Martín Bergel
La desmesura revolucionaria. Prácticas intelectuales y cultura del heroísmo en los orígenes del aprismo peruano (1923-1931)
[18/05/2007]
Resumen-
Cet article se propose d’explorer certains aspects des pratiques et des discours propres à
la génération fondatrice de l’APRA péruvien, afin d’établir la nature de son projet
révolutionnaire. Il s’agit d’abord de mettre en lumière les pratiques intellectuelles
développées par ces acteurs pour construire un modèle qui dépasse la simple figure de
« l’éducateur du peuple » –elle-même déjà présente dans le mouvement réformiste
universitaire–, pour étudier ensuite comment ceux-ci prétendent avoir un impact latinoaméricain.
Si cet article met en valeur le rôle central de Víctor Raúl Haya de la Torre
dans la gestation de ce mouvement, il s’intéresse également au groupe de jeunes exilés
apristes qui donne corps à ses idées. Ces jeunes participent également à la mise en place
des traits et de l’ethos aventurier et vitaliste qui singularisent les apristes en tant
qu’intellectuels révolutionnaires des années 1920.
Entradas del índice
Mots clés :
aprisme, culture vitaliste, léninisme, pratiques intellectuelles, réforme Universitaire
Keywords :
leninismo
Palabras claves :
aprismo, prácticas intelectuales, reforma universitaria
Tabla de contenidos
I -Introducción
II -Un partido de intelectuales
III -Aventura y revolución
IV -Como hacer cosas con palabras
V -Revolución americana, revolución peruana
A modo de conclusión: el aprismo de los veintes, ¿un leninismo latinoamericano?
Texto integral
señalar
César Vallejo escribe que, mientras Haya de la Torre piensa que la Divina comedia y el Quijote
tienen un substrato político, Vicente Huidobro pretende que el arte es independiente de la
política (…) En esta, como en otras cosas, estoy naturalmente con Haya de la Torre. Si política
es para Huidobro, exclusivamente, la del Palais Bourbon, claro está que podemos reconocerle a
su arte toda la autonomía que quiera. Pero el caso es que la política, para Haya y para mí, que la
sentimos elevada a la categoría de una religión, como dice Unamuno, es la trama misma de la
historia. En las épocas clásicas, o de plenitud de un orden, la política puede ser sólo
administración y parlamento; en las épocas románticas o de crisis de un orden, la política ocupa
el primer plano de la vida.
J. C. Mariátegui, “Arte, revolución y decadencia” (1926)
Nuestra influencia revolucionaria en América debe dejarse sentir como la de los revolucionarios
rusos en Europa antes de la revolución. Debemos tratar de hacer llegar a toda América la
vibración de nuestro programa y agitar mucho, muchísimo. No hay que desanimarse; cinco
rusos han removido al mundo. Nosotros somos veinte que podemos remover la América Latina.
V. R. Haya de la Torre, carta a E. Ravines (1926)
I -Introducción
La década de 1920 ha quedado estampada en el cuadro general de la historia
contemporánea como un momento de cambios profundos y alternativas radicales*. La
crisis de la conciencia de Occidente sobrevenida con la Gran Guerra, derivó en
mutaciones sociales, políticas y culturales que hicieron crujir el mapa del mundo. El
profundo impacto de la Revolución Rusa, el posterior ascenso de los fascismos, la
experimentación de las vanguardias estéticas, o aquello que a los ojos de muchos
occidentales de entonces se presentó como “el despertar de los pueblos del Oriente”, son
apenas algunos de los signos de un período preñado a la vez de incertidumbres y
grandes novedades, de insondables desazones y de robustos optimismos. En América
Latina, con todo, los trastornos de posguerra tuvieron un desigual alcance. Así, si en
México esos años fueron testigos del apaciguamiento de las guerras revolucionarias de
la década anterior y la estabilización del orden, y Argentina vivió allí un período de
prolongada democracia política como no tendría hasta más de medio siglo después, en
otros países la crisis de los regímenes oligárquicos se resolvió con la instauración de
dictaduras autocráticas. No obstante, el tono general de la década fue de modernización
económica e incorporación política de nuevos estratos sociales. Y, si es que resulta
revelador de algo, el carácter atemperado y “módico” que habitualmente se señala en las
vanguardias estéticas latinoamericanas –en contraste con sus pares europeas-, indicaría
que, en efecto, los años ´20 fueron para América Latina relativamente más sosegados
que en otras partes del planeta.
Todo lo dicho resulta demasiado general frente al caso del que nos ocupamos en este
trabajo. En los años ´20, el singular curso que adopta en el Perú el movimiento de la
Reforma Universitaria -surgido primeramente en Argentina en 1918 y esparcido
rápidamente luego en todo el continente-, dará lugar a una constelación político-cultural
que desbordará cualquier atisbo de moderatismo para alcanzar tonos de exasperada
radicalidad. De su seno, a través de las figuras de Víctor Raúl Haya de la Torre y sobre
todo de José Carlos Mariátegui, se ha podido decir que cobra vida un marxismo
auténticamente latinoamericano.1 También de su seno, y nuevamente por gracia de
Mariátegui, según se señala con frecuencia la vanguardia estético-política
latinoamericana alcanza su cenit con la revista Amauta.2 Y, si el tema de la emergencia
de una nueva generación americana recorre todos los países del continente, en pocos
sitios como en el Perú se realiza un “balance y liquidación” (tal la conocida imagen
propuesta en los ´30 por el intelectual aprista Luis Alberto Sánchez) tan sumario de las
generaciones precedentes.3
Ahora bien, aunque ese estrato político-cultural peruano ha recibido abundante atención,
muy particularmente la trayectoria y el ideario de Mariátegui y Haya de la Torre,
todavía hay perspectivas que no han sido suficientemente exploradas. Tal el caso no
sólo de las ideas sino también de las prácticas del entero núcleo de jóvenes peruanos (y
ya no exclusivamente de aquellas dos figuras ilustres) que, liderados ciertamente por
Haya, se propusieron construir un movimiento revolucionario de alcance continental
bajo el nombre de Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA).4
Este trabajo se propone entonces abordar un conjunto de dimensiones atinentes al
discurso y a la praxis del núcleo fundador del APRA. En su enorme mayoría
perseguidos y exiliados por el gobierno del dictador Augusto B. Leguía (1919-1930),
esos veinte jóvenes5 a los que alude Haya en la carta de la que surge la cita del epígrafe
desarrollarán en unos pocos años un movimiento de gran repercusión en el continente
que rivalizará con la III Internacional y que en el Perú dará origen en breve tiempo a un
partido de masas. Este texto se propone interrogar el comportamiento de Haya de la
Torre y de quienes lo secundan en la primera etapa del APRA, en función de establecer
la naturaleza de la apuesta revolucionaria que buscan llevar a cabo. ¿Qué tipo de figura
componen los jóvenes que dan cuerpo inicial al APRA? ¿Cuáles son sus propósitos y
qué tipo de prácticas realizan para desarrollarlos? ¿Cuál es la especificidad del APRA
en tanto movimiento revolucionario en los años ´20? Para responder a estas preguntas,
este texto examina la historia inicial del APRA hasta 1930. La fundación ese año del
Partido Aprista Peruano y su meteórico crecimiento como partido de masas, que incluirá
la presentación de Haya en las elecciones presidenciales de 1931 y la fallida revolución
de Trujillo de 1932, se inscriben ya en un ciclo histórico de diversa naturaleza que
excede los marcos de esta investigación.
II -Un partido de intelectuales
Un juicio ya consolidado ubica al aprismo peruano como la primera encarnación de un
fenómeno social y político típicamente latinoamericano: el del populismo. Esa
perspectiva interpretativa se respalda, entre otras razones, en el liderazgo carismático
ejercido por Haya, en su discurso antiimperialista y nacional-popular, y en su apelación
a la conformación de una alianza o bloque de diferentes clases y segmentos sociales. Sin
embargo, al menos en su primera fase el APRA presentó caracteres que se distinguen de
algunos de los rasgos típicos del populismo latinoamericano. En su etapa primigenia, el
aprismo es ante todo un partido de intelectuales. ¿Pero qué tipo de intelectuales?
Provenientes en su mayoría de familias de clase media o acomodadas del interior del
país –aunque no pertenecientes a las elites económicas y políticas-, casi todos los
primeros apristas eran universitarios, en un contexto en el cual el paso por la
Universidad continuaba siendo un privilegio restringido a círculos limitados.6 Varios de
ellos, llegados de provincias, se van a incorporar paulatinamente al movimiento de
Reforma Universitaria que desde 1919 se desarrolla en Lima, con centro en la
Universidad de San Marcos. La Reforma en el Perú rápidamente va a adquirir un perfil
propio que la conducirá a sobresalir en el contexto latinoamericano por haber logrado
satisfacer una de las premisas fundacionales del movimiento surgido en la ciudad
argentina de Córdoba en 1918: la de trascender la esfera propiamente universitaria para
fundirse con los sectores sociales subalternos, sobre todo obreros. En enero de 1919 una
comisión de estudiantes, en la que sobresale ya la figura de Haya de la Torre, va a
participar activamente de la lucha de los trabajadores por obtener la sanción de la ley
que establecería la jornada laboral de 8 horas. La movilización concluye en un resonante
éxito, y Haya, quien además de participar intensamente en la campaña y de encabezar
las negociaciones con el gobierno es el encargado de transmitir la noticia del triunfo,
obtiene un primer reconocimiento significativo de parte de obreros y estudiantes.7
Ese sesgo singular que adquiere la Reforma Universitaria en el Perú se va a profundizar
con la creación, a comienzos de 1921, de la Universidad Popular (rebautizada poco
después como Universidad Popular González Prada, UPGP). Impulsada fervientemente
por Haya de la Torre, que prontamente es elegido como Rector, la UPGP parece haber
sido en efecto una experiencia crucial para el núcleo de jóvenes que impulsaría el
APRA. En su “Estatuto y Reglamento” pueden leerse sus propósitos:
La Universidad Popular González Prada trabaja por la formación de una cultura
proletaria, exenta de las supersticiones y de las limitaciones de la cultura burguesa.
Quiere que el pueblo adquiera, junto a una cada vez más perfecta conciencia de clase,
un concepto más iluminado de su propio destino y de su propia ruta (…) La Universidad
Popular se propone comunicar al pueblo peruano con las grandes corrientes de
renovación que en esta época están transformando el mundo.8
El documento agrega en sus disposiciones que el cuerpo de profesores de la UPGP
estaría conformado por “todo intelectual o estudiante de espíritu libre que el Comité de
Obreros y profesores de cada Universidad Popular acuerde incorporar a su seno”. He
allí entonces el objetivo de esta institución: el de comunicar y popularizar los saberes
antes restringidos a la esfera de la Universidad oficial o a los círculos de la escena
intelectual o artística. Y aunque este tipo de iniciativas no era todo lo original que Haya
de la Torre pretendía,9 la experiencia de la UPGP adquirió rasgos singulares (en parte
reales y en parte mistificados en el posterior discurso aprista) que resultaron en dos
procesos distintos, centrales ambos en la historia que estamos narrando. De un lado, la
UPGP dotó al movimiento universitario peruano de una resonancia y un prestigio que
facilitarían su proyección continental y mundial, una empresa que Haya de la Torre
buscaría afanosamente. De otro, la Universidad Popular parece haber sido en efecto un
laboratorio social y cultural que dejó marcas subjetivas importantes. A partir de la
apertura de una sede en el distrito obrero de Vitarte, un número considerable de
trabajadores pudieron entrar en contacto con lo más refinado y actualizado de la cultura
intelectual del período (allí Mariátegui, recién regresado de Europa en 1923, procuró
comunicar en clave marxista las dinámicas políticas y sociales que sacudían al mundo
en ese entonces en 17 conferencias luego agrupadas en su libro Historia de la Crisis
Mundial). No casualmente de la UPGP saldrían los líderes obreros que posteriormente
conformarían las centrales sindicales aprista y comunista. Pero, más importante para
nuestros propósitos, no sólo los alumnos-trabajadores se vieron afectados por la
experiencia de la UPGP, sino que ella parece haber sido decisiva en la formación de los
propios docentes, algunos de ellos muy jóvenes. El hecho de haber compartido con
trabajadores actividades formales y recreativas (la UPGP puso mucho empeño en
organizar las llamadas “Fiestas de la Planta”),10 además de compartir la gestión y la
vida cotidiana de la Universidad, resultó en la conformación de un núcleo de activos
jóvenes dirigentes que, en torno a la figura de Haya de la Torre, comenzó a vislumbrar
un proyecto político común. En efecto, es en el curso de estos años cuando parece
haberse soldado una relación tanto de camaradería y amistad entre muchos de ellos,
como de fidelidad al liderazgo de Haya. Como resultado de este proceso, cuando en el
bienio 1923-1924 el presidente Augusto B. Leguía comience a ejercer una política de
persecución y muchos de ellos tengan que emprender la ruta del exilio a distintos países
de América y Europa, aún a la distancia lograrán mantener el sentido de común
pertenencia al proyecto que por esos años dará a luz Haya de la Torre. Ese “nosotros”
que permanece entre los jóvenes exiliados de París y Buenos Aires, de México y La
Habana, será crucial para entender la puesta en marcha del vigoroso y desmesurado
intento de llevar a cabo una revolución social de alcance latinoamericano.11
Como es conocido, la estatura de la figura de Haya sería continuamente agigantada por
él mismo a través de una estrategia de autoconstrucción de una imagen siempre
edificante. La egolatría que acompañó en toda su vida a Haya de la Torre no necesita ser
recordada. Pero si ya desde joven el líder peruano se empeñó en construir su propio
mito, los valores que reclamaba para sí (el coraje, el trabajo, la disciplina, el heroísmo,
el prestigio intelectual) no resultaban demasiado ajenos a lo que veían en él quienes lo
rodeaban. Así es como se entiende que algunos jóvenes que conocieron a Haya en la
etapa de la UPGP no dejaron de serle fiel hasta el fin de sus días. Es el caso, por
ejemplo, de Luis Heysen. Joven estudiante de agronomía nacido en Lambayeque, al
norte del Perú, con sólo 19 años conoce a Haya y se incorpora como profesor en las
UPGP. Heysen va a estar muy cerca de Haya en las jornadas del 23, 24 y 25 de mayo de
1923, que catapultan al líder peruano al centro de la vida política nacional. Ante la
decisión de ribetes electoralistas de consagrar al Perú al Corazón de Jesús (una medida
que cancelaba la libertad de culto), Haya de la Torre organiza y es la figura principal de
un multitudinario movimiento social que, aún cuando reprimido por el gobierno de
Leguía, logra torcerle el brazo e impedir la asociación entre Estado e Iglesia. Los
sucesos, que dejan como saldo un estudiante y un obrero muertos en la represión a
manos del régimen, estuvieron cargados de un profundo dramatismo y conmovieron a
una opinión pública que desde entonces reconoció en Haya al principal líder opositor.
Fruto de esta movilización comienza el hostigamiento de Leguía a la UPGP, que
culminará con el exilio primero de Haya y luego de los demás jóvenes profesores.
Heysen, que tras escapar a Chile acabará por exiliarse en la Argentina, seguirá a la
distancia atentamente las directivas que a través de la correspondencia envía Haya. Pero
no es el único: los breves pero intensos años de la UPGP y las movilizaciones de mayo
de 1923 (en las que, a juicio de Mariátegui, “tuvo su bautizo histórico la nueva
generación”)12 prohijaron un proyecto político que el exilio, más que interrumpir,
amplificó. Así, cuando Haya en el curso de 1926 lanza desde Inglaterra el proyecto del
“Frente Único de trabajadores manuales e intelectuales de América Latina” (el APRA),
que dará a conocer en decenas de publicaciones a través del artículo “¿Qué es el
APRA?”, inmediatamente encuentra eco positivo en esos que han sido sus compañeros
en la Universidad Popular.13 Y en el curso del año ´27 son ellos quienes secundan a
Haya a través de la creación de “células apristas” en Buenos Aires, París, México y
luego otras varias ciudades latinoamericanas.
¿Cuál es el objetivo de esas células? En cartas febrilmente escritas desde Londres,
Oxford, Estados Unidos, México, Centroamérica, París o Berlín (los lugares del
peregrinaje de Haya desde 1926 hasta 1931, el momento de su retorno al Perú), el líder
peruano no cesará de prescribir sus tareas. Los apristas en el exilio debían permanecer
disciplinadamente comunicados. Debían también desarrollar intensas campañas de
propaganda. Pero debían también hacer otra cosa: proseguir sus estudios, formarse
como intelectuales revolucionarios.
En la imagen de Haya que los demás jóvenes apristas hicieron suya, el nuevo
revolucionario americano debía ser, además de un hombre entregado incansablemente a
la acción, alguien preparado intelectualmente para la agitación política o para el diseño
y la puesta en marcha de programas de transformación social. Magda Portal, joven
poeta de la vanguardia artística limeña y, desde 1927, figura de peso en la célula aprista
mexicana, recordaba así la indicación del líder peruano:
Haya me dijo: ¨ya no puedes seguir escribiendo poesía. Ahora tienes que estudiar Economía
Política¨. Me puse a estudiar (…) En el fondo, tuve un desgarramiento, pero había tomado la
decisión: ´Tengo que estudiar, Haya nos ha dicho que tenemos que estudiar¨14
“Economía política”, tal el nombre que nos permite entrever el tipo de estudio que Haya
sugería. Los años europeos, sobre todo durante su estancia en Londres y Oxford, son
para el líder peruano un período de intensa formación marxista.15 De allí surge la
directiva del líder peruano de que el antiimperialismo aprista debía trascender el mero
ejercicio retórico para fundarse en análisis económicos concretos. Esa era la tarea que
Haya encomendó a las células apristas, muy especialmente a la de París encabezada por
Eudocio Ravines:
La sección de París de nuestro frente único debe concretarse, más que ninguna otra, a una tarea
de estudio. Por eso me parece París el lugar propicio para la fundación del Centro de Estudios
Antiimperialistas del APRA (…) La tarea inmediata de los latinoamericanos residentes en París
y afiliados al frente único antiimperialista del APRA es estudiar el imperialismo, sus aspectos y
sus consecuencias en nuestros países. Nuestra ignorancia en este orden es lamentable. Si
supiéramos medir los avances del imperialismo con la misma seguridad con que sabemos medir
los versos de un soneto romántico, no caeríamos en el error de creer que el imperialismo
´comienza´ cuando los marineros yanquis llamados por un señor Díaz cualquiera desembarcan
en nuestras playas (…) No descuidemos nuestra propaganda; pero nuestra propaganda tiene que
ser científica, demostrativa y corolario de nuestros estudios.16
A pesar de su tono, no corresponde leer estas directivas de Haya como una imposición.
Los jóvenes apristas tenían natural vocación por el estudio. Y el exilio, en ese sentido, y
a pesar de todas las dificultades, se les apareció como una oportunidad para proseguir la
formación interrumpida en el Perú. Heysen, por caso, pudo culminar sus estudios en
Agronomía en la Universidad Nacional de La Plata, que publicó su tesis sobre el
porvenir del agro argentino. Luego, en 1928, viajó a París, donde se inscribió en La
Sorbonne. Lo mismo hizo Ravines, que tras unos años en Buenos Aires emigró también
a la capital francesa, desde donde incluso podía pedir a Haya una tregua en las
actividades apristas para que “los muchachos” (de la célula aprista) puedan afrontar sus
exámenes.17 Desde allí, también, podía jactarse –según refirió Heysen en una carta-de
que entre los americanos eran los peruanos apristas los más avezados en el
conocimiento de la doctrina marxista:
En América, pocos comprenden a Haya, porque allí la ignorancia es el mal dominante. Tenemos
que enseñar a conocer a Haya y a hacer comprender el marxismo. Fuera de Haya, de
Mariátegui, y de unos cuantos de nosotros, en América no hay marxistas. El marxismo en la
América Latina es el aprismo.18
Los estudios en el exilio, en especial en Europa, dieron un aura de prestigio a los
desterrados peruanos. De todos ellos, fue Haya el que procuró más afanosamente
agenciarse credenciales académicas. Notablemente, el período que se abre con la
publicación de “¿Qué es el APRA?”, a fines de 1926, en el que Haya desarrolla una
frenética política de presentación a escala internacional de la flamante organización que
dirige a través de un sinnúmero de cartas y artículos publicados en decenas de revistas y
diarios de Europa y América, es al mismo tiempo el momento en que el líder peruano es
alumno de la Escuela de Antropología de la Universidad de Oxford, adonde ha llegado,
tras su paso por la Universidad de Londres, por recomendación de célebres profesores
como Firth, Laski y Malinowski. En sus días en la tradicional ciudad universitaria
inglesa Haya podía combinar su asistencia a clases y el dictado de conferencias (que
parecen haber generado importante repercusión), con una intensa “política epistolar”
transcontinental a través de la cual diseña la táctica de expansión del APRA, y una
también prolífica tendencia a escribir artículos sobre actualidad política inglesa y
mundial -muchos de ellos pagados por diarios sudamericanos-, mientras invocaba la
amistad de prestigiosas figuras europeas del mundo intelectual y literario de entonces
como Romain Rolland (a la sazón autor de una calurosa carta a Haya que es publicada,
en francés, como introducción a su primer libro Por la Emancipación de América
Latina, lanzado en Buenos Aires en 1927 para apuntalar la difusión de las ideas
apristas).
Con todo, en ésta, como en otras cosas, Haya no es sino una expresión exacerbada de
rasgos que pueden hallarse en otros exiliados apristas. Cuando luego de la caída de
Leguía en 1930 todos ellos emprendan el regreso al Perú, donde fundan la versión local
del APRA (el Partido Aprista Peruano), se presentan al público de su país como figuras
a un tiempo jóvenes y consagradas. En la narrativa que construyen, en la que a menudo
aparecen bajo un estatuto casi mítico, el lugar de los saberes adquiridos en el exterior
ocupa un lugar prominente. Tal el caso del relato promovido por Manuel Seoane, quien
apenas llegado a Lima dicta una conferencia ante un abarrotado auditorio:
Venimos de pelear intensamente con las dificultades económicas en países desconocidos (…)
Venimos de trabajar y de sufrir. Pero venimos con la misma fe de nuestros mejores días, con
más fe que antes, si cabe, porque en el exterior, viviendo en el estudio de las universidades o de
las bibliotecas, y atendiendo a los experimentos sociales de otros pueblos, hemos aprendido el
método científico que nos permitirá llegar a la realización de lo que antes era un sueño de
románticos.19
III -Aventura y revolución
Yo hacia la vida
como una ancha boca roja
con mil voltios de locura proa feroz al futuro
Magda Portal, “Canto Viajero” (1927)20
·
Poetas vanguardistas como Magda Portal, Serafín Delmar, Julián Petrovick o Esteban
Pavletich, filósofos como Antenor Orrego, agrónomos como Luis Heysen, médicos
como Oscar Herrera, críticos literarios como Luis A. Sánchez, estudiosos de procesos
económicos como Carlos Manuel Cox, Manuel Seoane y Eudocio Ravines, los apristas
de los años ´20 eran todos jóvenes de aspiraciones intelectuales que, sin embargo, se
pensaban a distancia del modelo lírico del intelectual que creían ver en su generación
anterior. Hombres y mujeres “en marcha”, arrojados a los vaivenes de la lucha
revolucionaria, se concebían esencialmente como jóvenes “de acción”. De allí que
incluso una organización antiimperialista en la que algunos participarían activamente
como la Unión Latinoamericana fundada en Buenos Aires por José Ingenieros, les
mereciera reparos por estar limitada a “fines de acción intelectual”.21 La categoría
“intelectual” podía aparecer en el discurso aprista negativamente connotada, si y sólo si
comportase en la práctica una actividad reñida con la acción. Puesto que, al decir de
Carlos Manuel Cox, “la dualidad entre el pensamiento y la acción es una forma de
división del trabajo que trata de abolir el socialismo”.22
Y ello nos reenvía a otra representación del intelectual que se encuentra en el centro de
la doctrina aprista. Para el APRA, que se presentaba como “frente de trabajadores
manuales e intelectuales”, el intelectual es también, precisamente, y tanto como
cualquier obrero, un trabajador. He allí una pieza clave que ilumina tanto la
autorrepresentación de Haya y el núcleo de jóvenes que lo secundan, como, más en
general, la estrategia política aprista. Porque su formulación lleva implicada no
meramente una elección de las alianzas políticas sino el intento de fundar teóricamente,
a través de la propiedad común del trabajo, un lazo orgánico entre obreros e
intelectuales revolucionarios. Ya tempranamente, en una conferencia en La Habana al
inicio de su periplo como exiliado, Haya establecía esa propiedad común:
Esta de moda la palabra ´revolucionario´ (…) Anda en boca de todos; todos la toman y tienen a
su alcance, y tienen la satisfacción de aplicarla; pero como no todos la comprenden, corre el
riesgo de que invocando su nombre la empleen los que no son revolucionarios (…) La
revolución está contenida en una distinción que cada cual puede hacer por sí mismo: hay
quienes viven de su trabajo y hay quienes viven del trabajo ajeno. Cada cuál, según su
conciencia, podrá decidir a cuál de esas dos clases pertenece.23
La frontera política quedaba así establecida, y los intelectuales, que “viven de su
trabajo”, quedaban también potencialmente incluidos (“según su conciencia”) dentro del
campo revolucionario.
En los relatos en los que insertaba trazos autobiográficos Haya mismo podía jactarse de
haber vivido apenas austeramente gracias a su propio “trabajo intelectual”. Una suerte
corrida también por otros jóvenes exiliados apristas. En Buenos Aires, según el relato de
Ravines, en los primeros tiempos vivían todos juntos (Seoane, Cornejo Koster, Herrera,
Ravines, entre otros), para abaratar costos.24 La vida de los desterrados, en general,
rondaba la precariedad y la aventura. El mismo Ravines, que en cartas a sus compañeros
ironizaba acerca de su poca fortuna en materia laboral, podía escribir a su amigo Heysen
en 1925 lo siguiente:
pienso pasear por América -si paseo puede llamarse a esta gira forzada de vagabundo-y luego
escribir un libro sobre América: mis frases tendrán todo el fuego necesario para pulverizar a los
gobiernos del Perú, Bolivia y Venezuela, principalmente. Atacaré con todas mis fuerzas el
imperialismo yanqui. Quisiera vivamente conocer Europa primero, y luego recorrer Cuba,
Centro América, en general toda la América. Veremos si es posible.25
El tono de esta carta ofrece una buena muestra de la disposición vital de los jóvenes
apristas. La circunstancia del exilio no parece haberlos sumido en la depresión o el
silencio; antes bien, vino a incrementar su actitud beligerante y su actividad militante.
Los versos del poema “Canto Viajero” de Magda Portal que sirven de epígrafe al
presente apartado, escritos justo después de haber sido expulsada del Perú junto a su
pareja Serafín Delmar en 1927 –y publicados de inmediato en la Revista de Avance de
La Habana, la primera ciudad a la que arriba la pareja-, reflejan ese ánimo. El exilio es
vivenciado como un momento tanto de confirmación de la necesidad de dar batalla a los
enemigos políticos (las dictaduras latinoamericanas, aliadas al imperialismo), como de
apertura a la experiencia de un mundo que promete vivencias intensas.
Algunos hechos predisponen el florecimiento de una disposición tal. El lenguaje común
que la Reforma Universitaria ha puesto a disposición de las juventudes del continente,
genera rápida empatía entre los jóvenes peruanos y sus pares de las ciudades
latinoamericanas a las que arriban. Ese sentimiento se refuerza en tanto los apristas
aparecen investidos del aura que rodea la trayectoria del reformismo universitario
peruano, y que ellos mismos se encargan de transmitir. Así, desde el momento mismo
de su expulsión del Perú el exilio de Haya se transforma en un inacabable peregrinaje en
el que su figura, vista como la encarnación viva del nuevo leader americano, es
continuamente agasajada. En Panamá, su primera parada en octubre del ´23, se vincula a
jóvenes universitarios que organizan 11 conferencias dedicadas a la propaganda
antiimperialista y que merecen que los miembros de la sociedad estudiantil “Camena” lo
nombren “Presidente de Honor”; de allí pasa a La Habana, donde dicta nuevas
conferencias y ayuda a fundar, bajo el modelo de la UPGP, la Universidad Popular José
Martí; México es su próximo destino, donde José Vasconcelos, al frente entonces de la
cartera de educación del “Estado revolucionario”, le tiene reservado tanto un puesto
como asistente como el dictado de nuevas conferencias. Pero la comodidad y el cariño
que le tributan en México no colman a Haya, que tras seis meses emprende el viaje a la
Rusia revolucionaria….De allí a Suiza, París, Londres, Oxford, Estados Unidos,
nuevamente México y Centroamérica, ya en 1928, para volver a Europa, esta vez a
Berlín. El exilio de Haya es, en suma, un largo periplo proselitista en el que una
incesante curiosidad combinada con una voluntad de protagonismo inquebrantable lo
proyectan como una de las figuras más conocidas de la escena intelectual y política
mundial.
Pero, nuevamente, la curiosidad y el dinamismo no son exclusivos de Haya. Seoane
vive en Buenos Aires, trabaja en el diario Crítica, y viaja en misiones universitarias a
Montevideo y sobre todo a Bolivia (viaje que dará lugar a la escritura del libro Con el
Ojo Izquierdo. Mirando a Bolivia). Su actividad como conferencista por momentos
también será incesante.26 Magda Portal y Serafín Delmar viajan también a Bolivia en
1925, donde se involucran en el periódico obrero Bandera Roja hasta que el gobierno
los expulsa; posteriormente, vuelven al Perú hasta que en 1927 son desterrados por
Leguía a Cuba y México. En 1929 la poetisa dictará una serie de conferencias de cariz
antiimperialista y revolucionario en varios países de Centroamérica que merecerán el
elogio público de Haya.27 Como ya mencionamos, Ravines y Heysen viajan también
por Europa. Pavletich viaja a Cuba, se involucra en Nicaragua con Augusto Sandino y
dirige en México la célula aprista, hasta que es reemplazado por Cox. En fin, los
jóvenes apristas desarrollan una verdadera cultura de viaje militante, que les permite
moverse ágilmente, establecer numerosos contactos, y utilizar todo el dinamismo del
que hacen gala en función de esparcir las ideas y “la emoción” (para usar una palabra
cara a Mariátegui) que brota de su credo por todo el continente.
IV -Como hacer cosas con palabras
25Una de las principales fortalezas del aprismo en sus orígenes se derivó de que los
viajes no impidieron que un sentido de comunidad se mantuviera entre ellos aún a la
distancia. Las cartas cumplieron un papel naturalmente crucial en esa tarea. Una copiosa
correspondencia –de la cual hoy conocemos una reducida porción-mantuvo a los
jóvenes apristas conectados y sirvió tanto para marcar el pulso de su evolución
ideológica como para comunicar el diseño táctico a seguir. Mediante las cartas, Haya
podía no sólo inculcar las ideas-fuerza del APRA, sino prescribir puntillosamente los
modos de desarrollar la propaganda aprista:
No importa repetir. Al contrario, hay que repetirse mucho, pero extender también mucho la
labor de propaganda. Pero hay que escribir. Uno de ustedes debe escribir artículos incesantes
sobre el problema indígena peruano, revelar abusos y conmover la opinión pública con una
propaganda indigenista vívida que conmueva y justifique la revolución (…) Otro debe ocuparse
de asuntos estudiantiles, persecuciones, acción de la UP, en este orden, y recuerdo constante del
heroísmo de la juventud peruana (…) Otro o el mismo debe seguir diciendo que la UP fue la
primera tribuna antiimperialista de América Latina, definida en un sentido económico, y que la
UNIDAD de América es nuestro lema, etc.28
Si Haya recomendaba con tanto énfasis estas modalidades de propaganda, era porque él
mismo las había desarrollado profusamente. Además de las decenas de conferencias y
actos que presidió, Haya fue en el exilio una verdadera máquina de escritura. No hay
hasta la fecha un mapa preciso de todas las publicaciones del mundo en que Haya
escribe en los años ´20, pero es probable que superasen la centena. Sólo en Argentina,
por caso, Haya escribe en todas o casi todas las revistas vinculadas al reformismo
universitario y la izquierda (Revista de Oriente, Nosotros, Claridad, Valoraciones,
Sagitario, Estudiantina, Córdoba, Renovación, Revista de Filosofía, etc.), además de
colaborar en las revistas de la vanguardia estética (Inicial y Martín Fierro) y en los
diarios Crítica y La Voz del Interior. En la célebre revista costarricense Repertorio
Americano de Joaquín García Monge, faro del pensamiento americanista, el historiador
finlandés Jussi Pakkasvirta ha contabilizado más de 50 artículos de o sobre Haya de la
Torre y el APRA sólo entre 1924 y 1930.29 Fuera de Latinoamérica, Haya escribe en
publicaciones universitarias, periodísticas y políticas tales como Foreing Affaires, The
New Leader, The Labour Montly, The Lansburg Weekly y The Socialist Review (órgano
del Partido Laborista) en Inglaterra, The Nation y The Living Age, en Estados Unidos,
Pravda, en Rusia, o la célebre Europe, de París, entre muchas otras. Y si damos crédito
a sus palabras, algunos artículos que envió a partir de su viaje a Rusia, a mediados de
1924, fueron publicados “en más de cincuenta periódicos o revistas de Sur y Centro
América, las Antillas y México”.30 Todo ello sin considerar la correspondencia, cuya
extensión siquiera aproximada desconocemos, pero que debió ser también muy
abundante.31
En el discurso que se desprende del voluminoso corpus de textos de Haya de este
período es posible discernir al menos tres funciones distintas. En primer lugar, una
evidente función de propaganda. Tal como prescribe en la carta a Ravines, Haya se
encarga de dar a conocer, aquí y allá, los hechos de su historia y la de su movimiento
(en un relato en el que ambos referentes, él y el APRA, aparecen como términos
intercambiables, como si configuraran un solo personaje). En su narrativa, ese personaje
aparece asociado siempre a valores que la “nueva sensibilidad” que en efecto surge en
torno al movimiento reformista en todo el continente tiene en alta estima. Así, no es de
extrañar que una corriente de extendida simpatía haya surgido como respuesta a la
insistente campaña de Haya. Al menos hasta sus desavenencias con los Partidos
Comunistas luego del Congreso Antiimperialista de Bruselas de febrero de 1927, el
APRA parece gozar de un eco favorable de toda la izquierda y el progresismo
continentales. En suma, si Haya insiste a sus compañeros acerca de la necesidad de la
propaganda, y de mencionar en ella hechos que generan casi unánime admiración de
parte de la opinión pública (como la Universidad Popular), es porque ha podido
comprobar, a lo largo de su peregrinaje, que esa propaganda es eficaz.
Una segunda función presente en el discurso de Haya es de orden teórico. Una porción
de sus artículos estaba destinada a elucidar problemas concretos que el líder peruano
juzgaba importantes para orientar la actividad revolucionaria. En ellos puede observarse
como la teoría es en el discurso de Haya una precondición para la práctica (o, a la
inversa, como la práctica presupone un horizonte teórico previo). Veamos un ejemplo:
en el número 9 de la revista Amauta, se publica un texto del líder aprista titulado “Sobre
el papel de las clases medias”. Allí Haya se propone elucidar el modo en que el
imperialismo afecta no sólo a las clases obrera y campesina sino también a la clase
media, y ofrece diversos ejemplos de cómo ella es objeto también de “explotación”. El
corolario de este razonamiento aparece sobre el final del artículo:
En estas breves líneas he querido demostrar sintéticamente las razones económicas que imponen
a las clases medias estar al lado de nuestra lucha contra el imperialismo en América Latina,32
Lo que lo llevaba a concluir con un llamado a las clases medias a que se incorporen al
APRA. Sin excesivos alardes teóricos (aunque la invención de conceptos y perspectivas
histórico-filosóficas será otra atribución que Haya se arrogará), estos textos, a veces
apenas argumentos incrustados en artículos de propaganda, podían estar motivados
tanto por un afán de intervención sobre algún problema o coyuntura específica como
por un horizonte estratégico de mediano plazo. Además, en la medida en que eran
aprendidos y repetidos por otros apristas, pudieron ser utilizados para presentar al
aprismo no apenas como un movimiento sino como una doctrina de entidad propia.
Finalmente, una tercera función presente en el relato de Haya radica en la dimensión
performativa de su discurso. En privado, en 1929, tras la sonada polémica que lo alejó
de Mariátegui y la deserción de sus huestes de Ravines y Pavletich, el líder peruano
podía decir irónicamente que “el partido cabe ahora en un sofá”.33 En términos
estrictos, no era ese un juicio demasiado ajeno a la realidad. Sin embargo, el discurso
público de Haya mantuvo siempre un tono que daba a entender que el aprismo no
cesaba de crecer y expandirse. La narrativa del líder peruano contenía una continua
evocación de los hitos del pasado que proyectaban sobre el presente un haz de
conquistas que, anunciando para su movimiento un futuro siempre ascendente,
invitaban a los interlocutores a sumarse a la aventura aprista. Esa dimensión
mitopoiética, de la cual se hacían eco muchas publicaciones latinoamericanas,
presentaba al APRA como la vanguardia de un vasto movimiento americano. En ese
sentido, no es descabellado señalar que las indicaciones de Mariátegui sobre la
necesidad de un mito que inflame a los sujetos en lucha –que, como es sabido, deben
mucho a sus lecturas de Georges Sorel-, encontraron en Haya de la Torre su realización
práctica más acabada. Lo cierto es que esa función performativa y mitopoiética generó
un conjunto de efectos persuasivos que involucraron desde la simpatía difusa de miles
de latinoamericanos a la fundación en 1930 y vertiginosa transformación en un partido
de masas del Partido Aprista Peruano.
Estas tres funciones que hemos descrito aparecían superpuestas y confluían en la
búsqueda de un mismo anhelo: producir un saldo organizativo concreto. El proyecto de
Haya no era por cierto modesto: se trataba de construir un vasto movimiento social que,
encolumnado tras él, lograse articular tanto diferentes clases y grupos sociales
subalternos como agrupamientos intelectuales y políticos de toda América Latina.
Pero aunque nos hemos detenido en el caso de Haya, hay que señalar nuevamente que
todos los apristas escribían intensamente. Desde Luis A. Sánchez, que en los ´20
contaba ya con una producción importante (aunque su militancia activa en el APRA
comienza en rigor recién a comienzos de 1931), al agrónomo Luis Heysen, según sus
compañeros más dotado para la arenga que para el concepto, la militancia en las filas
apristas parecía exigir el desarrollo de una disposición a la escritura. Y es que, para
Haya y los demás apristas en los ´20, escribir es organizar la revolución.
V -Revolución americana, revolución peruana
Si el proyecto aprista aparece como uno desmesurado, es porque en efecto se proponía
actuar a escala latinoamericana. La resonancia obtenida por su discurso y el prestigio
que envolvía a los dinámicos jóvenes peruanos en el exilio, estimularon a Haya a
proponer un objetivo de tales dimensiones. Así, desde Londres podía escribirle a
Ravines lo siguiente:
El triunfo de nuestra revolución sería el principio de una revolución en América, sobre todo en
los países de razas indígenas. Pero por eso nos interesa el poder: inmediatamente que la
revolución peruana tuviera el poder se convertiría en foco de agitación revolucionaria para
América (…) Por eso, nos interesa el ambiente en todos los países de América Latina. Si la
revolución mexicana –distante e incompleta-ha despertado tantas simpatías en el continente, la
nuestra, con una organización de propaganda activa será mucho más popular. De ahí que desde
ahora debemos trabajar nacional e internacionalmente.34
Esa implantación internacional que Haya pedía en octubre de 1926 se aceleró meses
después con la creación formal de las diversas células apristas en distintas ciudades de
Europa y América. Pero eso no bastaba. En los febriles meses de Oxford, Haya busca
incorporar al APRA a otros sectores que simpatizaban con la causa antiimperialista.
Así, cuando en 1926 Heysen es elegido presidente de la Federación Universitaria de La
Plata (en un hecho que sobresalía por ser la primera vez que un estudiante extranjero
pasaba a dirigir ese que había sido foco activo del movimiento reformista argentino),
Haya entiende que en esa elección hay un reconocimiento al entero movimiento
reformista peruano. De allí que saque conclusiones optimistas de esa conquista que por
extensión se atribuye, y que busca consolidar en carta a los estudiantes platenses:
Compañeros estudiantes de La Plata: Nuestra generación tiene ante sí una gloriosa tarea
histórica: luchar contra el imperialismo. Esa lucha no puede realizarse sin una fuerza
organizada, disciplinada, conjunta de todas las fuerzas populares que afecta y explota el avance
imperialista. La unión de los trabajadores manuales e intelectuales para esta lucha, en un gran
frente de acción contra el imperialismo y contra las clases dominantes que tienen el poder
político de nuestros países en sus manos y lo usan para vender la soberanía nacional, es
indispensable. Yo invito a los estudiantes de La Plata, a entrar francamente en ese gran frente
único, en esa gran alianza de pueblos que representa el APRA, cuyas banderas empiezan a
flamear de norte a sur en América Latina…35
Pero la jugada más audaz de Haya llegaría en una carta al afamado Alfredo Palacios, ex
diputado socialista y presidente de la Unión Latinoamericana (ULA) argentina, que
agrupaba a decenas de intelectuales argentinos y que era una respetada tribuna de
opinión antiimperialista en todo el continente. La relación de Palacios con los jóvenes
peruanos era muy estrecha, desde que el argentino visitase Lima en 1919 llevando el
mensaje de la Reforma iniciada en Córdoba un año antes.36 Posteriormente, Palacios
había ayudado a los jóvenes desterrados en Argentina, y había trabado una cercana
relación con ellos, en particular con Manuel Seoane. Aprovechando esa circunstancia,
Haya le escribe también a comienzos de 1927 desde Oxford:
Quiero -con el mismo tono confidencial de su carta y de ésta-referirme a otro [asunto]: la
formación definitiva de nuestro Frente Único de trabajadores manuales e intelectuales y la
aceptación de la ULA a los principios que la APRA sostiene. La APRA es y trata de ser ante
todo Alianza, no un partido sólo, sino una alianza o federación de fuerzas. Donde se pueda la
APRA será partido, donde no sea posible será sólo alianza, en todas partes Frente unido
antiimperialista (…) Creo que usted alentando la APRA, saludando y adhiriendo a sus
postulados, procurando la adhesión de la ULA al frente único que venimos tratando de formar
desde hace varios años, dará al movimiento un definido carácter latinoamericano, autónomo,
popular y fuerte. En el Perú la APRA será partido, como el Kuomintang, para conquistar el
poder y derribar a los imperialistas; eso mismo puede ser en Bolivia, Venezuela, Colombia,
Centroamérica, etc. En Argentina y Chile puede ser simplemente frente único, alianza popular
de fuerzas, foco central de acción y ayuda. Todos los elementos dispersos, los sindicatos
manuales e intelectuales divididos, los intelectuales alejados, los movimientos de clases medias
y de fracciones socialistas, liberales, etc., podrían ser comprendidos en la sección argentina de la
APRA (…) Si usted se encontrara favorablemente dispuesto a este proyecto, yo haré lo posible
para ir a la Argentina en junio aunque sea por un breve plazo, y esté usted seguro que habremos
salvado la causa antiimperialista del riesgo que corre…37
La respuesta afirmativa de la ULA provoca en Haya una exultante reacción. Según
escribe a Deodoro Roca, presidente de la filial cordobesa de la organización argentina,
“por primera vez en la historia de América vamos a constituir una fuerza política
internacional verdaderamente latinoamericana por el origen, por la filiación y por el
fin”.38 Como consecuencia del acuerdo, varios exiliados apristas se incorporan a la
ULA. Sobresale entre ellos Manuel Seoane, quien asume el cargo de secretario de la
organización y la dirección de su publicación, la revista Renovación. Sin embargo, el
acuerdo no alcanzará a tener efectos prácticos de importancia. No solamente la
identidad aprista no será asumida por los integrantes de la organización, sino que el
propio sesgo revolucionario del APRA desencajaba con las disposiciones y la cultura
política de la entidad antiimperialista argentina.39 Y es que toda la simpatía que la ULA
u otras formaciones políticas o intelectuales –como, por ejemplo, la revista Repertorio
Americano-podían tener por el APRA, no alcanzaba para insuflarles un ánimo
revolucionario que por su propio estilo les resultaba ajeno.
El horizonte de una revolución americana quedaba supeditado, en la estrategia de Haya,
a la toma del poder en algún país que dinamizara luego situaciones revolucionarias en
otros. Si la Reforma Universitaria había conocido una acelerada expansión, y la
Revolución Mexicana concitaba la atención de todo el continente, una revolución
dirigida por un partido compacto y disciplinado como el APRA, con células, contactos
directos y simpatía en todo el continente, sería tanto más explosiva. El país adecuado
para abrir ese surco revolucionario naturalmente era el Perú.
La cuestión clave de la revolución, decía Haya citando a Lenin, es la del poder. Y para
los jóvenes peruanos exiliados que habían vivido en carne propia la represión del
gobierno de Leguía era evidente que la captura del poder incluía un momento de
violencia. Algunos incluso exteriorizaban esa certeza en ocasiones acaso poco
oportunas, como Luis Heysen en un número de la revista platense Estudiantina
dedicado enteramente a homenajear a Romain Rolland. Su contribución allí
desentonaba con el resto de los textos dedicados a esa figura tan apreciada por las
juventudes universitarias del continente (incluso lo hacía respecto a un breve artículo
del propio Haya en el que éste se deshacía en elogios para con el escritor francés, a
quien lo unía una estrecha relación epistolar):
La acción revolucionaria que encarne los problemas más urgentes, más ineludibles es el
imperativo de nuestra generación, que hoy lucha con heroísmo contra todas las fuerzas
pasatistas del presente por un porvenir sin castas y sin privilegios. Al mal se le tiene que
combatir violentamente porque ni nuestros tiranos, ni nuestras clases dominantes, ni los
implacables capitanes de la industria contemporánea van a ceder su posición actual o futura en
pro de la verdad y de la justicia social. Por eso es contraproducente crear las tesis del
hombrelibrismo, de la no violencia y de la resistencia pasiva (…) Admirar a Romain Rolland
por su inmenso amor de justicia y su firme estoicismo, no debe ser sinónimo de proclamar y
defender sus tesis, pues, todo aquél que comprenda en su auténtico sentido el valor de la jornada
a emprender, coincidirá en que la posición única de la juventud, mientras haya injusticias que
combatir, es de franca beligerancia. Hablar de paz, de no violencia, ante una injusticia es muy
dulce y bondadoso; pero, también muy ingenuo. Nuestro grito en América Latina tiene que ser
de guerra contra los males de dentro y de fuera porque él nos traerá la anunciación de una
América justa y solidaria.40
Así, la cuestión de la necesaria toma del poder por vía revolucionaria no tardó en
abandonar el carácter de mero postulado teórico entre los exiliados apristas. Tras una
gira por Estados Unidos en la que dictó una serie de conferencias en prestigiosas
universidades, Haya se dirigió a fines de 1927 nuevamente a México, dónde se unió a la
célula aprista de esa ciudad. Desde allí, se lanza el “Plan de México”, diseñado con el
fin de desarrollar una insurrección revolucionaria capaz de poner fin a la dictadura de
Leguía. El plan es descubierto y fracasa (dando lugar además a la agria disputa que
culmina en la ruptura entre Haya y Mariátegui, que lo juzga precipitado). Con todo, el
afán revolucionario en los apristas no desaparecerá. Dos años después, anoticiado de la
posibilidad de un alzamiento militar contra Leguía, Haya dispone el retorno de los
desterrados, que fundan entonces el PAP en 1930. Los meses siguientes son una
muestra del dinamismo militante del núcleo fundador del APRA, que en un corto lapso
de tiempo logran construir un partido de masas. Haya retorna en 1931 y busca acceder
al poder primero a través de elecciones, y luego por vía insurreccional. El trágico
fracaso de la Revolución de Trujillo de 1932 anuncia que los años siguientes serán para
los militantes apristas -devenidos dirigentes de un partido que ahora concita la adhesión
de multitudes-años de nuevas persecuciones y exilios.
A modo de conclusión: el aprismo de los veintes, ¿un
leninismo latinoamericano?
¿Cómo organizar nuestra acción? (…) Como crear un partido nacional sería errar, hay que
intentar el frente único internacional americano de trabajadores, que tome en sus lemas de lucha
común las grandes síntesis de nuestras cuestiones característicamente americanas (…) Ese es el
ideal de la Alianza Popular Revolucionaria. Naturalmente que ella necesita el poder en alguna
parte: ¨La cuestión esencial de la revolución es la cuestión del poder¨, decía Ilich, que fue
grande como técnico revolucionario y como conocedor de la realidad. ¿Dónde es más fácil
tomar el poder? Tomarlo ahí. La acción será doble: resolver el problema interior y agitar el
exterior tendiendo a la realización de un gran plan internacional. El error de la revolución
mexicana en cuanto a su acción internacional fue grave. En México, por falta de ciencia
revolucionaria no se comprendió el significado de la propagación revolucionaria (…)
necesitamos un partido internacional de trabajadores, de acción, de energía, de sistema, de
disciplina y de continuidad, un partido revolucionario; vale decir, un partido de gente joven,
encendida, resuelta.
V. R. Haya de la Torre, “Carta a un universitario argentino” (1925)41
Gente joven, decidida, resuelta. El núcleo de fundadores apristas, a la postre por varias
décadas líderes históricos del PAP, encarna un paradigma intelectual en transición.
Embebidos en la cultura reformista-iluminista que les llega por la doble vía de sus
principales referentes intelectuales a nivel internacional –Romain Rolland y el grupo
Clarté en Francia, “maestros de la juventud” latinoamericanos como José Ingenieros,
Alfredo Palacios, Manuel Ugarte y José Vasconcelos-y por su conexión inicial con la
tradición anarcosindicalista que colorea la experiencia de la UGPG, a través de la
prédica y la acción de Haya de la Torre buscan deliberadamente ir más allá de ella. Así,
ya no ejercerán exclusivamente el rol de letrados o educadores del pueblo, sino que
serán incansables hombres de acción. La naturaleza de la praxis revolucionaria de los
primeros apristas se comprende así a la luz de la doble legitimidad que invocan: la de
portadores de saber y ejercitantes de prácticas específicamente intelectuales
(esencialmente, la escritura y el dictado de conferencias), y la de “hombre en marcha”,
incesantes organizadores y propagandistas de la doctrina que impulsan. Esa peculiar
imbricación de teoría y praxis, así como el efectivo alcance continental que buscan para
su movimiento, singulariza la perspectiva revolucionaria del APRA de los primeros
tiempos.
En este trabajo hemos querido iluminar una faceta poco conocida del APRA. En sus
orígenes, el aprismo está lejos de haber asumido la faz populista y pragmática que
adoptará en el curso de las décadas siguientes. En esos años profesa un marxismo que se
quiere entonces heterodoxo, y que, como el de Mariátegui, no se siente obligado a
seguir los dictados del movimiento comunista internacional. Sin dudas ello obedece a
conflictos de poder: las interminables querellas con el comunismo (y también con
Mariátegui) que se precipitan hacia finales de la década deben entenderse, al menos
inicialmente, menos como un conflicto ideológico que como una disputa por la
representación de la revolución socialista en América Latina. A medida que ese
conflicto se prolongue, y que se vea envuelto en el árido y hostil terreno de la política
peruana, Haya construirá un relato que otorgue racionalidad retrospectiva a esas
querellas, y así será protagonista de una curva ideológica que lo irá alejando del
marxismo (aunque nunca completamente). Asimismo, en tanto la fundación del Partido
Aprista Peruano en 1930 comportó en la práctica la “nacionalización” del horizonte de
acción política del núcleo aprista, la pretensión de encabezar una revolución de efectivo
alcance americano tenderá progresivamente a evaporarse (aunque los ecos del aprismo
en el continente, en parte como efecto de la interminable estela de persecuciones y
nuevos exilios de sus dirigentes, se harán sentir incluso a través de la aparición de
agrupaciones autodenominadas apristas en algunos países de la región).
Finalmente, este trabajo busca sugerir que, a pesar de la distancia y posterior virulenta
polémica del APRA con el comunismo internacional, su estilo revolucionario se
asemeja al de Lenin y el Partido Bolchevique ruso acaso como ningún otro en la
primera mitad del siglo XX latinoamericano. Y ello por varios motivos: en primer lugar,
porque ambos son intentos de aclimatar el marxismo a realidades extraeuropeas,
desarrollando para ello líneas de pensamiento específicas. En segundo, porque las
prácticas de los apristas en los años ´20, así como la peculiar combinación de teoría y
praxis, guardan un parecido de familia con las de los “exiliados románticos” rusos antes
de 1917. En tercero, porque Haya de la Torre procura construir un movimiento
compacto y disciplinado, en el que cada integrante debía prepararse para tareas de
agitación y para la necesaria toma del poder por vía insurreccional (la diferencia
obviamente crucial con los bolcheviques radica en que los intentos apristas por capturar
el poder a través de una acción violenta fracasan). Por último, porque ambos son
intentos desmesurados que se autoinstituyen como vanguardias ya del proletariado
mundial (y es el caso bolchevique), ya del “frente único latinoamericano de trabajadores
manuales e intelectuales” (y es el caso del APRA).
Notas
* Agradezco los comentarios a este artículo realizados por Ricardo Melgar Bao y André
Samplonius, quien además me facilitó gentilmente algunas de las fuentes sobre las que
está construido. E-mail del autor: martin73@infovia.com.ar
1 Cf., entre otros, José Aricó (ed.), Mariategui y los orígenes del marxismo
latinoamericano, México, Pasado y Presente, 1990; y Carlos Franco, “El surgimiento
del marxismo latinoamericano: Haya de la Torre y Mariátegui”, en Historias. Revista de
la dirección de estudios históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia,
no. 2., México DF, nov.-dic. de 1982.
2 Cf. por ejemplo Fernanda Beigel, El itinerario y la brújula. El vanguardismo estético-
político de José Carlos Mariátegui, Buenos Aires, Biblos, 2003.
3 Balance y liquidación del ´900 (Santiago de Chile, Ercilla, 1939), el libro de Sánchez,
ofrece una visión de conjunto del “parricidio” intelectual y político realizado por la
generación de 1920. Pero, en rigor, el libro no hace sino estilizar una visión compartida
por todos los integrantes de esa generación desde los primeros años de la década del
´20. El único “profeta” al que unánimente todos ellos rendían pleitesía era, una y otra
vez, el escritor de inclinaciones libertarias Manuel González Prada (1848-1918).
4 Ciertamente, el APRA ha recibido también considerable atención, pero la mayoría de
los trabajos dedicados a explorar al que ha sido el movimiento político de más profundo
arraigo en la historia peruana han tendido a desarrollar argumentos demasiado
políticamente orientados. En la medida en que el APRA ha sostenido su protagonismo
en la política peruana a través de un discurso público agonal, simpatizantes y detractores
frecuentemente han proyectado directamente a la historia aprista sus preferencias
políticas del presente. No casualmente, los mejores estudios sobre la etapa formativa del
APRA, el período que nos ocupa en este trabajo, han provenido de autores no peruanos
(entre otros, cabe destacar a Peter Klarén, Formación de las haciendas azucareras y
orígenes del APRA, Lima, IEP, 1976; Steve Stein, Populism in Peru: the emergence of
the masses and the politics of social control, Lincoln, University of Nebraska Press,
1986; y Lewis Taylor, “The origins of APRA in Cajamarca, 1928-1935”, en Bulletin of
Latin American Research, vol. 19, no. 4, october 2000).
5 Entre ellos cabe mencionar a Manuel Seoane, Luis Heysen, Enrique Cornejo Koster,
Oscar Herrera, Carlos Manuel Cox, Antenor Orrego, Alcides Spelucín, Magda Portal,
Serafín Delmar, Julián Petrovick, Luis Eduardo Enríquez, Luis Alberto Sánchez y,
durante algunos años en la década del ´20, a Esteban Pavletich, Eudocio Ravines y el
mismo José Carlos Mariátegui. Todos ellos nacieron entre los últimos años del siglo
XIX y los primeros del XX.
6 Según datos de José Deustua y José Luis Renique, aunque la población universitaria
se triplica en los primeros 30 años del siglo XX (de 1000 a 3000 alumnos
aproximadamente), el promedio del período indica que sólo el 0, 6 % de quienes
cursaban la escuela primaria lograban acceder a la Universidad. Cf. J. Deustua y J. L.
Renique, Intelectuales, indigenismo y descentralismo en el Perú (1897-1931), Cusco,
Centro Bartolomé de las Casas, 1984, pp. 7 y 33.
7 Cf. S. Stein, “De la clase a la política: Víctor Raúl Haya de la Torre y la
institucionalización de la protesta social en los años ´20”, en H. Bonilla y P. Drake
(eds.), El APRA, de la ideología a la praxis, Nuevo Mundo, Lima, 1989.
8 “Estatuto y Reglamento de las Universidades Populares González Prada”, en Boletín
de las Universidades Populares González Prada, no. 1, Lima, enero de 1927.
9 Ya en los primeros congresos estudiantiles americanos de Montevideo (1908), Buenos
Aires (1910) y Lima (1912), la idea de desarrollar universidades abiertas al pueblo fue
puesta en discusión al tratarse el capítulo de la extensión universitaria. En 1909, incluso,
en Buenos Aires comenzó a funcionar una “Universidad Obrera”. Cf. Gonzalo
Portocarrero, “Introducción a Claridad”, edición facsimilar de Claridad. Órgano de la
Federación Obrera Local de Lima y de la Juventud Libre del Perú, Ed. Amauta, Lima,
1994, p. 9; y Jeffrey L. Klaiber, “Popular Universities and origins of aprismo, 19211924”,
en Hispanic American Historical Review, vol. 55, no. 4, noviembre de 1975, pp.
694-695. Por lo demás, el objetivo de “ilustrar al pueblo” fue común a un sinnúmero de
emprendimientos (bibliotecas populares, publicación de libros baratos, etc.)
desarrollados en las primeras décadas del siglo en todo el continente.
10 Las Fiestas de la Planta, que se presentaban como fiestas de “homenaje a la
naturaleza” (un elemento proveniente de la cultura obrera libertaria que será uno de los
ingredientes de las UPGP), eran eventos significativos que se preparaban con meses de
antelación y que incluían diversas expresiones artísticas, culturales y deportivas. Se
realizaban a modo de cierre del año lectivo de la UPGP, y llegaron a convocar a miles
de personas y a transformarse en acontecimientos merecedores de atención para revistas
y diarios. Según varios testimonios, estas fiestas parecen haber condensado sentimientos
de comunión entre estratos significativos de obreros, artistas de vanguardia y
estudiantes-profesores de la UPGP. Varios de los futuros líderes apristas tuvieron un
destacado rol en ellas, tanto en su organización como en la participación a través de
discursos o poemas recitados a la multitud. Para una aproximación a la historia y
significados de esta celebración, cfr. Rafael Tapia, “La Fiesta de la Planta de Vitarte”,
en Pretextos. no. 3/4, DESCO, Lima, 1993.
11 Sobre el sentido de comunidad y de proyecto común derivado de la experiencia de
las UPGP, cf. J. L. Klaiber, “Popular Universities”, op. cit.
12 J. C. Mariátegui, “El Proceso de la Instrucción Pública”, en Siete ensayos de
interpretación de la realidad peruana, México, ERA, 1993 [1928], p. 128.
13 En rigor, ese proyecto venía madurando ya en los años previos, y era discutido en la
correspondencia entre los jóvenes exiliados peruanos (y no solamente por Haya, que no
obstante era para todos quien naturalmente debía encabezar la iniciativa). Por caso,
Enrique Cornejo Koster, desde Buenos Aires, le comunicaba en sendas cartas a Luis
Heysen, en ese momento en Chile, las intenciones del grupo de jóvenes exiliados en
Argentina de “crear un partido de acción política y finalidad social”. Ese partido, que se
organizaría “en prescindencia de todos los hombre y agrupaciones políticas del pasado”,
tendría en el Perú “por fin principal el derrocamiento de Leguía”. Cornejo Koster señala
allí que el núcleo de exiliados de Buenos Aires tenía al tanto de la iniciativa a
Mariátegui y a Haya, con quien no obstante en ese momento había dificultades de
comunicación (acababa de ser expulsado de Suiza por presión de la diplomacia
peruana). Cfr. las cartas de Cornejo Koster a Heysen del 20 y 21 de marzo de 1925
recopiladas en Luis Heysen, Temas y Obras del Perú. A la verdad por los hechos
(tercera ed.), Enrique Bracamonte, Lima, 1977, pp. XXVII-XXIX. Estas cartas ofrecen
testimonio de cómo se perfilaba entre los jóvenes peruanos en la diáspora el proyecto
común cuyo programa e intenciones Haya acabaría de precisar en “¿Qué es el APRA?”.
14 M. Portal, Ser Mujer en el Perú, p. 214, cit. por Daniel Reedy, Magda Portal. La
Pasionaria Peruana. Biografía Intelectual, Flora Tristán Ediciones, Lima, 2000, p. 79.
15 A propósito de un curso de marxismo al que había asistido en Oxford, Haya escribirá
en un artículo publicado en el popular diario Crítica de Buenos Aires, para el que
trabajaba como colaborador: “No cabe duda alguna que las conferencias sobre Marx han
tenido una importancia extraordinaria en Oxford. En la vieja y ´gloriosa´ Universidad de
Oxford ya se discute y se sigue a Marx. Nuestro club marxista va en progreso”. Cf.
“Karl Marx en la Universidad de Oxford” (1927), compilado luego en V. R. Haya de la
Torre, Impresiones de la Inglaterra imperialista y de la Rusia soviética, Buenos Aires,
Claridad, 1932, p. 87.
16 V. R. Haya de la Torre, “Qué persigue el Centro de Estudios Antiimperialista del
APRA en París”, en Por la emancipación de América Latina, Buenos Aires, Gleiser,
1927, pp. 143 y 146. En esos mismos años, la célula aprista de Buenos Aires, sobre todo
a través de su secretario general, Manuel Seoane, desarrollará asimismo estudios sobre
la llegada de capitales extranjeros al Perú y otros procesos análogos que serán
publicados en las revistas Claridad y Renovación, de Buenos Aires, y Amauta, de Lima.
17 Cfr. L. A. Sánchez, Haya de la Torre o el político. Crónica de una vida sin tregua,
Lima, Atlántida, 1979 [1934], p. 143.
18 Cit. en Sánchez, Haya de la Torre o el político, op. cit., p. 164.
19 La conferencia fue rápidamente publicada en Buenos Aires bajo el título de Nuestros
Fines (Buenos Aires, Claridad, 1930; la cita en p. 10).
20 Cit. en Daniel Reedy, Magda Portal. La pasionaria peruana, op. cit., p. 135.
21 Tal el reproche deslizado por Haya para mostrar la superioridad relativa del APRA
respecto a otras entidades antiimperialistas surgidas en el mismo momento en el
continente. Cf. V. R. Haya de la Torre, “¿Qué es el APRA?” (1926), en Por la
emancipación de América Latina, op. cit., p. 131.
22 C. M. Cox, “Reflexiones sobre José Carlos Mariátegui” (1934), incluido en J. A.
Ramos (ed.), El marxismo latinoamericano de Mariátegui, Ed. Crisis, Buenos Aires,
1973, p. 184.
23 V. R. Haya de la Torre, “Moral Revolucionaria”, en Bohemia Azul, Lima, no. 7, 1 de
enero de 1924, pp. 24-25.
24 Cfr. E. Ravines, La Gran Estafa, México, Libros y Revistas, 1952, p. 84.
25 Cfr. la carta de Eudocio Ravines a Luis Heysen, Santiago de Chile, 5 de febrero de
1925, en L. Heysen, Temas y obras del Perú, op. cit. p. XXVI
26 Así se desprende del relato de sus actividades que le hace por carta a Heysen: “Te
ruego que a vuelta de correo me mandes los recortes que sobre el Perú te proporcioné
hace algunos meses. Úrgenme para la campaña en la que estoy empeñado. Esta noche
debo hablar en Plaza Once, pasado mañana en la Boca, el jueves en Montevideo, el
viernes en la Biblioteca Anatole France y finalmente el domingo en Plaza Congreso.
Como no tengo fonógrafo, necesito acopiar muchos datos”. Carta de Seoane a Heysen,
Buenos Aires, 22 de enero de 1927, reproducida en L. Heysen, Temas y obras del Perú,
op. cit. p. XXXII.
27 Cf. V. R. Haya de la Torre, “La admirable misión de Magda Portal en las Antillas”,
en Repertorio Americano, San José de Costa Rica, 28 de septiembre de 1929.
28 Carta de V. R. Haya de la Torre a Eudocio Ravines, Londres, 17 de octubre de 1926
(destacado nuestro).
29 Jussi Pakkasvirta, “Víctor Raúl Haya de la Torre en Centroamérica. ¿La primera y
última fase del aprismo internacional?”, ponencia presentada en el V Congreso
Centroamericano de Historia, San Salvador, 2000, p. 12.
30 Cf. Haya de la Torre, Impresiones de la Inglaterra imperialista y la Rusia soviética,
op. cit., p. 91.
31 Gabriel del Mazo, el líder reformista argentino con quien traba en 1919 una relación
epistolar que se extenderá por décadas, señala que hacia 1954 las cartas que había
recibido de Haya hasta entonces sumaban 2 mil carillas. Cf. G. del Mazo, Vida de un
político argentino. Convocatoria de recuerdos, Buenos Aires, Plus Ultra, 1976, p. 219.
32 V. R. Haya de la Torre, “Sobre el papel de las clases medias”, en Amauta, no 9,
Lima, mayo de 1927.
33 Cit. en L. A. Sánchez, “Haya de la Torre o el político”, op. cit., p. 166.
34 Carta de V. R. Haya de la Torre a Eudocio Ravines, Londres, 17 de octubre de 1926.
35Carta de V. H. de la Torre, Oxford, 22 de febrero de 1927, reproducida en Luis
Heysen, Temas y obras del Perú, op. cit., p. 39.
36 Ninguna historia del movimiento reformista peruano pasa por alto el crucial impacto
que para su desarrollo tuvo la visita de Palacios. Cfr. por ejemplo las versiones
contemporáneas de E. Cornejo Koster, “Crónica del movimiento estudiantil peruano”,
en Juan Carlos Portantiero, Estudiantes y Política en América Latina. El proceso de la
Reforma Universitaria, 1918-1938, México, Siglo XXI, 1978, p. 234 (el texto de
Cornejo Koster es de 1926), y de Luis A. Sánchez, Haya de la Torre o el político, op.
cit. p. 63; o las de historiadores actuales como Marcos Cueto, La Reforma Universitaria
de 1919, tesis de Bachiller en Humanidades con mención en Historia, Pontificia
Universidad Católica del Perú, Lima, 1982 (mimeo), pp. 106-109, Juan Manuel
Gamarra Romero, La Reforma Universitaria. El movimiento estudiantil de los años
veinte en el Perú, Lima, Okura, 1987, pp. 154-155 y Peter Klarén, Nación y sociedad en
la historia del Perú, Lima, IEP, 2005, pp. 296-297.
37 Carta de Haya de la Torre a Alfredo Palacios, en “Correspondencia Haya de la
Torre-Palacios”, publicada en La Ciudad Futura, no. 2, Buenos Aires, octubre de 1987.
38 Carta publicada en la revista Sagitario, año 3, no. 9, La Plata, junio de 1927, p. 399.
39 Para un desarrollo más detallado de estas alternativas, cfr. Martín Bergel, “Manuel
Seoane y Luis Heysen: el entrelugar de los exiliados apristas en la Argentina de los
veintes”, en Políticas de la Memoria, no. 6/7, Cedinci, Buenos Aires, verano de 2007.
40 Luis Heysen, “Romain Rolland”, en Estudiantina, año III, no. V-VI, La Plata,
febrero de 1927.
41 Se trata de una larga carta a Gabriel del Mazo publicada con ese título en Por la
emancipación de América Latina, op. cit., pp. 80-89 (la cita de pp. 86-87).
Para citar este artículo
Referencia electrónica
Martín Bergel, « La desmesura revolucionaria. Prácticas intelectuales y cultura del
heroísmo en los orígenes del aprismo peruano (1923-1931) », Nuevo Mundo Mundos
Nuevos, Coloquios, 2007, [En línea], Puesto en línea el 18 mai 2007. URL :
http://nuevomundo.revues.org/index5448.html. Consultado el 05 décembre 2008.
Autor
Martín Bergel
Universidad de Buenos Aires