no  lo  aceptaremos  todo,  porque  algunos  prejui­ c1?s. no  son  alicables  a  las  Antil!as.   Por  ejemplo,   el  antise­
!{    lilltisJ?o no ex1Ste, pues no hay j udfos, o tan pocos que no me­ rece  la  pena.  Sin  recurrir  a  la  noci6n   de  catarsis  colectiva
facil  me  seria  demostrar  que  el  negro  se  escoge  irreflexiva­ mente  objeto  susceptible  de  llevar  el  pecado  original.   EI blan­ co escoge pa!   este papel  al negro,  y  el  negro  que es nn  blanco escoge  tamb1en  al negro.  EI  negro  antillano  es  esclavo  de  esta impos!ci6n  cultural. Tras haber  sido esclavo  de!blanco,  se auto­ esclav1za.  E.1 negro  es,  en  toda  la  acepci6n  de  Ia  palabra   una vfctima    e  la  civi}izci6n  .blanca.  No  es,  pues,  asombros  que las  creac10nes  art1sticas  de  los  poetas  antil!anos  no  Ileven  con­ sigo ninguna  impronta  es!)'3cifica : son  blancos.   Volviendo  a  Ia psicopatologia  digarnos que el negro vive una ambigiiedad extra-
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ordinariamente neur6tica. A Ios veinte afios, es decir, en el momento en que el inconsciente colectivo se pierde, mas o menos, o es menos dificil de  reducir  al nivel  de  lo conscien­ te, el antill;rno se da  cuenta  de  que  vive  en  el  error.  iPor que? Sencillamente, porque (esto es muy importante) el anti­ llano se conoce entonces coma negro, pero, por un desliza­ miento etico, se da cnenta ( inconsciente  eolectivo)  de  que se es negro en la medida en que  se  es  rnalo,  flojo, instintivo. Todo . lo qne se opone a estas maneras de ser negro es blanco. Aqui reside el origen de la negrofobia de\ antillano. En el inconsciente colectivo, negro = feo,  pecado,  tinieblas,  innw­ ral. 0 dicho de otra  manera : es  negro  aquel  que  es  inmoral. Si en mi vida ine comporto  como  un  hombre  moral, no  soy en absolnto negro. De aqui, en  Martinica,  Ia  costumbre de decir de un blanco que tiene el  a!ma  negra.  EI  color  no es nada, ni siquiera Io veo, solo conozco una  cosa,  y  es  la pure­ za de mi conciencia y la  blancura  de  mi  alma.  "Mi, hlanco como nieve",  que decia  el otro.
La imposici6n   cultural  se   ejerce   facilmente   en    Marti­ nica.   EI  deslizamiento  etico  no halla · obstaculos.  Pero  el  ver­ dadero  blanco  me  espera.  Me  <lira  a  Ia  primera   ocasi6n  que no basta  con  que  Ia  intenci6n  sea  blanca,  sino  que es necesario realizar   una  totalidad   blanca.   8610   en  este  momento   torno conciencia   eventualmente   de  la   traici6n.    Concluyamos.    Un antillano  es blanco  por  el  inconsciente  colectivo,  por  nna  gran parte  de!  inconsciente  personal  y  por  casi  todo  el  proceso  de su  individualizaci6n.   EI  color  de  su  pie!,  de!  cual  no  se  hace menci6n   en   Jung,  es  negro.  Todas  las  incomprensiones   pro­ vienen  de este quid pro  quo.
Cesaire "descubri6 su cobardia;' mientras preparaba en Francia su licenciatura en !etras. Supo que  era  una cobardia, pero no pudo nunca decir por que. Sinti6 que era  absurdo. idiota, yo diria incluso malsano, pero lo cierto es que en nin­ guno de sus escritos se ve rastro de los mecanismos de esta cobardia. Y es que habia que redncir a Ia nada Ia situaci:6n presente y hacer un esfuerzo por aprehender  Io real  con  un alma de nifio. EI negro de! tranvia era c6mico y feo. Segu­ ramente   que  Cesaire  se  divirti6.   Cierto  que  no  habia  nada

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en  comun  entre  aquel  verdadero  negro  y  el.   En  un  circulo  de bJancos,  e Fr,ancia,  se  presenta  mi hermoso  negro.   Si  es  un c1rsul?  de  mteiectuale , estemcs  seguros  de  que el negro  inten­ tara   1Il;,poneme.    Ped1 'a · qe  no   se  repare   en  su  pie!,  sino solamen ,e en  su  capac1dad  mtelectual.  En  Martinica  son  mu­ chos  los  que!   a  los  veinte  o  treinta  afios,  se  ponen  a  trabajar a  Montesq uieu  o  a    la  de] con  el  unico  fin  de  citarlos.  Por­ q_ue  gracias  al  conocmuento   de  estos  autores  aspirari   a  que se  pase  por  alto  su  negrura.
La conciench morai implica una suerte de escisi6n una ruptura de,la conciencia,  con una  parte  luminosa  que se pone a la umbna. Paa ue  haya  moral  es  necesario  que  desapa­ rezca de la conc1enc1a lo negro, lo oscuro, el negro.  Con  Io cual,  un  negro  combate  en  todo  momenta  su ima"en
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sfios. Se le considernba un antillano, pero por lo bajo - no ·se olvidaba su origen. En Francia, el italiano, militarmente ha­ blando, no vale nada ; un trances vale por diez italianos ; los italianos  no  son  'va!ientes . . .   Mi   compaiiero  habia nacido en Martinica y solo frei:uentaba a martiniqueses. Cierto dia en que Montgomery puso en fuga al ejercito italiano en Bengazi, quise constatar sobre un mapa el avance aliado. Ante  la evi­ dente ganacia de terreno, exclame con entusiasmo : "i No cliiis una . . . !" Me compafiero, que no podia ignorar el origen de su padre, se molest6 extraordinariamente. Yo quede tambien bastante aturdido. Los dos habiamos sido victimas de la im­ posici6n cultural Estoy convencido de  que  quien comprenda este fen6meno y todas sus consecuencias sabe exactamente en que sentido buscar la soluciln. Escuch2mos al Rebel de :
 
.    ii   paralelaente,   se  acepta .  de   Hesnard  su
 
cocepci6n
 
"Sube. . .  sube  clesde  las  profundidades  de la  tierra . . . la··
 
c1enhf1ca  de  ll:  v1da moral,  y  si  el  lllliverso  m6rbido  se  com­ prende  a  partir   de  la  Falta  y  la   Culpabi!idad,  un  individuo nor1;1al  sera. aquel  que  se  sepa  descargar   de  esa  culpabilidad o  b1e  cn1ga,   a  lo  menos,   no  sufrirla.   Mis  directamente,
!odo   md1v1duo  debe   rechazar   sus   instancias  inferiores,   sus 1mpulsos  Y  cargarlos  en  la  cuenta  de  un  genio  malo  que  sera e]  de  la  culura  a  la· que  pertenece   (ya  vimos  que  ese genio malo   era   eJ  negro).   Esta   culpabilidad   colectiva   se  soporta sabre lo que se ha  convenido  en  Hamar  "Ulla  cabeza  de turco" La  ca?eza   de  turco   para   una  soci€dad  blanca  -basada   en · l?s  m1tos:   progreso,   civilizaci6n,   liberalismo    educaci6n   Iuz
fmura-  ra   precisa:nente  aquella   fuerza   due  se  opon'ga  ;, la e::cans10n y v1ctor'.a de estos mitos. Esta fuerza ·brutal, opos1c10nal, la proporc10na el negro.
En la sociedad anti!lana, donde los mitos son Ios mismos que los de la sociedad de Dij6n o Niza el joven negro identifi­ cand?se  con  el clvili,-ador,  hara  del   egro cabeza  de' turco. de
su v_1da moral, y sobre este burro de carga cargara todas sus desd1chas.
·    Comprendi  el  valor  de  lo  que  ahora  llamo  imposici6n  cul­ tual  a  los  eatorce  afios.   Tuve  un  compafiero    faUe.cido   des­ pes,  cuyo  padre,  un  italiano,  se  habia  casado  'con  una  marti­ mquesa.  Este  hombre  llevaba  en  Fort-de-France  ma  de  veinte
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marea negra sube. . . oleadas de rugidos . . . charcas de olores animales. . . el huraciin rabioso de pies desnudos agitando siempre a otros que descienden los senderos de los mantes, es­ culpiendo la escarpadura de l&s torrenteras, obscenos y  salva­ ies prefirulores de rfos ca6ticos, de mares podridos, de oceanos convulsivos, en la risa carbuncosa de la cuchilla y el alcohol malo . . . "
l Se ha comprendido? Cesaire baj6. Quiso ver  lo que ocurria en  el  fondo,  y  ahora  puede  subir.  Esta  maduro para la aurora. Pero no· deja al negro abajo. Lo acarrea en sus hombros y lo iza a las nub3s. Ya nos habfa prevenido en Cahier d.'un retour au pa ys r,a,ta!. Cesaire escogi6 el psiquismo ascen­ sional, valga  la expresi6n  de Bachelard '"":


"y,  par  eso, Senor  de  los dientes  blancos  a  !os
hombres de cuel!o d ebil
recibes  y  percibes  fatal  calma  tri<Lngid ar
y  a  mi  mis danzas
mis danzas  cle mal negro
a  mi  1nis danzas

52   L'air  et  les  songes.

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1     .....

 

 

 
la danza  rompe-d ogal
la danza sal,ta-prl&i6n
la danza es-he1-,rw so-y-legiti1no-ser negro
1.    A  mi  mis  danzas  y  salta  el  sol  en  la  raqueta  de mis   manos pero  no el d esigual sol ya no me  bastu
enr6llate, viento, en torno a mi mwvo crecimiento ponte  en mis dedos mes1,rad os
te  entrego  mi· conciencia  y   su  ritmo  d e  came
be entrego los fiiegos dond e se asa mi d ebilidad te  entrego  el chain-Gang
te  entrego fo. marisma
te entrego el inturist ,l,el circuito triangular devora viento
te entrego mis palabms ab1"Uptas dev6rate y enr6llate
y al enrollarta con un estremecimiento mas vasto abrazame   hasta  el  furioso  "nos"
abraza, abraza  NOS
pero habif,.nd onos tambien mo1·did o
mordid o hasta la sangre de nuestra sangre abraza, mi pureza no se une mas con  ht pu1·eza
pero  entonces abraza
como ttn campo d e j1r,.stos filaos
el   atardecer  ·
y  ata, ritame  sin  remord:imientos
y   ata, dtame  sin  rmnordimien tos
atame con tus vastos brazos a  la arcilla luminosa a.ta  mi  negra  vibraci6n ·al  mismo ombligo
d el mundo
ata,  atame  fraternidad    aspera ·
iuego, estrangulandome con tu l,azo de estrellas sub e, Paloma
sube sube sube
Yo te sigo, impre sa en mi ancest ral cornea blanca

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sube, lameclor de cielo
·y el gran  agujero  neg,·o clond e  yo  queria  ahogarme la  otra  luna
i i alli es clond e quiero pesC1111· ahora la lengila malefica de la noche  en    inm6vil    vidriaci6n"! "'

Se  comprende  ahora  que  Sartre  vea  en  la  toma  de  posi­ ci6n  marxista  de  los poetas  negros  el  fin  J6gico  de  la  negritud Veamos,  en  efecto,  lo   que  ocurre    Al   darme  cuenta  de  que el  negro es el simbolo  de!pecado,  me  opongo  a  odiar  al  negro. Pero   entonces   compr'uebo   que   yo  soy  negro.    Para  escapar al  conflicto,  dos  soluciones.   0  bien  pido   a  los  otros  que  no
reparen  en mi pie!, o bien, por el contrario, quiero que la   per­
ciban y bien. Intento valorizar lo que es malo, puesto que irre­ flexivamente, he admitido que el negro era .el color de] ma!. Para
poner f in a esta situaei6n neur6tica, en la que me veo obligado
a escoger una soluci6n malsana, conf lictual, alimentada de fan­ truimas, antagonista, inhumana en ultima instancia, solo tengo una· solucicn ; sobrevolar este ·drama absurdo que los demas han organizado a mi alrededor, apartar estos dos terminos que son inaceptables de modo sem.ejante y, a traves de un humano particular, tender hacia lo universal. Cuando el negro se zam­ bulle, dicho de otra manera "baja", algo extraordinario tiene lugar.
Escuchemos,  una vez  mas,  a Cesaire :
"Ho, ho
Sn pod er esta bien anclaiLo Adquirido
Requeriil,o    .
Mis manos se . baii,an en brefiales d e mandioca En  arrozales  de aehiote
Y ten,qo pre fiada mi calabaza d e estrellas Pero  estoy d ebil. Ok  estoy  d ebil.
Aywladme
Y aaui vuelvo a hallar al, hilo de la, metamorfosis De  lo dioses ... no  sois  dioses. Soy  libre."
\
f\.ime   cesire  Cahicr  d'uri,  retour   au  pays   natal,  p3.gs. 94-96.
 

 

 


I
I    . .    "El Rebelde":    Tengo  un  pacto  con  esta  noche,  siento   que me llama  dulcemente  desde hace veinte afios . . ." "'

Una vez descubierta esa noche, es decir, el sentido de su identidad, Cesaire constata, primero que :
·    "Queda  bien  pintar  blanco  el  pie  de!  arbol,  la  fuerza  de la   corteza  grita   par   debajo . . ."    ·
Despues, descubierto el blanco que hay en el, lo mata : "Forzamos Ja;s puertas. La alcoba de! sefior, abierta, era grande.  La  alcoba   de]  sefior  estaba  brillantemente   iluminada y el sefior estaba alli muy tranquilo . . . y las nuestros se detu­ vieron . . . Era el sefior . . . Yo entre. Eres tu, me  dijo con  mu­ cha calma . . . Era yo.  Era  yo,  sin  duda,  le  decia  yo,  el escla­ vo bueno, el esclavo fie!, el esclavo  y  de repente  sus  ojos fue­ ron dos animalitos atemorizados en dias de lluvia . . . yo gol­ peaba,   la  sangre   man6   a   chorro : este   es   el  unico   bautism
que hoy  recuerdo."55
"Par una inesperada y benefactora revoluci6n interior, honraba  ahora sus repulsivas  deformidades." ""
l Que   mas   podemos   decir ?  Despnes   de   haberee  llevado hasta  las  limites  de  la  auto-destrucci6n,  el  negro,  meticulosa­ mente,  salta  al  "agujero  negro"  donde  fundira  "con  tanta  du­ reza   el  gran   grito  negro   que   conmovera   las   cimientos   de! mundo".
El europeo sabe y  no  sabe.  En  el  piano  reflexivo  un ne­ gro es un negro ; pero en el insconsciente esta bien, bien apa­ lancada, la imagen de]  negro-salvaje.  Podria  dar  no  ya . diez, sino miles de ejemplos. Georges Mounin dice en Presence Africaine: "Tuve la suerte de  no  descubrir  las  negros  a tra­ ves de la M entali"dad primitiva, de Levy-Bruh!, en el curso de sociologia ; par lo general, la posibilidad de  descubrir  a  las negros  de  una  manera  distinta  que par  las lecturas,  y  yo  me f elicito  par  ello  todos  las  dias . . .""'
.:54  Et   les  chiens   se   taisa.-ient,   tagedia   ( Les  armes  miracu leuses, pi-
ginas 144  y 122).
56   A.   cesaire,  O']J.  cit .,.  pag. 136.
56  Pagina 65.
57  Primieras   respuestas  a  la  encuesta  sobre   el  "Mito  del  negro",
Prience  africaine,   nlJ.m. 2.
 

Mounin,   a qnien    dificilmente    podria    considerar!e   un trances media, afiade (con lo  cual  salta  a  nuestra 6ptica ) : "Asi pude aprender, en la epoca en que el espiritu no esta prevenido, que las negros son hombres  coma nosotros. . . Tuve la posibilidad, yo blanco, de ser natural p(lra siempre con un negro. . . y de no  estar  nunca  ante  el  estupida  y  sutilmente en esa posici6n de buscador etnografico que demasiadas  veces es sin duda nuestra insoportable manera de reinstalarlos en· su lugar . .,"    ·
En el mismo numero de Presence africaine, Emile Der­ menghem, nada  sospechoso  de  negrofobia,  escribe :  "Uno de mis recuerdos de la infancia es una visita a la Exposici6n Universal de 1900, en la cual mi  principal  preocupaci6n  con­ sistia en ver un negro. Mi imaginaci6n estaba excitada natu­ ralmente par lecturas coma Un capitrin d e quince anos. Las aventuras  d e  Robert,  Los  viajes   de  Living stone."
Emile Dermenghem nos dice que eso expresaba en  el  un ·· gusto par el exotismo.  Estoy  dispuesto,  mis  dos  manos  en las suyas, a  creer  al  Dermenghem  de] articulo,  pero  le  pido  .per­ miso  para  dudar  de]  Dermenghem   de  la  Exposici6n   de  1900.
Yo bien quisiera volver sabre las temas que vienen agi­ tandose desde hace cincuenta afios. Escribir sabre las posibi­ lidades de una amistad negra es una empresa generosa, pero desgraciadamente las negr6fobos  y  otros  principes  consortes son impermeables a la generosidad.  Cuando  ]eemos : "Un ne­ gro es un saivaje, y para dirigir salvajes solo hay un metodo : patadas en las nalgas", pensamos desde nuestra mesa de  tna­ bajo,  qne  "todas  estas  imbecilidades  deben  desaparecer". Pe­ ro sabre eso todo el mundo est.a de acuerdo. Jacques Howlett escribe en Presence africaine (num. 5) : "Dos cosas, ademas, contribuyeron, al parecer, a este alejamiento de] negro en el mundo de] otro, par supuesto conmigo : el color de su pie] y su · desnudez, porque  yo imaginaba  al negro desnudo.  Ciertamen­ te, es posible que determinados elementos superficiales (seria dificil  decir   hasta  que   punto   signen frecuentando    nuestras ideas  nuevas  o  nuestras  concepciones  revisadas) recubriesen
a veces aquel ser lejano, negro y desnudo, casi  inexistente ; coma el buen negro con chechia  y  amplia sonrisa a lo  Fernan-

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de! sfmbolo  de!  desayuno  con  chocolate,  o  el  bravo  piu piu  se­ neales  "esclavo  de  la  consigna",  un  Don  Quijote  sin grande­ za  'heroe  buen  chico'  de todo  lo  que  sale a  relucir  en la  'epo­ pea  colonial',  o,  en  f in,  el  negro  'hombre-a-convertir' ,  'hijo sum.iso' de!  m.isionero  con  barba."
En Ia continuacion de su comunicacion, Jacques Howlett nos dice que, por reaccion, habia hecho al negro simbolo de la inocencia. Nos da la raz6n,  pero  tenemos  derecho  a pensar que ya no tenia ocho afios, porque nos habla de "mala con­ ciencia de la sexualidad" y de! "solipsismo". Por lo  demas, estoy convencido de  que  Jacques  Howlett  ha  dejado  atras, esa  "inocencia  de  gran adulto".
Sin duda ninguna el testimonio mas interesante es el de Michel Salomon. Aunque  el  diga  que  no,  apesta  a  racista. Es judio, tiene una  "experiencia  milenaria  de! antisemitismo", y  sin  embargo  es  racista.  Escuchemosle :   "Pero  negar  que su pie! y su melena y esa aureola de sensualidad que (el  ne­ gro) despide no provocan espontaneamente una cierta inco­ modidad, atractiva o repulsiva, es negar  la  evidencia  en nombre de una gazmofieria absurda que  jamas  ha  resuelto nada . . ." Mas adelante nos habla incluso de la "prodig\osa vitalidad  de!  negro".
EI estudio de M. Salomon nos da a entender que es me­ dico. Asi habra que  desconfiar  de  esas  perspectivas  litera­ rias acien'tificas. El japones y el chino son diez veces mas prolificos que el  negro : ison  por  eso sensuales?   ':I, ademas,
M.  Salomon,  me  permito  hacerle  una  confesion : nunca  he  po­ dido  evit;ir  las  nauseas  cuando  he  oido  a  un  hombre  decir  de otro : "iQue  sensual  es \"  No  se  que  es  la  sensualidad  de  un hombre.  Imaginese  a una  mujer  diciendo  a otra : "Es terrible­ mente   apetitosa,   esta  mufieca . . ."   Senor   Salomon,  el  negro no  despide  una  aureola  de  sensualidad  de  su  pie! ni  de  su me­
]ena. Lo unico que ocurre es que, al cabo  de  largos  dias y Jargas noches, la imagen de! negro-biologico-sexual-se_nsual- :i,:­ genital se le ha impuesto a usted, y usted no ha sabrdo qm­ tarsela de encima. El ojo no es solamente espejo, sino espejo rectificador. El ojo tiene  que  permitirnos  corregir  Ios  erro­ res  culturales.   No  digo  los  ojos,  digo  el  ojo,  y  ya  se  sabe
 
a d6nde remite este ojo ; no a  la  cisura  calc.rea,  sino  a ese muy igual fulgor que brota  de! rojo de Van  Gogh,  que resba­ la en un concierto de Tchaikowsky, que se deja llevar por el vocerio  vermicular  de Cesaire.
El  problema  negro  no.  se  resuelve  o  reduce  al  de  los  ne­ gros  que   vivcn  entre  blancos,  pues  muchos  mas  negros   son explotados,  esclavizados,  despreciados  por   una  sociedad   capi­ talista,  colonialista,  accidentalmente  blanca.   Usted  se  pregun­ ta,  sefior  Salomon,  Io  que  usted  haria  "si. hubiese  ochocientos mil  negros  en  Francia";  porque  para  usted  hay  un  problema, el problema  de! ascenso  de  los  negros,  el problema,  de!pe!igro negro.  El  martiniques  es un  frances,  quiere  pennanecer  en  el seno  de la  Union  Francesa,  solo pide  una  cosa  el . martiniques, y  es  que  los  imbeciles  y  los  explotadores  le  dejen  la  posibili­
dad  de  vivir  humanamente.    Yo  me  veo  totalmente perdido;· sumergido por la  marea  blanca  que  constituirian  hombres como Sartre o Aragon, yo solo  pediria  eso.  Usted, Salomon, dice  que  nada  se gana  con  gazmofieria,  y  estoy  de acuerdo.
·    l Que historia es esta "de! pueblo negro, de la nacionalidad casiindome con una europea cualquiera ; le· aseguro que no es­ toy jugando a  los  desprop6sitos.  Si  se  olisquea  a  mis hijos, si se examina el blanco de sus ufias, entonces es que, sencilla­ mente, la sociedad no ha cambiado, sino que ha mantenido intacta su mitologia, como  usted  bien  dice.  Por  nuestra par­ te, nos  negamos  a  considerar. el problema  segun  la formula: o bien . . ., o bien . . .
z Que  historia  es esta  de!pueblo  negro,  de  la  nacionalidad
negra Yo soy frances.  Estoy  :nteresado  en  la  cultura fran­ esa, en la civi!izacion frances.., en el pueblo frances. Nos negamos a considerarnos "colaterales", vivimos de Ueno el drama £ranees. Cuando unos hombres, no fundamentalmente malos,  sino  mixtificados,  invadieron  Francia   para  reducirla a la servidumbre, mi oficio de frances me indic6 que mi Jugar estaba no junto-a,  sino  en el centro  de! problema.  Me   intere­
sa personalmente er destino frances, los valores franceses, la· naci6n francesa. z Que me va o me viene a mi con un   Imperio
negro?
Georges Mounin, Dermenghem,  Howlett,  Salomon tuvie-
 

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ron a bien responder  a  la  encuesta  sabre  la  genesis de!mito de negro. Todos nos han convencido de una cosa, y es que la autentica captacion de la realidad de! negro tenia que  hacerse en detrimento  de  la  cristalizaci6n cultural.
Hace  poco  lei  en  un  peri6dico  para  ninos  una  frase  que iiustraba  una  imagen  en  la  que  un  jov,m   scout  negro  presen­ taba  un  pueblo  negro  a  tres  o  cuatro  scouts  blancos:   "Esta es  la_ caldera   donde  mis   antepasados   cocian  a  las  vuestros." Ya  se admite  de  buena  gana  que  las  negros  antrop6fagos  han desaparecido,  pero no hay  porque  olvidar  que . . . ' En  rigor, par lo  demas,   pienso   que   el  autor   hacia,   sin  saberlo,   un   gran servicio  a  las  negros.   Porque  el  joven  blanco  que  lo lea ya  no se  representara   al  negro   comiendose  un  blanco,   sino  habien­ doselo  comido   ya.   Incuestionablemente,   esto  es  un   progreso. Antes  de  terminar   este  capitulo   quisiera  comunicar   una observaci6n  que  debemos  a  la  cortesia  de!medico  de!  servicio de  mujeres   de!  hospital  psiquiatrico   de  Saint-Ylie.   Esta  ob­ servaci6n   ilumina   el   punto   de  vista   que   defendemos   aqui. lndica  que,  en  el  lirnite  de!mito  de! negro,  la  idea  de]  negro
llega  a   veces   a  determinar   una   autentica  alienaci6n.
La senorita B. . . de diecinueve anos a su entrada  en el servicio en el mes de marzo de 19 . . . El certificarlo  esta redac­ tado  coma  sigue :  "El  que  suscribe,  doctor  P . . .,  ex   interno de las Hospitales de Paris, certifico haber examinado a  la  se­ norita B . . ., afectada de crisis nerviosas consistentes en tras­ tornos de agitaci6n, inestabilidad motriz, tics, espasmos cons­ cientes, pero que no puede impedir. Estos trastornos van in crescendo y no le permHen llevar una vida social normal. Es necesario su  internamiento  en  un  centro  de  observaci6n  regi­ do por la ley de de  1838 y  par  via  de internamiento voluntario." El certificado de veinticuatro horas  establecido  por  el medico jefe reza asi : "Atacada por una neurosis de tics sobre­ venida a la edad de  diez  anos,  agravada  en  la  pubertad  y con los  primeros  trabajos  fuera  de  su  casa.   Depresi6n  pasajera cori ansiedad junta con · una intensificaci6n de los sintomas. Obesidad.   Precisa   se!'  atendida.   Tranquila  cuando  esta  acom­
panada.  Enferma  de servicio  abierto. A mantener."
En  las  antecedentes  personales  no  se  cita  ningun  desarro-

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Ila   patol6gico.    Solo   se   recoje   una  pubertad   a   las   dieciseis afios.   El  reconocimiento   somatico  no   revela   nada,   salvo  adi­ posidad,  inf iltraci6n  minima  de  las  tegumentos,   lo  cual  hace pensar   en  una   insuficiencia   endocrina  !eve.   Periodos  mens­
, truales  normales.
Una entrevista permite precisar los siguientes extremos : "Los  tics  aparecen   sabre  todo  cuando  trabajo"    (la  en­
ferma  estaba  empleada y  vivia  fuera de! media  paterno) .
Tic de ojos y frente ; respiraci6n entrecortada. Duerme muy bien, sin pesadillas,  se alimenta  bien.  No  esta enervada los dias de reglas. En la cama, antes de dormirse,  tics ner­ viosos faciales  en cantidad.
Opini6n de la vigilante: esto ocurre, sabre todo,  cuando . esta sola. Cuando esta con las dem8.s o en conversaci6n  son menos marcados. El tic depende de lo que hace. Comienza .. dando golpecitos con los pies, luego se deja  ir levantando los pies,  las  piernas,  las  brazos  y  las  hombros,  simetricamente.
' Articula sonidos. Nunca se pudo  comprender  lo  que  de­ cia. Despues, termina dando  gritos  muy  fuertes,  inarticula­ dos.   En  cuanto  se  la  llama,  deja  de  actuar  asi.
El medico jefe comienza las sesiones  de  asociaci6n libre. Una entrevista previa pone de manifiesto la existencia de alu­ cinaciones en forma de circulos horribles ; se pide a  la enfer­ ma  que  evoque  estos  circulos.
Veamos un extracto de! informe de la primera sesi6n : "Profundos, concentricos, aumentan y disminuyen al rit­
mo de un tam-tam negro. Este tam-tam evoca el peligro de perder  a  sus  padres,  a  su  madre principalmente.
"Le digo entonces que haga el  signo  de  la  cruz sabre estos circulos, lo hace, pero no desaparecen. Le digo que aga­ rre  un  trapo  y  los  barre; desaparecen.
"Vuelve  hacia  el !ado  de!  tam-tam.  La  rodean  hombres  y mujeres  casi  desnudos,  que  danzan  de  modo  horripilante.   Le digo  que  no  tema  entrar  en  esta  danza.   Lo  hace.   Inmediata­ mente,  los  danzantes  cambian  de  aspecto.   La  reunion   es  en­ tonces  brillante.   Los  hombres  y  mujeres  aparecen  bien  vesti­ dos  y  bailan   un  vals : Estrella  de  kLS  Nieves.
 

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"Le  digo  que  se  aproxime  a  los  circulos ;  ya  no  la&  ve. Le  digo que  los  evoque ; lo consigue, pero  estan  rotos.  Le digo que  entre  por  la  abertura. Ya  no  estoy  rocleada  de!todo,  dice espontaneamente,  podria  volver   a  salir.   El  circulo   se  rompe en  dos,  despues  en  varios  trozos.   Ya  solo  quedan  dos  trozos, que   al   final  desaparecen.   Muchos  tics   de  garganta  y   ojos durante   su  relato.        ·
"Una serie de sesiones calman a!go la agitacion motr.iz." Resumen de otra sesion :
"Le digo que recuerde los circulos. No los ve. ·Luego, si. Estan rotos.  Entra  dentro.  Se  rompen,  se  levantan,  ]uego caen suavemente unos tras otros, en el vacio. Le digo que escuche el tam-tam. No lo oye. Lo llama. Lo oye por su izquierda.
"Le propongo un angel para acompaiiarla  hasta  el  tam­ tam : quiere  ir completamente  s'ola. No  obstante,  alguien baja
·de!cielo.  Es un  angel ; la lleva  cerca  de!tam-tam.   Solo se ven hombres  negros  que  danzan  alrededor  de  un  gran  fuego;  tie­ nen   un   aspecto  malvado.   El  angel  Jes   pregunta   que   van  a hacer : van . a  quemar  un  blanco.   Lo  busca  por  todas  partes, pero  no  lo  encuentra.
"iAh ! Ya  lo veo.   Es un blanco  de  unos  cincuenta  aiios.
Esta medio desnudo.
"El angel habla con el jefe negro  (pues ella tiene miedo). El jef e negro dice que este hombre blanco no es de la l'.egi6n, por  eso van a quemarlo.  Pero  no  ha  hecho  daiio ninguno.
"Le ponen en libertad y se ponen otra vez a danzar de alegria.   Ella  no  quiere  participar  en  la danza.
"Yo la envio a parlamentar con el  jefe.  Este  esta bai­ lando solo. El  blanco  ha  desaparecido.  Ella  quiere  partir  y no parece· tener ganas de conocer a los negros. Quiere mar­ charse con su angel a alguna parte  en donde esta  a gusto, con su  madre,   sus  hermanos  y hermanas."
Los tics desaparecen, por lo cual se interrumpe el trata­ miento. Unos dias despues se vuelve a  recibir  a la  enferma, que  ha  recaido.   Informe  de  la   sesion:

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"Otra vez. los circulos, ahora mas proximos. Agarra un baston. Se rompe en pedazos. Es una varita magica. Trans­ forma esos trozos de hierro en una materia brillante muy hermosa.
"Se dirige hacia un fuego :·es el fuego de ]os negros que danzan.  Quiere  conocer  al  jefe.   Va  hacia  el :
"El  negro,   que  habla   interrumpido   su   da'.lZa,  la  reem­ prende  de  nu€vo,   pero  con ·otro  ritmo.    Ella   bai!a  alrededor de!fuego  dando   la  mano.
"Las  sesiones  han  mejorado   notablemente  a  la  enferma. Escribe  a  sus  padres,  recibe  visitas,  asiste  a  las  sesiones  de cine  de!establecimiento.   Toma  parte  en  los  juegos  de!grupo. Una   enferma  toca  un  vals  en  el  piano  de! pabellon,   invita a  una  compaiiera  y, baila.  Sus compaiieras  la  estiman  mucho."
Resumen   de  otra  sesion:
"Vuelve a pensar en los  circulos.  Se han  compuesto  en ·· una  sola  pieza,  pero  falta  un  trozo  a  la   derecha.    Los mas pequeiios · estan enteros.    Le  gustaria  romper  los   pequeiios.
Los ·toma    con  las  manos,  los  retuerce ;  se   rompen.   Sin  em­ bargo,  queda  uno  pequeiio.   Pasa  a  traves  de  el.   Al  otro !ado se  encuentra  en  la  oscuridad.   No   tiene  miedo.   Llama  a  al­ guien,  su  angel  guardian  viene  desde lo  alto,  gentil,  sonriente. Se la  lleva  hacia  el  dia, a la  derecha."
La asociaci6n libre dio en este caso ·resultados aprecia­ bles. Pero en cuanto la enferma se quedaba sola, los tics re­ aparecfan.
No queremos  extendernos  sobre  la  infraestructura  de esta psiconeurosis. El interrogatorio de! medico  jefe habfa puesto de relieve un rniedo a negros imaginarios . . ., miedo vivido a los doce  aiios.
Tuve  muchas  entrevistas  con  la enferma.
Cuando tenfa diez o doce aiios, su padre "antiguo de-fa Colonial", gustaba sintonizar los  programas  de  musica  ne­ gra. El tam-tam retumbaba en  la  casa  todas  las  noches.  A una  hora  en  que  ella  estaba  en  la cama.
Por otra parte, como dijimos, los negros-salva jes-caniba­ les  aparecen. precisamente  en  esta epoca.

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El vinculo e.s facilmente reconoeible.
Ademas, sus hermanos y hermanas, que Ia habian deseu- bierto  su  punto  debil, se divertian  asustandola.    ,
En su cama, el tam-tam retumbando en su oido, vem efec­ tivamente negros. Se refugiaba debajo de las sabanas tem­ blando.
Despues aparedan unos circulos cada vez miis pequeiios que atomizaban a los  negros.
 
las
 
Los cfrculos sirven como mecanismos de defensa contra alucinaciones.
Hoy, los  cfrculos  aparecen sin el negro,  el mecanismo de
 
defensa se impone haciendo ig·norar su  determinismo.
He conocido a la madre. Confirm6 los recuerdos de su, hija. Era muy emotiva y, a los doce aiios, en su cama, solia temblar. Mi presencia en el servicio no provoc6 ninguna mo­ dificaci6n  visible  de  su  estado mental.
Ahora,  son los circulos, ellos solos, los que   desencadenan
los fenomenos motores: gritos, tics faciales, gesticulaciones desordenadas.
Incluso pensando en la constituci6n propia  de  la enfer­ ma, es evidente que esta alienaci6n es consecuencia  de un miedo al negro, miedo favorecido por circunstancias determi­ nadas. Aunque la enferma ha· mejorado .notablemente, es du­ doso que pueda algun dia volver a llevar una vida social normal.
 

VII.    EL NEGRO y EL RECONOCIMIENTO


A)    EL NEGRO Y ADLER

"For  cualquier  !ado que  se aborde  el  analisis de .los  est3:­ dos morbosos  psic6genos,   pronto  se  topa  con  el  fenomeno    1- uiente: todo  el  cuadro  de  Ia  neurosis,  asi. co.mo  t?dos  sus  sm­
fomas    parecen   inf luenciados   por   un  obJehvo  . ma!,  ? c?mo
proyeciones de este objetivo  final. Cabe tamb1en  atnu1;  .a t    fi    el valor de una causa formativa, el de un   prmc1p10
:eorie  taci6n,  arreglo  y  coordinaci6n.   Intetes_e  com:prender  el  'sentido' y  la  direcci6n  de los  fen6menos  morb1dos,. sm tener en cuenta  este  objetivo  final,  y  bien  pronto    - topara  con  una ca6tica  multitud  de  tendencias,  impulsos,  deb1hdades  Y  anomi:­ lias  capaz  de  desanimar  a unos  Y  de  suscitar  en  otrs .el    - '   .   deseo  de penetrar  cueste lo que cueste  en las tm1eblas,
merano    .    b t'    'Ju
a rie"sgo  de volverse con las manos vac10s o con un ,   o  I    -
 
son.o.
 
s1·,
 
al  contrario'
 
se  admite   Ia   hip6tesis  de! obiet1vo
 
f l'nal  o  de una  finalidad  causal,  oculta tras
 
Ios fen• oenos' se
 
vera  c6mo  desaparecen  prontamen te
 
Ias
 
tm.   i·ebias·,
 
enton.ces
 
ya   podemos  leer  en  el  alma   de!  enfermo  como   en   un  ]1bro abierto."1

 
1 Alfl.'led Adler, Le tempe•rament nerveux, pal:>. 12·
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Las mixtif icaciones miis estremecedoras de nuestra epo­ ca se estudian tambien a partir de posiciones te6ricas aniilo­ gas. Por tailto, apliquemos la psicqlogfa caracterial a las Antillas.
Los  negros  viven    comparando.   Primera   verdad.   Viven comparando,  o  sea  que  en  todo  momento  estaran  preocupados por  su  autovaloracion  y el ideal  de!yo. Siempre que  entran  en contacto  con  otro  surge  en  ellos  el  prob!e!".la  de]  valor   y  el merito.   Los  antillanos   no  tienen   valor   propio,   son  siempre tributarios  de  la aparici6n  de!Otro.   Se  trata  siempre  de  me­ nos  inteligente  que yo,  mas  negro  que  yo,  menos  bien  que  yo. Toda  posici6n   de  sf,  todo   anclaje   de  si  tiene  relaciones   de dependencia  con  el  resquebrajamiento  de!  otro.  Yo   construyo mi  virilidad   sabre  las  ruinas  de  quienes  me  rodean.
. A los martiniqueses que me leen !es propongo la  siguien­ te experiencia. Determinar que calles de Fort-de-France se parecen · (comparaci6n) miis. La calle Schoelcher,  Victor Hugo . . ., no, ciertamente, la calle Franois-Arago. El m.arti­ niques que acepte llevar a cabo esta experiencia serii · de mi opinion en la exacta medida en que  no  se  deje  crispar  al verse descubierto. Un anti!lano que se encuentra ron un com­ pafiero al abo de cinco o seis afios lo aborda agresivamente. Ambns tenfan en tienipos una posici6n determinada. El infe­ rioriza do cree valorizarse . . . y el superior tiende a la jerarquia.
,..No has cambiado  nada . . ., sigues  tan zopenco.'' Conozco, sin embargo, medicos y dentistas que siguen en­
 
Jo  expu!so  sin  contemplaciones.   Ya  no  existe.  No  me. hableis de  semejante  tipo.   No  quiero  sufrir  el  choque  de!.obJeto.    I contacto  con  el  objeto  es  conflictivo.  Yo  soy  Narciso  )".  qme- . ro Jeer  en Ios  ojos de!otro una imagen  de    f  que me sa;'.sfag.,
En   Martinica,  en   un  circulo   dao   (medio)   hay  el    pe!ao
( pele )    Ia  corte  de! "pelao",  los  mdif erentes   (que  esperan) y  Jos  'humi!lados.  Todos  ellos  son  implacableente  mach­ dos.  Es  fiicil  adivinar  la  temperatura  que  rema  en  esta  iun­ g]a.   No  hay  manera   de  salir  de  ella.
Yo, y nada  mas que  yo.    .    .
Los  martiniqueses   estiin   iividos   de  segundad.   Quieren que  se admita  su  ficci6n.   Quieren  que       !es  r_ec?noz?a   en  su deseo  de  virilidad.  Quieren  paecer,  bi,:11'.ar,  d1stmgmrse.  Ca­ da  uno  de  ellos  es  un  iitomo  a1slado,  ar1do,  cortante,  con  las
aceras   bien  delimitadas,    cada    uno  de    e!ls  r-s.    Cada   un? .. de  ellos  quiere  IN!T ,  aparecer.   Todas  las  acc10nes  de  lo  ah­ llanos  pasan  por  el  Otro.   No  porqu   el   otro  sea.        termmo 'Itimo de  su  acci{m  en  una  perspechva   de  comumon  humana
(la descrita por Adler ) 2, sino, mas .sencillamente,    ?r  que es
el  Otro  quien  le  afirma  en  su  neces1dad  de    alora_c on.    . Ahora  que hemos  hallado  la  linea  de  or1ntac1on  adleria-
na de] antillano  nos queda  por  buscar su  or1gen.    ,
y  aquf  empiezan  las  dif icultades.   En  efecto,  Adler  creo una  psicologfo  individual,   Ahora  bie1;,  acabamos  de  ver  que el  sentimiento  de -inferioridad  es  anhllano.   No ;s. ta! _o  cual
.antillano quien presenta  la estructura  de  lo neurotico,  s10  to-
 
go]fandose  en  los  errores  conceptuales  viejos  ya  de quince
 
dos
 
Ios
 
antillanos·
 
La  sociedad   anti!lana   es  una sociedad
 
afios.  Mejor  que unos  errores conceptuales  son ciertos ''crio­
 
neur6tica,
 
·    sociedad  "com1:arc6n", contrapos'1c1"0n. De    O-
 
llismos" que se lanzan con temeraria audacia. El antillano se caracteriza por su deseo de dominar al otro. Su. linea de orientac;6n pasa por el otro. El problema es siempre de  suje­ to, jamiis de objeto. El objeto es negado en tanto que indivi­ dualidad y libertad. Ell objeto es un instrumento. Tiene que permitirme rea!izar mi seguridad subjetiva. Me doy entero (deseo de p]enitud ) y no admito ninguna escisi6n. El Otro entra en la escena para amueblar!a. El Heroe soy yo.  Se aplau.da a o sc critique, da igual, yo soy el centro. Si el otro pretende inquietarme  con su deseo  de valoraci6n  (su ficci6n)
 
do  que  somos  remitidos  de! md1v1duo, a  I  estructura ..3oc1a!; Caso de que  haya  un  vicio!este  no  esta  af m_cado  en el    alma de! individuo,  sino  mas  b1en  en  la  de!, :11ed10:    .  ,        .
El martiniques  es y  no  es un neurohco.  81 a!Jcase:11?s  r1:
gurosamente  las  conclusiones  de  la  escuel  adlnna  d1namoo e  el neITT"o  intenta  protestar   contra  la  mfer10r1dad  que   x­ iment; de  un  modo  hist6  ico..Coo  el  negro  de  cal_qm  r epoca  ha  sido   siempre  un  mfenor,  mtenta,   el  mart1mques.

a A. Adler, Connaissance de l'homme.
 
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reaccionar mediante_ un complejo de superioridad. Esta clar11 q!le.esto es lo que v1ene a decir Brachfeld   Habland    d l timiento  de  inferioridad  racial   el autor    ita u    e  sen-
ola    Af dres de Claramunte; El valiente negr a d
.s  ev1  en e   que  la  inferioridad   de!negro  no  d,i.ta  de   est ·
sig o, puesto  que Claramunte  es  contemporaneo  de L    de Vega.    ope        e ·

"El color s6lo  le falta Para ser un cabal!ero . . ."
y el negro  Juan  de  Merida  se expresa·asi:
"En este mundo, tQue infamia es el ser negro? t Los negros no son hombres?  iEs su animo
mets vi1, mM  torpe, mas feo?
l Par eso se les insulta? Con el peso de la infamia de mi color, yo me elevo
a desafiar al mun.do . . .
i Es tan infame ser negro ?"
 
Al d.estino, al tiempo, al ciew me quejare d.e esta o/ensa,
y a las que negro me ·kicieron.
iOh, mald.ici6n d.el color!"

Acorralado, Juan se da cuenta de que la  intenci6n no puede salvarle.  Su aparecer mina y corroe todas sus acciones:
"iQue iniportan  las  almas? jLoco! i Qu{; hacer, sino estar frenetico iOh, cielos, que cosa horrible
ser negro . . . !"

En  el paroxismo  de!dolor,  solo  una  soluci6n  le  queda  al desgraciado  negro:  dar las  pruebas  de  su blancura  a los otros y,  sobre  todo,  a  si mismo :
"Si no· he de poder cambiar ·
de color, ventura,s quiero .. ."3
Como  puede  verse,  hay  que  comprender  a  Juan  de  Me·
rlda  desde  la perspectiva  de  la so·brcompensaci6n.   El negro
 
El pobre Juan ya Normalmente, el negro mente  diferente:          ·
 
no sabe a  que  santo encomendarse. es un  eselavo.  Su  posici6n  es total-
 
intenta  parecerse  a  la  raza  superior porque· pertenece  a una
raza "inferior".
Pero nosotros sabern.os despegarnos de la ventosa adle­ riana.   De  Man y  Eastman  han  aplicado  en  America  el me­
 
"Porque no soy un esclavo
por  mucho  que  sea negro."
y    in embargo quisiera  eseapar  de tanta negrura    Ti
una  act1tud  etica  en la  vida.  Axio16gicamente es un .blan :
"Soy ma., blanco  que  la nieve."
Porque, en definitiva, en el piano simb6lico
 
todo de  Adler  de  un  modo  un  tanto  abusivo.   Todos  los hechos que  yo  he revelado  son  reales,  pero,  todo  hay  que decirlo,  tie­ nen  muy  poco  que· ver  con  la  psicologia   adleriana,  y  lo  que tienen  que  ver  es   simplemente  en  el  piano  de  las  relaciorn,, externas.  El  martiniques  no   se  compara  con  el  blanco,   con­ siderado  padre,  jef e, Dias,  sino  que  se  compara  con  su  seme­ jante  bajo   el  patrocinio   de! blanco.   Una  comparaci6n  adle­ riana  se  esquematiza  de  la  siguiente  manera:
 
'    "Yo mas grande que el Otro."
"lQue es, entonces, el ser negro 1
;,Es el ser de este color?    ·    Tipico romance espafiol.
176    177
 
I,      l I I

 


 
En  cambio,  la  comparaci6n   antillana   se   presenta    asi:

Blanco

 
Yo  diferente  al  Otro

La comparaci6n adleriana comporta dos terminos y esta polariza da  por  el yo.    ·
La comparaci6il antillana esta recubierta por un tercer tfr?lino : la ficci6n dirigente no es en este caso personal, sino socw.l.    I    ;
El  martiniques  es  un  crucificado.  El medi  oue  lo  ha  he­ cho  (y que _el  no  ha  hecho)  Io  ha  desangrado  esp;ntosamente ; y  este  medrn  de  cultura  lo  vive  y  Jo  mantiene. con  su  sangre y  con   sus  hun:ores.  Ahora  bien,   Ia  sangre  de!negro   es  un abono  muy  estJmado  por  Ios  expertos.  ·
Desde un punto de vista adleriano,  tras  haber  compro­ bado que mi compafier-0, en su suefio, realiza el deseo de blan­ quearse, es decir, de ser viril, yo le dirla que su neurosis su ii:iestabilidad psiquica, la brecha de su yo provienen de 'esa f1_cci6n rector ; le diria fambien: "Mannoni ha descrito  muy b1en este fenomeno en el malgache: mira, yo creo que con­ vendria que aceptases quedarte en el Jugar que te ban fa­ bricado."    .    i
iPues no, senor!  iYo no  dire  esto  en absoluto ! Yo diri a mi comn.anero : los responsables de tu mixtificaci6n son el medio y  la  sociedad.  Dicho . esto,  Io  demas  vendra  solo. Ya
i,    sabemos  todos  de  que  se  trata.
Del  fin  de!mundo.
Me  pregunto,  a veces,  si  los  inspectores  de  ensefianza y_ los jef es de sericio son conscientes  de su pape]  en las  colo­
°:1as.  Durante  ve1nte   afios  se   ban    dedicado,  programa ·  en nstre,. a  hacer  de!_negro  un  blanco. Al  cabo, J.e  sueltan  y  le  di­ cn: tJene  usted  sm  duda  ninguna   un  complejo  de  dependen­ c1a  respecto  de! blanco.

 

178
 
B)    EL NEGRO Y HEGEL

La conciencia d e si es en si y para st cuan­ do y porque ella es en si y para st para ofra conciencia de si; es decir, que s6lo es en tanto que ser reconocid o 4•

El hombre s6lo es humane en la medida en que quiere imponerse a otro hombre, a fin de hacerse reconocer por el. Mientras no sea efectivamente reconocido por el otro, es este otro el que se constituye' en tema de su acci6n. Su valor y su realidad humanas dependen de este otro, dependen de] reco­ nocimiento por  este  otro.  EI  sentido  de  su vida  se condensa en  este otro.
No hay Jucha abierta  entre el blanco  y el  negro.
Un dla el Duefio Blanco reconoci6 sin lucha al negro es­ clavo.
Pero el antiguo esclavo quiere ha,cerse reconocer.
·    En la base de la dialectica hegeliana hay una reciprocidad absoluta que hay que poner en evidencia.
Yo  reahzo  el  ser  del   otro  como  realidad  natural  y  mas
·que natural en tanto que rebaso el ser ahi inmedfa,to.  Si  yo cierro el circuito, si hago irrealizable el movimiento de doble sentido, mantengo al  otro  en  el  interior  de  si. En  definitiva, Jc quito  incluso  este ser-para-si.    .
El unico medio para romper este circulo inf ernal que me remite y devuelve a mi mismo consiste en restituir  al otro,  por Ia mediaci6n y el reconocimiento, su realidad humana, dife­ rente de la realidad natural. Ahora bien, el otro debe ef ectuar una operaci6n semejante. "La operaci6n unilateral seria inutil, porque lo que. ha de suceder solo puede producirse con Ia ope­ raci6n de los dos ..."; ". . .ellos se reconocen como recono­ ciend ose reciprocamente" 5•
En su Inmediatez, la conciencia de si es ser-para- si sim­ ple. Para obtener la certidumbre de si mismo, es necesaria la  in-

•    Hegel, Phenomenologw de rEsprit, tra.d. H yppolyt , p:\,g. 165.
s Ibitl, po,g. 1'&7.
179
 

 

 
tegraci6n de! concep to cle reconocimiento. EI otro, de modo se­ mejante, espera nuestro reconocimiento, para expandir en Ia conciencia de si universal. Cada conciencia de si busca la abso­ luteidad. Quiere ser reconocida en tanto que valor primordial desinsertado de la vida, como transformaci6n de la certidumbre subjetiva   ( Gewisheit )  en  verdad  objetiva  ( Wahrheit ).
Al encontrar  la  oposici6n  de] otro,  la  conciencia  de  si hace la  experiencia  del Deseo;  primera   etapa  de! camino  que  con­ duce a la dignidad de!espiritu. La conciencia acepta arriesgar su vida arriesgando  su vida, conserva  la libertad,  y  se prueba  que la esencia  de la conciencia  de si no es el ser, no es·el modo inme­ diato  en el  cual  la  conciencia  de  si  surge  originariamente,  no es inmersi6n  en  la  expansion  de la vida" 6•
Asi, la realidad humana en-si-para-si no llega a la plenitud mas que en la lucha y por el riesgo que implica esta. Ese riesgo significa que yo rebaso la vida hacia  un bien  supremo  que  es la transformaci6n  en  verdad  objetiva  universalmente  valida de  la  certidumbre  subjetiva  que yo tengo  de mi  propio valor.
Pido que se me considere a partir de mi Deseo. Yo no soy solamente aqui-ahora, encerrado en la coseida<l. Yo soy para otra parte y para otra  cosa.  Reclamo  que  se tenga  en cuenta mi actividad negadora  en  tanto  que  lucho  por  el nacimiento de un m.undo humano, es decir, un mundo de reconocimientos reciprocos.
Quien dude en reconocerme se opone a mi. En una Jucha bravia acepto tocar las consecuencias de! estremecimiento de la muerte, la disoluci6n irreversible,  pero tambien  la posibilidad de la imposibilidad 7•
 
El otro, sin embargo, puede  reconocerme  sin  lueha:
"El individuo  que  no  ha  puesto  su  vida  en  juego puede
·muy bien ser reconocido como persona,  pero no ha  alcanzado la verdad de este reconocimiento de una conciencia de si inde­ pendiente" 6•
Hist6ricamente, el negro,  sumergido  en  la inesencialidad de la servidumbre, ha, sido liberado por el seiior. No ha soste. nido  la  luch. por   la libertad.
De esclavo, el negro ha irrumpido en la liza en que se afanaban sus seiiores. Semejante a  esos  domesticos a quienes se permite bailar en el salon una vez al aiio, el negro busca un soporte. El negro no ha devenido un seiior. Cuando ya no hay esclavos, tampoco hay seiiores.
E,J negro es un esclavo a quien  se ha  permitido adoptar una  actitud  de seiior.
El blanco es un seiior que ha permitido a  sus esclavos.. comer en su mesa.
Un dia, un blanco, buen seiior y  con  influencias,  dijo  a sus iguales:
"Seamos amables con los negros . . ."
Entonces, los seiiores blancos, refunfuiiando, porque de todas  maneras  era  un  trago  duro,   decidieron  elevar  a   unos
. hombres-  maquinas-  bestias al rango supremo de hombres.
Nunca  mas  esclavos  en  tierra francesa.
El estremecimiento ha alcanzado  al negro  en  lo exterior. El negro ha sido actuado. Valores que no han nacido de su accl-On, valores que. no resultan de la subida sist6lici;i de su sangre,  han  venido  a bailar  una  danza  coloreada  a  >!u alre-
 

 
• !Md., pig. 159.
7 Cuando comenzamos este  traajo  queriamos  d-.edicar  un . estudio al ser del negro para-la-muerte. Lo consideribamos necesario, porque siempr,e se esta diciendo·:  e.l  negro no  se suicida.
M. Achille sosturvo este punto de vista en uoo conferencia. Richard Wright hacer decir a· un blanco en un-a de sus nov-elas: "Si yo fuooe un negro me suicidaria . . . 11, queriendo decir con  es.to  que  s6lo  un ;1:g;o puede- aceptar 80Illejante tratamiento s.in sentir la Hamada del su1c1d10. Por  su  iparte,  Deshaies  consagr6  su  tesis  a  la  cuesti6n  del   suiciio.
En ella ,pone  de relieve que  los  tra.bajos  de Jaia-nsch,  que  opon el t1po
 

 
desintegra,fo  (ojos  azuleo.,  pie! l>lanca )  al t;.io integrado  (ojos y   pie!
morenos')   son,  cndo  menos,  ospeciosos:
Para Diirkhe_im los jud:ios no .se suicidaban. Hoy son los negros. Abora •bien, 'el hospital de Detroit reg.istr6, entr,e .Jos suicidias,  un 16,6 por ciento de negros, mientras que la  ,proporci6n  de estos  en  la  pobla­ ci6n es s61o del 7'6 por ciento. En Cincinnati hay .mas del dob1'e de suici· dios entre la poblaci6n negra que en.tre la blanca, sobretasa dcbida a la asom•brosa. ·proporci6n de ncgras: 358 :por 76 111.eg-ros. (Gabriel Deshaies, Psychologie  du  swimde,  n. 23).
s Hegel,  op.  cit., pag.  i59.
 


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180    181
 

 

 

 
dedor. El estremeGimiento, el cambio, no ha diferenciado al negro. El negro ha pasado de un modo de vida a otro, pero no de una vida a otra. Cuando se anuncia a un enfermo mejorado que pronto saldra de! asilo, ocurre a veces  que el enfermo re­ cae ; pues asi tambien la nueva de la liberaci6n de Jos esclavos negros  determin6  psicosis y muertes  subitas.
En una vida no se vive dos vec€s esta misma nueva. El negro se ha contentado con dar las gracias al blanco, y  la prueba mas brutal de este hecho esta en  la  imponente canti­ dad de estatuas diseminadas por Francia y las co!onias en las que se representa a la Francia blanca acariciando la melena rizada de! buen negro al que se acaban de romper las cadenas. "Di gracias aJ sefior", dice Ja madre a SU hij O . • • , pero nosotros saliemos que muchas veces  el chiquillo gustaria gritar
alguna otra palabra, mas resonante . . .
El blanco ·en tanto que sefior 9 ha dicho al negro : "Ya eres libre."
Pero el negro ignora el precio  de  la  libertad,  porque no ha luchado por ella. De vez en cuando lucha, si, por la Libertad y la Justicia, pero siempre es la libertad blanea y la justicia blanca, es decir, valores segregados por los sefiores. El antiguo esclavo, que no halla en su memoria la lucha por la libertad  ni la angustia de la libertad de que habla Kierkegaard, tiene la garganta seca ante ese joven blanco que toca y canta sobre la cuerda tensa de la   existencia.

9 Tenernos· J.a esperanza d,e ha.her ,puesto bien  en  claro  que el  sefior, en este  caso,  dif iere  esencialmcnte  del  descrito  por  Hegel.  En  Hegel hay reciprOcidadT en nuestro  caso  el  sefior  se  burla  de  la  conciencia ctel esclavo. No reclama el  reconocimiento  de  este  Ultimo,  r;ino su trabajo.
Asimi.smo, este esclavo no es en imodo alguno  asimilrible  a  aquel otro que, perdiendos:e . en el objeto, halla en el trabaj-o la fuente de su liberaci6n.
El  :ruegro  quiere  ser  como   el sefior.
Es rnen,os independiente ,que el esclavo  h,egeliano.
 
Cuando, si el caso llega, el negro mira al blanco altiva­ mente, este le dice : "Hermano, no hay diferencia entre noso- tros". ".:",m embargo, el negro sabe que hay una diferencia. La desea. Le gustarfa que el blanco le dijese de repente : "Cochino negro". Entonces, aun tendria esa unica posibilidad . . ., de demostrarles . . .".
f ero, po· I? general, no hay nada, nada mas que indife­ rencia, o cur10s1dad paternalista.
El. antiguo   esclavo  exige  que  se  ponga  en  entredicho  su humamdad,   desea   una   lucha,   un   tumulto.    Pero   demasiado tarde:  el negro  frances  est& condenado  a morderse  v  a morder Dedmos  el  negro   frances,  pero  los  negros  amerianos  vive un  drama  distinto.  En America  el  negro  Jucha  y  es  combatido. Hay !eyes  que  vn  desapareciendo  de  la  constituci6n.  Hay  de­ cretos  que  proh1ben  algunas  discriminaciones.  Y  estamos  se-, guros  que  no  se  trata  de donativos.
Hay batallas,  derrotas,  treguas,  victorias.
"The  twelve  millions  black  vofoes "  han  VOC€ado  contra  la cortina  de!cielo. Y  la  cortina,  atravesada,  ensartada,  las hue­ llas  dentales  bien  c!aras,  alojadas en su vientre  de prohibici6n ha  caido  como  un  zepe!fn. reventado.    '
En el campo de batalla, confinado en si.Js cuatro rincones por docenas de negros colgados por los testiculos, se Jevanta poco  a poco un monumento que promete ser  grandioso.
En lo alto de este monumento percibo ya un blanco y un negro  que  se  da.n  la ,nano.
, Para el negro frances  la  situaci6n  es  intolerable. Jamas esta seguro de que el blanco le considere como conciencia en-si para.-si; por eso  necesita  y  busca  la. resistencia,  la oposici6n. .
'        .    Esto  es  lo  !J.Ue  se  saca  en  limpio  de  algunos  pasajes  de! hbro  que  -·foumr   consagr6  a  Africa il.O.   Los   j6venes  negros que  conoc10  querian  conservar  su  alteridad.  Alteridad  de  rup. tura,  lucha  y  combate.
El yo se pone oponiendose, decia Fichte. Si y   no.
 
En  Hegel   el  esclavo  ,deja   de  nUrar  a:l  s;eiior  y    e  vuelv-e  hacia el
objeto.    I    10
 
En  nu,estro
el  objeto.

182
 
caso  el  escla'Vo  se  vuelve  hacia   el  sefior  y  aha"n.dona
 
En1manuel    Mounier,   L'6veil   de   tAfrique    noire,    Editions   du
Seuil, l(.l48.

183
 

 
Dijimos en la introducci6n que el hombre era un si. No d jaremos de repetirlo.
Si a la vida. Si al amor. Si a la  generosidad.
Pero el hombre es tambien un no. No a la indignidad de! hombre. A la explotaci6n de! hombre. Al asesinato  de lo que hay mas humano en el hombre: 111 libertad.
I    ·El comportamiento de! hombre no es solamente reaccional.
y siempre hay resentimiento en una reacci6n. Ya lo habia indicado Nietzsche en La  Voluntad d e Pod er.
Uevar al hombre a ser accional , manteniendo en su circu­ laridad el respeto de los valores fundamentales que hacen un mundo  humano : esta  es  la  primera   urgencia  de  quien,  tras
)Jaber ref lexionado,  se  apresta a actuar.
 

 

 

 

 


A  MODO  DE  CONCLUSION .

La revoluci6n social no puede alum­ brar su poes fa del pasad o, sino, sola­ mente, del futuro. N o  pued e comen­ zar consigo misma antes de haberse' despojado de todas las supersticiones d el pas<ldo. Las revoluciones prece­ dentes recurrian a recuerdos de la historia  mundial  para  drogarse  en su pro pio  contenido.  Para  alcanzar su pro pio contenid o, las revoluciones del siglo X IX han d e d ejar a los muer­
·tos enterrar a los miiertos; ahora el contenido supera la expresi 6n. (K. Marx, El 18 Brumario. )
 


Ya veo la eara de todos los que me van a pedir que concrete este o ague!punto, que  condene esta  o aquella  conducta.  ·
Es  evidente,  no  me  cansare  de  repetirlo,  que  el  esfuerzo de  desalienaci6n   de! doctor  en  medicina   de  origen   guadalu­ pano · hay  que  entenderlo   a  partir   de   motivaciones  esencial­ mente· diferentes  de  las  de! negro  que  trabaja  en  la  construc­ ci6n  de! puerto  de  Abidjan.   Para  el  primero  la  alienaci6n  es casi  intelectual.  Se  pone   como  alienado  en  tanto  que  concibe

184    185
 

 

 
la cultura europea como un media para  desprenderse  de  su raza. El segund,0 se pone como alienado, esta alienado en tanto que es victima de un regimen basado en la explotaci6n de una raza por otra, en el desprecio de una determinada  humanidad por  una forma  de civilizaci6n tenida por   superior.
No  somos  tan  ingenuos  como  para   creer  que  los  llama­ mientos  a  la  raz6n   o  al  respeto  de!hombre  puedan  cambiar Jo  real.  Para  el  negro  que trabaja  en  las  plantaciones  de  cai\a de! Roberti  solo  hay  una  sciluci6n:   la  lucha.  Esta   lucha  la emprendera  y  la proseguira  no  despues  de un  analisis marxista o  idealista,  sino,  sencillamente,  porque  no  sera  capaz  de  con­ cebir  su  existencia  mas  que  bajo  las  especies  de  un  combate contra  la  explotaci6n,  la miseria  y  el hambre.
No· se  nos  ocurrira  pedir  a  estos  negros  que  corrijan  la concepci6n  que se hacen  de  la  historia.  Por otra  parte,  estamos convencidos  de  que,  sin   saberlo,  comparten   nuestros   puntos de  vista,  tan  habituados  estan  a  hablar  y  pensar  en  terminos de  presente.  Los  pocos  compai\eros  obreros  que  he  tenido  oca­ si6n  de  encontrar  en  Paris  nunca  se  habian  pla nteado  el  pro­ blema  de! descubrimiento  de  un  pasado  negro.  Sabian  perfec­ tamente que eran negros,  pero,  como me  decian,  esto no  cambia nada  las  cosas.
En  lo  cual  tenian  rabiosamente raz6n.
A este respecto, me permitiria formular  una  observaci6n que me parece haber entrevisto en muchos autores:  la aliena­ ci6n intelectual es una creaci6n de la sociedad  burguesa. Yo llamo sociedad  burguesa  a  toda  sociedad  que  se  esclerotiza en unas forrnas determjnadas, prohibiendo toda evoluci6n, toda marcha, todo progreso y todo descubrimiento. Llama sociedad burguesa a una  sociedad rerrada en la que vivir  no es un  plato de gusto, en la que el aire esta corrompido y las  ideas  y las gentes en putrefacci6n. Creo que un hombre qlie adopte una posici6n en contra de est.a muerte es, en cierto sentido, un · revolucionario.
El descubrimiento de la existencia de una civilizaci6n ne­ gra  en el  siglo XV  no  me  otorga  un  diploma  de humanidad.

1 C(mluna de la M,artinica.
 

. Quierase o no el pasado no puede en absoluto guiarme en la actualidad.
Como  ya  se  habra   podido   observar,  la  situaci6n  que  he estudiado  no  es  clasica.  La   objetividad   cientff ica   me   estaba vedada,  porq ue, alienado,  el neur6tico  era  mi  padre,  mi madre, mi hermano   v  mi  hermana.  He   intentado   en  todo  momenta revelar  al neg;o que en  cierto modo  se anormaliza ; y  el blanco que  es,  a la vez,  mixtificador  y mixtificado.
En algunos momentos el negro esta encerrado en su cuerpo. Ahora bien, "para un ser que ha adquirido la conciencia  de si y de su cuerpo, que ha llegado a la dialectica de!sujeto y el objeto, el cuerpo ya no es la causa. de la estructura  de  la concfencia sino que  se ha convertido  en objeto  de  conciencia" •.
El  negro,  aun sincero,  es esclavo de!pasado.  Sin embargo, yo  soy  hombre,  y  en  este sentido  la  guerra  de!Peloponeso  es tan  mia  como  el  descubrimiento  de  la  brujula.  Ante  el  blanco· el negro tiene un pasado a valorizar,  una revancha que tomarse; ante  el  negro  el  blanco  contemporaneo  siente  la  necesidad   de recordar  el  neriodo   de   antropofagia.   Race  algunos  ai\os  la Asociaci6n  Lvonesa  de  Estudiantes  Franceses  de  Ultramar  me pidi6  respondiese  a  un  articulo  que  hac[a,  literalmente,  de  la musica  de  jazz   una   irrupci6n   de!  canabalismo  en  el  mundo moderno.  Sabiendo  d6nde  iba   (yo) ,  rechace  las  primicias  de! interlocutor   y  pedi  al  defensor  de  la  pureza  europea  que  se deshiciese  de  un  espasmo  que    o  tenia  nada  de  cultural.  Hay ciertas  personas  que  quieren  hinchar  el  mundo  con  su ser. Un fil6sofo  alemiin  describi6  este  proceso  con  el  nombre  de  pato­ logfa  de la lil,ertad. No tenia yo por  que tomar posici6n  a favor de la musica  negra y  en contra de la  blanca,  y  si ayudar  a mi hermano  a abandonar una actitud que nada tenia  de heneficiosa.
El  problema:  abordado  en  estas   paginas  se  situa  en   la
temporalidad, dentro de la temporalidad. Se desalienar:l.n  aque­
!los blancos  y  negros  que  se  nieguen  a  dejarse  encerrar  en  la Torre  sustancializada  de!Pasado.  Para  muchos   otros  negros la  desalienaci6n vendri\  de la negativa a considerar  la actualidad como   algo  definitivo.
2 Merl-eau-Ponty 1 Phlno·mBnologie de la peT ception, :Pac-. 277.
 
185
187

 

'  -
 

 


 
Yo soy un hombre, me corresponde, quiero recuperar todo el pasado de! mundo. No soy solamente responsable de la re­ vuelta  de  Santo Domingo.
Siempre que un  hombre  ha  hecho  triunfar  la  dignidad de! espiritu, siempre que un hombre ha dicho no a una tentativa de esclavizaci6n de su semejante,  yo  me  he sentido solidario de su acto.
En absoluto extraere de! pasado  de  los  pueblos  de color mi  vocaci6n original.
En absoluto me dedicare a reavivar una civilizaci6n negra justamente desconocida. No me hago el hombre de ning(in pa­ sado. No quiero cantar el pasado a costa  de mi  presente  y de mi  porvenir.
El indochino no se ha revolucionado porque haya descu­ bierto que tiene una cultura propia, sino porque, "a la fuerza ahorcan", le empezaba a ser imposible, en mas de un sentido, respirar.
Cuando recordamos los relatos de los sargentos de carrera que en 1938 describian el pafs de las piastras y  los pousse­ pou,Bse (*), los boys y las mujeres baratas comprendemos de sobras por . que combaten con tanto f uror los hombres del Viet-Minh.
Recuerdo  un  compafiero  de  regreso  de  Indochina,  con  el cual  estuve  durante  la  segunda  guerra   mundial.  Me  puso  al corriente  de  muchas  cosas.  Por  ejemplo,   de  la  serenidad  con que mozos  vietnamitas  de dieciseis  o diecisiete  afios  caian  ante el  pelot6n  de  ejecuci6n.   "Una  vez  tuvimos  que  hacer  fuego, me dijo,  en posici6n  rodilla  en  tierra : temblabamos  ante  aque­ llos  muchachos  fanaticos".  En  conclusion,  aiiadf a :  "La  guerra que  hicimos  juntos   (39-45)   era  un  juego  de  niiios  al  !ado  de lo que  esta  ocurrien-do  alli".
Vistas desde Europa estas cosas son incomprensibles. Al­ gunos imbeciles argumentan una  supuesta actitud  asiatica ante la muerte. Estos fi!6sofos de sotanillo no convencen  a nadie. Esa  serenidad  asiatica   la  manifestaron   por  su  cuenta,  y no

•    Cochedto ligero tirado por hombre (en Ori<mt.e) . N. de[ T.

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hace mucho tiempo, Jos "voyous'' de! Vercors y los ''terroristas" de  la Resist€ncia,
Los vietnamitas que inueren ante el pelot6n de  ejecuci6n no esperan que su sacrificio permita la reaparici6n de un pa­ sado. Aceptan  morir  en nombre de! presente  y el futuro.    . Si alguna vez se me ha planteado el problema de solidri­ 'zarme efectivamente con algun  pasado  deterroinado  ha  s1do en la medida en que yo me habia empefiado, _haci_a mi ;111ismD
y  hacia  mi  pr6jimo,  en  combatir  ·co  tod  ID\ ex1stencia,  con
todas mis fuerzas para que nunca hub1ese, Jamas, pueblos escla­ vizados  sobre  la tierra.
No es  '. mundo quien dicta mi conducta. M! pie! negr
no es deposihria de valores especificos. Hace ya t1empo que e1 cielo estrellado que dejaba a Kant  anhelant  nos  ha entregado sus secretos.  Y  la ley  moral duda de si   misma.    ..
En tanto que hombre me comprometo a afrontar .el riesgo de la  aniquilaci6n  para  que  dos  o tres  verdades  arroien sobre
el mundo  su  claridad esencial.
Sartre ha mostrado que el pasado, en la linea de una  ac­ titud inautentica, "agarra" en masa y,  s6lidamente  labrado, acaba informand o al individuo. Es un pasado transmtado en valor. Pero yo puedo tambien coger mi pasado, valorizarlo o condenarlo en elecciones  sucesivas.    .    ,
El  negro  quiere  ser  como  el  blanco.  Para  el  negro solo
hay un destino. Y es un· destino blanco. El negro, hace de esto mucho tiempl), admiti6 la superioriad indiscut_ible d_el blanco, y todos  sus esfuerzos tienden a realizar  una ex1stencrn blanca. z E s  que  no tengo otra  cosa  que hacer  en esta  tierra que
vengar  a los  negros  del siglo  XVII ?
z Tengo que plantearme  el problema  de la verdad negra en
esta  tierra  que  ya  empieza  a ocultarse?
z Tengo  que conf inarme  en la justif icaci6n  de un angulo
f acial?    ,
Yo, hombre de  color,  no tengo derecho  a  buscar  en que es superior o inferior  mi  raza  a otra  cualquiera.    .
Yo hombre de color, no tengo derecho a desear la cns­ talizaci6n en el  hombre  blanco  de  una  culpabilidad respecto al pasado de mi  raza.
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Yo, hombre  de color,  no  tengo  derecho  ll. preocuparme poi
]os  medios  que  me  permitirian  pisotear  la  soberbia   de!anti, guo  senor.
No tengo derecho ni deber de exigir reparaci6n por mi! antepasados  domesticados.
No  hay  una  misi6n negra ; no hay  un fardo  blanco.
Un buen dia me ·descubro en un  mundo  donde  las  cosai van ma!; UIJ mundo donde siempre se est:i hablando de aniqui, laci6n  o  de victoria.
Me descnbro, yo, hombre,. en un mundo  donde las  palabrai se adornan con silencio ; un mundo donde el otro, intermina· blemente,  se endurece.
No, no tengo derecho a gritar  mi  odio  al blanco.  No  teng( la obligaci6n o el deber de murmurar mi  reconocimiento  a: blanco.
Esta mi vida, atrapada en el lazo de la existencia. E&ta m: libertad que me remite  a  mi  mismo.  No,  no  tengo  derecho  a ser  un  negro.    ·    >'
No tengo obligaci6n o deber de ser esto o aquPllo . . .
Si  el  blanco  me  discute  mi  humanidad,   yo  le  demostrare, haciendo  pesar  sobre  su  vida  todo  mi  peso  de  hombre,  que  ye no  soy  ese  "iAl  rico p!atano !" con  que  insiste  en  imaginarme.
Yo me descubro un dia en el  mundo  y  me  reconozco un solo  derecho ,  el de exigir  al  otro  un  comportamiento  humano.
Un sofo deber. El de no renegar de mi libertad en mi elecciones.
No  quiero ser la victima  de la Trampa  de  un  mundo  negro.
Mi vida no se consagrar:i a hacer el balance de los valores negros.
No hay mundo blanco, no hay etica hlanca,  no  hay  su­ perior   inteligencia  blanca.
Hay  de] ca:bo  al  rabo  de!mundo  hombres  que  buscan.
No soy prisionero de la Historia. No  tengo  que  buscar en ella  el  sentido  de  mi destino.
Tengo que recordarme en  todo  momento  que  el  verda­ dero rolto consiste en introducir  la  invenci6n  en  la existencia. En  el  mundo  por   el  que  yo  camino,  me  creo  intermina­
blemente.
 
Soy  solitlario  de!Ser  en  la  medida  en  que  lo  rebaso.
A traves de un problema  particular,  vemos  perf ilarse el tle la Acci6n. Puesto en un mundo, en situaci6n, "embarcado" como queria Pascal, i voy a dedicarme a amontonar armas? iVoy  a  pedir  al  hombre blanco  de hoy  que se haga  res-
ponsable  de  los  J\egreros  de!siglo  XVII?
i Voy a intentar por todos los medios que nazca la Cul­ pabilidad  en las almas?
i El   dolor   moral   ante   la   densidad  de! Pasado?   Yo   soy negro,  y  toneladas   de   cadenas,  huracanes   de  golpes,   rios  de salivazos   surcan  mis  hombros  y  espaldas.
Pero no tengo derecho  a dejarme  anclar.  No  tengo derecho a  admitir  la  menor  parcela  de  ser  en  mi  existencia.  No  tengo derecho  a dejarme  engullir  por  las determinaciones  de!pasado._ No  soy  esclavo  de  la  Esclavitud  que  deshumaniz6   a  mis
padres.
Para muchos intelectuales de color la cultura europea presenta un car:icter de exterioridad. Adeinas, en las relaciones humanas, el negro puede sentirse extraiio al mundo occidental. No queriendo parecer el pariente pobre ni hijo adoptivo ni retofio bastardo, i intentara descubrir febrilmente una civi­ lizaci6n negra ?
Y,  sobre  todo,  que   se  nos  comprenda.   Estamos   conven­ cidos  de  que  seria  de   sumo   interes   entrar   en  contacto  con una  literatura  o  una  arquitectura  negras  de!siglo II  antes  de Cristo.  Nos  haria  muy  f eUces   saber  que   existi6   una   corres­ pondencia  entre  ta! fil6sofo  negro   y  Plat6n.  Pero   no  vemos en  absoluto  en  que  podria  cambiar  este  hecho  la  situaci6n  de Jos  chiquillos  de ocho afios  que trabajan  en  los  campos  de  cafia en  Martinica  o  en  Guadalupe.
No hay que  intentar  fijar  al  hombre,  pues  sil  destino  es ser  soltado.
La densidad de la historia no determina ninguno  de  mis actos.
Yo  soy  mi  propio fundamento.
Yo introduzco el ciclo de mi libertad superando el dato hist6rico,   instrumental.
 
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La desd:eha y  ia inhumanidad  del blanco  es haber matad
·al hombre  en  alguna parte.
Aun  hoy  tratan  de  organizar  racionalmente   esta  deshi
manizaci6n.  Pero  yo,  hombre   de  color,  en  la   medida  en  qu me  es posible  existir  absolutamente,  no tengo  derecho  a  aca1 tonarme   en  un  mundo   de  reparaciones.   retroactivas.
Yo, hombre  de  color, s6lo quiero  una cosa:
Que ja'llas el instrumento domine al hombre.  Que  ce para siempre la -esclavizaci6n del hombre por el hombre. l decir, de mi  por  otro. Que  se  me  permita  descubrir  y quer
al  hombre,  donde este.
El negro no es. No mas que el blanco.
Los dos tienen quP apartarse de las voces inhumanas q fueron  las de  sus  antepasados  respectivos  a fin  de  que nai
una  autentica  comunicaci6n.  Antes  de  empefiarse  en  la   ,    1 ·
positiva  la  Ebertad  tiene  que  empefiarse  en  un  esfuerzo
desalienaci6n.  Al comienzo de su . exist€ncia,  un  hombre e    I siempre  congestionado,  ahogado  en  la  contingencia.  La c    i
·    gracia  de!hombre  es  haber  sido nifio.
Los hornbres  pueden  crear  las  condiciones  de exister
ideales de un mundo humano mediante un esfuerzo de reas ci6n de sf y de desprendimiento voluntario,  mediante  una  1
si6n permanPnte de su libertad.
iSuperi0ridad 7  l lnferioridad 7    i
i Por  que  no  intentar,  sencillamente,  la  prueba  de t<
al  otro, sentir  al otro,  revelarme  al otro 7
l Acaso  no  me ha  sido dada  mi libertad  para ,edifica
mundo del Tu7
Al final de esta obra quisiera que los demas sintiesen  c
yo  la. dimension  abierta  de  toda conciencia.


Mi ultima oraci6n :
iOh,  cuerpo  mio,  haz  de  mi,  siempre,  un  hombre  qw
terrogue!

 

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AuthorLuis Nicho