La Democracia Ardiente en el Pulgarcito de America
Yanira Rivas Pineda-Estudiante de Doctorado en la Universidad de California, Santa Bárbara

      Mis memorias de El Salvador incluye memorias que mi subconsciente ha querido, pero no logrado, olvidar.  Mas que nada, recuerdo la pobreza que se vivía en los cantones mas remotos de nuestro país, uno de las cuales es el que me vio crecer.  Recuerdo tener que caminar horas debido a la falta de transportación publica.  Recuerdo el miedo que sentía siendo una niña de 4-5 años al tener que salir a altas horas de la madrugada al hospital debido a los toque de queda.  Y como olvidar a los saldados y guerrilleros, quienes a menudo llegaban a nuestra humilde casa a pedir comida?  No se si me lo imagine o fue el mismo miedo de crecer en un país ardiendo en guerra que recuerdo ver una corriente de sangre derramar sobre el rostro de uno de esos  soldados. De vez en cuando, esas imagines surgen de mi subconsciente y me despiertan a altas horas de la noche.  Son constantes remembranzas de mis raíces, mi país, mi hogar, mi historia.   

            Recuerdo el zumbido de las bombas sobre Santa Rosa de Lima, el va y viene de disparos, la suspensión de clases hasta que se recogieron los cuerpos de los hermanos que dieron su vida por un ideal, por una democracia donde la gente gozara el derecho al sufragio, el derecho a organizarse sin ser blancos del gobierno, el derecho de la libre expresión, el derecho de proponer y llevar acabo cambios socio-económicos que rompieran con siglos de la subyugación de un pueblo.  Un pueblo pobre pero trabajador, un pueblo que ya estaba cansado de ser golpeado, explotado y maltratado.  Fue meses antes que terminara el conflicto armado que—como millones de Salvadoreños—mi familia emigro a Estados Unidos.  Esta extracción a una corta edad y en un momento crucial en El Salvador me impide estar físicamente presente en mi país, aunque la realidad es que uno nunca se olvida de su tierra, de la patria que la vio nacer, de las experiencias vividas, de las ganas de ver un país libre de violencia, inigualdades, pobreza, de sufrimiento. 

            Durante  esta separación física de mi pulgarcito siempre tuve presente el ser salvadoreña y anhelaba regresar y ver un país transformado y desarrollado.  Gran decepción me lleve cuando al regresar por primera vez en Diciembre del 2002, me doy cuenta que la pobreza prevalecía,  la infraestructura continuaba decrepita, esta en plena implementación la dolarización de nuestra moneda, y se me prohíbe hablar de política o mencionar al FMLN.   “Han transcurrido 12 años, ¿qué ha cambiado desde mi partida?” me preguntaba constantemente.  Regrese desilusionada de múltiples viajes a mi pulgarcito, pero en el 2011 y en mi más reciente visita en marzo de este año al fin pude percibir cambios con los que soñaba para mi país y mi gente salvadoreña.  Le gente me hablaba sobre los paquetes escolares, el vaso de leche, la reforma de salud y el echo de poder tener acceso a servicios médicos, y por fin—por fin—la gente sin temor a nada hablaba libremente sobre la política. 

            Hace un par de semanas regrese a mi país como observadora electoral puesto que quería ver de cerca el progreso que se ha llevado acabo en el ámbito electoral.  ¿Esos años que yo viví en medio del conflicto armado, valió la pena? Regreso de esa experiencia sumamente satisfecha con los avances extraordinarios que se han llevado acabo.  El numero de salvadoreños que salieron a las urnas a emitir el sufragio a pesar de cambios electorales de ultimo momento, el numero de salvadoreños que participaron en las Juntas Receptoras de Voto (JRV) y las Junta Electoral Municipal (JEM) que se quedaron hasta altas horas de la madrugada procesando cada papeleta, la Fiscalía General de la Republica, los agentes de la Policía Nacional Civil que resguardaron la seguridad en cada centro de voto, es impresionante y algo que no se ve incluso en los Estados Unidos.

            Me sorprendió ver como docenas de voluntarios—hombres, mujeres, jóvenes, adultos—esperaban desde antes de las 5 de la mañana a entrar al centro de votación “John F. Kennedy” en Ilopango.   Estos voluntarios de cada partido político que anhelaban un escaño ya sea en el Parlamento Centroamericano, la Asamblea Nacional o Consejos Municipales, llegaron listos para la jornada extensa que les esperaba.  Y que jornada nos toco!  Sabíamos que los cambios electorales y la desinformación que se desplegó en el país semanas, e incluso días antes de las elecciones tenían como objetivo confundir a la gente con el propósito de desminuir el numero de salvadoreños que llegaran a las urnas.  En las Juntas Receptoras de Votos (JRVs) observe como llegaba gente que al recibir sus papeletas no sabían que hacer con ellas y preguntaban sobre el voto cruzado o como es que se podía votar.  Como observadores electorales se nos explico todos los cambios electorales que se pondrían en practica en estas elecciones y el echo de que algunos medios de comunicación orientaban erróneamente a la gente al decirles que solo era valido el voto cruzado o voto preferencial, cuando en realidad esos eran solo opciones puesto que el votante podría votar por partido (bandera) como lo han venido haciendo desde que el país tuvo sus primeras elecciones democráticas al terminar el conflicto armado. 

            Pero el reto mas fuerte que estos cambios electorales de ultimo momento causaron se manifestaron agudamente cuando las JRVs comenzaron el escrutinio preliminar.  En elecciones previas, incluso en las elecciones presidenciales del 2014, el resultado preliminar se conocía a pocas horas de cerrarse las urnas y los salvadoreños se iban a dormir el domingo por la noche ya sabiendo quien seria su próximo presidente (o Alcalde en case de elecciones municipales). Pero este no fue el caso en las pasadas elecciones.  Pasaron días, incluso semanas, antes de que el resultado oficial se publicara.  Al comenzar el escrutinio preliminar y por nueve horas observe como las JRVs del Centro Escolar “John F. Kennedy” en Ilopango trabajan arduamente para seguir cada pauta que se les requería según el instructivo del Tribunal Supremo Electoral de la Republica de El Salvador.  Cualquier duda, si los miembros de la JRV no se ponían de acuerdo si un voto era nulo, valido, impugnado, que era un voto cruzado o voto preferencial, y etc., entonces se solicitaba la asistencia de los supervisores de centro de cada partido, de los representantes de la Junta Electoral Municipal (JEM) o a representantes de La Fiscalía General de la Republica (FGR). 

            Algunas JRVs estuvieron desde las 5 de tarde del día domingo hasta las 7 de la mañana del día lunes contando cada papeleta y asegurándose que no hubiese errores.  Su labor el día de las elecciones, el profesionalismo con el cual llevaron acabo su trabajo fue extraordinario y estoy orgullosa del nivel de compromiso y dedicación que desempeñaron.  El compañerismo con el cual  miembros de diferentes partidos políticos llevaron acabo las labores electorales en las ultimas elecciones nos demuestran que a pesar de pertenecer a partidos políticos opositores, la gente salvadoreña ha abrazado el proceso electoral y respetado los resultados de ese día porque ellos formaron una parte crucial en el escrutinio preliminar. 

            La intensa pasión con la cual los salvadoreños han adoptado el proceso electoral en tan poco tiempo merita un premio y me llena de mucho orgullo ya que demuestra que en El Salvador ya no se necesita recurrir a las armas para buscar el cambio; hoy solo se necesita una crayola de color negro y una papeleta.  Mi pulgarcito ahora no arde en bombas, en enfrentamientos o en masacres: ahora arde en una democracia que se vive desde la niñez.