ProcesoS, Revista Ecuatoriana de Historia, No. 20
© 2004, Corporaci6n Editora Nacional DEBATE
De Civilizacion Y NATURALEZA. NOTAS PARA EL DEBATE SOBRE HISTORIA
AMBIENTAL LATINOAMERICANA
Guillermo Castro Herrera*
La historia ambiental -o, si se quiere, el abordaje de lo ambiental coma objeto de estudio hist6rico- constituye un campo en formaci6n. En lo mas esencial, cabrfa sefialar que ella se ocupa de las interacciones entre las so ciedades humanas y el mundo natural, y de las consecuencias de esas inte racciones para ambas partes a lo largo del tiempo. Esta definici6n, sin em bargo, debe tomar en cuenta dos aspectos de lo definido: uno, la estructura interna del campo; otro, el proceso que conduce a su formaci6n. Cada uno de ellos merece una referenda separada.
LA ESTRUCTURA DEL CAMPO
Asi, en lo que hace a la estructura interna del campo, para Donald Wors terl la historia ambiental se constituye a partir de un dialogo entre las cien cias humanas y las naturales, que opera a partir de tres verdades esenciales. La primera consiste en que las consecuencias de las intervenciones humanas en la naturaleza a lo largo de los ultimas 100 mil afios, al menos, forman par te indisoluble de la historia natural de nuestro Planeta. Tal es el caso, por ejemplo, del vasto impacto ambiental de las culturas y civilizaciones prehis panicas en zonas tan disimiles coma el Darien, el Valle de Mexico y el Alti-
•Doctor en Estudios Latinoamericanos, Facultad de Filosofia, Universidad Nacional Aut6- noma de Mexico.
1. Al respecto, "Reencuentro de culturas. La historia ambiental y las ciencias ambientales" 0996) y "Transformaciones de la Tierra. Hacia una perspectiva agroecol6gica en la historia" 0990), en Transformaciones de la Tierra, Panama, Universidad de Panama, Ciudad de! Saber, HCA, 2001.
plano andino,2 y las formas -a veces sutiles, a veces abiertas- en que ese im pacto puede prolongarse hasta el presente. A esto se afiade que nuestras ideas sabre la naturaleza tienen un caracter hist6rico, se imbrican de multi ples maneras con intereses. valores y conductas refericlos a otros planos de nuestra existencia, y desempenan un importante pa pel en nuestras relacio nes con el mundo natural) Y, por ultimo, esta el hecho evidente de que nuestros problemas ambientales de hoy tienen su origen en nuestras inter venciones en los ecosistemas de ayer.
Para Worster, por otra parte, la historia ambiental asume estas premisas en tres areas de relaci6n estrechamente vinculadas entre sI. La primera esta constituida por el media biogeofisico natural en que tiene lugar la actividad humana. La segunda, por las relaciones entre las formas y prop6sitos de ejer cicio de esa actividad y las tecnologfas de que ella se vale, por un lado, y las consecuencias para la organizaci6n social humana -desde emigraciones o in migraciones masivas, hasta el surgimiento o desaparici6n de grupos sociales completos-, de la reorganizaci6n de la naturaleza producida por tales inter venciones. La tercera y ultima, por su parte, se refiere a las expresiones de la experiencia hist6rica acumulada en la cultura, valores, normas y conduc tas que caracterizan las formas de relaci6n con el mundo natural dominantes en cada sociedad, orientandolas hacia la reproducci6n o la transformaci6n de las mismas.
Toda esto implica, por supuesto, consideraciones de orden metodol6gi co que aqui solo cabe mencionar. Asi por ejemplo, coma lo advierte German Palacio,4 se hace necesario atender al hecho de que la historia ambiental vin cula entre si los tiempos de la acci6n humana con los de la historia natural, proyectandose tanto hacia un pasado que a fin de cuentas es el de nuestra especie -y abarca por tanto unos cuatro millones de afios-, coma hacia la prefiguraci6n de opciones de futuro que operan en plazas mas extensos, tambien. Lo mismo puede decirse del espacio: en efecto, si en lo mas amplio la historia ambiental se refiere a la expansion de nuestra especie por el Pla neta, en lo mas cercano esa expansion solo puede ser comprendida y expli-
2. David L. Lentz, edit., Imperfect Balance. Landscape transformations in the Precolumbian Americas, Columbia University Press, 2000.
3. Baste recordar, por ejemplo, c6mo ha ido cambiando nuestra valoraci6n de! tr6pico y sus habitantes desde las tiempos de! enorme exito de la novela La Voragine, de Jose Eustacio Rivera, hasta las preocupaciones contemporaneas por la protecci6n de la biodiversidad y de! le gado cultural de los pueblo ind1genas.
4. "Historia tropical: a reconsiderar las nociones de espacio, tiempo y ciencia", en Repen sando la naturaleza. Encuentros y desencuentros disciplinarios en torno a lo ambiental. Ger man Palacio y Astrid Ulloa, edit., Universidad Nacional de Colombia, Sede Leticia, Instituto Ama z6nico de Investigaciones, Instituto Colombiano de Antropologfa e Historia, Colciencias, 2002, p. 68.
cada a escala de una economia y unas relaciones sociales y politicas que fun cionan como un mercado y como un sistema mundiales, en construcci6n a lo largo de los ultimos 500 afios, tal como lo expresa el lema que adorna el escudo nacional adoptado en 1904 por los creadores de la republica de Pa nama: Pro Muncli Benficio.
La dinamica fundamental de estas interacciones entre las sociedades hu manas y su entorno natural, por otra pane, puede ser expresada idealmente a traves de las transformaciones sucesivas que. van experimentando los pai sajes, debido a la intervenci6n de los humanos en sus ecosistemas, y las so ciedades responsables de esas transformaciones. Asi, para el ge6grafo fran ces Pierre Gourou, por ejemplo, cada paisaje constituye una sintesis de las "tecnicas de producci6n" y "las tecnicas de encuadramiento" de la sociedad que lo ha creado, sobredeterminada a menudo, ademas, por los "pais:tjes f6- siles" legados por las sociedades precedentes.5 Esta vision del paisaje como sintesis de las relaciones que los humanos establecen entre si y con su en torno, a su vez, permite establecer una periodizaci6n de los procesos de reor ganizaci6n del mundo natural y de la organizaci6n social, correspondiente a los medios tecnicos empleados y los prop6sitos politicos con que esa trans formaci6n del mundo natural ha sido llevada a cabo, en el sentido indicado por Worster.
LA FORMACION DEL CAMPO
Afios atras, en algun texto de lectura obligada en la Universidad donde estudie, dos historiadores franceses cuyos nombres yo deberfa recordar se fialaban que la historia, como practica cultural, habfa nacido en Grecia mas o menos en coincidencia con el desarrollo de las primeras formas de vida de mocratica. Las nuevas relaciones politicas entonces emergentes abrfan la po sibilidad de controlar el futuro a traves de la disputa por el control del pasa do mediante su analisis racional. Y la politica, ciertamente, desempefia un importante papel en el surgimiento de la historia ambiental en el mundo an glosaj6n en el ultimo cuarto del siglo XX, y anima hasta hoy, sin duda, el de sarrollo de esa forma nueva de encarar y entender el pasado en nuestra cul tura contemporanea.
En efecto, el origen de este proceso de formaci6n puede ser remitido al gran momento de fractura de la geocultura global creada por el liberalismo clasico a partir de 1848, en aquel proceso tan reiteradamente analizado por
5. Introducci6n a la Geografia Humana, Madrid, Alianza Universidad, 1984. Capitulo I.
Immanuel Wallerstein, a lo largo del cual el mundo natural fue reducido a la categoria de una naturaleza externa al mundo creado por los humanos, cu ya propia historia a su vez se reducia a la de sus caracteristicas politicas, eco n6micas y sociales.6 No es el caso reiterar aqui la estructura general de la or ganizaci6n del conocimiento gestada al interior de esa geocultura, con su ni tida separaci6n aparente entre los campos de las ciencias naturales, las so ciales y las humanas, pues el debate en torno a la crisis de esa estructura constituye uno de los ejes mas visibles del proceso de transformaciones por el que viene atravesando la cultura contemporanea.
De lo que se trata es de recordar que el campo, que aqui nos interesa, empieza a formarse en el marco mas amplio de aquella fractura, que abarc6 ademas complejos procesos de movilizaci6n social y pol:itica, de transforma ciones econ6micas y de cambio cultural. En lo que nos toca, por ejemplo, esas transformaciones incluyeron la desintegraci6n del sistema conceptual or ganizado en torno a la noci6n de desarrollo, que a partir de la Segunda Gue rra Mundial habia venido a encarnar la esperanza de que llegaran a todos los pueblos del planeta "el progreso tecnico y sus frutos", segun alguna vez la definiera Raul Prebisch. Con ello, se abri6 a su vez el camino hacia lo que Stefania Gallini llama el "giro fundamental" que reivindican los historiadores ambientales, que permitiria "abandonar la unilinearidad economicista de la
historia", tan caracteristica de las ideologias del progreso que florecieron al - interior de la geocultura liberal.7
Esa fractura, por otra parte, se inici6 en los paises centrales del sistema mundial, donde cataliz6 y potenci6 preocupaciones y temores de vieja data en los mas diversos sectores de la vida social, abriendo paso a movimientos sociales de nuevo tipo, coma el ambientalismo, que a su vez iniciaron una lenta y persistente irradiaci6n hacia todas las sociedades del planeta. La his toria ambiental se forma al interior de este proceso, porque en el se forjan las interlocutores del nuevo campo en cada sociedad del planeta. De este modo, nuestro campo empieza a tomar forma en el mismo momenta en que la Humanidad empieza a tomar conciencia del vasto alcance, y las graves im plicaciones de la crisis en que han venido a desembocar sus relaciones con el mundo natural al cabo de doscientos anos de crecimiento econ6mico y polarizaci6n social incesantes, que culminan en el "siglo despilfarrador" a que hace referencia la historia ambiental del siglo XX recientemente publica-
6. Al respecto, por ejemplo, Immanuel Wallerstein, Despues de/ Liberalismo, Mexico, Siglo XXI, 1998 0991); lmpensar las Ciencias Socia/es. Limites de Los paradigmas, decimon6nicos, Me xico, Siglo XXI, 1992; Geopolitics and Geoculture. Cambridge University Press.
7. "Invitaci6n a la historia ambiental", en Cuadernos Digitales. Publicaci6n electr6nica en historia, archivfstica y estudios sociales, vol. 6, No. 18, Universidad de Costa Rica, Escuela de Historia, octubre de 2002. www.ucr.ac.cr.
da por John McNeill.8 Y esto hada inevitable un primer movimiento de ajus te de cuentas con las ideologias del progreso en el campo de las relaciones con el mundo natural, a traves de un movimiento de la denuncia a la critica, y de alli a la construcci6n -hoy en curso- de la historia ambiental como ex presi6n y como medio para el florecimiento de la nueva cultura que empie za a animar nuestras relaciones con el mundo natural de fines de la decada de 1980 en adelante.
II.ACIENDO IDSTORIA AMBIENfAL, AL SUR
Es en el marco de este proceso donde cabe, en justicia, situar la discu si6n sobre la labor cumplida y las tareas pendientes para la historia ambien tal en America Latina. Se trata, en este sentido, de entenderla desde nuestra contemporaneidad. En esa perspectiva, justamente, discurre la reflexion que hiciera Jose Marti sobre el papel de la historia en la construcci6n de socieda des nuevas en la America hispana, cuando en su ensayo Nuestra America, de 1891, sefialaba lo siguiente:
iC6mo han de salir de las universidades los gobernantes, si no hay universi dad en America donde se ensefie lo rudimentario de! arte del gobierno, que es el analisis de los elementos peculiares de los pueblos de America? A adivinar sa len los j6venes al mundo, con antiparras yanquis o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen .... El premio de los certamenes no ha de ser para la mejor oda, sino para el mejor estudio de los factores del pars en que se vive ..... Conocerlos basta, sin vendas ni ambages; porque el que pone de lado, por vo luntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le falt6, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella. Resolver el pro blema despues de conocer sus elementos, es mas facil que resolver el problema sin conocerlos.... Conocer es resolver. Conocer el pars, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el (mico modo de librarlo de tiranfas.
Y agrega:
La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de America, de los incas a aca, ha de enseftarse al dedillo, aunque no se enseiie la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es mas necesaria.9
8. John R. McNeill, Algo Nuevo Bajo el Sol. Historia medioambiental def mundo en el siglo
XX., Madrid, Alianza Editorial, 2003 (2001).
9. "Nuestra America", en Obras F.scogidas, tomo II, La Habana, Centro de Estudios Martia nos, Editora Potitica, 1979, pp. 521-522.
Pero, ide que Grecia hablamos hoy, nuestra o ajena? iA que necesidades ha· de responder la historia que demanda nuestro presente? A lo largo de los ultimas veinte anos, America Latina ha venido atravesando por una persis tente combinaci6n de crecimiento econ6mico, deterioro social y degradaci6n ambiental, en un contexto de exacerbaci6n de lo que algunos han llamado una "economia de rapina" (Brunhes, 1955), cuyas rakes se remontan al me nos al siglo XVI. Una situaci6n asi podrfa ser la mas adecuada para el desa rrollo de una historia de las transformaciones producidas por los humanos en los ecosistemas de la region mediante el trabajo socialmente organizado, y del impacto de dichas transformaciones en el desarrollo humano. Sin em bargo, no ha ocurrido asi, y a casi un cuarto de siglo de haberse iniciado el desarrollo de este campo, ya no tan nuevo, Lise Sedrez puede afirmar que "la disciplina 'historia ambiental de America Latina' esta aun en proceso de formacion, tanteando su definicion y fronteras en un terreno donde sus prac ticantes tienen muchos lugares para buscar inspiracion". 10
Para explorar este problema en el sentido que nos interesa, es bueno dis tinguir la historia ambiental de America Latina de la historia ambiental lati noamericana. Aqui, la primera se refiere simplemente a la historia ambiental que encuentra su objeto de estudio en la region, con independencia de la cultura de origen de quien realiza dicho estudio. La segunda, en cambio, se refiere a las tendencias y problemas que caractericen el quehacer de los la- - tinoamericanos en este campo.11 La primera supone, asi, un dialogo entre culturas -sobre todo la anglosajona y la iberoamericana-, que llega a alcan zar una gran riqueza en autores como el colombiano Alberto Florez Malagon, para citar un ejemplo destacado.12 La segunda, en cambio, supone un dialo
go intrarregional que aun esta en vfas de constituirse.
En esta perspectiva, cabe ubicar algunas expresiones precedentes de una historia ambiental latinoamericana a fines de la decada de 1970, en el marco del creciente interes por los problemas ambientales de la region que por ese entonces empezaba a manifestarse en organismos internacionales de desarro llo y en algunas instituciones academicas de la region, en las que se discutfa
10. "Historia ambiental de America Latina: origenes, principales interrogantes y lagunas", en German Palacio y Astrid Ulloa, edit., Repensando la naturaleza. Encuentros y desencuentros disciplinarios en torno a lo ambiental, 2002, p. 100.
11.En el caso de la historia ambiental de la region, por ejemplo, los trabajos de Elinor Mel ville sobre Mexico (1994) y de Antonio Brailovsky y Dina Foguelman sabre Argentina 0991) pueden ser considerados en el mismo nivel de analisis. En el segundo, interesa mas considerar la labor de Brailovsky y Foguelman en el contexto de los habitos y mentalidades de su cultura regional, y en su interacci6n con sus pares de la region.
12. Al respecto, por ejemplo: "La historia ambiental: hacia una definici6n disciplinar", en Ambiente y Desarrollo, a.no 4, Nos. 6-7, Bogota, Instituto de Estudios Ambientales, Universidad Javeriana, mayo de 1996-diciembre de 1997.
la utilidad de un analisis de estos prohlemas en perspectiva hist6rica. Asi, en 1978 el ge6grafo chileno Pedro Cunill senal6 la necesidad de estahlecer un horizonte hist6rico para el analisis de los prohlemas amhientales, y en 1980 Nicolo Gligo y Jorge Morello puhlicaron su hreve ensayo "Notas para una his toria ecol6gica de America Latina", como parte de la antologia en dos volu menes Media Ambiente y Desarrollo en America Latina, que sintetizaha el es tado del dehate en la region, editada por el propio Gligo -sociologo- y por Osvaldo Sunkel -economista-, amhos por ese entonces funcionarios de la Comision Economica para America Latina, de las Naciones Unidas.
En 1983, Luis Vitale publico Hacia una Historia del Ambiente en Ameri ca Latina, en importante medida, una replica a las ideas de Sunkel y otros cientificos sociales vinculados a la CEPAL respecto al impacto ambiental del desarrollo economico y social de la region. En 1987, Ortiz Monasterio y otros publicaron Tierra Profanada: Historia Ambiental de Mexico, en lo fundamen tal una denuncia, manifiesto en contra del saqueo y destruccion de los recur sos naturales de aquel pais a partir de la conquista europea. Y enseguida es te promisorio comienzo parecio detenerse.
La decada de 1990 presencio una actividad mas sostenida, que se inicio al calor del renovado interes oficial por los problemas ambientales, asociado a los preparativos de la Conferencia Mundial sohre Ambiente y Desarrollo que se celebraria en Rio de Janeiro en 1992 (Rio 92). Asi, en 1990 el Progra ma de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Agencia Espanola de Cooperacion Internacional publicaron en Madrid el libro Desarrollo y Me dia Ambiente en America Latina: Una vision evolutiva, que intentaba ofrecer un analisis en perspectiva historica de los problemas de la region que serian abordados en Rio 92, bajo la coordinaci6n del ambientalista mexicano Fer nando Tudela.
Fuera del ambito institucional, tambien en 1990 Fernando Mires publico en Costa Rica El Discurso de la Naturaleza: Ecologia y politica en America La tina, que incorpora referencias hist6ricas en el planteamiento de su tema principal. En 1991, el economista Elio Brailovsky y la bi6loga Dina Foguel man, ambos activos en temas ambientales desde la decada de 1970, ganaron un Premio de la Editorial Sudamericana con el libro Memoria Verde: Historia Ecol6gica de la Argentina, reeditada muchas veces desde entonces en ese pais. En 1994, el libro Naturaleza y Sociedad en la Historia de Amen·ca Lati na, del panamefio Guillermo Castro, obtuvo el Premio Casa de las America en La Habana, Cuba, y en 1996 el historiador colombiano Alberto G. Florez Malagon publico el ensayo teorico "La historia ambiental: hacia una ubica cion disciplinar", en el que proponia a la historia ambiental como una sub disciplina de la historia, y evaluaba sus posibilidades de desarrollo en el me dia academico de su pa:is. En 1995 y 1999 Cunill public6 nuevos trabajos de geografia hist6rica, relevantes para la historia ambiental de la region, y en
1999 Bernardo Garcia y Alba Gonzalez Jacome publicaron en Mexico la an tologia Estudios sabre Historia y Ambiente en America, que incluye trece tex tos sohre la historia amhiental de Argentina, Bolivia, Mexico y Paraguay -en su mayoria relativos al periodo que va del siglo XVI al XIX- producidos por 16 autores, trece de ellos latinoamericanos.
La lista podria ser mas larga, por supuesto, sin llegar nunca a ser exhaus tiva.13 Lo esencial aqui, sin embargo, parece ser el contraste entre la tenden cia de la historia ambiental a consolidarse como un campo de trabajo en el medio academico latinoamericano, por un lado, y la persistente dispersion y desconexion, en el espacio y el tiempo, de las comunidades intelectuales vin culadas a ese proceso, por el otro.14 Mas alla del tamano y la diversidad de la region -factores ineludibles cuando se considera cuan poco relacionadas entre sI se encuentran las comunidades academicas hispanoamericana y hra silena, por ejemplo-, esta ultima tendencia parece estar mas bien asociada a las tradiciones culturales y a la evolucion social y politica de nuestros paises. En lo academico, los campos de estudio emergentes, sobre todo cuando relacionan entre si areas de actividad tradicionalmente separadas, suelen en contrar dificultades para establecer un lugar propio en las universidades e instituciones de investigacion cientifica de la region. En lo sociopolitico, el ambientalismo latinoamericano ha debido formarse y evolucionar durante largo tiempo, bajo la pesada sombra del Estado y de los organismos finan cieros y Organizaciones No Gubernamentales internacionales, mientras man tienen vinculos usualmente muy debiles con su propia sociedad, y con el in teres publico de sus conciudadanos. Lo fundamental, en todo caso, es que
-en ausencia de una demanda interna significativa para el abordaje de los
13. Para mediados de 2002, por ejemplo, los organizadores de! Simposio de Historia Am biental Americana que se realizara en Chile en el marco de! 51 Congreso Internacional de Ame ricanista, en julio de 2003, hicieron circular una lista de 69 investigadores vinculados al tema, en su gran mayoria latinoamericanos.
14. En mi caso, por ejemplo, trabaje en mi investigaci6n de doctorado en el Centro de Es tudios Latinoamericanos de la Facultad de Filosofia de la Universidad Nacional Aut6noma de Mexico entre 1992 y 1993, sin llegar a saber de las trabajos de Brailovsky y de Vitale, de! mis mo modo que es probable que ninguno de ellos sepa de mi propia labor hasta ahora. El con tacto con el trabajo de Gligo y Morello fue posible debido a que eran una excepci6n -por no decir una curiosidad- dentro de una antologfa multidisciplinaria de ensayos acerca de las as pectos econ6mico, politico y ecol6gico de las relaciones entre el ambiente y el desarrollo en la region. Fue mucho mas sencillo, por otra parte, entrar en contacto con autores coma Donald Worster y Richard White a traves de instituciones coma la biblioteca del Servicio de Informaci6n de los Estados Unidos en la ciudad de Mexico, y permanecer en contacto con su trabajo y el de otros especialistas de! mundo Noratlantico a traves de revistas coma Environment & History
-que solo habfa publicado tres artkulos sabre America Latina entre 1996 y 2002- y de servicios
de informaci6n por Internet coma las que ofrecen la Sociedad Norteamericana de Historia Am bienta1, o academicos coma Lise Sedrez, de la Universidad de Stanford.
problemas ambientales de la region en perspectiva historica-, parte al menos del impulso inicial para el desarrollo de la historia ambiental latinoamerica na proviniera de instituciones internacionales como la CEPAL y el Banco ln teramericano de Desarrollo, que tienden a enfatizar lo estructural por sabre lo temporal en su labor de analisis, y a subordinar el tratamiento de lo <,1m biental al de lo econ6mico. Esto podria explicar algunos elementos caracte risticos de la primera fase del proceso arriba descrito.
Uno de ellos, por ejemplo, se refiere a los momentos sucesivos de efer vescencia, vinculados a conferencias internacionales sabre el ambiente, que abrieron espacios para la participacion de academicos interesados en la di mension hist6rica de los problemas ambientales. Otro, a la casi general au sencia de contribuciones te6ricas y metodologicas a lo largo de la decada de 1980, y el caracter apenas incipiente de estas en la de 1990,1-s tanto mas no table en una region en la que el debate sabre estos temas tiene una rica tra dici6n, sabre todo en las ciencias sociales.
En este contexto, por otro lado, pueden ser identificados al menos dos fuentes importantes para el abordaje historico de nuestros problemas am bientales. Una corresponde a la tradici6n de denuncia y critica al saqueo de los recursos naturales de la region por parte de corporaciones del mundo Noratlantico. Esta tradici6n, con hondas rakes en la narrativa y en el perio dismo de investigacion, ofrece un poderoso elemento de articulaci6n en tex tos como el clasico Las Venas Abiertas de America Latina, de Eduardo Galea no 0972). Ella se relaciona ademas con la Teoria de la Dependencia, amplia mente conocida en las ciencias economicas y sociales desde la decada de 1970, que facilita sus propios contactos hacia fuera con corrientes Noratlan ticas de investigaci6n y pensamiento, coma las representadas por autores co ma Immanuel Wallerstein, James O'Connor y Joan Martinez Alier.16
15.Con excepciones como Castro (1994); Florez Malagon (1996) y Galafassi y Levin (2001) y,· mas recientemente, German Palacio y Stefania Gallini.
16. Stefania Gallini, en su "Invitaci6n a la historia ambiental latinoamericana", plantea que al aplicar el "modelo progresista" en su forma inversa, los historiadores vinculados a este cam po terminan por escribir "historias regresivas e igualmente unilineales", que reducen la historia ambiental "a la narraci6n de la perdida de! estado de gracia en un supuesto Eden dominado por relaciones arm6nicas entre hombres y naturaleza". America Latina, agrega, "parece ser particu larmente sensible" a "esta infructifera forma de entender la historia ambiental", lo que podria ser consecuencia "de! economicismo que ha permeado la comprensi6n de la historia latinoameri cana" y a que pueda ser esta "la respuesta que mejor se acomoda a paradigmas interpretativos de larga tradici6n, como el de la teoria de la dependencia que tanta fuerza ha tenido y sigue te niendo en la historiografia latinoamericana y latinoamericanista". Naturalmente, hay aqui una discusi6n que va mas alla de lo inmediatamente planteado. En otro momenta de su ensayo, la autora aboga por la busqueda de lo universal en lo particular, "desvelar la relaci6n de las socie dades con los ecosistemas a partir de las microhistorias de la contaminaci6n de! arroyo por la fabrica", asumiendo lo local como unidad fundamental de analisis, frente a la tradici6n latinoa-
La segunda fuente de abordaje de lo ambiental, como objeto de estudio historico, se vincula a las formas mas tradicionales de organizacion de nues tras instituciones educativas en el campo de las Humanidacles. Aqui, al cabo de un largo periodo de identificacion de lo. ambiental con lo ecologico y con las ciencias naturales, empieza a tomar cuerpo un interes por los problemas del ambience, sostenido inicialmente por la geografia historica y la antropo logia cultural, entre otras disciplinas. Especial interes tiene, en este caso, la re-lectura en clave ambiental de autores relevantes para la formacion de la cultura latinoamericana entre los siglos XVI y XIX, desde Bernardino de Sa hag(m hasta Jose Marti y Euclides Da Cunha, un ejercicio que ademas posee sus propias vias de engarce con la labor de latinoamericanistas del mundo Noratlantico. Sin embargo, la persistente organizacion sectorial de las estruc turas de produccion y difusion del conocimiento en la region sigue -y segui ra- constituyendo un obstaculo institucional de primer orden para el desa rrollo de un campo cuyo mayor potencial radica, como sen.ala Gallini, "en la interdisciplinariedad y en el trabajo en equipo". 17
Resulta evidente, en todo caso, la extraordinaria debilidad de la organi zacion institucional que serfa necesaria para un abordaje de los problemas ambientales de la region en perspectiva historica. Este es, con toda probabi lidad, el factor mas importance en la tendencia a estructurar el campo de la historia ambiental latinoamericana a traves del sistema institucional del mun do Noratlantico. Esto, a su vez, contribuye a explicar por ejemplo al peso que en ocasiones adquieren entre nosotros las visiones de nuestra region cons truidas desde la "otra" America, incluyendo en ello a menudo las premisas, metodos y valores en uso para la organizacion del estudio de la historia am biental de la America que Marti llamo "nuestra".
Lo anterior no excluye que esta tendencia a la estructuracion "desde fue ra" haya producido resultado valiosos, como el texto ya mencionado Desa rTollo y Medio Ambiente: Una vision evolutiva, y el portal de Internet creado por Lise Sedrez en Stanford. Esta tendencia tambien facilita la tarea de vin cular la labor realizada en America Latina con la de academicos de Asia y Africa, que tambien se comunican a menudo entre sf a traves del Atlantico Norte, como ocurre por ejemplo en el caso de la revista Environment & His-
mericana que ubica esa unidad fundamental en el sistema mundial, y asume lo regional, lo na cional y lo local coma niveles dentro de aquel todo mayor y mas complejo.
17."Siendo imposible lograr una competencia especializada de alto nivel en disciplinas tan distintas coma las que elaboran e interpretan estas tipologias de Fuentes, agrega, el historiador ambiental no puede seguir la tradici6n ermitana de sus colegas historiadores. Debe en cambio alimentarse de un trabajo de equipo integrado por ge6grafos, cart6grafos, paleoec6logos, ge6- logos, bi6logos entre otros, tratando de desarrollar un lenguaje comun mas alla de los tecnicis mos de cada disciplina". "Invitaci6n ..."
tory. Toda ello podria representar, ademas. un valioso recurso en la lucha contra el provincialismo caracteristico de amplios segmentos de nuestra vida cultural y academica, y para la construccion del tipo de perspectiva global in dispensable para una comprension adecuada de los problemas ambientales de nuestro tiempo.
Con todo, una articulacion externa que emerja de nuestras debilidades, y no de nuestras fortalezas, plantea graves problemas para el desarrollo futuro del campo. Entre estos, cabe mencionar por ejemplo el riesgo de un atraso a(m mayor en la construccion de visiones propias; la importacion indiscrimi nada de problemas y alternativas construidas desde las visiones de otros; una permanente fragmentacion del campo de estudio, en el espacio coma en el tiempo, y la perdida de contactos de verdadera utilidad entre este campo y otros de indudable importancia -en si mismos y en su utilidad para el abor daje de lo ambiental- en los que America Latina ha logrado ya resultados de gran valor, como la historia social, politica, econom.ica y cultural.
ALGUNAS PECULIARIDADES Y TAREAS PENDIENTES
Lo planteado hasta aqui sug.iere, en suma, la neces.idad de inscr.ib.ir en la puerta de nuestro campo la advertencia hecha en 1891 por Jose Marti: "lnjer tese en nuestras republicas el mundo, pero que el tronco sea el de nuestras republicas" .1s En efecto, para definir el lugar que pueda correspondernos en el desarrollo futuro de la historia ambiental, conviene tomar en cuenta algu nas peculiaridades de largo plazo, presentes tanto en nuestras relaciones so ciales coma en nuestras formas de relacion con el mundo natural, y que in fluyen de diversas maneras en nuestro contexto cultural. Entre estas, cabe se iialar por ejemplo:
• La persistente presencia de una "economia de rapiiia", que aun constitu ye uno de los ejes fundamentales del desarrollo del capitalismo en nues tra region.
• La hegemonfa del capital extranjero en esa economia de rapiiia a partir del siglo XIX, renovada y ampliada ademas en el contexto de la globali zacion.
• La influencia de dicho capital en nuestros Estados nacionales, autoritarios
y centralizados en grado extrema, y subordinados al interes de grupos locales de poder, que se benefician del intercambio de mano de obra y recursos naturales baratos por capital de inversion y vfas de acceso al mercado mundial.
18."Nuestra America", en Obras F,scogidas, p. 522.
• La ausencia de una clase numerosa de pequeiios y medianos producto res rurales, y del tipo de intelectuales de clase media y de instituciones culturales asociadas a los intereses y la vision del mundo de este grupo social, que en el mundo Noratlantico desempeiian un papel de primer orden en la conformacion del moderno movimiento ambientalista.
• La exclusion, a menudo violenta, de las experiencias y las visiones de la naturaleza no capitalistas, y la organizacion de las instituciones culturales dominantes en torno a la idea, expresada por Domingo Faustino Sar miento ya en 1845, de que nuestras sociedades estaban obligadas a es coger entre la civilizacion y la barbarie o, dicho en terminos mas contem poraneos, entre articularse con exito al sistema mundial bajo hegemonia de las economias desarrolladas del Atlantico Norte, o perecer. 19
Nada de esto, sin embargo, autoriza a desconocer la presencia en nues tras culturas de visiones alternativas -esto es, no oligarquicas- del mundo na tural, creadas por intelectuales como el cubano Jose Marti (1853-1895), quien residio en Nueva York desde 1881 hasta el momento en que regreso a luchar y morir por la independencia de su pais. Marti -un observador agudo y bien informado de la vida y la cultura en los Estados Unidos y Europa Occidental durante esos aiios, en los que llego a estar familiarizado con la obra de au tores como Herny George, Henry David Thoreau, Ralph Waldo Emerson y
Charles Darwin-, fue uno de los criticos mas relevantes de la vision oligar- - quica de la naturaleza en la America Latina de fines del siglo XIX.
Al respecto, Marti vinculo su propia vision de la naturaleza, en el plano politico, con su lucha por la autodeterminacion de los estados hispanoame ricanos. Asi, en "Nuestra America", plantea que no hay "batalla entre la civi lizacion y la barbarie, sino entre la falsa erudicion y la naturaleza", y aboga por la necesidad de gobernantes que sepan
con que elementos esta hecho su pais, y c6mo puede ir guiandolos en jun to para llegar, por metodos e instituciones nacidas del pais mismo, a aquel esta do apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas.20
19. Mas alla de esto, parecer'ia tentador decir que otrd peculiaridad de nuestra historia am biental seria el papel desempenado por la pol:itica -y en particular por su forma mas extrema, la violencia- en la continua reorganizaci6n de las sociedades y el mundo natural en America La tina. Sin embargo, este parece ser un fen6meno muy difundido en la historia de las relaciones de todas las sociedades humanas con el mundo natural.
20. Jose Marti, Obras escogidas, p. 521. Considerada hoy una fuente fundamental de nues tra identidad, la obra de Marti nos presenta ideas sobre la naturaleza, la autodeterminaci6n y lo que el ambientalismo contemporaneo llamaria "desarrollo sostenible", que ofrecen un suelo fer til y aun poco explorado para la colaboraci6n entre las sociedades y las culturas de Norte y Sur
Lo dicho hasta aqui sugiere al menos tres grandes tareas pendientes pa ra la creacion de una historia ambiental latinoamericana. En primer termino, no debemos constrnir esa historia en aislamiento, sino en un dialogo simul taneo con nuestras contrapartes en otros lugares del mundo, y en nuestras propias sociedades. Esto tiene especial importancia toda vez que, en los co mienzos del siglo XXI, la presencia de lo ambiental en nuestra vida cultural y politica tiende a reproducir, una vez mas, la vision dominante que procla ma como natural -y no historica- la reduccion de la naturaleza a la condi ci6n de un conjunto de recursos a ser administrado con tanta eficiencia co- 1110 sea posible, en funci6n de las demandas del mercado mundial.
Siendo esto asi, una segunda tarea debe ser la de seguir estudiando la historia ambiental de la region, como lo viene hacienda un creciente rn:ime ro de personas, desde un numero cada vez mayor de centros de investiga ci6n y ensenanza, desde Mexico a Chile, Argentina y Brasil, y desde Cuba a Costa Rica y Panama. Esta es la (mica via verdadera para establecer con to da claridad que nuestros problemas ambientales de hoy se prolongaran y se agravaran en el futuro, a menos que los mecanismos de la "economfa de ra pina" que operan en la region sean finalmente desmantelados, puesto que toda reorganizacion de la naturaleza hecha con propositos humanos acarrea consigo una reorganizacion de la sociedad humana.
En tercer -pero no ultimo- lugar, tiene la mayor importancia llegar a co nocer y comprender los procesos historicos, siempre conflictivos, a traves de los cuales se ha venido constrnyendo el mundo natural en cuanto objeto de relacion de los seres humanos entre si y con su entorno en nuestra America. Aqui, cobra un inmenso valor lo que se hace por volver a descubrir el signi ficado contemporaneo de autores como Marti -o la labor que, para el caso de autores brasilenos, vienen realizando colegas como Jose Augusto Padua y
America, sin la cual nunca seran resueltos los problemas ambientales que aquejan hoy a nues tro Hemisferio. Nada de esto, sin embargo, hace de Marti un "posible precursor de la historia ambiental de America Hispanica", coma generosamente parecio deducirlo Lise Sedrez, "Histo ria ambiental de America Latina ..", p. 101, de la lectura de mi libro Naturaleza y Sociedad en la Historia de America Latina. Tan solo ubica al cubano coma expresion de una cultura -esto es, de una vision del mundo dotada de una etica acorde a su estructura- distinta y opuesta a la que ha venido expresando la hegemon:ia oligarquica en la formacion y desarrollo de los Esta dos latinoamericanos de fines del siglo XIX a nuestros d:ias, desde la cual se abren posibilida des aun poco y mal exploradas para una lectura de nuestras relaciones con el mundo natural que, en efecto, supere y deje atras al economicismo caracteristico del liberalismo desarrollista, que con tanta razon cuestiona Gallini. Aun asi, la importancia de Marti -coma la de otros au tores de la region en su tiempo- para la historia ambiental de America Latina apenas empieza a ser comprendida. De hecho, en 1975 algunas de sus ideas mas sugerentes en relacion a este tema fueron clasificadas coma "art:iculos miscelaneos" en la excelente edicion cubana de sus obras completas. Al respecto: Jose Marti, Obras Comp/etas, 27 tomos, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.
Regina Horta Duarte- en lo que hace a los procesos de toma de conciencia y de luchas sociales por motivaciones ambientales que vienen ocurriendo en la region a una escala cada vez mas amplia. Esto, ademas, debe incluir una nueva exploracion de nuestras fronteras socioculturales internas, en las que la necesidad de un uso previsor de los recursos naturales coexiste en estre cha relacion con la de incorporar nuestras mayorias sociales a la solucion de sus propios problemas -en particular los de la pobreza y la exclusion-, con tribuyendo a facilitar el dialogo entre nosotros en America Latina, y con aque llos que vienen enfrentando problemas y preocupaciones semejantes en sus propias regiones.
Todo esto quiere decir que una historia ambiental latinoamericana debe ra continuar los esfuerzos pioneros de autores como Cunill, Gligo, Morello y Tudela, para enfrentar los desafios de una nueva circunstancia en la que ne cesitamos, coma nunca antes, ser autenticos si aspiramos a ser universales. Esto nos permitira, ademas, empezar a trabajar con aquellos que, en el mar co de la cultura ecologica del Norte, comparten con nosotros las mismas preocupaciones respecto al impacto de la civilizacion que conocemos sabre el mundo natural. Lo que esta en juego aqui, en breve, es la necesidad de fi nalmente hacer -y no solo escribir- una historia planetaria como la que una vez pidiera Donald Worster, en la que la Grecia nuestra, y la que no lo es, se fundan finalmente en una misma cultura humana.
REFERENCIAS
Brailovsky, Antonio E. y Dina Foguelman,
1997 Memoria Verde: Historia ecol6gica de la Argentina, Buenos Aires, Editorial Su damericana (1991).
Bengoa, Guillermo,
s.f. "Siete notas sobre historia ambiental", Revista lliEOMAI, s.d., www.unq.e du.ar/theomai.
Brunhes, Jean,
1955 Geografia Humana, Barcelona, Editorial Juventud, edici6n abreviada por Mme. M. Jean-Brunhes Delamarre y Pierre Deffontaines (1910).
Camus, Pablo y Ernst Hajek,
1998 Historia Ambiental de Chile, Santiago, Departamento de Biologia, Facultad de Ciencias Biol6gicas, Pontificia Universidad Cat6lica de Chile. www.hajek.cl
Castro, Guillermo,
1995 Los Trabajos de Ajuste y Combate:'Naturaleza y sociedad en la bistoria de Ame rica Latina, Premio Casa de Las Americas 1994, Bogota/La Habana, CASA/Col cultura.
Cunill Grau, Pedro,
1999 "La geohistoria", en Marcello Carmagnani, Alicia Hernandez Chavez y Ruggie ro Romano, coords., Para una Historia de America l- Las estructuras, Mexico, Fondo de Cultura Econ6mica, Fideicomiso Historia de las Americas.
1996 Las Transformaciones de/ Espacio Geohist6rico Latinoamericano, 1930-1990, Mexico, Fondo de Cultura Econ6mica, Fideicomiso Historia de las Americas (1995).
1983 "Variables geohist6ricas sociales en los procesos de degradaci6n del uso rural de la tierra en America Andina", No. 3, Caracas, TERRA, apud Vitale (1972).
Escurra, Ezequiel,
1978 De las Cbinampas a la Megal6polis. El media ambiente en la cuenca de Mexi
co (s.d.), http://omega.ilce.edu.mx:3000 Florez Malagon, Alberto G.,
1997 "La historia ambiental: hacia una definici6n disciplinar", en Ambiente y Desa rrollo, aflo 4, Nos. 6-7, Bogota, Instituto de £studios Ambientales, Universidad Javeriana, mayo de 1996-diciembre.
Galfassi, Guido y Luciano Levin,
2001 "Las preocupaciones por la relaci6n Naturaleza-Cultura-Sociedad. Ideas y teo rfas en los siglos XIX y XX. Una primera aproximaci6n", en Revista lliEOMAI, No. 3, primer semestre. www.unq.edu/revista-theomai.
Galeano, Eduardo,
1992 Las Venas Abiertas de America Latina, Mexico, Siglo XXI 0972). Gallini, Stefania,
2002 "Invitaci6n a la historia ambiental", en Cuadernos Digitales. Publicaci6n elec tr6nica en historia, archivfstica y estudios sociales, vol. 6, No. 18, Universidad de Costa Rica, Escuela de Historia, octubre, www.ucr.ac.cr.
Garcia Martinez, Bernardo y Alba Gonzalez Jacome, comps.,
1999 £.studios sabre Historia y Ambiente en America, l· Argentina, Bolivia, Mexico, Paraguay, Mexico, D.F., Instituto Panamericano de Geografia e Historia I El Colegio de Mexico.
Gligo, Nicolo y Jorge Morello,
1980 "Notas sobre la historia ecol6gica de America Latina", en Estilos de Desarrollo y Media Ambiente en America Latina, No. 36, 2 t., selecci6n de 0. Sunkel y N. Gligo, Mexico, Fondo de Cultura Econ6mica, El Trimestre Econ6mico.
Marti, Jose,
1979 Obras Escogidas, La Habana, Centro de Estudios Martianos, Editora Politica. McNeill, John R.,
2003 Algo Nuevo Bajo el Sol. Historia medioambiental de/ mundo en el siglo XX, Ma
drid, Alianza Editorial (2001).
Melville, Elinor G.K.,
1999 Plaga de Ovejas: Consecuencias ambientales de la conquista de Mexico, Mexi co, Fondo de Cultura Econ6mica (1994).
Mires, Fernando,
1990 El Discur-so de la Naturaleza: Ecologia y politica en America Latina, San Jose, Departamento Ecumenico de lnvestigaciones.