Puede afirmarse que superada la meseta producida por las intervenciones cívico milita- res que se aplicaron sobre las teorías críticas latinoamericanas desarrolladas entre las décadas de los sesenta y setenta, como su postergación por la hegemonía del pensamiento neoclásico neo-liberal en los ochenta y noventa del siglo XX, a finales de este siglo e inicios del siglo XXI han (re)emergido en Latinoamérica movimientos sociales de impacto regional e internacional como desarrollos teóricos en el marco de la corriente de pensamiento crítico latinoamericano (Quijano, 2009; Lander, 2000; Bialakowsky et al, 2010, 2012; Mignolo, 2001). Se revalorizan también los aportes que la teoría crítica europea ha realizado en torno a la revisión de la ra- cionalidad instrumental y la concepción positivista de la ciencia (Adorno y Horkheimer 1972; Holloway, 2007), así como la crítica a las gramáticas coloniales prexistentes en las ciencias sociales.