FRANTZ FANON .
EDITORIAL ABRAXAS BUENOS AIRES
I N T R O D U C C I O N
Yo hablo d e millones de hombres a quienes sa biamente se les ha inculcad o el mied o, el com ple jo de inferior idad, el temblar, la genufle xi6n, la desesperaci6n, el servilitnno. (A. Ce-
saire, Discours sur le colonialisme.f
Titulo original : Peau noire, masques blancs ... Traducoi6n: ANGEL AB AD
Disefio grafico: SERGIO CAMPOREALE
© by Editorial Abraxas, 1973, Asamblea 1130, Buenos Aires, Argentina. Hecho el dep6sito que marca la ley 11723. Impreso en la A•gentina.
La explosion no tendra lugar hoy. Es demasiado pron- , to . . . o demasiado tarde.
No vengo en absoluto armado de verdades decisivas.
Mi conciencia no esta transida de resplandores esenciales. Sin embargo, con toda natura!idad, pienso que seria bueno decir unas cuantas cosas que vale la pena que sean
dichas.
Estas cosas voy a decirlas, no a gritarlas. Porque hace tiempo, bastante tiempo, que el grito sali6 de mi vida.
Realmente, queda muy lejos . . .
iPor que escribir esta obra ? Nad ie me lo habia pedido. Sohre todo, no me la pidieron aque!Ios a los que va dirigida. i Entonces? Entonces, con calma, respondo que en la tie-
rra hay demasiados imbeciles. Claro que una afirmaci6n co mo esta hay que probarla.
Hacia un nuevo humanismo . . .
Printed in Argentina. Libro de Edici6n Ar,gentina. 7
La comprensi6n entre los hombres ... Nuestros h·ermanos de color . . .
Yo creo en ti, Hombre . . . EI prejuicio de raza . . . Comprender y MD.ar . . .
De por doquier me asaltan e intentan imponerseme dece nas y centenas de paginas. Sin embargo, una sola Iinea bas taria. Una sola respuesta y el problema negro se despoja de su aspecto serio.
l Que quiere el ·hombre?
l Que quiere el hombre negro ?
Si yo quisiese ganarme a pulso ei' resentimiento de mis hermanos de color, yo diria que el Negro no es un hombre.
· Hay UI\a zona de no-ser, una regi6n extraordinariamente esteril y arida, una cuesta esenci.almente calva, a cuyo teruni no puede' nacer un autentico surgimiento. En la mayoria de Ios casos, el negro no goza el beneficio de realizar este des cendimiento a Ios verdaderos Inf iernos.
EI hombre no es solamente posibilidad de reemprendi miento, no es s61o negaci6n. La conciencia es actividad de trascendencia; s1 esto es verdad, hemos de saber tambien que esta trascendencia esta transida por el problema de! amor Y Ia comprensi6n. EI hombre es un SI que vibra con las ar monias c6smicas. Arrancado de cuajo, dispersado, conf undi do, condenado a contemplar Ia disoluci6n, una tras otra, de las verdades por el elaboradas, el hombre dejara algun dia de proyectar sobre el mundo una antinomia que Je·es coexistente.
EI negro es un hombre negro; es decir, que al calor de una serie de aberraciones afectivas, se ha instalado en el inte rior de un universo de!que bueno· sera hacerle salir.
El problema tiene su importancia. No buscamos ot:r'a cosa, nada menos, que liberar al hombre de color de si mismo Caminaremos muy Ientamente, porque hay dos campos: ei blanco y el negro.
Interrogaremos una y otra vez a las dos metaffsicas ; ya veremos que m uchas veces son m uy disolventes.
No tendremos ninguna pied.ad para con !os viejos gober nadores ni. para los antiguos misioneros. Para nosotros, el
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que . adora a Joa negros esta tan "enf ermo" como el que los execra. · ·
y al reves el negro que quiere blanquear su raza es tan
desgraciado coo el que predica el odio al blanco.
En el absoluto, el negro no es mas digno de amor que el checo, y en verdad de lo que se trata es de desamarrar y soltar
al hombre. _
Este libro deberia haberlo eacrito hace tres anos .. . Pe
ro entonces las verdades nos quem.aban. Hoy, -podemos d;cirlas sin fiebre. No hay . necesidad de arrojar estas ver dades a la cara de Ios hombres. Su intenci6n no es entusias
mar. Desconf iamos' de! entusiasmo.
.Siempre que lo hemos visto despuntar n alguna pa, anunciaba fuego, hambre, miseria ... Tamb1en, el desprec10
al hombre. ·
El entusiasmo es por excelencia el arma _de !os. imptetf tes de Jos que calientan el hierro para forJ arlo mmed1ata, mete. Nos gustaria calentar el caparaz6n de! hombre Y ar tir. Quiza ilegasemos a este resultado : el Hombre mantemen-
do este fuego por auto-combustion. . .
El Hombre liberado de!trampolin que es la res1stec1a·
de!otro y cavando en su carne para encona_rse _un sent1?· S6lo unos pocos de los que nos Jean ad1vmaran las d1f1-
cultades que hemos tenido para redactar esta obra. _ En un periodo en que la duda esceptic se ha instalufo
en el ,mundo, y en que; al decir d una pad1lla :le marranos, ya no es posible discernir el sentJdo de! smsentido, arduo es bajar a un nivel en el que todavia no se han empleado las cate- gorias de! sentido y el sinsentido. .
El negro quiere ser blanco. · El blanco bu·sca apasiona-
damente realizar una condici6n de hombre.
En esta obra iremoa viendo c6mo se elabora un ensryo de comprensi6n de la relaci6n negro-blanco;
El blanco esta ncerrado en su blancura. El negro en su negrura.
Intentaremos determinar las tendencias d1; este doble
narcisismo y las motivaciones a las _que nos remit.
Al comienzo de nuestras reflex1ones, nos habia parecido
inoportuno explicitar la conclusiones que van a leene.
El deseo de terminar con un circulo vicioso fue el unico guia de nuestros esfuerzos.
Es un hecho : hay blancos que se consideran superiores a las negros.
Otro hecho : hay negros que quieren demostrar a las blancos, cueste lo que cueste, la riquea de su pensamiento, la igual potencia de su espiritu.
l Como salir de este circulo ?
Hace un instante empleados la palabra narc1s1smo. En efecto, pensamos que solo una interpretacion psicoanalitica de! problema negro puede revelar las anorrnalidades afectivas responsables de! edificio de los coinplejos. Trabajamos par una curacion total de este universo morbido. Estimamos que un individuo ha de tender a asumir el universalismo inhe rente a la condicion humana. Al decir esto pensamos, indife rentemente, en hombres coma Gobineau o en mujeres coma Mayotte Capecia. Mas, ·para conseguirlo, es urgente desem barazarse de toda una serie de taras y secuelas de! periodo infantil.
La desgracia de! hombre, decia Nietzsche, es haber sido mno. Sin embargo, dificilniente podriamos olvidar, coma lo da a entender Carlos Odier, que el destino de!neurotico sigue estando en sus propias manos.
Por penosa que pueda sernos esta constatacion, estamos obligados a hacerla : para el negro, solo hay un destino. Y este destino es blanco.
Antes de abrir el proceso, tenemos que decir algunas co sas. El aniilisis que acometemos es psicologico. No obstante, es evidente que para nosotros la verdadera desaliena.cion de! negro implica una toma de conciencia abrupta de ]as realida des economicas y sociales. El complejo de inf erioridad se deriva de un doble proceso :
- Economico, en primer Jugar.
- Por interiorizacion o, mejor, epidermizacion de esta interioridad, despues.
R eaccionando contra la tendencia constitucionalista de finales de! sig!o xix; Freud, 111ediante el psicoaniilisis, pidi6
que se tuviese en cuenta el factor individual. Freud substi tuia la tesis f ilogenetica por la perspectiva ontogenetica. Ya veremos miis adelante que la alienacion de! negro no es una cuestion individual. Junto a la filogenia y la ontogenia estii la sociogenia. En un cierto sentido, y va!ga coma respuesta a Leconte y Damey 1, digamos que se trata de un sociodiag nostico.
l Cuiil es el pronostico ?
Pero la Sociedad, al contrario de lo que ocurre en los procesos bioquimicos, no escapa a a influencia humana. El hombre es aquello por media de lo cual la 'Sociedad es. El pro nostico estii en manos de los que quieran sacudir sin mira mientos las carcomidas raices de! edificio.
El negro ha de luchar en dos pianos : habida cuenta de que, historicamente, ambos se condicionan, toda liberacion unilateral es imperfecta ; el pear de los errores seria creer en su dependencia meciinica. Ademiis, los heoho.s contradicen una semejante inclinacion sistemiitica. Ya lo demostraremos. Por, unJl vez, la realidad reclama una comprension total.
Tanto en el piano objetivo coma en el subjetivo hay que en contrar una solucion.
No vale la pena venir aqui a proclamar que se trata de salvar el a1ma con aires de compungido mea culpa.
Solo habrii una desalienacion autentica en la medida en que las cosas recuperen su lugar, en el sentido mas ma terialista.
En una obra de psicologia es de buen gusto avanzar un punto de vista metodo!ogico. Renunciamos a la costumbre. Dejamos los metodos a los botiinicos y a los matemiiticos. Hay un momenta en que los metodos se reabsorben.
Nos gu_staria colocarnoa en el. Intentaremos descubrir las diferentes posiciones que adopta el negro ante la civili zacion b!anca.
No nos ref eriremos aqui al "salvataje de la selva". Y e·s que, para el, algunos elementos todavia no tienen significado propio. .
I M. Leconte y A. Damey. Essa,i critique des nosog,aphies pshychia triques actuelle,.
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Estimamos que, a causa de la presencia de las razas blanca y negra, hay un complejo masivo psico-existencial. Al analizarlo apuntamos a su destrucci6n.
Muchos negros no se descubririm a si rnismos en las pagi nas que siguen.
·Algo semejante !es ocurrira a muchos blancos.
Pero el que yo me sienta extrafio al mundo de la esquizo frenia o al de! impotente sexual no afecta para nada la reali dad de ambos.
Las actitudes que me propongo describir son verdaderas.
Las he comprobado un numero incalculable de veces.
Identifique un mismo componente de agresividad y pa sividad1 en los estudiantes, obreros y chulos de Pigalle o de Marsella.
Esta obra es un estudio clinico. Los que se reconozcan en ella creo habran avanzado un paso. Quiero verdadera mente que mi hermano, negro o blanco, sacuda con la mayor energia el lamentable caparaz6n de servidumbre construido durante siglos de incomprensi6n.
La arquitectura de! presente trabajo se situa en la tem poralidad. Todo pr-0blema humano reclarna ser considerado a partir del tiempo. Pues el ideal supone simpre que el pre sente sirve para construir lo porvenir.
Este porvenir, este f uturo no es el del cosmos, sino el de mi siglo, mi pais, mi existencia. De ninguna manera me pro pondre la preparaci6n de! mundo que me sobrevivira. Perle nezco irreductiblemente a mi epoca.
Yo vivire para ella. El futuro sera una construcci6n sos tenida por el hombre existente. Esta edif icaci6n se vincula con el presente en la medida en que pongo este ultimo como algo a rebasar.
Los tres ,primeros capitulos se refieren al· negro moder no. Torno al negro actual e intento determina,r sus&ctitudes en el mundo blanco. Los dos ultimos estan consagrados a un intento de explicaci6n psicopa tol6gica y filos6fica del exwtir del negro.
El analisis es, sobre todo, regresivo.
Los capitulos cuarto y quinto se situan en un piano esen cialmente diferente.
En el capitulo cuarto critico un trabajo 2 que, a mi jui cio, es peligroso. El autor, Mannoni, es por lo demas cons ciente de su ambigiiedad. Quiza sea este uno de los meritos de su testimonio. Mannoni ha intentado dar cuenta de una situaci6n. Tenemos derecho a declararnos insatisfechos. Te nemos el deber de mostrar al autor en que nos apartamos
de el.
El capitulo quinto, que he titulado "La experiencia vi vida del negro" es importante por mas de un concepto. Muestra al negr ante su propia raza. El lector se apercibira de que no tierien nada que ver negro de este capitul? on ese otro que aspira a acostarse con la blanca. E este ultimo se descubria el deseo de ser blanco. En cualqmer caso, una sed de venganza. Por el contrario, en esta obra contempla remos los esfuerzos de un negro que busca encarnizadamente descubrir el sentido de la identidad negra. La dvilizacin blanca y la cultura europea han impu_esto al negro una des viaci6n existencial. Ya mostraremos como lo que se llama el alma negra es una construcci6n del blanco.
El negro evolucionado, esclavo de! mito negro, volunta rio, c6smico, siente en un momento dado que su raza ya no le comprende.
O que el ya no la comprende.
Entonces, se felicita y, desarrollando esta diferencia, esta incomprensi6n, esta desarmonia, halla el sentido de su verda dera humanidad 0, cosa muy rara, quiere anclar en ·el seno de su pueblo. Entonces, es la rabia en los labios, el veritigo en el corazon ; se clava en el gran agujero negro. Ya veremos c6mo esta actitud, tan absolutamente bella, rechaza la actua
.\idad y lo porvenir en nombre de un ·pasado mistico.
Antillano de origen, mis observaciones y conclusiones solo valen para las Antillas, por lo menos en lo que concierne al negro en sii tierra. Habria que hacer un estud io consagra do a explicar las .divergencias existentes entre antillanos y africanos. Quiza lo haga algun dia. Quiza, ya para entonces, sea inutil ; entonces nos felicitaremos.
2 Pychologie de la colonisation, 0. Ma-nnoni (Ed. du Seuil, 1950).
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I. . EL NEGRO Y EL LENGUAJE
Concedemos una importancia fundamental al fen6meno de!lenguaje. Por esto estimo necesario este estudio, que ha brii de procurarnos uno de los elementos de com»rensi6n de la dimension para:otro de!hombre de color. Damos por su puesto - que hablar es existir absolutamente para el otro.
El negro tiene dos dimensiones. Una· con su congenere, otra con el blanco. Un mismo negro se comporta de modo dif erente con un blanco y con otro negro. Que esta gran dispa ridad sea una consecuencia de la aventura colo. nialista , nadie lo pone en duda.. . Que alimente su vena principal de!cora z6n de las dif erentes teorias que han querido hacer de!negro el lento caminar de!mono al hombre, nadie se atreve ya a ponerlo en duda. Son evidencias objetivas que expresan la realidad.
Pero, una vez dado cuenta de esta situaci6n una vez com prendida, nos encontramos con que la tarea no' esta termina da . . . iComo no escuchar de nuevo, desandaruio los peldaiios de la Historia, aquena· voz: "Ya no se trata de conocer el mundo, sino de transf ormarlo !"
En nuestra vida, se trata abllolutamente de esto.
Hablar. Esto significa em.plear una cierta sintaxis, po seer la morfologia de esta o aquella lengua, pero, fundamen,.
talmente, es asumir una ,cultura, sopor:tar el ;peso de una ci vilizaci6n. · · , ·, ·· 1 ···": 'c;
Pero como la situaci6n no presenta un sentido (mico, la exposici6n lo habra de tener en cuta. Quiera el lector con sentirnos algunos puntos que, por maceptables que le paez can al principio, encontraran miis tarde en los hechos el cr1te rio de su exactitud. .
El problema que abordamos en este, capitulo es el 1-
guiente : el negro antillano . sel'ii tanto mas blanco, s decir, se parecera tanto miis al verdadero hom?re, cuanto mas, y me jor haga suya la lengua francesa. No 1gnoramos que esta es una de las actitudes de! hombre ante el Ser. Un hombre que posee la Jengua posee, de rechazo, el m?ndo implicado Y ex presado por esta lengua. Ya se ve a · donde quermos. llegr : en la posesi6n de!lenguaje hay un poder extrao:dmar10. Bien Jo sabia Paul Valery, quien llamaba al lenguaJe
"el dios en la carne extraviado" 1
. Nos proponemos estudiar este fen6meno en una obra ac
tualmente en preparaci6n •. ·
. Por el momento, quisieramos simp]ement_e mostrar por que el negro antillano, sea ,cual ,fuere, ti_ene siempre qe en cararse con el lenguaje. Mas aun, ampharemos, el honzon e de nuestra descripci6n de manera que, a traves, pero mas allii de el contemplamos a todo hombre colonizado.
Tod pueblo colonizado .-es ecir,. tdo pueblo en CU)'.O seno haya nacido un compleJo de- mfer1ondad a consecuecia de!enterramiento de la originalidad cultural local- ;s1u_a siempre, se encara, en relaci6n con la leng?a de la nac10n.c1vi lizadora, es decir, de la cultura metropohtana. El, coloo escapara tanto miis y mejor de su selva cuto _mas Y, meior haga suyos los valores culturales de la metropoh. Sera tanto mas blaneo cuanto miis rechae su negrura, su selv. n el ejercito colonial, y miis corn:rtame:nte, en los regmuentos de fusileros senegaleses, los oficrnles md1genas s_on, ante to?o, interpretes. Sirven para transmitir a sus congeneres las or denes de! senor, gracias a lo cual tambien ellos gozan de una
cierta honorabilidad.
I Gharmes, La Pythie.
z Le lo.ngage et l'agreasiviti.
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14 l
a! Ia ciudad ; hay el campo. Hay Ia capital ; hay la provmcm. Aparimtemente, el problema es el mismo. Tome mos un lyones en Paris ; alabara la calma de su ciudad la be lleza embriagadora de los muelles de] R6dano el eslendor de los pltanos y tantas otras cosas que canta las ·personas que no tienen nada que hacer. Si le encuentran a su vuelta de Paris, y sobre todo si ustedes no conocen la capital enton ces no parara de elogiarla : Paris-ciudad-luz, el Sena .'Jos me- renderos, conocer Paris y morir ... '
El proceso se repite en el caso de] martiniquense. Prime ro _en su isla : Basse-Point, Marigot, Gros-Morne y, enfrente, la 1mponente Fort-de-France. Despues, y este es el momento crucial, fuera de su isla. El negro que conoce la metr6poli es un semidins. Recuerdo a este respecto un hecho que ha a ectado considerablemente a mis compatriotas. Muchos an t11lanos, al cabo de una estancia mas o menos larga en la me tr6poli. vuelven para consagrarse. Con ellos, el indigena, el que-no-ha-salido-nunca-de]-agu jero, el "bitaco", adopta la for ma mas elocuente de la ambivalencia. Elnegro que ha vivido
alJUIJ. __!, e I!J.Pp JL!.I:anG. ia ,v?elve_r !)iente"Jransionniillo.
Diga ,_en termm9s _geneticos, que su feno-tipo sufre una f!JJJ.QiJ.RZa. definitiyaL iJ.!:>Qjjfta-s:-yii-aiitescle" la par1i cta_se_ sien te, en su modo de andar c_asTaereo, la quemaz6n de unas fuer
zas nuPv:as. Cuando encuentra a un amigo o compafiero, hay un ampho gesto humeral que lo anuncia : discretamente nues
Uismos. Algunas familias prohiben el uso de! criollo y las mamas Haman a sus hijos "tibandes" cuando lo emplean.
"Mi madre al querer un hijo memorandum si no te saoes la lecci6n de historia
no iras a Misa el domingo cori, tus cositas de domingo
este nino sera la vergiienza de nuestro nombre este niii.o sera nuestra blastemia
callate te he dicho que tenias que hablar trances el trances de Francia
el trances del trances el trances trances."•
Si, es conveniente que vigile mi elocuci6n, porque se me j uzgara un poco por ella . . . Diran de mi, con gran despre cio : ni siquiera sabe hablar frances.
En im grupo de j6venes antillanos, el que se expresa bien, quien posee y domina el lenguaje, resulta excesivamente lla mativo y chill6n ; hay que tener cuidado con el, es casi un blanco. En Francia, se dice : hablar com.a un libro. En Mar tinica : hablar como un blanco.
El. negro que entra ·en Francia reaccionara contra el mi to de! martiniques que-se-come-las-erres. La emprendera con y en verdad que entrara en conflicto abirto con el mito.
tr _"futuro" se . iclina.. La voz, ronca de costumbre'. deja
ad1vmar un mov1m1ento mterno hecho de un sordo zumbido. oraue el negro sabe que alla abajo, en Francia, hay una idea de el que le echara la garra en Le Havre o en Marsella : "Sov martinio_ues, es la l)rimera vez oue vengo a Francia"; sa?e que eso que los poetas Haman "arrullo divino" (lease c:10110) es solo un termino medio entre el "negrito" y el fran ces. La burguesia de las Antillas no emplea el criollo, salvo en sns relaciones con los domesticos. En )a escuela el joven martiniques aprende a despreciar el pa,tois. Se hable de crio-
3 Queremos deci,. con esto que los ne,gros qu.e vuelven con los suyo dan Ia impresi6n de haber realizado un ciclo, de haberse afiadido algo que
ellas,
No solamente se aplicara a rular las erres, smo que las ador nara ostentosamente. Espiando las menores reacciones de los
) demas escuchandose a si mismo, desconf iando de la lengua, j organ desgraciadamente perezoso, se encerrara .en su cuarto j y Jeera durante horas enteras ..., -para consegmr una buena
l!icci6n.
· Hace poco me contaba un compaiiero la siguiente histo- ria. Un martiniques recien llegado a Le Havre entra en un cafe. Con una seguridad perfecta, lanza : "Garrr9on! Un ve de bie." Esto es una verdadera intoxicaci6n. Atento a o responder a la imagen de! negro-que-se-come-las-erres, habia
le.s faltaba. Vuelven literalmente llenos de sf mi SmoS. 4 Le6n-G. Damas, Hoquet (Pigments).
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hecho una ,buena provision de las mismas, pero sin saberlas repartir convenientemente. ,
Hay un fen6meno psicol6gico consistente en creer en una
.abertura de!mundo en la medida que las fronteras se quie bran. El negro, pri,sionero en su isla, perdido en una atm6s fera sin la menor salida, mira est.a Hamada de Europa coma un respiradero. Porque, todo hay que decirlo, Cesaire fue aun magniinimo con su Cahier d'un retCYUr au pays natal. Esta ciudad, Fort-de-France, es verdaderamente vulgar, malogra da. Alla abajo, en las pliegues de su sol, "esta ciudad trivial, repantigada, dudosa de su buen sentido, inerte, sofoeada bajo el peso geometrico de cruces que retornan una y otra vez, eternamente, ind6ci! a su suerte, muda, contrariada en todas formas, perpleja, escatimada, reducida, rota en su fauna y flora" 5•
La descripci6n de Cesaire no es en niodo alguno poetica. Se comprende entonces que el negro, al anuncio de su viaje a Francia (como se dice de quien "viene al mundo"), muestre su jubilo y decida cambiar. Por lo demiis, no hay en ello tematizaci6n alguna ; el ·cambia de estructura independiente mente de todo paso ref lexivo. En Estados Unidos hay un centro dirigido par Pearce Williamson, el centro de Packman. Los realizadores han, probado que en las personas casadas s producia un cambio bioquimico ; segun parece, estos investi gadores han detectado I.a presencia de ciertas hormonas en el esposo de una muj er embarazada. Seria igualmente intere sante, ya habrii quien lo haga, investigar las transformacio nes humorales de las negros a su llegada a Francia. 0, sim plemente, estudiar mediante tests, las modificaciones de su psiquismo antes de su partida y un mes despues de su insta laci6n en Francia.
Hay un drama en eso que se ha convenido en ll!IJ!ll.ar cien cias de] hombre. i Se debe postular una rea!idad humana tipo y describir sus modalidades psiquicas, teniendo en cuenta s6lo imperf ecciones, 0 bien se debe intentar, sin perdida de tiem po, una comprensi6n concreta y siempre nueva de] hombre? Cuando se nos dice que a partir de las veintinueve aiios
el hombre no : puede amar, y que es necesario esperar hasta las cuarenta y nueve para que reaparezca su afectividad, sen timos que el suelo vacila b.ajo nuestros pies. S6lo saldremos de] atm,co a condici6n de plantear correctamente las proble mas, porque todos estos descubrbmientos e investigaciones tienden a un solo fin : obligar al hombre a admitir que el nq es nada, absolutamente nada, que tiene que terminar con este narcisismo segun el cual se imagina diferente a las demas "animales".
En ello hay, ni miis ni menos, una capitulaci6n d el hombre.
Para decirlo todo, yo afirmo mi narcisismo a manos llen.as y abomino de la abyecci6n de quienes quieren hacer del hom bre una mecanka. Es posible que el debate no se pueda abrir en el piano filos6fico, es decir, en el de la exigencia funda mental de la realidad humana ; en este caso, consiento lle varlo al piano del psicoaniilisis, es decir, de "lo fallido", en el sentido en que decimos "el motor falla".
El negro que entra en Francia cambia porque, para el, la metr6poli representa el Tabernaculo ; cambia, no sola mente, porque es de este pais de donde le llegaron Montesquieu, Rousseau y Voltaire, sino porque tambien de el Uegan las me dicos, las jefes de servkio, los innumerables pequeiios poten tados, desde el sargento mayor con "quince aiios de servicio" hasta el gendarme originario de Panissieres. Hay una espe cie de embrujamiento a distancia, y quien va a partir dentro de una semana con destino a la Metr6poli, crea a su alrededor un halo miigico en el que las palabras Paris, Marsella, La Sorbona, Pigalle, representan las llaves de la b6veda. El ne gro parte, y la amputaci6n de su ser desaparece a medida que se precilla el perfil de] paquebote. El negro que parte lee en las ojos de quienes le acompaiian su poder, su mutaci6n . . . "Adieu madras, adieu fouW,rd . . .'' ·
Ahora que ya lo hemos llevado al puerto, <leiemosle va gar ; ya lo encontraremos de nuevo. Por el momenta, vamos al encuentro de uno de los que vuelven. El "desembarcado", desde su pr£mer contacto, se reafirma; solo responde en fran ces y muchas veces ya no comprende el criollo. A este res-, pecto,' el folklore nos' proporciona una buena ilustrw:i6n. Tras
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unos meses en Francia, un campesino vuelve con los suyos. Reparando en un instrumento para arar, pregunta a su pa dre, viejo campesino, a-quien-no-se-la-pega-nadie : "lComo .se
]lama esta maquina ?" Por toda respue:ita, su padre, se. la t1ra a los pies y la amnesia desaparece. Smgular terapeutica. .
Tenemos, pues un desembarcado. Ya no_ entiende _el patois,
habla de la Opera, que por cierto solo ha vJSto de leJos; pero, sobre todo, adopta una actitud critica para con sus C?1!1Pa,. triotas Ante el menor acontecimiento, se comporta or1gmal
mente.' Es "el que sabe". Se le conoce por su lenguaje. En la Savana, donde se reunen los jovenes de Fort-de-France, el espectaculo es revelador : inmediatamente; tiene la palabra el desembarcado. A la salida de! liceo y de las escuelas, .se reunen en Ja Savana. Parece como si hubiese a!go poebco en esa Savana. Imaginense un espacio de doscientos metros de largo por cuarenta de ancho, limitado _en los !ados por ta marindos carcomidos, en lo alto por el mmenso monumento a los muertos -la patria reconocida a sus hijos--, en la parte baja por el Central-Hotel ; ·un espacio torturado, adoquines desiguales, cantos que ruedan bajo los pies, y, encerrados dentro de todo ello, paseando arriba y abajo, trescientos o cua trocientos mozos y mozas que forman corrillos para ihablar, que se ponen a hablar, pero que no, no hablan jamas, y luego
se separan.
- l Que ta!?
- Bien. l Y tu ?
- Bien.
Y asi durante cincuenta afios. Si. Esta ciudad esta la mentablemente malograda. Esta vida tambien.
Bien. Se vuelven a encontrar y. hablan. Si el desembar cado obtiene rapidamente la palabra es que le estaban espe rando. Primero, la forma : se recoge al vuelo la menor falta, la analizan, y en menos de cuarenta y ocho horas tod? J:ort-de France lo conoce. A quien se la conf iere una supenor1dad no se le perdona faltar a su deber. Si dice, por ejemplo : '?l ne
m'a pas ete donn6 d e voir en France d es gend ar_mes a che
vaux", esta perdido. Solo le queda una alternat1va : desh cerse de! parisinismo o morirse de vergii.enza. Porque nadie
olvidara en absoluto ; si esta casado, su mujer sabra que tiene por marido una historia ; sus hijos tendran que afrontar y veneer a una anecdota.
' Di:e donde proviene esta alteracion de la personalidad? l De donde proviene este nuevo modo de ser ? Todo idiom; es una manera de pensar, decian Damourette y Pichon. El hecho de que el negro recien desembarcado adopte un lengua je diferente de! de la colectividad que le ha visto nacer, ex presa un desajuste, una brecha. El profesor Westermann escribe, en The African to-day, que los negros sufren un sen timiento de inferioridad, sobre todo los evolucionados y los que intentan tenazmente domil).ar. Por lo general, afiade, la manera que tienen de hacerlo es inocente: "Llevar vestidos europeos o trapos a la ultima moda, adoptar las cosas que usa el europeo, sus formas exteriores de urbanidad, adornar el lenguaje indigena con expresiones europeas, usar frases ampulosas hablando o escribiendo en una lengua europea, to do lo intentan para conseguir sentirse en igualdad respecto de! europeo y su modo de existencia "
Quisieramos, -haciendo ref erenda a otros trabajos y a nuestras observaciones personales, intentar mostrar por quii el negro se situa de manera peculiar. ante el lenguaje eu'ro peo. Recordamos una vez mas que las conclusiones a las que lleguemos solo seran validas para los antillanos ; no ignora mos, sin embargo, que estos mismos comportamientos se dan tambien en todas las razas colonizadas.
Remos conocido, y · desgraciadamente seguimos conocien do, compafieros originarios de Dahomey o Congo que se lla man antillanos; hemos conocido y todavia conocemos antilla nos que se sienten ofendidos si se lea supone senegaleses. Y es que el antillano es mas "evolucionado" que el negro de Africa (entiendase bien, que esta mas cerca de!blanco) ; esta diferencia existe, no solamente en la calle y los paseos, sino tambien en la administraci6n y en el ejercito. Toda antilla no que haya hecho su servicio militar en un regimiento de fusileros conoce esta desazonadora situaci6n : de un !ado, los europeos de las viejas colonias u originarios, de! otro, las fusi leros. Aun me acuerdo a veces de un dia en que, en pleno
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combate, se impuso la necesidad de ani.quilar un nido de ame tra!ladoras. Se lanz6. tres veces a los senegaleses, Y res veces fueron rechazados. Entonces, uno d e!los prel!"unto por que no iban los to1tbabs. En circunstancias ya nad1e sabe lo que es uno si toubab o indigena. Sin embargo, son muchos los antillaos que no se desazonan ante esta situaci6n, si?o que, por el contrario, la consideran totalmente normal. i o)o f:iJ tarfa eso, que nos asimilaran a l_os negr s ! Los ong2naros desprecian a Jos fusileros ; el anti!lno rema como senor m discutible entre toda esta despreciable negrada., xtrem opuesto recuerdo un hecho que no tiene _nada de com1co a 1 juicio :'hace poco, un martiniques me _h1zo saber !leno de co lera que algunos guadalupenses se h8:cran pasar por nu;stros. Pero, aiiadia, la mafia se ve en segmda, porqu son _mas sal
vajes que nosotros ; lease otra vez: estan mas aleJ ados de! blanco. Se dice que el negro amaba las .alara ; cuando yo pronuncio "palabras", veo un grUpo de mnos b!losos, lan zando al mundo !lamadas inexpresivas,. roncas '. mnos en pleno juego en Ia medida que pueda conceb1rse el J uego como una iniciaion a la vida. El negro ama las palab: Y no es largo el camino que conduce a'est nuev propos1s10n: el _negro es solo un niiio. Los paicoanahstas tieen aqu1 matena sobra- da ;. el termino oraiiaad brota inmediatamente. .
Pero habremos de ir mas !ejos. El problema de!lenguaJe es demasiado importante para que J?retendaos exponerlo
aquf integramente Los notables est1;1d10s de Piaget. _os. han enseiiado a distinguir diversos estad1os en su all1!;1c10n , los
de Gelb y Goldstein nos han mostrado que la func10n de: len guaje se distribuye en estantes, como en grados. Aqm nos interesa el .hombre negro ante la lengua fran.cesa. Queremos comprender por que le gusta tanto al antillano hablar el
f rances. .
Jean-Paul Sartre, en su Introducci6n a la An±hologie de la poesie negre et malgciche, nos dice que el poeta negr_o se vuelve contra la ]engua francesa, pero que no ocurre I? m1smo con Jos poetas antillanos. A este respecto c01npa;t;mos la
·opinion de Michel Leiris, quien, hace poco, escr1bra sobre
el criollo J o siguiente : 22
"El criollo; lengua popular todavia que todos conocen mis o menos, pero que solo los iletrados hablan exclusiva mente, parece condenado a ingresar antes o despues en las
. filas de !os meros supervivientes, cuando la instrucci6n (por lentos que sean sus progresos, dificultades por el numero demasiado restringido de estab]ecimientos eseolares, la penu
ria en materia de lecturas publicas y el excesivamente bajo nivel de vida material) se dif unda entre las capas mas des
heredadas de la poblaci6n." El autor aiiade : "Los poetas a que me refiero no pretenden en absoluto hacerse 'antillanos'
-en el piano de! pintoresquismo felibres--, usando un len guaje de prestado ·y sin irradiaci6n exterior, eualesquiera que puedan ser sus cualidades intrinsecas, sino afirmar fren- te a algunos b]ancos imbuidos de los peores prejui.cios
les y con un orgullo cada vez menos j ustif icado, la integri- dad de su persona." s · .
Existe ciertamente un Gilbert Gratiant que escribe en patois, pero habremos de confesar que la cosa es mas bien rara. Digamos ademas que el valor poetico de estas creacio nes es muy dudoso. En cambio, tenemos autenticas obras traducidas de! uolofo, de!pe1thl ; tambien seguimos con inte res los estudios de lingiiistica de Cheik Anta Diop.
En las Antillas, nada parecido. La lengua que se habla oficialmente es el frances ; los maestros vigilan estrechamen te que .los niiios no hablen el criollo. Silenciaremos las razones. El problema, aparentemente, podria ser el siguiente : en las Antillas, como en Bretana, hay un dialecto y, ademas, ]a len gua franc.esa. Pero esto es fa]so, pus los bretones no se consi deran inferiores a los franceses. Los bretones no fueron ci vilizados por el blanco.
Negandonos a multiplicar los elementos, corremos el riesgo de no delimitar adecuadamente el hogar ; ahora bien, . es importante decir al negro que la actitud de ruptura jamas ha salvado a nadie. Es verdad que yo debo liberarme de quien me ahoga, pues es evidente que no me deja respirar ; pero, atenci6n, sobre una base fisiol6gica. Si la dificultad de res-
6 Temps M odern.es, febrero 1950, «Martinique-Guadaloupe..Haitillo,
23,
pirac10n es mecamca serla malsano introducir un elemento psicol6gico, es .decir, la imposibilida.d de expansion.
l Que quiere decir esto ? Sencillamente : cuando un anti llano licenciado en filosofia decide no presentarse a oposi ciones alegando su color, yo digo que la filosofia no ha sal vado jamas a nadie. Cuando cualquier otro pretende a toda costa probarme que los negros son tan inteligentes como los blancos, yo digo que tampoco la inteligencia ha salvado ja mas a nadie ; y esto es verdad, porque si bien se proclama la igualdad entre los hombres en nombre de la filosofia y de la inteligencia, tambien en su nombre se decide su exterminio. Antes de continuar nos parece necesario decir algunas cosas. Hablo, por una parte, de los negros alienados (mixti ficados) y, por otra, de blancos n() menos alienados (mixtifi cadores y mixtificados) . Un Sartre o un Verdi er, el carde nal, ya han dicho que el escandalo del problema negro dura ya demasfado; ,concluyamos diciendo que su actitud es perf ec tamente normal. Tllllilbien podriamos multiplicar las referen cias y las citas y mostrar que, efectivamente, el "prejuicio de color" es una idiotez, una iniquidad que hay que destruir.
. Sartre comienza asi su Orfeo N egro : "l Pues que espe rabais cuando quitasteis la mordaza que tapaba estas bocas negras ? l Que entonasen vuestra alabanza ? l Pensabais leer adoraci6n cuando se levantasen estas cabezas doblegadas has ta el suelo por la fuerza?" 7 No se, pero digo que quien bus que en mis ojos otra cosa que una intei-rogaci6n perpetua per dera la vista ; ni reconocimiento ni odio. Si yo ]anzo un gran grito, no sera. en absoluto negro. No, en la perspectiva adop tada aqui, no hay problema negro. Y si lo hay, los blancos se han interesado por el por pura casualidad. Este es un asunto que se tramita en la oscuridad ; bueno sera que el sol que yo trashumo ilumine hasta el ultimo rinc6n.
El Dr. H.-L. Gordon, medico del hospital de psicopatia
· de Mathari, en Nairobi, escribe en un articulo de la Presse M edicala de! Este Africano : "La observaci6n exhaustiva de nna serie de cien cerebros de indigenas normales establece d_escarnadamente una ausencia de cerebros nuevos, caracteri-
? J.-P. Sartre, Prefac.io a la Anthologie de la poisie ntgre et malgache.
zados, como se sabe, por celulas llegadas al ultimo estadio de su desarrollo. Esta inf erioridad presenta cuantitativamente el 14'8 por 100'' (citado por sir Alan Burs)&.
Se dice que el negro es el eslab6n que une al hombre con el mono ; el hombre blanco, se entiende ; sir Alan Burns con. cluye, alla por. la pagina ciento veinte : "No podemos, por con siguiente, considerar cientfficamente establecida la teoria se grln la cual el hombre negro seria inferior al hombre blanco o ··provendrla de un tronco distinto.'' Facil nos seria, aiiadi mos por. nuestra cuenta; mostrar lo absurdo de proposiciones tales como : "Segun la Escritura, la separaci6n de las razas blancas y ngras perdurara en el cielo al igual que en la tie rra ; los indlgenas que sean acogidos en el Reino de los Cielos seran apartados a algunas de esas casas de! Padre de las cuales ya habla el Nuevo Testamento." Y tambien : "Sonws el pueblo ele¥ido, mira el tinte de nuestra piel, otros son ne gros o amarillos, es por causa de sus pecados."
Si, como se ve, echando mano de la humanidad, de!sen timiento .de la dignidad, de! amor y la caridad, facil nos serfa probar o de hacer admitir que el negro es igual al blanco. Pero n uestra finalidad es muy otra : lo que nosotros queremos es ayudar al negro a liberarse de! arsenal de complejos ,que lo han dominado y que germinaron en una situaci6n colonial.
M. Achille, profesor del liceo de! Pare de Lyon, citaba en una conferencia cierta aventura personal. Esta aventura es conocida universa1mente. Pocos son los negros residentes en Francia que no la han vivido. Cat6lico, Achille parti cipaba en . una peregrinaci6n de estudiantes. Un sacerdote, avistando al bronceado Achille en su rebaiio, le dijo: "lDe jaste la gran Savana para venir con nosotros ?" El interpe lado respondi6 cortesmente; el que sali6 trasquilado en esta historia no fue el joven desertor de las Savanas. Los presen tes rieron de este quid pro quo y la peregrinac¥5n sigui6 ade lante. Pero, si nos detenemos un lllOmento, veremos algunos datos interesantes en la manera c6mo el sacerdote se dirigi6 al negrito : .
1. "Yo conozco a los negros ; hay que dlrigirse a ellos
8 Le pri jugi de race et de couleur, pig. 112. _
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con gentileza'. hablarles de su pais; Io importante es saber h larles. Mire usted." No exageraremos. Un blanco que d1rige la Iabra ,un negro se comporta igual que un adulto con un ?mo, hac1endo!e carantofias y melindres 1msurran dole, hac1endose el simpatico, zalamero No es u blanco so lamente al qe hemos visto _actuar asi, sino a cientos Nues t:as observac10nes no se refieren a una deteraninada categoria, sm_o .que, l)rocurando adoptar . una actitud esencialmente obJetiva, nos dedicarnos a estudiar este hecho en medicos ag.entes de·policia, empresarios. Se nos dira, olvidando al ha: cerlo nuestra intenci6n, que podriamos habernos fijado en otros, que hay blancos que no cuadran con esta descripci6n.
A ,estos objetores Jes responderemos que estamos hacien do aqm un l)roceso de los mixtificados y de Ios mixtificado res, de los alienados ; si existen blancos que se comportan sanamente ante un n;igro, bien, .pero no son ellos Jos que nos ocupan. P?rque el higado de m1 enfermo funcione bien no Je voy a dec1 que .tiene Ios rifiones sanos. Reconoci.damente normal el h1gado, le abandono en su normalidad, que es nor mal, Y m;_ pongo a reconocer sus rifiones ; ihombre! tiene us ted los rinones enfermos. Esto quiere decir que iunto a per so?as n?rmales que se comportan saludablemente segun una ps1colof\'m huma?a, la hay que se comportan patol6gicamen te segn una ps1cologm humana. Ocurre que Ia existencia de este tipo de hombres ha determinado unas cuantas realida des Y que deseariamos contribuir a liquidarlas.
Hab}ar a los negros de esa im.anera es ir hacia ellos, po ne:l?s comodos, es querer ser comprendidos por ellos, tran qmhzarlos . . .
Los medicos de las salas de consulta Jo saben. Veinte · enfermos europeos, uno tras otro : "Sientese sefior ·Que'
e I f . ?. l Que' le aqueja . . .? Entra un ne'gro o un...ar1a, be:
S1entate, muchacho ... l Que tienes? z D6nde te duele?"
Cuando no : "A ver, hombre, z que tienes ahi . . . ?"
. 2. Hablr "n.eg;,ito". a un negro es vejarlo, porque el es qme habla- negr1to . Sm embargo, .se nos dira, no hay in tenc1on en ello, no hay voluntad de insultar. De acuerdo, pero
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Jo vejatorio es precisamente esta ausencia de vuluntad, est.a desenvoltura, esta facilidad con la que se le fija, se le apri- siona, se le primitiviza y se le anticiviliza. ·
Si el que se dirige en "negrito" a un hombre de color o a un arabe no reconoce en este comportamiento una tara, un vicio, es que jamas ha reflexionado. Personalmente, me doy cuenta a veces, a interrogar a ciertos enf ermos, en que momentos resbalamos . . .
Ante aquella vieja carnpesina de setenta y tres afios, sub normal, en pleno proceso demencial, siento que se me quie bran las antenas con las cuales toco y mediante las cuales soy tocado. Cuando yo adopto un lenguaje apropiado a Ia de mencia, a la debilidad mental, cuando me "inclino", desde arriba, sobre la pobre viej a de setenta y tres afios, cuando voy hacia ·ella, a Ia busqueda de un diagn6stico, entonces, des cubro el estigma de una recaida en mis re!aciones humanas. Usted es un idea!ista, dira alguien. No, que va. Los puercos son los otros. Por mi parte, me dirij o siempre a los "bfoots" en frances correcto y siempre he sido comprendido.
Me responden como pueden, pero yo me rebelo contra toda comprensi6n paternalis'ta :
-Bonjour mon z'ami! Ou y a mal ? H e? Dis voir un peu?, le ventre?, le coeur?
Todo eso con aquel suave acento que los "infra" de las salas de consulta conocen bien.
Cuando el "infra" recibe la respuesta de la misma rria neI'a,' se siente con buena conciencia. "Vea usted, no es un chiste lo que le cuento. Son efectivamente asi."
En caso contxario, el "inf ra" habra de echar mano de sus pseud6podos y comportarse como un adulto. Todo el edi ficio se derrumba. Un negro que le dice: "Sefior, yo no soy en absoluto su muchacho ni su amigo . . .", le obliga a reac cionar y le crea de nuevo su rnala conciencia.
Pero aun hay que buscar mas prof undo. Me siento en un caf e, en Rouen o en Strasburgo ; desgraciadamente, me ve un viejo borracho. Se sienta en mi mesa : "J, Africano? Dakar, Rufisque, burdeles, mujeres, caf e, mangas, bana nas . . ." Me levanto y me voy, saludado con una sarta de ju-
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ramento : "Sucio negro. iNo te dabas tanta importancia en tu selva !"
Mannoni ha descrito lo que el llama el complejo de Pros per?: 1'."a volveremos sabre estos. .descubrimientos que nos f a,c1htaran la comprension de! oolonialismo. Pero ya des·de ahora podemos decir :
Hablar "negrito" supone expresar esta idea · "Tu qued t donde es.tas". · , a e
1!e encuentro con un aleman o un ruso que hablan ma! el f ances. Inteto d_arles, gesticulando, la informa.cion que me pden,, pero sm ol:,,1?ar que uno u otro tienen su propia Jengua, u pa1s Y que, qmza, sean abogados o ingenieros en su cultura En todo cso, son extrafios a mi grupo, y sus normas son segu: ramente d1f erentes.
. . _Na semejante ocurre con el negro. No tiene cultura· ni c1V1hzac10n. Carece de ese "largo pasado historico" '
Se comprende, quiza, de d6nde vienen esos esfuerws que hacen tautos negros contemporaneos: cueste Jo que eueste hay que probar al mundo blanco la existencia de una civilici6n negra.
Lo quiera o no, el ngro tiene que ponerse la librea que le ha puest? el blanco. Miren las ilustraciones para nifios: los n_egros t1enen todos en la boca el oui niissie de rigor. En el cme, la coa llegar a ser extraordinaria. La mayoria de Jos films n_ort:aer1ca.nos oblad?;l en Francia reproducen negros del t1po . 1 Al rico platano ! , con su correspondiente modulacion.
. En uno de estos films, reciente par cierto, Requins d'acier (T1burnes de acero) '. un negyo, miembro de la tripulacion del ubmarmo, habla la Jerga_ mas castiza que pueda tmaginarse. s un n?gro negro, que tiembla al menor :rnovimiento de c6-
.lera de!Jefe de a bordo, que finalmente muere en la aventura. No obstante, esty convencido de que la version original no of:ece esta modahdad de expresi6n. Y, de .todas formas,- aunque as1 fues, no veo po: que en la democratica Francia, con se senta m11lones .de c1udadanos de color, se tienen que doblar (_en las dos sentldos) las imbecibilidades del otro ]ado de! Atlan tico. Pero, claro, hay que presentar al negro de una cierta ma nera. Esta esterotipia se descubre ya en el negro de Sin Piedad
2S
-"Mi buen obrei·o, no mientas nunca, no robes nunca"-, ha!ta la do.mestica de Duelo al Sol . . .
Si, al negro se le pide que sea un buen negro ; establecido
esto, todo lo demas viene solo. Hacerle hablar "negrito" supone adherirlo a la imagen que de el se tiene, untarlo de negro cha
rol, aprisionarlo, hacer de el la victima eterna de una esencia,
de un .aprtrecer de! cual el no es responsable. Naturalmente de la misma manera que es sospechoso un judfo que gasta di nero sin tasa, asi tambien hay que vigilar al negro que cita a Montesquieu. Entendamonos: vigilarlo en la medida en que con el comienza alguna cosa. Y, ciertamente, no estoy diciendo g_ue el estudiante negro sea sospechoso a los ojos de sus compafie ros y profesores. Pero fuera de las medias universitarios sub siste un ejercito de imbeciles : lo importante no es educarlos, sino que el negro ccnsiga no ser esclavo de sus arquetipos.
Que estos imbeciles son producto de una estructura eco
µ6mico-psicologica, de acuerdc, pero hay que ir wdavia mucho mas lejos, pues hace tiempo que nos hemos estancado en esa
estructura.
Cuando un negro habla de ll'[arx, Ia primera reacci6n es
la siguiente :"Se os ha educado y ahora os volveis contra nues tros bienhechores. iIngratos ! Decididamente, nada puede es perarse de vosotros". Ademas, hay tambien este argumento del plantador en Af rica : nuestro enemigo es el maestro.
.Lo que venimos diciendo si:rnplemente es que el europeo
tiene una idea definida de!negro ; no hay nada mas exasperante que oir decir : "lCuanto tiempo lleva usted en Francia.? Habla usted muy bien el trances".
Podria responderseme que esto se debe al hecho de que
muchos negros se expresan en "negrito". Pero esto seria dema sisdo facil. Uno va en el tren ; pregunta :
-Perd6n, senor. l Querria usted indicarme el cache res-
taurante, por favor ? , ·
-Oui, mon z'ami, toi y en a prendre couloir tout drot iin
deux, trois, c' est la.
No, hablar "negrito" quiere decir encerrar al negro, per-
petuar una situacion conflictual en la que el blanco infecta al negro de cuerpos extrafios extraordinariamente t6xicos. No hay
Z9
nada tan sensacional como un negro que se expresa . correcta mente, porque, en verdad, asume el mundo bianco. A veces he mos cha lado con estudiantes de origen extranjero. Hablan ma! el frances; el_peq efio Crusoe, alias Prospero, esta entonces a sus achas. Exphca, mforma, !es acompafia. Con el negro, Ia estu p1dez, colma toda metla ; el,. el negro, se ha puesto en regla.
Con el, Y n? es pos1b]e el J uego, es pura replica de! blanco. Hay que mclmarse (9) •
. Thlspues '; todo lo que hemos dicho se comprende que Ia
P.riera reacc1on de! negro sea decir no a Jos que intentan de f1mrl7: Se comprende que la primera reacci6n de] negro sea una reaccion,: Y: PE;sto que el negro es apreciado segun Ia calidad de su as11rulac1on, se comprende tambien que el desembarcado
s.e exprese solo en frances. El desembarcado tiende a subrayar la rutura qu se ha producido. Realiza un nuevo tipo de hom bfe: tipo que 1mpone a sus compafieros y a sus parientes. A su
v.eJ a madre que ya no comprenda, le habla qe sus camisas, de Ia
barraca en desorden . . . Todo ello bien acondicionado con el acento correspondiente.
E todos los pafses de!mundo hay arribistas: "los que ya no '; s1enten (] qu\sea) "; frente a ellos, "los que guardan Ia noc1on de su origen . El antillano que vuelve de Ia metr6poli s7 exresa. en patois si quiere dar a entender que no ha cam bmdo. •Se s1ente en el desembarcadero, donde padres y amigos
le esperan.. Le esperan no solo porque viene, sino en el ·sentido en qu dec1mos: "4 ver c6mo viene este". !fecesitan solamente u mmuto para d_eterrninar el diagn6tico: Si el desembarcado dice sus companeros: "Je S'ltis tres hereux de me retrouver parmi vous. Mon Dieu, qu'il fait chl1Ull, da.ns ce pays, fe ne
9 «He. conocido n-eg:oo en la Facu]tad de Mediclna , .. en una palabra, 7ran decepionantes; -el tin:t,D -e su pi.el te.n:ia que habernos dado ·a nosotros a opor n1dad de ser car1tativos, magn3.nimos o cientificamente amigos. odse aJusta'ban ,a se deber, a aquella exig:encia de nuestra 1buena voluntad.
o a 3uera lar1mosa ternura, toda nuestra deforme solicitud quedaba na a. o ten1a:mos negros que mm1ar; tampoco teniamoa raotivos nara
a .orrec-erlosr no nos los daban; venian a significar poco mas O menOs lo 11;1smo t,qu_e nosotros en _Ia ba]anza de los· pequefios - trabajos y canijas astu
cAiaf s .co .1dtans.». - 1chel Salomon, «D'u-n Juif a des NegressM . PrBsence nca1ne, num. 5, pag. 776.
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BllillrllAS v demeurer iongtemps '\ se pondran en guardia : ha llegado un europeo.
En otro orden de cosas mas particular, cuando se encuen tran en Paris estudiantes antillanos, pueden ejercer dos posi bilidades.
-0 sostener el mundo blanco, es decir, el mundo verda dero, en cuyo caso emplearan el frances ; entonces podran abordar algunos problemas y orientarse en 5U8 conclusiones hada un cierto grado de universalismo.
-O rechazar Europa, "Yo" (1°) , y entenderse y comu nicarse mediante el patois, instalandose muy confortablemente en lo que vamos a llamar la Umwelt martiniquense ; con esto queremos decir-y va dirigido sobre todo a nuestros hermanos antillanos- que cuando uno de nuestros compafieros en Paris o en eualquier otra ciudad con Universidad, intenta conside rar seriamente un problema, se le acusa de darse impor.tancia, entonces el mejor medio para desarmarlo es echar mano de! mundo antillano blandiendo el criollo. En ello hay {Jue ver una de las razones de la quiebra de tantas amistades al cabo de algun tiemoo de vida europea.
Siendo nuestra intenci6n la desalienaci6n de los negros quisieramos que sintiesen que, cada vez que hay incompresi6n entre ellos a prop6sito de! blanco, hay una falta de discerni miento.
Un se11egales aprende el criollo para hacerse pasar por antillano: yo digo que en es-to hay alienaci6n.
Los antillanos que lo saben multiplican su pitorreo ; yo digo que en esto ·hay falta de discernimiento.
Como se ve, no nos equivocabamos cuando suponiamos que un estudio de! lenguaje entre los antillanos podia revelar nos a]gunos aspectos de su mundo. Ya lo dijimos al principio ; hay una reiaci6n de apoyo entre la lengua y la colectividad. Hahlar una lengua es asumir un mundo, una cultura. El antillano que quiere ser blanco lo sera, efectivamente, tanto mas cuanto mejor haya hecho suyo ese instrumento cultural que es el lenguaje. Recuerdo que en Lyon, hace poco mas de
10 M,anera de d.esignar a los otros, considerados genericamente; mas
concretamente, Zos europeos.
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un no, despues de terminar una conferencia en la que yo habia trazado un paralelo entre la poesia negra y la europea un compafiero metropolitano me decia calurosamente: "En el fon do, t(i eres un blanco". Por lo visto, el haber estudiado con la lengua de!blanco un problema tan interesante me daba dere cho de ciudadania.
_ . Historicnte, se ha de comprender que el negro quiera hablar fra1;ces,. porque es Ia llave eapaz de abrir las puertas q_e hace solo cmcuenta afios. le estaban prohibidas: En Jos an ti,Ianos a lo que nos referimos en nuestra descripci6n pode mos descubrir una tendencia a buscar las sutilezas e intimida des de!lenguaje, que son maneras de probarse a si mismos su mayor o meno adecua.cion a la cultura ('H). Se ha dicho : los_ o adores antillanos tienen una fuerza expresiva que dejaria aton_1tos a los europeos. Un hecho significativo viene a mi me rnoria : en 1945, euando Ia campafia electoral Aime Cesaire candidato a la diputacion, hablaba en la escela de Fort-de: France 3:11te un numeroso auditorio. En plena conf erencia se desvanec1? na mujer. Al dia siguiente, un emnpafiero, con tado el mc.1dente, lo eomentaba de esta suerte : "Franais a
ete tellement caiid qire la femme lit taombe maloodi (ll2) ·Pod er de!!enguaj e ! · 1
. Aun hay otros hechos que merecen nuestra atep.cion. Por J empio, Charles-An?re Julien, presentado a Aime Cesaire: Un poeta negro adJunto de la Universidad": o bien sencilla mente, la expresion de "gran poeta negro".
Hy en e s rases hechas, que parecen responder a una ur.gencia de distmc1?n -porque, en fin, Aime Cesaire es negro Y poeta -, una sutileza oculta, un meollo persistente. De Jean Pauihan solo se que escribe obras muy interesantes. Ignoro Ia
e?ad que pueda tener Caillois, y solo retengo las manifesta- . c10nes de su exis.teneia, que de vez en cuando arafian el cielo.
Que no se nos· acuse de anafilaxia afectiva ; querenws decir que no hay ninguna razon para que Breton diga de Cesaire : "Es un negro que maneja la lengua francesa como ningi'.m blanco contemporaneo" ('3) . ·
Aunque Breton, al decir esto, expresare pura y simple
mente la verdad, no veo donde esta tan asombrosa paradoja, no veo donde pueda estar lo que merece subrayarse, porque, a fin de cuentas, Aime Cesaire es martiniques y adjunto de Unid
versidad.
Volvemos a encontrar a Michel Leiris :. "En los escritores
antillanos hay una voluntad de ruptura con las formas lite rarias !igHclas a la ensefianza oficial ; pero esta voiuntad, ten dida hacia un futuro mas ventilado, dificilmente podria revestir un aspecto folkl6rico. Deseosos ante todo, literariamente, de for-.nular el :mensaje que Jes es propio, de ser, por lo menos al guno, los portavoces de una verdadera raza con posibilidades desconocidas. desdefian el artificio que . supondria el recurso a un hablar de!que solo podrian hacer uso como cosa aprendida, sin olvidar que su formaci6n intelectual · se ha efectuado me diante el frances de manera casi exclusiva". (14 .
Pero, me replicaran Jos negros, es un honor para nosotros
que un blanco como Breton escriba cosas semejantes.
Continuemos . . .
. . 11 V€ase, 1P? .ejempl, el nero casi increi:ble de anecdotas a que d? ugar la elecc1on a la d1putac1on de este cand.idato. Una basura de, pe n?d10 llama.do Canard dichaini, no se dio tregua en envolver a B , , , con cnolhsmos v1sce,rales. Y es que, en efecto el arma definitiva en las Anti llas es es.ta: no sabe exprcsarse en francis.
. 12 E·! frances (la elegancia de la for,ma) era tan caliente que la muJ er cayo en trance.
13 IntroducciOn al Cahier d'un retour au. pays natal, p&g. 14.
14 Michel Leiris, art. cit.
32 33
II. LA MUJER DE COLOR Y EL BLANCO
El hombre es movimiento hacia el mundo y hacia sus se- . mejantes. Movimiento de agresividad que engendra servidum bre o conquista ; movimiento de amor, donacion de si, termino final de lo que ha dado en llamarse la orientacion etica. Toda conciencia parece poder manif estar, simult{mea o alternativa mente, estos· dos componentes. Energeticamente, el ser amado me respaldara en la asuncion de mi virilidad ; el anhelo de me recer la admiracion o el amor de otro tejera sobre mi vision de!mundo toda una superestructura de valores.
En la comprensi6n de los fenomenos de este tipo el tra bajo de] analista y de!fenomenologo se revela por demas arduo. Ciertamente, ha habido un Sartre para realizar una descripcion de!amor-fracaso ( El Ser y la Nada no es mas que el analisis de la mala fe y de Io inautentico) ; pero no es menos verdad que el amor- verdad, real -querer para los otros lo que uno pide para si, cuando esta repeticion integra los valores per manentes, de la realidad humana-, reclama la movilizacion de instancias psiquicas elementalmente liberadas de los conflic tos inconscientes.
Race ya tiempo, mucho tiempo, que se desvanecieron las ultimas secuelas de una lucha gigantesca contra el otro. Hoy, creemos en la posibilidad de! amor, precisamente porq ue ha cemos lo posible por detectar sus imperf ecciones y perversiones. Este capitulo lo consagramos a las rlaciones de la mujer
34.
de color con el europeo ; nuestra intencion consiste en deter
:m.inar hasta que punto sera imposible el amor autentico mien tras no se expulsen ese sentimiento de inferioridad o esa exal taci6n adleriana, y hasta esa sobrecompensaci6n, que parecen constituir el indicativo de la Weltanschauung negra.
Porque, en fin, cuando leemos en J e suis M artiniquaise (Soy martiniquesa) : "Me hubiera gustado casarme, pero con un blanco. Pero una mujer de color no es nunca de!todo res petable a los ojos de un blanco. Incluso aunque yo le ame. Yo Jo sabia" (1) tenemos derecho a inquietarnos. Este parrafo, que puede se;vir en cierto modo de conclusion de una enorme rnbdificacion, nos incita a Ia reflexion. Cierto dia, una mujer, de nombre Mayotte Capecia, obedeciendo a un motivo cuyos ele mentos no acabamos de ver claros, escribio doscientas dos paginas -su vida- por las que discurrian a: sus anchas las pro
posiciones mas absurdas. La ru:ogida entusiasta que obtuvo esta .. obra en algunos medios merece analizarse. Para nosotros, no
es posible ningun equivoco : Yo soy martiniquesa es una obra por entregas que predica un comportamiento malsano.
Mayotte ama a un blanco de! que acepta todo. Els el senor. Ella no reclama nada, no exige nada ; solo un-poco de blancura en su pie!. Y cuando, al hacerse la pregunta de si el es her moso o feo, Ia amante dice : "Lo unico que se es que tenia !os ojos azules, los cabellos rubios, la pie!palida, y que yo le ama?a", es facil obtener colocando las palabras en su lugar, poco mas o menos esto : "Yo le amaba porq ue tenf a !os ojos azules, los ca bellos rubios y Ia pie! pa.Iida". Y nosotros, nosotros que somos antillanos, lo sabemos demasiado bien : el negro teme a Ios ojos azules, se dice alla abajo.
Cuando deciamos, en Ia introduccion, que la inferioridad habia sido historicamente sentida como economica, no erraba mos gran cosa.
"Algunas noches tenia que dejarme, para cumplir con sus obligaciones mundanas. Iba a Didier, el barrio chic de Fort de France, donde viven Jos belces M artinique, que qu_iza no sean de raza muy pura pero que muchas veces son muy ncos (se ad-
I Mayotte Capecia ( Correa ed., pag. 202) .
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mite que se es blanco a partir de un cierto numero de millones), y los bekes France, la mayorfa funcionarios y oficiales."
"Aigunos compafieros de Andre, bloqueados como el en las Antillas a causa de la guerra, habian conseguido traer a sus mujeres. Yo comprendia que Andres no padia estar mucho tiem po apartado. Aceptaba tambien no ser admitida, en este circulo, pues yo era una muj er de color ; pero no podia evitar tener celos. El gustaba explicarme que su vida intima era una cosa que le pertenecia y su vida social y militar otra diferente de la que no era duefio ; pero yo insisti tanto que un dia me llev6 a Didier. Pasamos la veladas en una de las pequefias villas que me causaban admiracion en la infancia, con dos oficiales y sus esposas. E6tas me contemplaban con una indulgencia que se me hizo insoportable. Yo sentia que me habia arreglado demasiado, que no era digna de Andre, quizii. solamente por el color de la pie! ; en fin, pase una velada tan desagradable que decidi no volver a pedir a Andre acompafiarle" (2) .
Los deseos de la bella apuntan a Didier, bulevar de los mar-. tiniquenses riquisimos. Ella misma es la que dice :. se es blanco a partir de un cierto numero de millones. Las villas de! barrio fascinaban hacia mucho tiempo a la autora. Por lo demii.s, te nemos la impresion de que Mayotte Capecia consigue hacer noslo creer : nos dke que conoci6 Fort-de-France muy fa.rde, hacia los dieciocho afios ; sin embargo, las villas de Didier ha bian encandilado su infancia. Hay en este hecho una inconse cuencia fii.cilmente comprensible si situamos la acci6n. En Mar tinica, en efecto, es habitual sonar en una foi,ma de salvaci6n que consiste en blanquearse mii.gicamente. Una villa en Didier, su introducci6n en la sociedad de allii. arriba (la colina de Didier domina la ciudad) , y ya tenemos realizada la certeza subjetiva de Hegel, Tambien se ve claramente, por lo demii.s, el lugar que ocuparia en la descripci6n de este comportamiento la di{l,lectica de!ser y de!tener (3) • No obstante, no es este to davia el caso de Mayotte. Se "le va la cabeza". Las cosas co
I mienzan a darle vueltas . . . No se tolera en estos circulos por que es una mujer de color. El resentimiento se elaborarii. a
2 J e suis Martiniquaise, :pag. 150.
3 Etre et Avoir, Gabriel Marcel ( Aubier).
partir de su factibilidad. Ya veremos por que estii. prohibido el amor a todas las Mayotte Capecia de todos las paises.
En la inf ancia de Mayotte Capecia descubrimos un cierto numero de rasgos que ilustran Ia Iinea de orientaci6n de ]a autora. Cada vez que se produzca un movimiento, una conmo ci6n o un estremecimiento, se revelarii. claramente que estii. en relaci6n directa con ese fin. Parece, en efecto, que para esta mujer el blanco y el negro representan ]os dos polos de un mundo, polos en lucha perpetua : verdadera concepci6n mani queista de! mundo. Ya hemos Ianzado Ia palabra ; convendrii. no olvidarla : blanco o negra, esta es la cuesti6n.
Yo soy blanco, es decir, me pertenecen la bellza y Ia virtud, que nunca fueron negras. Soy de! color de! dia . . .
Yo soy negro : yo realizo una fusion total con el mundo, una comprensi6n simpii.tica de Ia tierra, una perdida de :mi yo en el coraz6n de!cosmos; el blanco, por inteligente que sea;' difici!mente comprenderia a Armstrong y las ciinticos de Congo. Si yo soy negro no es por obra de una maldici6n, sino porq e, habiendo tensado mi pie!, ·he podido captar todos las efluv10s c6smicos. Yo soy verdaderamente una gota de sol en la tierra . . .
Y asi van, en un cuer.po a cuerpo con su negrura o su blancura en pleno drama narcfaista, encerrado cada uno en su particul idad, de vez en cuando, tambien es verdad, con al gunos destellos de luddez, amenazados a pesar de todo en su mis:ma fuente.
En primerisimo termino, asi es como se le plantea a Ma yotte su problema . . ., a la edad de cinco afios y en la tercera piigina de su libro : "Ella sacaba su tintero de!pupitre y le suministraba una ducha par la cabeza". Esta era su manera de transformar al blanco en negro. Pero pronto se dio cuenta de la vanidad de·sus esfuerzos; ademii.s, estii. Loulouze y su madre, que le dicen Io dificil que es la vida para una mujer de color. Entonces, no pudiendo ennegrecer mii.s, no pudiendo ennegrecer el mundo, intentara b!anquearlo en su cuerpo y en su pen samiento. Como primera providencia, se hace Iavandera : "Yo cobraba caro, mii.s caro que otras, pero trabajaba mejor, y
como a la gente de Fort-de-France le gusta mucho la ropa
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blanca, venian a mi casa. Finalmente, estaban orgullosos de que Mayotte Jes Iavase Ia ropa" (4 ) (•).
Sentimos que Mayotte Capecia no nos haya hecho parti cipes en absoluto de sus suefios. El contacto con su subcons ciente nos habria facilitado mucho las cosas. En lugar de des cubrirse totalmente negra, considerara este hecho accidental. Se entera entonces de que su abuela era blanca : "Yo estaba orgullosa. Ciertamente, no era la unica con sangre blanca, pero una abuela blanca era mas· importante que un abuelo blanco (5) . i'.Entonces mi madre era mesti3a ? Ya deberia habsrlo supuesto al ver su tinte palido. Me parecia mas bonita que nunca, mas fina y mas distinguida. l Habria sido yo totalmente blanca si ella se hubiese casado con un blanco . . . ? l Habria sido menos
4 Je suis Martiniqu We, plLg. 131.
:::i EI texto frances dice cc . . . se faire hlanchir chez Mayottes». El autor juega .con el significado de blanchir, lavar la ropa y blanquear. ( bl. del T.) .
5 El blanco era el se!lor, o mas. sim·plemente el macho : podia pagarse el lujo de dormir con muchas mujeres. Esto es una verdad sencilla en todos los paises y, particularm-ente, en las colonias. Pero una blanca que- acepta un negro es aLgo que se perf ila autom.!lticamente como una aventura ro m.intica. Hay donaci6n y no violaci6n. En la-s colonias, en efecto, hay gran cantidad de mestizos, y eso que no hay matrin1onio o cohabitaci6n entre blancos y .negros. Pero claro, los blancos duenn-en con las criadas negras. De todas :formas estO no autoriz,a este ;pasaje de 1\-!annoni: «Asi, una parte de nuestras tendencias noa en1pujaria de manera bastante natural Mcia los tipos mas ex6ticos». No se trata solamente de un milagro literario. Cuan do los soildados ·-de Gallieni escogian :por compaf..eras mi:'i.s o menos durade ras a las j6venes raniat oa no ha·bfa en absolute liter.atura y, de haberla, el milagro era biien canijo. En realidud> estos primeros co1rt:aetos no ofrecian la menor dificultad. Se debian, en -parte, a·l singular eomportamiento sexual de los malgache_s, sano y pr8.cticamoote sin 1nani.festaciones de con1plejos. Mas todo esto tarnhi€n prueha que los conf lictos racialcs se elaboran poco a ;poco y .que no nacen es-pont8.n-e2,;mente ( Psychologic de let. colo,iisation, pi:'i.g, 110.) No exageramos nada. Cuando un soldadc de las tropas conquis tadoras dormla con una mujer malgache no habia, oiu dudn, ,por su parte; el menor respeto por la alteridad. Los conflictos racial-es no vinieron des. pu€s. Los conf lictos racial.es coexistieron. El que _ los colonos argeh nos se acuesten con su cr.iadilla d·e oo.torce afios no -pru2-ba de nh1guna ma nera la ausencia de conflictoS racia1es en la Ar,gelia..- No, el problema es mis complicado. Mayote Cap€cia tiene raz6n: rs un honor .r la hi.ja de una mujer blanca, ;pu,es eso demuestra que no es hija de un pasatiempo ( «en .bas :feuil1e» ). (Se reserva esta expresi6n para todos las retofios d-e os b€k€s de la Martinica; se sabe que son muy numerosos. De Aubery s-e d1c-e que tuvo cerca de cincuenta.)
dificil la vida para mi. . . ? Soiiaba con aquella abuela a la que nunca habia conocido y que muri6 por haber amado a un hombre de color martiniques . . . l Se podia tolerar que una canadiense amase a un m.artiniques? Yo, que siempre pensaba en el senor cura, decidi que jamas podria amar a un blanco, un rubio con ojos azules, un frances" (6 ) .
Ya estamos advertidos: Mayotte tiende a Ia lactificaci6n. Porque, vaya de una vez, hay que blanquear Ia raza ; esto Io saben iodas las martiniquesas, lo saben, Io dicen y lo repiten. B!anquear !a raza, salvar Ia raza, pero no en el sentido que podria su]Jonerse: no se trata de preservar "la originalidad de la norci6n de! mundo en cuyo seno (ellas) han crecido", sino de 'coneguir y asegurar su blancura. Siempre que hemos pre tendid o analir.ar ciertos comportamientos no heinos podido evi tar la apa:rici6n de fen6menos nauseabundos. Es extraordina ria la cantida d de frases, proverbios y pequefias Iineas ·de con ducta que rigen las e]ecciones amorosas en las Antillas. Lo im portante es no sumergirse de nuevo en Ia negrada ; toda anti llana, en Bus am.orfos o en sus relaciones, procura escogr "lo menos negro". Algunas veces, para excusar una mala mver si(,n, se ve obligada a echar mano de argumentos como este: "X es negro, pero Ia miseria es mas neg:ra que el". Conocemo8 niuchas compatriotas, estudiantes en Francia, que nos decla ran con candor, un candor totalmente blanco, que Jes costaria rnucho casarse con un negro. i Haberse escapado para volver ahora voluntariamente? iAh, no, por favor! Ademas, aiiaden, no es porque neguemos a Ios negros todo valor, pero usted sabe que vale mas ser blanco. Hace poco hable con una de ellas. Casi sin respirar, me solt6 a Ia cara : "Ademas, si Cesaire rei vindka tanto su color negro es porque Io siente como una mal dici6n. l &1 que Ios blancos reivindican el suyo ? En cada uno de noootros hay una potsncialidad blanca, alguno., quieren ig norarlo o, mas sancillo, Ia invierten. For mi parte, por nada del rnundo aceptaria casarme con un negro". Estas actitudes no son raras, y declaro mi inquietud, porque esta joven mar tiniquesa sera Iicenciada dentro de pocos aiios y partira para
6 J e suis Martiniqua-ise, pi:1.g. &9.
38 39
laa Antillas a ensefiar en algt!n centN escolar, Adivinamos facilmente lo que ocurrira.
Al antillano que haya pasado previamente por la criba de la objetividad los prejuicios que le maduran, le espera un tra bajo colosal. Cuando iniciamos esta obra, una vez terminados Jos estudios de medicina, nos proponiamos sostenerla en tant_o que tesis. Despues, la dialfotica exigi6 que adoptasemos pos1- ciones mas vigorosas. De cualquier manera que hubiesemos abordado la alienaci6n psiquica de! negro, no podiamos silen ciar algunos elementos que, por muy psicol6gicos que fuesen, engendraban ef ectos que nos remitian a otras ciencias.
Toda experiencia, sobre todo si se muestra infecunda, ha de entrar en la composici6n de lo real y, por ello, ocupar un lugar en la restructuraci6n de esto real. Con sus taras, fallos y vicios la familia europea, patriarcal, en estrecha relaci6n con la sciedad que conocemos, produc,e alrededor de tres de cimas partes de neur6ticos. Asi, pues, apoyandonos en datos psicoanaliticos, sociol6gicos y politicos, hemos de edificar un nuevo medio parental susceptible de disminuir, si no anular, el porcentaje de desperdicios (en el sentido asocial de!termi no) que aiin produce.
O dicho de otra manera, se trata de saber si la basic per
wnaz.it y es un dato o una variable.
Todas estas mujeres de color buscando safiudamente un blanco esperan. Y, con seguridad, uno d.e estos dias se sorpre:n deran a si mismas negandose a volver sobre sus pasos, y pen saran "en una noche maravillosa, en un amante maravilloso, un blanco". Quiza, tambien, algun dia se den cuenta de que "los blancos no se casan con una mujer negra". Pero ellas han aceptado correr el riesgo, porque lo que Jes hace falta es la blancura a cualquier precio. iPor que raz6n ? Nada mas facil. Vamos a leer un cuento que satisface el espiritu :
"Un dia, San Pedro ve llegar a la puerta de! paraiso a tres hombres: un blanco, un mulato y un negro.
-"Tu, l que quieres ? -le pregunta al blanco.
-"Dinero.
-"lY tu ? -al mulato.
-"La gloria.
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"Dirigiendose al negro, este le acoge con una amplia son risa y le anuncia 1:
-"Yo solo he venido a traer las maletas a estos seiio
res."
Race poco, Etiemble, hablando de uno de sus fracasos, decia : ". . . mi estupor, adolescente, cuando una amiga, y que me conocia bien, se levant6 ultr.a jada al oir que yo le decia, en una circunstancia en que era la palabra propia, la unica ade cuada : "Tu, que eres una negra. i Yo? l Yo, una negra ? i No ves que soy casi blanca ? Detesto a los negros. Los negros apes tan. Son sucios y perezosos. No me vuelvas a hablar de los negros". 8• .
Conocimos otra que tenia una lista de salas de baile pari sinas en las que no hay miedo de encontrarse con un negro.
Lo importante es saber si le es posible al negro superar su sentimiento de dis.minuci6n, de expulsar de su vida el ca racter compulsivo que le asemeja tanto a! compor tamiento de! f6bico. En el negro hay una exacerbaci6n afoctiva, una rabia de sentirse pequefio, una incapacidad para toda comuni6n hu mana que le confinan en una insularidad intolerable.
7 La sonrise. d-el negro, el grin. parece haber 11.amado la. atenci-On a 1nuchos -escritor.es.. Bernard Wolfe decfa: "Nos gusta rep1·esentar al negro riendo y ensefiando todos sus dientes. Y su sonrisa, tal como la vemos
-tal y cruno nosotros la creamos, sinifica sien1pre un don . . . ".
U11 donativo interminable, en todos los carteles, en todas las p,antallas de cine, en todas las .etiquetas de productos aliinenticios . . . El negro da a la sefiora los nuevos 41tintes criollo oscuros'' ipara sus prend.as de nylon puro, cortesia d-e la casa de VignY:- sus frascos "extravagantes'', "tortu rados", de agua de colonia de Goilivrog.g y perfumes. Calzado luztroso, ropa blanca como la ni-ev-e, literas bajas confortabl-es, _transporte rapido de los hultos; jazz jit terbug, jive, comedias, y los maravillosi:i-s cu,entos de Brer Rabbit t ( Hermano Con-ejo) 11ara regocijo de los ;pequef.os.. El servicio con su sonrisa .siem-pre . . . "Se conserva a los n-a-gros, escribe un antro p6logo (a) , en su actitud obsequiosa mediant-a las sanciones extremas del temor y la fu-erza, cosa bien conocida ,por blancos y negros al mismo tiempo. !No obstante, los blancos exig.en qu,e los negros se muestren son rientes y amigables en todas sus relaciones con ellos :_;--· '' LJoncle RBmus et l!'on lapin Bernard Wolfe, Les Temp fl.,fodernes, nllm. 43. pcl.g. &88.
a) Geofrey Gor.er, Tke American Spi1'it: A S tudy in national cha raeter.
B "Sur le Martinique d-e Michel Cournot", Les Temps Modernes, fe
brero 1950.
41.
Describiendo el fen6meno de la retraccion de! yo, Anna Freud escribe : "Consiste en una defensa de este yo eontra las excitaciones exteriores ; esta retraecion, en tanto que metodo de prevencion de!disgusto, no es caracteristico de las neuro ticos ; es solo un estadio normal en la evolucion de!yo. Toda descontento sufrido par un joven yo maleabl.! en un campo determinado queda compensado a veces par exitos perfectas en otros. Pero cuando el yo se ha he.cha rigido o ya no tolera el disgusto y se entrega compulsivamente a la reaeci6n de hui da, la formacf6n de!yo sufre las correspondientes y enojosas consecuencias ; el yo, habiernlo abandonado demasiadas de sus posiciones, deviene unilaternl, pierde demasiados intereses propios y contempla una perdida de valor de sus activida des" (9).
ComprendPmos ahora el porque no puede el negro com placerse en su insularidad. Para el solo hay un tipo de salida, que da al mundo blanco. De ahi esa permanente preocupaci6n por Hamar la atenci6n de! blanco, esa voluntad tenaz de ad quirir fas propiedades de!revestimiento, es decir, la parte de ser y de tener que entra en la constitucion de un yo. Como de ciamos hace un momenta, el negro intenta ingresar en el san tuario blanco par el interior. La actitud remite a la intencion. La retraccion de!yo en tanto que expediente de defensa conseguido le es imposible al negro. Necesita una sanci6n
blanca.
En plena euforia mistica, salmodiando un fascinador can tic<i. Mayotte se cree un arn:,el y que vuela "toda sonrosada y bla na". Sin embargo, ahi esta esa pelicula, Verts Piiturages, con amrnles de Dios negros, que chocan terriblemente a la au tora : " Como imaginarme a Dias con las rasgos de un negro? No es asi como yo me imagino el paraiso. Pero, menos ma! que_ era solo una pelicula america,na" (•1-0).
No, verdaderamente, el Dios bueno y misericordioso no puede ser negro ; el Dias bueno y misericordioso tiene las me jillas bien sonrosadas. Del negro al blanco, esta es la linea de
9 A. Frelid, Le moi et les micaniS?nes cle defense, tr-aduc-1.do nor Anne
Berman, p3.gs. 9192. ,.
10 J e .suis Martin?'.qucdse 1 p{lg. 66.
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utacion. Se es blanco igual que se e rico, o hermoso, o inte l!gente. , i': q
Sin embargo, Andre parte hacia otros cielos llevando su M ensaje blanco a otras Mayottes: deliciosos geniecitos de ojos azules· pedaleando por las pasi!los cromosomaticos. Pero, coma corresponde a un blanco que se precie, le deja instrucciones. Andre ha hablado de su hijo : "Tu lo educaras, le 'hablaras de mi, le diras: era un hombre superior. Tienes que trabajar para ser digno de el" (11).
. ?Y la di tlad? Ya no habia razon para adquirirla ; la d1gmdad se teJ ia entonces en el laberinto de sus arterias hun didas en sus pequeiias uiias rosas, bien calzada, bien blana.
i,Y el padre? Oigamos lo que dice Etiemble : "Un her moso especimen en su genera ; hablaba de la familia de! tra bajo, de la patria, de! buen Pet.ain y de! buen Dios 'con todo lo cual la dej6 embarazada coma mandan los canon con bue
na condencia. Dias se ha servido de nosotros, decia ei'gran cer
do, el hermoso blanco, el bravo oficial. Despues de lo cual, ahi te quedas plantada segun las mismas reglas petenistas y buendioseras" .
Antes -de. terminar con esa tuyo Seiior blanco es "coma un muerto" y que se hace escoltar par muertos en un libro en el que se hace ostentaci6n de cosas lamentablemente requete muertas, quisiframos pedir a Africa que nos envie un men saje (12).
No se hace esperar ; Abdoulaye Sadji nos ofrece en
lU Je suis Martiniqua.ise, ip3.g. 185.
il 2. Despues de ,J e suis lt1artiniquaise, Mayotte Capecia h-a escrito
otra obra: La negresse blanc.he. Segura,mente se dio cuenta de los erro res cometido.s en la primer.a porq_ue en esta percibimos un intento de
revalorizaci6n del negro. Pero Mayotte Ca:pecia no h-a tenido en cuenta su inco1;8ci.ente. En cuanto la nov,elista deja un poco ,en . li'bertad a sus personaJes el negro res.ulta anonatlado. Todos los negros que describe son de alguna manera criipulas o "al rico plS.tano''.
Ademl3.s, y nos atrevemos a augurar e] porv,enir afirmamos -que Mayotte Capecia ha roto def initivamente co-n su pals. La heroina de sus dos obras ISOlo tiene una actitud: ·marchar. Este p.ais de negros est:i d-eci didamente m.aldito. Efectivamente, en torno a Capfcia f lota una mal<lici6n. Ma1dici6n centrif.uga l)Or cierto. A:ayotte Capecia ha sido probibida,
43
Nini (") una descripci6n de Jo que puede lle1' el comporta. miento de los negros ante los europeos.•. Ya dijimos que exis ten negr6fobos. Lo que Jes anima no es el odio al negro ; no tienen este coraje o, por lo menos, ya no. El odio no es dado, el odio hay que conquistarlo a cada momento, izarlo al ser, en conflicto con complejos de culpabi!idad mas o menos declara dos. El odio no es, sino que pide existencia, y el que odia debe manifestarlo con actos, con un comportamiento apropiado; en cierto sentido, el odio tiene que hacerse odio. Por eso Jos ame ricanos han sustituido el linchamiento por la discriminaci6n. Cada uno en su lugar. Tampoco nos ha sorprendido que hu biese en las ciudades de!Africa negra ( l francesa ?) el corres pondiente barrio europeo. La obra de Mounier L'eveil de l'Af ri que noire, ya nos habia llamado la atenci6n, pero esperabamos con impaciencia una voz africana. Gracias a la revista de Aliun Diop hemos podido coordinar las motivaciones psico
)6gicas que mue'ven a los hombres de color.
Hay un pasmo, en el ssntido mas religioso del termino, en este pasaje: "El senor Campian es el unico blanco de Saint. Louis que frecuenta el Saint-Louisien Club (14) , hombre de una cierta posici6n social, puesto que es ingeniero de caminos y subdirector de Obras Publicas en Senegal. Se le supone muy negr6filo, mas que el senor Roddin, profesor del liceo Faidher be, que dio una conferencia sobre la igualdad de razas en el Club. La bondad de uno y otro es un tema perpetuo de infla madas discusiones. De todas maneras, al sefior Campian se le ve mas a menudo en el circulo, donde ha tenido ocasi6n de co nocer indigenas muy atentos y deferentes para con el, que le aprecian y se honran con su presencia" ( 15) .
El autor, que es maestro en Africa negra, se considera
Bueno seria para ella no seguir tirando .piedras a su tejado inflando
isu zurr6n de irnbecilidades.
Marche usted en paz, oh enlodante chapucera. . Pero, se1)a usted que, mas all:i _ de sus anemicas ·q_uinientas :p3.ginas se :IJodra siernpre des cubrir el camino honesto que · lleva al coraz6n.
Y esto muy a pesar suyo.
tt'3 Presence Africa.ine, 1-2-3.
14 Circulo donde se r-eUne la juventud indig--ena. Frente :por frente esta el circulo civ.il, s6lo para euro·peos.
44
deudor del senor , Roddin por su conferencia sobre la igualdad de las razas. Yo llamo a esta situaci6n un escandalo. Se com prenden las dolencias que presentaban a Mounier los ndige nas con Jos que tenia ocasi6n de hablar : "Lo que neces1tamos aqui son europeos como usted". Se palpa en tod momento que el descubrimiento de un toubab (16) comprens1vo representa para el negro una nueva esperanza de entendimiento.
Analizando algunos pasajes de la obra de Abdoulaye Sad
ji, intentaremos recoger en vivo las reaccion7s ?e l mujer de color frente al europeo. Primero hay que d1stmgmr negra y mulata. La primera tiene una sola posibilidad y aspiraci6n:
blanquear. La segunda igual, pero, ademas, quiere evitar a toda costa "regresar", venir a menos. l Puede haber, en efecto, algo
mas absurdo que una mulata casada con un negro ? Porque,
comprendase de una vez, hay que salvar la raza.
Se comprenden las angustias de Nini : un n7gro se ha atrevido a pedirla en matrimonio. Un negro ha temdo la osa- ·'
dia de escribirle : "El amor que le ofrezco es puro Y robusto, no es en absoluto una ternura intempestiva para arrullarla en .
mentiras e ilusiones . .. Quisiera verla dichosa, completamente
feliz en un medio que cuadre · bien con sus encantos, qu yo creo saber apreciar .. . Considero un insigne honor y la d1cha mas grande tenerla en mi casa y dedicarme a usted en ,cu:rpo y alma. Sus gracias iluminaran mi hogar hasta_ en los rmo nes de sombra ... Ademas, creo a usted emasiado evolc10- nada y Jo bastante delicada como para declmar con brutalldad Jos ofrecimienfos de un amor lea] unicamente atento a hacerla feliz" (17). I i
Esta ultima frase no tiene por que asombrar1_1os. Normal mente la mulata rechazara implacablemente al negro preten cioso. 'Pero como es evolucionada, no habra de pr_es_tar atenci6n al color de su amante sino a su lealtad. Al descr1b1r a Mactar, Abdoulaye dice :"Idealista y partidario convencido de una evo
]uci6n a ultranza, aun cree en la sinceridad de los hombres Y en
15 "Nini'', Presence Africa.ine, 2, pig. 280.
18 Europeo.
117 "Nini'', Priseft.Cd Africaiu, pig. 288.
su lealtad ; tambien supone que s6!o el merito triunfa en to
do" is.
6 Quien es Mactar ? Es un bachiller, contable en las em presas fluviales. Su carta va dirigida a una mecan6graf a co rriente, tonta de remate, pero que posee el valor mas aprecia do : es casi blanca. Mactar considera un deber excusarse por haberse tornado la libertad de escribirle una carta : "La inmen sa audaeia, la primera quiza que un negro haya osado come ter" ·19•
Tengase a bien excusar si un amor negro se oropone a un alma blanca. Esto lo volveremos ·a encontrar en Rene Maran : "este temor, esta timidez, aquella humildad de!negro en sus relaciones con la blanca o, si llega el caso, con una mas blanca que el. De la rnisma manera que Mayotte Capecia acepta todo de! sefior Andre, Mactar se hace esclavo de Nini, la mulata. Presto esta a vender su alma. Pero el fin que le espera a este irnprudente. , . es no-recibir. La rnulata se siente insultada con una carta sernejante, ultrajada en su honor de "chica blanca". Este neP-:ro es un imbecil, un bandido, un .grosero a quien le vendria bien una lecci6n. Ella le dara esta lecci6n le ensefiara a ser mas decente y menos osado, le hara comprnder que las "pieles blancas" no son bocado para sernejantes "buiiuelos" o.
Has+a es posible que la mulata hag-a coro de su indignl ci6n. Se habla de poner el caso en conocirniento de los tribuna les, de llevar al negro ante la sala de lo criminal. "Habria que escribir al jef e de!servicio de obras publicas y al gobernador de la colonia para poner en conocirniento de ambos el cornpor tarniento de! negro y conseguir un · despido como renaraci6n por los perjuicios morales que ha reportado" 21. •
Un a,tentado sernejante contra los principios deberia ser caITTiP-:ado con la castraci6n. En ultima instancia se recurre a Ia onlicfa para que proceda oportunamente ·Y amoneste a Mactar. Porque si "el vuelve a las andadas de sus insensateces morbo-
18 Ibid., pags. 281'-282.
19 Ibid., pag. 281.
20 Ibid., pag. 287. 2, Ibid ., pag. 288.
sas es cosa de que se encargue de el vwnsieur Dru, inspector de policia, a quien sus iguales llaman blanco-muy-malo " 22•
Acabamos de ve:r' c6mo reacciona una chica de color ante una declaraci6n de amor proveniente de uno de sus congene
.res. Observemos ahora lo que ocurre con el blanco. Volvemos a recurrir a Sadji. El largo estudio que consagra a las reac ciones que provoca el matrimonio de un blanco con una mulata nos servira de excipiente.
"Race algun tiempo que corre un rumor por toda la ciudad de Saint-Louis... Al principio no pasa de un !eve cuchicheo que va de boca en boca, dilata los rostros arrugados de las viejas signaras reanimando su mirada extinguida ; despttfa los j6venes, ·abriendo grandes ojos blancos y redondeando una gruesa boca, se transmiten ruidosamente la noticia que sus cita esos: i Oh! No es posible . . . i C6mo lo sabes ? iE s posible? Es fascinante . . . Es, para trastornar a cualquiera . . .. La no-., ticia que circula hace un mes por todo Saint-Louis es agrada ble, mas agradable que todas las promesas de!mundo. Es la coronaci6n de un cierto suefio de grandeza, distinci6n, un sue fio que hace que todas las rnulatas, las Ninis, las Nanas y las Nenettes vivan fuera de las condiciones naturales de su pais. El gran suefio que las obsesiona es el de casarse con mi blanco de Europa. Podria decirse que todo lo que hacen tiende a este fin, casi nunca alcanzado. Su necesidad de gesticular, su arnor
· por la ridicula exhibici6n, sus actitudes calculadas, teatrales, repulsivas, son otros tantos efectos de una misma mania de
grandeza : necesitan un hombre blanco, b!anco del todo, y nin guna otra cosa mas. Casi todas esperan durante toda su vida
esa buena suerte qne a lo sumo no pasa de probable. En esta espera !es sorprende la vejez, que las arrincona al fondo de sombrios retiros donde el suefio se torna finalmente en alta nera resignaci6n . . .
"Una noticia muy agradable . . : El sefior Darrivey, euro peo blanco de!todo y ayudante de los Servicios civiles, pide la mano de Dedee, mulata de media tinta. No es posible" 23•
22 Ibid., pag. 289.
23 I bid., pag. 489.
46 .47
El dia que el bla:r,..;o se declar6 a la mulata tuvo que pasar algo extraordinario. Hubo reconocimiento, integraci6n en una colectividad que parecia hermetica. La minus-valia psicol6gi ca, ese sentimiento de disminuci6n y su corolario, la imposi bilidad de ascender a la limpidez, parece que desaparecen por completo. De la noche a la mafiana, la mulata pasaba de!rango de esclava al de senora . . .
Se la reconocia en su comportamiento sobrecompensador.
! r Ya no era la que habia querido ser blanca ; era blanca. Entra ba en el mundo blanco.
En M agie N oire, Paul Morand nos describia un fen6meno semejante; pero luego hubimos de aprender a no fiarnos de Paul Morand. Desde el punto de vista psicol6gico podria ser interesante plantear el problema siguiente. La mulata instrui da, la estudiante en particular, tiene un comportamieno doble mente equivoco. Asi, dice : "No amor al negro porque es sal vaj e. No un salvaj e en el sentido canibal, sino porque carece de finura". Punto de vista abstracto. Cuando se le objeta que puede haber negros superiores a este respecto alega entonces su fealdad. Punto de vista de la f acticidad. Ante las pruebas de una real estetica negra, dice no comprenderla ; se intenta entonces poner ante sus ojos el canon : palpitaci6n de las aletas de la nariz, parada en apnea de la respiraci6n, subjetividad. Si, como dice Anna Freud, se arrincona al yo amputandolo de todo proceso de defensa, "si se hacen conscientes las activida des inconscientes, salen a la superficie y, por ello, se hacen ino perantes sus procesos de defensa, debilitandolos mas aun y favoreciendo el proceso morboso" 24.
Pero en nuestro caso el yo no tiene por que defenderse, puesto que sus reivindi,caciones son homologadas ; Dedee se casa con un blanco. Sin embargo, toda medalla tiene su reverso ; familias enteras han sido burladas. A excepci6n de tres o cua tro mulatas, a las que se a:djunt6 el caballero mulato corres pondiente, todas sus compafieras tenian blancos. "Esto fue considerado muy especialmente como una of ensa hecha· a toda su familia" "5. Porque estas familias resultaban humilladas en
2A Anna Freud, op, cit.J pcig. 58,
25 "Nini", p:ig. 496.
sus aspiraciones mas legitimas, la mutilaci6n que sufrian afec taba al movimiento mismo de su vida ... a la tension de su existencia . . .
Elias querian, respondiendo a un deseo prof undo, cam biarse, "evolucionar". Se Jes negaba este derecho. 0 bien, en todo caso, se lo discutian.
i,Que podriamos decir, de todas estas descripciones?
En Mayotte Capecia, la martiniquesa, y en Nini, la bella de Saint-Louis, se descubre el mismo proceso. Proceso bilate ral, intento de recubrirse -por interiorizaci6n- de valores originalmente prohibidos. La negra aspira a ser adm.itida en el mundo blanco porque se siente inferior. En su intento ira en busca, para ayudarse, de un fen6meno que llamaremos eretis mo afectivo.
Este trabajo cierra siete afios de experiencias y observa ciones; en todos los campos que han atraido nuestra atenci6n ., nos sorprendi6 una cosa : el negro esclavo de su inf erioridad,
el blanco esclavo de su superioridad, se comportan ambos, to dos, segun una llnea de orientaci6n neur6tica. De es.ta mane ra, una y otra vez, hemos tenido que abordar su alienaci6n sin perder nunca de vista las descripciones psicoanaliticas. En su compcirtamiento el negro se asemeja a un tipo neur6tico ob sesivo o, si se prefiere, se instala en plena neurosis situacio nal. En el hombre de color se produce un intento de huir de su individualidad, de aniquilar su ser-ahi. Siempre que un hom bre de color maldice, hay alienaci6n. Siempre que un hombre de color protesta, hay alienaci6n. Ya veremos en el capitulo VI que el negro inferiorizado va de la inseguridad humillante a la autoacusaci6n sentida hasta la desesperaci6n. A menudo, la actitud de!negro ante el blanco,' o ante su congenere, repro duce casi integramente una constelaci6n delirante que inte resa ya al campo patol6gico.
Se nos objetara que no hay nada psicopatico en los negros que nos ocupan aqui. Sin embargo, nos gustaria citar dos ras gos altamente significativos. Hace unos afios conocimos un ne gro, estudiante de medicina. Tenia la impresi6n infernal de no ser apreciado por su valor, no en el piano universitario, decia, sino en el humano. Tenia la infernal impresi6n de que
48 49
jamas llegarfa a ser reconocido como colega por los blancos y como doctor por los enfermos europeos. En estos momentos de delirante intuici6n 26, las momentos fecundos z, de la psi cosis, este estudiante se embriaga. Despues, un dfa, se enrol6 en el ejercito como medico auxiliar, y afiadia, finalmente, que por nada de!mundo aceptaria ir a las colonias o ser destinado a una unidad colonial. Querfa tener bajo sus 6rdenes a blan cos. Era un jef e ; coma ta!, debia ser temido o respetado. En realidad, esto es lo que querla, lo que buscaba : obligar a Ios blancos a tener para con el una actitud de negros. Asi se ven gaba de la imago que le habia obsesionado siempre : el negro espantado, tembloroso, humillado ante el senor blanco.
Conocimos otro compafiero, inspector de aduanas en un puerto de la metr6poli, extraordinariamente duro para con los turistas y los viajeros transeuntes. ". . .porque si tu no eres vache (agente de policia en argot ) te toman por un memo. Como yo soy negro, se piensan que los dos terminos se identi fican . . .".
En Conocimiento de! hombre Adler escribe: "Para hacer el inventario de la concepci6n de!mundo de un hombre hay que proceder a una serie de investigaciones, como si existiese una linea trazada desde una impresi6n ·de infancia hasta el estado de cosas actual. En muchos casos, se llegara afortuna damente a trazar el camino por donde camin6 ·hasta ese mo
·mento un sujeto. Es una curv11, la linea de orientaci6n, sobre la cual se dibuja esquematicamente la vida de!individuo desde su infancia . . . Lo que verdaderamente actua siempre es la li nea de orientaci6n de! individuo; linea cuya configuraci6n su
I i fre naturalmente ciertas modificaciones, pero cuyo contenido principal, la energia y el sentido subsisten en todo momento, sin cambio, desde la inf ancia, no sin conexi6n, claro, con el
medio ambiente infantil, que mas tattle se destacara de!media mas vasto inherente a la sociedad humana" 2B.
Nos anticipamos ; pero ya podemos darnos cuenta de que psicologia caracterial de Adler nos ayudara a comprender la
concepci6n de!' mundo de! hombre de color. Y como el negro es un antiguo esclavo, habremos de recurrir tambien a Hegel y, para terminar, a Freud.
Nini, Mayotte Capecia: dos comportamientos que nos in vitan a ref]exionar.
L No hay otras posibilidades?
1Son pseudoproblemas que nosotros no abordaremos. Di gamos de paso que toda critica de! existente implica una so luci6n, si es verdad que se puede proponer una soluci6n a un semejante, es decir, a una libertad.
Lo que afirmamos es que se debe expulsar la tara de una vez por todas.
Q.6 Dublineau L'intuition delirant e.
'Xl Lacan.
28 A. Adle1·, Connawsance de l'homme, pags. 57-58 (Payot}.
50 51
III. EL HOMBRE DE COLOR Y LA MUJER BLANCA De la entrafia mas negra de mi alma, a traves de una zona
de sombras, me sube el deseo de ser ahora mismo blanco.
No quiero que se me reconozca negro, quiero que e me reconozea blanco.
Ahora bien -he aqui un hecho que Hegel no ha descri to-, l quien puede hacerlo sino la blanca 7 Al amarme, me prueba que soy digno de un amor blanco. Se me ama como a un blanco.
Soy un blanco.
Su amor me abre el ilustre corredor que lleva a la plenitud total.
Acaricio estos senos blancos con mis manos ubieuitarias y hago mias la civilizaci6n y la dignidad blancas.
Race unos treinta afios un negro de b'ellisima pie! negra, en pleno coito con una rubia "incendiaria", en el momenta del orgasmo, exclam6: "i Viva Schoeleher!". Cuando se enteren de que Schoelcher fue el que hizo adoptar a la III Republica el decreto de abolici6n de la esclavitud, comprenderan que sea conveniente ponerse un poco pesado a proposito de las posibles relaciones entre el negro y la blanca.
Se nos objetara que esta anecdota no es autentica; pero
ves de ?eneracio_nes es W1 sintoma inequivoco. En realidad, esta anecdo _ag1ta un conflicto explicito o latente, pero real. Su conse'Vac10n subraya la adhesion del mundo negro al mis mo. 0 d1cho de otra manera, cuando una historia se conserva en el seno del folklore no hay duda de que expresa de alguna manera una region de!"alma local".
Con el analisis de Je suis Martiniqiiaise y de Nini Jlega mos a ver c6mo se comportaba la negra ante el blanco. Con
?na novela de Rene Maran -autobiograf ia, parece, del autor mtentaremos comprender lo que hay en el interior y en el caso de los negros.
El problema esta magnificamente planteado, porque Jean Veneuse nos ayudara a profundizar mas en la actitud de! ne gro. t De que se trata? Jean Veneuse es un negro. De origen antillano, vive en Burdeos hace algun tiempo ; por consiguien
te, es un europeo. Pero es negro ; par consiguiente, es un negro. .. Este es el drama. No comprende a su raza, y los blancos no le comprenden a el. Veneuse dice : "El europeo en general el fran ces en particular, no contentos con ignorar al negro d sus co lonias, conocen pesimamente al que han formado a su imagen
y semejanza" 'I.
La personalidad de!autor no se entrega tan facilmente co o seria de desear. Huerfano, becario en un lieeo de provin 1as, condenado durante sus vacaciones a permanecer en. el mternado. Sus amigos y compa:iieros, al menor pretexto, se dis persan por toda Francia, mientras el negrito va tomando ]as costumb;e de los umiantes. Sus mejores amigos, los libros. En el hm1te, yo diria que hay una cierta recriminaci6n un c)erto resentimiento, na agresividad dificilmente apreben
1?}e en la larga, demasiado larga, lista de "compaiieros de via
Je que nos presenta el autor : yo digo en el limite · pero pre- cisamente ahi es donde tenemos que ir. '
Incapaz de integrarse, incapaz de pasar desapercibido Jean _ge ira a conversar con los muertos o, al menos, con lo asentes. Su conversaci6n, a la inversa de lo que ocurre en su v1da real, sobrevolara los siglos y los oceanos. Marco Aurelio,
el hecho de que haya podido tomar cuerpo y conservarse a tra- 1 Un homme pareil aux autres, pag. 11 ( Ed. Arc-en-ciel) .
62 53,
Joinville, Pascal, Perez Gald6s, Rabindranath Tagore . . . Si tuviesemos que poner obligatoriamente a Jean Veneuse _ un adjetivo, hariamos de el un introver:tido, otros le llamanan un sensible., un af ectivo, pero un afectivo que s reserva la po sibilidad de ganar la partida en el piano de la idea Y de! ono cimiento. Evklentemente, esto es un hecho, . sus cmpaeros y amigos lo estiman mucho : "i Que incorreg1ble sonador . Es todo un tipo, lSabe usted ?, mi viejo amigo Veneuse .. No sale de sus Jibracos mas que para llenar de garabatos su hbreta de viaje" 2• •
Pero un afectivo que canta en <:astellano y ;aduce. al 1.n gles -ni mas ni menos--. Un timido, pero t'.'mb1en un mqme to : "Mientras me alejo, oigo a Divrande ?ecirle : un buen mu chacho este Veneuse, un poco triste y tac1turno, pero m:I'. ser vicial. Puede usted fiarse de el. Ya vera usted. Ya qms1eran muchos blancos ser como el" 3•
Si, ciertamente, un inquieto. Un inqui:to bien calzdo en su cuerpo. Sabemos, por lo demas, que Rene Maran cult1va u amor a And re Gide. Creiamos encontrar en Un h?mrr:e pareil aux autres un final semejante al de La: Porte troit\.fJ t arranque ese tono de sufrimiento afectivo, de 1mpo1, 1 1 a moral, precian ser una replica de la aventura de Jerome Y Alissa.
Pero se da el hecho de que Veneuse es negro. s un .oso que ama la soledad. Un pensador. Y cuando una muJ er qmere emprender un amorio con el : "iUsted ha venido a buscar el or, que yo soy! Tenga cuida do, mi pequefia sefi?ra. Bueno es .a tener valor, pero se va uste<l a comprometer s1 se pone en ev1- dencia de esta manera. Un negro. iVenga, hombre! o vale la pena. Tratarse con un individuo de esta raza es vemr a me nos" 4•
Ante todo, quiere probar a los deiis que es un hombre, que el es su semejante. Pero no nos eqmvoquemos! Jea Veneu se es el hombre que necesita convencerse. La mcertidumbre
G R. Maran 1 op. cit., pa,g. 87,
s I bid., pagg. 18-19.
., Ibid., pags. 45-46.
esta. en el coraz6n de su alma, tan complicada como Ia de los europeos. Que se nos perdone la expresi6n : Jean Veneuse es el hombre que necesita ser apeado de!burro. Vamos con elh
Despues de haber citado a Stendhal y el fen6meno de la "cristalizaci6n" , Jean constata que ama "a Andree, moralmen te en Madame Coulanges y fisicamente en Clarisse Esto es insensato, pero asi es. Amo a Clarisse, amo a Madam Coulan ges, a pesar de que no pienso verdaderamente ni en la una ni en. la otra. Para mi son simplemente una coartada que me per m1te darme a mi mismo el cambio. Estudio a Andree en ellas Y prendo a conocerla de rnemoria . . . No se, ya no se. Ya no qmero saber nada, o mejor, solo se una cosa, y es que el negro es un hombre parecido a los otros, Ul1 hombre como Ios demas
y que su coraz6n, que solo parece simple a Ios ignorantes e; tan complicado como el mas complicado de los europeos" "· ' . ·'
Porque la simplicidad negra es un mito forjado por ob. servadores superficiales. "Amo a Clarisse, amo a Madame Cou.
langes y es a Andree Marielle a quien amo. A ella sola, a nin. guna otra" 6•
."Quie es Andree Marielle? iHombre, la hija de! poeta Loms Marielle! Pero resulta que e&te negro, "que por su inte ligencia y su ·asiduo trabajo se ha elevado a la reflexion y a la cnltura europea" 7 es incapaz de evadirse de su raza.
Andres Marielle es b!anca, toda soluci6n parece imposi ble. Sin embargo, sus frecu:entes merodeos por Payot, Gide Moreas y Voltaire parecian haber eliminado totlo eso. De bue: na fe, Jean Veneuse "crey6 en esta cultura y se puso a amar este nuevo mundo descubierto y conquistado para si". iQue error e\ suyo ! ast6 que )legara a la mayorfa de edad y que su patna adoptiva le enviara a cumplir el servicio militar a la patria de sus antepasados para que se preguntase si to<lo Jo que le rodeaba no le habfa traicionado, el pueblo blanco no aceptandole entre Ios suyos, el negro casi renegando de el" s.
5 I bul., pag. 83.
6 Ibid .•
7 Pig. 36.
• Fag. 36.
54
55
Jean Veneuse sintiendose incapaz de existir' sin amor, lo soiiara. Lo soiiara en poemas:
Cuando uno ama no hay qiw decir nada Hasta es mejor esconderse
Andree Marielle le ha escrito su amor, pero Jean Veneuse necesita una autorizacion. Precisa que un blanco le diga : toma a mi hermana. Veneuse hace unas cuantas preguntas a su ami go Coulanges. Leamos, casi in extenso, la respuesta de Coulan
ges:
"Old Boy,
"Me vuelves aconsultar sobre tu caso. Te voy a dar mi
opinion una vez mas y de una vez por todas. Vayamos P?r partes. Tu situacion, ta!como me la expone?, es _de 13:s mas claras. Permiteme, sin embargo, que despeJe_ m1 hor1zonte.
Te sera muy provechoso.
"lQue edad tenias cuando sa!iste de tu pais para Fran
cia ? Tres o cuatro aiios, creo. Desde ento_nces 1;10 has vuelto a ver a tu isla natal y no tienes la menor mtenc16n de volver·
]a a ver. Siempre has vivido en Burdeos. Dese _que e_res fun cionario colonial pasas tus vacaciones adm1mstrativas en Burdeos. Verdaderamente, eres de casa. Quiza no t das cuenta bien de esto. Para tu gobierno, eres un frances _ de Burdeos. Mtete esto en la cabezota. Hasta me asombraria que llegaras a entenderte con ellos. Los que yo conozco no
se te parecen en nada. .
"De hecho tu eres como nosotros, tu eres nosotros. Tus
ref lexiones son nuestras. l Tu te crees -Y se te. cre- ne gro? iUn error ! De negro solo tienes las apar1enc1s. Por Jo demas, tu piensas en europeo. Como el europe_o solo ama a Ia europea, tu solo te puedes caar con una muJ1;r de!pais en que siempre has vivido, una chica de la buena t1erra fran cesa, tu verdadero, tu unico pais. Resuelto esto, pasemos al objeto principal de· tu ultima carta. Por un !ado, hay un ta! Jean Veneuse que se parece a ti como n hermano, por otro, Ja senorita Andree Marielle, que es de pie!blanca, ama Jean Veneuse, que es excesivamente moreno y adora a Andree Ma-
rielle. iY aun me preguntas que has de hacer ! iDelicioso cretino . . . !·
"Cuando vuelvas a Francia lanzate sobre el padre de la que ya te pertenece en espiritu y gritale golpeandote el pecho con un estrepito salvaje: La amo. Ella me ama. Nosotros nos amamos. 0 se casa conmigo o me mato ahora mismo." 9 Solicitado, el blanco acepta darle su hermana, pero
con una condicion : tu no tienes nada en comun con los verda deros negros. Tu no eres negro, tu solo eres "excesivamente moreno"
Los estudiantes de. color en Francia conocen perfecta mente este desarrollo. No se Jes considera verdaderos negros. El negro es el salvaje, el estudiante negro es un evolucio nado. Tu eres "nosotros", le dice Coulanges, y si se creen que eres negro es por error, solo son apariencias. Pero Jean
Veneuse no quiere. No puede, porque sabe. ·'
Sabe que, rabioso por este humillante ostracismo, mula tos de!pueblo bajo y negros solo piensan en una cosa en cuan- to. pisan Europa : "saciar su apetito de mujer blanca".
"La mayoria de ellos, sobre todo los que, de tez mas cla ra, reniegan de su pais y hasta de su madre se casan menos por inclinacion que por la satisfaccion de dominar a la eu ropea, satisf accion pigmentada de un cierto regusto de orgu llosa revancha."
"Entonces me pregunto sino me ocurre a mi lo mismo
Y. si, casandome con usted, que es una europea, no me dare a1res de proclamar que, no solo desdeiio a las mujeres de mi raza, sino que, atraido por el deseo de la carne blanca, que nos esta prohibida a nosotros los negros desde que los hom bres blancos reinan sobre el mundo, me vengo oscuramente en una europea de todo lo que sus antepasados han hecho a los mfos a lo largo de !os siglos." 10
Cuantos esfuerzos para desembarazarse de una urgencia sub}etiva. Soy un bla_nco, he nacido en Europa, todos mis a,m1gos son blancos. Pienso en frances, mi religion es Fran cia. l Me oyen ustedes ? Soy europeo, no soy un negro, y para
9 Pags. 152-153-154.
ILV pag. 186.
56 57
demostrarlo, voy a mostrar a Ios verdaderos negros, como funcionario civil que soy, la diferencia que hay entre ellos y yo. Y, en efecto, relean atentamente Ia obra, se conven ceriin:
"lQuien llama a Ia puerta ? iAh! Es verdad. "-iEres tu, Sua ?
"-Si, comandante.
"-l Que quieres ?
"-La novedad. Cinco centinelas al exterior. Diecisiete presos. No falta nadie.
"-i Nada nuevo, aparte de eso? t No hay alguna carta en el correo?
"-No, mi comandante." ,
M onsieur Veneuse tiene ordenanzas. Y una negra joven en su casa. A las negros que parecen sentir su marcha, Jean supone que solo Jes podria decir : "iMarchaos, marchaos ! Ya veis . . . siento mucho dejaros. j Marchaos ! No olvidare. Me alejo de vosotros porque este pais no es el mio y porqtie me siento demasiado solo, demasiado vacio, demasiado priva do de todo ese confort que me es necesario y que a vosotros todavia no o reclama, por suerte para vosotros." 12·
Cuando Ieemos frases semejantes tenemos que pensar necesariamente en Felix Eboue, negro y bien negro, que en sus mismas condiciones comprendi6 cual era su deber de ma nera muy distinta. Jean Veneuse no es un negro. .Sin em bargo, a sus espaldas se ha producido un hiato. Hay algo indefinible, irreversible, verdaderamente el that within de Harold Rosenberg '"·
Louis-T. Achille, en su comunicaci6n a Ios Eni:uentros Inter-Raciales de 1959, decia :
"Por Io que se refiere al matrimonio estrictamente inter racial, cabe Ia pregunta de hasta que punto no es, algunas ve ces, para el c6nyuge de color una especie de consagrad6n sub j etiva de! exterminio, en su interior y a sus propios ojos, de!
1 Pag. 162.
[O Pag. 213.
a..13 "Du Jeau au Je, Escruisse d'une gie6:graphie de l'actlons, Le.8
Temps M odernes, 1948.
prejuicio de color tanto tiempo sufrido. Seria interesimte estudiar esto en un pufiado de casos y hasta buscar en este conf uso m6vil la raz6n de algunos matrimonios inter-raciales realiz_ados fuera de las condiciones normales de las parejas estudiar esto en un pufiado de casos y hasta buscar en este
!Y. c?n personas de otra raza, pero de condici6n o cultura
mferiores a Ia suya y a las que no habrian deseado como c6n yuges de haber sido de su propia raza ; el valor principal ue _se buscaria en este sentido seria una garantfa de extra nam1e!1to respecto de! pais de origen y de "des-racializaci6n" (hornble palabra). En algunas personas de color, el casarse con una persona de raza blanca parece haber tenido una irrn,. portancia primordial, pues encontrarian en ese ·hecho el as censo a una igualdad total con esta raza ilustre senora de! mundo, dominadora de Ios pueblos de color" lll. '
Historicamente, sabemos que el negro culpable de haberse ., acostado con una blanca era castrado. EI negro que ha poseido
blanca quda tabu para sus congeneres femeninas. EI es p1ritu condesc1ende faci mente a perfilar este drama con una reocupaci6n sexual. A esto tiende efectivan1ente, el arque tipo de! oncle Remus : Hermano Conejo, que rep;resenta al ne gro. t Se acostara con las dos hijas de Madam Meadow ? Hay momentos en que parece que si, y otros que no, todo ello contado
por :in negro que rie, bonach6n, jovial ; un negro que ofrece sonriendo. · . .
., Cuando empece a despertar, muy Ientamente, a la conmo c10n de Ia pubertad, tuve ocasi6n de admirar a uno de nuestros com12afieros que volvia de Ia metr6poli y que habia tenido a una joven parisina en sus brazos. En un capitulo especial in tentaremos analizar este problema.
Hablando hace poco con 1mos anti!la.nos, supimos que el anhelo mas corriente entre las que Ilegaban a Francia es el de acostarse con una blanca. Apenas han pisado tierra en Le Havre y ya se encaminan hacia las casas publicas. Una vez realizado este rito de iniciaci6n a "la autentica'' virilidad to- man el tren de Paris. '
\114 P8.g. 113, Rytmes du. Monde, 1949.
58 59
Pero lo importante en nuestro caso es interrogar a Jean Veneuse. Recurriremos ampliamente a la obra de Germaine Guex, La nevrose d' aband on 15•
Contraponiendo la neurosis Hamada de abandono, de ca racter pre-edipica, a los verdaderos conf lictos post-edipticos descritos por la ortodoxia freudiana, el autor analiza dos tipos, el primero de los cuales parece ilustrar la situacion de Jean Veneuse :,
"Toda la sintomatologia de esta neurosis se edifica sobre el tripode de la angustia que despierta el abandono, la a,gre sivid ad que este origina y la no-valoraci6n de si correspon diente" 16•
De Jean Veneuse habiamos hecho un introvertido. Sabe mos que, caracteriologicamente, o mejor, feno:meno]ogicamente, puede hacerse depend er el pensamiento artistico de una intro version primaria W?.
"En el sujeto de! tipo negativo agresivo, la obsesion de! pasado, con sus frustraciones, vacios y fracasos, paraliza el movimiento hacia la vida. Por lo general mas introvertido que el positivo inclinado a amar, tiende a examinar minuci083mente sus decepciones pasadas y presentes, desarrollando en su interior una zona mas o menos s'ecreta de pensamientos y resentimien tos amargos (desengaiios) , que constituyen much as veces una especie de autismo. Pero, al contrario que el autista autentico, el abandonista tiene conciencia de esta zona secreta que cultiva y defiende contra toda intrusion. Mas egocentrico que el neu r6tico de!segundo tipo (el positivo amante) , todo lo relaciona consigo mismo. Tiene escasa capacidad oblativa, su agresivi dad y una constante necesidad de venganza acaparan sus im pulsos. Su repliegue sobre si mismo no le permite hacer nin guna experiencia positiva que compensase su pasado. Tambien carece casi por completo de valoracion y, por tanto, de segu ridad afectiva ; de ahi un fortfoimo sentimiento de impotencia ante Ia vida y los seres y la anulacion total de! sentimiento
ll5 Presses Universitaires de France, 1950.
16 G. Guex, La nB11rose d'abandon, pllg. 13.
17 Mi,nkowski, La Schizoph fnie, 1927.
60
de respon8;:l'bilidad. Los demas le ban traicionado y frustrado ; por eso, solo de los demas espera una mejora de su suerte" 18• Maravillosa descripcion a la que se ajusta perf ectamente
el personaie Jean Veneuse. Porque, nos dice, "basst6 que llegara a la mayoria de edad y que mi patria adoptiva me enviara a cumplir el servicio militar a la patria de mis antepasados para que me preguntase si todo lo que me ro,d ooba no me habia trai cionado 29 , el pueblo blanco no aceptandome entre los suyos el negro casi renegando de mi. Esta es mi situacion exacta" 00'.
Actitud de recriminacion hacia el pasado no valoracion de si, imposibilidad de ser comprendido como 'el quisiera. Oi gamos a Jean Veneuse:
"Como expresar la desesperaci6n de los pequeiios pa ys chaud s internados por sus padres en las, escuelas francesas demasiado pronto, para hacer de ellos verdaderos franceses. En un abrir y cerrar de ojos trasladamos a un lieeo el!os tan libres y vivarachos, par su bien, dicen llorando. ' '
"Yo he sido uno de esos huerf anos intermitentes y sufrire toda mi vida por haberlo sido. A los siete aiios confiaron mi infancia escolar a ,un gran liceo, muy triste, situado en pleno campo . . . Pero los mil juegos de la'adolescencia no consiguie ron hacerme olvidar cuan dolorosa fue la mfa. Mi caracter le debe esta melancolia intima y este temor a la vida en sociedad que reprime hoy hasta mis menores impulsos . . ."""·
Sin embargo, le hubiera gustado, estar ceiiido envuelto. No hubiera querido ser aband onad o. En las vacaclones todos se iban y solo, retengase el termino, solo en el gran liceo blanco . . .
, "Ah ! Esas lagrimas de niiio sin nadie para consolarle . . . J m olvidara que se le puso muy temprano a hacer el apren d1zaJe de la soledad . . . Existencia enclaustrada, existencia re plegada y recluida en la que aprendi demasiado pronto a me-
rn Pags. 27-28.
19 Subrayado por mi.
20 G. Gurex, op. cit ., ip:ig. 36.
* Se :refi-ere a loo originarios de pa, ises c3Jidos. (N. del T.).
21 Pag. 227.
61
ditar y a reflexionar. Vida. solitaria que a la larga se con mueve por una nada.. A causa de un ser sensible interior, incapaz de exteriorizar mi alegria o mi dolor, rechazo todo lo que yo amo y me aparto, a pesar mfo, de todo lo que me atrae" (22 ) .
l De que se trata ? Dos desarrollos: yo no quiero que me amen. iPor que? Porque un dia, hace de esto algun tiempo, bosqueje una relaci6n de objeto y fui aband onad o. Jamas he perdonado a mi madre. Porque he sido abandonado, hare sufrir a otro, y abandonarlo sera la expresi6n directa de mi necesidad de revancha. Me voy a Africa. No quiero ser ama<lo y rehuyo el objeto. Esto se llama, dice Germaine Guex, '_'poner a prueba para hacer la prueba". No quiero ser amado, adopto una posici6n de defensa. Y si el objeto insiste, declarare : no quiero que me amen.
i No valoraci6n? Sf, por supuesto. "Esta no valoraci6n de sf en tanto que objeto digno de amor es de graves consecuen cias. Por una parte, mantiene al individuo en un prof undo es tado de inseguridad interior, y por este hecho, inhibe o falsea toda relaci6n con otro. El individuo ducla. de s1 mismo en tanto que es objeto capaz de suscitar la simpatfa o el amor. La no valoraci6n afectiva se observa unicamente en seres que _ han sufrido una carencia de amor y de comprensi6n durante su pri mera infancia" 23•
Jean ·Veneuse quisiera ser un hombre parecido a los de mas, pero sabe que esa situaci6n es- falsa. Jean Veneuse sabe que es un cuestor. Busca la tranquilidad y el permiso en los ojos de! blanco. Porque el es 'el otro" 'La no -valoraci6n afectiva conduce siempre al abandonista a un sentimiento ex traor dinariamente penoso y obsesivo de exclusion, de no tener su lugar en ninguna parte, de estar <lemasiado en todas partes, afectivamente hablando . . . Ser el Otro es una expresi6n que he descubierto en varias ocasiones en el lenguaj e de los aban donistas. Ser el Otro es sentirse siempre en posici6n inestable, permanecer en el quien-vive, presto a ser repudiado y . . . ha-
a:a Pag. 22S.
23 Pags. 31-32.
62
ciendo inconscientemente todo lo necesario para que Ia catas- trof e prevista se prod uzca irremediablemente." ·
"Es muy <lificil hacerse cargo de ]a intensidad de! sufri miento que se remite a las primeras experiencias de exclusion
de la infancia, cuya agudeza hace revivir en toda su pleni tud . .."24•
El abandonista reclama pruebas. No se contenta con afir maciones aisladas. No tiene confianza. Antes de anudar una relaci6n objetiva exige de] otro pruebas reiteradas. El sentido de su actitud es "no amar para no ser abandonado". El aban donista es un exigente, o sea, que tiene derecho a toda clase de reparaciones. Quiere ser amado totalmente, absolutamente y para siempre. Escuchad :
"Mi muy amado Jean.
Hoy he recibido su cara de julio ultimo. No es en abso luto razonable. L Por que atormentarse asi? Es usted -l se da cuenta bien de lo que le digo?- de una crueldad sin Iiinites. Usted me <la una dicha mezclada de inquietud. Consigue ha cerme la mas dichosa y, al mismo tlempo, la mas desgracia<la
·de las criaturas. l Cuantas veces habre de repetirle que le amo, que soy suya, que le espero ? Venga pronto" as.
Por fin, el abandonista ha abandonado. Se le reclama. Se le necesita. Es amado. iSin embargo, cuantos fantasmas ! l Me ama verdaderamente? l Me ve objetivamente ?
"Un dia vino un sefior, un gran amigo de papa Ned, que nunca me habia visto Pontaponte. Venfa de Burdeos. iPero Dias! iQue sucio era! iQue feo era ague! sefior gran amigo d; de papa Ned ! Tenfa un rostro negro de villano, todo negro, prueba de que no se lavaba muy a menudo" 26. _
Jean Veneuse, anhelante de encontrar en el exterior ra zones de su complejo de criada sucia y cenicienta, proyecta en
el rapaz de tres o cuatro afios el arsenal estereotipa<lo racista. A Andree le dice:
at Pags. 35-36.
"" Pags. 203-204.
26 Pags. 84-85.
133
"Digame, Andree querida .... , l consentira usted en ser mi mujer si yo se lo pido ?" 77
Duda terriblemente. G. Guex dice:
"La primera caracteristica parece ser el mi_edo de mo trarse ta! cual es. Hay en ello un vasto campo de temores d1- versos : miedo a decepcionar, a disgustar, a aburrir, a cansar . . . y por consiguiente, miedo a fallar la posibilidad de crear con otro un lazo de simpatia o, si existe este, de quebrar este lazo. El abandonista duda de que le pueda amar ta! cual es, por que ha hecho la cruel experiencia de!abandono cuando .prop<:"' nia su ternura a ]os otros, de muy pequeiio, por tanto sin arh
ficio" 28•
No obstante Jean Veneuse no lleva una vida carente de
por largos meses, se refugia en el silencio . . . el silencio tan elocuente de los que "conocen la artificiosidad de la palabra o el gesto".
Jean Veneuse es un neurotico y su color es solo un intento de explicaci6n de una estructura psiquica. Si no hubiese exis tido esta diferencia objetiva, la habrfa creado pieza por pieza. Jean VeneUS€ es uno de esos intelectuales que quieren co-
·1ocarse unicamente en el piano de la idea. Incapaz de realizar el contacto concreto con su semejante. l Que las gentes son bon dadosas con el, gentiles, humanas ? iAh! Lo son porque ha sorprendido secretos de conserje. "Los conoce", y se mantiene en guardia. "Mi vigilancia, valga la expresi6n, es como el se guro de un arma. Recibo con cortesia e ingenuidad las insinua ciones que me hacen. Acepto y agradezco los aperitivos que me
compensaciones.
Siempre esta hurgano en la musa_ literaria.
ofrecen, participo en los pequeiios juegos de sociedad que se
Sus ]ecturas son imponentes, su estud10 sobre S:1r€S es mu inte!igente. Tambien G. Guex analiza esto : 'Pns.10nero de_ s1 mismo, confinado en su respecto-de-si, el negahvo agre;s1vo engorda su sentimiento de irreparabi!idad de todo lo que s1-e perdiendo o que su pasividad le hace carece . . . _A excepc10n de algunas zonas privilegiadas, como su vida inelctua;l o su pro f esi6n ", conserva todavia un profundo S€ntnmento de
no-valor" '3{).
·Ad6nde va a parar este analisis? Nada menos que de
mostar a Jean Veneuse que, efectivamente, el no es seeJ ate a Jos otros. Racer que la gente se avergiience de S? rntenc1a, decia Jean-Paul Sartre. Si: llevarlos a toma; _conc1en.cia ?e las
posibilidades que !os hombres se han proh1b1do a s1 nnsmo, de la pasividad que exhiben en situaciones en las ue habna que clavarse en el coraz6n de!mundo, como una astilla, forzar si asi conviniese el ritmo de! corazon de!muno, desplazar si fuera preciso el sistema de mando, y en cualqmer caso, pero con absoluta certeza, plantar cara al mmulo.
Jean Veneuse es el cruzado de la vida interi?r. Cuando
vuelve a ver a Andree, cuando se encara con la muJ er deseada
'lII Pags. 247-2•8.
28 Pag. 39.
12B Subrayado por mi.
•o Pag. 44.
organizan en el puente, pero no me dejo atrapar en la bene volencia que se me testimonia, porque desconfio de esta socia- .. bilidad excesiva mia que ha reemplazado demasiado rapida mente la hostilidad en la cual se nos intent6 aislar no hace mucho 31
Acepta los aperitivos, pero !os restituye. No quiere deber
nada a nadie. Si no los devuelve, es un negro, ingrato como todos los otros.
l Y si es malo ? Precisamente porque es negro. No se puede dejar de detestarlos. Ahora bien, lo advertimos, Jean Veneuse, alias Rene Maran, no es ni mas ni menos que un abandonista negro. Devolvamoslo a su Jug-ar, a su justo lugar. Es un neu r6tico que precisa ser liberado de sus fantasmas iniantiles. Digo que Jean Veneuse no representa una experiencia de las relaciones negro-blanco, sino una cierta manera de compor tarse un neur6tico, accidentalmente negro. El objeto de nuestro estudio se perfila : permitir al hombre de color, comprender, con ayuda de ejemplos concretos, los factores, los ingredientes psicol6gicos que pueden alienar a sus congeneres. Volveremos a insistir sobre el particular en el capitulo reservado a la des cripci6n fenomenol6gica, pero, lo recordamos de nuevo, nues-
"' l'a-g. 10.
65
64
tra finali<lad consiste en hacer posible un sano·encuentro entre el negro y el blanco.
prec1
estructura neur6tica de un individuo sera entonces
)
samente, l_a elaboraci6n,
a formaci6n, el brotar en el y
Jean Veneuse es f eo. Es negro. l Que mas hace falta ? Re
!eanse las observaciones de Guex y se convenceran de esta evi dencia. Un homme pareil aux autres es una impostura, un intento de haC€r depender el contacto estre dos razas de una morbidez constitucional. Convengamos en que, en los pianos de!psicoanalisis y de la filosofia, la constituci6n s6lo es mito para quien la rebasa. Si desde el punto de vista euristico debe negarse a ·la constituci6n toda existencia, tambien es cierto que sigue habiendo individuos que haC€n todo lo que puegen y mas para entrar y acomodarse en esquemas pre-establecidos. Es imposible impedirlo. No ; algo podemos haC€r.
Hace un momento hablabamos de Jacques Lacan, y no era por casualidad. En 1932 hizo, en su tesis, una critica vio Ienta de la noci6n de constituci6n. Aparentemente, nos apar tamos de sus conclusiones, pero esta disidencia .se comprende si no olvidamos que nosotros substituimos la noci6n de cons tituci6n en el sentido en que lo entendia la escuela franC€sa por la de estructura . . ., "englobando la vida psiquica inconsciente ta! como nos es posible, parcialmente, conocerla, en particular bajo la forma de refluido y refluyente, en tanto que estos ele mentos participan activamente en la organizaci6n caracteris- tica de cada individ ualidad psiquica" 52• ·
Ya lo vimos : el examen de Jean Veneuse revela una es tructura de abandonista de! tipo negativo-agresivo. Puede in tentarse una explicaci6n racional de! caso, es decir, par la interacci6n medio-individuo, y recetar, por ejemplo, un cam bio de medio, "un cambio de aires". Claro que, en este caso, nos damos cuenta inmediatamente de que la estructura permane ceria. El cambio de aires que se impone Jean Veneuse no tiene por finalidad situarse · en tanto que hombre, no tiene por fi nalidad una sana conformaci6n de!mundo ; Jean Veneuse no busca con su cambio de aires esa plenitud caracteristica de! equilibrio psico-social, sino una conf irmaci6n de su neurosis externizante.
d,nudos conf11ctuales provementes en parte de] medio y, tam
?ien, de.su manera personalisima de reaccionar frente a esas mfluenc1as.
De la misma manera que la pretension de inf erir de! com portamient? de Nini y de Mayotte Capecia una Jey general de! comportam1ento _de_ I_a gra con . especto al blanco suponia un enao. de rmxtif1cac1on, tamb1en habria, afirmamos, falta de obJehv1dad en la extension de la actitud de Veneuse al homb:e de color . como ta!. Desearfamos con todo esto ha;ber desammado todo mtento encaminado a reducir Jos fracasos de
u Jean Venese a _Ia mayor o mejor concentraci6n de mela nma en su ep1derm1s.
Es convenien que este mito sexual -la busqueda de Ia ar? blai:ica- deJe d estorbar una comprension activa entre md1v1dualidades trans1tadas por conciencias alienadas:
. De_ ninguna manera debo mirar mi color como una tara. A partir de!momento en que el negro acepta Ia escisi6n im puesta por el.europeo ya no tiene un momento de reposo. "lNo
.es comprens1ble, entonces, que intente ascender hasa el blan co ? l No es comprenible que intente ascender en la gama de olores a los que conf1ere una especie de jerarqufa ?" ""·
. a veremos que es posible otra soluci6n. Una soluci6n que 1mplica una reestructuraci6n del mundo.
33
"'- Paz. 54.
.ed. 1
Claridie Nordey, L'hom:me de eoul,,ur. Coll. Presences. Pion,
939.
66
67
IV. SOBRE EL PRETENDIDO COMPLEJO DE DEPENDENCIA DEL COLONIZADO
No hay en el mundo un solo pobre diablo linchacfo ni un pobre hombre torturad o en los que yo no sea ase· sinado y humiluulo. (Aime Cesaire, Et !es chiens se taisaint.)
Al comenzar este trabajo solo disponiam?s de unos pocos estudios de Mannoni, aparecidos en !a revista PS)J he. os propusimos · escribir al autor para ped1r!e ,nos c?IDurucase as conclusiones a que habia llegado. Despues sup1mos que sus reflexiones estaban a punto de aparecer en na obra de c_on j unto. Ya ha aparecido esta obra : Psycho!o gie de la coloniza-
tion. Vamos a estudiarla. _ .
Antes de entrar en faena digamos que el pens·arrue_nto an- litico es honesto. Habiendo vivido en la extremada am?1v!enct
inherente a la situacion colonial, Mannoni muetra f ma men ,e una captaci6n por desgracia dema,siado ehaust:va, de los 1en? menos psicol6gicos que rigen las relac1ones md1gena-co om-
zador. , · "' · ol '
La caracteristica f undamental de la mvestiac1-0n ps1c -
gica actual parece ser la realizacion de una c1erta exhausti vidad. Mas no se debe perder de vista lo real.
68
.Por nuest:a 'Parte, pondremos de manifiesto que O. Man nom, au_n hab1en_do c??sagrad? doscientas veinticinco paginas al estud1-0 de la s1tuac10n colomal, no ha sabido captar sus ver- daderas coordenadas. ·
Cuando se aborda un problems tan imporwnte como el iventaio de las posibi!idades de comprension de dos pueblos d1feremes, forzoso es redoblar la atenci6n.
. Debemos a Mannoni el haber introducido en el procedi m1ento dos elementos euya importancia dificilmente podria pasar desapercibida a nadie. .
Un analisis rapido parecia haber eliminado de este am bto la subjetividad. EI estudio de Mannoni es una investigaci6n smcera, P?rque se propone mostrar que es dificil explicar al hombre sm tener en cuenta esa posibilidad suya de asumir .. o negar una situacion dada. EI problema de la colonizaci6n com ports, pues, no solamente la intersecci6n de condiciones obje tivas e historicas, sino tambien la actitud de! hombre para con esas condiciones. •
Paralelamente, tem,mos forzosamente que adherirnos a la parte de! trabajo de _Mannoni que tiende a patologizar el con flicto, es decir, a demostrar que al blanco colonizador solo le mueve su deseo de poner fin a una insatisfacci6n en el piano de la sobre-compensaci6n adleriana.
No obstante, no podemos estar de acuerdo con el cuando Ieemos: "El hecho de que un malgache adulto aislado en otro media puede devenir sensible a la inferioridad de tipo clasico prueba de manera poco menos que irrefutable que, desde su infancia, existfa ya en el un germen de inferioridad" (').
Al leer este pasaje sentimos que algo vacila dentro de nosotros ; por si fuera poco, la "objetividad" de! autor puede inducirnos a error.
Con fervor hemos intentado descubrir la linea de orien tacion, el tema, el tema fundam,mtal de! libro : "La idea central e que la presencializaci6n de Ios 'civilizados' y de los 'primi tivos' crea una particular situaci6n -la situacion colonial que da lugar, que hace aparecer un conjunto de ilusiones y
_I 0. Mannoni, Psyeholog·ie de la colonisation, l.)iig.'32 (Ed. du &uii) .
69
1 n I
malentendidos que solo el analisis psicol6gico puede situar y definir" (2) .
Ahora bien, puesto que este es el punto de partida de Mannoni, l por que quiere hacer de! complejo de inferioridad algo pre-existente a la colonizaci6n ? En ello reconocemos el mecanismo de explicaci6n que, en psiquiatria, daria : hay formas latentes de la psicosis que se hacen manifiestas despues de un traumatismo. Y en cirujia : la aparicion de varices en un in
judio entre el antisemitfamo de M
cree Mannoni que para un jud' aurra Y el de Goebbe18. l No bles ? 10 esas d1ferendas son impalpa-
AI final de una represent ·,
en Africa del Norte un ge 1:_C\O d La Putain respectueuse
pena que su obra se' represe a ecia a Sa_rtre : "Valdria la se apracia claramente hast e en el Africa negra. En ella en pais frances que su cong que punto. es mas feliz el negro
dividuo no se debe a que se haya visto obligado a permanecer
. Sin eamente, creo en la nere americano". ·
diez horas diarias de pie, sino a una fragilidad constitucional
c1a .
- . posibilidact d
;etrva sea eomprendid
que una experien
sub e
da le pared venosa ; el modo de trabajo es solo una condi,;!ion que actua en sentido positivo favoreciendo su aparicion; el su perespecialista consultado decreta que la responsa bilidad de! patrono es m uy li.mitada.
Antes de abordar en detalles las conclusiones de Mannoni · nos gustaria precisar nuestra posid6n. De una vez por todas expresamos este principio: una sociedad es racista o no lo es. Mientras no se acepte esta evidencia se dejaran inadvertidos, de !ado, una gran cantidad de problemas. Decir, por ejemplo, que el Norte de Francia es ma,s racista que el Sur, que el ra cismo es obra de !os subaiternos -expendiente que absuelve absolutamente a Ia elite- o que Francia es el pals menos ra cista de! mundo, d.ecir todo esto o cosas semejantes es propio de hombres incapaces de reflexionar correctamente.
ven1r aqui diciendo· el prob!a por otro. No me gusta nada solo, despues de poerme a :'.1eyo es mi problema, mio Mannon; no ha intentad iar o. Pero me parece que
raei6n de! hombre de lebl sus .adentros la desespe este estudio a tocar la mis · d e anco. Me he aferrado en tivamente. No he querido Tacticamente y afec falso; no me ha sido posi,bie e Jbe _1vt?· Por lo demas, eso es
·Hay d o Je 1vo. " , en ver ad alguna dif .
otro ? l No se descubre'ahf la mis erec1a entr: un racismo Y
de! hombre ? ma caida, la mrnma bancarrota
Mannoni estima que el blan
detesta al negro indepe di t co pobre de Africa de! Sur
co. Pero, aparte de quen e:fa e te de todo proceso econ6mi evocando la mentalidad a t" .1 ud no puede comprenderse
Para demostrarnos que el racismo no reproduce la situaci6n
an,'1.sem1"t1.smo esnobismo dnelISelibllta -con "gusto
Ilamarfa al
economic11 el autor nos recuerda que "en Africa de! Sur ]os obreros blancos se muestran tanto o mas racistas que los diri gentes y patronos" 3•
Pedimos excusas, pero deseariamos que quienes cargan con la responsabilidad de describir la colonizaci6n recuerden esto :es ut6pico intentar averiguar en que se diferencia un comporta
miento inhumano de otro comportamieno inhumano. De nin guna manera queremos inflar el mundo con nuestros proble
mayoria de los ricos utilizan f oes · Pa: ce, en efecto, que la donen a ella, Jes aprovecha m , I as10n Y no que se aiban propaii:a ntre las clases medi:prn:iero. Ordinariamente se een. Ill ti_erra ni Castillo ni casa', I rec1samente :porue no po
,,er 1_nf er10r Y pernicioso afir . 81/0 .trato I J Ud10 como un nenc1a a una elite" s_, pdria mo, a m1 mo tiempo, mi perte desplazamiento de la agresi "dmos ademas argumentar que este el proletariado negro es f v1d ad .del proletariado blanco sobre
mas, pero si nos gustaria preguntar a O. Mannoni si no ha
de Ja estructura eron6m•icaund
amAfen.talmente ,
una consecuencia
pensado alguna vez en las diferencias que pueda apreciar un
l Que es Af rica de! Sur? e r1ca de! Sur.
blancos aporrean Y somete nal caldera en la que 2."530.300
3.ooo.000 de negros. Si Jos
z Cf. ,pag. 11 de la cuhierta. (Subrayado por mf.)
a T. lf annoni, op. cit ., p3.g. _16.
70
!Subrayado por mi.
J.-P. Sartre, Reflexions
sur la question iuive, piig. 32.
71
blancos pobres odian a los negros ello no se debe, como deja entender Mannoni, a que "el racismo es obra de pequefios comerciantes y pequeiios colonos afanados como mulos y al ca
ci6n la estructura de ta! o cual . I "
problema capital fundamental exp ota1011 se enmascara el su lugar. . ' - ' eso es, re1nstalar al hombre en
bo sin mucha ganancia" 6
No, los odian porque la estructura de
El :racismo colonial no dif;er de los o'-r .
Africa de! Sur es una estructura racista : "Negrofilia y filan
E , . . • 0
- · ,
os rac1smos.
tropia son injurias en Africa de! Sur . . . se propane separar los indigenas de los europeos, territorialmente, econ6mica· mente y en el campo politico, p2r.mitirles edificar su propia
civilizaci6n bajo la direcci6n de la autoridad de los blancos,
I anbsem1trnmo me muorde e I .
mudo, una resistencia es anto; n p _ena ar_ne, yo me de
la pc;sibilidad de ser •honibre Jo me deJa anuc?, me niegan suerte reservada a mi hermao C pduedo desohanzarme de la al horubr,e. Cada una d-e n -. ·et· a a _uno de mrn actos empefia
pero con un contacto m[nimo entre las dos razas. Se propone
b d' ias
y bajezas
1is re 1cenc1as manifiesta al h b
ca,da una de
.
mis
co-
reservar a los indigenas algunos territorios y obligar a la ma yoria a vivir en ellos . . . La competici6n econ6mica quedaria suprimida, preparando as[ un camino para la rehabilitaci6n de los blancos pobres, que constituyen el 50 por c-iento d e la poblaci6n europea . . . ·
"No es ningµna exageraci6n decir que la mayorfa de los sudafricanos experimentan una repugnancia casi f isica ante todo lo que situ.a a un indigena o a una persona de color a BU nivel" 7•
Para terminar con el argumento de Mannoni recordamos que "la barrera econ6mica proviene, entre otras causas, de! temor a la competencia y de! deseo de proteger las clases de los blancos pobres que forman la mitad de la pobl'.lci6n eu:ro pea a fin de impedir que estos caigan aun mas abajo".
Mannoni continua: "La explotaci6n colonial no se confun de con las otras formas de explotaci6n, el racismo colonial di "'iere de los otros racismos . . ."8• El autor habla de fenov nnlogia, psicoanalisis, de unidad humana, pero nos gustarir oue diese a estos terminos un caracter mas concreto. Todas J3r
.'ormas de explotaci6n se parecw. Todas van a buscar su n8 cesidad en algun decreto biblico. '):'odas las formas de explota,
oyendo a Cesaire: "Cuand 0 · re ·.Aun .nos parece estar
rica hay linchamiento de gorngo da. radio Y o1go que en Ame
os, Igo que nos han mentido :
9 Al escribir ie!.sto estan1os d .
te Jaopers: - "Exis-te entre ios h n o en _ la culp.<l'bilidad n1eWisi-ca
. res, una solidaricbd en viriud de s, 1Pr.ec1sam0nte porque son hom
rl"OSpnsa.bles dre toda injusticia Y le cfo o todos Y caa uno se- sienten P<:l'_t1cular los -crini:ene.s co-met-id mal co_n1etidos en el mundo, per1n1!do ignorar. Si ent .... os en su }Jresenc1a o los que no le es para· mpedirlos soy mplf es.Siyoono hgo lo _qu,e esta en mi n1ano
mped1r el asesinato <le -otros h b Y n? iie arr1iesgado mi vida para
brazos me siento culpable e en me quE?do tranquilo Y cruzado dido de n111nera a_decuada desd,e u i ido qua .no pede ser compren m?ral . . . Si vivo desp-ue3 de SPc - d p..u. nto de vista J:,iri<lico, politico o m1 un culpabilid-ad inexplicable:e -ua., estas cosa s1.ento ])Zsar .sobre
.)!;n alguna. parte a.I.la en las .
m:as, s _impone una' exig.encia a'b'.;o\ ;r:dades de 1as relaciones hu o c?nd1c10-nes de vida amenazadoras d . n ,co d? ataque. criminal to.dos J;Untos O ninguno €D ,a;b.-.0J'1t0-'' el rr f1s1co, solo Eie a.cepta vivir mande, tredu-c do al frances.;o-; Jean rH J:spe:rs,, L3. culpabiliti alle-
Jaspers declara -que Ia in...-1- • er:icch, pags. 60-..61).
ver que anc1a co.m:petnte es p
• ,los no t1en;e uada quie hac.e - - 10.s. ero es fB.cil
xphca; est;a- o111igai6n :Por la 1·.e,.;JidaJ hai{l!I. A rneno que se quiera su te-rueJant-e: R.sponsahle en -este S" n d., sont1re res-ponsable
m_1.s ac tJS comphca a toda Ia humanid cilll,c O . qne .el las pe::;i_uefio de o una re:sipuesta. 0 l'«s dos - 1 -- . ad acto es una pregunta presa una cie.rta. n1an"r• d•corseabsl a a vez, .qu1zii. Cuando ·mi ll;"'""r x
ci6n son identicas, porque se aplican, todas por igual, al mis-
ara
+
o.,r_o
a la
. .... ._.. "' e arse yo f"
1n1rersa, la ?asividad Ma 1.rmo
el _ alor
· ...-': "' -
de n11 acto
1'.IO "objeto": el hombre. Al considerar en un plano de abstrac.
5 M·annoni, op. cit., pB.g. 16.
7 R. P. Oswin, Magrath d2.l convento do-n1i.nicano de San Nicol.6.s, Stallcn•bosch, Af rica Austral lnglesa, L'hornme de toileur, pig. 140. (EJ subrayado es mio.)
s Mannoni, op. cit., pag. 19.
e Ia H1'i'..or1.a .se interpret.a com . b o en adn. en momientos ctiticoa Aspects du drame conte . o .J-qu1-e m de esa obHgaciOn. Jung e pond L 11\1.JOra1n, -u1ce que todo e t· • n
. · e7 an un asiatico, 0 un -hinrt , d . uropeo 1ene que res-
come-Jdos ;;or ' Ia ,barba.rie nazi. ofro eaf:::,-1 an-era, de Jos. crimnes en L Annea.u de Polycra'e O •t·· 1 -. , 11... adame Marvc:e Choiey· n-eutros' durante la ocupaic)n los cu I -pa· 1 1,a particular de los
ponsables de todos estos muerk!,.. Y d at eds sel sent. a-n conf usam-ente res-
;::; e o os os Buchenwald.
72 73
Hitler no ha muerto ; cuando pngo la_ ra?io Y. me et! £
· !ta desprecia y pogrom1za a los Judws, d1go qu . a·
se msu ' . h muerto . v si otra vez, pongo m1 ra ,o metido e ictde! Sur's h instituido Y legalizad? e!
fr:b joqforzado, digo que, verdaderamente, nos han mentido .
Hitler no ha m uerto" ,o. , ali
"Ya sabemos que un martinique3 es diferente de un arabe". Protestaba con vehemencia, pero me decian, "no Ios conoce usted". En verdad, Mannoni, se ha equivocado usted. l Que. significa esta expresi6n: "La civilizaci6n europea y sus repre
sentantes mas calificados no son responsables de!racismo co
Si, la civilizaci6n europea y _sus represnt;
tes!!u
lonial"? Pues no significa sino que el colonialismo es obra de
f"cados son responsables de! rac1smo colomal ,1 , Y d ., esaire . "Entonces, un buen dia, la burgues 1a se esper,o
aventureros y politicos, mientras "los representantes mas ca lificados" se mantienen, en efecto, al margen de! embrol!o.
sobresaitada por un formidable ?"lpazo de os actuan a sus anchas, las prrnwnes se
e ; a;;:
11v ' 0 0
Pero, dice Francis Jeanson, todo ciudadano de una naci6n es
responsable de las actos perpetrados en nombre de esta na
aores inventan, refinan, discuten en torno a los potras; . . .
- "·Asombro indignaci6n ! Se dice : "iQue cosa mas cuf10- sa I iB1 ah ! Es e,l naz1• smo. iya pasara·I" y esp, erain' Y conviearn-
ci6n : "D.ia tras dia este sistema desarrolla a vuestro alrede dor sus consecuencias perniciosas, dia tras dia sus promotores os traicionan, prosiguiendo en nombre de Francia una politica
(et on attend , et onr e f; e ) ;e o 8
1
c ar / 1
8
::, fa que
inimaginab-lemente ajena, no solo a vuestros verdaderos in- .. tereses, sino tambien a vuestras exigencias mas prof undas . . .
dad, qu es una ba b la doiidianeidad de las barbaries; es el
:o 1q /0es =s de ser victimas han sido c6mplices ; a
este na;iso le han soportado antes de sufrirloh letanu bf1 : to cerrando el ojo, le han legitimado, porque as a
auello solo se habia aplicado a puebl I nodeu:f 'n:zi! nazis.m.o lo han cultivado, son responsa es ; e '
que brota, revienta y rezuma, antes] de . 1- ull c n ra; rojas, de todas las costuras de a CJVI IZac O
Os glorificais por manteneros a distancia de un cierto orden de realidades: asi dejais las manos libres a aquellos que me rodearian con holgura en atm6sferas malsanas, que ellos mis mos se.crean con su propio comportamiento. Y si, solo aparen temente conseguis lavaros las manos, - ello quiere decir que otros se las ensucian a cuenta vuestra. Teneis hombres que lo hacen, pero las cosas claras, vosotros sois los verdaderos cul
pables : porq ue sin vosotros, sin vuestra negligente ceguera,
cristiana" 12
. .
· - 'J.'
-··cada-vez-que- vemcis- arabes, el andar medroso y fug1_,1vo, desconfiados, envueltos en esas Jargas vestientas trapaJosas que parecen fabricadas adrede para ellos, dec1mos : -- ran ni se ha equivocado. Cantidad de veces me hi;in detem o os !no
pectores de po!icia en plena cal!e confundiendome bcon u:a be, y cuando comprobaban mi origen se apresura an a edr .
w Cito de m,emori.a ( Discoiirs politiques, campafi.a ele.ctoral d-e
1M5 Fort-de-FranC€). , !"" d •
'•• "La civilizaci6n europea y _sus repres_e1 antes :" ·:it;n0s
son responsahles del ;·acisn1odcolo-lnial; :pe:o m choerb:ja·i'n si amasar
y dei pequeiios comerc:ants, e co onos qu
gran cosa." (Mannon1, pa-g. 16.) . . ·o::: 14 15.·
12 Aime Cesa.ire, Discours ur fe col.on1alisme, ·'Pag.... Y
74
tales hombres no podrian proseguir una acci6n que os conde- na a vosotros tanto como a ellos los deshonra" "'·
Deciamos hace poco que Africa de] Sur tenia una estruc tura racista. Vamos a dar un paso mas y a decir que Europa tiene una estructura racista. Es evidente que Mannoni no se ha interesado por este problema, puesto que dice : "Francia .es el pais menos racista de!mundo" 14• Buenos negros, regocijaos dtser franceses, un poco duro ya es, sf, pero mirad a vuestros cong-eneres de America, mucho mas desgraciados que vo.110- tros . . . Francia es un pals racista porque el mito de! negro-
Francis Jeanson, Cette Algirie conquise et pacifie . . . (Euprit,
1950, pag. 624) .
14 Mannoni, op. cit., pag. 31.
75
malo forma parte de! inconsciente de la colectividad. Ya lo veremos mas adelante (cap. VI). · . . r
Sigamos con Mannoni : "Un cop]ejo de inf er10nda? gado al color de la pie!solo se ap:ec1a? en efecto, e1'. los md1 viduos que viven en minoria en el mter10r d_e un med10 de otro .
color ; en una colectividad bastai:it homogenea,, como I\ ma!
gache, donde las estr_uctuas. social)S son todav1a_ astan°e. o: lidas el complejo de mf eriondad solo se da en p,c;ronas a1s.a das y' casos excepc1.ona1es'' IS. . .,
Una vez miis pedimos al autor un poc? de_ c1rc?nspecc1?n. Un blanco en las colonias jamas se ha sentido mf r10r en nn guna parte (de las colonias) ; como tan soberb13:mente dice Mannoni : "0 se hace dios o es devorado". El colomza_dr, aun que "en minoria", no se siente inf riorizado. En l\fartmrca hay 200 blancos que se estiman super10res ·a 300.000 elementos de color. En Africa austral hay 2:00.00 e blancos por cerca .de 13.000.000 de indigenas, y a nmgun . mdgena se le ha ocurndo nunca sentirse superior a un minoritar10 blanco.
Los descubrimientos de Adler y los no menos. interesanh;s de Kuenkel explican sin duda algunos comportarr:1entos neuro ticos, pero no hay que- inferir de ello ley<;s Pll; bles a pro blemas infinitamente complejos. La mfer1orizac10n es el co rrelativo indigena de la superiorizaci6n euopa: 1:engamos el valor de decirlo : es el racista e! que crea al inferwnzado.
Con esta concl usion damos la man a Sartre =. "Ijudio es un hombre al que ]os otros hombres trenm por Jud10. E_sta es la verdad simple de la que hemos de partir . . . Es el antise-
el Ilamado europeo se enfada y rechaza al imprudente el cua] en esta ocasion y en este caso excepcional, paga con n com-· plejo de inferioridad su negaci6n de la dependencia.
Nos pareci6 observar anteriormente, en algunas alegacio nes de Mannoni, un quid pro quo cuando menos peligroso. En efoeto, Mannoni deja al lnalgache la opci6n entre la inf eriori dad y la dependencia. Fuera de estas dos soluciones no hay sal vaci6n posihle. "Gu3ndo (el malgache) consigue etahlecer ta
)·es rla?iones ( de dependencia ) en la vida con superiores, su mfer10r1aad ya no le molesta, todo va bien. Cuando no Jo con sigue, cuando su posici6n de inseguridad no se regulariza de
esta manera, sufre un fracaso" 11.
La primera intenci6n de Mannoni habia sido hacer la crf tica de los metodos empleados hasta hoy par los diforentes et n6grafos que se · han dedicado a considerar las pob!aciones primitivas. Esta claro el reproche que merece su obra.
Despues de hab'er encerrado al m.algache en sus usanzas, ·'
despue.., de haber realizad o un a.ntiHsis 1milateral de su vision d l mundo, tras describir al malgache en circulo cerrad y de cir que el malgache conserva re/,aciones de depend encia con los antepasad os, caracteristica. altamente tribales, el autor, con desprecio de toda objet· ividad, apliea sus conclusiones a una
comprensi6n bilateral, ignorando que despues de Galileo ya no existe el malgache.
Lo que h.abiarn.os _pedido a Manrioni era qne nos explicase la situaci6n colonial. Se olvida singu]armente de hacerlo. Nada se pierde, nada se crea, estamos de acuerdo. Parodiando a He
m1.ta el que
hace al J"Udio" 16. .
.f:el, Georges Balndier dice sobre la dinamica de la persona
·Que son esos casos excepcionales de que habla Mannon11· Sencillamente, aquellos que, hahi_en?o evolucionado, descubren de repente que la civi!izaci6n as1m1lada po ellos lo rechaza. De manera que la conclusion seria la s1gu1ente : mientras el verdadero malgache-tipo <lei autor asua sus "c_ond uctas de: pendientes", todo va bien ; mas, si se olvrda de cual es el luga1 que Je toca, si se encabezona en igualar al europeo, entonces
"' I bid., pag. 1-0ll'.
'16 Sartre-; op. cit., piig. 88-89.
hdad en un estud10 18 dedicado a Kardiner y a Linton : "El ul timo de sus estadios es el resultado de todos los estadlos antece dentes y dehe contener todos los principios de los mismos". na salida de tono, pero que sigue siendo regla para muchos mvestigadores. Las reacciones y comportamiento nacidos a reng!6n seguido de la llegada de los europeos a Madagascar no vinieron a sumarse a los pre-existentes. No se produjo un
1117 Mannoni, op, cit ., pii.g, 61. /
"' Ou l'ethnologie retrouve l'unite de l'homme (Esprit, abril 1950),
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aumento de!paquete psiquico anterior. Si, por ejemplo, unos cuantos marcianos se pusiesen a colonizar a los terrestres, ·no digo iniciarlos a la cultura marciana, sino literalmente a colo nizarlos, acabariamos dudando de la perennidad de mra per sonalidad (cualquiera) . Kardiner corrige muchos juicios al es cribir : "Ensefiar el cristianismo a las gentes de Alor es una empresa a lo Don Quijote . . . (Esto) no tiene ningun sentido en tanto en cuanto la personalidad sigue estando construida con e!ementos tota]mente desarm6nicos con la doctrina cris tiana . . . : con toda seguridad, es comenzar por el final ma lo" 19• Y si Ios negros son impermeables a las ensefianzas de Cristo no es en modo alguno porque sean incapa.ces de asimi
]arlas. Comprender tilgo nuevo nos exige disponernos para, prepararnos para, exige una nueva conformaci6n. Es pura uto pia esperar de!negro o de!arabe la realizaci6n de! menor es fuerzo para integrar determinados valores abstractos en su Weltan. chauung cuando todavia apenas si pueden colmar su hambre. Pedir al negro de!alto Niger que se calce, reprochar le su incapacidad de llegar a ser un Schubert, es por lo menos igual de absurdo que asombrarse porque un obrero de la Ber liet no consagre sus ratos libres aL estudio de] lirismo en la li teratura hindu o que declararle suspendido per in secula secu- lorum. para ser un Einstein. ·
En efecto, en el absoluto, nada se opone a semejantes co sas. Nada, salvo que los interesados no tienen ninguna 1Josi bilidad en este sentido.
iPero ellos no se quejan ! La prueba : "Al amanecer, un poco distante de mi padre, de mi madre, el bohio goteando por ve!\"ijas, como un pecador atormentado por sus ampollas y un tejado venido a menos. remendado con trozos de bidones de petr6leo . . . Eso hace charcos de herrumbre en el amasijo gris s6rdido corrompido de la paja, y cuando el viento silba, esta ouincalla hace un ruido estramb6tico, como un crepitar de fri tanga primero, despues como un tiz6n que se hunde en el agua con el humo de las chascas tomando aire. Y la cama de tablas donde ha nacido mi casta, toda mi casta en esta cama de ta blas, con sus patas de cajas de kerosene, como si esta cama
19 Citado por Geoages Balandier, ibid, pag. 160.
tuviese la elefantiasis, y su pie!de cabrito, y sus hojas de ba nana secas, y sus andrajos, un recuerdo de colch6n la cama de m1 abuela (mas alto que la cama, en un pote Ueno de aceite un cabo de vela cuya llama baila como un gran nabo . . . en ei pote, .en letras de oro : GACIAS) """· Desgraciadamente, "es ta actitud, este compo:.tam1ento, esta vida accidentada atrapada en el lazo de Ia verguenza y el desastre, se insurrecciona se opone, opone, vocea, y como mi candidez le pregunte : '
- "i.Y que podemos hacer ? "Entonces :
- "i Comenzar !
- "i.Comenzar, que?
- "La unica cosa en el mundo que· vale la pena comen- zar : el fin de! mundo, pardiez" 21.
. Lo que annoni ha olvidado es que el malgache ya no e.x1ste; ha olv1dado que el malgache existe con el europeo. El blanco llegado a Madagascar ha conmovido los horizontes y ·· los mecanismos sicol6gicos, Todo el mundo lo ,ha dicho : para
el negro la altendad no es el negro, sino el blanco. Una isla coo Madagascar, invadida de la noche a la mafiana por Jos "p1oneros de _Ia civilizaci6n", aun en el caso de que estos pio
n.eros se hub1esen portado lo mejor que podian, experiment6 s1.n u, a un3: d:s ructuraci6n. s propio Mannoni quien lo dice . Al .P mc1p10 de la clomzac1on cada tribu queria tener s ·blanco • : B1e1;_ s exphque esto por determinados meca msm.os mag)co-totem1cos, por una necesidad de contacto con
e) Di?s ter_rible o echando mano de un sistema de dependen c1a, s1gue siendo evidente que en esta isla se produjo algo nue vo con lo que habia que contar so pena de hacer un analisis falso, absurdo y caduco. i.Habia intervenido una aportaci6n
nueva ? Pues.entonces era necesario intentar comprender las nuevas relac10nes.
.EI blanco desembarcado en Madagascar provocaba una henda absoluta. Las consecuencias de esta irrupci6n europea en Madagascar no son solamente psicol6gicas, puesto que, tam-
00 Aime cesaire, Cahier d'un retour <p'ag 56
21 Ibid. ' · ·
Z1 Mamioni, op. cit., pig. 81'.
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bien Jo ha dicho todo el mundo, existen relaciones internas en· tre la conciencia y el contexto social.
l Las consecuencias econiimicas? iPero si lo que habria
que hacer es el proceso de la colonizaci6n !
Prosigarnos nuestro estudio.
"En terminos abstractos el malgache puede soportar no ser hombre blanco. Lo cruel es haber descubierto primero que uno es hombre (por la identificaci6n ) y despues que esta uni. dad se rompe en blancos y negros. Si el malgache "abandona· do" o "traicionado" mantiene su identificaci6n, esta se hace entonces reivindicativa ; el malgache exigira igualdades abso· lutamente innecesarias para el antes. Estas igualdades le ha· brian sido vrntajosas antes de reclamarlas, pero despues son rem,,d io inBuficiente nara sus males: porque todo progreso en . Jag igualdades posibles hara todavia mas insoportables la di· ferncias o,ue, de repente, aparecen siendo dolorosamente 1nde· lebles. (El rnalgache) pasa de esta manera · de Ia dependencia
a Ia inferioridad psico16gica" "'·
Volvemos a encontrar el mismo malentendido. Es eviden· te. en efecto. que el malache puedc soportar perfectamente n ser un b!anco. Un mal,rache es un malgache; o, mejor, no,
·noni viene y nos dice : usted n? puede, porque en Jo mas pro. fundo de usted hay un compleJ o de dependencia.
"Todos los pueblos no son aptos para ser colonizados s6lo so!1 aquel!os que. tienen esta necesidad". y mas adelnte : Cas.1 en todas panes donde los europeos Jundaron co!onias de! tipo que esta hoy "en cuesti6n" puede decirse que Jos esue raban Y hasta los deseaban, en el inconsciente de sus habitan.
- En todas partes corrian leyendas que ls pref iguraban ba. JO la forma d _un, extranjeros venidos de! mar y destinados a traer be:n,ef1c1os . Como puede verse, el blanco obedece a un compl;Jo de autoridad, un complejo de jefe, mientras que
el malgacne obedece a un complejo de dependencia. Satisf echos todos.
uando e . rata de comprender por que el europeo, el ex. tranJero, rec1b10 el nombre de vazalia es decir "honorable extranj_ero"; cuando se trat de cornprnder por ue los euro- -· peos naufr:igos fueron acog1dos con los brazos abiertos y no como nern1gos, enton.ces, en lugar de intentar esa comprensi6n
a partir de la humamdad, de la benevolencia y de la cortesia, r_asg?s fundamentales de lo que Cesaire llama las "viejas civi.
un mal<zache no es un maIv ache: en e'l exi.ste un
"maIgachez''
hzac1ones corteses", se nos dice que en los "hieroglifos fatidi·
dP una -·rnanera absoluta. Si el es inalgache ello se debe a que h; lle."'3.do el blanco, y si en un momenta dado de su historia se ha ·visto conducido a preguntarse si era o no era un horn· hn. pl\n se dhP a aue "e le ha discutido esta realidad de hombre. O ilicho de otra manera, yo cornienzo a sufrir el no ser un hls.ncn en la medida en aue el hombre blanco me impone una di•crimina.ci6n. hsce de mi un colonizado, me usurpa todo va·
]or. toda ori,dnalidad, me dice que parasito el mundo, que ten A r,ne nr,ne,r,ne lo mas rf.pida.mente posible al uaso ·de] mundo hlanco. "nue s<w una hestfa bruta, que mi pueblo y yo somos MTl'l" ,m estercolero ambulaJite horriblemente uromisor de ca. ih hls.n ,: v a ]rrod6n sedeiio, oue no tengo nada que hacer en el mun<ln" ""-. Entonces, sin mas. intentare hacerme blanco. es dedr, obli,r,are al blanco a reconocer mi humanidad. Pero Man·
23 M.annoni, pl:l.g. 85.
:M Aim{, Cesa.ire, Cahier d'un ,·etour.
cos" --:n particular en el inconsciente-. estaba escrito algo que haem de!blanco el seiior esperado. El inconsciente si ya hemos llegdo a el. Pero no hay que extrapolar. Un neo' me cueta el s1guiente _sueiio :.,"Camino desde hace·rato, estoy muy canoado, tengo la 1mpres1on .de que me esper a al.go, fra,nqueo brreras Y _muros, llego a una sala vacia, detras de uni!. puerta 01go un ru1do, dudo antes de entrar, me decido al fin entro e, esta segund, camara hy blancos, compruebo que;o tam b1e1: soy b!anco . Cuando mtcnto comprender y analizar este sueno: sab1endo que este amigo tiene dificultades de aprove· c?am1ento, concluyo que este sueiio realiza un deseo incons c1ente. Mas, cuando tenga que integrar mis conclusiones en el
conte.xi;o de!mundo, f uera ya de mi Jaboratorio de psicoanaJis. ta, dire :
1. Mi paciente sufre un complejo de inferioridad. Su es.
2'l Mannoni, pags. 87-ll£.
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tru.otura psiquiCll. oorre el rie»go de diuolverae. Hay que pre servarle de dicho riesgo y, poco a poco, liberarle de este deseo inconsciente.
2. Si este amigo esta sumergido hasta ta! punto en el deseo de ser blanco es porque vive en una sociedad que hace posible su complejo de inferioridad, una sociedad ue extrae su consistencia de! mantenimiento de este compleJo, un.a o ciedad que afirrna la superioridad de una raza ; nuestro amigo esta afincado en una situaci6n neur6tka exactamente en la misma medida en que esta sociedad le crea dificultades.
Entonces, lo que aparece, lo que sale a relucir, es la J?.ece sidad de una acci6n emparejada, sobre el individuo y sobre el grupo. En tanto que psicoanalista debo ayudar a mi cliente a que haga consciente su inconsciente, a no intentar mas una lactificaci6n que es alucinaci6n, pero tambien debo actuar en el sentido de un cambio de las estructuras sociales.
En otras palabras, el negro tiene que evitar el encararse con este dilema : blanquearse o desaparecer. Tiene que tomar conciencia de una posibilidad de existir ; en otras palabras otra vez si la sociedad le crea dificultades a causa de su color, si;o descubro en sus sueiios la expresi6n de u.n deseo inons ciente de cambiar de color, lo que yo he de hacer no es d1sua dirle de eilo aconsej {mdole "mantener distancia"; lo que yo he de hacer, por el contrario, es, primero, -poner en claro .l?s m6viles, despues ponerle en condiciones de escoger la accwn (o la pasividad ) con respecto a la verdadera f ente de!con flicto, es decir, con respecto a las estructuras sociales.
Mannoni, ansioso de abordar el problema desde todos los puntos de vista, ha interrogado tambien el inconsciente de! malgache. .
Analiza siete sueiios: siete relatos que descubren el mcons ciente, de los cuales seis manifiestan una dominante de terror. Seis niiios .y un adulto nos comuniean sus sueiios; los vemos temblorosos, huyendo, desgraciados . . .
Suefio d el cocinero :
me imbo a un'irbol ;n1e quedo hasta que pasa el peligro. Luego me bajo temblando. . . ·
Suefio de Rahevi, muchacho de trece afios :
Me paseo por el bosque, encuentro a dos hombres ne gros v. "i Oh !, digo, j estoy perdido!" Voy (quiero) . echar a correr, pero me es imposible. Me rodean y farfullan a su ma- 1'.era. Yo creo_ que dicen : "Vas a ver lo que es la muerte". Yo tiemblo de m1edo y Jes digo : "i Dejenme seiiores tengo mucho miedo !". U:no de}os hombres sabe el frnces, p;ro a pesar de todo me d1cen: Te llevaremos ante nuestro jefe". Se ponen a andar, a mi me obligan tambien, me enseiian sus fusiles. Mi miedo (se) hace cada vez miis grande, pero antes de llegar a
su campamento hay que atravesar un arroyo. Me tiro al agua, ·· hasta el fondo. Gracias a mi sangre fria consigo Uegar hast.a
una gruta de piedra y me escondo dentro. Cuando los dos hom bres se van, huyo y vuelvo a casa de mis padres . . .
Suefio de Jo&ette:
. La persona (una chica) se ha perdido y se sienta sobre un tronco de iirbo] tumbado. Una mujer vestida con un hiibito blanco le dice que estii en medio de unos bandoleros. El relato continua asi : "Voy a la eseuela, responde temblando · y cuando'
volvia de _ la escuela me he perdido aqui". Ella me dlce : "Sigue este cammo y llegariis a casa . ..".
Suefio de Razafi, muchacho de trece a catorce aiio.q ;
" Le persi_guen unos tiradores (s.enegaleses) que al correr hacen un rmdo de caballo al galope", "enseiian sus fusiles de lante de ellos". El sujeto escapa hRciendose invisible. Sube por una escalera y encuentra ·1a puerta de la casa . . .
S1tefio de Elphin e, muchaclu!, d e trece a catorce afios :
Un toro furioso negro 26 me persigue. Lleno de espanto,
"Sueiio con un buey nel}ro
03· que me persigue con fuerza.
05 El aubrayado es mio.
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; .• . i:1 ,. , 27 El subrayado es mio.
:m El aubrayado es mio.
83
El buey es vjgoroso. Su cabeza, casi manchada de blanco ( sic ) , lleva dos largos cuernos bien af ilados. iAh ! l Que mala suerte ! me digo yo. El sendero se estrecha, l Que puedo hacer ? Me cuelgo de un mango. iOh ! Me caigo en unas zarzas. Entonces el toro (se) apoya los cuernos contra mi. Mi intestino se sale y el se lo come . . .".
Sueiio de Raza :
En su suefio, el sujeto oye decir en la escuela que vienn Jos senegaleses. "Salgo de! patio a mirar". Los senegaleses vie mm, efectivamente. Huye, toma el camino de su casa. "Pero nuestra casa tambien la desparraman . ..".
Sueno de Si, muchacho de catorce arias:
"Me paseaba por el j ardin, sentia que algo formaba una sombra detras de mi. Las hojas chocaban a mi alrededor, ca yendo como (si ) un bandido quisiese agarrarme. Cuando iba por todos Jos paseos, la sombra me seguia siempre. Entonces me agarr6 miedo y me ponia a correr, pero la sombra daba grandes zancadas (tan grandes que) me echaba su enorme mano para agarrarme con (por) mis ropas. Sentia mi camisa desgarrada y gritaba. Al oir este grito, mi padre saltaba de la cama y me miraba,. pero la gran sombra desaparecia y yo ya no sentia mi gran miedo" 29•
Race de esto unos diez afios, me lleve una buena sorpresa al comprobar que los norteafricanos detestaban a los hombres de color. Nos era verdaderainente imposible entrar en co;1- tacto con los indigenas. Salf de Africa con destino a Francia sin haber comprendido la raz6n de esta animosidad. Sin em bargo, algunos hechos .me Jlevaron a ciertas reflexiones. E1 frances no qiliere al judio, el cual no quiere al arabe, el cual no quiere al negro . . . Al arabe le dicen: "Sois pobres porque el judio os ha engafiado y os lo ha Jlevado todo" ; al judio le dicen : "no estais en las mismas circunstancias que los arabes porque, en realidad, sois blanco.s y ademas teneis a Bergson y a
al Mti.nnoni, op. cit., cap. I (Les rives, pa.gs. 55 a 5'9).
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Einstein"; al negro le dicen : "sois los mejores soldados de! Imperio ranee; los arabes se creen superiores a vosotros; pe ro eqmvocan . Por lo demas, esto no es verdad, al negro no le dien nada, no hay nada que decirle, el tirador senegales es
un tirador, buen tirador de su capitan, el valiente que s6lo sabe la cons1gna.
-Tu no pasas.
-iPor que?
-No lo se. Pero tu no pasas.
. EI blanco, incapaz de hacer frente a todas las reivindica c10nes, se descarga de algunas responsabilidades. A este pro ceso le Jlamo yo : reparto racial de la culpabilidad. . ,
Dijimos que nos habfan sorprendido algunos hechos. Ca da vez que se producia un movimiento insurreccional las au toridades militares recurrfan exclusivamente a soldads de co lor. Son "pueblos de color" los que reducen a nada los intentos
de liberaci6n de otros "pueblos de color", prueba evidente de .,
que no habfa lugar a universalizar el proceso : si a los arabes: esos farsa11tes, se les metfa en la cabeza rebelarse, no era en nobre de principios conf esables, sino pura y simplemente con el fin de descomprimir su inconsciente de "bicots".
Desde el punto de vista africano, decia un estudiante de color en el 25Q Congreso de estudiantes cat61icos, y a prop6sito e un debate sobre Madagascar, "me alzo contra el envio de tiradores senegaleses y el abuso que de el!os se hace". Sabemos,
. a?emas, que uno de los torturadores de la policia de Tanana rive era un senegales. Tambien, sabiendo todo esto, sabiendo cu!;s para un malgache el arquetipo de senegales, las descu br1mientos d; Fred no nos son de ninguna utilida<l. Lo im portante aqui es remstalar este sueiio en su Uempo, y este tiem po es ague) que conmpl6 el asesinato de ochenta mil indfge nas, es decir, un hab1tante de cada cincuenta ; y tambien en su lugar, Y este lugar es una isla de cuatro millones de habitantes en la que no se puede instaurar ninguna verdadera relaci6n e la que estallan .disensiones por doquier, en la que domina,; sin duda la mentira y la demagogia 00• Hay que decirlo : en
00 Transcribimos esta-s d·eclaracior.es recogidas durante el
de Tananarive. proceso
8-5
. , · ortante que el hombre, algunos mementos el socw£ es mass nos de la sociedad cofuo Pienso en P. aviUe.,"_H?1 de e la voluntad de las fuerzas
si f ue_ran suenos e, m iv1 u stinto sexual personal, supone colechvas ;oT?o s1 .fueran u tural de las cosas, puesto que una vez mas mvertir el or en . a d t rnina las condiciones muy a.I contrario, lo que exphca Y e t1ad individual son las reales en las cuales .se expres la se u I luchas de clases; el condiciones econ6m1cas Y sociales he ao depende tambien, a contenido de los sueiios de un ser uma
. . I 9 d to Rakotovao declara:
Aud1enc1a de e agos_ . · , has querido aceptar lo que "El senor Baron n1e dlJO: ' Como 0 1 de las reflexiones' 1 (•••).
acabo de deci, te. yoy a acer pasaral des eflexiones en cuesti6n e :
P:ase a una hab1tac1on ont1gua. La .s tra cosa. El sefior Baron me d:Jo.
ba ya llena de agua suc1a, pr o dec1r he dieho que declares". El senor uun bu-en medio .que te ensea hlo qu{e ) 'Pasar como Ios. otros". ,El se: Bar6n ordsen6 a un senegales . acer me fiecas extendidas, despues :,?mo negale5 me hizo poner de rod1l iels's1a:1udos n,anos. des:pues! de roa.1ll
una tenaza de madera Y me ... 1 · ..,n la nuca y me surnerf',"1.0
fin de cuentas,. de las condiciones generales de :la. civili..zaci6n en la que aquel vive" "·
El toro negro furioso no es el malo. Los dos hombres ne gros no son los dos padres, uno representando al real, el otro al antepasado. A estas conclusiones se habria podido Ilegar llevando el analisis hasta sus ultimas consecuendas, sobre la base misrna de las conclusiones de Manoni en el parrafo pre-. cedente, "El culto de los muertos y la familia".
El fusil del tirador senegales no es un pene, sino un fusil de verdad, un Lebel 1916. El buey negro y el Jadr6n no son los lolos, "almas sustanciales", sino ciertamente la irrupci6n durante el suefio, de fantasmas reales. Esta estereotipia, este tema central de los suefios, representa sencillamente una remi si6n al verdadero camino. Tiradores negros, toros negros man chados de blanco en la cabeza; luego, claramente, una blanca muy gentil . . . , en todos estos sueiios descubrimos una idea
Lue:r.tas, -era una posici6n insostenible. Dije a los senegaleses: "Di1ganle
y con las dos manos atada.s, me cPUSO os.bJJ>,oa des-va.neeer, levanto' eJ
pt·e
a su j.efe que acepto lo que me quiere hacer decir/'
la cabeza en el bid6n.. V1e:-,do qt1e ri:eit6ahasta que me dej6 complet
para dejarroe tomar a1re. E - 1. e-eselo y dele unos cuantos golyes •
mente extenuado. Entonces dt)O. LI . 1 o entr6 en la sala de tortura
El senegales utiUz6 n.do,n-es de. 1ey s:!1' mente en la flagelaci?n. Creo el seiior Bar6n y 'Part1rpo t.a, 1e :pe 1 cabo de los cuales declare que ya que esto dur6 unos quince m1dnutos!aJ'uventud -aquello era ins-oportable.
Audiencia de!11 de agosto. El acusado Robert relata:
El gendarme ·mle agarr6 :r;-or el cu-ello de la -chaqueta y me dio unas cuantas pat1.1.das ipr detr:is y 'Pl!Tietazos en el rostro. Luego me hizo 11oner de rodillas y el seftor Bar6n e!llpez6 a· golpearme de nuevo.
"Sin s-aber c6mo, pas6 ,por detras m'.io y senti unas 11untas de- fuego ell la nl!oa. Al ql!erer ;prob!gern.1e con las manos tambiE!n n1e- produjeron
no ipo d1a ma's, pues, a 11e"'ar
.e nll dmitir lo 'que acau"'o u.le decirte-''•
quemaduras ...
Entonces, dijo ''Bien, ·te conv1ene-eadad" - --
u N:o sefior director, no es -v r "1 I de tortmra llam.6 a otro
• J " ' a meter en a sa a •
"Entonces me vo vto ! te v dio 6rdenes de eolgar
senegales, pue to que nno solo no era su 1cen ' . , . eces.
"Perdi r,or terc-era Wz el conocimiento y no .me acuerdo de lo que pas6 despues. El sefior Bar&n ·me dijo que firmase ·un papel :l)repa,rado de antemano: yo dije con la eabeza que no; entonces el dir-ector volviO a llama..r al -senegale'3, que m'e llev6 ien andas a otr.a saln de tor,tur.a.: iisi
s Iibid&n hasta el ipecho. As1 -var;,as v ..
me de los pies -y die metenne en e . d ' DE!jenme haiblar con el seor
}Ll final, yo dije: oi Et es demas1a o . trato digno de Frania, 'senor
Bar6n'', Y dije a -este: ' Pi?-,o m-en:5' u n trato digno de Francia!" director", y el me respond10 : ..1 O!f; ce to entoncoo la prim.era prte dE
No resistiendo m3.s le d1J?· A P d" '· ,1No yo no .qu1-ero la
no -aceptas -morira.8", dijo ,el senega.1€:s. -"P.eor para €1", decia el direc
tor. M<3 a:;taron los dos ·brazos a. la espalda, me ,pusieron de rodillas y mie hundieron la cabez.a en un bid6n Ueno de agua. Justo cua'!ldo m,e iba a asfixiar me levantaiban la cabez.a. Y asi' varias .veces hasta mi tota.1 a-gotami-entci .. :"
su decl.araci6n". El sen-or
Baron me poon.n ti1r0 .enton'ces?-
Menti'ra {I
Recordemos, para que n.die lo ignore: que el d-eclarant-e Rakotovao,
primera 11arte,
. toda· .Tengo (!ue m ,,
fue condenado a muer,be. .
s1no
" ... dig
verdad, tienes que, ace11ta l? que o. . . .
La deelaracion continua asi . - B , dijo· "H3:ganle sufri1 urnm.ediatam'Elll.te des-pues ,el senolr al ron ntigu en la que habi::
Cuando se leen cooas iSeme}antes da la impre-si6n de que Mannoni se ha dejado -esca;par una din1ensi6n de los fen6menos que analiza : el toro negro, loo hombres negros no son ni mas ni menos que los senegaleses
,, Me llevaron a a sa a co '
C loo dos brazos atados
I Id
a espa .
de la-s cf iciin:as die la SU rete.
una pequefia oscalera de ceroe,nto. o ies y rne hicieron subir y baJ.a• los dos senegaleses me eolgaron :por . s rtable y aunque hubiese ten1d• asi la escalerilla. Comenzaba a ser inso o '
B6
131 P'ierre Naville, Psyckologie, M arzisme, M atsrialisme, 2' ed.,
Marcel Riviere et Cie. ed., ·P"'!5· 151.
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central : "Apartarse ·de la rutina es pasearse por el bosque, donde te sale al encuentro el taro que te devuelve precipitada- mente a casa" 32• -
Malgaches, tranquilos, permaneced en vuestro lugar. Despm\s de haber descrito la psicologfa malgache, Man
noni se prcipone explicar la razon de ser de! colonialismo. Al
hacerlo afiade un nuevo complejo a la lista pre-existente: el
· "complejo de Prospero", definido como el conjunto de disposi ciones ileuroticas inconscientes que designan, a un mismo tiem po, "la figura de!paternalismo colonial" y "el retrato de! racista en el cual la muchacha ha sido objeto de un intento de vio Jacion · (imaginario) por parte de un ser inferior" 33.
, Como sabemos, Prospero es el personaje principal de la
\obra de Shakespeare La Tempestad. Frente a el, Miranda, su
hija, y Caliban. Ante Caliban, Prospero adopta una actltud
muy conocida por Jos americanos de! Sur. z No dicen que los negros estan al acecho de la ocasion para lanzarse sobre la
mujer blanca ? En cualquier caso, lo interesante de esta parte de la obra es la intensidad con la cual Mannoni nos permite captar los conf!ictos ma! !iquidados que parecen estar en la base de la· vocacion colonial. En efecto, nos dice, "lo qu·e le falta tanto al colonia l como a Prospero, aquello de lo que esfan privados, es el mundo de las otros, un mundo en que los otros se hacen respetar. El colonial-tipo ha abandonado ese mundo, expulsado por su propia dificultad en admitir a !os homhres ta!como son. Esta huida estan vinculada a una necesidad de dominacion de origen infantil que la adaptaci6n a lo social no ha conseguido discip!inar. Poco importa que el colonial res ponda al "solo anhefo de viajar", al deseo de huir de! "horror de su cuna" o de los "viejos pretiles", o que desee, todavfa miis groseramente, una ·"vida mas ancha . . . ". Siempre se trata de un compromiso con la tentacion de un mundo sin hom bres" M.
Si a todo esto afiadimos que muchos europeos van a las
32 Mannoni, op. cit., 71.
33 Ibid., pag. 108.
34 Mannoni, op. cit., pag. 106.
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'
colouias orque , en ellas tienen la posibilidacl de enriquecerse poco hempo, "!( que, salvo raras excepciones, el colonialis
a es un comerciante o, miis bien, un traficante te d
enti;e las ,anos la . picologia de! hombre que p;ovo;a e : aut_octono el sentimiento de inferioridad" · Po 1
ref er_e al "complejo de dependencia" malgahe, ba
ia uia frrna en que nos es accesible y analizable proviee am e?, e la llegada a la isla de ·1os colonizadors blancos'. A a1tir de esa, otra forma de complejo, el original, -en estado pm o,. que habria eventualmente caracterizado la mentaJ"d d rnalache durante t?do el periodo anterior, creernos que l\a - nom n?, esta autonzado en absoluto a deducir .
susa1otn, rtelativa a la sftuacion, problernas o u si6i\ d: ' u oc onos en el periodo actual. .
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V. LA EXPERIENCIA VIVIDA DEL NEGRO
"i Cochino negro l" o, s.1mplemen te, ."j M"1ra. , -un negr.o1·"
Yo llegaba al mundo ansioso de encontrar un se.ntJdo a las cosas mi alma henchida de! deseo de estar en el onge de! mundo, ; hete aqui que yo me descubria objeto en med10 de otros objetos.
Encerrado en esta objetividad aplastante, implore otro. Su
mirada Jiberadora, resbalando sobre mi cuerpo repetinamete sin asperezas, me devolvi6 una !igereza que yo crem perd1da y, ausentandome de! mundo, me restituy6 al mundo. Pero all.a abaio, en la otra pendiente, tropece y el otro, por .!!"estos, acti tudes, .miradas, me fij6, en el sentido en ue s f1Ja una pre paraci6n mediante un colorante. Me exalte, ex1g1endo una ex plicaci6n . . . Nada. Explote. Les presento los menudos trozos recogidos por un otro yo. . ,
· Mientras el negro permanece en su casa, no sufr1ra, salvo
en ocasi6n de pequeiias Juchas inte3tinas, su ser para otro, Hay sin duda el momento de! "ser para otro", de!que habla Hegel, pero en uria ,sociedad colonizada y civilizada toda ontologia .es irrealizable. Da la impresi6n de que esto no hya merec1do suficientemente la atenci6n de los que han escr1to sobre la cuesti6n. En la Weltanschauung de un pueblo colonizado hy una tara que prohibe toda explicaci6n onto!6gi_c. Se nos obJe tara quiza, que lo mismo ocurre en todo md1v1duo, pero eto es disfrazar un problema fundamental. Una vez establec1do
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para siempre que la ontologia deja de !ado la .ixiatancia, el!ta c!a1:o que aquella no nos permite comprender el ser de! negro. Pqrque el negro ya no plantea el problema de ser negro, sino el de _serlo para el blanco. Algunos se empeiiaran en recordar nos que la situaci6n es de doble sentido. Replicamos que esto es falso. El negro no tiene resistencia ontoJ6gica a Jos ojos de! blanco. De pronto, los negros han tenido ante si dos sis temas de referenda en relaci6n con los cuales tenian y tienen que situarse. metafisica o menos pretenciosamente sus c<>& tumbres y las instancias a las que se remitian, quedaron aboli das por estar en contradicci6n con una civi!izaci6n que igno raban y que se!es imponia.
El negro en su casa, en el siglo XX incluso, ignora ese mo mento, experimentado por otros, en que su inf erioridad pasa por el otro. . . Tuvimos ocasi6n de discutir de] problerna negro con algunos amigos, pocas veces con negros americanos. Todos de acuerdo en afirmar la igualdad de los hombres ante el mundo. Tambien habia en las Antillas ese pequeiio hiato que r.xiste entre la bekada, la mulatada y Ia negrada. Pero nos satisfacia entonces una comprensi6n intelectual de estas diver gencias. De hecho, eso no. era dramatico. Pero, despues . . .
Despues hubimcs de afrontar la mirada blanca. Una tor peza desacostumbrada nos oprimi6. El verdadero mundo nos disputaba nuestra parte. En el mundo blanco el hombre de color tiene dif icultades para elaborar su esquema corporal. El conocimiento de! cuerpo es una actividad estrictamente nega. dora. Es un conocimiento en tercera persona. En torno al cuerpo reina una atm6sfera de incertidumbre · cierta. Se que si quiero fumar tendre que extender el brazo derecho y coger el paquete de cigarrillos que esta en el otro extremo de la
Las cerillas estan en el ca.ion de la izquierda, tendre que echar me hacia atras Jigeramente. Todos estos gestos los hago, no por habito, sino por un conocimiento implicito. El esquema parece ser este : una lenta construcci6n de mi yo en tanto que cuerpo en el interior <le un mundo espacial y temporal. No se me impone, mas bien es una estructuraci6n definitiva de! yo y de! mundo, digo definitiva, porque entre mi cuerpo y el mundo se instala una dial€ctica efectiva.
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Hace algunos afios que algunos laboratorios entrev{m la posibilidad de descubrir un suero de desnegrizaci6n ; laborato rios que se cuentan entre los mas serios de!mundo han en juagado sus probetas, regulado sus balanzas y acometido in vestigaciones que permitiran a los desdichados negros blan quearse; asi ya no tendra que soportar mas esta maldici6n corporal. Yo habfa creado por debajo de!esquema corporal un esqnema hist6rico-racial. Los elementos que yo habia utilizado no me los proporcionaban unos "residuos de sensaciones y per cepciones de orden principalmente tactil, vestibular, cinestesi co o visual" 1, sino el otro, el b!anco, oue me habia rejido con mil detalles, anecdotas y relatos. Yo crei que tenfa que construir un yo fisiol6gico, equilibrar el espacio, localizar sensaciones, Y resultaba que me reclamaban un suplemento.
"i Mira, un negro !". Era un estimulo exterior, un capon
que me suministraban al pasar. Yo esbozaba una sonrisa.
"iMira, un negro !" Era cierto. Yo me divertia.
"i Mira, un negro !" El circulo se apretaba poco a poco.
Me divertia abiertamente.
"Mama, mira el negro, tengo rmiedo !" i Miedo ! j Miedo ! O sea, que. se echaban a temblar al verme. Quise divertirmE hasta ahogarme, pero me fue imposible.
Ya no podia mas, porque entonces ya sabia _que existian leyendas, historias, Ia historia y, sobre todo, la historicidad , que me habia ensefiado Jaspers. Entonces, el esquema corpo ral, atacado por varios puntos, se derrumb6, cediendo el sitio a un esquPma epidermico racial. En el tren ya no. se trataba solo de un conocimiento de mi cuerpo en tercera persona, sino en triple persona. En el tren, en lugar de uno, me deja.ban dos, tres sitios. Ya no me divertia. No descubria en absoluto coor denadas febriles de!mundo. Yo existia al triple : yo ocupaba sitio. Yo iba al otro, y el otro, evanescente, hostil pero no opaco, transparente, desaparecia. La nausea . . .
Yo era responsable por igual de mi cuerpo, responsable de mi raza, de mis antepasados. Yo paseaba sobre mi una
J: J.ean Lhermitte, L'lmage de notre corps, Ed. de la Nouvelle Re vue Ctltique1 p8.g. 17.
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niirada objetiva, ,descubriendo mi negrura, mis caracteres etni cos, y me romp1eron el timpano, la antropofagia, el atraso mental, el fetichismo, las taras raciales, los negreros y, sobre todo, sobre todo : "iAl rico platano !"
Ese dia desorientado, incapaz de estar af uera con el otro, €1 blanco, que me aprisionaba implacablemente, me fui lejos de mi ser-ahi, muy Iejos, constituyendome objeto. i Que otra cosa podia ser esto para mi sino una rotura, un desga rramiento; un despegamiento, una hemorragia que coagulaba sangre negra por todo mi cuerpo? Sin embargo, yo no queria
· esta reconsideraci6n, esta tematizacion. Yo queria sencilla mente ser un hombre entre otros hombres. Yo hubiese queri do Ilegar 1.iso y joven a un mundo nuestro y, juntos, edificar. Pero yo rechazaba .toda tetanizaci6n af ectiva. Queria ser hombre, nada mas que hombre. Algunos me re!igaban a mis antepasados, esclavizados, linchados: yo decidi asumir. Yo comprendia este parentesco interno a traves de!piano univer sal de! intelecto . .., yo era nieto de esclavos, de la misma manera que el .presidente Lebrun lo era de campesinos some tidos a servidumbre y a la pernada. En el fondo Ia alerta se
disipaba riipidamente. · '
En America, los negros aparte. En America de! Sur los dan de cachetes por. la calle, ametrallan a los huelguistas ne gros. En Af rica occidental el negro es una bestia. Y ahi, muy C<'rca de mi, al!ado mismo, un camarada de Facultad, origi nr.rio de Argelia, que me dice: "Mientras hagan de! arabe un hombre como nosotros no sera viable ninguna solucion."
- Mira, hombre, yo no conozco eso del nrejuicio de color . . . Pues no faltaria mas, entre usted, senor,·en nuestra casa no existe el prejuicio de color . . . Por supuesto, el negro es un hombre como nosotros . . . Por muy negro que sea no es me- nos inteligente que nosotros . . . .Tuve un compafiero senegales en el regimiento, era muy fino . ..
i D6nde situarme? i D6nde, si ustedes prefieren, me meto?
- Martiniques, originario de 'nuestras" antiguas colonias.
i D6nde podria esconderme?
- j Mira el negro . . . ! j Mama, un negro! i Chist! Que
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se va a enf adar . . . No le haga easo, seiior, no sabe que usted es tan civilizado como nosotros . . .
Mi cuerpo se volvia exp6sito, i°'completo, reBtaiiado, todo
de Juto en aquel dia blanco de invierno. El negro es una · bestia, el negro es malo, el negro es un bellaco, el negro s feo; mira, un negro, hace frio, el negro tiembla, el.negro _tiembla porque tiene frio, el pequefio tiembla porque tiene m1edo de! negro, el negro tiembla de frio, ese frio que le retuerce a uno Jos huesos el simpatico chico tiembla porque cree que el ne gro tiembia de rabia, el chico blanco se arroja en los brazos de su madre · mama, el negro me va a comer. ·
Alrededr de!blanco, arriba el cielo se arranca el ombli go, Ia tierra rechina bajo mis pi_es, un canto blanco, blanco . . .
Toda esta blancura que me calcma . . .
Me siento rodeado por el fuego y descubro mi librea. No la habia visto. Efectivamente es f ea. Pero, .un momento, l quien me dira lo que es la belleza ? . .
l Donde me meto ahora? De las innumerables d1spers10-
nes de mi ser sentia sublr un flujo facilmente reconocible. Iba a montar en colera. Hacia tiempo que el fuego habia muerto, y de nuevo el negro temblaba. •
-Mira, que negro mas guapo . . . . _
-iUna mierda para usted de! guapo negro, senora !
La verguenza le adorn6 el rostro. Finalmente, habia dejado de rumiar. Al mismo tiempo, yo consumaba dos cosas: identificaba a mis enemigos y creaba esc{mdalo. Colmo de sa tisfacciones. La cosa iba a ser divertida.
Delimitado el cambio de batalla, entre en liza.
l Como ? Cuando yo olvidaba, perdonaba y solo de&eaba amar me remitian mi mensaje a la cara como una bofetada. El mndo blanco, unico honesto, me negaba toda participacion. De un hombre se exigia una conducta de hombre. De mi, una conducta de hombre negro, o por lo menos una conducta de negro. Yo llamaba a voces al mundo y el mundo me amputaba mi entusiasmo. Me decian que me confinase, que me apretase, que me estrechase.
i lban a ver ! Ya Jes habia puesto en guardia. iLa escla
vitud ? Vamos a dejarlo, un ma! recuerdo. l Mi pretendida
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inferioridad ? Una tomadura de peio que mas valla tomar a broma. Yo estaba dispuesto a olvidarlo todo, pero a condici6n de que el mundo no me hurtara mas sus entrafias. Iba a pro bar mis incisivos. Los sentia robustos. Y despues . ..
z Como? z De manera que teniendo todas las razones de!
mundo para odiar y detestar se me rechazaba ? iAsi que a pesar de ser yo quien debia ser suplicado y solicitado se me negaba todo reconocimiento ? Como me era imposible partir de un comple jo innato, decidi afirmarme en tanto que NE GRO. En vista de que el otro dudaba en reconocerme solo me quedaba una soluci6n : hacerme conocer.
Jean-Paul Sartre en Reflexions sur la question juive es cribe : "(Los judios) se han dejado envenenar por una d ter minada representacion que !os otros tienen de ellos y viven en el temor de que sus actos no coincidan con ella ; asi podriamos decir que sus conductas estan perpetuamente sobre-determi nadas desde el interior" (pagina 123).
No obstante, el judio puede ser ignorado en su judez. No es fntegramente lo que es. Se espera, se confia. En ultima instancia, deciden sus actos y su comportamiento. Es un blan co Y, fuera aparte de algunos rasgos mas que· discutibles, puede perfectamente pasar desapercibido. Pertenece a la raza de los que jamas conocieron la antropofagia. iVaya una idea tambien, devorar al padre! Esto esta claro, tod o consiste en no sr negro. Por supuesto, los judios las pasan moradas, jque te d1go yo, hombre!, los persiguen, ]os exterminan, los meten en hornos, pero no pasan de ser asuntos de familia. Al j udio no le quieren en cuanto se dan cuenta de que ef ectiva mente es un j udio. Pero conmigo todo tiene un rostro distin to, nuevo. No tengo ninguna posibiljdad. Estoy sobre-deter minado desde el exterior. No soy el esclavo de la "idea" que los otros tienen de mi, sino de mi parecer. · Llego lentamente al mundo, habituado a no aspirar ya al alumbramiento. Ando reptando. Las miradas blancas las unicas verdaderas, me disecan. Soy miratlo cle hito en 'hito, estoy amarrado, clavado. Bien acomodado, microtomo reali zan objetivamente cortes de mi realidad He sido traidionado. Siento, veo en estas miradas blancas· que no es un nuevo vi-
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sitante quien entra, sino un nuevo tipo de hombre, un gene
ro nuevo. iUn negro, vamos !
Me deslizo- par las rincones, detectando con mis Jargas antenas Jos axiomas dispersos sabre la superficie de las co sas -la ropa interior de! negro huele a negro, las pies del mgro son grandes, las dientes de!negro son blancos, el gran t6rax <lei negro--, me deslizo por los rincones, me quedo si lencioso, aspiro al anonimato, al olvido. Basta, pues, ya lo acepto todo, pPro dejenme pasar desapercibido.
- Oye, ven que te presente a mi- compaiiero negro . .. Aime Cesaire, hombre ncgro, agregado de la Universidad . . . Marian Anderson, la mas grande cantante negra . . . El Dr. Cobb, inventor de la sangre blanca, es un negro . . . Mira, di buenos dias a mi amigo martiniques (con deiicadeza, es muy susceptible . . .).
Vergiienza. Vergiienza y desprecio de mi mismo. Nau sea. Cuando me aman me dicen que es a pesar de mi color. Cuando me detestan me aiiaden que no es por mi color . .· Aqui y alla soy prisionero de!circulo infernal.
Vuelvo las espaldas a estos escr utadores antediluvianos y me aferro a mis hermanos, negros como yo. Horror, me rechazan. Son casi b!ancos. Y ademas se van a casar con una blanca. Tendran niiios ligeramente morenos . . . Quien sabe, poco a poco, quizas . . .
- Mire usted, seiior, soy uno de los mas negrofilos de Lyon. Ahi estaba la evidencia, implacable. Ahi esta-ba mi ne
grura, densa e indispensable. Me atormentaba, me perseguia, me inquietaba, me exasperaba.
Los negros son unos salvajes, abrutados, analf abetos. Pe ro yo, yo sabia que en mi caso estas proposiciones eran falsas. Existia un mito de!negro que habia que demoler costase lo que costase. Habian pasado los tiempos en que uno se maravillaba ante un cura negro. Teniamos medicos, profesores, hombres de Estado . . Si, pero en estos casos persistia una cosa ins6- lita. '"Tenemos un prof esor de historia senegales. Es muy in teligente . . . Nuestro medico es un negro. Es muy cariiioso." Se trataba de un prof esor negro, un medico negro ; yo,
que comenza'ba a fragi!izarme, me agitaba a la menor alarma.
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Yo sabia, par ejemp!o, que si el medico cometia un error todo
se habria acabado para· el y para todos los que viniese des pues. z Que podia esperarse, en efecto de un medico neo-ro ?
0
llfientras todo iba bien le subian a las n'ubes, pero, cuidado, oj
con cometer burradas, ia ningun precio ! . El medico neo-ro nunca sabra hasta que punto su posici6n linda con el descrldi to. Se lo <ligo -a ustedes, yo estaba emparedado : ni mis acti tudes civilizadas, ni mis conocimientos literarios rJ mi com prensi6n de la teoria de los quanta hallaban merced.
Reclamaba, exigfa explicaciones. Dulcemente, coma se habla a un niiio, se me revel6 la existencia de una cierta opi nion que adoptaban algunas personas, y aiiadian que "habia
que esperar su rapida desaparici6n". z De que se trataba ?
El prejuicio de color. · · ·
"El prejuicio de color no es otra cosa que un odio irra zonado de una raza hacia otra, el desprecio de los pueblos fuer tes Y ricos ha_ci los que consideran inferiores, y tambien el amargo resenhm1ento de las fo.rzados a la sujeci6n y a los que n:iuchas veces se hace objeto de injuria. Como tu color es el
_ s1gno exterior mas visi·ble de la raza, se.ha convertido en el cri teria a partir de! cual se juzga a los hombres, sin tener en cuenta sus contenidos educativos y sociales. Las razas de pie!
?Iara han .acabado despreciando a las razas de pie! oscura, y estas se megan a consentir par mas tiempo Ia condici6n eclip sada que se pretende hnponerles."2
Asi que yo hbia leido bien. Era, el odio ; yo era odiado, detestado, ?esprecwdo, no por el vecino de enfrente o el p1·imo materno. smo or tod una raza. Me las habia con alga irra zonado. Los ps1coana!Jstas dicen one no hay nacla mas trau mati.zante nara una pequeiia criatura oue I contacto con Jo raciona!. PersonaJmente, <liria que para un hombre cuya 6.ni
ca arma es la ra6n no hay nada mas neur6tico que el con tacto con lo irracronal.
Senti nacer en mi las hojas de!cuchil!o. ·Decidi defonder me. Como buen tactico, q_uise racionalizar el mundo, mostrar al blanco que estaba en el error. -
2 -Sir Alan Burnst Le pri jug6 de race et e couleu1·, Payot, pilg. 14.
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En el judfo, dice Jean-Paul Sartre, hay "una especie de Jmperialismo apasionado de la raz6n : porque no solamente quiere convencer de que esta en lo cierto, su objetivo es con vencer a sus interlocutores de que en el racionalismo hay un valor absoluto e incondicionado. El judio se considera un mi sionero de lo universal ; frente a la universalidad de la religion cat6lica, que le excluye, . quiere establecer la "catolicidad" de lo racional, instrumento id6neo para alcanzar lo verdadero y el vinculo espiritual entre los hombres" 3.
Cuando se ha dado el caso, prosigue el autor, de judios que hacen de la intuici6n la categoria fundamental de su filo sofia, su intuici6n "no se parece en nada al espiritu de finura pascaliano ; es precisamente este espiritu de finura, inapre hensible y movedizo, basado en mil percepciones impercepti bles, lo que parece al judfo su peor enemigo. Por lo que se
:refiere a Bergson, su filosofla presenta el curioso aspecto de una doctrina anti-inte!ectualista totalmente construida por la inteligencia mas razonadora y mas critica. Bergson esta blece la existencia de una duraci6n pura argumentando, y tambien argumentando es como determina la existencia de una intuici6n filos6fica ; y esta intuici6n es precisamente lo qu<i descubre la duraci6n o la vida, intuicion universal porque to dos y cada uno pueden practicarla y que se refiere a lo univer
,sal, puesto que sus obj etos pueden ser nombrados y conce bidos" 4•
Me lance entonces ardorosamente a hacer el inventario, a sondear lo que me rodeaba. Segun las epocas, la religi6n cat6lica habia justificado y luego condenado la esclavitud y las discriminaciones. Pero, al reducir el todo a la noci6n de digni., dad humana se destripaba el prejuicio. Tras muchas reticen cias, los cientificos habian admitido que el negro era un ser humano ; in vivo e in vitro el negro se habia revelado analogo al blanco ; la misma morfologia, igual histologia. La raz6n obtenia una victoria en todos los pianos. Me reintegre a las asambleas. Pero tuve que bajar mis humos.
La victoria jugaba a! gato y al . rat6n ; se me burlaba en,
t5 Ref lexions sur kt queBtion jui1Je , -p3.gs. J.46-147.
4 Sartre, Rif lexions sur la question ;ui1Je, gs. 149·-l&O.
las. narices. Coo decia el otro, cuando yo estoy en ella ella no esta, Y cuando estii ella no estoy yo. En el piano de I; idea auerdo general : el negro es un ser humano. Es decir, afia dan los enos convencidos, que tiene como nosotros el cora zon a la 1zquerda. Pero el blanco seguia siendo intratable en algunas cuestiones. A ningun precio queria intimidad entre las razas, porque, como se sabe, "los cruces entre razas dife rentes degradan el nivel fisico y m<intal . . . Mientras no ten gamos un mejor conocirniento de los efectos de los cruces de razas mejor harfamos en evitarlos entre las muy alejadas" 5.
. Por lo que a mi se referia, ya sabia de sobras c6mo reac. cwnar. n cierto sentido, si tuviese que definirme, diria que esper?; mterro!l"o. lo que me rodea, interpreto todo a partir de mis descubr1m1entos, soy ahora sensitivo. .
Al comienzo de la historia que los otros me ban hecho se destacaba de manera ostentosa el z6calo de la antropofagia. para .q?e yo la tuviese bien presente. En mis cromosoma descr1bian lgnos genes mas o menos gruesos, representan te de] camahsmo. .Al _!ado de los sex linked se descubria, m1ra por don<le, racial. linked. ; Que asco de ciencia !
Comprendo este "mecanismo psicol6gico". Poroue. e;to I abe todo el mudo, este mecanismo es estrictamente psico log1co. Hace d?s s1glos yo estaba perdido para Ia humanidad. esclavo para s1empre. Despues vinieron hombres decla:randci que ya estaba bien. Mi tenacidad ha hecho el resto · me habia salvado de!.dil uvio c.ivUizador. Me he precipitado . . '.
Demasiado tarde. Todo estii previsto hallado probado explotado. _Mis manos nerviosas no alumbran nad ; el yaci
m1nto esta agotado. iDemasiado tarde ! Pero tambien esto qmero comprenderlo ..
,Siempre que alguien se queja de haber llegado demasia do rde Y de que todo estaba ya dicho, parece existir una nos talgia 1de] pasado. i, Sera verdad que este paraiso estii perdido desde sus origenes, como dice Otto Rank ? iCuantos a.si, cla vados, parece, en el utero de! mundo ban consagrado su vida
., J.-A. Moein, II Con-greso Internacional de Eu,-n-s,·a, •t d
Alan Burns.
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0.::c-c· 'C,' CI ·a o por
99
a Ia intelecci6n de las oraculos de Delf os o se. an fanado en encontrar el periplo de Ulises! Los panesp1ntuahs as, al retender demostrar Ia existencia de un alma en los ammales, mpJean el siguiente argumento : un perro se echa sobre la tumba de su duefio y ahi muere de hmbre. Corresponde. a Janot el haber mostrado que el susod1cho perro,. contrana mente al hombre, no era capaz de li<J_uidar ;I pasado asi ,:omo asL Se habla de grandeza griega, dice Anaud ; pero, a_nade, si el pueblo de hoy no comprnde _las Coeforas de sqm!o la culpa es de Esquilo. Los antisem1tas valoran su puno. ,d vista" en nombre de la tradici6n. En nombre de la trad1c on, de ese largo pasado de historia, de ese parentesco s_ang11;1e_o con Pascal y Descartes, se dice a l?s judios : os seria d1fic1! hallar sitio en la comunidad. Rec1entemente, uno de estos buenos franceses declaraba en el departamento de un tren en el que yo viajaba : .
"i Si las virtudes verdaderament.e franc.esas .subs1sten,. }a raza esta salvada ! Hoy dia lo importante es reahzar la Umon nacional. Basta ya de Iuchas intestinas. Hay que plantar cara a !os extranjeros (y mirando hacia mi rinc6n ) , sean cua- les fueren." .
Digamos en descargo suyo que apestab'.1 a f ilet de cerdo ; si hubi.ese podido me habria dicho que m_1 sangre e esclavo Jiberado era incapaz de reaccionar al conJ uro de Villon o da Taine.
iQue vergiienza !
EI judfo y yo : no contento con racializarme. _Po:un go]pe de suerte, me humanizaba. De bra?ete con el J ud10, herma nos de desgracias, rigor de las desdichas.
i Que vergilenza ! .
A primera vista, puede parecer aso;11broso q_ue Ia actitud de!antisemita se aseme.ie a Ia de!negrofobo. M1 rof;,sor de 'fi!osof ia, de odgen antillano, me lo recordaba un d1'.1: Cuan do oigan hablar ma! de los jud!os, af}nen )a ore1a, hablan de ustedes." Yo pensaba que tema razon umvesalmente, tendiendo por esto que yo era responsable, en m. cuerpo Y
mi alma, de Ia suerte reserva a mi hermano. Desde enton-
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ces, comprendi • que solo queria decir : un antisemita es forzo samente negr6fobo.
Llega usted demasiado tarde, tardfsimo. Entre ustedes y nosotros habra siempre un mundo -blanco- . . . Imposibili dad para el otro de liquidar de una vez para siempre el pasado. Es comprensible entonces que, ante esta anquilosis afectiva de! blanco, yo decidiese lanzar mi grito negro. Poco a poco, lanzando pseud6podos aqui y alla, yo segregaba una raza. Y esta raza vaci!6 bajo el peso de un e!emento fundamental. z Cual? i EI ritmo ! Escuchen a Senghor, nuestro juglar :
"Es la cosa mas sensible y menos material. Es el e!emen to vital por excelencia. Es la condici6n primera y el signo de! Arte, como la respiraci6n de Ia vida ; la respiraci6n que se precipita o se frena se hace regular o espasm6dica segun la tension de!ser, el grado y la calidad de la emoci6n. Asi es el rit-
mo primitivamente, en su pureza, asi es en las obras maes- ·' tras de!Arte negro, particularmente la escultura. Lo a!imen-
ta un tema -forma escultural- que se opone a un tema hermano y como la inspiraci6n a Ia expiraci6n, y asi una y otra vez. La simetria no es lo que engendra la monotonia ; el ritmo es vivo, libre . . . Asi actua el ritmo sabre aquel!o que en nosotros •hay de menos intelectual, desp6ticamente, para hacernos penetrar en la espiritualidad de!obj eto ; esta actitud de abandono que es la nuestra es, a su vez, ritmica." 6
l Habia leido bien ? Volvi a leer, una y otra vez. Del otro
!ado de! mundo blanco una cultura negra magica me saluda
ba. i Escultura negra! Enrojeci de orgullo. z Era esto Ia sal- vaci6n ? ·
Habia racionalizado el mundo y el mundo me habia re chazado en nombre de! prejuicio de color. En vista de que en el plano de la raz6n no habia acuerdo posible, me lance hacia la irracionalidad. Alla el blanco se las arreglare por ser mas irraciona! que yo. Por necesidades de Ia causa, yo habia adoptado el proceso regresivo, aunque no dejaba de ser un arma extranjera a pesar de todo ; ahora me encontraba a mis
310. 6 "Ce que l'homme noir apporte". L'Honime de couler, p3gs. 309
101
anchas estaba en mi casa ; estoy construido con materia!es irracioales ; yacer en Io irracional era lo mio. Irracional hasta el cuellc. Y, ahora, vibra mi voz.
"Los que no han inventad o la p6lv ora ni la brujula Los que nunca han sabid o d omar el vapor ni la elec
[tricid ad
Los que no han expwroAio los mares ni el cielo
pero conocen el pais d el sufrimiento hasta sus ulti-
[mos rincones
Los que no han conocid o mas viajes que el desarraigo los que se han plegad o a arrodillarse
Lo. que fueron inocul.ad os d e bastardamiento . . ."
Si, todos ellos son mis hermanos -una "fraternidad as pera" nos abraza de modo semejante.- Despues de haber afirmado la tesis menor, echo por la borda otra cosa.
". . . Pero aqueU os sin los ctW,les la tierra no seria la
[ tierra
gibosidad tanto mas benefica que
la tierra d esierta m6,i; aun la tierra
silo d onde se conserva y madura lo que la
tierra tiene de mas tierra
M i negrura no es mia piedra su sordera abalanzada contra el clamor del dia
Mi ·negrura no es una torre ni una catedral
Se sume,·ge en la CXIrne roja del suelo
Se sumer{J e en la carne ardiente d el cielo
Agujerea el- agobio opaco de su recta paciencia." 7
iEiaa . . . t el ta:in- tam chapurrea el mensaje c6smico. Solo el negro es capaz de transmitirlo y descifrar su sentido y alcance. A cabalJo sobre el muno.o, vigorosos lo talones so
. bre los ijares de!mundo, yo lustro el pescuezo de] mundo. como
el sacrificador el ceii.o de la victima.
7 A. Cesa.ire. CahieT d'un retour au pa.'JlS natal, :piginas 71-78.
102
''Pero se bandonan, poseidos, a la esencia de toda cosa,
· ignorantes de las superficies pero poseidos por el movimiento
de toda eosa
;d espreocupad o de domar pero fu{J andii al juego d el
[mund o
verd aderamente los hijos mayores del mund o porosos a todos los soplos d el mundo
lecho sin drena,je de todaE las aguas d el mundo
·chispa ilel fue j;o sa{J rad o de! Mund o
came d e la carne del mund o palpitand o con el movi
miento mismo del mund o!" •
iSangre ! iSangre . . . ! iNacimiento ! iVertigo de! deve nir ! En la hara tercia, abismado en el estupor de] dia, me siento enrojecer de sangre. Las arterias de!mundo, desqui
. ciadas, arrancadas, desenraizadas, se han vuelto hacia mi y me han fecundado.
";Sangre! ;Sangre! Toda niiestra sangre conmovida por el coraz6n macho d el sol.'' •
El sacrificio habia- servido de terrnino medio entre la crea ci6n y yo . . . ya no hallaba los origenes, sino el Origen. Sin embargo, ·bueno seria desconfiar de! ritmo, de Ia amistad Tie rra-Madre, ese matrimonio mistico, carnal, de! grupo y de! cosmos.
En La vie sexuelle en Afrique noire, trabajo rico en ob servaciones, De Pedrals da a entender que, sea cual fuere el ambito considerado, siempre hay en Africa una cierta estrue tura magico-social. Y aiiade : "todos estos elementos son las · que se descubren, a una escala mas bien vasta aun, en las so ciedades secretas. En la medida en que se prohibe, bajo· pena de muerte, a los circuncisos, extirpados y operados en la ado lescencia divulgar a los no iniciados lo que han sufrido, y en
• lbl,d, pag. 78.
• Ibid, :pag. 79.
103
la medida en que la iniciaci6n a una sociedad screta Ile ;e· mite siempre a actos de amor sacro, en esa mrnma me1da cabe decir respecto de la circuncisi6n, la excision Y los ritos que ilustran que son elementos constitutivos de sociedades
venceros ; vuestra civilizaci6n blanca descuida las riquezas fi nas, la sensibilidad. Escuchad.
"Sensibilidad emotiva. La emoci6n es negra, la raz6n
secretas menores" 1{).
helena
12• i, Agua que surcan todos los soplos? i, Alma de aire
Camino sobre abrojos blancos. Laminas de agua amena
libre
batida por los vientos y de la que cae el fruto antes de
.zan mi alma de fueo-o. Ante estos ritos afino mi atenci6n. iMagia negra ! Orgi;s, aquelarres, ceremonias paganas, gr!s gris. El coito es ocasi6n para invocar los dioses de la fratr;a. Es un acto sagrado, puro, absoluto, propici dor d: fuerz.as. n visibles. i, Que pensar de todas estas mamfestac10nes, mca ciones y operaciones ? La obscenidad de danzas y propos1c10- nes me asalta desde todas partes. Muy cerca de mi se oye un cantico :
Antes nuestros corazones estaban muy caliente. Ahora estan m.u,;1 frios
Ya no pensamos mas q1w en el Amor
De vuelta a la ald ea,
Cu,and o encontremos un gran falo
iAh! Que bien haremos el amor
Pues mtestro &exo estara seco y litnpio." 11
El suelo, hasta hace poco corcel domado, se pone a reir. i, Son virgenes estas ninf iimanas? Maria Negra, me?-talid:i:d p1'imitiva, animismo, erotismo animal, todo esto ref luJe hac1a mi. Todo esto es lo que caracteriza a los pueblos que no han seguido la evoluci6n de la humanidad. 0 bien, si alguien lo prefiere, es el saldo de una humanidad. Llegado a este punto dude largo tiempo antes de comprometerme. Las estrellas e volvieron agresivas. Tenia que escoger. iQue digo ! No tema opci6n . . . Si, somos (los negros) atrasados, simples, libres en nuestras manifestaciones. Y es que para nosotros el cuerpo no se opone a lo que vosotros llamais espiritu. Estamos en el
mundo, ·dentro de! mundo. iViva la pareja Hombre-Tierra ! Por Jo demas, nuestros hombres de letras me ayudaban a con-
il.tlJ De Fedrals. La v ie se,;uelle en Afrique noire , Payot , pag. 83.
ll:IJ Ve:rsiat. I,es rites secrets de l'Ouba7_tgu-i, :pa,g, 113.
104
mad urar ? Si, en un derto sentido, el negro es hoy mas rico en dones qu,e en obras 12• Pero el arbol hunde sus raices en la tierra. El rio discurre profundo acarreando pepitas precio sas. Canta el poeta afroamericano Langston Hugues :
"Yo he conocido rios, antiguos, sombrios rios; mi alma se ha ahondado como los hondos rios.''
"La naturaleza misma de la emoci6n y de la sensibilidad ·' de! negro, por otra parte, explica la actitud de este ante el objetivo percibido con una violencia esencial semejante. Es un abandono que se hace necesidad, actitud activa de comu nion-;-de··identificaci6n, incluso, por poco intensa y fuerte que sea esa actitud, iba a decir la personalidad de! objeto. Actitud ritmica, no se olvide esta palabra." 1e
Ya tenemos al negro rehabilitado, "de pie en el tim6n", gobernando el mundo con su intuici6n, ya tenemos al negro redescubierto, recuperado, recogido, reivindicado, asumido, y realmente es un negro, no, un momento, nada de un negro, sino .el negro, a!ertando las antenas fecundas de! mundo, plan tado en el proscenio de!mundo, conmoviendo al mundo con su poder poetico, "poroso a todos los soplos de! mundo". iIvie caso con el mundo ! iSoy el mundo ! El blanco no ha compren dido jamas .esta substituci6n magica. El blanco quiere el mundo ; lo quiere integro para el solo. Se descubre a si mis mo senor predestinado de este mundo. El blanco hace siervo suyo al mundo. El blanco estab!ece entre el y el mundo una relaci6n de apropiaci6n. Pero ha:i:: valores que solo cuajan
1m El subrayado es nu,e,stro.
1!= Senghor, Ce qu.e l'homme noir a.ppo,-te, p.ig. 29"5.
105
en mi salsa. Soy un mago, y le robo al blanco "un cierto mun do", perdido para el y los suyos. Ese dia el blanco debi6 do lerse de un rebote que no pudo identificar, tan poco habituado estaba a estas reacciones. La verdad era que yo habia instau rado delicadamente el verdadero mundo por encima de! mun do objetivo de las tierras, los bananos y las haveas. La esencia de!mundo era mi bien. Entre el mundo y yo se habia estable cido una relaci6n de coexistencia. Habia descubierto el Uno primordial. Mis "manos sonoras" devoraban la garganta his terica de!mundo. El blanco tuvo la impresion de que yo me le esca1J aba, y que me llevaba algo algo conmigo. Me cacheo los bolsillos. Paso la sonda por la menos dibujad a de mis cir cunvoluciones. Todo era conocido, pero era evidente que yo poeia un secreto. Me interrog6 ; volviendome con un aire mis terioso, murmure :
"Tokowaly, tio mio, te acuerdas de las noches de antes cuand o mi cabeza te peroba en tu espalda de pacien
[cia O
dandome la mano tu mano me guiaba por tinieblas
[y signos los campos son flares de gusanos brillantes, estrellas se posan en las hierbas, en lo arboles
Hay silencio alreiled or
Solo zumban los per fumes de matorral , colmenas de
[abejas rojizas Que dominan la vibraci6n endeble de los grillos,
y, velad o tam-tam, la respiraci6n a lo lejos de la noche
Tu, Tokowaly, h escuchas lo inaudible, y me expli-
[cas lo que dicen los antepasados en la serenidad marina _de las cons
[telaciones : el toro, el escorpi6n, el leopardo, el elefante y los pe·
[ces familiares,
y la pompa lactea de los Espiritus por la casca celes·
[te que no termina.
Pero -aqui esta la inteligencia de la diosa Luna 11 caen
[las velos d e las tinieblas.
N oche de "Africa, mi noche negra, mistica y clara,
[ negra y brillante."m<
!ff-e hice poeta de!mundo. El blanco habia descubierto una poesia q_ue 1:10 tenia nada de poetica. El alma de!blanco esta ba corromp da Y, ,;omo me decia un amigo que daba clases en Estados !)"mdos : Los negros delante de los blancos constitu yen en c1erto modo un seguro para la humanidad. Cuarido Jos blancos se sienten demasiado mecanizados se vuelven hacia los hombres de color y Jes piden un poco de alimento humano."
Por fin, yo era reconocido, ya no era una nada. ·
· Pronto hube de arriar velas. Tras un momenta de des
.eoncierto, el blanco me expuso que, geneticamente hablando, yo repreentaba un estadio. "Nosotros hemos agotado vues tras cuahdades. Hemos tenido misticos de la tierra como no los habeis conocido nunca vosotros. Echad un vistazo a nues tra historia, y comprendereis hasta d6nde ha llegado esa fu sion." Tuve entonces la sensacion de estar repitiendo un ci clo. Me habian extorsionado mi originalid ad. Estuve lloran do largo rato, despues volvia a la vida. Pero una serie de for mulas disolventes me :frecuentaban : el olor sui generis de! negto . . . , la llaneza sui generis de!negro . . . , Ia ingenuidad
Habia intetado salirme por la banda, pero Jos blancos me cayeron enc1ma y me habia eortado el calcafiar izquierdo Recorri concienzudamente los limites de mi esencia ; realmen: te, era •bastante enclenque. Mi descubrimiento mas extraor dinario se situa precisamente a este nivel. Para hablar con popiedad, este descubrimiento fue en realidad un redesCL1bri m1ento.
?iee veiginosamente la antiguedai! negra. Lo que des
cubn me deJo anhelante. En su libro sobre L'abolition de l'esclavage, Schoelcher nos traia argumentos perentorios. L_uego, Frobenuis, Westermann, Delafosse, tod os blancos, ha cienda coro : Segou, Djenne, ciudades de mas de cien mil ha bitates. Se habl6 de dctores negros ( doctores en teologia que 1ban a La Meca a d1scutir de! Coran) . Todo esto, exhu-
Ehf.. Senghor, Cha:nts d'ombre, E,ditions du Seuil, 194·5.
106 107 .
mado, dispuesto, visceras al aire, me perrniti6 recuperar una categoria hist?ri_c va!ida. El blanco se habia equivocado, yo no era un pr1m1tivo, no m§.s un semi-hombre, yo pertenecf a a una raza que, hace de esto dos mil afios, ya trabajaba el oro y la plata. Ademas, habf a otra cosa que no pod fa com prender el blanco. Escuchad :
",: Cmo eran estos hombres arrancados asf de su pafs, de sus d10ses y de sus familias por una horda, salvaje jamas superada a lo largo de Jos siglos?
"Hombres dulces, educados, corteses, superiores sin duda a\guna sus vedugos, esta chusma de aventureros que rom pran, v10laban, msultaban a Africa para mejor saquearla.
. "Sablan onstruir casas, administrar imperios, construir cmdades, cultrvar los ,campos, fundir ]os minerales tejer el a!god6n, forjar el hierro. '
. "Nignll: eoeci6n, sino la cooperaci6n, la alegrfa de vi vrr, la d,scrplma lrbremente consentida.
"Su religion era bella, nutrida de misteriosos contactos con el fundador de la ciudad. Sus costumbres agradables ba sadas en la solidaridad, la benevolencia, el respeto a la dad.
"Orden, Intensidad, Poesia y Libertad.
"Desde el individuo sin angustia hasta el jefe casi fabu
]oso, una cadena continua de comprensi6n y confianza. i,Que no tefan ciencia ? Ciertamente, pero tenfan, para protegerse dl mredo, grandes mitos que equilibraban y fundian la mas fma observaci6n con la audaz imaginacion. i,Tampoco arte? Tenfan su magnifico arte estatuario, en el cual la emoci6n hu°!ana no estlla nunca tan braviamente que no organice segun las bses1onan.tes !eyes de! ritmo los grandes pianos de una materia apremrada a captar, para redistribuirlas las fuerzas mas intimas de! universo" 115, '
". . . (Monumentos en pleno coraz6n de Africa ? . i, Escue las? i.Iospitales? Ni un burgues de! siglo XX ni un Durand, un .Smith o un Brown que sospechen su existencia en Africa antes de la Jlegada de los europeos.
en Caille, Moilien, los hermanos Cander. No dice en d6nde exactamente ; solo habla de cuando Jos porlugueses desembar caron en las orillas de! Congo en 1498, donde descubrieron un estado rico y floreciente, y que en la Corte de Ambasa los grandes iban vestidos de seda y brocado, pero sabe por lo menos que Africa se forj6 por sf misma una concepci6n juri dica de!Estado y sospech6, en pleno siglo de imperialismo, que a fin de cuentas la civilizaci6n europea no era mas que una civilizaei6n entre otras, y no la mas carifiosa."16
Volvi a poner al blanco en su lugar ; envalentonado, le za
randee y le espete a la cara: "Vaya acostumbrandose usted
a mi, que yo no me inclino ante nadie." Me refa cinica y pro· vocativamente. El blanco, bien se veia, grufiia sordamente. Su tiempo de reacci6n se alargaba indefinidamente . . . Habia ganado. Yo estaba arrebatado de alegria.
"Ikjen ya sus historias, sus investigaciones sobre el pa sado y prueben de ponerse a nuestro ritmo. En una sociedad ·' como la nuestra, industrializada hasta el extremo, no hay lu
ga:r para su sensibilidad. Hay que ser duro para tener derecho
a vivir. Ya no se trata de acomodarse al juego de!mundo sino de dominarlo a golpe de integral y de atomos. Por su puesto --se me decia a veces--, cuando estemos cansados de la vida de nuestros buildings nos llegaremos a vosotros como vamos a nuestros nifios . . . virgenes . . . asombrados . . . espon tiineos. Iremos hasta vosotros como en la infancia de! mun do Sois tan verdaderos en vuestra vida, es decir, tan infor males . . . Abandonemos por unos instantes nuestra civiliza· ci6n ceremoniosa y cortes y colguemonos sobre estas cabezas y estos rostr-0s tan adorablemente expresivos. En ciert-0 mo· do, vosotros nos reconciliais con Iiosotros mismos."
Asi, a mi irracional, se oponia el racional. A mi racio nal, el "verdadero racional". Siempre salia perdiendo. Expe· rimente mi herencia. Hice un balance completo de mi enfer· medad. Queria ser tipicamente negro, no me fue posible.
". . .Pero Schoelcher sf sefiala esa existencia•
basii.ndose
Quise !uego ser blanco, mas valia refrse. Y cuando intente,
en el piano de la idea y de la actividad intelectual, reivindicar
15 Victor Schoelcher Esclavage et colonisation. Introducci6n de
Aime C6Saire, ri:ig. 7. ' 16 !Md, pag. 8.
108 109
mi negritud, me la arrancaron. Me demostraron que mi an d2.duda p?cu!iar era solo un termino de la dia!ectica.
"Pero aUn l1ay algo 111as grave ; el negro, .como ya diji mos, se crea un racismo antirracista. No desea de ninguna manera dominar el mundo : quiere la abolici6n de los privile gios etnicos, vengan de donde vengan ; afirma su solidaridad con los oprimidos de todo. color. De go!pe, la noci6n subjetiva, existencial, etnica de negritiul "pasa", coma dice Hegel a Ia de -objetiva, positiva, exacta- de proletariad o. Para Ce saire -dice Senghor- el bl,a,nco simboliza el capital, el ne gro el trabajo . .. Cesaire canta la lucha de!proletariado mun. dial a traves de los hombres de pie!negra de su raza."
"Esto es facil de decir, pero no de pensar. Sin duda no es una casualidad que los juglares mas ardientes de la neg·ri tud sean al mismo tiempo militantes marxistas.
"Pero esto no impide que la noci6n de raza se acuiie con la. clase. Aquella es concreta y particular, esta universal y abstracta ; la iprimera remite a lo que Jaspers Ila.ma compre hension y la otra a una intelecci6n, la primera es producto de un sincretismo psico-biol6gico y la otra una construcci6n met6dica a partir de la experiencfa. De hecho, la negritud es coma el tiempo debil de una progresi6n dialectica. La afir maci6n te6rica y practica de la supremacia de!blanco es la tesis ; la posici6n de la )•egritud como valor antitetico es el momenta de la negativioad ; pero este momenta negativo no es suficiente por sf mismo, y los negros que lo usan Jo saben perfectamente. aben que apunta a la preparaci6n de la sintesis o realizaci6n de lo humano en una sociedad sin razas. La Negritud ei.,para destruirse, es paso y no termino media y no fin 1i.ltimo.:' +7 , '
Cuando lei esta pigina senti que me' robaban mi ultima posibilidad. Di.ie· a mis'·;i.migos: "La generaci6n de los j6ve, nes poetas negros acaba,, de, recibir un golpe que no perdona
nada." Se habia hecho ·:,un llamamiento a un amigo de los
pueblos de color y es1<e a'.migo no habia encontrado nada me jor que mostrar la refativi,.1,. ).ad de su acci6n. Por una vez, este
heo-e!iano nato ·habia olvidado que la conciencia necesita per de;se en la noche de lo absoluto, unica condici6n para llegar a ]a conciencia de si. Contra el racionalismo, recordaba el
]ado ngativo, pero olvidando que esa negativida? otiene su valor de una absolutez casi substancial. La conc1enca empe fiada en la experiencia ignora, debe ignorar las esenc1as y las ' determinaciones de su ser. ,
Orfeo N egro es una fecha en la intelectualizaci6n de!e::cis
tir negro. El error de Sartre estuvo no solamen en preten der ir a la fuente de la fuente, sino en una cierta manera de agotar esta fuente : , . •
"lSe agotara la fuente_ de la Poes1a ? l 0, qmzas, el gran
rio negro co!oreara a pesar de todo el mar en que desembo que? NO importa : a da. epoa su poesia i .en cada epoca las circunstancias de la h1stona el1gen una nac1_on, i:na raza o u?a clase para recoger la antorcha, cre:i,ndo s1tuac10es qu.e s?lo pueden expresarse o rebasarse me.diant; la Poe 1; as1 com ciden a veces ]os impulsos revoluc10nar10s y poeticos y otra.s divergen. Saludemos hoy la posibilidad historic que perm1-
tira a Jos negros lanzar "con ta! violencia su gnto.nel!ro . :1ie, se conmoveriin hasta los cimientos de! mundo ( Cesa1re) . .
Resulta entonces que no soy yo quie me creo un entido,• sino que el sentido ya estaba ahi, preex1stente, esperandome. NO soy yo quien modelo una antorcha pra pegar fuego al mundo con mi miseria de negro malo, mis dientes de negro ma]o y mi hambre de negro malo, sino que la antorcha ya
estaha ahi, esperando esta posibilidad hist6rica.
En terminos de conciencia, la conciencia negra se da omo densiaad absoluta, conw llena de si misma, etapa pre-ex1sten te a t0da grieta, a toda abolici6n de. si por el dE;5eo. En este estudfo Jean-Paul Sartre -ha destrmdo el entusasmo !1 g:?· Contra el devenir hist6rico habia que oponer la nprev1s1b1h dad. Yo tenia necesidad de perderme en la negn!u? absolu tamente. O.uizas un dia, en el seno de este romantic1smo des
dichado ...
En cual(tuier caso, yo necesitaba ignorar. Esta lucha
17 Jean-Paul .Sartre, Orp e Noir. Prefaeio
porisie nigre et ,nalgache, pf.gs. ·x,,L y siguientes.
;.... .
110 • <\'' .
a la Anthologie de le, 18 I bid .,ii>g. XLIV.
y esta vuelta a las fuentes debian revestir un aspecto acabado. No hay nada mas desagradable que esta frase: "Ya cambia riis, muchacho; cuando yo era joven, yo tambien . . . , ya ve riis, todo pasa."
La dialectica que introd uce la necesidad j usto en el punto de apoyo de mi !ibertad me expulsa de mi mismo. Es una dialectica que rompe mi posici6n irref lexionada. Siguiendo en terminos de conciencia, la conciencia negra es inmanente a si misma. Yo no soy una potencialidad de nada, .soy plena mente lo que soy. Yo no tengo que buscar lo universal. En el seno de mi no ocupa lugar a!guno ninguna probabilidad. Mi conciencia negra no se da como carencia. Mi conciencia negra es. Es adherente a si misma.
Pero, se nos dira, en sus afirmaciones hay un desconoci miento de! proceso historico. Escuchen, pues :
"Africa he .Quardad o tu rewerdo Africa estas en mi
Como la astilla en la herida
como un fetiche tutelar en medio de la ald ea haz de mi la piedra d e tu honda
de mi boca los labios de ti, llaga
que refuerzan, las Cordill.eras
y la llanura sera la explanada de auror
dond e reunir nu.estras fuerzas d escuartizad as por la astucia d e nuestros amos
Como la contradicci6n d e los rasgos se resuelve en la armonia del rostro
proclama.mos la unidad d e! sufrim iento
y d e la rebeli6n
de todos los pueblos en toda la superficie de la tirra
y mezclamos el cemento de los tiempos fraternales en el polvo de los idolos." 19 .
Precisamente, responderemos nosotros,. la experien;ia negra es ambigua, porque no hay un negro, smo negros. Vea se la diferencia en este otro poema
"El Blanco ha matad o a mi padre Porque mi padre era arrogante
El Blanco ha violado a mi mad re Porque mi madre era hermosa
El Blanco ha encorvado a mi hermano bajo el sol de
[ los caminos
Porque mi hermano era fuerte
Luego el Blanco se ha vuelto hacia mi Con las manos rojas de sangre
de mis rodillas las columnas rotas de tu humillaciJn
SIN EMBARGO
no quiero ser mas que vuestra raza obreros campesinos de todos los paises . . .
M e ha escupido N egro su desprecio a la
y con su voz de amo:
Eh boy, una butaca, una toalla, agu,a." 20
Y este otro :
cara
. . . obrero blanco de Detroit pe6n negro de Alabama pueblo innumerable de las galeras capitalistaJs
"Mi hermano el de los
dientes que brillan bajo el
[cumplimiento hip6 crita
el destino nos yergue hombro con hombro
y renegando d el antiguo mal eficio de los tabues de"la
[ sangre
pisamos los escombros de nuestras soledad es
.'Si el torrente es frontera arrancaremos al d eclive su cabellera irrestanable
Si la Sierra es frontera
romperemos la mandibula a los volcanes
112
Mi hermano el d e las gafas de oro
';Jobre tus oios aaulados por la palabra del Amo
Mi pobre hermano el del smoking con forro de sed a Piand o y susurrand o y pavoneandose en los salons
[d e la Condescend encia
N os das lastima
1B Jaques Roumain, BoUJ d'eben. preludio.
David Diop. T1·oi; poeme,, Le temps du 1nartyr .
113
El sol de tu pais ya no es mas que 1,na sombra En tu frente serena de civilizado
Y la cabana de tu abuela
Hace enrojecer un rostro blanquead o por aiios de hu-
[millaci6n y de Mea Culpa Pero .cuand o saciad o de paJ,abras sonoras y vacias Como la caja que !levas en tus hombros
Pises lq, tierra amarga y roja de Africa
Esas palabras angustiarias daran ritmo entonces
[a tu mareha inquieta
iM e siento tan solo, wn solo aqui!" 21
A veces fame uno ganas de detenerse. Expresar lo real es cosa ardua. Pero cuando a uno se le mete en la cabeza expresar !a existencia, se corre el riesgo de encontrar solo lo inexistente. Lo cierto es que en el momento en que intento una recogida de mi ser, Sartre, que sigue siendo el Otro, me quita, al nombrarme, toda ilusi6n. Mientras que yo le digo :
"Mi negrura no es U?UI torte, ni una catedral, se sumerge en la came ardiente d el cielo,
se surnerge en la carne ardiente d e! cielo.
agujerea el agobiq opaco d e su recta paciencia . . ."
mientras que yo, en el paroxismo de lo vivido y de!furor, proclamo eso, el me recuerda que mi negritud es solo un tiem po debil. En verdad, en verdad os Jo digo, mis espaldas se es currieron de la estructura de! mundo, mis pies ya no sintiec ron la caricia de!sol. Sin pasado negro, sin futuro negro, me era imposible existir mi negrez. No b!anco aun, no de! todo negro ya, yo era un condenado. Jean-Paul Sartre olvid6 que el negro sufre en su cuerpo de manera distinta que el blan co 20• Entre el blanco y yo hay, ciertamente, una relaci6n de trascendencia 23•
21 David Diop, Le Renigat.
:22 Si los estndios de Sartre sobre la e)..i.stencia del otro son exactos (en la medida, insistj.m_os, en que el Ser y la N ada describen una con ciencia alienada ) , su aplicaci6n a una conciencia negra es fa1sa. El blanco no es solamente Otro1 sino el sefior, real o imaginario por otra J]arte.
1:3 En el sentido en oue la entiende Jean Wahl, Existence huma,ine et transcenda,nce, Etre et Penser.
Pero se ha olvidado Ia constancia de mi amor. Yo me de fino como tension absoluta de abertura. Yo tomo esta negri tud y, con lagrimas en los ojos, reconstituyo su mecanismo. Mis manos, lianas intuitivas, reconstruyen, edifican, lo que habia sido despedazado.
Pero mi clamor resuena mas violento: · soy un negro, soy un negro, soy un negro ...
Mi pobre hermano que vive su neurosis en el limite es quien se descubre paralizado :
"El Negro : -No puedo, seiiora. Lizzie: -l Que?
El Negro: -No puedo disparar eontra los blancos. Lizzie : -j Es verdad ! iSe van a molestar !
EI Negro : -Son blancos, seiiora
Lizzie : -i.Pero, entonces? l Es que tienen derecho a san grarte como a un cerdo porque son blancos?
El Negro: --Son blancos."
· ;, Sentimiento de inf erioridad ? No, sentim.iento de exis tencia. El pecado es negro, la virtud blanca. Es imposible que
todos estos blancos juntos, revolver en mano, se equivoquen. Soy culpable. No se de que, pero si se que soy un miserable.
"El Negro : -Es asi seiiora, siempre pasa lo mismo con los blancos.
Lizzie : -l Tambien tu te sientes culpable ? El Negro : --Si, senora."21
Este es Bigger Thomas, que tiene miedo, un miedo espan toso. Tiene miedo. l Pero, de que tiene miedo? De si mismo. No sabe aun quien es, pero sabe que. el mundo gera la morada de!miedo cuando .el mundo sepa . . . Y cuando el mundo sabe, el mundo espera algo de] negro. Tiene mied de que el mn do sepa, tiene miedo de ese rmiedo que asaltana al "?1undo s1 l mundo supiese. Como la vieja mujer que nos suphca de rod1-
llas la aternos a la cama : ·
24 J.-P. Sartre, La, Putain respectueuse . V&lse tambi6n, Je suis u11,
1tigre, "lforne of the braws", film de Marx Robson.
114 115
"-Doctor, siento en cada· instante esto que me domina. "-·El que ?
"-Las ganas de suicidarme. Ateme, tengo miedo."
Al cabo, Bigger Thomas actua. Para poner fin a la ten sion, responde a la esfera de! mundo 25•
Este es el personaje de I f he hollers, let him go"", que
hace precisamente lo que no queria hacer. Esa gran r3:bia que le sale siempre en su camino, tenaz, sensua\, ofre1da, abierta, temiendo (deseando) la violaci6n, se convierte fmal mente en su amante.
El negro es un juguete en manos de!blanco ; . ento;11ces,
para romper este circulo infernal, explota. Impos1ble Ir al cine sin encontrarme conmigo mismo. Yo me espero. En el entreacto, o antes de! film, me espero. Los que estiin ante mi me miran, .me espian, m esperan. Un botones negro va a aparecer. El coraz6n me vuelve la cabeza.
El inviilido de la guerra de! Pacifico dice a mi hermano: "Hazte a tu color como yo me hago a mi mufi6n; somos dos accidentados." 71
· Sin embargo, rechazo esta amputaci6n con todo mi ser
Me siento un alma tan vasta como el mundo, en verdad un alma profunda como el miis profundo de los rio, mi pe.c_ho tiene un poder de expansion inf inito. :Soy grac1a, donac10n, presente, y me aconsejan la humildad de! enf rmo . . . Ayer, al abrir mis ojos al mundo, vi demudarse el c1elo de! uno al otro conf in. Quise Jevantarme, pero el silencio visceral reflu y6 hacia mi, con las alas para!izadas. Irresponsable, a caba llo entre la Nada y el Infinito, me puse a llorar.
23 Richard Wright, Native Son.
26 Chester Rimes.
VI. EL NEGRO Y LA PSICOPATOLOGIA
Las escuelas psicoanaliticas han estudiado las reacciones neur6ticas que nacen en algunos medios y en ciertos sectores de civilizaci6n. En obediencia a una determinada exigencia dialectica, deberiamos preguntarnos hasta que punto pueden utilizarse las conclusiones de Freud o Adler en un intento de explicaci6n de la visi6n de!mundo de!hombre de color
El psicoaniilisis, nunca se repetirii esto bastante, se pro pane comprender unos determinados comportamientos dados en el seno de! grupo especifico que representa la familia. Cuando se trata de una neurosis vivida por un adulto, la ta rea de] analista consiste en descubrir, en la nueva estructura psiquica, una reproducci6n de Jos conflictos surgidos en el in terior de la constelaci6n familiar. En todos los casos se con sidera a la familia "como objeto y circunstancia psiquicos" 1• No obstante, . en nuestro empefio los fen6menos van a complicarse de manera singular. Eri Europa, la familia repre senta, en ef ecto, una cierta rnanera que el rnundo tiene de ofrecerse al nifio. Las estructuras familiar y nacional man tienen entre si relaciones estrechas. La militarizaci6n y la centra!izaci6n de la autoridad paterna. En Europa y todos los paises llamados civi!izados o civilizadores, la familia es un
rn J9 .su.is un n8gre . 1 "Le complexe, facteur concret d:e la psychologie familial€", J. La can, Enciclop6die franca,ise, 8-40-5.
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trozo de naci6n. EI niiio qu,, sale de!medio parental descubre a continuaci6n las rnbmas !eyes, iguales princip'os, identicos valores. Un niiio Il':lrma! que se haya desarro]]ado en una familia normal, sera f]nalmente un hombre normal 2• No exis te desproporci6n entre la vida familiar y' la nacional. Y a la inverrn, si tenemos en cuenta una sociedad cerrada, es decir, protegida de! flujo civilizador, descubrirnos en ellas las mismas estructuras descritas lineas arriba. L'iime du Pygmee d'Afri que, de! R. P. Trilles, por ejemplo, nos convence plenamente de ello ; bien se percibe en todo mornento la necesidad de cafo licizar el alma negrilla, pero la descripci6n que aqui leemos de la cultura -esquemas cultnrales, persistencia de ritos, su pervivencia de mitos.- no cla la impresi6n ·artificial de La phiioso pM e bantoue.
Tanto en un caso como en otro, hay proyecci6n sobre el medio social de los caracteres de] medio familiar. Es verdad que los hij os de unos ]adrones o bandidos, habituados a una cierta legislaci6n de clan, se sorprenderii.n al constatar que el resto de! mundo se comporta de modo diferente, pero una nue va educaci6n -salvo perversion o atraso (Heuyer )0- habria de bastar para moralizar su vision, para socializarla, en una palabra.
En todos estos casos nos apercibimos de que la morbidez se situ.a en el medio familiar.
"La autoridad de! Estado es para el individuo la repro ducci6n de la autoridad familiar que lo model6 en su infancia.
12 Preferhnos creer que no se nos ecusari por esta U:ltinia frase. A los escepticos les gusta preguntar : "lA que llama usted normal?'' Por el ;mom.en.to no tenernos la intenci&n de responder a est-a pr8:::(,)"\]Tita. Para apaciguar un tanto a 1os m::'is necesitados citaremos la obra, muy instruc tiva1 aunque referida U.nicamente al problema biol6gico, de G. Ganguil hem, Le Normal et le pathologiqttc . Diga.mos si:nrplem.ente que, en el eampo mental, es anormal el que ·pregunta, llama, imp,lora.
De todas formas esta reserva es -tambien discuti-ble. V.i!as·e por ejemplo la comunicaci6n de Juliette Boutonnier: "La perversi6n es, quiza, un prof undo atra.50 afectivo ·mantenido o engendrado ipor las condiciones en las <iue ha vivido el nifio o por lo m·enos ta,nto ca.mo por determinada.s disposiciones constitucionales que son evidentementie discutibl, si biern
·no son proba:blernente Las, Unioas responsahles. ( Revue Francaise de Psy
.chanalyse, m\rm. 3., 1 49, pag. 403-404).
El _individuo asimi!a a la autoridad paterna aquellas <itras au tor1dades ue .va encontrando ulteriormente : percibe el pre sent_e en termmos de pasado. Como todos Ios demas compor tam1entos humanos, el comportamiento ante Ia autoridad es algo emeiia_d? y aprendido Enseiiado y apr,mdido en el seno d: una ami_h, a la cuaT podremos distinguir desde el puiito de vista ps1colog1co por su particular organizaci6n, es decir por Ia manera como se reparte y ejerce Ia autoridad."• '
Ahora bien -y este es un punto muy importante--- nos otros . onstatamos el fen6meno inverso en el hombre de ·olor. Un nmo negro normal, educado en el seno de una familia nor mal, se anrmalizara al menor contacto con el mundo blanco. · No es pos1ble comprender inmediatamente esta proposici6n.
Iremos ava1_1zando a reculones. Ha:ciendo justicia al Dr. Breuer reud escr1be : "En casi todos los casos probatorios que Io s1.ntomas eran algo asi como residuos, experiencias emotivas d1 aos; por esta ,raz6n los denominamos mas tarde traumas ps1qm?o . Su caracter particular se entroncaba en Ia escena traumatica que los ?abfa provocado. Segun una expresi6n con sagrada, !as determmantes de los sintomas eran, precisamente, aquellas escenas' de las cuales eran residuos amnesicos Asi no _era ?a necerio ,"vr en ellos (los sintomas) unos efecto; arb1 rar1os y emgmaticos de Ia neurosis. Sin embargo, con trar1amente a lo que se esperaba, el sintoma no resultaba siem pr_e _de un solo acontecimiento, sino, y esto casi siempre, de mult)pls traumas muchas veces analogos y repetidos. Por cons1gmente, habia que reprod ucir cronol6gicamente toda esta caden_a de recuerdos pat6genos, pero en un orden inverso, en primer lugar el ultimo, y el primero al final ; si uno se sal taba los traumas interniedios era imposible penetrar hasta el
primero, que a menudo es el mas eficaz."
Es difici! ser mas afirmativo ; en el origen de las neuro sis hay siempre unas vivencias ( Erlebnis ) determinadas. Un poco despues, Freud afiade : "Es verdad que los enfermos han expulsado este trauma de su conciencia y de su memoria,
, r.achin Marcus '. Structure fa?Tiiliale et comporbements politiques", L autorite dam, la fam, Ue et clans l Etat ( Revue Francaise de Psych nal,•sse, abril-junio 1949) •
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ahorrandose aparentemente una gran cantidad de sufrimien tos, pero el deseo refluido subsiste en el inconsciente ; y ace cha la menor ocasi6n para manifestarse y reaparecer, si bien bajo un disfraz que le hace irreconocible ; en otras palabras, el pensamiento refluido es substituido en la conciencia por un pensamiento de substituci6n o sucedaneo ( Ersatz ) , al que acaban ligandose todas· las impresiones de malestar que se su pone eliminadas por aquella remisi6n al inconsciente." Asf , pues, estas Erlebnis quedan refluidas, remitidas al incons ciente.
l Que vemos en el caso de! negro? A menos de utilizar este dato vertiginoso -hasta ta!punto es capaz de desequili brarnos- de! inconsciente colectivo de Jung, no comprende mos absolutamente nada. En los paises colonizados se repre senia todos los dias un drama . . . l Como explicar, por ejem plo, que un bachiller negro ingresado en la Sorbona para pre parar su licenciatura en filosofia se ponga automaticamente en guardia antes incluso de organizarse a su alrededor el me nor conflicto? Rene Menil daba cuenta de esta reaccion en terminos hegelianos Para el se trataba de "la consecuencia de la instauracion en la coniencia de los esclavos, substitu yendo el espiritu 'africano' (remitido al inconsciente) , de una instancia representativa de!Senor, instancia instituida en lo mas rec6ndito de la colectividad, que la vigila como una guar nici6n de su ciudad conquistada" 5.
En nuestro capitulo sabre Hegel veremos que Rene Menil no se ha equivocado. No obstante, tenemos derecho a hacer nos esta pregunta : l Como explicar su persistencia en el si
glo xx, cuando existe, por otra parte, identificaci6n inte11:7al con el blanco? Con frecuencia, el negro que se anormahza
no ha tenido jamas relaciones con el blanco. l Ha habido ex periencia antigua y remisi6n al inconsciente? l Ha vista el pequefio egro c6mo el Janco go]eaba y linchaba a su padrE;J l Ha temdo un traumatismo efectivo? A todo lo cual resrffl- deremos: No. l Entonces? "
5 Cita tomada de MiC'hel Leiris, "Martinique, Guadeloupe, Haiti'\
( Temps Modernes, febrero 1950).
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Si queremos responder correctamente tenemos que hechar mano de la nocion de Catarsis colectiva. En toda sociedad y en toda colectividad existe, debe existir, un canal, una puerta de Sa lida por donde puedan liberarse las energias acumuladas en forma de agresividad. A esto tienden los juegos en las Insti tuciones de nifios, los psicodramas en las curas colectivas y, de una manera mas general, los semanarios ilustrados para los jovenes, pues cada tipo de sociedad exige naturalmente, una determinada forma de catarsis. Las historias de Tarzan, de exploradores de doce afios, de Mickey, y todos esos peri6dicos ilustrados, tienden a una verdadera descomprension de la a.gre sividad colectiva. Son publicaciones escritas por blancos y des tinadas a nifios blancos. Aqui en las Antillas, y nos creemos con toda razon para pensar que la situaci6n es analoga en las otras colonias, estas revistas i!ustradas son devoradas, no por los nifios blancos, sino por los nifios indigenas. El Lobo, El Diablo,
el Genia Maligno, el Mal, el Salvaje se representan siempre me-·· diante un negro o un indio ; y como siempre se produc,e una identificacion con el vencedor, resulta que el nifio negro "se hara" explorador, aventurero o misionero "que se arriega a ser comido por los por los negros malos" tan facilrnente como el nifio blanco. "Salvo raras excepciones, todos los nifios america nos que en el afio 1938 tenian seis afios absorbieron rigurosa mente, como minima, dieciocho mil escenas de feroces torturas
y sanguinarias v1olencias . . . A excepcion de los boers, los ame
ricanos son el unico pueblo moderno que barrio totalmente de! suelo en el que se instal6 a la poblacion autoctona. No se re cuerda un caso semejante en la historia (6 ) . Sc5ilo America (USA) podia, por tanto, tener una mala conciencia nacional
que apaciguar, cosa que hizo forjando el mito hist6rico de]
. Bad lnjun (7) , para poder, a renglon seguido, reintroducir la figura historica de!honorable Piel-Roja defendiendo sin exito su suelo contra los invasores armadas de biblias y fusiles. Solo nos es posible apartar de nosotros el castigo que merece mos negando la responsabilidad de! ma] y endosando el re-
6 Sefialemos de paso que los Caribes sufrieron la n1isma euerte con lc.s aven.tureros espaiioles y franceses.
7 Defornuaci6n peyorativa de "Bad Indian'',
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proche a la victima ; en una palabra, demostrand onos a noso tros mismos, por lo menos, que al asestar el primer y unico golpe actuabamos simplemente en legitima def ensa." Al es tudiar las repercusiones de estas revistas ilu1itradas sobre la cultura americana, el autor escribe : "Queda por esclarecer la
cuesti6n de i esta fijaci6n maniatica a la vfolencia y la muerte es el sucedaneo de una sexualidad censurada, o si, mas biep.
no seria su funci6n la de canalizar, por la via dejada Jibre po; la censura sexual, el deseo de agresi6n de los nifios y de los a1ultos contra la estructura econ6mica y social, que los per vierte a unos y a otros, con su propio consentimiento todo hay que decirlo. En ambos casos, la causa de la perv;rsi6n, se de orden sexual o econ6mico, es esencial ; por esa raz6n, m1entras no seamos capaces de acometer la busaueda y anali sis de remisiones fundamentales al inconsciente: todo ataque dirigido contra simple procedimientos de evasion como los comic books sera inutil" (8) '
En las Antillas, el joven negro que en la escuela no se cansa de repetir "nuestros padres los galos" (9) , se identifica con el explorador, el civilizador, el blanco, que es quien trae la verd ad completamente blanca. Hay en esto autentica iden tificaci6n, o sea, que el joven negro adopta subjetivamente una actit de blanco. Carga sobre el heroe, que es blanco, tod2 su agres1v1dad, que a esta edad esta estrictamente vinculada a la oblatividad : una oblatividad cargada de sadismo. Un nifio de ocho afios que ofrece algo, incluso a una persona mayor, toler con dificultad una negativa Poco a poco, va formandose y cristalizando en el joven antillano una actitud y un habito· de pensar y ver que so;u esencialmente blancos. Cuando en la escuela tiene que leer historia de salvaj es --en libros blancos piensa siempre en senegaleses. En mis tiempos de estudiante
, 8 G. Legman, "Psyehopathologie dos Comics" (Temps Modernes
num. 43, yAgs. 916 y siguientes) . '
9 Cu_ando se refiere este rasg-o d.e 12 ensefianza en M.artinica se povoca ns, cosa que ocurre en n1uCha:s otr.as circuns·tanci.as. No se p1erde de vista el car.ioter cOlll'Uco d,e la cosa, todo el mundo lo -constata, I?ero no e habla de sus consecuencias a largo iplazo. Y resulta -que son estas lo 1,mportante.. puesto que la rvisi6n del mundo en un joven antillano
ehiibora a partir de tres o cuatro f rases como esta.
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discutfamo durante horas enteras sobre las pretendidas eos tumbres de los salvajes senegaleses. En nuestras frases e in tenciones habia una inconsciencia como minimo parad6jica. Pero ocurre que en la Antillas no se piensa en negro ; se piensa en blanco. El negro vive en Af rica. Subjetiva e intelectual rnente el antillano se comporta como un blanco. Ahora bien, es un negro. De esto se dara cuenta en Europa, y cuando oiga hablar de negros sabra que se refieren tanto a los senegaleses como a el. i.Que podriamos decir como conclusion a este res pecto?
Jmpo_ner los mismos "Genios Malignos" al blanco y al ne gro constituye un grave error de education !Si se hace un es fuerzo por entender el "Genio Malo" como un intento de hu manizaci6n de! "el!o", se captara nuestro punto de vista. En rigor diremos que los cuentos se exponen a la misma critica. Esta claro, pues, que nosotros queremos, ni mas ni menos, crear revistas ilustradas destinadas especialmente a los negros, canc.iones para los nifios negros y, en el limite, obras de his toria, al menos hasta la obtenci6n del certif icado de estudios. Porque, mientras. no se demuestre lo contrario, estimamos que si efectivamente hay traumatismo, este se situa en dicha edad. El joven antillano es un frances !lamado en todo momento a vivir con compatriotas blancos. Se olvida esto con dem.asiada frecuencia.
La familia blanca es el depositario de una cierta estruc tura. La sociedad es, verdatleramente, el conjunto de familias. La familia es una instituci6n que anuncia una instituci6n mas vasta : el grupo social o nacional. Los ejes de ref erenda son siepre los mismos La familia blanca es el lugar de prepa rac16n y formaci6n para una vida social. "La estructura fa miliar queda interiorizada en el super yo y proyectada en el comportamiento politico (social, diriamos nosotros)" (Marcus).
En la medida en qmJ permanece en su medio natural, el negro realiza -el destino del nifio blanco con pocas diferencias. Pero, si va a Europa, tendra que repensar su suerte. Porque el negro en Francia, en su pais, se sentira diferente a los demas Se ha dicho demasiado aprisa : el negro se inferioriza. La ver dad es que se le inferioriza. El joven antillano es un frances
llamado a v1v1r en todo momento con compatriotas blancos. Ahora bien, la familia antillana no mantiene con la estructura nacional (francesa, europea) ninguna relaci6n en la priictica. El antillano, entonces, tiene que escoger entre su familia y la sociedad europea ; o dicho de otra manera, el individuo que sube hacia la sociedad -la blanca, la civilizada-, tiende a recha zar la familia -la negra, la salvaje- en el piano de lo ima ginario, en relaci6n con las Erlebnis infantiles que describimos anteriormente.
El esquema de Marcus seria en este caso :
Familia + Individuo ,--+ Sociedad
puesto que la estructura familiar es rechazada en el "ello". El negro se apercibe entonces de la irrealidad de muchas proposicicnes que habia hecho suyas, con referencia a la ac titud subjetiva de! blanco. Inicia asi su verdadero aprendizaje. La realidad se muestra entonces extraordinariamente resis tente . . . Pero, se nos dirii, usted no hace otra cosa que descri bir un fen&meno universal y, por otra parte, el criterio de la virilidad es precisamente la adaptaci6n a lo social. Replicaremos
a eso que es una critica falsa puesto que, como ya rlemostramos, el negro tiene que afrontar un verdadero mito. Un mito s6- lidamente anclado. El negro lo ignora mientras su. existencia se desarrolla entre los suyos ; mas, a la primera mirada blanca, experimenta el peso de su melanina 1•.
Ademiis, estii lo inconsciente. El drama racial se desarrolla a la vista de todos ; el negro no tiene tiempo de "remitirlo al
tO R·ecordemos a este respecto lo qu,e escribia Sartre : "Algunos nifios se pega'ban ya a sus siete afios con os c-ompaii,eros que les Ham.a.ban "yupin',. A otros los .tu:vieron mucho tiempo en la ignorancia de su 1·aza.
{Jna muchac-ha isra-eli.ta de una familia conocida mia ignor6 hasta los quince 2.fios iel sentido misrno de la. ,palabra judio. Durante la ocu-paci6n, un doctor judio de Fontainebleau aue vivia enaerrndo en su c:asa, edu caba a sus ni.etos sin decirles unia Palabra d-e su origen. Mas, de una u otra manera, antes o d,espues aoabarB.n s.a.bndo la verdad : a veces por las sonrisas de quienes los rodean, otras ;por un ruroiJ.r o :por ins-u-ltos. Cuanto miis tardio es el descubrimiento m3.-s viol1enta es la sacudida ; de re-pent-e, se dan cuenta de que los dem3.s sa:ben sob-re ellos alga que igno raban, que se 1es a,plica -ese calificativo turbio e inquietante qtte nunca hahian oido en sus familias." ( Ref lexions su,· la question juive, p.igs. 96-97) .
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inconsciente". E.J blanco si lo consigue, en una cierta medida ; y es que entonces aparece un nuevo elemento : la culpabilida'.' El complejo de inferioridad o su sentimiento igualitario son conscientes. Estos sentimientos y complejos le transitan cons tantemente, viven su drama. En ellos no se da esa amnesia af ec tiva que caracteriza la neurosis-tipo.
Siempre que he leido una obra de psicoaniilisis, discutido con prof esores o conversado con enfermos europeos, me ha impresionado la inadecuaci6n entre los esquemas correspon dientes y la realidad que nos ofrece el negro. Asi, he ido poco a poco llegando a la conclusion de que hay sustituci6n de dia lectica cuando se pasa de la psicologia de! blanco a la de! negro. Los valores primeros de que habla Charles Odier (11) son diferentes en el blanco y en el negro. El esfuerzo de sociali zaci6n no remite a las mismas intenciones. En verdad, pa
samos de un mundo a otro. Un estudio riguroso de la cuesti6n .. podria presentarse de la manera siguiente :
- Interpretaci6n psicoanalitica de la experiencia vivida
por el negro ; .
- Interpretaci6n psicoanalitica de! m1to negro.
Pero Jo real, que es nuestro unico recurso, nos prohibe semejantes operaciones. Los hechos son mucho mas compli cados. i Cuiiles son estos ?
El negro es un objeto fobigeno, angusti6geno. Desde la
enferma de Serieux y Capgras (12) hasta la muchacha que nos declara que dormir con un negro representa para ella algo terrorifico, puede establecerse toda uua escala de grados de Jo que llamaremos la negro-fobigenesis. En relaci6n con el negro mucho se ha hablado de recurrir al psicoaniilisis. Des conf iando de la utilizaci6n que podria hacerse de semejante expediente (13) , hemos preferido titular este capitulo "El negro y la psicopatologia", habida cuenta de que ni Freud ni Aler, ni siquiera el c6smico Jung pensaron en los negros al reahzar
.'.l;1 Les deu,; sources consciente et inconsciente de la vie 111.orale.
ma Les folies raisonnantes, cita.do :por Hesnard, L'-un-ivers morbide
de le> fau.te, pag. 97.
1!'-' Nos referimos especialni.ente en America; vease, por ,ej-emplo,
·Je suis un nigre.
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sus investigaciones. En lo cuai tenian raz6n. Se olvida con demasiada frecuencia que Ia neurosis no es constitutiva de Ia
asombr.arfa Si supiese qtie, hasta 1940, ningun an tillano era capa o.e pensar en negro. Solo cuando apareci6 Aime Cesaire
reaHdad humana. Quiernsc o no, el c::;mplejo de Edipo esta por
se v10 nacer Uila reivindicaci6n , una asunci-611a[._.I.
l_ a no-r<:,>rl'tud .
aparecer entre lcs ricgro.s. Se rlos poria objetar, siguiendo a Malinowski, que el regimen matrlarcal es el 6.nico responsable de esta ausencia. Pero, aparte de que podriamos preguntarnos Bi Ios etn6logos -imbuidos de los complejos de su civilizaci6n han intentado o no descubrir una copia de ese complejo· en los pueblos estudiados por ellos, nos seria relativamente facil mos trar que en las Antillas francesas el 97 % de las familias son incapaces de engendrar una neurosis edipiana. Incapacidad de Ia que nos felicitamos en sumo grado. (!4) .
Independientemente de algunos "fallidos" salidos de un
media cerrado, podemos decir que toda neurosis, todo corpor tamiento anormal y todo erotismo afectivo en un antillano es resultado de la situaci6n cultural. En otras palabras, hay una constelaci6n de datos y una serie de proposiciones que, lenta y socarronamente, a favor de escritos, peri6dicos, educaci6n, libros escolares, carteles, cine, radio . . ., penetran en un indi viduo y constituyen su vision de! mundo ( de la colectividad )
I a Ia que pertenece ("'). En las Antillas esta vision de! mundo
1 1 es blam,a porque no existe uinguna expresi6n negra·. El fol
klore martiniq ues es pobre y, en Fort-de-France, numerosos
La prueba -inns co11creta, po.r lo d::1118.s, es e:.sa im-pres .6n que
experiraen 1:an las 6venes ?·enerac:0nts de. est!l Jia.ntes que lle gan a Pans : neces1tan varias semanas para comprender que el contacto de Europi,. !es obliga a p!antearse un cierto numero dn problemas que hasta entonces no habian af lorado. Y, sin
embargo estos problemas son perfectamaute visibles <1")
· Siempre que hemos discl!tido con profesores nuestros O conversado con enfermos europeos n(}S hemos dado cuenta de las diferencias que podian llegar a existir entre estos dos mundos Recientemente, en una charla con un medico que ha ejercid su profesion siempi:e en Fort-de-France, le hicimos participe de nustras conclus10nes ; fue todavia mas lejos que nosotros
a) de1rnos que tod? .era verd a<l, no solamente en patologia, smo mcluso en med1cma genetal. Nunca eucontrara usted, nos decia, un tifoideo puro, tal como lo estudian los tratados de medicina; siempre se revela en este tipo de casos, como injer tado un paludismo mas o menos manifiesto. Seria interesante por ejemplo, realizar una descripci6n de la esquizofrenia vi'. vida par una conciencia negra, siempre que este tipo de crisi9 se padezcii a!la abajo.
son los j6venes que ignoran las historias de "Compe Lapin",
replicas del Tio Remus de Luisiana. Un europeo, par ejemplo, al corriente de las manifestaciones poeticas negras actuales, se
1114 Los .psicoanalistas dud2.rin en com.pa:rtir uuestra. opini6n a este re::,pe.cto-. E1 Dr. I,acw, por ejeinplo; habla de la "f-e::undi-dad', die.I com plejo de Edipo. M:as si. el niiio diJb.e. matar a su padre, sigue ;ie,ndo ne cesario ·que este UltID,o acepte morir. P·ensa1nos .en Hegel euando dioe; "La cuna. ,dcl nifio es l,a tumba de los •pa<lres'". "En Ni.colas Cal.a:.- ( Foyer d'incendie ) ; en Jean Lacroix ( FoT ce et faiblesses de la f a1nilie.)
El hecho de qu:c se. haya ,producido en: F1·an1ia un hundiml.ento de loo valores morales d:espues .c}.,e la gu,e,rra, quiza se deba a. la derrota de esa :persona moral que r,epreoontaria .a la naci6n. Son <:onocidos perfec
f acto _con Tanan y contra los negros. En una sala cinematogrif i.ca curo p_ea. esto es :mas dificil1 ·Orque la .sisten-cia, Clanca, le relacio-na .n.utom3.
. t1camente on los salvaJes de -la ;pantaU.a. Esta exp,6.riencia es decisiva. El neg1:o s1oente qu.e no se es niegro i.ropunermenbe. Un documen.tal sobre Africa ;proy.ectad-o en una c.iud:ad f raneesa y en Fort-d2-Fr::tne prc.-vo.-:-a· reacciones a'Ilalogas. 1,' ejor alln: af.irrnan1os que los bo·:1quin1:1no-5 y los zullles 1>rovocan facHmcnte 1-r.. 1hilaridad de los ;;6v.enes anti.llanos. Se1·ia interesa..n'be .mostrar que, en t'.ste -os.so. ·1:a exage1:aci6n reacc.ional deja adivinar un rastro de reconocim!"ento. En Francia el uegro qu-e ve c;t:;. documental se queda Htera1mente ipetri.ficado. No hay esc.a.p. e para el: es a la vez. antillano, bosquimano y zulll.
16 Y, miis concr.etamenre, oo aperciben de que la linc--a de autova lo raci6n que considera.:ban propia diebe &er ,i.nvertid.a. Hen1os visto, en
ta.m.ente 1-os traucrnatisntos que un hecho semiejante :pnede determinar en
efecto
que ,el antillano qu.e va a Francia concib-c, .este viaje como bi Ultima
la f a,milia.
15 A los -que no queden convencidos les aconse.jamos· la eriencia
&iguiente; 10.Sistir a la proy-ecci6n de una rpelicula de T·arz3.n en la.,s An till.as y ·en Europa. En las Antillas el .muchacho neg-ro se identifica de
1
elapa de su ·persona.lid.ad. Literalm-ente, ,podemos decir sin te nor a equ1- vocarnos que el .antil]an-o que va a Franc.ia :na1:a conve,n.c.eI'S€J de su blan cura descubre en <Iicho :pa.is su autentic.o roStro.
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l Cua! es nuestra intenci6n ? Sencillamente, esta : cundo
]os negros abordan el mundo blanco ti;ne. lugar ua. c1er_ta acci6n sensibilizante. Si la estructura ps1qmca es f:ag1!, asis tiremos a un derrumbamiento de! Yo. El negro deJ a de com portarse como individuo capaz de acciftn. La finalidad de ,su acci6n, entonces, sera Otro (en forma de blco) , porq'; solo Otro puede valorizarlo . .Esto en el piano et1co : valorac10n de si. Pero aun hay mas. , , .
Hemos dicho que el negro era fobigeno. l Que es la fob1a 1.
Responderemos a esta pregunta ·apoyanonos en la_ ultima obra de Hesnard : "La fobia es una neurosis caracter1zada por el temor angustioso a un objeto (en el sentido mas amplio, cos.a
exterior al individuo ) o, por extensi•on, a .una s1"tuae.1·0'n" (17) .
Nat uralmente este objeto habra de inc!u1r algunos aspectos.
· Hernard dice que ha de despertar temor y disg to. Pero aq?,i vemos una dificultad. Al aplicar a la comprens1on de I fobia el metodo genetico, Charles Odier escribe: "Toda angustia pro viene de una cierta inseguridad subjetiva vincu!ada a la au sencia de Ia madre" (18) . Esto ocurre, dice el autor, hacia el segundo afio.
En su busqueda de la estructura psiquica de! f6bico, llega a esta . conclusion : "Antes de abordar directamente las . creen cias de los adultos es importante analizar en todos sus elemen- tos la estructura in, fanti·l de la que emanan y que suponen". (19,' . La elecci6n de! objeto fobigeno esta, pues, sobredeterm:nad a Este objeto no sale de la noche de la Nada ; en una determnada circunstancia, dicho objeto ha provocado un afecto en el suJeto. La fobia es la presencia Jatente de este afecto en el fondo de! mundo del sujeto ; hay organizaci6n, conformaci6n. orque., naturalmente, el objeto no tiene necesidad de estar ah1, _basta con .que sea.: es un posible. Este objeto esta dotado de mten ciones malevolas y de todos los atribntos de una fuerza m Jef ica (20). En el f6bico hay prioridad de!afecto, con _desprec10 de todo pensamiento racional. Como vemos, un f6b1co es un
17 L'univer.s niorbide de la faute, P. U. F., 1949, pig. 37.
1B' L'angoisse et la pe "tisie mag,iqu.e, .pag. 38,
"' Ibid., p:ig. 65.
individ uo ·que obedece las !eyes de la prel6gica racional y de la pre!6gica af ectiva : proceso de pensar y sentir que remite finalmente al momento en que se produjo el accidente dese quilibrador. La dificultad a que nos referiamos antes es la si guiente: l bubo traumatismo desequilibrados en aquella mujer de la que hablabamos lineas arriba ? l Ha habido en la may?ria de los negr6fobos mas.cu!inos un intento de rapto, de fellation? En rigor, si ap!icamos las conc!usiones analiticas obtendriamos Io siguiente : si un objeto muy horrible, un agresor mas o me nos imaginario, despierta el terror, este tambie?, entre otras cosas -pues se trata por lo general de una muJer-, y sobre todo, un miedo mezclado da horror sexual. El "tengo miedo de los hombres" quiere decir, cuando se pone en claro el m6vil de!horror, esto : -porque podrian hacerme toda clase de cosas, pero no sevicias vulgares, sino sevicias sexua!es, es decir, in mora]es, deshonrosas (21).
"El simple contacto basta para provocar la angustia. Y es que el contacto es al mismo tiempo el tipo esquematico propio de la acci6n sexual inicia! (con-tacto, tocamiento . . . , sexua
!idad)." ('2) Estamos habituados a todos los artif icios. que em plea el yo para defenderse, y por eso sabemos que es conveniente no tomar al pie de la !etra sus denegacioms. l No estamos en presencia, con esto, de una transitivismo integral ? ;No sera, en el fondo, este mied-0 a la violaci6n precisamente una llamada a la violaci6n ? De un tipo de caras se dice que estan hechas
para darlas de bofetadas, caras que piden el cachete. ;No se , podria describir un tipo de mujer que pide la violacion? En S' il braile, liJchele, Chester Himes describe esk mecanismo de modo notable. La opulenta rubia desfallece en cuanto el negro se aproxima. Pero no tiene miedo, porque la fabrica estii llena de blancos . . . Asf, pues, se acuestan juntas.
En mis tiempos de militar pude apreciar el comporta miento de algunas mujeres blancas en tres o cuatro paises de Europa ante los negros, durante unas vela<las de baile. Casi siempre, las mujeres amagaban un movimiento de huida, de retirada, el rostro sinceramente horrorizado. Sin embargo, los
"" Ibid., pags. 58 y 18. 21 Hestiard , op. cit., pllg. 38.
zi pag. .
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negros que las invitaban . habrian sido incapaces, aunque lo hubiesen queri<lo, de hacerlas objeto de! mas insignificante trastorno. El comportamiento de las mujeres en cuesti6n se comprende claramente si lo situamos en el piano de lo ima ginario. En reali<lad, la negr6foba no es mas que una socia sexual putativa, de la misma manera que el negr6fobo es un homosexual reprimido.
En relaci6n con el negro, ef ectivamente, todo tiene lugar
rosis. La inquietud sexual es predominante en este caso. Todas las mujeres negr6fobas que hemos coriocido tenian una vida sexual anormal. Sus maridos las frustraban ; o bien eran viudas
que no se atrevian a sustituir .al difunto '·tambien abandonadas por sus esposos o divorciadas : todas dudaban ante ·una nueva
inversion espermatica. Todas proveian al negro de poderes que otros (maridos, a.mantes epis6dicos ) no poseian. Ademas, in terviene un elemento de perversidad, reminiscencia de la es
en el piano genital. Hace unos aiios dabamos a entender a unos amigos con los que discutiamos que, en terminos gene-
tructura inf anti!: iDios sabe algo terrorifico (23) . .
c6mo hacen el amor ! Debe ser
1
. rales, el blanco se comporta con e] negro como _ el hermano mayor con el hermano recien nacido. Luego nos hemos enter.ado que el americano Richad Sterba comparte tambien este criterio. Desde el punto de vista fenomeno]6gico habria que estudiar una doble realidad. Se tiene miedo de!judio por su potencial capacidad de apropiaci6n ("Los judios") estan en todas par tes. Bancos, bolsa, gobierno, todo esta infestado de judfos. Rei nan por doquier. Pronto seran due:fios de todo el pais. En las oposiciones y certamenes pasan por delante de los "verdaderos" franceses. Dentro de poco har§.n la ley para todos nosotros. Hace poco, un compaiiero que prepara oposiciones para la Administraci6n nos decia : "Bien dices, se apoyan. Por ejem plo, cuando Moch estaba en el ·poder nombr6 a una cantidad aterradora de yoiipins para cargos publicos". En el campo de la medicina la situaci6n es semejante. Todo estudiante judio recibido en una oposici6n es un "enchufado". Los negros, por su parte, tienen la potencia sexual. j Imaginese usted ! iCon la libertad de que disponen, en plena selva ! Da la impresi6n de que
Existe una expresi6n gue finalmente ha terminado ero tizandose : un atleta negro Hay en ella, nos conf esaba una mu ier joven, algo que conmueve el coraz6n. Una prostituta nos dijo en cierta ocasi6n que, al principio, la idea de acostarse
con. un neFo le producia orgasmo. Los buscaba, sin siquiera . ped1rles dmero. Pero, afiadia, "dormir con ellos no resultaba · mucho mejor que con los b!ancos. Yo llegaba al orgasmo antes
de!acJo. Pensaba (imaginaba) todo lo que podrian hacerme, esto s1 que era formidable".
i,No obedece el blanco que detesta al negro -seguimos mo viendonos en un piano estrictamente genital- a, un senti miento. de impot_e ia o de inferioridad sexual ? En el supuesto de un ideal de v1rihdad absoluta, ino deberfamos hablar de un eomeno de ?isminuci6n respecto de! negro, percibido este ultimo como SJmbolo falico ? i No seria el linchamiento de un negro una venganza sexual ? Sabemos la carga sexual que com-
En :eI trajo de J: Marcus kiemos ]a opini6n seglln Ia cual la
estan hacienda el amor en todas partes y a todas horas. Son
neuross soc1al o, s1 se :pr€fiere1
el com:po:r:tamiento .a.normal ante el Otro,
seres genitales. Tienen tantos hijos que ni los cuentan. No hay <J.Ue fiarse de ellos porque nos inundarian de mestizos.
Decididamente, todo va ma!. . .
El gobierno y la Administraci6n copados por ]os judios. Nuestras mujeres por los negros.
Porque el negro tiene un vigor sexual alucinante. Es el termino que conviene ; es conveniente que este vigor sea alu• cinante. Los psicoanalistas que reflexionan sobre la cuesti6n des cubren sin demasiad:,s dificultades el caiiamazo de_ toda neu-
cualqu]tra qu;. ea, revela relacion2S est:r.echa:s· con la r;ituc.ci6n indivi d?al: El, an_al1s1s de los cueionario3 pUso de n1anif iesto que los jndi v1"?-0S mas, 1ntensmnte· ant1sen1tas pertenecian a lti,s e3tructuras fa rnhres mas confhct1vas. Su antiscmitismo era "una reacei6n a deter m1nad3:s .fn1strac1ones sufridas :n ;I reno del medl.o fantlliar. Lo qtl'e rev:la 1n clararn-e-nte que los J nd1os son objeto de sul:_.stituci6n en ,el ant1sem1t10010, es el hecho de que unas situacion,es fan1iliar:c-a5 il?uales·, sobre la base de una circunstB.nci.as locales erlP'endran el od.io a k>s ne gros, el anti:atoHcismo o el antisemitismo. Fused decirs-e :per consig-niente que, .contz,ar1.am.ente a lo, que, pina Ia ms,yoria, es la actitu.d la que halla un conten1do y no este ult!n10 el qu€ crea una acttiud", ( Op. cit .,
pagina 2112) •
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portan las serv1cias, las torturas y los golpes. Para eonven cerse ba2.ta reker unas cuantas paginas de! marques de Sade. l Es real la superioridad de! negro ? Todo el mundo sabe que no. Pero lo importante no esta aqui. El pensamiento prel6gico de! f6b:co ha decidido que si fuese (24 ) . Conoci a otra mujer con fobia al negro tras la !edura de J'irai cracker sur vous tornbes. Intentamos mostrarle la irracionalidad de su posici6n haciehdole ver que las victimas blancas eran tan m6rbidas como el negro. Ademas, le dijimos, no se trata de reivindicaciones negras, como podia suponerse por el titulo, puesto que su autor era Boris Vian. Nuestros esfuerzos fueron vanos. Aquella mujer no queria oir nada. Quienquiera que haya leido el libro compren dera facilmente la ambivalencia que expresa esta fobia. Cono cimos un estudiante negro de medicina que no se atrevia a rea lizar ningun reconocimiento vaginal a las enf ermas que iban a la consulta de] servicio de ginecologia. Un dia nos dijo haber oido estas pa!abras de una consultante : "Hay un negro ahi den tro. Si me toca le doy una bofetada Con esta gente nunca se puede estar segura. Debe tener manos· grandes y, ademas, se guro que es un bruto".
Si queremos comprender psicoanaliticamente la situaci6n racial, concebida no ya g!obalmente, sino a· traves de concien cias particulares, habremos de conceder una gran importancia a los £en6menos irraciona!es. Cuando se trata de!judio, se piensa en el dinero y sus derivados. En el caso de! negro, se piensa en el sexo. El antisemitismo es susceptible de racionalizaci6n en el piano de los principios. Los judios son peligrosos porque se anexionan un pais tras otro. Recientemente, un compaiiero nos decia que, sin ser antisemita, se veia obligado a constatar. que la mayoria de los judios que habia conocido durante la guerra se habian comportado como unos cerdos. Intentamos inutilmente llevar!e a admitir que esa conclusion era conse cuencia d. una voluntad predeterminada de detectar la esencia de!judio en cualquier parte que pudiese hal!arse
24 Desde la 6:ptica de Ch. Odier seria ,mas exacto decir "paral6gico": "Podrla proponerse e,l termino de 'paral6gico' cusndo se trata de regre· si6n_, es decir, de procesos y desarrollos :propioS de! adulto''. ( L'angoisse et la pens6e magique, pig. 95) .
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En el piano clinico recordamos la historia de una mujer joven que presentaba sintomas de delirio al tacto, lavandose
una y otra vez las manos y los brazos desde que le presentaron
a un israelita.
Ci:Jmo Jean-Paul Sartre ya ha estudiado magistralmente el : problerna de! antisemitism 0, intentaremos nosotros aproxi rnarnos al problema_ de la negrofobia. Esta fobia se situ.a en el piano de! instinto, en el biol6gico. En el limite, diremos que el negro -su cuerpo-- molesta ]a llenaz6n definitiva de! esquema pcJstural de! blanco, en el momento, naturalmente, en que el negro hace si.J aparici6n en el mundo fenomenal de! blanco. No es este el lugar de pasar revista a las co:ilclusiones a las que hemos Uegado en nueBtras investigaciones sobn la influencia que tiene para un cuerpo la irrupci6n de otro cuerpo. (Su pongamos, por ejemplo, un grupo de cuatro -muchachos de quince aiios, deportistas mas o menos declarados. En el salt{) en alto, uno de los muchachos salta 1 metro 48 centimetros. Si surge un quinto que salta 1,52 los cuatro anterioreS' sufren desestructuraei6n.) Lo que nos importa es mostrar que, con la aparici6n de! negro, comienza el ciclo de lo biol6 gico (25) .
.:::;s: Seria interesante preguntarsc, en base a la noci6n lacaniana ded. estadio del espejo, hasta que punto la iniago del semeJante edif icada
en la joven :blanca a la edad apropiada no sufr-e un.a ag,-rcsi6n intaginaria en eJ .m.omento en que apa:riece el negro. Cuando se ha conrprendido este proooso, descr-ii? ·por La.can, ya no puede caber duda de que el v-erdadero Otro de! Blanco es percihido al ni-viel de la in1agon corporal, absoluta mente como .el no-yo., es <leek, lo no-ic1entifica,bl, lo no-asi-milable. Por nuestra. parle, mostramos que las r-e-alidades econ6rnicas ei hist6ricas son para el negro lineas de c6n1.:puto. "El reconocimiento .qu-e el sujeto h::: ce
d.e su propia imagen en ,el espejo, dice Lacarn, es un fen&meno doblemente significativ-0 para el an3.lisis de este estadio; el f1;n&.ne110 aparece des pueis de los seis n1eses, y su e::;tudio en· ese preciso n10:11ento revela de manera conclu.yente y dmootrativa las ten-dncias qu.e constituyen la rca lidad del sujeto en ese momento; la in1agen especular, de-bido preci..sa mente a esta.s afinidades, ofrece un excel,entc slmbolc de dicha realidad; de 5:u valor afec,tivo, ilusorio co1nO la in1ag-0n, y de su estructura ; y tambien es un ref lejo de , la f orma hum-ana.." ( EncJj:J lopedie frari.,ca,ise , 8-40, 9 y 10).
Este deseubrimiento es fundamental, con10 veremos: siempre quc el sujeto :percibe su in.1.eige11 y la saluda, ach1ma a.I n"iismo tien1po, de alguna manera, <Ila unidad m-ental que le es inher.e.nte. En patologia mental, :por cjem:plo, en lo:; ca-sos de d€.lirios alucinatorios o de in-terpr,e..
I
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A ningun antisemita se le ocurr,irii la idea de castrar al judio. S€ le mata o se le esteriliza. Al negro se le castra. El pene, simbolo de virilidad, es aniquilado, es decir, negado. Fii cilmente se percibe la dif erencia estre estas dos actitudes. El judio se ve afectado en su personalidad confesional, en su historia, en su raza, en las relaciones que mantiene con sus antepasados y sus descendientes ; en el judio que se esteriliza
taci6n, se comprueba siem'Pte un r-espeto haoia esita ima,gen de si. En otras ,pa.:Jahras, hay una cierta arn1onia estructural, una totalidad del in dividuo y de las construcciones que el transita, y esto en todos los estadios del COill'POIta.miento delirante. Apart.e de que podria atri1buirse osta. fide lidad a 10s contenidos af.ectivos, ta.mbien ·c-0nviene sefi.alar una evidencia que seria acientif_ico desconocer. Siempre que hay convieci6n deirante hay ta1nbiE!n reproducoi6n de si. El otro interviene, sobre todo.1 en el
:p;er1odo <l.e inquietu-d y desconfianza descrito por Dide y Giraud. Por consiguit!nte, no es asombroso £,ncontrar el negro representando u? pa-p-el de :si:lltiro o asesino. Ahora bien, ya no hay lugar para el extranJero (el
€Xtrafi.-0, el otro) en .el .periodo de 6istematizaci6n cuando s:e elabora la certidumbre... En Ultima .i.nstancia, por lo demiis, no dudaremos en decir -que el tema del negro en algunos delirios ( y cuando no €S central)
:figura al lado de otros fen6mienos! tales coono las zoopsias. Lhermitte ha descrito la -enrancipaci6n de la imagen coPporal. En clinica es,to se deslgna con el nombr,e de heotoscopia. Lhermitte dice tambien _que- la insta.nta neidad de Ja a'Parici6u de este fen6meno no deja de ser alta.mente curiosa. Se produce incluso entre las persona-s normales (G.oethe, Taine, etc.) . Af ir mamos que ,en el antillano la alucinaci6n especular es siempre neutra. A quie,n,es nos hnr. dicho haberlo observado personahnente 1es pregunta mos: "z De que oolor? Yo no tenia ningU.n color". Este :prooeso se- repite igualm,er.te en las visiones hi1Pnag6gica,s y, sobre todo, en lo que desde Dnham.el, se llama la .isalavinizaci6n". No soy yo en tanto que negro quien actUa, iPiensa o ,es- aclamado 1bajo Jas -06v.edas .. .
A quie-nes les interese estas conclusiones C?nsejaimos _la lectura de
&].{J'unas composiciones f ra,nc€'Sas de nifios fl.n,t11lanos de d1ez a catorce afios. Al tema propu;ezto "In1presiones antes de marchar de vaaci_ones" responden como autE!ntiCOij nifios p:::·,,:isinos; obs€rvense los s1,gu1entes temas: .
"I\1e gustan las vacaciones porque podria cor1'er ipor el caan,po, res
pirar aire 'PUro y ,po-nerme las meji11as sonrosada.s.'' Como puede .verse, no nos ,equivoc2bamos demasiado al dar a ent-endcr que los antillanos desconocen su c·alidad de ne·gros. Yo tenla l)osi1blernente trece aiios cuan clo vi por primera vez unos senegaleses. Sohre ellos s.ab-iia lo que co taban los viejos de 1914: "A,taoan a la bayoneta y, -cuando esto n.o fun rio-D n, ca.r1-, &n. ·uor -entre las r3.fagas de ·an1etrell.adora con -el cuch11lo en la .mano . .-. Co'°rttn las cabezas y hacen provisi6n de orejas''. Estaban de
se mata la cepa ; cada vez que un judio es perseguido se per sigue en el a toda la raza. Al negro se le toca en su corporeidad. Se le lincha en tanto que persona concreta. El negro es peligroso en tanto que ser actual. El miedo a la potencia sexual de! ne gTo sustituye al "peligro judio" . 0: Mannoni, en Psychologie de la colonisation, escribe : "For 6U cariicter revelador merece mencionarse un argumento utilizado por todos los racistas de! mundo contra. los que no comparten sus convicciones. Vamos a 1,er, dicen los racistas. i,Si usted tuviei-a una hija la daria en matrimonio a un negro? He conocido personas aparentemente
f ormes con -avidez, unos unif orrnes de. los que habiamos oido hablar ; che chia y cintur6n rojos. Mi 'Padre reclut6 inoluso a dos- y los llev6 a casaJ donde bicieron lais delici·as de la familia. En la escue!a se alimentaba esa
·misma ·Situaci6n ; nuestro profesor de matem3.ticas, teniente de la reset va, que habia mandado en 19.14 una u.nidad de tira.dores. s-enegaleses, nos hacia tern:hlar recordB.ndonos "Cuando rez,a.n no hay que molestarlos, porque ootonoos ya no hay teniente ni ·nada. En la :pendencia so,n como leones, pero hay que re&J)etar &us costumhres.'' No hay !"'a.z6n; pues, para extrafiarse de que 1\1:ayotte Capecia se vea blanca y s;onrosiada en sus suefios.; digamos que la eosa es perfectamen.te normal.
, Quiz:i se no-s objete que, si bien en el blanco se produce elaibora ciGn de la imago del sen1ejante, un fen&neno no n1enos aniilogo deberia tener _ lugar en el ,a,nti,llano, 'PUes la peroopci6n visual es el caiiamaz.o de esta .e.laboraci6n. Pero esto vendri-a. a suponer <le hecho un -olvido de que en las Antillas la recepci6n se situ.a sien1pre en el ,piano de lo in1aginario. Insisto: en las Antillas se percibe el sen1ejante en terminos de blancos. Se dirA, por ejemplo, de una persona que es "n1uy negro '; es perfecta mente normal oir decir a la m-adre de f amilia : "X ... ,es el m·is negro die mis hijos". Es decir, el .menos ibJanco·. . . N'o o<lemos ,por monos qu.e rapietir la ref lexi6n de un compafiero eurapeo .a quien hahl!lbamos de este fen6-meno; en el piano hu1nano esto es una verdadera mixtif icaci6n. Lo repito una yez m:is:, todo antilla.no esta llaimado -a se·r ¢rcibido por su con-g€nere con referer:.ci,a a la esen-cia del ,blanco. En las Antill.as circula ex;actamente el miBmo mito que .en l"i'ra.ncia; en Par:is se <lice: es negro, p,ero muy inteli-gen.te; en t1arli-nica este .pensamient-o se expresa de la siguiente manera. Durante a guerra iban a Martinica profesores de Gua dalu;p.e 1yara dirigir los exiimenes de bachillerato; Hevados. por la curio sidad ibamo,s ,lu::.sta el hotel donde so hospedaba M:.. B., catedri3:tico de f ilosofia, que tenia fama <le ser .excesivam.ente negro; como se dice en l\.1artinica, -no sin una cierta ironia, aquel n.egro era 1'bleu''. 0, por ejem p1o, de una dctcrminada :f ainili-a. rnuy bien considerada: 11Son tod-os muy negros, ero est3.n bi-en''. Esta f amilia cuenta, . ef ecti:vamente, con un profesor de piano., anti.go &lumr.o del Conse-rv.ator.io, un .profesor d.e
pasr, }:-OT j\f :::.r t11,ca, proccde-ntes de La Guayana. Dusc6.barnos sus uni-
ciencies na.turales en el instituto f-en1enino
,etc. Del pad.re, que todo·s los
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Jiada ra.cistas perder todo 11u 1entido eritico al ear intsrrogadas en este sentido. Y es que este argumento revulsiona en ellos sentimientos muy turbios {exactamente incestiwsos ), que em pujan al racismo •por una reacci6n de def ensa" {26 ) . Antes de continuar, creemos importante hacer la siguiente ob8ervaci6n : en el supuesto de que !ui.ya realmente tendencias inconscientes al incesto, l por que raz6n habrian de manifestarse estas mas especialmente cuando se trata de! negro·? l En que se dif erencia, en terminos absolutos, un yerno negro de uno blanco? l N O hay en ambos casos un afloramiento de tendencias inconscientes?
l Por que no pensar, por ejemplo, que el padre se rebela por que, segun el, el negro introducira a su hija en un universo sexual de! que el no posee la llave, las armas y los atributos? Toda adquisici6n intelectual reclama una perdida de! po tencial sexual. El blanco civilizado conserva la nostalgia de epocas orgiasticas, de violaciones no sancionadas o incestos no reprimidos. Proyectando sus intenciones sobre el negro, el blanco se comporta "c01;io si" el negro las tuviese realmente. Cuando se trata de! judio el problema esta claro : hay descon fianza porque quiere poseer las riquezas o instalarse en los
puestos de dominio y mando. For su parte, . el negro esta fl. jado a lo genital. Dos ambitos : el intelectual y el sexual. El pensador de Rodin en erecci6n, una imagen chocante sin duda. No se puede decentemente "hacer el duro" por d.oquier. El negro representa el peligro biol6gico. El judio el peligro in telectual.
Tener fobia al negro es tener miedo de lo biol6gico. Per que el negro no es mas que pura ·biologia. Los negros son unas bestias. Viven desnudos. Solo Dios sabe . . . 0. Mannoni escribe : "Esta necesidad de. descubrir en los monos antropoides, en Caliban o en los negros, y hasta en los judios, la figura mito-
dia.s pa:sea,ba ipol' el balc6n ail ·ca-eT la tarde, re d,eic·l.a que llega1)a tln mo rr..-ento en qure ya no se le veiia . . . Se contaba de otra iamilia residente en el ca,mpo qu,e, a.I llegar la noche y cuando haia col"UES dz. fluido e1ec trico, los nifios tenian que relr para sefializar u 1)1"'"-'&encia.. Los lunes algunos funcionarios. maDtiniqueses, muy l:imrpic;.s con sus traji.s d,e tela bla.n·ca, iparecen isegUn -el simbolismo lot'.:i.l "una ciruela en un Ul.z:6.n de t-eche''.
'26 0. Mannoni, op. cit:, plig. 109.
l6gica de los satiros, remite al alma humana a unas pro/1.1:niLi dad es ('') en las cuales el pensamiento se mueve muy confu samente y donde la excitaci6n sexual aparece asombrosamente vinculada a la agresividad y a la violencia, resortes ambos de una gran potencia" {28 ). El autor integra al judio en la gama. No vemos inconveniente en e!lo Pero esta claro que el negro es senor en dicha gama. EI negro es el especialista de la cues ti6n : quien dice violaci6n dice negro.
Durante tres o cuatro afios hemos venido interrogando a unos qurnientos individuos de raza blanca : franceses, ale manes, ing!eses e italianos. Nos aprovechabamos de un cierto tono de confidencia, de un dejarse ir, en cualquier caso nues tra intenci6n era la de que los interlocutores no temiesen abrirse a nosotros, es decir, se persuadiesen de que no nos ofendian. 0 bien, en intercambios libres, insertamos la palabra negro entre veinte diferentes. Casi seis decimos de las res_pues tas eran coma sigue :
Negro = biol6gico, sexo, fuerte, potente, boxeador, Joe Louis, Jess Owen, tiradores senegaleses, salvaje, animal, diablo, pecado.
La expresi6n tiradores senegaJese:, evoca las palabras te rrible, sanguinario, fuertote.
Es interesante constatar que a Ia palabra negro mas de! cincuenta por ciento contestaron : nazi, S. S.; habida cuenta de! bien conocido valor afe.ctivo de la imagen de! S S., se ve que la diferencia con las re.spuestas anteriores es minima. Di gamos tambien que algunos europeos nos ayudaron planteando ellos mismos ciertas preguntas a sus compafieros: la proporci6n aument6 sensiblemente. Hay que ver en este fen6meno una conse:uencia de "mi" calidad de negro cuando preguntaba ; in consc1entemente, Jos entrevistados en este senido se retenian.
· El negro simbo!iza lo biol6gico. En primer lugar, la pu bertad de los negros que sigue viviendo en su propio medio
77 Cuando exa-n1inem.os la:s respuestas obtenidas gracia.s al soiiar des
-pierto v.eremos que estas f i:guras mitol6gicas, "arquetipos", son realmen W muy profund.a..s en el alma humarm. Siem.pre que el i.ndi-viduo "baja", se topa con el Mgro, concreta o simbOiicam,ente.
28 0. Mannoni, op. cit., iP:ig. 10,9.
.136 l37
ambiente comienza a las seis aiios ; tienen hijos a las diez. Son calientes, tienen la sangre fuerte ; son robustos. Como nos de cfa un blanco hace poco, con un dejo de amargura en la voz: "Ustedes son temperamentos f uertes". "Es una raza esplendi da, mire usted las senegaleses . . . l N o se ks llam6 durante la guerra "diablos negros"? Pero deben ser brutales. . . No me las imagino tocando mis horn.bros con sus grandes manos. Me echo a temblar de horror. A sabiendas de que en algunos ca sos conviene Jeer al reves de lo que dicen las palabras, com prendemos a esta mujer tan cfelicada : en el fondo, le parece muy bien que el neg-ro le martirice sus delica dos hombres. Cuando se pronuncia la expresi6n (citamos a Sartre) "joven judia", se percibe un tuf illo imaginario de violaci6n, pillaje . . . Y al reves, podriamos decir que en Ia expresi6n "esnlendido negro" hay una "posible" alusi6n a f en6menos semejantes a las que se rcfiere Sartre. Siempre me ha dejado un tanto per" p!ejo Ia rapidez con que se pasa de!"hermoso muchacho ne
gro" a "potrillo", "semental". En el film Le d euil sied a Electre
una buena parte de la intriga se basa. en la rivalidad sexual. Orin reprocha a su herrnana Vinnia el haber admirado a Jos esplendido3 indigenas desnudos de la isla Amor. No se Io per dona "'·
El analisis de Jo real es un empefio delicado. Un investiga dor puede adoptar dos actitudes en relaci6n con su objeto. 0 bien se contenta con describirlo, a la manera de Jos anatomis tas que se quedan mudos de asombro cuando se Jes pregunta,
29 Sefialemos, no obstante, que Ii:.. situ.clOn es ·ambigua. Orin tiena celos tambien dael prometido de su hermana. D-esde el ipunto de -vista psicoanalitico la acci6n se presenta as}: Trin es un abf,ndonista fijado a la madre e incapaz de realizar una -verdadera invers;On objetal de su libido. vease, por ejemiplo, su coJ!l po_rtaimiento -para ccn su ,nr.etendida prometida. Vinnia, fijada -por su '.parte al padre, .der.-Iuest.1 a a- Orin quo su madre le traiciona. F'ero cuidado con equivocarse. Vtnnia acttla en tan.to que instancia aCU5atoria (-proeeso introyecci<i·nal). Ante la evi dencia de l,a traici6n. Orin mata a.l riv.al. La ·ma..dre, Al' accionari(t!J n-ente, se suicida. La libido de Orin, que precisa ::er inverrtida de la 1nisma ma nera, se desvia hacia Vinnia. En su com-portami-e11to y ha.sta en su apa recer. Vinnia, en efecto, substituye a l,a -madre. De suerte qu'e -y en es.to reside una· de las m.ejores realiz.acione-s del film- Orin vive un Edipo incestuoso. Se comprende tan1J:iien .que Orin conmueva al viento
en plena descripci6n de una tibia, por el numero de depresio nes anteperonales que poseen. Y es que en su investigaci6n, nunca se trata de ellos, sino de las otros ; al principio de nues tros estudios de medicina, al cabo de algunas sesiones nausea bundas de disecci6n, pedimos a un veterano que nos indicase el medio de evitar dichos trastornos. Nos resnondi6 sencilla mente : "Hombre, haz coma si disecases un gato y todo irii sabre ruedas . . .". 0 bien, despues de haber descrito Jo real, se propane entonces cambiarlo. En principio por otra parte, la intenc)6n de describir parece implicar un 'anhelo critico y, par lo m1&mo, una exigencia de superaci6n hacia alguna solu ci6n. La literatura oficial o anecd6tica ha creado demasiadas h!storia d_e negros para que .podarnos pasarlas par alto. Pero s1 nos hm1tamos a reunirlas no avanzarernos en nuestra ta rea, que es la de mostrar su mecanismo. A nuest:ro juicio, Io esencial no s acumular hechos o comportamientos, sino · ex traer su senbdo. A este respecto podriamos remitirnos a Jas pers cuando escribe : "La comprensi6n profunda de un solo caso nos permite muchas veces, fenomenol6o-icamente una apli caci6n general a innumerables casos. Ocu;e a mendo que Jo captado una vez se ·descubre de nuevo en seguid a. Lo que importa en fenomenologia no es tanto el estudio de multit ud de casos coma la comprensi6n intuitiva y profunda de algunos casos particulares" 30 La pregunta que se plantea entonces es la siguiente: l Puede comportarse el b!anco sanamente con el negro ? l Puede el negTo comportarse sanamente con el blanco ? Esto es una pseudo pregunta y un pseudo problema, diran algunos. P1;ro cuando nosotros decimos que la cultura europea posee una imago de! negro responsable de todos las conflictos que nacer puedan, no rebasamos Jo real. En el capitulo sabre el lenguaje indicamos que en la pantalla los negros reprod u cian fielmente esta imago. Incluso hay escritores serios que se hacen eco de esta imago. Michel Cournot escribe : "La es-
con sus la:mentaciones y reproches al anunciar:oo el matrimonio ,d:e su hermana. .Ptero. en la lucha con el .prometido Orin ex.perimenta sirnul-ta n?ame!1te senti.minto y af-e.ctividaii; en e,l oaso d.el negro., de los, esiplen d1dos 1ndigenas, .el conflieto ..BS sitU.a en ,el 'Plano gen.ital, biolOgico.
-o Karl Jas,pers, Psychopathol-O gie ginBrale, pag. 40.
13!:l i39
pada de! negro es una espada. Cuando ha pa3ado a tu mujer por su filo ella ha sentido algo. Es nna revelaci6n.
"Para ponerse a sus anchas sin complicaciones Jes queda el aire libre. Pero una dnra afre1ita Jes aceclm: la de la palme ra, la de! iirbol de pan y de tantos fieros temperamentos que no se achicarian por un imperio, erectos como estiin por toda la eternidad y a unas altnras a pesar de todo dificilmente accesi bles" 31
Cando se leen estos parrafos diez veces y uno se deja ir, es decir, cuando nno se abandona al movimiento de las imiige nes, ya no se percibe el negro, sino un miembro : el negro queda eclipsado. 1Se ha hecho miembro. Es pene. Podemos imaginar facilente lo que semejantes descripciones pneden provocar en una Joven lyonesa. i, Horror ? i, Deseo ? En todo ca.so no indife rencia. Ahora bien : i, cual es la verdad ? La longitnd media de! pene entre los negros de Africa, dice el Dr. Pales, rebasa muy contadas veces los ciento veinte milimetros. Testut, en Trai te d' anatomie humaine, indica ·las mismas proporciones entre los europeos. Pero se trata de hechos que no convencen· a na die.. El blanco estii co_nvencido de que el negro es una bestia ; y s1 no es por la Jong1tud de su pene, sera por el vigor sexmal que le d sazona. Ante este "diferente de el" necesita defender se. Es decir, caracterizar al Otro. El Otro sera entonces el so porte .de sus preocu paciones y deseos '"·La prostituta a que nos
= Martinique, Collection Metam-0I?hoses, GaUi111ard, :inigs. 13-14.
ref eriamos ' antes, nos decia que w biisqueda de Joa negroz da taba de!dia en qne le contaron la signiente historia : nna mu jer perdi6 la raz6n la noche en que se acost6 con un negro ; loca durante dos aiios, pero, nna vez curada, se neg6 a dormir con otro hombre. La· prostitnta no sabia que fue lo que volvi6 loca a esa mnjer, pero intentaba rabiosamente reproducir la situacion, descubrir aquel secreto qne participaba de Jo inefa b]e. Hemos de comprender que dicha mujer queria una ruptu ra, una disolnci6n de sn ser en el piano sexual. Todas las ex P=riencias con negros consolidaban sus limites. El delirio or gasmico se le escapaba. No podia vivirlo, de modo que se ven gaba lanziindose a la especulaci6n.
A este respecto merece la pena mencionar un hecho : una blanca que se ha. acostado con un negro acepta dif ici!mente un amante blanco. Por lo menos, esta es una creencia que hemos
podido constatar sobre todo en los hombres: "z Quien sabe lo
qne ellos Jes dan ?". En efecto, z quien lo sabe? Evidentemente, ellos no. No podemos silenciar esta observaci6n de Etiemble : "Los celos raciales incitan a los crimenes de! racismo ; para muchos hombres blancos el negro es precisamente esa mara villosa espada que, de atravesar a sns mujeres, las transfigu raria para siempre. Mis Servicios de estadistica no me han proporcionado documentos a este respecto. No obstante, he co nocido algunos negros. He recibido las suficientes conf idencias para considerar lamentable qne Cournot vigorice con su ta lento una fii.bula que el blanco utilizarii sin duda como argu-
. . . Algun_os a_utores_ -ha ntentado -y al haoerlo aceytan los pre.. Jwc1os (en el sentido_ et1molog-1co) - demostrar el porqu0 el .blanco com prende tan !ln-:U la V'l.da sexual d!el negro. A.si, [P-odemos leer en De Pe
drals un J)asaJe qua, aun expresando ciie:ritam-ente la verdad, deja sin em bargo de lad las causas profundas de Ia "opini6n" blanca : "El nifio ne
o. no ex.penmienta soripresa ni vergiienza 1ante las ma.nifestacioiles ge· noo1ca.s, pues v,e en ellas io que }"'"a sabe de antemano. Es -bastante evi d:nte, si_n n:-OCesid de _recurrir a las su:til'ezas del i)Si006.nalisis qu:e esta diierencra t1en1e 1ncuest1ona.:bles repercur.nonies e.".'l la '1!.':'2.nera cl-e pens-2.r y por tanto, de actua.r. Como el aeto ,sexuail. se lo ,pr.esentan cc-mo la cosa mas natural, la. mis nec0t-n.endable incluso, habida cuenta del fin qu-e con 01 se persigue (I,a f,ecundaci6n) , el af r'licano tendr8. present.e toda su vida esta noci6-n, mientras que -el eurQ?€o conservarii, tarnrb-ien dura:utle. toda eJ@eri"encia hariin desap:ar;ecer i)Or C.Ci!In:plclo. Aisi, el africailo es.ta p·ie dispu-esto ,a C'ons.id.erar su 'Vida sexual como un simple aspecto dee su vida psicol6ic-a, c.0010 comer, el 1beber, el dormir. . . Una conoopci6n
de esOO tio excluye por comipeto, es f3.eil verlo, las tortuosidades en que se han enfra.ngado los espjrjtus europeos .para con-ciliar Las tend,encias de su vida, un inconsciente COmplejo de cuptahilidia.d qu,e ni l,a raz6n ni la un,a. ccmciiencia ,to,rlura<la, una raz6n vacilante y un instinto rimido y entorpecido. De donde se dreri:via una dife:rencia fundar.nenta,1, n-0 de na tura=leza o de con.s.tituci6n, sino de conceyciOn; -die ahi ta-mbien cl hecho de qu:e el :instinto genesico-, riv-ado de la a.u1oeol,a. con que lo rod,ean los monume:ntos de nuestre. literatura, no seai en l1a vida. dal africano., en a:bsoluto, -el elem-ento do.mir:.ante, y si en la nuestra, lo cun1 es :precisa m·ente lo contrario de las afirmacion-es de muchos, dema,siados observa dores dispuestos a. ezplicar lo que ha.n visto recu..rriendo ezclusivamente al antilisis de si mismos (a)". (La. vie aexuelle en Afrique, noire, piginas.
28-29).
11.) El •ubrayado .. nuestro.
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mento especioso : inconfesable, turbio, o sea, dos veces. efi
caz" 00•
Tarea colosal acometer el inventario de lo real. Amasa mos hechos, _I comentmos, pero par cada linea escrita, par cada ·propos 1c10n enunciada, experimentamos una impresion de falta de p!enitud. Denunciando a Jean-Paul Sartre Gabriel d'Arbousier escribe: "Esta antologfa que equipara atillanos, senegaleses, guayaneses y malgaches crea una lamentable con
.fusion. Plantea e] problema cultural de las pafses de ultra mar hasiendo abstraccion de la realidad historica y social de cada pa1 , de las caracterfsticas nacionales y condiciones di ferens mpue.sts a cada uno de ellos par la explotacion y Ia opres10n 1mperiahstas. Cuando Sartre escribe : "El negro afir ma, par el ·simple ahondamiento en su memoria de antiguo es clavo, que el dolor es una heredad .particular de las hombres de dos las hombres, y que este dolor no es menos inmerecid e n! un caso particular", ;, se da cuenta de lo que esto puede
s1gmficar para un hova, un moro, un peulh o un bantu de Con go o de Costa de Marfil?" 34.
. Es3: objeci6n es viilida. Tambien nos afecta. Al princi p10, qms1mos acantonarnos en las Antillas. Pero la dialectica a toda costa, recupera sus derechos ·tuvimos que reconocer ver' que el antilano es, ante todo, un egro. Sin embargo, n po dria_mos olv1dar que hay negros de nacionalidad belga, france sa, mglesa ; hay tambien republicas negras. ;, Como pretender captar una esencia cuando hechos semejantes se nos ofrecen tan exigens? La verdad es que la raza negra esta dispersa, no posee umdad. Cuando se prod ujo la invasion de Etiopia par las fuerzas de! Duce las hombres de color amagaron un movi miento de solidaridad. Ahora ·bien, el hecho de que America
envfase uno ·o dos aviaries a los agredidos no debe ocultar este · oro : ningun negro dijo esta boca es mia priicticamente y efec tivamente. El negro posee una patria, forma parte de la Union Francesa o de la Commonwealth, o de cualquiera otra Union.
1
ru ' Sur •le Martinique de .Michel Cournot", Ternps 11-fodernes, fe
brero 1950.
64 ariel d'AI'lbouis.iler, uun-e dangeureus-e mystification: la theorie de la negritude'', La N ou.ve lle Critique, junio 1949.
Toda descripcion ha de situarse en el piano de!f en6meno, pero en nuestro caso somos remitidos a perspectivas infinitas. Hay una ambigiiedad en la situaci6n universal de] negro, ambigiie dad que, no obstante, se resuelve en su existencia concreta. Par esta via se vincula en cierto modo con el judio. Contra . las obs tiiculos alegados lfneas arriba nosotros nos remitiremos a una evidencia: vaya dond e vaya, un negro es un negro.
En algunos paises los.negros han asimilado su cultura. Co mo dejiibamos supciner hace un momenta, nunca se concederii demasiada importancia a la manera coma entran en contacto las nifios blancos con la realidad del negro. En America, par ejem plo, el joven blanco, aunqu no viva en el Sur -donde tiene ocasiones de ver negros en concreto-, tambien las conoce a traves de! mito de!tio Remus. En Francia podriamos evocar La Case de l' Oncle T om. El chiquillo de Miss Sally y Mars John escucha con una mezc!a de temor y admiraci6n las historias- de Brer Rabitt. Bernard Wolfe considera esta ambivalencia percep tible en el blanco la dominante de la psicologia blanca ameri cana. Apoyiindose en la biograf ia de Joel Chandler, Harris Uega incluso a sefialar que la admiraci6n corresponde a una cierta identificacion del blanco con el negro. Ya sabemos de que se trata en estas historias. Hermano Lapin entra en liza con casi todos ]os otros animales de la creaci6n y, naturalmen te siempre resulta vencedor. Estas historias pertenecen a la trdici6n de las negros de las plantaciones. No es dificil iden tificar al negro bajo ese disfraz extraordinariamente ir6nico y receloso de!conejo (lapin ). Para defenderse de su propio ma soquismo inconsciente --que les pide se extasfen ante las proe zas de!conejo (negro)-, los blancos han intentado quitar a estas historias su potencial agresivo. De esta manera han po
dido declrse a si mismos Que "el negro hace actnar a los ani
males en un ord en infei· ior de inteligencia, el que es capaz de comprend er el pro pio negro. El negro se siente naturalmente en contacto mas direoto con los "anima!es inferiores" que con el hornbre blanco, el cual es superior a el en todos los sentidos, Otros han dicho, ni mas ni menos, que estas historias no eran reacciones contra la condicion que sufrian las negros en Ame-
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ica, sino 1>ura y simplemente reminisceneias africanGll . Wolfe nos da la clave de estas interpretaciones: "Es totalmente evi dente, dice, que Hermano Lapin es un animal l)orque el negro tiene qu2 ser un animal ; el conejo es un extrafio porque el ne gro tiene que ser considerado extrafio hasta en los cromosomas. Desde los primeros tiempos de la esclavitud su cull)abilidad de mocratica y cristiana, en tanto que propietario de esclavos lliwaba al Sudista a definir al negro como una bestia, un afri cano inalterable cuyo caracter estaba inscrito, f ijado, en su protoplasm.a por genes "africanos". Si al negro se le asignaba, como lug.ar propio, el limbo, no era porque asi lo quisiese Ame rica, sin9 PW<1ue habia heredado la fof erioridad constitutiva de sus antenasad()s de la jung]a" . Asi, el Sudista se negaba a ver en estas hitorias la agresividad que en ellas ponia el n°."ro. Pero, dice Wolfe, Harris el compilador era un psic6pata : "Era parHcuiarmente apto p_ara este trabaj o, porque estaba carvado hasta reventar de obsesiones. raciales patol6gicas de rivadas de las que roian el Sur y, en menor grado, toda la Ame rica blanca . . . En verdad, tanto para. Harris como para mu cho otros a:mericanos blancos, el negro parecia en todos los sen:,idos un ne.wtivo de su propio yo ansioso : despreocupado, sociable, elocuente, muscularmente templado, jamiis victima del aburri!Y'iento, ni pasivo, exhibicionista, sin vergiienza sin cnnmfseraci6n para ccns:iv,o rnismo en su situaci6n de sufrirn.fento intenso, exuberante . . .". Pero Harris tuvo siempre la impre siiln de ser a1Ruien disminuido. Wolfe ve igualmente en el a un frustrado. 3unque no segun el esquema clasico. La imposibili dad de existir segun el modo "natural" de] negro reside en su misma esenda. No se t.rata de una prohibici6n, sino de un imuosible. No se le prohibe esa forma natural ; es simplemente
irrealiza)Jle pam el. Y, precisamente porque el blanco se siente
frustrad0 por e! negro, intentarii en revancha frustrarlo, en c0rrsnd0!es rn prohibiciones de todas clases. Una vez mas, el bl.anco es victima de su inconsciente. Sigamos escuchando a Wolfe: "Las historias de Remus son un monumento a la ambi valencia del Sur . . . Harris, arquetipo del sudista, buscaba el amor de!negro y pretendia haberlo obtenido (el grin de Re-
..,,.,-
mus) 05• Pero; al mismo tiempo, buscaba el odio al negro (Her mano Lapin), convirtiendolo en un puro entretenimiento, en una orgfa inconsciente de masoquismo . . ., castigandose, qui za, por no ser el negro, la esterotipia de] negro. el "donador" pr6digo. L No podria ocurrir que el Sur blanco, y quizii la ma yor parte de la America blanca, actue muchas veces de esta manera en sus relaciones con el negro ?".
Hay una busqueda de] negro, se reclama al negro, no se puede(n) pasar sin el negro, se le exig:i, pero se le quiere sa zonado de una cierta manera. Desgraciadamente, el negro des monta el sistema y viola los tratados. l Se rebe!a el blanco en tonces ? No, se acomoda. Este hecho, dice Wolfe, explica el porque son best sellers tantas obras que tratan de cuestiones raciales 35. "Evidentemente, nadie esta obligad o a consumir historias de negros que hacen el amor a las b!ancas ( Deep are the roots, Strange fru.it, Onele Remus), de blancos que descu bren ser negros ( King sblood royal, Lost bound ary, Oncle Re mus) , de blancos estrangulados por negros ( Native son; If the hollers, let hi1n go ; Oncle Remus ) ... Podemos empaquetar y exponer en gran escala el grin de] negro en nuestra cultura popular como un manto encubridor de ese masoq uismo : la ca ricia azucara el ataque. Y, como lo indica el one!e Remus, el juego de razas es en este caso, en gran parte, inconsciente. El blanco deja de ser consciente .de su masoquismo cuando se regocija con el sutil contenido del grin estereotipado; lo mis mo le ocurre .al negro con su sadismo cuando convierte la es tereotipia en garrote cultural. 0 quizii menos" '17.
En·America, bien lo vemos, el negro crea historias donde le es posible ejercer su agresividad ; el inconsciente de] blanco justifica y valoriza esta agre3ividad desviiindola hacia el, re-
1;:5 El personaje Tio Remus. oo una c1·.e:aci6n do H,arris. La pt"esen taci6n de este vi,ejo esclavo dulzC-n y melanc61ico, con su eterno grin, es una de las im.igenes del negro americano mas tipicas.
rn Veanse tambi€-n los nurnerosos films negroo d0 la llltn1a decad.a.
No obs-tan"ba los ipro<luctor.es son t-odos Olancos,
ar Bernard Wolf,e, 'L'oncle Remus et son lapin". Te1nps M odern.es,
mun. 43, mayo 1949.
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produciendo de esta rnanera el esquema clasico de! rnasoquis mo LSll.
Ya estamos en condiciones de poner un jal6n. Para la ma yoria de los blancos el negro representa el iustinto sexual (no educado). El negro encarna la potencia genital por encima de toda moral y prohibici6n. Por una autentica inducci6n, las blancas sittian normalmente al negro en la puerta impalpable que va a dar al reino de !os ,,sabbats, de las Bacanales, de. las sensaciones sexuales alucinantes. . . Remos puesto de reheve que lo real encierra todas estas creencias. Pero todo esto se instala sabre el piano de lo imaginario, o bien, si se prefiere, en el de lo paral6gico. El blanco que atribuye al negro una influencia rnalefica regresa desde el punto de vista intelectual, puesto que ya dijimos que correspondia a una edad mental de ocho aiios (ilustrados . . .) . i No se produce simultanearnente regresi6n o fijaci6n en unas determinadas fases pregenitales de la evoluci6n sexual ? l Auto-castraci6n ? (El negro es capta do con un miembro espantoso). iAcaso una pasividad que se explicaria por el reconocimiento de la superioridad de] negro en terminos de virilidad sexual ? Ya se ve la gran cantidad de preguntas que seria interesante hacer. Hay hombres, por ejemplo, que van a ciertas "casas" para hacerse azotar por ne gros; homoxuales pasivos que necesitan socios negros.
Otra soluci6n podria ser la siguierite : en primer Jugar, hay una agresividad sadica hacia el negro, a continuaci6n com p!E,jo de culpabilidad a causa de la sanci6n que hace recaer so ore este comportamiento Ia cultura democratica de! pais consi derado. El negro soportaria entonces esta agresividad, de ahi el rnasoq uismo. Pero, se nos dira, su esquema es falso, no hay en todo esto ninguno de los elernentos de! masoquisrno c!asico.
00 Es corriente oir en America 1 cuando se roclama la em-ancipa c1on de los n-e!?'Tos : ,es.tan .esperando ,esa ocasi6n l)ara 1anzarse sobre nuestras .mujer. Como el hlanco oo co.mporta die un,a manera insu1tante con el . negro, se da cuoenta do que Cl, de estar en el Lugar .del ,negro, no tendria ninguna piedad par.a con sus opresores. Tarnpoco es nada sor prendiente ver a blancos identific3.ndose con el negro: orquestas hot blan cos cantantes de b lues, espiritu..ales escritore:s blancos produciendo nove las.1 en las que el heroe negTO formula sus dolencias, blaneos ernbadur n:indose de '11Jegro.
Puede ser, en ef ecto, que e ta situaci6n no sea clasica. De to das formas es la unica manera de ex.plicar el comportamiento masoquista del blanco.
Desde un punto de vista heuristico, s.in presunci6n alguna respecto de la realidad, nos gustaria proponer una explica ci6n de! fantasma : un negro me viola. Desde los estudios de Helene Deutsch "9 y Marie Bonaparte 4°, que remprendieron y en 'cierto modo llevaron hasta sus ultimas consecuencias las ideas de Freud sabre la sexualidad femenina, sabemos que la mujer, a!ternativamente clitoridiana, clitorido-vaginal, luego vaginal pura --conservando de una manera complicada su li bido (concebida como pasiva), y habiendo superado su doble comp!ejo de Edipo y su agresividad-, llega, al term.ino de su progresi6n biol6gica y psicol6gica, a la asunci6n de su pa pe!, que realiza la integraci6n neur6tica. No obstante, no po driamos silenciar algunos casos fallidos o determinadas fija ciones.
A la fase clitoridiana cortesponde un comp!ejo de Edipo activo, aunqtie segun Marie Bonaparte no haya sucesi6n sino coexistencia de! activo y el pasivo. La desexualizaci6n de la agresividad en la nifia es menos total que en el muchacho 41• El clitoris es concebido comb pene en n1iniatura ; no obstante, re basando lo concreto, la muchacha s6lo retiene la cualidad. Efectivamente, la muchacha aprehende lo real en terminos cualitativos. Y al igual que en el muchacho existiri\n en e!la compulsiones dirigidas hacia la madre ; tambien ella querra destripar a su madre.
Ahora bien, nosotros pregpntamos si, junta a la realiza d6n definitiva de Ia feminidad, no habria tambien persisten cia de este fantasma infantil. "En una mujer, una aversion excesivamente intensa de los brutales juegos de! hombre le vanta la sospecha de una bisexualidad excesiva y de una pro testa "macho". Una mujer de. este tipo tiene posibilidades de
Psycholog y of women.
-40 De la Be xv.alit6 de la femme.
41 Marie Bona,,arte, 'De la sexualite de la fen1me", Revue, franca-ise de Paycha.naiyse, abri-l-junio 1949.
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ser una clitoridiana" 42• Veamos ahora lo que pensamos noso tros sabre el particular. En primer lugar, la niiia ve al padre golpear a un niiio rival (el padre es libidinoso agresivo). En este estadio (cinco a nueve afios) , el padre, convertido en polo Jibidinoso, se niega en ci€rto modo a asumir la agresividad que · el inconsciente de la nifia exige de el. En este momenta, esa agresividad ' liberada, sin soporte, reclama una inversi6n. Como es precisamente a e:Sta etlad cuando el nifio penetra en el folklore y la cultura bajo la forma que todos sabemos, el ne gro pasa a ser el depositario predestinado de esta agresividad. Si nos adentram.os mas en el laberinto, constataremos: cuando Ia mtijer vive el fantasma de la violaci6n por un negro, ta! vi gencia es, de alguna manera, la realizaci6n de un suefio perso nal, de un deseo intimo. Realizando el fen6meno de la vuelta contra si misma, la mujer se viola a si misma de la misma ma nera. Encontramos la prueba cierta de esto en el hecho, nada extrafio, de que la mujer diga a su pareja durante el coito: "Hazme dafio". En rea!idad, expresan esta idea : hazme daiio, coma yo me (lo) haria si estuviese en tu lugar. El fantasma de la vio!aci6n por el negro es una variante de esta representa ci6n : "Deseo que el negro me destripe coma yo haria con una mujer". Admitiendo nuestras conclusiones sabre la psicose xualidad de la mujer blanca, se nos podria preguntar cuales pro ponemos para la mujer de color. No tenemos la menor idea. Lo unico que podemos adelantar es que, para muchas antilla nas, a las que llamaremos yuxta-blancas, el agresor. viene re presentado por el senegales-tipo, o en todo 'caso por un inferior (o considerado coma ta!).
El negro es el genital. l Se acaba aqui la historia ? Des graciadamente, no. El negro es otra cosa. Una vez mas, volve mos al judio. El sexo nos separa, pero tenemos a!go en comun. El y yo representamos el ma!. El negro, mas, por la sencilla y poderosa raz6n de que es negro. l No se dice, en el campo de! simbolismo, la Justicia Blanca, la Verdad · Blanca, la Vir gen Blanca ? Conoci un antillano que, hablando de otra per sona decia : "Su cuerpo es negro, su Iengua es negra, su alma
42 Ibid., pag. 180.
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tambien debe sel' negTa". Esta 16gica la realiza todos los dia . . . el blanco. El negro es el simbolo de] Mal y lo Feo.
Henri Baruk, en su nuevo estudio de psiquiatria "', des cribe lo que llama las psicosis antisemitas.
"En uno de nuestros enfermos, la groseria y obscenidad de! delirio superaban todo lo que la lengua francesa es capaz de contener, y presentaba, ademas, alusiones evitlentemente pederastas « cuya vergiienza intima rechazaba transfiriendola a la cabeza de turco de! jud io, contra los cuales reclamaba una masacre. Otro enfermo, alcanzado de una crisis delirante favo recida por los acontecimientos de 1940, presentaba un brusco delirio de interpretaci6n antisemita tan violento que, halliin dose en·cierta ocasi6n en un hotel, y sospechando que el viajero de la habitaci6n pr6xima era un judio, se precipit6 sabre el por la noche mientras dormia con la intenci6n de matarlo a gol pes . . .
"En otro caso, un enfermo de constituci6n fisica misera ble, con colitis cr6nica, se sentia humillado par su mala salud,
· que atribufa a un envenenamiento producido por un "caldo bacteriano" que le habrian dado segun el los enfermeros de! establecimiento en el que estuvo anteriormente, enfermeros. anticlericales y comunistas, decia, que le castigaron asi por sus opiniones y convicciones cat6licas. Cuando lleg6 a nuestro ser vicio, creyendo haber escapado de un "personal sindicalista'' debi6 pensar que habia caido de Caribdis en Escila, pues se enter6 de que estaba en manos de un judio. Este judio, por de-
.., Masson, 1950, pag. 371.
44 Mencionemos ra:p.idamente que no nos ha sido dado comp1'0ba.r Ia presencia manifiesta de ;pe.de:::-astia en J\.1artinica. En ello hey que ver una. consecuencia de 1a ausencia de Edipo en las Antillas. Ya conooe m-<?8 tod_os el esquema del hon1osexualismo. Recorden1os, sin ernbargo, Ia eX.1stenc1a de lo que en nuestr. tierra S'C llarrnan uhombres vestidos de se.fioras". o umi con1.adr.e". Por lo p;eneral U.eva!l una chaf'U3tilla v una falda. Pero estamos convencidos d,e que llevan una vi<la Se>... al nrmal. Behen el ponche como el mej<)r bu.en mozo y no son in-sensibles a los en eantos de las mujeres (son comerciantes de pescado, legumbres, etc.). En camhio, he eonooido en Eure.pa algunos co-mpafieros- que sia hicieron ipederastas, aunque pasivos. No. oe trataba en a-bsoluto de tm homosex:ua lismo neur6tico, sino de un simple expedi0nte, como lo es para otros el convertirse en rufiaD..
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finici6n, no podfa ser otra cosa que un bandido, un monstruo, un hombre capaz de todos los crlmenes".
Ante semejante marea de agresividad, ese judio habra
de tomar posici6n. Aqul esta toda la ambigiiedad que describe Sartre. Algunas paginas de Refle xiones sobre la cuesti6n jud f.a son de las mas hermosas que hayamos leldo nunca. Las mas hermosas porque el problema que manifiestan nos afecta en las entraiias 45•
El judlo, autentico o inautentico, cae bajo . el golpe de! "'cerdo". La situaci6n es ta! que todo lo que hace esta llamado
a volverse contra el. Porque, naturalmente, el judio se escoge, y hasta llega a veces a olvidar su calidad de judio, a ocu)tarla o a ocultarse de ella. En este caso admite como valido el siste ma de! ario. Hay el Bien y el Mal. El Mal es judio. Todo lo que es judfo es feo. No seamos, no, dejemos de ser judios. Ya no soy judfo. Abajo Jos judfos. Llegado el caso, son los mas agresivos. Como ese enfermo de de Baruk con mania persecuto ria, quien, viend<ile un dia con la estrella amarilla, le mir6 de
arriba abajo exclamando con desprecio : "iPues yo, seiior, yo .
4l5 Nos refer:in1os ,princi.paJm,en-te a estos parrafos: 'A,sJ. es, pues,
,e.s.te homb11e, a-corralado, cond-einado a ele,girs'e sabre la base de- falsos
·problemas y en una situaci6n falsa, privado del sentido m:etafisico por 1a amenazadora bostilidad de la Socieda.d que le rodea, reducido a un ra-cionalism-o alimentado '.POr la desesperaci6n. Su vida es simplemente
·unia larga huida ante l·os· otros y .ante si mismo, se le ha. alienado hasta.
·su propio cu-erpo. sie h:a cortado ien ,d-os su vi,da afectiva, Ndueiendolo a
·un sim.·ple prosegufr en un mundo que le rechaza el suefi.o inposible d<e una fraternidad universal. i .De quien es Ia culpa?· Son nuestros ·ojos los que le devu-elve-n la im.agen inaceprtahle que pr.e'bende d!simularse a si rnis,mo. Son nuestros .palabras y nuestros gestos -toda.s nuestras pa.la. bras y todos nuestros gestos, nuestro a.ntis0mitismo, y -tambien nuestro liber-alismo condesoondiente - lo qu.e le iha envenenado ha la medula: somos nosotros quienes l,e oblig-amos a escogerse judio, bien se huua, o bien ge reivindique, somoo nosotros loo· qne le hiem-os reducido al di1ema. de la inautenticidad o de la autenti-c1dad . . . Esta esipecie de hombres, testimonio del hombre m:is que ninguno otro. llor haber nacido de reac
ciones secundarias e.n el interior de la huirrranidad, e.sta quintaesencia de
homlbre desgraeiado, diesenraizado, origin-almen;f:ie abocado a la inauten ticidad o al martirio. :t,..Jo hav un.o Bolo de entre nosotros que no \Sea en estas cir.cunstancias, totaimente culpable y hasta criminal; la sangre judia que los nazis derramaron r-ecae sobre todas nuestas cabezas'' (pags. 177-178) .
150
soy frances !". 0 ·esta paciente: "En tratamiento en el servicio de nuestro colega el Dr. Daday, hallandose en un pabel16n en el que una de sus correligionarias habfa sido objeto de burlas y reflexiones derngradables por parte de otras enf ermas, una enferma no j udf a sali6 en su defensa. La primera enferma trat6 entonces a la que sali6 en def ensa de los judfos con des precio prof iriendo contra ella toda clase de columnias antise mitas y pidiendo que la separaran de la citada judia" •s.
Un excelente ejemplo de fen6meno reaccional. El judio, para reaecionar contra el antisemitismo, se hace antisemita. Esto es lo que seiiala Sartre en Le Sursis, donde Birnenschatz llega a vivir su reniego con ta! intensidad oue acaba bordean do el de!irio. Ya veremos por que esta palabra no es demasiado fuerte. Los americanos que van a Paris se asombran de ver a tantas blancas con negros. En Nueva York una vieja <lama llam6 al orden a Simone de Beauvoir, que paseaba con Richard Wright. Sartre decf a : aqul es el judlo, allf el negro ; lo que necesitan es una cabeza de turco. Baruk dice lo mismo: "La li beraci6n de los complejos de odio no se conseguira si la huma nidad no se decide a renunciar al complejo de cabeza de turco''. La Falta, la Culpabilidad, el rechazo de esta culpabi!idad,
la paranoia, nos encont'ramos en terrenos de!homosexual. En resumen, lo que otros han descrito _ con relaci6n a los judlos se aplica perf ectamente al negro 47•
Bien,Mal, Bello-Feo, Blanco-Negro : estas son las parejas caracterlsticas de! fen6meno que, remedando a Dide y Gui raud, llamaremos "maniqueismo delirante" 48•
Ver solo un tipo de negro, asimilar el antisernitismo a l a negrofobia, tales parecen ser los errores de analisis cometidos
46 Baruk, op. cit ., p3.gs. 372-373.
47 A este respecto Marie Bonaparte escribe : "Los antisemitas pro yiectan sohre el judfo, - atribuye-n cl judio, totlos sus malos .instintos mas o m,enos inconscientes.. .. De esta manera los ca.rigan sobre sus esipaldas, lavA.ndose lim,p.iamente las n1anos y a.pareci.-endo finalmente a sus propios ojos y consideraci6n radia:c.-tes d-e :purnza. El judio se presta a maravilla a ser una proyecciO!Il del Di-ablo . .. Los negros en America asumen igual mente esta misma funci6n de fijaoi6n . . ." (Mythes de guerre, pag. 145,
num. 1).
48 Psychiatrie du, m€decin pratic·ien, Masson, 19°22, p3.,g. 104.
151.
en los anteriores desarrollos. Cierta persona con la que habl:!i bamos de nuestro trabajo nos pregunt6 que esperabamos del mismo. Desde el decisivo estudio de Sartre, g Que es literatura? ( Si.tuaciories II) , la literatura se empefia cada vez mas en su tarea fmica y verdaderamente actual, que consiste en conse guir que la colectividad pase a la reflexion y a la meditaci-0n : este trabajo quisiera ser un espejo de infraestructura progre siva en el que podria descubrirse el negro ·en vias de desalie naci6n.
Cuando ya no hay ni siquiera el "minimo humano" tam
.poco hay ya cultura. Poco me importa saber que el "Muntu es
· Fuerza'' entre los bantus 49, aunque esto podria haberme inte resado de no ser por determinados detalles que me fastidian. Las meditaciones sobre la ontologia bantu significan . . . cuan do se leen cosas como: "Durante la huelga de setenta y cinco mil mineros negros en 1946 la policia de!Estado oblig6 a los huelguistas a culatazos y bayonetazos a remprender el trabajo. Hubo veinticinco muertos y varios miles de heridos.
"Smuts era por entonces jefe de! gobierno y delegado en
I la Conferencia de la Paz. En las granjas blancas los trabaja
dores viven casi como siervos. Pueden llevar sus familias, pero ningun hombre puede salir de la granja sin autorizaci6n de!
i sefior. Si lo hace, se advierte a la policia, y es reducido a la fuerza y azotado . .·.
"En virtud de! Acta sobre Administraei6n indigena, el gobernador general, en su calidad de jefe supremo, tine pode
! . res autocraticos sobre los africanos. Puede, por un simple de creto suyo, detener a cualquier africano considerado pelig_ros,o
para la tranquilidad publica, prohibir en cualquier sector md1- gena reuniones de mas de diez personas. No hay habeas corpus para los africanos. En cualquier momento pueden produc1rse detenciones en masa y sin orden judicial.
"Las poblaciones no bla ncas de Africa de! Sur estan en un callej6n sin salida. Todas las formas modernas de la escla vitud Jes impiden escapar a esta calamidad. La sociedad blan ca ha roto el antiguo mundo de!africano sin darle ninguno de
R. P. Too,pels, La phiwso phie bantou.e.
recambio, ha destruido las bases tribales tradicionales de su existencia e impide ahora el camino de!porvenir tras haber cerrado la ruta de! pasado . . .
"El apartheid pretende prohibirles (al negro) participar en la historia moderna en tanta que fuerza independiente y libre" 50•
Nos excusamos por traer a colacion este largo .extracto, pero es qtte. nos permite poner en evidencia a!gunos posibles errores negros. Aliun Delop, por ejemp!o, en su introduccion a La philoso phie bwitoue, sefiala que la ontologia bantu no co noce la miseria metafisica de Europa. La inferencia que saca de este hecho es, sin embargo, peligrosa : "La doble cuestion que se plantea consiste en saber si el genio negro debe cultivar lo que nutre su originalidad, esa juventud de! alma, el respeto innato de! hombre y lo creado, la alegria de vivir, esa paz que no es en absoluto desfiguracion de! hombre impuesta y sufrida por la higi-sne moral, sino armonia natural con la majestad dichosa de la vida . . . Tambien cabe preguntarse por lo que el negro puede aporiar al mundo moderno . . . Lo que podemos decir a este respecto es que la nociiin misma de cultura, con bida como voluntad revo!ucionaria, es tan coittraria a nuestro genio como la nocion de progreso. El progreso solo hubiese obsesionado nuestra conciencia si· hubieramos tenido a!gun agravio contra la vida, data natural". iCuidado ! No se trata de descubrir el ser en el pensamiento bantu, por cuanto la exis tencia de los bantues se situ.a en el piano de! no-ser, de lo im ponderable "'· Por supuesto, la filosofia bantu no se deja com prender a partir de una voluntad revolucionaria, pero esto es asi en la medida en que -teniendo presente que la sociedad bantu es cerrada- no hay en ella esa sustitucion de!explota dor en las reladones ontologicas de las Fuerzas. Ahora bien, sabemos de sabra que la sociedad bantu ya no existe. Y la segregacion no tiene nada de ontologico. Ya basta de este es ciindalo.
50 I. R. Skine. Apartheid en Afriq du Sud'', Te1npa Moderne:,
julio, 1900. , -l •·,_;;)., -i:._ i ll
61 vease, por ejemplo: Pleure, ·6 pays bien-aim6, d,a Alan Paton.
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Desde hace algun tiempo se habla mucho de! negro. Un poco demasiado. Al negro le gustaria que le olvidasen, ·a fin de reagrupar sus fuerzas, sus autenticas fuerzas.
Un dia dijo: "mi negrura no es ni una torre . . .".
Y se han puesto a helenizarlo, orfeizarlo. . . a este negro que busca lo universal. iQue busca lo universal! Pero en junio de 1950 !os hoteles de Paris se negaban a alojar a los peregri nos negros. l Por que ? Pues sencillamente porque los client es anglosajones (ricos y negr6fobos, como todo el mundo saw) podian marcharse. .
El negro mira hacia lo universal, pero en la pantalla se mantiene intacta su esencia negra, su "naturaleza" negra:
"siempre servid or
siempre obsequioso y sonriente
yo, sin robar nunca, nunca mentir, ete.rnament_e ietl rico platano! . . .".
El negro se universaliza, pero en el ·liceo Saint-Louis de Paris se despidi6 a uno de ellos porque tuvo la imprudencia de leer a Engels.
Hay en todo esto un drama, y los intelectuales negros co rren el riesgo de dejarse cazar en sus redes.
l C6nio? l Apenas acabo de abrir los ojos que me habian tapado y ya me quieren ahogar en el universal? l Y los otros ? Los que no tienen "boca en absoluto", los que no tienen "voz en absoluto . . .". Necesito perderme en mi negritud, ver los despojos, las segregaciones, .las represiones, las violaciones, las discriminaciones, los boicots. Necesitamos tocar con el de do toda las llagas que rayan la librea negra.
Ahi tenemos a Aliun Diop preguntandose ·cual sera la po sici6n de! genio negro en el coro universal. Ahora bien, deci mos que una verdadera cuitura no puede nacer en las condi ciones actuales. Se hablara de genio negro cuando el hombre do toda las llagas que rayan la librea uegra.
Una vez mas recurriremos a Cesaire ; quisieramos que se inspirasen en el muchos intelectuales negros. Tambien convie-
lli4
ne que yo mismo 'me repita: "Y, sobre todo, mi cu.erpo, lo 1;1-is mo que mi alma, guardaos de cruaros de brazos en astitud esteril de espectador, porque la v1da no es un espectaculo, porque un mar de dolores no es un proscenium, porque un horn: bre que grita no es un oso bailando . . .".
Continuando con el inventario de lo real y esforzandome por determinar el momenta de la cristalizaci6n simb6lica, _me encontre un dia, de m.cdo natural, en las puertas d la ps1co logia jungiana. La civilizaci6n europea se caractenz por la presencia, en el seno de lo que Jung llama el Inco.nsc(ente co lectivo, de un arquetipo : expresi6n de Jos. malos _111:mtos, de lo oscuro inherente a todo Yo, del salvaJe no c1v1hzad o, de] negro que dormita en todo blanco. Jung afir:na haber ompro bado en Jos pueblos no civilizados la presenc1a de la nusma es
.tructura psiq uica que reproduce su diagrama. Personalmente, ·' pienso que Jung se ha excedido. Por otra. parte, todos los pue blos au-a conoci6 -indios, pueblos de Arizona o negros. de Ke
nia en Africa Occidental britanica- tuvieron contactos mas o menos traumaticos con los blancos. Dijimos mas arriba que, en sus hondas fantasias, el joven antillano jamas es negro ; lo que nosotros hemos int1;ntado_ es mo.strar a qu corresponde este fen6meno. Jung situa el mconsc1ente colectivo en la sus tancia: cerebral heredada. Mas, sin necesidad de recurrir a las genes, el. inconsciente colectivo es sencillamente el con.iunto de prejuicios, mitos, actitudes colectivas de n ,grupo deter minado.' Se ha dicho, por ejemplo, que los J ud10s mstalados en Israel crearfo en menos de cien afios un inconsciente colec tivo diferente de] que tenian en 1945 en los paises de los que fueron expulsados. .
En el plano de la discusi6n filos6fica se suscita con esto el viejo problema de! instinto J' el habito ; el instinto e es innato (ya sabemos a que aterrernos respecto de esta mna teidad") invariable, especif ico ; el habito que es adquirido. A este respecto habria que demostrar sin mas que Jung con funde instinto y habito. Segu.n el, en efecto, el inconsciente colectivo es solidario de la estrucura cerebral, y los mitos y arquetipos engramas permanentes de la especie. Esperamos haber demostrado que esto no es asi en absoluto y que, en rea-
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!idad, e5te inconsciente colectivo es culturnJ, es decir, adqui rido. Un joven campesino de las Carpatos viviendo en las condiciones fisicas de la region se encontrara un dia pade ciendo un mixedema ; de la misma manera, un negro coma Rene Maran, habiendo vivido en Francia, respirado e ina-e rido los mitos y prejuicios de la Europa racista, asimil;tlo el inconsciente colectivo de esta Europa, tendra que consta tar, si se desdobla, su odio al negro. Veamos one fortuna consigue esta idea : en Eu1·opa el 11f, al estci. 1·epreieni:ado por el negro. l Se comprende? Hay que ir suavemente, ya lo sabe
caverna, caramba, esfo surna familiar, concuencia quiza de "nuestros padres los galas . . .". Creo aue nos 11emo-s de volver un tanto nifios para comprender algu;as realidades piquicas. En esto Jung es un innovador : quiere bucear en la J uventud de! mundo., pero se equivoca de modo singular : no pasa de la juventud de Europa.
En Io mas profundo de! inconsciente europeo se h elabo rado un "sedir11ento" exc-esivamente negro, donde dorn11tan los impulsos mas inmorales y los deseos menos co:r.fesables,. Y como todo hombre asciende hacia la blancura y la luz, el euro]JeO
I' mos, pero no deja de ser dificil. El verd ugo es el hombre
ha tenido a bien rechazar ese no civilizado que intentaba pre
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negro, bien se aplique esto a la suciedad fisica o a la morat Habria grandes sorpresas si nos tomaramos la molestia de reunir la gran cantidad de expresiones que hacen de! negro el pecado. En Europa, concreta o simb6licamente, el negro representa el !ado malo de la personalidad. Mientras no se haya comprendido esta proposicion nos condenamos a hab!ar en vano sobre el "problema negro". El negro, lo oscuro, la sombra, las tinieblas, la noche, los laberintos de la tierra, las prof undidades abisa!es, manchar (de negro) la reputacion de algui€n ; y en el otro !ado : la mirada c!ara de la inocencia, la blanca paloma de la paz, la luz maravillosa, paradisiaca._ Un magnffico nino rubio : icuanta paz en su expresion, cuiinta alegrfa y, sabre todo, cuanta esperanza ! Nada en comun con un magnifico nifio negro: literalmente es una cosa ins6!ita. De todas maneras, me absuelvo de remitirme ahora a las his torias de angeles negros. En Europa, es decir, en todos !os paises civi!izad os y eivilizadores, el negro simboliza el peca do. El arquetipo de los valores inferiores esta representado par el negro. Esta antinomia es precisamente la que se en cuentra en el sonar d espierto de Desoille. l Como explicar, por ejemplo, que el inconsciente represente las cualidades bajas o inf eriores con un color negro? En el caso· de Desoille --en el que, sin juego de palabras, la situacion es mas c!ara - se trata evidentemente de bajar 'o subir. Cuando bajo veo caver nas, g-rutas en donde danzan salvajes. Es importante no eaui vocarse a este respecto. Es una de las sesiones de! .soiiar des pierto que nos comunica Desoille, vemos a unos g-alos en una
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servarse. Cuando la civilizaci6n europea entro en contacto. co el mundo negro, con estos pueblos de salvajes eran el prmc1- pio, la genesis de!ma!.
Jung asimi!a regularmente exotica (extranjero) a oscu ridad a mala inclinaci6n y tiene toda la raz6n. Este meca nism de proyeccion o, s{se prefie:re, de transiivismo, ya lo ha descrito el psiccanalisis clasico. En la med1da en que yo descul>ro en mi algo insolito, reprendible, solo me queda una soluci6n : dcsembarazarme de ello, atribuir su pate:nidad a otro. De esta manera pongo fin a un circuito tensional que podria comprometer _mi equilibrio. n el sofia'. despierto, hay que poner mucho cmdado en las primeras se10nes, P?rque no es bueno que Ia bajada se acometa con demasiada rap1dez .. Es necesario que el sujeto conozca los m:canisII;OS de sl:>hma cion antes ·de! menor contacto con lo mconsc1ente. S1 en la primera escena apa:rece un negro hay que desha.cerse de el inmediatamente ; para elio, propogase al sujeto una calera,
una cu,3rda, o invitesele a dejarse llevar en una hence. El negro, con toda seguridad, se queda en su aguje o.. En E_uro pa el n:egro tiene su funci6n: representar los sentnruentos mfe riores las malas inclinaciones, el !ado oscuro de!alma. E_n el
incon;ciente colectivo de! horno occid entalis el negro, o .s1 :ie
prefiere, el color negro, simboliza el ma!, el pecado, la m1seria, Ja muerte, la gu&rra, el hambre. Todas las aves de prsa son negras. En Martinica, que es un pals europea por su mcons ciente colectivo, se dice (cuando un negro "bleu'' te hace una visita ) : "A ver que <fasgracia nos trae".
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Sin embargo, el inconsciente colectivo no es herencia cere bral. Es Ia consecuencia de Io que yo ilamaria Ia imposki6n cultural irreflexionada. For tanto, nada asombroso hay en el hecho de que un antillano, sometido al metodo de! sonar des pierto, reviva los mismos fantasmas que un europeo. Es que el antillano tiene el mismo inconsciente colectivo que el europeo.
. i se_ ha_ entendido· lo anterior ya podemos enunciar Ia con clusion s1guiente : es normal que el antil!ano sea nezr6fobo Mediante el incnsciente colectivo, el antillano ha hecho suyo todos los arquetipos de! europeo. El anima de! negro antillano es casi siempre una blanca. Igualmente, el animus de Ios anti llanos es siempre un blanco. Porque ni Anatole France ni Balac ni ninguno otro de "nuestros" novelistas mencionan esa muJ er negra aporosa y, sin embargo, presente, ni el sombrio Apollon de OJOS centellantes . . .! Pobre, he sido t:raicionad o, h hab.Iado de. Apollon ! Nada, nada, yo soy un blanco. Ahora b1en, mconsc1entemente, desconfio de lo que hay en mi de
.negro, es decir, de la totalidad de mi ser.
Yo soy un negr_o, pero, naturslmente, no lo se, puesto que Io soy. En casa, m1 madre me canta en frances romances en los que nunca se habla de negros. Cuando desobedezco cnando hago demasiado ruido, me dicen que "no haga el neg;o".
Un poco despues leemos libros blancos y asimilamos poco a poco, los prejuicios, mitos y folklore que nos vfonn de uropa. Pero no lo aceptaremos todo, porque algunos prejui c1?s. no son alicables a las Antil!as. Por ejemplo, el antise
!{ lilltisJ?o no ex1Ste, pues no hay j udfos, o tan pocos que no me rece la pena. Sin recurrir a la noci6n de catarsis colectiva
facil me seria demostrar que el negro se escoge irreflexiva mente objeto susceptible de llevar el pecado original. EI blan co escoge pa! este papel al negro, y el negro que es nn blanco escoge tamb1en al negro. EI negro antillano es esclavo de esta impos!ci6n cultural. Tras haber sido esclavo de!blanco, se auto esclav1za. E.1 negro es, en toda la acepci6n de Ia palabra una vfctima e la civi}izci6n .blanca. No es, pues, asombros que las creac10nes art1sticas de los poetas antil!anos no Ileven con sigo ninguna impronta es!)'3cifica : son blancos. Volviendo a Ia psicopatologia digarnos que el negro vive una ambigiiedad extra-
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ordinariamente neur6tica. A Ios veinte afios, es decir, en el momento en que el inconsciente colectivo se pierde, mas o menos, o es menos dificil de reducir al nivel de lo conscien te, el antill;rno se da cuenta de que vive en el error. iPor que? Sencillamente, porque (esto es muy importante) el anti llano se conoce entonces coma negro, pero, por un desliza miento etico, se da cnenta ( inconsciente eolectivo) de que se es negro en la medida en que se es rnalo, flojo, instintivo. Todo . lo qne se opone a estas maneras de ser negro es blanco. Aqui reside el origen de la negrofobia de\ antillano. En el inconsciente colectivo, negro = feo, pecado, tinieblas, innw ral. 0 dicho de otra manera : es negro aquel que es inmoral. Si en mi vida ine comporto como un hombre moral, no soy en absolnto negro. De aqui, en Martinica, Ia costumbre de decir de un blanco que tiene el a!ma negra. EI color no es nada, ni siquiera Io veo, solo conozco una cosa, y es la pure za de mi conciencia y la blancura de mi alma. "Mi, hlanco como nieve", que decia el otro.
La imposici6n cultural se ejerce facilmente en Marti nica. EI deslizamiento etico no halla · obstaculos. Pero el ver dadero blanco me espera. Me <lira a Ia primera ocasi6n que no basta con que Ia intenci6n sea blanca, sino que es necesario realizar una totalidad blanca. 8610 en este momento torno conciencia eventualmente de la traici6n. Concluyamos. Un antillano es blanco por el inconsciente colectivo, por nna gran parte de! inconsciente personal y por casi todo el proceso de su individualizaci6n. EI color de su pie!, de! cual no se hace menci6n en Jung, es negro. Todas las incomprensiones pro vienen de este quid pro quo.
Cesaire "descubri6 su cobardia;' mientras preparaba en Francia su licenciatura en !etras. Supo que era una cobardia, pero no pudo nunca decir por que. Sinti6 que era absurdo. idiota, yo diria incluso malsano, pero lo cierto es que en nin guno de sus escritos se ve rastro de los mecanismos de esta cobardia. Y es que habia que redncir a Ia nada Ia situaci:6n presente y hacer un esfuerzo por aprehender Io real con un alma de nifio. EI negro de! tranvia era c6mico y feo. Segu ramente que Cesaire se divirti6. Cierto que no habia nada
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en comun entre aquel verdadero negro y el. En un circulo de bJancos, e Fr,ancia, se presenta mi hermoso negro. Si es un c1rsul? de mteiectuale , estemcs seguros de que el negro inten tara 1Il;,poneme. Ped1 'a · qe no se repare en su pie!, sino solamen ,e en su capac1dad mtelectual. En Martinica son mu chos los que! a los veinte o treinta afios, se ponen a trabajar a Montesq uieu o a la de] con el unico fin de citarlos. Por q_ue gracias al conocmuento de estos autores aspirari a que se pase por alto su negrura.
La conciench morai implica una suerte de escisi6n una ruptura de,la conciencia, con una parte luminosa que se pone a la umbna. Paa ue haya moral es necesario que desapa rezca de la conc1enc1a lo negro, lo oscuro, el negro. Con Io cual, un negro combate en todo momenta su ima"en
0
sfios. Se le considernba un antillano, pero por lo bajo - no ·se olvidaba su origen. En Francia, el italiano, militarmente ha blando, no vale nada ; un trances vale por diez italianos ; los italianos no son 'va!ientes . . . Mi compaiiero habia nacido en Martinica y solo frei:uentaba a martiniqueses. Cierto dia en que Montgomery puso en fuga al ejercito italiano en Bengazi, quise constatar sobre un mapa el avance aliado. Ante la evi dente ganacia de terreno, exclame con entusiasmo : "i No cliiis una . . . !" Me compafiero, que no podia ignorar el origen de su padre, se molest6 extraordinariamente. Yo quede tambien bastante aturdido. Los dos habiamos sido victimas de la im posici6n cultural Estoy convencido de que quien comprenda este fen6meno y todas sus consecuencias sabe exactamente en que sentido buscar la soluciln. Escuch2mos al Rebel de :
. ii paralelaente, se acepta . de Hesnard su
cocepci6n
"Sube. . . sube clesde las profundidades de la tierra . . . la··
c1enhf1ca de ll: v1da moral, y si el lllliverso m6rbido se com prende a partir de la Falta y la Culpabi!idad, un individuo nor1;1al sera. aquel que se sepa descargar de esa culpabilidad o b1e cn1ga, a lo menos, no sufrirla. Mis directamente,
!odo md1v1duo debe rechazar sus instancias inferiores, sus 1mpulsos Y cargarlos en la cuenta de un genio malo que sera e] de la culura a la· que pertenece (ya vimos que ese genio malo era eJ negro). Esta culpabilidad colectiva se soporta sabre lo que se ha convenido en Hamar "Ulla cabeza de turco" La ca?eza de turco para una soci€dad blanca -basada en · l?s m1tos: progreso, civilizaci6n, liberalismo educaci6n Iuz
fmura- ra precisa:nente aquella fuerza due se opon'ga ;, la e::cans10n y v1ctor'.a de estos mitos. Esta fuerza ·brutal, opos1c10nal, la proporc10na el negro.
En la sociedad anti!lana, donde los mitos son Ios mismos que los de la sociedad de Dij6n o Niza el joven negro identifi cand?se con el clvili,-ador, hara del egro cabeza de' turco. de
su v_1da moral, y sobre este burro de carga cargara todas sus desd1chas.
· Comprendi el valor de lo que ahora llamo imposici6n cul tual a los eatorce afios. Tuve un compafiero faUe.cido des pes, cuyo padre, un italiano, se habia casado 'con una marti mquesa. Este hombre llevaba en Fort-de-France ma de veinte
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marea negra sube. . . oleadas de rugidos . . . charcas de olores animales. . . el huraciin rabioso de pies desnudos agitando siempre a otros que descienden los senderos de los mantes, es culpiendo la escarpadura de l&s torrenteras, obscenos y salva ies prefirulores de rfos ca6ticos, de mares podridos, de oceanos convulsivos, en la risa carbuncosa de la cuchilla y el alcohol malo . . . "
l Se ha comprendido? Cesaire baj6. Quiso ver lo que ocurria en el fondo, y ahora puede subir. Esta maduro para la aurora. Pero no· deja al negro abajo. Lo acarrea en sus hombros y lo iza a las nub3s. Ya nos habfa prevenido en Cahier d.'un retour au pa ys r,a,ta!. Cesaire escogi6 el psiquismo ascen sional, valga la expresi6n de Bachelard '"":
"y, par eso, Senor de los dientes blancos a !os
hombres de cuel!o d ebil
recibes y percibes fatal calma tri<Lngid ar
y a mi mis danzas
mis danzas cle mal negro
a mi 1nis danzas
52 L'air et les songes.
·161
1 .....
la danza rompe-d ogal
la danza sal,ta-prl&i6n
la danza es-he1-,rw so-y-legiti1no-ser negro
1. A mi mis danzas y salta el sol en la raqueta de mis manos pero no el d esigual sol ya no me bastu
enr6llate, viento, en torno a mi mwvo crecimiento ponte en mis dedos mes1,rad os
te entrego mi· conciencia y su ritmo d e came
be entrego los fiiegos dond e se asa mi d ebilidad te entrego el chain-Gang
te entrego fo. marisma
te entrego el inturist ,l,el circuito triangular devora viento
te entrego mis palabms ab1"Uptas dev6rate y enr6llate
y al enrollarta con un estremecimiento mas vasto abrazame hasta el furioso "nos"
abraza, abraza NOS
pero habif,.nd onos tambien mo1·did o
mordid o hasta la sangre de nuestra sangre abraza, mi pureza no se une mas con ht pu1·eza
pero entonces abraza
como ttn campo d e j1r,.stos filaos
el atardecer ·
y ata, ritame sin remord:imientos
y ata, dtame sin rmnordimien tos
atame con tus vastos brazos a la arcilla luminosa a.ta mi negra vibraci6n ·al mismo ombligo
d el mundo
ata, atame fraternidad aspera ·
iuego, estrangulandome con tu l,azo de estrellas sub e, Paloma
sube sube sube
Yo te sigo, impre sa en mi ancest ral cornea blanca
162
sube, lameclor de cielo
·y el gran agujero neg,·o clond e yo queria ahogarme la otra luna
i i alli es clond e quiero pesC1111· ahora la lengila malefica de la noche en inm6vil vidriaci6n"! "'
Se comprende ahora que Sartre vea en la toma de posi ci6n marxista de los poetas negros el fin J6gico de la negritud Veamos, en efecto, lo que ocurre Al darme cuenta de que el negro es el simbolo de!pecado, me opongo a odiar al negro. Pero entonces compr'uebo que yo soy negro. Para escapar al conflicto, dos soluciones. 0 bien pido a los otros que no
reparen en mi pie!, o bien, por el contrario, quiero que la per
ciban y bien. Intento valorizar lo que es malo, puesto que irre flexivamente, he admitido que el negro era .el color de] ma!. Para
poner f in a esta situaei6n neur6tica, en la que me veo obligado
a escoger una soluci6n malsana, conf lictual, alimentada de fan truimas, antagonista, inhumana en ultima instancia, solo tengo una· solucicn ; sobrevolar este ·drama absurdo que los demas han organizado a mi alrededor, apartar estos dos terminos que son inaceptables de modo sem.ejante y, a traves de un humano particular, tender hacia lo universal. Cuando el negro se zam bulle, dicho de otra manera "baja", algo extraordinario tiene lugar.
Escuchemos, una vez mas, a Cesaire :
"Ho, ho
Sn pod er esta bien anclaiLo Adquirido
Requeriil,o .
Mis manos se . baii,an en brefiales d e mandioca En arrozales de aehiote
Y ten,qo pre fiada mi calabaza d e estrellas Pero estoy d ebil. Ok estoy d ebil.
Aywladme
Y aaui vuelvo a hallar al, hilo de la, metamorfosis De lo dioses ... no sois dioses. Soy libre."
\
f\.ime cesire Cahicr d'uri, retour au pays natal, p3.gs. 94-96.
I
I . . "El Rebelde": Tengo un pacto con esta noche, siento que me llama dulcemente desde hace veinte afios . . ." "'
Una vez descubierta esa noche, es decir, el sentido de su identidad, Cesaire constata, primero que :
· "Queda bien pintar blanco el pie de! arbol, la fuerza de la corteza grita par debajo . . ." ·
Despues, descubierto el blanco que hay en el, lo mata : "Forzamos Ja;s puertas. La alcoba de! sefior, abierta, era grande. La alcoba de] sefior estaba brillantemente iluminada y el sefior estaba alli muy tranquilo . . . y las nuestros se detu vieron . . . Era el sefior . . . Yo entre. Eres tu, me dijo con mu cha calma . . . Era yo. Era yo, sin duda, le decia yo, el escla vo bueno, el esclavo fie!, el esclavo y de repente sus ojos fue ron dos animalitos atemorizados en dias de lluvia . . . yo gol peaba, la sangre man6 a chorro : este es el unico bautism
que hoy recuerdo."55
"Par una inesperada y benefactora revoluci6n interior, honraba ahora sus repulsivas deformidades." ""
l Que mas podemos decir ? Despnes de haberee llevado hasta las limites de la auto-destrucci6n, el negro, meticulosa mente, salta al "agujero negro" donde fundira "con tanta du reza el gran grito negro que conmovera las cimientos de! mundo".
El europeo sabe y no sabe. En el piano reflexivo un ne gro es un negro ; pero en el insconsciente esta bien, bien apa lancada, la imagen de] negro-salvaje. Podria dar no ya . diez, sino miles de ejemplos. Georges Mounin dice en Presence Africaine: "Tuve la suerte de no descubrir las negros a tra ves de la M entali"dad primitiva, de Levy-Bruh!, en el curso de sociologia ; par lo general, la posibilidad de descubrir a las negros de una manera distinta que par las lecturas, y yo me f elicito par ello todos las dias . . .""'
.:54 Et les chiens se taisa.-ient, tagedia ( Les armes miracu leuses, pi-
ginas 144 y 122).
56 A. cesaire, O']J. cit .,. pag. 136.
56 Pagina 65.
57 Primieras respuestas a la encuesta sobre el "Mito del negro",
Prience africaine, nlJ.m. 2.
Mounin, a qnien dificilmente podria considerar!e un trances media, afiade (con lo cual salta a nuestra 6ptica ) : "Asi pude aprender, en la epoca en que el espiritu no esta prevenido, que las negros son hombres coma nosotros. . . Tuve la posibilidad, yo blanco, de ser natural p(lra siempre con un negro. . . y de no estar nunca ante el estupida y sutilmente en esa posici6n de buscador etnografico que demasiadas veces es sin duda nuestra insoportable manera de reinstalarlos en· su lugar . .," ·
En el mismo numero de Presence africaine, Emile Der menghem, nada sospechoso de negrofobia, escribe : "Uno de mis recuerdos de la infancia es una visita a la Exposici6n Universal de 1900, en la cual mi principal preocupaci6n con sistia en ver un negro. Mi imaginaci6n estaba excitada natu ralmente par lecturas coma Un capitrin d e quince anos. Las aventuras d e Robert, Los viajes de Living stone."
Emile Dermenghem nos dice que eso expresaba en el un ·· gusto par el exotismo. Estoy dispuesto, mis dos manos en las suyas, a creer al Dermenghem de] articulo, pero le pido .per miso para dudar de] Dermenghem de la Exposici6n de 1900.
Yo bien quisiera volver sabre las temas que vienen agi tandose desde hace cincuenta afios. Escribir sabre las posibi lidades de una amistad negra es una empresa generosa, pero desgraciadamente las negr6fobos y otros principes consortes son impermeables a la generosidad. Cuando ]eemos : "Un ne gro es un saivaje, y para dirigir salvajes solo hay un metodo : patadas en las nalgas", pensamos desde nuestra mesa de tna bajo, qne "todas estas imbecilidades deben desaparecer". Pe ro sabre eso todo el mundo est.a de acuerdo. Jacques Howlett escribe en Presence africaine (num. 5) : "Dos cosas, ademas, contribuyeron, al parecer, a este alejamiento de] negro en el mundo de] otro, par supuesto conmigo : el color de su pie] y su · desnudez, porque yo imaginaba al negro desnudo. Ciertamen te, es posible que determinados elementos superficiales (seria dificil decir hasta que punto signen frecuentando nuestras ideas nuevas o nuestras concepciones revisadas) recubriesen
a veces aquel ser lejano, negro y desnudo, casi inexistente ; coma el buen negro con chechia y amplia sonrisa a lo Fernan-
165
de! sfmbolo de! desayuno con chocolate, o el bravo piu piu se neales "esclavo de la consigna", un Don Quijote sin grande za 'heroe buen chico' de todo lo que sale a relucir en la 'epo pea colonial', o, en f in, el negro 'hombre-a-convertir' , 'hijo sum.iso' de! m.isionero con barba."
En Ia continuacion de su comunicacion, Jacques Howlett nos dice que, por reaccion, habia hecho al negro simbolo de la inocencia. Nos da la raz6n, pero tenemos derecho a pensar que ya no tenia ocho afios, porque nos habla de "mala con ciencia de la sexualidad" y de! "solipsismo". Por lo demas, estoy convencido de que Jacques Howlett ha dejado atras, esa "inocencia de gran adulto".
Sin duda ninguna el testimonio mas interesante es el de Michel Salomon. Aunque el diga que no, apesta a racista. Es judio, tiene una "experiencia milenaria de! antisemitismo", y sin embargo es racista. Escuchemosle : "Pero negar que su pie! y su melena y esa aureola de sensualidad que (el ne gro) despide no provocan espontaneamente una cierta inco modidad, atractiva o repulsiva, es negar la evidencia en nombre de una gazmofieria absurda que jamas ha resuelto nada . . ." Mas adelante nos habla incluso de la "prodig\osa vitalidad de! negro".
EI estudio de M. Salomon nos da a entender que es me dico. Asi habra que desconfiar de esas perspectivas litera rias acien'tificas. El japones y el chino son diez veces mas prolificos que el negro : ison por eso sensuales? ':I, ademas,
M. Salomon, me permito hacerle una confesion : nunca he po dido evit;ir las nauseas cuando he oido a un hombre decir de otro : "iQue sensual es \" No se que es la sensualidad de un hombre. Imaginese a una mujer diciendo a otra : "Es terrible mente apetitosa, esta mufieca . . ." Senor Salomon, el negro no despide una aureola de sensualidad de su pie! ni de su me
]ena. Lo unico que ocurre es que, al cabo de largos dias y Jargas noches, la imagen de! negro-biologico-sexual-se_nsual- :i,: genital se le ha impuesto a usted, y usted no ha sabrdo qm tarsela de encima. El ojo no es solamente espejo, sino espejo rectificador. El ojo tiene que permitirnos corregir Ios erro res culturales. No digo los ojos, digo el ojo, y ya se sabe
a d6nde remite este ojo ; no a la cisura calc.rea, sino a ese muy igual fulgor que brota de! rojo de Van Gogh, que resba la en un concierto de Tchaikowsky, que se deja llevar por el vocerio vermicular de Cesaire.
El problema negro no. se resuelve o reduce al de los ne gros que vivcn entre blancos, pues muchos mas negros son explotados, esclavizados, despreciados por una sociedad capi talista, colonialista, accidentalmente blanca. Usted se pregun ta, sefior Salomon, Io que usted haria "si. hubiese ochocientos mil negros en Francia"; porque para usted hay un problema, el problema de! ascenso de los negros, el problema, de!pe!igro negro. El martiniques es un frances, quiere pennanecer en el seno de la Union Francesa, solo pide una cosa el . martiniques, y es que los imbeciles y los explotadores le dejen la posibili
dad de vivir humanamente. Yo me veo totalmente perdido;· sumergido por la marea blanca que constituirian hombres como Sartre o Aragon, yo solo pediria eso. Usted, Salomon, dice que nada se gana con gazmofieria, y estoy de acuerdo.
· l Que historia es esta "de! pueblo negro, de la nacionalidad casiindome con una europea cualquiera ; le· aseguro que no es toy jugando a los desprop6sitos. Si se olisquea a mis hijos, si se examina el blanco de sus ufias, entonces es que, sencilla mente, la sociedad no ha cambiado, sino que ha mantenido intacta su mitologia, como usted bien dice. Por nuestra par te, nos negamos a considerar. el problema segun la formula: o bien . . ., o bien . . .
z Que historia es esta de!pueblo negro, de la nacionalidad
negra Yo soy frances. Estoy :nteresado en la cultura fran esa, en la civi!izacion frances.., en el pueblo frances. Nos negamos a considerarnos "colaterales", vivimos de Ueno el drama £ranees. Cuando unos hombres, no fundamentalmente malos, sino mixtificados, invadieron Francia para reducirla a la servidumbre, mi oficio de frances me indic6 que mi Jugar estaba no junto-a, sino en el centro de! problema. Me intere
sa personalmente er destino frances, los valores franceses, la· naci6n francesa. z Que me va o me viene a mi con un Imperio
negro?
Georges Mounin, Dermenghem, Howlett, Salomon tuvie-
166 167
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ron a bien responder a la encuesta sabre la genesis de!mito de negro. Todos nos han convencido de una cosa, y es que la autentica captacion de la realidad de! negro tenia que hacerse en detrimento de la cristalizaci6n cultural.
Hace poco lei en un peri6dico para ninos una frase que iiustraba una imagen en la que un jov,m scout negro presen taba un pueblo negro a tres o cuatro scouts blancos: "Esta es la_ caldera donde mis antepasados cocian a las vuestros." Ya se admite de buena gana que las negros antrop6fagos han desaparecido, pero no hay porque olvidar que . . . ' En rigor, par lo demas, pienso que el autor hacia, sin saberlo, un gran servicio a las negros. Porque el joven blanco que lo lea ya no se representara al negro comiendose un blanco, sino habien doselo comido ya. Incuestionablemente, esto es un progreso. Antes de terminar este capitulo quisiera comunicar una observaci6n que debemos a la cortesia de!medico de! servicio de mujeres de! hospital psiquiatrico de Saint-Ylie. Esta ob servaci6n ilumina el punto de vista que defendemos aqui. lndica que, en el lirnite de!mito de! negro, la idea de] negro
llega a veces a determinar una autentica alienaci6n.
La senorita B. . . de diecinueve anos a su entrada en el servicio en el mes de marzo de 19 . . . El certificarlo esta redac tado coma sigue : "El que suscribe, doctor P . . ., ex interno de las Hospitales de Paris, certifico haber examinado a la se norita B . . ., afectada de crisis nerviosas consistentes en tras tornos de agitaci6n, inestabilidad motriz, tics, espasmos cons cientes, pero que no puede impedir. Estos trastornos van in crescendo y no le permHen llevar una vida social normal. Es necesario su internamiento en un centro de observaci6n regi do por la ley de de 1838 y par via de internamiento voluntario." El certificado de veinticuatro horas establecido por el medico jefe reza asi : "Atacada por una neurosis de tics sobre venida a la edad de diez anos, agravada en la pubertad y con los primeros trabajos fuera de su casa. Depresi6n pasajera cori ansiedad junta con · una intensificaci6n de los sintomas. Obesidad. Precisa se!' atendida. Tranquila cuando esta acom
panada. Enferma de servicio abierto. A mantener."
En las antecedentes personales no se cita ningun desarro-
168
Ila patol6gico. Solo se recoje una pubertad a las dieciseis afios. El reconocimiento somatico no revela nada, salvo adi posidad, inf iltraci6n minima de las tegumentos, lo cual hace pensar en una insuficiencia endocrina !eve. Periodos mens
, truales normales.
Una entrevista permite precisar los siguientes extremos : "Los tics aparecen sabre todo cuando trabajo" (la en
ferma estaba empleada y vivia fuera de! media paterno) .
Tic de ojos y frente ; respiraci6n entrecortada. Duerme muy bien, sin pesadillas, se alimenta bien. No esta enervada los dias de reglas. En la cama, antes de dormirse, tics ner viosos faciales en cantidad.
Opini6n de la vigilante: esto ocurre, sabre todo, cuando . esta sola. Cuando esta con las dem8.s o en conversaci6n son menos marcados. El tic depende de lo que hace. Comienza .. dando golpecitos con los pies, luego se deja ir levantando los pies, las piernas, las brazos y las hombros, simetricamente.
' Articula sonidos. Nunca se pudo comprender lo que de cia. Despues, termina dando gritos muy fuertes, inarticula dos. En cuanto se la llama, deja de actuar asi.
El medico jefe comienza las sesiones de asociaci6n libre. Una entrevista previa pone de manifiesto la existencia de alu cinaciones en forma de circulos horribles ; se pide a la enfer ma que evoque estos circulos.
Veamos un extracto de! informe de la primera sesi6n : "Profundos, concentricos, aumentan y disminuyen al rit
mo de un tam-tam negro. Este tam-tam evoca el peligro de perder a sus padres, a su madre principalmente.
"Le digo entonces que haga el signo de la cruz sabre estos circulos, lo hace, pero no desaparecen. Le digo que aga rre un trapo y los barre; desaparecen.
"Vuelve hacia el !ado de! tam-tam. La rodean hombres y mujeres casi desnudos, que danzan de modo horripilante. Le digo que no tema entrar en esta danza. Lo hace. Inmediata mente, los danzantes cambian de aspecto. La reunion es en tonces brillante. Los hombres y mujeres aparecen bien vesti dos y bailan un vals : Estrella de kLS Nieves.
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"Le digo que se aproxime a los circulos ; ya no la& ve. Le digo que los evoque ; lo consigue, pero estan rotos. Le digo que entre por la abertura. Ya no estoy rocleada de!todo, dice espontaneamente, podria volver a salir. El circulo se rompe en dos, despues en varios trozos. Ya solo quedan dos trozos, que al final desaparecen. Muchos tics de garganta y ojos durante su relato. ·
"Una serie de sesiones calman a!go la agitacion motr.iz." Resumen de otra sesion :
"Le digo que recuerde los circulos. No los ve. ·Luego, si. Estan rotos. Entra dentro. Se rompen, se levantan, ]uego caen suavemente unos tras otros, en el vacio. Le digo que escuche el tam-tam. No lo oye. Lo llama. Lo oye por su izquierda.
"Le propongo un angel para acompaiiarla hasta el tam tam : quiere ir completamente s'ola. No obstante, alguien baja
·de!cielo. Es un angel ; la lleva cerca de!tam-tam. Solo se ven hombres negros que danzan alrededor de un gran fuego; tie nen un aspecto malvado. El angel Jes pregunta que van a hacer : van . a quemar un blanco. Lo busca por todas partes, pero no lo encuentra.
"iAh ! Ya lo veo. Es un blanco de unos cincuenta aiios.
Esta medio desnudo.
"El angel habla con el jefe negro (pues ella tiene miedo). El jef e negro dice que este hombre blanco no es de la l'.egi6n, por eso van a quemarlo. Pero no ha hecho daiio ninguno.
"Le ponen en libertad y se ponen otra vez a danzar de alegria. Ella no quiere participar en la danza.
"Yo la envio a parlamentar con el jefe. Este esta bai lando solo. El blanco ha desaparecido. Ella quiere partir y no parece· tener ganas de conocer a los negros. Quiere mar charse con su angel a alguna parte en donde esta a gusto, con su madre, sus hermanos y hermanas."
Los tics desaparecen, por lo cual se interrumpe el trata miento. Unos dias despues se vuelve a recibir a la enferma, que ha recaido. Informe de la sesion:
170
"Otra vez. los circulos, ahora mas proximos. Agarra un baston. Se rompe en pedazos. Es una varita magica. Trans forma esos trozos de hierro en una materia brillante muy hermosa.
"Se dirige hacia un fuego :·es el fuego de ]os negros que danzan. Quiere conocer al jefe. Va hacia el :
"El negro, que habla interrumpido su da'.lZa, la reem prende de nu€vo, pero con ·otro ritmo. Ella bai!a alrededor de!fuego dando la mano.
"Las sesiones han mejorado notablemente a la enferma. Escribe a sus padres, recibe visitas, asiste a las sesiones de cine de!establecimiento. Toma parte en los juegos de!grupo. Una enferma toca un vals en el piano de! pabellon, invita a una compaiiera y, baila. Sus compaiieras la estiman mucho."
Resumen de otra sesion:
"Vuelve a pensar en los circulos. Se han compuesto en ·· una sola pieza, pero falta un trozo a la derecha. Los mas pequeiios · estan enteros. Le gustaria romper los pequeiios.
Los ·toma con las manos, los retuerce ; se rompen. Sin em bargo, queda uno pequeiio. Pasa a traves de el. Al otro !ado se encuentra en la oscuridad. No tiene miedo. Llama a al guien, su angel guardian viene desde lo alto, gentil, sonriente. Se la lleva hacia el dia, a la derecha."
La asociaci6n libre dio en este caso ·resultados aprecia bles. Pero en cuanto la enferma se quedaba sola, los tics re aparecfan.
No queremos extendernos sobre la infraestructura de esta psiconeurosis. El interrogatorio de! medico jefe habfa puesto de relieve un rniedo a negros imaginarios . . ., miedo vivido a los doce aiios.
Tuve muchas entrevistas con la enferma.
Cuando tenfa diez o doce aiios, su padre "antiguo de-fa Colonial", gustaba sintonizar los programas de musica ne gra. El tam-tam retumbaba en la casa todas las noches. A una hora en que ella estaba en la cama.
Por otra parte, como dijimos, los negros-salva jes-caniba les aparecen. precisamente en esta epoca.
171
El vinculo e.s facilmente reconoeible.
Ademas, sus hermanos y hermanas, que Ia habian deseu- bierto su punto debil, se divertian asustandola. ,
En su cama, el tam-tam retumbando en su oido, vem efec tivamente negros. Se refugiaba debajo de las sabanas tem blando.
Despues aparedan unos circulos cada vez miis pequeiios que atomizaban a los negros.
las
Los cfrculos sirven como mecanismos de defensa contra alucinaciones.
Hoy, los cfrculos aparecen sin el negro, el mecanismo de
defensa se impone haciendo ig·norar su determinismo.
He conocido a la madre. Confirm6 los recuerdos de su, hija. Era muy emotiva y, a los doce aiios, en su cama, solia temblar. Mi presencia en el servicio no provoc6 ninguna mo dificaci6n visible de su estado mental.
Ahora, son los circulos, ellos solos, los que desencadenan
los fenomenos motores: gritos, tics faciales, gesticulaciones desordenadas.
Incluso pensando en la constituci6n propia de la enfer ma, es evidente que esta alienaci6n es consecuencia de un miedo al negro, miedo favorecido por circunstancias determi nadas. Aunque la enferma ha· mejorado .notablemente, es du doso que pueda algun dia volver a llevar una vida social normal.
VII. EL NEGRO y EL RECONOCIMIENTO
A) EL NEGRO Y ADLER
"For cualquier !ado que se aborde el analisis de .los est3: dos morbosos psic6genos, pronto se topa con el fenomeno 1- uiente: todo el cuadro de Ia neurosis, asi. co.mo t?dos sus sm
fomas parecen inf luenciados por un obJehvo . ma!, ? c?mo
proyeciones de este objetivo final. Cabe tamb1en atnu1; .a t fi el valor de una causa formativa, el de un prmc1p10
:eorie taci6n, arreglo y coordinaci6n. Intetes_e com:prender el 'sentido' y la direcci6n de los fen6menos morb1dos,. sm tener en cuenta este objetivo final, y bien pronto - topara con una ca6tica multitud de tendencias, impulsos, deb1hdades Y anomi: lias capaz de desanimar a unos Y de suscitar en otrs .el - ' . deseo de penetrar cueste lo que cueste en las tm1eblas,
merano . b t' 'Ju
a rie"sgo de volverse con las manos vac10s o con un , o I -
son.o.
s1·,
al contrario'
se admite Ia hip6tesis de! obiet1vo
f l'nal o de una finalidad causal, oculta tras
Ios fen• oenos' se
vera c6mo desaparecen prontamen te
Ias
tm. i·ebias·,
enton.ces
ya podemos leer en el alma de! enfermo como en un ]1bro abierto."1
1 Alfl.'led Adler, Le tempe•rament nerveux, pal:>. 12·
172
173
Las mixtif icaciones miis estremecedoras de nuestra epo ca se estudian tambien a partir de posiciones te6ricas aniilo gas. Por tailto, apliquemos la psicqlogfa caracterial a las Antillas.
Los negros viven comparando. Primera verdad. Viven comparando, o sea que en todo momento estaran preocupados por su autovaloracion y el ideal de!yo. Siempre que entran en contacto con otro surge en ellos el prob!e!".la de] valor y el merito. Los antillanos no tienen valor propio, son siempre tributarios de la aparici6n de!Otro. Se trata siempre de me nos inteligente que yo, mas negro que yo, menos bien que yo. Toda posici6n de sf, todo anclaje de si tiene relaciones de dependencia con el resquebrajamiento de! otro. Yo construyo mi virilidad sabre las ruinas de quienes me rodean.
. A los martiniqueses que me leen !es propongo la siguien te experiencia. Determinar que calles de Fort-de-France se parecen · (comparaci6n) miis. La calle Schoelcher, Victor Hugo . . ., no, ciertamente, la calle Franois-Arago. El m.arti niques que acepte llevar a cabo esta experiencia serii · de mi opinion en la exacta medida en que no se deje crispar al verse descubierto. Un anti!lano que se encuentra ron un com pafiero al abo de cinco o seis afios lo aborda agresivamente. Ambns tenfan en tienipos una posici6n determinada. El infe rioriza do cree valorizarse . . . y el superior tiende a la jerarquia.
,..No has cambiado nada . . ., sigues tan zopenco.'' Conozco, sin embargo, medicos y dentistas que siguen en
Jo expu!so sin contemplaciones. Ya no existe. No me. hableis de semejante tipo. No quiero sufrir el choque de!.obJeto. I contacto con el objeto es conflictivo. Yo soy Narciso )". qme- . ro Jeer en Ios ojos de!otro una imagen de f que me sa;'.sfag.,
En Martinica, en un circulo dao (medio) hay el pe!ao
( pele ) Ia corte de! "pelao", los mdif erentes (que esperan) y Jos 'humi!lados. Todos ellos son implacableente mach dos. Es fiicil adivinar la temperatura que rema en esta iun g]a. No hay manera de salir de ella.
Yo, y nada mas que yo. . .
Los martiniqueses estiin iividos de segundad. Quieren que se admita su ficci6n. Quieren que !es r_ec?noz?a en su deseo de virilidad. Quieren paecer, bi,:11'.ar, d1stmgmrse. Ca da uno de ellos es un iitomo a1slado, ar1do, cortante, con las
aceras bien delimitadas, cada uno de e!ls r-s. Cada un? .. de ellos quiere IN!T , aparecer. Todas las acc10nes de lo ah llanos pasan por el Otro. No porqu el otro sea. termmo 'Itimo de su acci{m en una perspechva de comumon humana
(la descrita por Adler ) 2, sino, mas .sencillamente, ?r que es
el Otro quien le afirma en su neces1dad de alora_c on. . Ahora que hemos hallado la linea de or1ntac1on adleria-
na de] antillano nos queda por buscar su or1gen. ,
y aquf empiezan las dif icultades. En efecto, Adler creo una psicologfo individual, Ahora bie1;, acabamos de ver que el sentimiento de -inferioridad es anhllano. No ;s. ta! _o cual
.antillano quien presenta la estructura de lo neurotico, s10 to-
go]fandose en los errores conceptuales viejos ya de quince
dos
Ios
antillanos·
La sociedad anti!lana es una sociedad
afios. Mejor que unos errores conceptuales son ciertos ''crio
neur6tica,
· sociedad "com1:arc6n", contrapos'1c1"0n. De O-
llismos" que se lanzan con temeraria audacia. El antillano se caracteriza por su deseo de dominar al otro. Su. linea de orientac;6n pasa por el otro. El problema es siempre de suje to, jamiis de objeto. El objeto es negado en tanto que indivi dualidad y libertad. Ell objeto es un instrumento. Tiene que permitirme rea!izar mi seguridad subjetiva. Me doy entero (deseo de p]enitud ) y no admito ninguna escisi6n. El Otro entra en la escena para amueblar!a. El Heroe soy yo. Se aplau.da a o sc critique, da igual, yo soy el centro. Si el otro pretende inquietarme con su deseo de valoraci6n (su ficci6n)
do que somos remitidos de! md1v1duo, a I estructura ..3oc1a!; Caso de que haya un vicio!este no esta af m_cado en el alma de! individuo, sino mas b1en en la de!, :11ed10: . , .
El martiniques es y no es un neurohco. 81 a!Jcase:11?s r1:
gurosamente las conclusiones de la escuel adlnna d1namoo e el neITT"o intenta protestar contra la mfer10r1dad que x iment; de un modo hist6 ico..Coo el negro de cal_qm r epoca ha sido siempre un mfenor, mtenta, el mart1mques.
a A. Adler, Connaissance de l'homme.
175
174
reaccionar mediante_ un complejo de superioridad. Esta clar11 q!le.esto es lo que v1ene a decir Brachfeld Habland d l timiento de inferioridad racial el autor ita u e sen-
ola Af dres de Claramunte; El valiente negr a d
.s ev1 en e que la inferioridad de!negro no d,i.ta de est ·
sig o, puesto que Claramunte es contemporaneo de L de Vega. ope e ·
"El color s6lo le falta Para ser un cabal!ero . . ."
y el negro Juan de Merida se expresa·asi:
"En este mundo, tQue infamia es el ser negro? t Los negros no son hombres? iEs su animo
mets vi1, mM torpe, mas feo?
l Par eso se les insulta? Con el peso de la infamia de mi color, yo me elevo
a desafiar al mun.do . . .
i Es tan infame ser negro ?"
Al d.estino, al tiempo, al ciew me quejare d.e esta o/ensa,
y a las que negro me ·kicieron.
iOh, mald.ici6n d.el color!"
Acorralado, Juan se da cuenta de que la intenci6n no puede salvarle. Su aparecer mina y corroe todas sus acciones:
"iQue iniportan las almas? jLoco! i Qu{; hacer, sino estar frenetico iOh, cielos, que cosa horrible
ser negro . . . !"
En el paroxismo de!dolor, solo una soluci6n le queda al desgraciado negro: dar las pruebas de su blancura a los otros y, sobre todo, a si mismo :
"Si no· he de poder cambiar ·
de color, ventura,s quiero .. ."3
Como puede verse, hay que comprender a Juan de Me·
rlda desde la perspectiva de la so·brcompensaci6n. El negro
El pobre Juan ya Normalmente, el negro mente diferente: ·
no sabe a que santo encomendarse. es un eselavo. Su posici6n es total-
intenta parecerse a la raza superior porque· pertenece a una
raza "inferior".
Pero nosotros sabern.os despegarnos de la ventosa adle riana. De Man y Eastman han aplicado en America el me
"Porque no soy un esclavo
por mucho que sea negro."
y in embargo quisiera eseapar de tanta negrura Ti
una act1tud etica en la vida. Axio16gicamente es un .blan :
"Soy ma., blanco que la nieve."
Porque, en definitiva, en el piano simb6lico
todo de Adler de un modo un tanto abusivo. Todos los hechos que yo he revelado son reales, pero, todo hay que decirlo, tie nen muy poco que· ver con la psicologia adleriana, y lo que tienen que ver es simplemente en el piano de las relaciorn,, externas. El martiniques no se compara con el blanco, con siderado padre, jef e, Dias, sino que se compara con su seme jante bajo el patrocinio de! blanco. Una comparaci6n adle riana se esquematiza de la siguiente manera:
' "Yo mas grande que el Otro."
"lQue es, entonces, el ser negro 1
;,Es el ser de este color? · Tipico romance espafiol.
176 177
I, l I I
En cambio, la comparaci6n antillana se presenta asi:
Blanco
Yo diferente al Otro
La comparaci6n adleriana comporta dos terminos y esta polariza da por el yo. ·
La comparaci6il antillana esta recubierta por un tercer tfr?lino : la ficci6n dirigente no es en este caso personal, sino socw.l. I ;
El martiniques es un crucificado. El medi oue lo ha he cho (y que _el no ha hecho) Io ha desangrado esp;ntosamente ; y este medrn de cultura lo vive y Jo mantiene. con su sangre y con sus hun:ores. Ahora bien, Ia sangre de!negro es un abono muy estJmado por Ios expertos. ·
Desde un punto de vista adleriano, tras haber compro bado que mi compafier-0, en su suefio, realiza el deseo de blan quearse, es decir, de ser viril, yo le dirla que su neurosis su ii:iestabilidad psiquica, la brecha de su yo provienen de 'esa f1_cci6n rector ; le diria fambien: "Mannoni ha descrito muy b1en este fenomeno en el malgache: mira, yo creo que con vendria que aceptases quedarte en el Jugar que te ban fa bricado." . i
iPues no, senor! iYo no dire esto en absoluto ! Yo diri a mi comn.anero : los responsables de tu mixtificaci6n son el medio y la sociedad. Dicho . esto, Io demas vendra solo. Ya
i, sabemos todos de que se trata.
Del fin de!mundo.
Me pregunto, a veces, si los inspectores de ensefianza y_ los jef es de sericio son conscientes de su pape] en las colo
°:1as. Durante ve1nte afios se ban dedicado, programa · en nstre,. a hacer de!_negro un blanco. Al cabo, J.e sueltan y le di cn: tJene usted sm duda ninguna un complejo de dependen c1a respecto de! blanco.
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B) EL NEGRO Y HEGEL
La conciencia d e si es en si y para st cuan do y porque ella es en si y para st para ofra conciencia de si; es decir, que s6lo es en tanto que ser reconocid o 4•
El hombre s6lo es humane en la medida en que quiere imponerse a otro hombre, a fin de hacerse reconocer por el. Mientras no sea efectivamente reconocido por el otro, es este otro el que se constituye' en tema de su acci6n. Su valor y su realidad humanas dependen de este otro, dependen de] reco nocimiento por este otro. EI sentido de su vida se condensa en este otro.
No hay Jucha abierta entre el blanco y el negro.
Un dla el Duefio Blanco reconoci6 sin lucha al negro es clavo.
Pero el antiguo esclavo quiere ha,cerse reconocer.
· En la base de la dialectica hegeliana hay una reciprocidad absoluta que hay que poner en evidencia.
Yo reahzo el ser del otro como realidad natural y mas
·que natural en tanto que rebaso el ser ahi inmedfa,to. Si yo cierro el circuito, si hago irrealizable el movimiento de doble sentido, mantengo al otro en el interior de si. En definitiva, Jc quito incluso este ser-para-si. .
El unico medio para romper este circulo inf ernal que me remite y devuelve a mi mismo consiste en restituir al otro, por Ia mediaci6n y el reconocimiento, su realidad humana, dife rente de la realidad natural. Ahora bien, el otro debe ef ectuar una operaci6n semejante. "La operaci6n unilateral seria inutil, porque lo que. ha de suceder solo puede producirse con Ia ope raci6n de los dos ..."; ". . .ellos se reconocen como recono ciend ose reciprocamente" 5•
En su Inmediatez, la conciencia de si es ser-para- si sim ple. Para obtener la certidumbre de si mismo, es necesaria la in-
• Hegel, Phenomenologw de rEsprit, tra.d. H yppolyt , p:\,g. 165.
s Ibitl, po,g. 1'&7.
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tegraci6n de! concep to cle reconocimiento. EI otro, de modo se mejante, espera nuestro reconocimiento, para expandir en Ia conciencia de si universal. Cada conciencia de si busca la abso luteidad. Quiere ser reconocida en tanto que valor primordial desinsertado de la vida, como transformaci6n de la certidumbre subjetiva ( Gewisheit ) en verdad objetiva ( Wahrheit ).
Al encontrar la oposici6n de] otro, la conciencia de si hace la experiencia del Deseo; primera etapa de! camino que con duce a la dignidad de!espiritu. La conciencia acepta arriesgar su vida arriesgando su vida, conserva la libertad, y se prueba que la esencia de la conciencia de si no es el ser, no es·el modo inme diato en el cual la conciencia de si surge originariamente, no es inmersi6n en la expansion de la vida" 6•
Asi, la realidad humana en-si-para-si no llega a la plenitud mas que en la lucha y por el riesgo que implica esta. Ese riesgo significa que yo rebaso la vida hacia un bien supremo que es la transformaci6n en verdad objetiva universalmente valida de la certidumbre subjetiva que yo tengo de mi propio valor.
Pido que se me considere a partir de mi Deseo. Yo no soy solamente aqui-ahora, encerrado en la coseida<l. Yo soy para otra parte y para otra cosa. Reclamo que se tenga en cuenta mi actividad negadora en tanto que lucho por el nacimiento de un m.undo humano, es decir, un mundo de reconocimientos reciprocos.
Quien dude en reconocerme se opone a mi. En una Jucha bravia acepto tocar las consecuencias de! estremecimiento de la muerte, la disoluci6n irreversible, pero tambien la posibilidad de la imposibilidad 7•
El otro, sin embargo, puede reconocerme sin lueha:
"El individuo que no ha puesto su vida en juego puede
·muy bien ser reconocido como persona, pero no ha alcanzado la verdad de este reconocimiento de una conciencia de si inde pendiente" 6•
Hist6ricamente, el negro, sumergido en la inesencialidad de la servidumbre, ha, sido liberado por el seiior. No ha soste. nido la luch. por la libertad.
De esclavo, el negro ha irrumpido en la liza en que se afanaban sus seiiores. Semejante a esos domesticos a quienes se permite bailar en el salon una vez al aiio, el negro busca un soporte. El negro no ha devenido un seiior. Cuando ya no hay esclavos, tampoco hay seiiores.
E,J negro es un esclavo a quien se ha permitido adoptar una actitud de seiior.
El blanco es un seiior que ha permitido a sus esclavos.. comer en su mesa.
Un dia, un blanco, buen seiior y con influencias, dijo a sus iguales:
"Seamos amables con los negros . . ."
Entonces, los seiiores blancos, refunfuiiando, porque de todas maneras era un trago duro, decidieron elevar a unos
. hombres- maquinas- bestias al rango supremo de hombres.
Nunca mas esclavos en tierra francesa.
El estremecimiento ha alcanzado al negro en lo exterior. El negro ha sido actuado. Valores que no han nacido de su accl-On, valores que. no resultan de la subida sist6lici;i de su sangre, han venido a bailar una danza coloreada a >!u alre-
• !Md., pig. 159.
7 Cuando comenzamos este traajo queriamos d-.edicar un . estudio al ser del negro para-la-muerte. Lo consideribamos necesario, porque siempr,e se esta diciendo·: e.l negro no se suicida.
M. Achille sosturvo este punto de vista en uoo conferencia. Richard Wright hacer decir a· un blanco en un-a de sus nov-elas: "Si yo fuooe un negro me suicidaria . . . 11, queriendo decir con es.to que s6lo un ;1:g;o puede- aceptar 80Illejante tratamiento s.in sentir la Hamada del su1c1d10. Por su iparte, Deshaies consagr6 su tesis a la cuesti6n del suiciio.
En ella ,pone de relieve que los tra.bajos de Jaia-nsch, que opon el t1po
desintegra,fo (ojos azuleo., pie! l>lanca ) al t;.io integrado (ojos y pie!
morenos') son, cndo menos, ospeciosos:
Para Diirkhe_im los jud:ios no .se suicidaban. Hoy son los negros. Abora •bien, 'el hospital de Detroit reg.istr6, entr,e .Jos suicidias, un 16,6 por ciento de negros, mientras que la ,proporci6n de estos en la pobla ci6n es s61o del 7'6 por ciento. En Cincinnati hay .mas del dob1'e de suici· dios entre la poblaci6n negra que en.tre la blanca, sobretasa dcbida a la asom•brosa. ·proporci6n de ncgras: 358 :por 76 111.eg-ros. (Gabriel Deshaies, Psychologie du swimde, n. 23).
s Hegel, op. cit., pag. i59.
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dedor. El estremeGimiento, el cambio, no ha diferenciado al negro. El negro ha pasado de un modo de vida a otro, pero no de una vida a otra. Cuando se anuncia a un enfermo mejorado que pronto saldra de! asilo, ocurre a veces que el enfermo re cae ; pues asi tambien la nueva de la liberaci6n de Jos esclavos negros determin6 psicosis y muertes subitas.
En una vida no se vive dos vec€s esta misma nueva. El negro se ha contentado con dar las gracias al blanco, y la prueba mas brutal de este hecho esta en la imponente canti dad de estatuas diseminadas por Francia y las co!onias en las que se representa a la Francia blanca acariciando la melena rizada de! buen negro al que se acaban de romper las cadenas. "Di gracias aJ sefior", dice Ja madre a SU hij O . • • , pero nosotros saliemos que muchas veces el chiquillo gustaria gritar
alguna otra palabra, mas resonante . . .
El blanco ·en tanto que sefior 9 ha dicho al negro : "Ya eres libre."
Pero el negro ignora el precio de la libertad, porque no ha luchado por ella. De vez en cuando lucha, si, por la Libertad y la Justicia, pero siempre es la libertad blanea y la justicia blanca, es decir, valores segregados por los sefiores. El antiguo esclavo, que no halla en su memoria la lucha por la libertad ni la angustia de la libertad de que habla Kierkegaard, tiene la garganta seca ante ese joven blanco que toca y canta sobre la cuerda tensa de la existencia.
9 Tenernos· J.a esperanza d,e ha.her ,puesto bien en claro que el sefior, en este caso, dif iere esencialmcnte del descrito por Hegel. En Hegel hay reciprOcidadT en nuestro caso el sefior se burla de la conciencia ctel esclavo. No reclama el reconocimiento de este Ultimo, r;ino su trabajo.
Asimi.smo, este esclavo no es en imodo alguno asimilrible a aquel otro que, perdiendos:e . en el objeto, halla en el trabaj-o la fuente de su liberaci6n.
El :ruegro quiere ser como el sefior.
Es rnen,os independiente ,que el esclavo h,egeliano.
Cuando, si el caso llega, el negro mira al blanco altiva mente, este le dice : "Hermano, no hay diferencia entre noso- tros". ".:",m embargo, el negro sabe que hay una diferencia. La desea. Le gustarfa que el blanco le dijese de repente : "Cochino negro". Entonces, aun tendria esa unica posibilidad . . ., de demostrarles . . .".
f ero, po· I? general, no hay nada, nada mas que indife rencia, o cur10s1dad paternalista.
El. antiguo esclavo exige que se ponga en entredicho su humamdad, desea una lucha, un tumulto. Pero demasiado tarde: el negro frances est& condenado a morderse v a morder Dedmos el negro frances, pero los negros amerianos vive un drama distinto. En America el negro Jucha y es combatido. Hay !eyes que vn desapareciendo de la constituci6n. Hay de cretos que proh1ben algunas discriminaciones. Y estamos se-, guros que no se trata de donativos.
Hay batallas, derrotas, treguas, victorias.
"The twelve millions black vofoes " han VOC€ado contra la cortina de!cielo. Y la cortina, atravesada, ensartada, las hue llas dentales bien c!aras, alojadas en su vientre de prohibici6n ha caido como un zepe!fn. reventado. '
En el campo de batalla, confinado en si.Js cuatro rincones por docenas de negros colgados por los testiculos, se Jevanta poco a poco un monumento que promete ser grandioso.
En lo alto de este monumento percibo ya un blanco y un negro que se da.n la ,nano.
, Para el negro frances la situaci6n es intolerable. Jamas esta seguro de que el blanco le considere como conciencia en-si para.-si; por eso necesita y busca la. resistencia, la oposici6n. .
' . Esto es lo !J.Ue se saca en limpio de algunos pasajes de! hbro que -·foumr consagr6 a Africa il.O. Los j6venes negros que conoc10 querian conservar su alteridad. Alteridad de rup. tura, lucha y combate.
El yo se pone oponiendose, decia Fichte. Si y no.
En Hegel el esclavo ,deja de nUrar a:l s;eiior y e vuelv-e hacia el
objeto. I 10
En nu,estro
el objeto.
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caso el escla'Vo se vuelve hacia el sefior y aha"n.dona
En1manuel Mounier, L'6veil de tAfrique noire, Editions du
Seuil, l(.l48.
183
Dijimos en la introducci6n que el hombre era un si. No d jaremos de repetirlo.
Si a la vida. Si al amor. Si a la generosidad.
Pero el hombre es tambien un no. No a la indignidad de! hombre. A la explotaci6n de! hombre. Al asesinato de lo que hay mas humano en el hombre: 111 libertad.
I ·El comportamiento de! hombre no es solamente reaccional.
y siempre hay resentimiento en una reacci6n. Ya lo habia indicado Nietzsche en La Voluntad d e Pod er.
Uevar al hombre a ser accional , manteniendo en su circu laridad el respeto de los valores fundamentales que hacen un mundo humano : esta es la primera urgencia de quien, tras
)Jaber ref lexionado, se apresta a actuar.
A MODO DE CONCLUSION .
La revoluci6n social no puede alum brar su poes fa del pasad o, sino, sola mente, del futuro. N o pued e comen zar consigo misma antes de haberse' despojado de todas las supersticiones d el pas<ldo. Las revoluciones prece dentes recurrian a recuerdos de la historia mundial para drogarse en su pro pio contenido. Para alcanzar su pro pio contenid o, las revoluciones del siglo X IX han d e d ejar a los muer
·tos enterrar a los miiertos; ahora el contenido supera la expresi 6n. (K. Marx, El 18 Brumario. )
Ya veo la eara de todos los que me van a pedir que concrete este o ague!punto, que condene esta o aquella conducta. ·
Es evidente, no me cansare de repetirlo, que el esfuerzo de desalienaci6n de! doctor en medicina de origen guadalu pano · hay que entenderlo a partir de motivaciones esencial mente· diferentes de las de! negro que trabaja en la construc ci6n de! puerto de Abidjan. Para el primero la alienaci6n es casi intelectual. Se pone como alienado en tanto que concibe
184 185
la cultura europea como un media para desprenderse de su raza. El segund,0 se pone como alienado, esta alienado en tanto que es victima de un regimen basado en la explotaci6n de una raza por otra, en el desprecio de una determinada humanidad por una forma de civilizaci6n tenida por superior.
No somos tan ingenuos como para creer que los llama mientos a la raz6n o al respeto de!hombre puedan cambiar Jo real. Para el negro que trabaja en las plantaciones de cai\a de! Roberti solo hay una sciluci6n: la lucha. Esta lucha la emprendera y la proseguira no despues de un analisis marxista o idealista, sino, sencillamente, porque no sera capaz de con cebir su existencia mas que bajo las especies de un combate contra la explotaci6n, la miseria y el hambre.
No· se nos ocurrira pedir a estos negros que corrijan la concepci6n que se hacen de la historia. Por otra parte, estamos convencidos de que, sin saberlo, comparten nuestros puntos de vista, tan habituados estan a hablar y pensar en terminos de presente. Los pocos compai\eros obreros que he tenido oca si6n de encontrar en Paris nunca se habian pla nteado el pro blema de! descubrimiento de un pasado negro. Sabian perfec tamente que eran negros, pero, como me decian, esto no cambia nada las cosas.
En lo cual tenian rabiosamente raz6n.
A este respecto, me permitiria formular una observaci6n que me parece haber entrevisto en muchos autores: la aliena ci6n intelectual es una creaci6n de la sociedad burguesa. Yo llamo sociedad burguesa a toda sociedad que se esclerotiza en unas forrnas determjnadas, prohibiendo toda evoluci6n, toda marcha, todo progreso y todo descubrimiento. Llama sociedad burguesa a una sociedad rerrada en la que vivir no es un plato de gusto, en la que el aire esta corrompido y las ideas y las gentes en putrefacci6n. Creo que un hombre qlie adopte una posici6n en contra de est.a muerte es, en cierto sentido, un · revolucionario.
El descubrimiento de la existencia de una civilizaci6n ne gra en el siglo XV no me otorga un diploma de humanidad.
1 C(mluna de la M,artinica.
. Quierase o no el pasado no puede en absoluto guiarme en la actualidad.
Como ya se habra podido observar, la situaci6n que he estudiado no es clasica. La objetividad cientff ica me estaba vedada, porq ue, alienado, el neur6tico era mi padre, mi madre, mi hermano v mi hermana. He intentado en todo momenta revelar al neg;o que en cierto modo se anormaliza ; y el blanco que es, a la vez, mixtificador y mixtificado.
En algunos momentos el negro esta encerrado en su cuerpo. Ahora bien, "para un ser que ha adquirido la conciencia de si y de su cuerpo, que ha llegado a la dialectica de!sujeto y el objeto, el cuerpo ya no es la causa. de la estructura de la concfencia sino que se ha convertido en objeto de conciencia" •.
El negro, aun sincero, es esclavo de!pasado. Sin embargo, yo soy hombre, y en este sentido la guerra de!Peloponeso es tan mia como el descubrimiento de la brujula. Ante el blanco· el negro tiene un pasado a valorizar, una revancha que tomarse; ante el negro el blanco contemporaneo siente la necesidad de recordar el neriodo de antropofagia. Race algunos ai\os la Asociaci6n Lvonesa de Estudiantes Franceses de Ultramar me pidi6 respondiese a un articulo que hac[a, literalmente, de la musica de jazz una irrupci6n de! canabalismo en el mundo moderno. Sabiendo d6nde iba (yo) , rechace las primicias de! interlocutor y pedi al defensor de la pureza europea que se deshiciese de un espasmo que o tenia nada de cultural. Hay ciertas personas que quieren hinchar el mundo con su ser. Un fil6sofo alemiin describi6 este proceso con el nombre de pato logfa de la lil,ertad. No tenia yo por que tomar posici6n a favor de la musica negra y en contra de la blanca, y si ayudar a mi hermano a abandonar una actitud que nada tenia de heneficiosa.
El problema: abordado en estas paginas se situa en la
temporalidad, dentro de la temporalidad. Se desalienar:l.n aque
!los blancos y negros que se nieguen a dejarse encerrar en la Torre sustancializada de!Pasado. Para muchos otros negros la desalienaci6n vendri\ de la negativa a considerar la actualidad como algo definitivo.
2 Merl-eau-Ponty 1 Phlno·mBnologie de la peT ception, :Pac-. 277.
185
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' -
Yo soy un hombre, me corresponde, quiero recuperar todo el pasado de! mundo. No soy solamente responsable de la re vuelta de Santo Domingo.
Siempre que un hombre ha hecho triunfar la dignidad de! espiritu, siempre que un hombre ha dicho no a una tentativa de esclavizaci6n de su semejante, yo me he sentido solidario de su acto.
En absoluto extraere de! pasado de los pueblos de color mi vocaci6n original.
En absoluto me dedicare a reavivar una civilizaci6n negra justamente desconocida. No me hago el hombre de ning(in pa sado. No quiero cantar el pasado a costa de mi presente y de mi porvenir.
El indochino no se ha revolucionado porque haya descu bierto que tiene una cultura propia, sino porque, "a la fuerza ahorcan", le empezaba a ser imposible, en mas de un sentido, respirar.
Cuando recordamos los relatos de los sargentos de carrera que en 1938 describian el pafs de las piastras y los pousse pou,Bse (*), los boys y las mujeres baratas comprendemos de sobras por . que combaten con tanto f uror los hombres del Viet-Minh.
Recuerdo un compafiero de regreso de Indochina, con el cual estuve durante la segunda guerra mundial. Me puso al corriente de muchas cosas. Por ejemplo, de la serenidad con que mozos vietnamitas de dieciseis o diecisiete afios caian ante el pelot6n de ejecuci6n. "Una vez tuvimos que hacer fuego, me dijo, en posici6n rodilla en tierra : temblabamos ante aque llos muchachos fanaticos". En conclusion, aiiadf a : "La guerra que hicimos juntos (39-45) era un juego de niiios al !ado de lo que esta ocurrien-do alli".
Vistas desde Europa estas cosas son incomprensibles. Al gunos imbeciles argumentan una supuesta actitud asiatica ante la muerte. Estos fi!6sofos de sotanillo no convencen a nadie. Esa serenidad asiatica la manifestaron por su cuenta, y no
• Cochedto ligero tirado por hombre (en Ori<mt.e) . N. de[ T.
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hace mucho tiempo, Jos "voyous'' de! Vercors y los ''terroristas" de la Resist€ncia,
Los vietnamitas que inueren ante el pelot6n de ejecuci6n no esperan que su sacrificio permita la reaparici6n de un pa sado. Aceptan morir en nombre de! presente y el futuro. . Si alguna vez se me ha planteado el problema de solidri 'zarme efectivamente con algun pasado deterroinado ha s1do en la medida en que yo me habia empefiado, _haci_a mi ;111ismD
y hacia mi pr6jimo, en combatir ·co tod ID\ ex1stencia, con
todas mis fuerzas para que nunca hub1ese, Jamas, pueblos escla vizados sobre la tierra.
No es '. mundo quien dicta mi conducta. M! pie! negr
no es deposihria de valores especificos. Hace ya t1empo que e1 cielo estrellado que dejaba a Kant anhelant nos ha entregado sus secretos. Y la ley moral duda de si misma. ..
En tanto que hombre me comprometo a afrontar .el riesgo de la aniquilaci6n para que dos o tres verdades arroien sobre
el mundo su claridad esencial.
Sartre ha mostrado que el pasado, en la linea de una ac titud inautentica, "agarra" en masa y, s6lidamente labrado, acaba informand o al individuo. Es un pasado transmtado en valor. Pero yo puedo tambien coger mi pasado, valorizarlo o condenarlo en elecciones sucesivas. . ,
El negro quiere ser como el blanco. Para el negro solo
hay un destino. Y es un· destino blanco. El negro, hace de esto mucho tiempl), admiti6 la superioriad indiscut_ible d_el blanco, y todos sus esfuerzos tienden a realizar una ex1stencrn blanca. z E s que no tengo otra cosa que hacer en esta tierra que
vengar a los negros del siglo XVII ?
z Tengo que plantearme el problema de la verdad negra en
esta tierra que ya empieza a ocultarse?
z Tengo que conf inarme en la justif icaci6n de un angulo
f acial? ,
Yo, hombre de color, no tengo derecho a buscar en que es superior o inferior mi raza a otra cualquiera. .
Yo hombre de color, no tengo derecho a desear la cns talizaci6n en el hombre blanco de una culpabilidad respecto al pasado de mi raza.
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I _
Yo, hombre de color, no tengo derecho ll. preocuparme poi
]os medios que me permitirian pisotear la soberbia de!anti, guo senor.
No tengo derecho ni deber de exigir reparaci6n por mi! antepasados domesticados.
No hay una misi6n negra ; no hay un fardo blanco.
Un buen dia me ·descubro en un mundo donde las cosai van ma!; UIJ mundo donde siempre se est:i hablando de aniqui, laci6n o de victoria.
Me descnbro, yo, hombre,. en un mundo donde las palabrai se adornan con silencio ; un mundo donde el otro, intermina· blemente, se endurece.
No, no tengo derecho a gritar mi odio al blanco. No teng( la obligaci6n o el deber de murmurar mi reconocimiento a: blanco.
Esta mi vida, atrapada en el lazo de la existencia. E&ta m: libertad que me remite a mi mismo. No, no tengo derecho a ser un negro. · >'
No tengo obligaci6n o deber de ser esto o aquPllo . . .
Si el blanco me discute mi humanidad, yo le demostrare, haciendo pesar sobre su vida todo mi peso de hombre, que ye no soy ese "iAl rico p!atano !" con que insiste en imaginarme.
Yo me descubro un dia en el mundo y me reconozco un solo derecho , el de exigir al otro un comportamiento humano.
Un sofo deber. El de no renegar de mi libertad en mi elecciones.
No quiero ser la victima de la Trampa de un mundo negro.
Mi vida no se consagrar:i a hacer el balance de los valores negros.
No hay mundo blanco, no hay etica hlanca, no hay su perior inteligencia blanca.
Hay de] ca:bo al rabo de!mundo hombres que buscan.
No soy prisionero de la Historia. No tengo que buscar en ella el sentido de mi destino.
Tengo que recordarme en todo momento que el verda dero rolto consiste en introducir la invenci6n en la existencia. En el mundo por el que yo camino, me creo intermina
blemente.
Soy solitlario de!Ser en la medida en que lo rebaso.
A traves de un problema particular, vemos perf ilarse el tle la Acci6n. Puesto en un mundo, en situaci6n, "embarcado" como queria Pascal, i voy a dedicarme a amontonar armas? iVoy a pedir al hombre blanco de hoy que se haga res-
ponsable de los J\egreros de!siglo XVII?
i Voy a intentar por todos los medios que nazca la Cul pabilidad en las almas?
i El dolor moral ante la densidad de! Pasado? Yo soy negro, y toneladas de cadenas, huracanes de golpes, rios de salivazos surcan mis hombros y espaldas.
Pero no tengo derecho a dejarme anclar. No tengo derecho a admitir la menor parcela de ser en mi existencia. No tengo derecho a dejarme engullir por las determinaciones de!pasado._ No soy esclavo de la Esclavitud que deshumaniz6 a mis
padres.
Para muchos intelectuales de color la cultura europea presenta un car:icter de exterioridad. Adeinas, en las relaciones humanas, el negro puede sentirse extraiio al mundo occidental. No queriendo parecer el pariente pobre ni hijo adoptivo ni retofio bastardo, i intentara descubrir febrilmente una civi lizaci6n negra ?
Y, sobre todo, que se nos comprenda. Estamos conven cidos de que seria de sumo interes entrar en contacto con una literatura o una arquitectura negras de!siglo II antes de Cristo. Nos haria muy f eUces saber que existi6 una corres pondencia entre ta! fil6sofo negro y Plat6n. Pero no vemos en absoluto en que podria cambiar este hecho la situaci6n de Jos chiquillos de ocho afios que trabajan en los campos de cafia en Martinica o en Guadalupe.
No hay que intentar fijar al hombre, pues sil destino es ser soltado.
La densidad de la historia no determina ninguno de mis actos.
Yo soy mi propio fundamento.
Yo introduzco el ciclo de mi libertad superando el dato hist6rico, instrumental.
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La desd:eha y ia inhumanidad del blanco es haber matad
·al hombre en alguna parte.
Aun hoy tratan de organizar racionalmente esta deshi
manizaci6n. Pero yo, hombre de color, en la medida en qu me es posible existir absolutamente, no tengo derecho a aca1 tonarme en un mundo de reparaciones. retroactivas.
Yo, hombre de color, s6lo quiero una cosa:
Que ja'llas el instrumento domine al hombre. Que ce para siempre la -esclavizaci6n del hombre por el hombre. l decir, de mi por otro. Que se me permita descubrir y quer
al hombre, donde este.
El negro no es. No mas que el blanco.
Los dos tienen quP apartarse de las voces inhumanas q fueron las de sus antepasados respectivos a fin de que nai
una autentica comunicaci6n. Antes de empefiarse en la , 1 ·
positiva la Ebertad tiene que empefiarse en un esfuerzo
desalienaci6n. Al comienzo de su . exist€ncia, un hombre e I siempre congestionado, ahogado en la contingencia. La c i
· gracia de!hombre es haber sido nifio.
Los hornbres pueden crear las condiciones de exister
ideales de un mundo humano mediante un esfuerzo de reas ci6n de sf y de desprendimiento voluntario, mediante una 1
si6n permanPnte de su libertad.
iSuperi0ridad 7 l lnferioridad 7 i
i Por que no intentar, sencillamente, la prueba de t<
al otro, sentir al otro, revelarme al otro 7
l Acaso no me ha sido dada mi libertad para ,edifica
mundo del Tu7
Al final de esta obra quisiera que los demas sintiesen c
yo la. dimension abierta de toda conciencia.
Mi ultima oraci6n :
iOh, cuerpo mio, haz de mi, siempre, un hombre qw
terrogue!
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