Alexandra Pita González

Resumo: Este trabalho trata da "Federación de Intelectuales latinoamericanos" e dos ecos desta proposta durante a década de 1920. A principal fonte utilizada é a revista costarriquenha Repertorio Americano.

Abstract: This article analyses the "Federación de Intelectuales Latinoamericanos", and the replyes of this proyect, during the 1920 decade. The principal source used is the costarricense review Repertorio Americano.

Palavras-chave: Federación de Intelectuales Latinoamericanos. Congresso de Intelec- tuais Latino-americanos. Repertorio Americano.

Key words: Federación de Intelectuales latinoamericanos. Congreso de Intelectuales Latinoamericanos. Repertorio Americano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 Profesora Investigadora de Tiempo Completo de la Universidad de Colima, México.

 

 

 

Introducción

 

La historia de los países de América Latina desde su independencia hasta la actualidad, ha registrado un considerable número de propuestas por integrar a estas repúblicas. En ese sentido, el presente trabajo tiene por objeto contribuir al estudio, al focalizar el análisis en una organización que se propuso la ambiciosa tarea de congregar a los intelectuales latinoamericanos, con el fin de actuar conjuntamente en favor de la unidad. Debido a que la movilización en torno a esta Federación no se redujo a su efímera vida, analizaremos también los ecos que se generaron a raíz de esta propuesta, como fueron el Congreso de Intelectuales Latinoamericanos y el cuestionario que realizó la revista Repertorio Americano.

Esta revisión permitirá acercarse al cómo y a través de qué herramientas discursivas, un grupo de intelectuales latinoamericanos intentaron dar respuesta al quiénes somos y cómo podríamos unirnos en ese sentido colectivo, durante un período que transcurre entre 1921- 1927. Para ello se consultó algunas publicaciones periódicas de la época, a saber: El Repertorio Americano, Renovación, La Antorcha y el Boletín de la Universidad  Nacional de México.

1.  De una Federación y los proyectos de Vasconcelos

 

En octubre de 1921, nació en la ciudad de México la Federación de Intelectuales Latinoamericanos. La excusa se presentó en un homenaje realizado al mexicano José Vasconcelos, al reunirse un grupo de delegados estudiantiles y representantes diplomáticos que se encontraban en la ciudad con motivo de realizarse los festejos del Centenario de la Independencia de este país y el Primer Congreso Internacional de Estudiantes.

Tras adular al homenajeado, los oradores expresaron la necesidad de crear una asociación que agrupara a los intelectuales latinoamericanos, con la intención de crear una "unidad espiritual latinoamericana", primer paso para revivir el viejo ideal bolivariano de unir políticamente a estos países hermanados por algunas virtudes, como la lengua, religión y cultura y varios males como las tiranías, el analfabetismo y la pobreza.

No era de extrañar que esta iniciativa se originara en ese contexto humano y geográfico. Por una parte, el Congreso de Estudiantes había congregado a un importante número de representantes universitarios que sentían la necesidad de difundir entre la intelectualidad - a la que creían pertenecer -, la idea de que ellos se encontraban obligados a intervenir decididamente en los cambios sociales. Herederos de los principios de la Reforma Universitaria que se originó en la Universidad de Córdoba en 1918 y se expandió hacia otras universidades latinoamericanas durante los años siguientes, estos estudiantes se replanteaban la función de las instituciones educativas superiores, de sus miembros y de la intelectualidad en general. Además, otorgándose el lugar de discípulos de José E. Rodó,

 

 

 

estas juventudes reformistas sentían la necesidad de dirigir el movimiento de unidad latinoamericana como parte de su programa de acción social.

Por la otra, México se había convertido en un marco de referencia fundamental al cual miraba en busca de referencias, un sector importante de la intelectualidad latinoamericana desde el inicio de la Revolución en 1910. Tratando de defender su proyecto frente al intervencionismo norteamericano, los gobiernos revolucionarios mexicanos desplegaron una intensa propaganda continental buscando adeptos, aliados y publicistas de su causa en el exterior. Dentro de esta campaña se encontraba  inmerso  Vasconcelos, quien representaba al intelectual-político involucrado en los proyectos gubernamentales.

Este intelectual, jugó un papel tan determinante en la constitución de la Federación, que bien podría comprenderse porqué la misma fue vista por algunos contemporáneos como una propuesta esencialmente de autoría mexicana. Desde la reunión constitutiva  realizada el 3 de octubre de 1921, Vasconcelos nombrado director de debates, tomó la iniciativa presentando al grupo de 60 personas reunidas en el claustro de la Universidad Nacional - compuesto fundamentalmente por delegados estudiantiles y representantes diplomáticos -, una propuesta para constituir la asociación.'

La propuesta apuntaba en dos puntos. Sobre el primero, Vasconcelos afirmó que el objetivo principal de la Federación debía ser la búsqueda de la unión entre los países latinoamericanos, búsqueda que era posible como lo demostraba el ejemplo de la recientemente creada Confederación Centroamericana convenida entre Honduras, Guatemala y El Salvador. El segundo, remarcaba el papel que debía adoptar el intelectual dentro del proyecto de unidad, apuntando que los mismos debían cambiar su actitud y posición, abandonando el plano de los debates teóricos para intervenir de manera directa en los asuntos públicos con el fin de "abolir las tiranías e instalar las democracias" en América Latina e incluso España.

De esta propuesta se generó el debate entre los participantes. La primera cuestión discutida fue siguiendo las directrices del director, el punto sobre qué países estarían llamados a unirse en una futura Federación o confederación política y en relación a ésto, cuál sería el término conveniente a utilizar para la naciente asociación: Latino, Hispano o Iberoamericano. Si lo que se buscaba era formar un bloque con todas las naciones del continente - exceptuando a los Estados Unidos, Canadá y las antiguas colonias francesas como Haití de las cuales no hay mención alguna, entonces debían bautizar a la Federación con latinoamericana, en cambio, si se incluía a la América de origen español y a España - excluyendo a Brasil -, sería más conveniente bautizarlo como Hispanoamericana, y si en conjunto se pensaba en toda la América no sajona y a ambos países de la península ibérica, sería más adecuado el uso de Iberoamericana. Finalmente, la opción consensuada se dirigió hacia lo latino debido a que el término tan sólo fue objetado por uno de los participantes, reafirmando por una parte la diferencia con el mundo sajón del norte del continente y la

 

 

 

independencia con las antiguas metrópolis europeas. Sin embargo, al finalizar la reunión constitutiva se nombró a un reconocido escritor español, Ramón María del Valle Inclán, como presidente honorario, reconociendo con ello la incorporación - y de alguna forma -, la dirección del mundo hispano en el proyecto.

La propuesta vasconceliana sobre el papel de los intelectuales también fue discutida. Todos los asistentes reafirmaron la necesidad de que los intelectuales abandonaran el ámbito de la especulación teórica para actuar en el campo de la política, separándose de la actitud que tradicionalmente habían tomado al dedicarse a realizar reformas a nivel del pensamiento utilizando la literatura como principal vehículo de sus ideas. Sin embargo, la idea fue cuestionada en cuanto a su viabilidad. Como expresó el español del Valle Inclán, los gobiernos conservadores de América Latina y de España se opondrían a esto, por lo que habría que pensar en seguir la actividad de la lucha a través de los libros, como se venía haciendo desde tiempo atrás.

Sin más discusiones, se pasó a redactar el acta constitutiva de la Federación, con el objetivo de "estrechar las relaciones existentes entre los pueblos de origen común de América y luchar por el engrandecimiento de la raza". De esta manera no se dejaba en claro quiénes estaban llamados a unirse al proyecto de la Federación - y por ende al de una futura  unidad

-, ni como pensaba realizarse el objetivo propuesto, y menos aún, de qué manera se preveía el que la Comisión Provisoria se haría cargo de "dirigir la propaganda en América y en España y representar las apriraciónes comunes de las Repúblicas Latinas de América". Para ocupar los cargos de esta Comisión que actuaría de carácter provisional en la ciudad de México se nombro a José Vasconcelos y Alejandro Rivas Vázquez como presidente y vicepresidente, Rafael Heliodoro Valle y a Horacio Blanco Fombona como secretario y pro secretario, Isidro Fabela como tesorero y a Ramón del Valle Inclán como presidente honorario. Igualmente se estipulaba la elección de vocales con la función de conformar en cada país latinoamericano comités y subcomités, células locales no descentralizadas que deberían dar vida al proyecto siguiendo las instrucciones del Comité Federal Provisorio, una vez que el mismo redactara las bases y reglamento de la institución.

De esta manera, la Federación nació con una serie de ambigüedades y una sola propuesta clara, realizar dentro de los seis meses siguientes un Congreso de Intelectuales Latinoamericanos, para discutir, con mayor profundidad y en un marco más amplio su forma definitiva.

2.  De un Congreso y los periplos de Elmore

 

Al poco tiempo de haberse constituido la Federación, Edwin Elmore un joven peruano de origen sajón participante del movimiento reformista universitario de Perú, se dedicó a activar  la  idea  del  Congreso  en  un  intento  por  dar  vida  a  lo  que  llamó  el   proyecto

 

 

 

vasconceliano. Con este fin, viajó por países de América y de Europa para entrevistarse con personalidades del mundo intelectual, en busca de acordar un temario tentativo de discusión.

Las primeras búsquedas de apoyo a la idea, se dirigieron a los intelectuales cubanos - en especial a Enrique José Varona -, ante los que insistió en que era un momento propicio para cohesionar el pensamiento de los intelectuales, fuera de las líneas marcadas por otros proyectos como el Panamericanismo y la Sociedad de Naciones, los cuales de carácter oficial no llevaban consigo las premisas del arielismo y eran ajenos a los verdaderos intereses de América Latina. Específicamente, la Sociedad de las Naciones a través de la creación del Comité de Cooperación Intelectual y el Instituto de Cooperación Intelectual Francés, eran vistos por Elmore como agentes peligrosos en cuanto podían desvirtuar la originalidad de la idea lanzada por la Federación y captar a su intelectualidad en esferas que no buscaban fomentar la integración latinoamericana, sino anular su creación. Aparentemente la respuesta a esta invitación tuvo buena respuesta entre los isleños, pues a partir de ese momento el joven peruano decidió incluir en su programa, a la ciudad de La Habana como sede del Congreso.

Diferente situación se presentó cuando Elmore decidió viajar a Buenos Aires, pues la recepción que tuvo entre la intelectualidad porteña fue, como explicaría en varios artículos posteriores, pésima, al enfrentarse con una gran indiferencia por parte de la intelectualidad. Posiblemente la respuesta encontrada se debió como explicaría uno de sus entrevistados, Arturo Capdevila, a que existía la opinion de que pese a ser urgente fortalecer los lazos entre los intelectuales latinoamericanos - y para ello nada mejor que uno o varios congresos para discutir los temas relevantes - era muy difícil pretender conformar una unidad de pensamiento por características intrínsecas a la intelectualidad, en la cual triunfaría siempre el individualismo.

Haciendo referencia a argentinos como Carlos Sánchez Viamonte, Florentino Sanguinetti y Julio V González participantes de la organización argentina llamada  Unión Latinoamericana - constituida a los pocos dias de la visita del peruano en marzo de 1925 con fines muy similares a los propuestos por la Federación. Elmore mencionó decepcionado, que incluso éstos "mantienen gran celo sobre el tema de la unidad". El comentario era una respuesta a un artículo publicado en el órgano de la ésta asociación, el boletín Renovación, en el cual se le aclara "aplaudimos de todo corazón, toda iniciativa como la de nuestro amigo Elmore, pero no olivdamos que aquí en la Argentina, nació y se desarrolló el más significativo de cuantos movimientos propiciaron la Unión Latinoamericana".

Pese a esto, el joven no desistió de su idea y continuó fomentando el Congreso agrupando en Lima a jóvenes universitarios, representantes de Argentina, Uruguay, Paraguay, México, Cuba y Perú, para realizar un acta con temas a tratar, que serían enviados al comité organizador de dicho evento. El amplio temario enviado pretendía tratar los problemas

 

 

 

políticos, económicos, culturales y universitarios latinoamericanos. Sobre los dos primeros problemas, la propuesta consistía en realizar una acción de repudio hacia todo aquello percibido como un atentado contra la soberanía e independencia de los países latinoamericanos, a saber: las dictaduras militares, la política exterior de los Estados Unidos

- fundamentalmente el panamericanismo y la doctrina Monroe -, la política armamentista de algunos gobiernos sudamericanos y la política financiera en relación a los monopolios industriales y a los empréstitos. En cuanto a los problemas culturales y universitarios, se hacía hincapié en la acción transformadora de las juventudes latinoamericanas, las cuales debían propiciar a nivel general una "cultura no materialista americana", así como afirmar "el principio de nacionalidad y de raza". En lo particular, proponían generalizar los principios de la reforma universitaria - en sus aspectos políticos, educativos y sociales -, a todas las instituciones académicas del continente a través de la creación de un código en el que se sintetizaran los principios reformistas, así como mediante la formación de un órgano que agrupara a todos los estudiantes llamado Federación Universitaria Latinoamericana.

Sin embargo, las críticas siguieron publicándose en torno a la idea del Congreso. Tras la conversación que tuvo con Elmore en París, el argentino Leopoldo Lugones publicó un artículo para aclarar que se oponía a esta idea debido a que negaba cualquier posibilidad de que existiera - o pudiera existir un pensamiento hispanoamericano, debido a la gran diversidad que existía entre la intelectualidad. Asimismo afirmaba, cualquier proyecto de esta índole que no goce del apoyo oficial de los gobiernos y en especial, del de los Estados Unidos, está determinado a fracasar.

De forma no tan pesimista, el peruano José Carlos Mariátegui escribió en referencia al Congreso, que no era posible pasar a este nivel de discusión pues aunque había una idea vaga en varios núcleos de intelectuales del continente sobre los elementos preparatorios de un debate, no existía aún un pensamiento característicamente hispanoamericano. Mientras éste debate no fuera claro opinaba, la idea de un Congreso de Intelectuales no sería eficaz ni válida. Para ello, existe un comité trabajando en su país, otro en Argentina a través de la Unión Latinoamericana y un tercer grupo, en Costa Rica, mediante la revista Repertorio Americano, cada uno de los cuales ha lanzado un cuestionario para pedir  a la intelectualidad que reflexione nuevamente sobre los aspectos fundamentales del continente.

Elmore intentó responder a estas inquietudes, afirmando que si bien no existía un pensamiento hispanoamericano si había una coherencia en la mentalidad de los intelectuales, una base sobre la cual era factible crear. Sin embargo, el Congreso no se reunió y en octubre de 1925 al morir éste a causa de una disputa con el intelectual peruano José Santos Chocano, la Federación perdería a su principal promotor.

 

 

 

3.  De cuestionarios e interrogantes

 

Como mencionó Mariátegui, con miras a dar vida al proyecto de la Federación la revista costarricense Repertorio Americano lanzó un cuestionario en septiembre de 1922. Su autor, el joven filósofo centroamericano Moisés Vicenzi, invitó a través de las páginas de esta revista a los intelectuales de España y América a opinar sobre "los móviles que es preciso remover en el continente, con el objeto de preparar la Unión Latinoamericana". Así, con el plan de desarrollar un programa continental de organización lanzó las siguientes interrogantes:

1.- ¿Cree Ud. que la enseñanza debe unificarse con determinados propósitos raciales, en los países latinos de nuestra América?

2.- ¿Cree Ud. asimismo, en la necesidad de comunicar hasta cierto punto, las constituciones de nuestras repúblicas?

3.- ¿Estima Ud. conveniente que se haga un esfuerzo por orientar nuestros intereses económicos, hacia determinados rumbos, con propósitos diplomáticos defensivos?

4.- ¿Qué se podría empezar a hacer para estrechar nuestras relaciones económicas internacionales?

5.- ¿Qué principios nacionalizadores aconseja Ud. a la intelectualidad de América?

 

6.- ¿Estima Ud. prudente que nuestra América Latina tome una actitud determinada en su enseñanza, en su economía, en su producción espiritual, ante el caso de los Estados Unidos del Norte?

La convocatoria tuvo una respuesta inmediata y al mes siguiente, Repertorio comenzó a publicar las respuestas en la medida que iban llegando a su dirección, llegando a sumar durante los cinco años en que se mantuvo vigente el cuestionario - entre octubre de 1922 y junio de 1927 -, un total de 28 respuestas. Entre los encuestados se encontraban varios personajes reconocidos del medio intelectual latinoamericano - pues ningún español intervino pese a que los mismos habían sido invitados a participar -, principalmente de Centroamérica, México, Chile, y en menor proporción, Argentina, Cuba, Bolivia, Perú y Colombia.

De distintas extensiones y características, las respuestas muestran a grandes rasgos dos aspectos fundamentales. Por una parte, que existía una necesaria búsqueda por reafirmar la identidad, de buscar su unidad y diferenciarla de los Estados Unidos de América, vecino al cual se observa de forma especial. Por la otra, que para lograr encontrar soluciones a esta búsqueda era indispensable la dirección de la intelectualidad, como misioneros de una gran labor de transformación cultural.

 

 

 

3.1          Nosotros, ellos y la unidad

 

Las respuestas dadas a casi la totalidad de los puntos del cuestionario, giraban sobre una preocupación latente: afirmar el sentido de una unidad en "Nuestra América". Sin embargo, esta definición sobre el "nosotros", colectivo latinoamericano, llevaba implícita la representación sobre el otro excluido por sus diferencias, el "ellos", lugar ocupado imaginariamente por el vecino país del norte del continente.

En este sentido en respuesta a la primera interrogante, los encuestados no dudaron en afirmar la necesidad de unificar la enseñanza en América Latina a través de la homogeneización de programas de estudio para las asignaturas de historia, geografía, lengua y pensamiento americano, a través de la adopción de un texto común para todos los países. Sólo deberían excluirse, la enseñanza de materias como historia, geografía e instrucción cívica que trataron sobre aspectos estrictamente nacionales, aunque se recomendaba que aún en estos casos se procediera a una revisión exhaustiva de los contenidos para no inculcar a los jóvenes alumnos un nacionalismo sustentado en el odio hacia otras naciones latinoamericanas, pensando en especial en las enemistades entre países fronterizos. La viabilidad de esta propuesta se sustentaba en el principio de que existía una raza común a los latinoamericanos. Para la mayoría de los articulistas, era factible hablar de una raza aunque no en sentido estricto, para denotar la unidad espiritual que existía entre estos países al estar hermanados por elementos culturales comunes.

En cambio, mayor escepticismo mostraron los encuestados en cuanto al cómo y hasta qué punto sería necesario - y factible - comunizar las constituciones de las repúblicas. Pocos estaban de acuerdo en que la unificación de estas fuera completa, mostrando de alguna forma que la idea de unidad sobre la que se estaba reflexionando, se basaba en una integración donde no se anulara la independencia de las naciones participantes. Así se afirmaba, las constituciones no deberían ser modificadas en lo substancial, salvo en cuanto a la implementación de una ciudadanía latinoamericana.

En relación a las preguntas 3 y 4, que trataban sobre la necesidad y forma de realizar un mayor acercamiento económico, los intelectuales opinaron que no sólo era conveniente, sino indispensable orientar las economías de estos países para estrechar las relaciones comerciales, proponiendo medidas como la creación de consulados en cada ciudad del continente para brindar información actualizada sobre las posibilidades de las economías nacionales, así como el fomento de exposiciones temporales donde se mostraran  las diversas producciones.

Estas medidas, sumadas al indispensable crecimiento de los medios de comunicación que vincularan efectivamente a las repúblicas y a medidas radicales como la derogación de las aduanas nacionales, tendían a la creación de un mercado común latinoamericano. El libre cambio entre estas naciones combinado con barreras al comercio externo, podrían revertir

 

 

 

la situación de desventaja económica en que se encontraba América Latina al favorecer las producciones locales y proteger la naciente industrialización. Pero la implementación de este mercado interno no fue visto como un proceso sencillo pues se preveía que  las naciones más favorecidas por su riqueza, inundarían de sus productos a los países menos desarrollados, perjudicando su crecimiento económico. Por ello, algunas propuestas mencionan la necesidad de realizar con antelación una investigación detallada sobre las características de la producción y de las posibilidades de desarrollo de cada nación, para organizar un intercambio complementario, que anulara la competencia entre producciones nacionales.

Ahora bien, en relación a la última interrogante del cuestionario en el cual se preguntaba sobre la actitud que debe tomar este "nosotros" colectivo frente a "ellos", los Estados Unidos del Norte, la casi totalidad de los encuestados tomaron una actitud de rechazo al proyecto panamericanista, por ser visto como una instancia liderada desde Washington que sólo buscaba dominar de forma más eficiente a las naciones latinoamericanas, en especial, sus recursos naturales (petróleo, minas, gas, etc.). Así, aparece claramente la imagen de dos proyectos de unidad antagónicos e incompatibles, el latinoamericano y el panamericano, jugando la balanza de la opinión en favor del primero.

Sin embargo fuera del ataque al blanco panamericanista, la gran mayoría de los encuestados se inclinó a pensar que el mejor remedio frente a éste país era el igualarlos en su desarrollo, para llegar a un equilibrio continental que evitara el coloniaje económico o el tutelaje político sobre América Latina. En auxilio del cómo llegar a ese nivel de desarrollo, se retomaban las ideas expuestas en cuanto a la creación de un mercado común latinoamericano. Solamente dos casos, nuevamente el argentino Lugones y el chileno Torres Rioseco, expresaron que la fórmula de desarrollo debía buscarse en mirar al norte y no al sur, de observar y estudiar detenidamente cómo fue el proceso norteamericano para imitarlo directamente, o sacar mínimamente de ellos, lecciones prácticas.

La consigna "imitémoslos" lanzada por Lugones, provocó que el creador del cuestionario de Repertorio, Vicenzi, lanzara en marzo de 1925 un complemento de preguntas intentando ahondar en la relación con los Estados Unidos, teniendo en cuenta, la situación mundial de la postguerra europea. Así se cuestionaba:

1.- ¿Hay manera posible de solidarizarse, desde nuestros puntos de vista iberoamericanos, con los avances sociales de los Estados Unidos del Norte? ¿Avances materiales y espirituales?

2.- ¿Estima Ud. posible un cambio diplomático de los Estados Unidos, favorable a nuestra independencia territorial? ¿Qué nueva actitud aconsejaría usted, en tal caso, a estos pueblos?

3.- ¿Cree Ud. que España nos seguirá en todos los casos, en nuestra política defensiva?

 

 

 

4.- ¿Existen intereses comerciales y espirituales que puedan defender simultáneamente España, los Estados Unidos y la América Latina?

5.- ¿Qué actitud aconsejaría Ud. a nuestros pueblos de América ante un conflicto de los Estados Unidos con el Japón?

6.- ¿Qué puede hacer la América Latina por su propia independencia y por los intereses de la paz mundial, frente a ese conflicto?

7.- ¿Cree Ud. posible la creación de un congreso permanente, fundado por los Estados Unidos, la América Latina y España, para equilibrar, desarrollar y defender los intereses comerciales y espirituales de las razas de América? en caso afirmativo ¿en qué sitio habría de fundarse?.

Estas nuevas interrogantes lanzadas a la opinión intelectual en la revista mexicana La Antorcha, no tuvieron respuesta, como tampoco las que Vicenzi reformuló en base a éstas en Repertorio al año siguiente, cuando pese a avisar de no querer abusar de este "método moderno de indagación ideológica", complementariamente preguntaba a la audiencia  de esta revista lo siguiente:

1.- ¿ Cree Ud. en un posible conflicto internacional entre Japón y los Estados Unidos, en la disputa por la supremacía comercial del Océano Pacífico?.

2.- ¿Qué actitud aconsejaría Ud. a los países Iberoamericanos en el caso preciso de estallar un conflicto?.

3.- ¿Qué podría o debería exigir Iberoamérica a los Estados Unidos para  realizar una defensa colectiva del continente?.

3.2          Intelectuales, política y acción

 

Sobre la participación de la intelectualidad en el proyecto de unidad latinoamericano, es por demás interesante la pregunta relativa a los principios nacionalizadores que se aconsejaba tomar a la intelectualidad americana. Los artículos escritos siempre en plural, representaban a la intelectualidad como un sector o grupo homogéneo, compuesto por hombres que se definen en función de su relación al ámbito de las ideas ya sea como maestros, escritores o artistas; hombres cuyo dominio de la cultura les otorgaba un lugar privilegiado para el análisis de los fenómenos sociales, que otros, como los políticos no podían alcanzar.

Es interesante como la imagen de los hombres de la política es vista como negativa y enjuiciable al ser tratados como simples funcionarios de gobierno, sin conciencia propia ni capacidad crítica. De alguna forma, éstos eran acusados implícitamente en muchas respuestas, de fomentar la división entre las repúblicas latinoamericanas, ya sea porque su miopía no les permitía ver la necesidad de unirse frente a un enemigo mayor común, o

 

 

 

porque se habían convertido en aliados de la política norteamericana expresada a través del panamericanismo.

En contraposición, la imagen que se va construyendo a partir de las respuestas sobre el intelectual, es la de un personaje capaz de analizar y actuar correcta e independientemente, aunque existía una opinión compartida del cómo lo haría, existiendo un amplio matiz entre unas y otras posturas. En la mayoría de los casos, se expresó que la acción debía ejercerse mediante la educación desde los medios tradicionales que utilizaba este sector, es decir, mediante la creación de libros, poemas, obras de arte, etc. Desde éste ámbito consagrado al intelectual, se lograría cambiar la opinión pública unificando primero su pensamiento y luego su acción. Así, el programa de los intelectuales se dirigía ha crear en el pueblo la convicción de que la solidaridad continental era fundamental para el destino de estos pueblos y una vez convencidos de este propósito, guiarlos hacia una acción correcta.

Para realizar esta especie de misión o cruzada cultural, era necesario según los articulistas que los intelectuales se consolidaran internamente como grupo, estableciendo en cada país juntas donde se reunieran a discutir el programa y el intercambio académico (en  congresos y publicaciones), así como en estancias prolongadas en los diferentes centros educativos del continente. A comparación de las opiniones vertidas durante la fundación de la Federación de Intelectuales Latinoamericanos, la encuesta reflejó una visión de un intelectual que aunque comprometido con su sociedad, no estaba dispuesto a participar como funcionario estatal, su acción corría por decirlo de alguna manera, en una línea paralela. Sólo dos críticas se levantaron contra esta representación.

La primera, realizada por Alejandro Sux, comienza criticando la costumbre del intelectual latinoamericano de reflexionar periódicamente sobre la fraternidad entre éstos países y la urgente necesidad de unirse para enfrentar a los peligros externos y hacer de América Latina un continente superior. Esta verborragia afirmaba, no ha llevado ni lo hará a ningún cambio hasta que los intelectuales no decidan intervenir junto a otros sectores en la acción directa. Con este fin, se ha creado en París un partido secreto llamado la Patria Grande, en el cual los adherentes luchan bajo una organización disciplinada y jerárquica estricta, dividida en un comité central (compuesto por los fundadores del partido), un  comité adjunto (compuesto por delgados de los comités nacionales) y un comité de acción (compuesto por cierta categoría de miembros). Por tal motivo, Sux invitaba a todos los intelectuales que realmente estén dispuestos a pasar "de las palabras a la acción", a convertirse en "compatriotas" para luchar por un programa para conformar la unidad latinoamericana. Para ello, era necesario enviar su solicitud de adhesión aclarando sus datos personales, profesionales y fundamentalmente ideológicos.

La segunda crítica, realizada por Arturo Torres Rioseco, se focalizaba en el idealismo romántico de los intelectuales latinoamericanos, pues opinaba, a través de sus "poemitas cursilones" o sus "gritos estridentes", el intelectual no modificará nunca las realidades de

 

 

 

Latinoamérica, al no proponer medidas concretas. Por lo tanto afirma, el perfil buscado si se quiere llegar al cambio es el de hombres de acción, políticos y no literatos. Sólo si los intelectuales logran formar parte de sus respectivos gobiernos y mantienen un "espíritu abierto hacia otras culturas, podrán aprender a ser útiles a la sociedad que dicen representar. Así, cuando se pase del ejercicio del verso a la construcción de programas reales de acción, podrá darse el lujo la intelectualidad de ser idealista, como termina afirmando el autor "Yo recomendaría la lectura de Ariel a todo hombre hispanoamericano que haya trabajado ocho horas al día en hacer cosas de primordial necesidad".

Conclusión

 

A través de estas páginas hemos querido recrear el cómo y alrededor de qué aspectos un sector de la intelectualidad latinoamericana intentó plantearse la ambiciosa tarea de reflexionar en torno a la nacionalidad colectiva y proyectar sobre la unidad continental. Sin embargo el balance, deja la impresión de que la discusión que se generó en relación a la Federación y a los ecos que se derivaron de ésta, permiten observar la existencia de un ambiente intelectual fecundo en cuanto a sus deseos de reflexionar, pero poco productivo a la hora de innovar. Así, más allá de la enunciación de la necesidad de crear esa nación latinoamericana, poco se avanzó en cuanto a la definición de los perímetros de o atributos de la misma, como sobre la relación entre ésta y las naciones - estados. Tampoco el planteamiento sobre el papel que debería jugar el intelectual como promotor de cambio social mostró un cambio radical en la forma de representar a la intelectualidad, pese a las múltiples propuestas al respecto. Así, más que frente a la creación, nos encontramos  frente a una reflexión introspectiva tanto del objeto deseado - la unidad - como del sujeto creador, el intelectual.

Los Asistentes a la fundación de la Federación de Intelectuales Latinoamericanos fueron: el embajador de Honduras, el presidente municipal Herminio Pérez Abreu, los diputados mexicanos: Felipe Carrillo, Enrique Bordes Mangel, Aurelio Manrique, Castillo Torres, Ramos Pedrueza, Rubén Vizcarra, Alberto Velásquez, Mariano Silva, Ricardo Gómez Rueda, Alfredo Ramos Martínez, Carlos Soto, R. Ortega, Jesús B. González, Vicente Lombardo Toledano, Juan Crespo, Gabriel Alfaro, Adolfo Rivera, Enrique Schultz, Cayetano Ruiz, Leopoldo Camarena, Luis Mena, Ramón Corona, Francisco César Morales, Leopoldo Roel y Bernardo Ortíz Montellano. Los delegados estudiantiles: Héctor Ripa Alberdi (Argentina), Arnaldo Reinold y Enrique Daugres (Colombia), Ricardo Fernández Guardia (Costa Rica), Rafael Heliodoro Valle (Honduras), Pedro Henríquez Ureña (Santo Domingo), Raúl Porras Barrenechea y Pedro Erasmo Roca (Perú),Antonio Reyes (Estados Unidos), Carlos Samayoa (Guatemala), y otras personas como Luis Felipe Obregón, Carlos Mérida,  Carlos  del  Río,  Carlos  Deambrosis.  Pablo  Villand,  Horacio  Blanco Fombona,

 

 

 

Miguel Zúñiga Cisneros, Diego Moza, Óscar Vargas, Carlos Samayoa Aguilar, Gustavo Jerez Tablada, Joaquín Ramírez, Delfino Torijano y José Eustasio Rivera2.

La disputa entre ambos, comenzó a raíz de un artículo titulado "Poetas y Bufones" escrito por Vasconcelos, en el cual atacaba a Lugones y Santos Chocano por haber elogiado a los gobiernos dictatoriales de América Latina, artículo replicado a su vez por Chocano  replicó a Vasconcelos. La Federación de Estudiantes del Perú manifestó su repudio hacia el intelectual peruano y su apoyo a Vasconcelos. Un integrante de ésta, Elmore, criticó a Chocano a través de la radio y la prensa, motivo por el cual, Chocano lo llama por teléfono para atacarlo personalmente al acusar a su padre de traidor a la patria. En respuesta a esa comunicación ambos escriben ese mismo día, un artículo para defender su postura y al remitirse a la editorial del Mercurio Peruano para su publicación, se encuentran y en la discusión Elmore es herido de bala, muriendo poco después en el hospital. Chocano es encarcelado por el asesinato, desde donde emprende una campaña para defenderse de la crítica intelectual que se realizó en su contra en varios medios de América Latina. Sin embargo en 1927 fue liberado gracias a sus contactos con el gobierno según algunos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 Repertorio, vol. 3, n 14-15 (1921), p. 200-201.

 

 

 

Referencias

 

Iglesias, Augusto. Vasconcelos, Gabriela Mistral y Santos Chocano. México: Editorial Libera, 1967. Es interesante la revisión que se hizo posteriormente del caso Elmore en los numerosos artículos publicados al respecto, para ello remitimos a Rodríguez, José María. Poetas y bufones. Polémica Vasconcelos-Chocano, el asesinato de Edwin Elmore. París- Madrid-Lisboa: Agencia Mundial de Librería, s. f.

Mariátegui, José Carlos. ¿Existe un pensamiento latinoamericano?. En: Ideas en torno de Latinoamérica. México: UNAM y UDUAL, 1986, p. 493-496.

Repertorio, vol. 10 n. 6, (1925); p. 83, n. 11, (1925) p. 162-65; n. 24, (1925) p. 378-79 y

(1925) p. 381.

 

Repertorio, vol. 3, n 14-15 (1921), p. 200-201.

 

Repertorio, vol. 10, n. 14 (1925), p. 212-213.

 

Repertorio, vol. 10, n. 14, (1925), p. 201 y n. 17 (1925), p. 259-260.

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AuthorLuis Nicho