ProcesoS, Revista Ecuatoriana de Historia, No. 20

© 2004, Corporaci6n Editora Nacional                                                                                       DEBATE

 

 

 

 

De Civilizacion Y NATURALEZA. NOTAS PARA EL DEBATE SOBRE HISTORIA

AMBIENTAL LATINOAMERICANA

 

Guillermo  Castro Herrera*

 

 

La historia ambiental -o, si se quiere, el abordaje de lo ambiental coma objeto de estudio hist6rico- constituye un campo en formaci6n. En lo mas esencial, cabrfa sefialar que ella se ocupa de las interacciones entre las so­ ciedades humanas y el mundo natural, y de las consecuencias de esas inte­ racciones para ambas partes a lo largo del tiempo. Esta definici6n, sin em­ bargo, debe tomar en cuenta dos aspectos de lo definido: uno, la estructura interna del campo; otro, el proceso  que conduce a su formaci6n.  Cada  uno de  ellos  merece  una  referenda separada.

 

 

LA ESTRUCTURA DEL CAMPO

 

Asi, en lo que hace a la estructura interna del campo, para Donald Wors­ terl la historia ambiental se constituye a partir de un  dialogo entre las cien­ cias humanas y las naturales, que opera  a partir  de tres verdades  esenciales. La primera consiste en que las consecuencias de las intervenciones humanas en la naturaleza a lo largo de los ultimas 100 mil afios, al menos, forman par­ te indisoluble de la historia natural de nuestro Planeta. Tal es el caso, por ejemplo, del vasto impacto ambiental de las culturas y civilizaciones prehis­ panicas en zonas tan disimiles coma el Darien,  el Valle de Mexico y el    Alti-

 

 

•Doctor en Estudios Latinoamericanos, Facultad de Filosofia, Universidad  Nacional Aut6- noma de Mexico.

1. Al respecto, "Reencuentro de culturas. La historia ambiental y las ciencias ambientales" 0996) y "Transformaciones de la Tierra. Hacia una perspectiva agroecol6gica en la  historia" 0990), en Transformaciones de la Tierra, Panama, Universidad de Panama, Ciudad de! Saber, HCA, 2001.

 

plano andino,2 y las formas -a veces sutiles,  a veces  abiertas- en que ese im­ pacto  puede  prolongarse  hasta  el  presente.  A  esto  se  afiade  que  nuestras ideas  sabre  la  naturaleza  tienen  un  caracter  hist6rico,  se  imbrican  de  multi­ ples  maneras  con  intereses.  valores  y  conductas  refericlos  a  otros  planos  de nuestra  existencia,  y  desempenan  un  importante  pa pel  en  nuestras  relacio­ nes  con  el  mundo  natural)  Y,  por  ultimo,  esta  el  hecho  evidente  de  que nuestros  problemas  ambientales  de  hoy  tienen  su  origen  en  nuestras  inter­ venciones  en los ecosistemas  de ayer.

Para Worster, por otra parte, la historia ambiental  asume estas  premisas en tres areas de relaci6n estrechamente vinculadas entre sI. La primera esta constituida por el media biogeofisico natural en que tiene lugar la actividad humana. La segunda, por las relaciones entre las formas y prop6sitos de ejer­ cicio de esa actividad y las tecnologfas de que ella se vale, por un lado, y las consecuencias para la organizaci6n social humana -desde emigraciones o in­ migraciones masivas, hasta el surgimiento o desaparici6n de grupos sociales completos-, de la reorganizaci6n de la naturaleza producida por tales inter­ venciones.  La tercera y ultima,  por su parte,  se refiere  a las expresiones  de la experiencia hist6rica acumulada  en la cultura, valores, normas y  conduc­ tas que caracterizan las formas de relaci6n con el mundo natural dominantes en cada sociedad, orientandolas hacia la reproducci6n o la transformaci6n de las mismas.

Toda  esto implica,  por  supuesto,  consideraciones  de orden  metodol6gi­ co que aqui solo cabe mencionar. Asi por ejemplo, coma lo advierte  German Palacio,4 se hace necesario  atender al hecho de que la historia  ambiental  vin­ cula  entre si los  tiempos  de la  acci6n  humana  con  los de la  historia  natural, proyectandose  tanto  hacia  un  pasado  que  a  fin  de  cuentas  es  el  de  nuestra especie  -y  abarca  por  tanto  unos  cuatro  millones  de  afios-,  coma  hacia  la prefiguraci6n   de  opciones  de  futuro  que  operan  en  plazas  mas  extensos, tambien.  Lo mismo puede  decirse del espacio: en efecto,  si en lo mas amplio la  historia  ambiental  se refiere  a la  expansion  de nuestra  especie  por  el Pla­ neta,  en lo mas cercano  esa expansion  solo puede  ser comprendida  y  expli-

 

2. David L. Lentz, edit., Imperfect Balance. Landscape transformations in the Precolumbian Americas, Columbia University Press, 2000.

3.  Baste recordar, por ejemplo, c6mo ha ido cambiando nuestra valoraci6n de! tr6pico y sus habitantes desde las tiempos de! enorme exito de la novela La Voragine, de Jose Eustacio Rivera, hasta las preocupaciones contemporaneas por la protecci6n de la biodiversidad y de! le­ gado cultural de los pueblo ind1genas.

4. "Historia tropical: a reconsiderar las nociones de espacio, tiempo y ciencia", en Repen­ sando la naturaleza. Encuentros y desencuentros disciplinarios en torno a lo ambiental. Ger­ man Palacio y Astrid Ulloa, edit., Universidad Nacional de Colombia, Sede Leticia, Instituto Ama­ z6nico de Investigaciones,  Instituto  Colombiano  de Antropologfa  e Historia,  Colciencias, 2002, p. 68.

 

 

cada a escala de una economia y unas relaciones sociales y politicas que fun­ cionan como un mercado  y como  un  sistema  mundiales,  en construcci6n a lo largo de los ultimos 500 afios, tal como lo expresa el lema que adorna el escudo nacional adoptado en 1904 por los creadores de la republica de Pa­ nama:  Pro Muncli Benficio.

La dinamica fundamental de estas interacciones entre las sociedades hu­ manas y su entorno natural, por otra pane, puede ser expresada idealmente a traves de las transformaciones sucesivas que. van experimentando los pai­ sajes, debido a la intervenci6n de los humanos en sus ecosistemas, y las so­ ciedades responsables de esas transformaciones. Asi,  para  el ge6grafo fran­ ces Pierre Gourou, por ejemplo, cada paisaje constituye una sintesis de las "tecnicas de producci6n" y "las tecnicas de encuadramiento"  de la sociedad que lo ha creado, sobredeterminada a menudo, ademas, por los "pais:tjes f6- siles" legados por las sociedades precedentes.5 Esta vision del paisaje como sintesis de las relaciones que los humanos establecen entre si y con su en­ torno, a su vez, permite establecer una periodizaci6n de los procesos de reor­ ganizaci6n del mundo natural y de la organizaci6n social,  correspondiente a los medios tecnicos empleados y los prop6sitos politicos con que esa trans­ formaci6n del mundo natural ha sido llevada  a cabo, en el sentido  indicado por Worster.

 

 

LA FORMACION DEL CAMPO

 

Afios atras, en algun texto de lectura obligada en la Universidad donde estudie, dos historiadores franceses cuyos nombres yo deberfa recordar se­ fialaban que la historia,  como practica  cultural, habfa nacido en Grecia   mas o menos en coincidencia con el desarrollo de las primeras formas de vida de­ mocratica. Las nuevas relaciones politicas entonces emergentes abrfan la po­ sibilidad de controlar el futuro a traves de la disputa  por el control del  pasa­ do mediante su analisis racional. Y la politica, ciertamente, desempefia un importante papel en el surgimiento de la historia ambiental en el mundo an­ glosaj6n en el ultimo cuarto del siglo XX, y anima hasta hoy, sin duda, el de­ sarrollo de esa forma nueva de encarar y entender el pasado  en nuestra cul­ tura  contemporanea.

En efecto, el origen de este proceso de formaci6n puede ser remitido al gran momento de fractura de la geocultura global creada por el liberalismo clasico a partir  de  1848,  en aquel  proceso  tan  reiteradamente  analizado  por

 

 

5. Introducci6n a la Geografia Humana, Madrid, Alianza Universidad, 1984. Capitulo I.

 

Immanuel Wallerstein, a lo largo del cual el mundo natural fue reducido a la categoria de una naturaleza externa  al  mundo  creado  por  los humanos, cu­ ya propia historia a su vez se reducia a la de sus caracteristicas politicas, eco­ n6micas y sociales.6 No es el caso reiterar aqui la estructura general de la or­ ganizaci6n del conocimiento gestada al interior de esa geocultura, con su ni­ tida separaci6n aparente entre los campos de las ciencias naturales, las so­ ciales y las humanas, pues el debate en torno a la crisis de esa estructura constituye uno de los ejes mas visibles  del proceso  de transformaciones  por el que viene  atravesando  la  cultura contemporanea.

De lo que se trata es de recordar que el campo, que aqui nos interesa, empieza a formarse en el marco mas amplio de aquella fractura, que abarc6 ademas complejos procesos de movilizaci6n social y pol:itica, de transforma­ ciones econ6micas y de cambio cultural. En lo que nos  toca,  por  ejemplo, esas transformaciones incluyeron la desintegraci6n del sistema conceptual or­ ganizado en torno a la noci6n de desarrollo, que a partir  de la Segunda  Gue­ rra Mundial habia venido a encarnar la esperanza de que llegaran a todos los pueblos del planeta "el progreso tecnico y sus frutos", segun alguna vez la definiera Raul Prebisch. Con ello, se abri6 a su vez el camino hacia lo que Stefania Gallini llama el "giro fundamental" que reivindican los historiadores ambientales,  que  permitiria  "abandonar  la  unilinearidad  economicista  de la

historia", tan caracteristica de las ideologias del progreso que  florecieron  al  - interior  de  la  geocultura liberal.7

Esa fractura, por otra parte, se inici6 en los paises centrales del sistema mundial, donde cataliz6 y potenci6  preocupaciones  y  temores  de vieja data en los mas diversos sectores de la vida social, abriendo paso a movimientos sociales de nuevo tipo, coma el ambientalismo, que a su vez  iniciaron  una lenta y persistente irradiaci6n hacia todas las sociedades del planeta. La his­ toria ambiental se forma al interior  de  este proceso,  porque  en  el  se forjan las interlocutores del nuevo campo en cada sociedad del planeta.  De este modo, nuestro  campo empieza  a tomar forma en el mismo momenta  en  que la Humanidad empieza a tomar conciencia del vasto alcance, y las graves im­ plicaciones de la crisis en que han  venido  a  desembocar  sus relaciones  con el mundo natural al cabo de doscientos anos de crecimiento econ6mico y polarizaci6n social incesantes, que culminan en  el  "siglo  despilfarrador" a que hace referencia la historia  ambiental del siglo XX recientemente  publica-

 

 

6. Al respecto, por ejemplo, Immanuel Wallerstein, Despues  de/ Liberalismo,  Mexico, Siglo XXI, 1998 0991); lmpensar las Ciencias Socia/es. Limites de Los paradigmas, decimon6nicos, Me­ xico, Siglo XXI, 1992; Geopolitics and Geoculture. Cambridge University Press.

7.  "Invitaci6n a la historia ambiental", en Cuadernos Digitales. Publicaci6n electr6nica en historia, archivfstica y estudios sociales, vol. 6, No. 18, Universidad de Costa Rica, Escuela de Historia, octubre de 2002. www.ucr.ac.cr.

 

da por John McNeill.8 Y esto hada inevitable un primer movimiento de  ajus­ te de cuentas con las ideologias del  progreso  en el campo de las  relaciones con el mundo natural,  a traves de un movimiento  de la denuncia  a la  critica, y de alli a la construcci6n -hoy en curso- de la historia ambiental como ex­ presi6n y como medio para el florecimiento  de la nueva  cultura  que  empie­ za a animar nuestras  relaciones  con el mundo natural  de fines de la  decada de  1980 en adelante.

 

 

II.ACIENDO  IDSTORIA AMBIENfAL,  AL SUR

 

Es en el marco de este proceso donde cabe, en justicia, situar la  discu­ si6n sobre la labor cumplida y las tareas pendientes para  la historia  ambien­ tal en America Latina. Se trata, en este sentido, de entenderla desde nuestra contemporaneidad. En esa perspectiva, justamente, discurre la reflexion que hiciera Jose Marti sobre el papel de la historia en la construcci6n de socieda­ des nuevas en la America  hispana,  cuando en  su ensayo  Nuestra  America, de 1891, sefialaba  lo siguiente:

 

iC6mo han de salir de las universidades los gobernantes, si no hay universi­ dad en America donde se ensefie  lo rudimentario  de! arte del  gobierno,  que  es el analisis de los elementos peculiares de los pueblos de America? A adivinar sa­ len los j6venes al mundo, con antiparras yanquis o francesas, y aspiran  a  dirigir un pueblo que no conocen .... El premio de los certamenes no ha de ser para la mejor oda, sino para el mejor estudio de los factores del pars en que se vive ..... Conocerlos basta, sin vendas ni ambages; porque el que pone de lado, por vo­ luntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le falt6, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella. Resolver el pro­ blema despues de conocer sus elementos, es mas facil que resolver  el  problema sin conocerlos.... Conocer es resolver. Conocer el pars, y gobernarlo conforme al conocimiento,  es el (mico modo de librarlo de   tiranfas.

 

Y agrega:

 

La universidad europea ha  de ceder a la universidad  americana.  La historia de America, de los incas a aca, ha  de enseftarse  al dedillo,  aunque no se  enseiie la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es mas  necesaria.9

 

 

8. John  R.  McNeill,  Algo  Nuevo Bajo el Sol. Historia  medioambiental  def  mundo en el siglo

XX.,  Madrid,  Alianza  Editorial,  2003 (2001).

9. "Nuestra America", en Obras F.scogidas, tomo II, La Habana, Centro de Estudios  Martia­ nos, Editora Potitica, 1979, pp. 521-522.

 

Pero, ide que Grecia hablamos hoy, nuestra  o ajena?  iA que necesidades ha· de responder la historia que demanda nuestro presente? A lo largo de los ultimas veinte anos, America Latina ha venido atravesando por una persis­ tente combinaci6n de crecimiento econ6mico, deterioro social y degradaci6n ambiental, en un contexto de exacerbaci6n de  lo que algunos  han  llamado una "economia de rapina" (Brunhes, 1955), cuyas rakes se remontan al me­ nos al siglo XVI. Una situaci6n asi podrfa ser la mas adecuada para el desa­ rrollo de una historia de las  transformaciones  producidas  por  los  humanos en los ecosistemas  de la  region  mediante  el trabajo  socialmente organizado, y del impacto de dichas transformaciones en el desarrollo humano. Sin em­ bargo, no ha ocurrido asi, y a casi un cuarto de siglo de haberse iniciado el desarrollo de este campo, ya no  tan  nuevo,  Lise  Sedrez  puede  afirmar que "la disciplina 'historia ambiental de America Latina' esta aun en proceso de formacion, tanteando su definicion y fronteras en un terreno donde sus prac­ ticantes tienen muchos lugares para buscar inspiracion". 10

Para explorar este problema en el sentido que nos interesa, es bueno dis­ tinguir la historia ambiental de America Latina de la historia ambiental lati­ noamericana. Aqui,  la primera  se refiere simplemente a la historia  ambiental que encuentra su objeto de estudio en la region, con independencia de la cultura de origen de quien realiza dicho estudio. La segunda, en cambio,  se refiere a las tendencias y problemas que caractericen el quehacer de los la- - tinoamericanos en este campo.11 La primera supone, asi, un  dialogo entre culturas -sobre  todo  la anglosajona  y la  iberoamericana-, que  llega  a  alcan­ zar una gran riqueza en autores como el colombiano Alberto Florez  Malagon, para  citar un ejemplo destacado.12  La segunda, en cambio, supone un   dialo­

go intrarregional  que aun esta en vfas de   constituirse.

En esta perspectiva, cabe ubicar algunas expresiones precedentes de una historia ambiental latinoamericana a fines de la decada de 1970, en el marco del creciente interes por los problemas ambientales de la region que por ese entonces empezaba a manifestarse en organismos internacionales de desarro­ llo y en algunas instituciones  academicas  de la region, en las que se   discutfa

 

10. "Historia  ambiental  de  America  Latina:  origenes,  principales   interrogantes   y lagunas", en German Palacio y Astrid Ulloa, edit., Repensando la naturaleza. Encuentros y desencuentros disciplinarios en torno a lo ambiental, 2002, p. 100.

11.En el caso de la historia ambiental de la region, por ejemplo, los trabajos de Elinor Mel­ ville sobre Mexico (1994) y de Antonio Brailovsky y Dina Foguelman sabre Argentina 0991) pueden ser considerados en el mismo nivel de analisis. En el segundo, interesa mas considerar la labor de Brailovsky y Foguelman en el contexto de los habitos y mentalidades de su cultura regional, y en su interacci6n con sus pares de la region.

12. Al respecto, por ejemplo: "La historia ambiental: hacia una definici6n disciplinar", en Ambiente y Desarrollo, a.no 4, Nos. 6-7, Bogota, Instituto de Estudios Ambientales, Universidad Javeriana, mayo de 1996-diciembre de 1997.

 

la utilidad de un analisis de estos prohlemas en perspectiva hist6rica. Asi, en 1978 el ge6grafo chileno Pedro Cunill senal6 la necesidad de estahlecer un horizonte hist6rico para el analisis de los prohlemas amhientales, y en 1980 Nicolo Gligo y Jorge Morello puhlicaron su hreve ensayo "Notas para una his­ toria ecol6gica de America Latina", como parte de la antologia en dos volu­ menes Media Ambiente y Desarrollo en America Latina, que sintetizaha el es­ tado del dehate en la region, editada por el propio Gligo -sociologo- y por Osvaldo Sunkel -economista-, amhos por ese entonces funcionarios de la Comision Economica para America Latina, de las Naciones   Unidas.

En 1983, Luis Vitale publico Hacia una Historia del Ambiente en Ameri­ ca Latina, en importante medida, una replica a las ideas de Sunkel y otros cientificos sociales vinculados a la CEPAL respecto al impacto ambiental del desarrollo economico y social de la region. En 1987, Ortiz Monasterio y otros publicaron Tierra Profanada: Historia Ambiental de Mexico, en lo fundamen­ tal una denuncia, manifiesto en contra del saqueo y destruccion de los recur­ sos naturales  de aquel pais a partir de la conquista  europea. Y enseguida  es­ te  promisorio  comienzo  parecio detenerse.

La decada de 1990 presencio  una  actividad  mas sostenida, que se inicio al calor del renovado  interes oficial por los problemas  ambientales,  asociado a los preparativos de la Conferencia  Mundial  sohre Ambiente  y Desarrollo que se celebraria en Rio de Janeiro en 1992 (Rio 92). Asi, en 1990 el Progra­ ma de las Naciones Unidas  para  el Medio Ambiente  y  la Agencia Espanola de Cooperacion Internacional publicaron en Madrid el libro Desarrollo y Me­ dia Ambiente en America Latina: Una vision evolutiva, que intentaba ofrecer un analisis en perspectiva historica de los problemas de la region que serian abordados en Rio 92, bajo la coordinaci6n del ambientalista mexicano Fer­ nando Tudela.

Fuera del ambito institucional, tambien en  1990 Fernando Mires publico en Costa Rica El Discurso de la Naturaleza: Ecologia y politica en America La­ tina, que incorpora referencias hist6ricas en el planteamiento de su tema principal. En 1991, el economista Elio Brailovsky y la bi6loga Dina Foguel­ man, ambos activos en temas ambientales desde la decada  de  1970, ganaron un Premio de la Editorial Sudamericana con el libro Memoria Verde: Historia Ecol6gica de la Argentina, reeditada muchas veces desde entonces  en ese pais. En 1994, el libro Naturaleza y Sociedad en la Historia de Amen·ca Lati­ na, del panamefio Guillermo Castro, obtuvo el Premio Casa de las America en La Habana, Cuba, y en 1996 el historiador colombiano Alberto G. Florez Malagon publico el ensayo teorico "La historia ambiental: hacia una  ubica­ cion disciplinar", en el que proponia a la historia ambiental como una sub­ disciplina de la historia, y evaluaba sus posibilidades de desarrollo en el me­ dia academico de su pa:is. En 1995 y 1999 Cunill public6 nuevos trabajos de geografia  hist6rica,  relevantes  para  la  historia  ambiental  de la  region,  y en

 

1999 Bernardo Garcia y Alba Gonzalez Jacome publicaron en Mexico la an­ tologia Estudios sabre Historia y Ambiente en America, que incluye trece tex­ tos sohre la historia amhiental de Argentina, Bolivia, Mexico y Paraguay -en su mayoria relativos al periodo que va del siglo XVI al XIX- producidos  por 16 autores, trece de ellos  latinoamericanos.

La  lista  podria  ser mas  larga,  por  supuesto,  sin llegar  nunca  a ser exhaus­ tiva.13  Lo  esencial  aqui,  sin embargo,  parece  ser el contraste  entre  la  tenden­ cia  de  la  historia  ambiental  a  consolidarse  como  un  campo  de  trabajo  en  el medio  academico  latinoamericano,  por  un  lado,  y  la  persistente  dispersion  y desconexion,  en el espacio y el tiempo,  de las comunidades  intelectuales vin­ culadas  a  ese  proceso,  por  el  otro.14  Mas  alla  del  tamano  y  la  diversidad  de la  region  -factores  ineludibles  cuando  se  considera  cuan  poco  relacionadas entre  sI se encuentran  las comunidades  academicas  hispanoamericana  y  hra­ silena,  por  ejemplo-,  esta  ultima  tendencia  parece  estar  mas  bien  asociada  a las tradiciones  culturales y  a  la  evolucion  social  y politica  de nuestros  paises. En  lo academico,  los campos  de estudio  emergentes,  sobre  todo  cuando relacionan  entre  si  areas  de actividad  tradicionalmente  separadas,  suelen  en­ contrar  dificultades  para  establecer  un  lugar  propio  en  las  universidades   e instituciones  de  investigacion  cientifica  de  la  region.  En  lo  sociopolitico,  el ambientalismo   latinoamericano   ha  debido  formarse  y  evolucionar  durante largo  tiempo,  bajo  la  pesada  sombra  del  Estado  y  de  los  organismos  finan­ cieros y  Organizaciones  No  Gubernamentales  internacionales,  mientras  man­ tienen  vinculos  usualmente  muy debiles con su  propia  sociedad,  y con  el in­ teres  publico  de  sus  conciudadanos.  Lo  fundamental,  en  todo  caso,  es  que

-en  ausencia  de  una  demanda  interna  significativa  para  el  abordaje  de los

 

 

13. Para mediados de 2002, por ejemplo, los organizadores de! Simposio de Historia Am­ biental Americana que se realizara en Chile en el marco de! 51 Congreso Internacional de Ame­ ricanista, en julio de 2003, hicieron circular una  lista  de 69 investigadores  vinculados  al tema, en su gran mayoria latinoamericanos.

14. En mi caso, por ejemplo, trabaje en mi investigaci6n de doctorado en el Centro de Es­ tudios Latinoamericanos de la Facultad de Filosofia de la Universidad Nacional Aut6noma de Mexico entre 1992 y 1993, sin llegar a saber de las trabajos de Brailovsky y de Vitale, de! mis­ mo modo que es probable que ninguno de ellos sepa de mi propia labor hasta ahora. El con­ tacto con el trabajo de Gligo y Morello fue posible debido  a  que  eran  una  excepci6n  -por no decir una curiosidad- dentro de una antologfa multidisciplinaria de ensayos acerca de las as­ pectos econ6mico, politico y ecol6gico de las relaciones entre el ambiente y el desarrollo en la region. Fue mucho mas sencillo, por otra parte, entrar en contacto con autores coma Donald Worster y Richard White a traves de instituciones coma la biblioteca del Servicio de Informaci6n de los Estados Unidos en la ciudad de Mexico, y permanecer en contacto con su trabajo y el de otros especialistas de! mundo Noratlantico a traves de revistas coma Environment & History

-que solo habfa  publicado  tres artkulos sabre America  Latina  entre  1996 y  2002- y de  servicios

de informaci6n por Internet coma las que ofrecen la Sociedad Norteamericana de Historia Am­ bienta1,  o academicos  coma  Lise Sedrez, de la  Universidad  de Stanford.

 

problemas ambientales de la region en perspectiva historica-, parte al menos del impulso inicial para el desarrollo de la  historia  ambiental latinoamerica­ na proviniera de instituciones internacionales como la CEPAL y el Banco ln­ teramericano de Desarrollo, que tienden  a  enfatizar  lo estructural  por  sabre lo temporal en su labor de analisis, y a subordinar el tratamiento de lo <,1m­ biental al de lo econ6mico. Esto podria explicar algunos elementos caracte­ risticos de la primera  fase del proceso  arriba  descrito.

Uno de ellos, por ejemplo, se refiere a los momentos sucesivos de efer­ vescencia, vinculados a conferencias internacionales sabre el ambiente, que abrieron espacios para la participacion de academicos interesados en la di­ mension hist6rica de los problemas ambientales. Otro, a la casi general au­ sencia de contribuciones te6ricas y metodologicas a lo largo de la decada de 1980, y el caracter apenas incipiente de estas en la de 1990,1-s tanto mas no­ table en una region en la que el debate sabre estos temas tiene una rica tra­ dici6n,  sabre todo  en  las ciencias sociales.

En este contexto, por otro lado, pueden ser identificados al menos dos fuentes importantes para el abordaje historico de nuestros problemas am­ bientales. Una corresponde a la tradici6n  de denuncia  y critica  al saqueo de los recursos naturales de la region por parte de corporaciones del mundo Noratlantico. Esta tradici6n, con hondas rakes en la narrativa y en el perio­ dismo de investigacion, ofrece un poderoso elemento de articulaci6n  en tex­ tos como el clasico Las Venas Abiertas de America Latina, de Eduardo Galea­ no 0972). Ella se relaciona ademas con la Teoria de la Dependencia, amplia­ mente conocida en las ciencias economicas y sociales desde  la  decada de 1970, que facilita sus propios contactos hacia fuera con corrientes Noratlan­ ticas de investigaci6n y pensamiento, coma las representadas por autores co­ ma Immanuel Wallerstein, James O'Connor y Joan Martinez Alier.16

 

 

15.Con excepciones como Castro (1994); Florez  Malagon  (1996) y Galafassi  y Levin  (2001) y,· mas recientemente, German Palacio y Stefania Gallini.

16. Stefania Gallini, en su "Invitaci6n a la historia ambiental latinoamericana", plantea  que al aplicar el "modelo progresista" en su forma inversa, los historiadores  vinculados  a este cam­ po terminan por escribir "historias regresivas e igualmente unilineales", que reducen la historia ambiental "a la narraci6n de la perdida de! estado de gracia en un supuesto Eden dominado por relaciones arm6nicas entre hombres y naturaleza". America Latina, agrega, "parece ser particu­ larmente sensible" a "esta infructifera forma de entender la historia ambiental", lo que podria ser consecuencia "de! economicismo que ha permeado la comprensi6n de la historia latinoameri­ cana" y a que pueda ser esta "la  respuesta  que mejor se acomoda  a  paradigmas  interpretativos de larga tradici6n, como el de la teoria de la dependencia que tanta fuerza ha tenido y sigue te­ niendo en la historiografia latinoamericana y latinoamericanista". Naturalmente, hay aqui una discusi6n que va mas alla de lo inmediatamente planteado. En otro momenta de su ensayo, la autora aboga por la busqueda de lo universal en lo particular, "desvelar la relaci6n de las socie­ dades con los ecosistemas a partir de las microhistorias de la contaminaci6n de! arroyo por la fabrica", asumiendo lo local como unidad fundamental de analisis, frente a la tradici6n latinoa-

 

La  segunda  fuente  de abordaje  de  lo ambiental,  como objeto  de estudio historico,  se vincula  a  las formas  mas  tradicionales  de organizacion  de nues­ tras instituciones  educativas  en el campo de las Humanidacles.  Aqui,  al cabo de un largo periodo  de identificacion  de lo. ambiental  con lo ecologico y con las ciencias  naturales,  empieza  a  tomar  cuerpo un  interes  por  los  problemas del  ambience,  sostenido  inicialmente  por  la  geografia  historica  y  la  antropo­ logia  cultural,  entre  otras  disciplinas.  Especial  interes  tiene,  en  este  caso,  la re-lectura  en  clave  ambiental  de  autores  relevantes  para  la  formacion  de  la cultura  latinoamericana  entre  los  siglos XVI  y  XIX,  desde  Bernardino  de  Sa­ hag(m hasta Jose Marti y  Euclides  Da  Cunha,  un ejercicio que ademas  posee sus  propias  vias  de  engarce  con  la  labor  de  latinoamericanistas  del  mundo Noratlantico.  Sin embargo,  la  persistente  organizacion  sectorial  de las estruc­ turas de produccion  y difusion  del conocimiento  en la region  sigue -y segui­ ra-  constituyendo  un  obstaculo  institucional  de  primer  orden  para  el  desa­ rrollo  de un  campo cuyo mayor  potencial  radica,  como sen.ala  Gallini,  "en la interdisciplinariedad  y  en el  trabajo  en  equipo". 17

Resulta evidente, en todo caso, la extraordinaria debilidad de la organi­ zacion institucional que serfa necesaria para un abordaje de los problemas ambientales de la region en perspectiva historica. Este es, con toda probabi­ lidad, el factor mas importance en la tendencia a estructurar el campo de la historia ambiental latinoamericana a traves del sistema institucional del mun­ do Noratlantico. Esto, a su vez, contribuye a explicar por ejemplo al peso que en ocasiones adquieren entre nosotros las visiones de nuestra region cons­ truidas desde la "otra" America, incluyendo en ello a menudo las premisas, metodos y valores en uso para la organizacion del estudio de la historia am­ biental de la America que Marti llamo  "nuestra".

Lo anterior no excluye que esta tendencia a la estructuracion "desde fue­ ra" haya producido resultado valiosos, como el texto ya mencionado Desa­ rTollo y Medio Ambiente: Una vision evolutiva, y el portal de Internet creado por Lise Sedrez en Stanford. Esta tendencia tambien facilita la tarea de vin­ cular la labor realizada en America Latina con la de academicos de Asia y Africa, que tambien se comunican a menudo entre sf a traves del Atlantico Norte,  como ocurre por  ejemplo en el caso de la revista  Environment  & His-

 

 

mericana que ubica esa unidad fundamental en el sistema mundial, y asume lo regional, lo na­ cional y lo local coma  niveles  dentro de aquel  todo mayor  y mas  complejo.

17."Siendo imposible lograr una competencia especializada de alto nivel en disciplinas tan distintas coma las que elaboran e interpretan estas tipologias de Fuentes, agrega, el historiador ambiental no puede seguir la tradici6n ermitana de sus colegas historiadores. Debe en cambio alimentarse de un trabajo de equipo integrado por ge6grafos, cart6grafos, paleoec6logos, ge6- logos, bi6logos entre otros, tratando de desarrollar un lenguaje comun mas alla de los tecnicis­ mos de cada disciplina". "Invitaci6n ..."

 

tory. Toda ello podria representar, ademas. un valioso recurso en la lucha contra el provincialismo caracteristico de amplios segmentos de nuestra vida cultural y academica, y para la construccion del tipo de perspectiva global in­ dispensable para una comprension  adecuada  de  los  problemas ambientales de  nuestro tiempo.

Con todo, una articulacion externa que emerja de nuestras debilidades,  y no de nuestras fortalezas, plantea graves problemas para  el desarrollo futuro del campo. Entre estos, cabe mencionar  por ejemplo  el riesgo de un  atraso a(m mayor en la construccion de visiones propias; la importacion indiscrimi­ nada de problemas y alternativas construidas desde las visiones de otros; una permanente fragmentacion del campo de estudio, en el espacio coma en el tiempo, y la perdida de contactos de verdadera utilidad entre este campo  y otros de indudable importancia -en si mismos y en su utilidad para  el abor­ daje de lo ambiental- en los que America Latina ha logrado ya resultados de gran valor, como la historia social, politica, econom.ica y   cultural.

 

 

ALGUNAS  PECULIARIDADES  Y TAREAS  PENDIENTES

 

Lo planteado hasta aqui sug.iere, en suma, la neces.idad de inscr.ib.ir en la puerta de nuestro campo la advertencia hecha en 1891 por Jose Marti: "lnjer­ tese en nuestras republicas el mundo, pero que el tronco sea el de nuestras republicas" .1s En efecto, para definir el lugar que pueda  correspondernos  en el desarrollo futuro de la historia ambiental, conviene tomar  en cuenta algu­ nas peculiaridades de largo plazo, presentes tanto en nuestras relaciones so­ ciales coma en nuestras formas de relacion con el mundo natural, y que in­ fluyen de diversas maneras en nuestro contexto cultural. Entre estas, cabe se­ iialar por ejemplo:

•    La persistente presencia de una "economia  de rapiiia",  que aun constitu­ ye uno de los ejes fundamentales del desarrollo del capitalismo en  nues­ tra region.

•    La hegemonfa del capital extranjero en esa economia de rapiiia  a  partir del siglo XIX, renovada y ampliada ademas en el contexto de la globali­ zacion.

•    La influencia de dicho capital en nuestros Estados nacionales, autoritarios

y centralizados en grado extrema, y subordinados al interes de grupos locales de poder, que se benefician del intercambio de mano de obra y recursos naturales baratos por capital de inversion y vfas de acceso al mercado mundial.

 

18."Nuestra America", en Obras F,scogidas, p. 522.

 

•    La ausencia de una clase numerosa  de pequeiios  y medianos  producto­ res rurales, y del tipo de intelectuales de clase media y de instituciones culturales asociadas a los intereses y la vision del mundo de este grupo social, que en el mundo Noratlantico desempeiian un papel  de primer orden en la conformacion del moderno movimiento ambientalista.

•    La exclusion, a menudo violenta, de las experiencias y las visiones de la naturaleza no capitalistas, y la organizacion de las instituciones culturales dominantes en torno a la idea, expresada por Domingo Faustino Sar­ miento ya en 1845, de que nuestras sociedades estaban obligadas a es­ coger entre la civilizacion y la barbarie o, dicho en terminos mas contem­ poraneos, entre articularse con exito al sistema mundial  bajo hegemonia de las economias desarrolladas del Atlantico Norte, o perecer. 19

Nada de esto, sin embargo, autoriza a desconocer la presencia en  nues­ tras culturas de visiones alternativas -esto es, no oligarquicas- del mundo na­ tural, creadas por intelectuales como el cubano Jose Marti (1853-1895), quien residio en Nueva York desde  1881 hasta el momento en que regreso a  luchar y morir por la independencia de su pais. Marti -un observador agudo y bien informado de la vida y la cultura en los Estados Unidos y Europa Occidental durante esos aiios, en los que llego a estar familiarizado con la obra  de au­ tores como Herny  George,  Henry  David  Thoreau,  Ralph  Waldo Emerson y

Charles Darwin-, fue uno de los criticos mas relevantes de la vision oligar-  - quica de la naturaleza  en la America Latina de fines del siglo  XIX.

Al respecto, Marti vinculo su propia vision de la naturaleza, en el plano politico, con su lucha por la autodeterminacion de los estados hispanoame­ ricanos. Asi, en "Nuestra America", plantea que no hay "batalla entre la civi­ lizacion y la barbarie, sino entre la falsa erudicion y la naturaleza", y  aboga por  la  necesidad  de  gobernantes  que sepan

 

con que elementos esta hecho su pais, y c6mo puede ir guiandolos en jun­ to para llegar, por metodos e instituciones nacidas del pais mismo, a  aquel  esta­ do apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas.20

 

 

19. Mas alla de esto, parecer'ia tentador decir que otrd peculiaridad de nuestra historia am­ biental seria el papel  desempenado  por  la  pol:itica  -y en  particular  por  su  forma  mas extrema, la violencia- en la continua reorganizaci6n de las sociedades y el mundo natural en America La­ tina. Sin embargo, este parece ser un fen6meno muy difundido en la historia de las relaciones de todas las sociedades humanas con el mundo natural.

20.                  Jose Marti, Obras escogidas, p. 521. Considerada hoy una fuente fundamental de  nues­ tra identidad, la obra de Marti nos presenta ideas sobre la naturaleza,  la  autodeterminaci6n  y lo que el ambientalismo contemporaneo llamaria "desarrollo sostenible", que ofrecen un suelo fer­ til y aun poco explorado para la colaboraci6n entre las sociedades y las culturas de Norte y Sur

 

Lo  dicho  hasta  aqui  sugiere  al  menos  tres  grandes  tareas  pendientes  pa­ ra  la  creacion  de una  historia  ambiental  latinoamericana.  En  primer  termino, no  debemos  constrnir  esa  historia  en  aislamiento,  sino en  un  dialogo  simul­ taneo  con  nuestras  contrapartes  en  otros  lugares  del  mundo,  y  en  nuestras propias  sociedades.  Esto  tiene  especial  importancia  toda  vez  que,  en  los  co­ mienzos  del  siglo XXI,  la  presencia  de  lo  ambiental  en  nuestra  vida  cultural y  politica  tiende  a  reproducir,  una  vez  mas,  la  vision  dominante  que  procla­ ma  como  natural  -y  no  historica-  la  reduccion  de  la  naturaleza  a  la  condi­ ci6n  de  un  conjunto  de  recursos  a  ser  administrado  con  tanta  eficiencia  co- 1110  sea  posible,  en  funci6n  de las  demandas  del  mercado  mundial.

Siendo esto asi, una segunda tarea debe ser la de seguir estudiando la historia ambiental de la region, como lo viene  hacienda  un creciente  rn:ime­ ro de personas, desde un numero cada vez  mayor  de centros  de investiga­ ci6n y ensenanza, desde Mexico a Chile, Argentina y Brasil, y desde Cuba a Costa Rica y Panama. Esta es la (mica via verdadera para establecer  con  to­ da claridad que nuestros problemas ambientales de hoy se prolongaran y se agravaran en el futuro, a menos que los mecanismos de la "economfa de ra­ pina" que operan en la region sean finalmente desmantelados, puesto que toda reorganizacion de la naturaleza hecha con propositos humanos acarrea consigo una  reorganizacion  de la  sociedad humana.

En tercer -pero no ultimo- lugar, tiene la mayor importancia llegar a co­ nocer y comprender los procesos historicos, siempre conflictivos, a traves de los cuales se ha venido constrnyendo el mundo natural en cuanto objeto de relacion de los seres humanos entre si y con su entorno en nuestra America. Aqui, cobra un inmenso valor lo que se hace por volver a descubrir el signi­ ficado contemporaneo de autores  como  Marti -o la  labor  que,  para  el caso de autores brasilenos,  vienen  realizando  colegas como Jose Augusto  Padua y

 

 

America, sin la cual nunca seran resueltos los problemas ambientales que aquejan hoy a nues­ tro Hemisferio. Nada de esto, sin embargo, hace de Marti un "posible precursor de la historia ambiental de America Hispanica", coma  generosamente  parecio  deducirlo  Lise  Sedrez, "Histo­ ria ambiental de America Latina ..", p. 101, de la lectura de mi libro Naturaleza y Sociedad en la Historia de America Latina. Tan solo ubica  al cubano coma  expresion  de una  cultura -esto es, de una vision del mundo dotada de una etica acorde a su estructura- distinta y opuesta  a la que ha venido expresando la hegemon:ia oligarquica en la formacion y desarrollo de los Esta­ dos latinoamericanos de fines del siglo XIX a nuestros d:ias,  desde  la  cual  se abren posibilida­ des aun poco y mal exploradas para una lectura de nuestras relaciones con el mundo natural que, en efecto, supere y deje atras al economicismo caracteristico del liberalismo desarrollista, que con tanta razon cuestiona Gallini. Aun asi, la importancia  de Marti -coma  la  de otros  au­ tores de la region en su tiempo- para la historia ambiental de America Latina apenas empieza a ser comprendida. De hecho, en 1975 algunas de sus ideas mas sugerentes en relacion a este tema fueron clasificadas coma "art:iculos miscelaneos" en la excelente  edicion  cubana  de sus obras completas. Al respecto: Jose Marti, Obras Comp/etas, 27 tomos, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,  1975.

 

Regina Horta  Duarte- en lo que hace  a  los procesos  de toma  de conciencia y de luchas sociales por motivaciones ambientales que vienen  ocurriendo  en la region a una escala cada vez mas amplia. Esto, ademas, debe incluir una nueva exploracion de nuestras  fronteras  socioculturales  internas,  en las que la necesidad de un uso previsor de los recursos  naturales  coexiste  en estre­ cha relacion con la de incorporar nuestras mayorias sociales a la solucion de sus propios problemas -en particular los de la pobreza y la exclusion-, con­ tribuyendo a facilitar el dialogo entre nosotros en America Latina, y con aque­ llos que vienen enfrentando problemas y preocupaciones semejantes en sus propias regiones.

Todo esto quiere decir que una  historia  ambiental  latinoamericana  debe­ ra  continuar los esfuerzos  pioneros  de autores como Cunill,  Gligo,  Morello  y Tudela,  para  enfrentar  los desafios  de una  nueva  circunstancia  en la  que ne­ cesitamos,  coma  nunca  antes,  ser  autenticos  si  aspiramos  a  ser  universales. Esto  nos  permitira,  ademas,  empezar  a trabajar  con  aquellos  que,  en el mar­ co  de  la  cultura  ecologica  del  Norte,  comparten  con  nosotros  las  mismas preocupaciones  respecto  al  impacto  de la  civilizacion  que conocemos  sabre el mundo  natural.  Lo que esta en juego  aqui, en breve,  es la necesidad  de fi­ nalmente  hacer -y no solo escribir- una  historia  planetaria  como la  que una vez  pidiera  Donald  Worster,  en  la  que  la  Grecia  nuestra,  y  la  que  no  lo  es, se fundan  finalmente  en  una  misma  cultura  humana.

 

 

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AuthorLuis Nicho